The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos: - -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior... -~-~-~-
- Buen día, Duo –
Suspiré pesadamente metiéndome bajo la lluvia de la regadera…
- Las declaraciones indican que el secuestrador tenía cómplices dentro de la casa gubernamental, pero no hay descripciones de los rasgos físicos pertenecientes a las 10 personas que se llevaron el cuerpo del secretario de defensa Clovis Pember luego de que se desmayó en medio de… -
- Era sabido que esto pasaría –
-… Pero ellos lograron burlar la atención…, no, lo más seguro es que hubiera un espía en Preventers.
- Se interrogó varias veces a cada miembro de la corporación cuando el nuevo gobernador y el plan Terra iniciaron, la única manera de que hubiera un espía sería… -
- … Que fuera alguien de los altos rangos, uno mano a mano con Une y Sally -
El teléfono suena en casa de Quatre…
- ¿Estás viendo las noticias, Duo?
- Duo, el secuestro del secretario de defensa es algo que no voy a explicarte, ¿Lo sabes, no?. La guerra volverá, nos encargaremos de eso, ¿Quieres participar de ella?... Pronto Duo, falta poco, te voy a reunir con las personas que realmente te quieren. Sé que me extrañas más de lo que crees.
¿Qué debía hacer, delatarlo o no?.
Él era algo así como un ángel de la muerte, y yo su Dios.
Apenas salí al exterior me relajé medianamente, y caminé hacía mi nuevo amigo…
… Vaya, mis amigos me espantaban, eso era asombroso. Más asombroso era que tanta libertad me agobiara, ¡Eso sí era increíble!
Estaba, según yo, irremediablemente obsesionado y quizás, me temía, enamorado.
Los siguientes días no fueron muy diferentes, salvo por la llamada de mi venerado secuestrador.
- ¡Ouch! ¡Hey! –
- Baja de una vez –
Le seguí silenciosamente con la idea de escapar escaleras arriba en cuanto traspasara las puertas de vidrio del patio.
- Tú y yo vamos a hablar –
- No tengo ganas, paso –
Era sorprendente cómo el pánico me hacia olvidar no ser evidente.
- ¡Duo, ven acá! –
- ¡Te dije que no! –
- ¡Duo! –
- ¡Con un demonio Heero, no! –
… ¿Y si en realidad quería hablar del hecho de que éramos amantes?...
¡Aleluya si fuera tan simple como eso!
- ¿Y ahora, qué? –
- ¿En qué lío te metiste? -
- Vale, sí, me metí en un lío bastante grande –
Abrí lentamente el paquete como con temor, y dentro, sólo había un papel con un número de celular y un celular.
- ¿Piensas suicidarte? –
- Sí –
Qué fácil estaba afirmando acabar con mi vida…
Me sentí mejor en cuanto me encerré en mi habitación, deslizándome por la madera de la puerta.
- Tardaste en contestar ¿Ocupado acaso? -.
- Hablemos enserio y acepta quien eres […] ¿Crees que te lastimaré del mismo modo que tus amigos lo hicieron? Piensa en todo lo que has perdido por la creación de las colonias, piensa en todo lo que está haciendo en concreto Preventers…
- ¿Sugieres que la guerra que vivimos fue absurda y sin significado…? –
- ¿Estás a favor de OZ…? –
-…Yo no pretendo que el espacio se absorba a la Tierra, ni que la Tierra absorba al espacio; no pretendo monarquías. Duo, lo que quiero es que tengamos nuestro lugar, nuestro territorio con nuestras reglas, con nuestro propio pasado, nuestras guerras y nuestras pérdidas…
-… ¿Por qué me estás diciendo esto…? –
- Porque tú perteneces aquí, tu lugar está aquí junto a mí y mi política. Duo, tu pasado y el mío están inevitablemente ligados, solamente estoy brindándote la posibilidad de que veas ambos aspectos antes de que vengas aquí junto a nosotros -.
- … No conozco a nadie más en quien confiar -.
Lograba en mi una sensación no sólo de comodidad y confianza, sino también de pánico, escalofríos, como si frente a mi vida se presentara un fantasma.
- No has cambiado nada desde entonces… -.
¿Qué quería decir con ese Desde entonces…?
-~-~-~- Capítulo 8 -~-~-~-
No he contado con exactitud los días que pasaron luego de esa llamada misteriosa. Sin embargo, seguí de cerca en las noticias la investigación del secuestro, pendiente de las novedades sutiles pero directas para mi. No pude apartar aunque quise los escalofríos en mi espina dorsal cada vez que recordaba el tono de su voz. Incluso me soñé cayendo en el vacío, negro, siniestro… ¿Qué significaba? Quizás nada más estaba enloqueciendo por fin.
Cada día me sonaba en mi cabeza esas últimas palabras suyas. Que yo no había cambiado nada. Las pensaba una y otra vez, pero no recordaba a nadie que conociera de mi pasado y con el que hiciera mucho que no hablaba. Todos estaban muertos, Hellen, el padre Maxwell, los huérfanos…. Nadie estaba vivo, los únicos más cercanos eran los otros cuatro pilotos. Y ellos definitivamente no eran. No podían ser, es decir… estaban ahí cuando me llamaron por teléfono. Tampoco podía imaginar a Trowa y Wufei en el papel de secuestrador. Menos a Quatre.
De vez en cuando nuestras miradas chocaban. Winner quería preguntarme mil cosas, y hasta todos parecían de acuerdo en dejarnos a solas para crear clima, pero yo siempre acababa escapando antes que se animara a hablar. Ahora era uno de esos momentos. Estábamos todos en la sala, yo escrutando con la mirada a cada uno de mis ex compañeros, y Quatre mirándome como deseando que iniciara una conversación. Pero eso no sucedería, yo tengo mejores cosas en qué pensar. En cómo escaparme de aquí, por ejemplo. Necesitaba huir, hacer mis planes, necesitaba ordenar mis movimientos… averiguar más. Con el 01 revisando las redes de cada IP de la casa, 04 revisando cada uno de mis sentimientos, y 03 controlando mis movimientos, estaba atado de manos y pies. Tampoco me había vuelto a llamar Él, así que estaba más perdido que encontrado.
Y las noticias eran muy poco confiables… todos los canales daban una versión diferente.
Me perdí en la mesa de centro frente a mí, rememorando cada palabra que había oído de mi secuestrador días atrás. Sentía que algo se me estaba escapando. Mi mano jugaba una y otra vez con la punta de mi trenza como si fuera un tic nervioso, absorto, hasta que sentí vagamente la presencia de alguien más sentándose a mi lado, a menos de un metro. Salté en mi lugar cuando una mano se apoyó en mi hombro, imponiendo una distancia mínima de tres metros, espantado. El contacto de otra persona era algo más que incómodo hoy en día, escasamente a Heero le permitía acercarse.
Los sorprendidos ojos aqua me miraron, sin comprender mi susto, y yo volteé en todas direcciones.
¡Malditos! Trowa había huido con Heero y Wufei, ¡Maldita sean todos! ¡Sabía que me tenderían una trampa tarde o temprano! ¡No sabía si sentir coraje o asustarme por no poder escapar de esto!
- Duo… estás muy tenso –escuché evidenciar a mi rubio ex amigo, aún sorprendido con mi reacción apática- ¿Sucede algo malo?
Afilé mí mirada, disgustado, y me puse de pie dispuesto a irme. Me rehusaba a seguir con esta conversación. No quería escuchar una sola excusa.
- ¡Duo! –escuché que me llamaba rogándome porque me quedara, pero su tono de niño inocente e ingenuo ya no me convencía- ¡Has estado evitándonos por ya más de 10 días…! –insistió siguiéndome el paso-
- Oh, ¿Enserio? –repuse irónicamente, sin detenerme-
- Duo, amigo, ya fue suficiente misterio, sabemos que algo no está bien, ¿Quién era esa persona que te llamó desde tu casa…? ¿Sucedió algo malo?
A pesar de la preocupación en su mirada y la evidente angustia, yo me había quedado colgado en aquél desde tu casa que había pronunciado. ¡Lo sabía! Heero estaba rastrando el celular ¡Tenía que apagarlo!
Espera. ¿Desde mi casa? Él me había llamado… ¿Desde mi casa?
- Heero rastreó mi chip… -razoné aún sin salir de mi asombro, clavado en mi lugar con Quatre frente a mi-, Heero rastrea las llamadas… -agregué haciendo que el muchacho a mi lado pareciera arrepentirse de pronto de haberme noticiado de aquello-
¡Por eso el desgraciado parecía tan tranquilo sumido en su mierda de computadora los últimos días….! Cuando lo viera lo iba a… No. No debía hacer nada, debía callarme, no levantar sospechas. En la noche robaría un auto de los que estaba en el garaje y simplemente me iría. ¡Me iría y los vendería, eso haría, los vendería a la mafia! ¡Creí que Heero confiaría en mi y no se metería en mis decisiones, que no me vigilaría! ¡Claro, como no, tenía razón, el sexo es sólo sexo y es tan vil y bajo que ni para convertirnos en amantes funciona!
Me encolericé sin querer.
¡Cómo no enojarme! Era imposible, no tenía privacidad, no tenía poder de decidir, no sabía qué mierda estaba haciendo aquí, como muñequito de aparador para que el muy desgraciado se saciara y tuviera un tipo con el cual desahogarse! ¡Maldito hijo de perra! ¡Eso le valía, nada! ¡Debería entregarlos a todos, montar un Suit e irme a destruir preventers a ver si la guerra le hacía regresar y tener neuronas al muy desgraciado! ¿¡Cómo carajos se supone que debo entender el que me bese y se acueste conmigo y el disque que le importo si a fin de cuentas soy un maldito muñequito que tiene que hacer y decirle todo porque si no me controla me castra!
Sin saber cuándo, hecho un tornado, mis pasos interrumpieron en la biblioteca abriendo sonoramente la puerta de la misma. Tres pares de miradas voltearon a verme al mismo tiempo, pero una bajó a continuar su libro mandarín, la otra simplemente volteó hacia el rubio atrás mío, que yacía tan espantado como si yo hubiera encendido una bomba dentro de la casa, y la mirada cobalto supo de inmediato que mejor, no se hacía el desentendido. Volé a velocidad rayo hasta estar frente a él.
¡Me iba a escuchar, como que me llamaba el Dios de la Muerte!
- ¡Tú, estúpido arrogante manipulador absorbente! –demandé, tomándolo por la camisa bruscamente y estampándolo contra la biblioteca, junto a la que había estado de pie. El libro cayó al piso, sin que él hiciera más que afilar la mirada-. ¡Claro, ya lo entendí, de eso te vale, te importo sí cómo no, para rastrearme, para controlarme, para tomarme por idiota! ¡¿Es así como quieres que sea? ¡Yo te voy a dar una muestra de control y obsesión, pedazo de témpano insensible! ¡El día que monte un Suit me encargaré de tirarte con un cañón de rayo a ver si así te dejas de meter donde no te llaman, imbécil! ¿¡Quien te manda a ti a controlar quién me llama y quién no, eh! –pregunté, más que nada por pura bronca y coraje, haciendo que él se enojara a cada segundo más y más, pero lo ignoré- ¡Amor mío, es que estoy celoso, falta que me digas, ja já, no me hagas reír, tú… tú…!
Fuera de mi mismo, apreté aún más fuerte la tela en mis manos. Mi rostro, a escasos centímetros del de 01, mantenía el decorado de mi ceño fruncido. Podía sentir cómo el universo cobalto me absorbía. Tan brillosos, tan claros y transparentes. La furia de su parte era equivalente a la mía, si no era que menos. Ninguno de los dos parecía tener la delicadeza de convertir esto en una conversación madura. Donde me intentara atinar el primer golpe, se lo regresaría gustoso.
Imprevistamente, cuando mis manos se aflojaron sin querer, no supe cómo sucedió ni en qué momento todo giró a mí alrededor. Cuando me di cuenta, sentí el piso golpeándome la espalda y la cabeza. El brazo de Heero me ahogaba por el cuello, y el peso de su cuerpo sobre mi evitaba que me pudiera levantar o mover. Me había inmovilizado tan rápidamente que ni siquiera pude ver lo que había hecho. Sólo alcancé a escuchar el golpe seco de mi cuerpo, y el dolor del mismo, aturdiéndome.
-… No voy a dejar que te suicides como un mocoso malcriado –susurró, tan gélidamente que por poco el frío me invadió ahí mismo-.
- No vaya a ser que pierdas tu único desahogo sexual, ¿Cierto? –le devolví en un susurro para nosotros dos, en cuanto me dejó respirar un poco. La furia en sus ojos aumentó, con su cuerpo tenso; quizás por un momento tuvo ganas de dispararme y matarme-.
-… -
Luego de un eterno silencio entre ambos, se quitó de encima, aún mirándome con desdén y bronca. Le correspondí, enojado, acariciándome el cuello adolorido por su agarre.
- Sigue controlándome Heero, así te odiaré eternamente y podré matarte sin remordimientos –sentencié, sin reconocer mi propio tono asesino, aún sobándome-.
En nuestro miramiento, me pareció ver, apenas por un momento, un vestigio de dolor por parte de mi ex compañero de batalla. Fue apenas un segundo tras que finalizara mi advertencia, únicamente una iluminación tan ligera que no terminaba de ser clara y segura. De haberla notado más, quizás hubiera creído que le dolió la confesión, pero no, estoy seguro de que no fue así, fue nada más un poco más de su desconcierto.
Me volteé indignado, pero con un porte ligeramente más tranquilo del que demostré al ingresar en el cuarto, y me retiré. Dejé atrás el silencio del cuarteto, mirándose entre sí, todos iguales de dudosos e inseguros. Pero claro, nada de esto me importaba. No pasaba siquiera por mi mente. Yo estaba demasiado ocupado en odiar todo a mi alrededor, de camino a internarme otra vez en el cuarto. Se me estaba haciendo una mala adicción. Pero era demasiado cobarde para vivir estresado y alerta, en medio de todos ellos.
Suspiré, apoyándome contra la puerta. Tenía ansias de tomar el primer avión de regreso a la civilización.
Nunca antes había sentido tanta bronca contra el 01. Y vaya que tenía para hacer una lista. En realidad, sabía que era una ridiculez, pero por alguna razón todavía desconocida para mí, me había dado más coraje del que debería. ¿Sería porque había tenido la osadía de poner en riesgo la seguridad de mi secuestrador? ¿O sería acaso por su intento de atarme, sin mi permiso? ¿Sería que mi subconsciente le permitía cadenas sólo a Él, y a Heero no? ¿Entonces, el que estaba obsesionado con el desahogo sexual era yo?
No, qué tontería. Esa sí era una tontería.
Me recosté en la cama a dejar que mis ideas se enfriaran. Sabía que después me arrepentiría de la escena que monté, pero de momento, aún estaba con la adrenalina en las venas y el dolor en mi espalda y cabeza. Me dormí sin querer, doliente y agotado. Mi espalda pedía a gritos algo de relajación, que obtuvo con la siesta. Al despertar, el dolor había desaparecido, quedando en su lugar sólo un leve entumecimiento. De nuevo, tenía la sensación de haber soñado con algo pero no recordaba con qué.
Casi no pude creer cuando vi el reloj en la mesa de noche ¡Había dormido doce horas! Con razón mi cuerpo estaba abarrotado, si me había pasado la mitad del día en la cama. Había dormido de sol a sol, prácticamente.
- Ohw… -susurré haciéndome una bolita en la cama, sintiendo el retumbar de mi pancita, tan vacía. Me exigía alimentos-.
¿Había cenado acaso? No recordaba…
Carente de ganas absolutas, miré con asco la puerta que comunicaba la habitación con el pasillo. Pasaba tanto tiempo aquí adentro que fácilmente podía decir cuántos centímetros había entre cada mueble. No era ese el asunto que me estresaba, sino salir de la seguridad de las cuatro paredes para encontrarme con cuatro dolores de cabeza. Un monosílabo muy propio del piloto del Wing se me escapó de los labios. Desganado de todo, me puse de pie.
Me arreglé rápidamente, con una ducha fugaz, aseándome correctamente y colocándome ropa limpia. Afuera todo estaba calmo. En la casa jamás había sonido alguno. Eso era porque en antiguas reuniones, el que siempre ponía música o avivaba las cosas, era yo. Pero dado que ahora mi comportamiento se asemeja más al de un topo asustadizo, todo parece más calmo. Quizás era mejor así, sabía de varias personas que debían estar felices con la paz.
Ja-já.
Exactamente igual que cada día, caminé hacia la cocina sin prestar atención a nada más, apenas inspeccionando que nadie interfiriera en mi tarea. En la cocina me encontré con el cuarteto mágico, desayunando. Solamente Quatre alzó la mirada, lleno de algo parecido a la inseguridad. Heero parecía aún enojado, y la mesa estaba preparada para cuatro nada más. Un bonito detalle que no se me pasó por alto, pero agradecí; no me apetecía comer con ellos, ni siquiera un desayuno, era muy extenuante y aburrido. Impacientado por mi enojado estomago, fue hasta la estufa a calentarme algo de tomar, aunque fuera un té, preparando la taza con azúcar mientras el agua hervía.
El sonidito del aparato en mi bolsillo llamó mi atención.
- Mhm… -balbuceé inconforme, atendiendo sin siquiera mirar quién era. Había solamente una persona con el número. A pesar de eso, espié sobre la pequeña pared que hacía más privada la cocina, descubriendo nada más al rubio mirándome- ¿Sí…? –respondí hacia mi interlocutor, en el momento en que los ojos aqua se desviaron nerviosos-
- Buenas, Duo –escuché claramente, en un tono de emoción y simpatía-.
- Buenas… -correspondí dudoso, regresando mi atención a lo que hacía. Había alegrado un poco mi día, logrando hacerme sonreír- ¿De buen humor como siempre?
- Sí, oírte me pone de especial buen humor… ¿A ti no? Es una sensación parecida a la nostalgia y la tranquilidad, porque sé que no estás tan lejos como parece… -acunó, con esa voz tan aterciopelada y cálida, consiguiendo de mi el tan aparentemente usual tono carmesí. Lo odiaba por eso-… ¿Qué hacías?
- A-ah… prepararme el desayuno… recién me despierto –respondí en tono lo suficientemente alto para que me escuchara, pero evitando enterar a media mansión de mi llamado- ¿Tú…? –pregunté, oyendo del otro lado el particular sonido de un par de hojas revolviéndose-
- Trabajo mi querido Duo, trabajo –rió suave, calmando mis nervios propios-. Me alegra saber que empezaste a acomodar tus horarios… es bueno que respetes las comidas y horas de sueño, te debilitarás más sino –se burló-.
- No es como si fuera fácil evitar dormirme del aburrimiento… no hay mucho para hacer por aquí, y digamos que con los chicos es un poco difícil la convivencia ahora… -cavilé, sirviendo el agua caliente en el gran tazón de té-.
No podía decirle tan fácil que Heero rastreaba las llamadas, podrían oírme, y no quería alertar aún más a nadie.
- Tienes que tratar de parecer normal… si sigues haciéndote el raro solo dejarás en evidencia que tu mentecita trama algo –aconsejó, dejándome perplejo. La idea jamás había parecido la mejor, que él la tomara en cuenta era algo... -. ¿Por qué no intentas pasar más tiempo con ellos? Cuando las cosas avancen y regreses ya no podrás hacerlo… intenta disfrutar tus vacaciones.
- ¿Vacaciones…? –murmuré, apoyándome en la mesada- Ojalá fuera tan fácil… -sorbí un poco del líquido. Tuve que ahogar la exclamación cuando mi lengua se quemó-. Diablos, eh… hm, cambiando de tema, ¿Por qué llamas?
- … ¿Tiene que haber un motivo para querer escucharte…? –contestó, casi sorprendiéndose, ¿Cómo podía alguien, con su mera voz, denotar tantas características…?- Bueno, es cierto, sí lo hay… te extrañaba un poco creo, Clovis no es tan entretenido como tú…
- ¡Desgraciado, yo sabía, te la estás pasando de lo mejor, y eso que antes me evadiste de lo lindo, sabía que solamente pretendías conseguir a alguien más que te…!
- No le he puesto una mano encima Duo –me interrumpió, riéndose, haciéndome enojar aún más. Apreté los dientes temblando de la ira, a punto de cortar la llamada. Estuve a punto de insultarlo de nuevo-. Celoso suenas increíblemente dulce…; tranquilo, no le he hecho nada, ni yo ni nadie. Por eso es aburrido, el tipo no deja de quejarse, no entretiene… Estoy ansioso de encontrarnos, pero tendrá que esperar… -escuché una pausa, sonidos inentendibles, quizás pasos, telas, ruedas de silla-. Espero que pronto tu gran amigo me rastree… eso me daría la excusa perfecta para entretener más tu vida.
Esta vez, su voz era notablemente más seria. Sin duda, no era una broma. Pero no por eso me sorprendí.
-… ¿Sabías que eso sucedería? –balbuceé. No me creía que hubiera alguien que pudiera ir delante de los pasos de Heero, manipularlo con tanta tranquilidad. Sonaba irreal… 01 era el soldado perfecto, que jamás cometía errores, que jamás sufría distracciones, al que jamás se le escapaba detalle alguno-.
- ¡Claro que sabía! Hubiera sido muy irresponsable de mi parte no preverlo… aunque esperaba que tardara un poco menos. Hace que me pregunte por qué se distrae tanto, o por qué perdió habilidad –noté su suspiro, suave, lleno de cansancio físico-. Puedo darte una primicia… la siguiente será Darlian, a ver si consigo alterar a la gente un poco más. Sé que sueno suicida… pero estaremos bien, en tanto me extrañes estaremos bien –aseguró, quedo, aparentemente triste. Quise preguntar, pero sentí cerca de mi una presencia, como si alguien más estuviera cerca, y temí voltear-.
-… Tengo que colgar… -susurré, desanimado, hasta triste por tener que dejar la conversación de este modo, con Él evidentemente deprimido-. Descansa, te hará bien… a veces resuelve las cosas, todo toma otra perspectiva, o al menos consigues unas horas de libertad…
- Gracias… pero me gustaría más poder verte dormir… funcionaría mejor. Envíale mis saludos a tus amigos… y busca para leer algo de David Shore(*), te gustará -.
Sonreí un poco. Me había habituado días atrás a que escogiera novelas por mi, y que ahora me recomendara algo, significaba una muestra de interés notable. Aún así, fue decepcionante sentir el pitido al otro lado, de la línea vacía. Era como si aún hubiera muchas cosas de qué conversar, y no pudiéramos. Me daba cierta impotencia, cierta tristeza, cierta sensación de soledad.
Volteé carente de emociones hacia un lado, luego de bajar el celular. Ahí estaba mi némesis y amante en turno: Heero Yuy. Cruzado de brazos, de lado, apoyado en la pared, parecía tener especial interés en casi asesinarme con la mirada. Solamente le vi una vez, guardé el aparato, y continué con mi té, esta vez menos caliente. Era más entretenido pensar en la llamada, que pensar en por qué el soldado perfecto me miraba intensamente, como si me hubiera salido alas, o piel verde.
- Te manda saludos –comenté, impasible, a pesar de que podía haber usado un tono más sarcástico-.
Privándome de una respuesta sus pasos se acercaron, prácticamente silenciosos. Cuando le tuve enfrente, una rara mirada se clavó en mis ojos. No pude descifrarla, ni siquiera cuando me tendió una mano. ¿Me pedía algo, o quería que le siguiera? ¿Por qué no estaba la misma aprehensión en sus ojos como hace rato? Se le veía… raro. No podía adivinar qué era ¿Decepción? ¿Inquietud? ¿Qué estaba pasando, por qué jamás había visto una cosa así?
-… ¿Qué sucede? –susurré, sin poder responderle de otra forma. Trataba de entender, pero no podía. Le vi entrecerrar los ojos, pero no parecía enojado, no parecía que fuera una de esas miradas imponentes, más bien parecía… ¿Dolor?-
- Dame el teléfono –se explicó, exaltándome, pero aún faltaba algo en su voz. ¿Por qué no estaba imponiéndose? ¿Por qué me lo pedía tan suavemente? ¡Me desesperaba, comenzaba a alterarme!-
- ¿Heero? ¿Estás bien? –me atropellé, dejando la bebida a un lado, preocupado. El Heero que estaba ahí era irreconocible-.
Él volteó la cabeza a un lado un instante, y al voltearse de nuevo, esa extrañez había desaparecido. Una pared entre sus ojos y sus pensamientos se había instalado. Mi cuerpo fue presa de un miedo inhumano.
-… ¿Qué sucede contigo? –murmuré, sabiendo que podía leer mis labios, que estaba siendo demasiado evidente con mi confusión- ¿Qué es lo que ocultaste recién? ¿Qué es lo que no aguantas por decir? ¿Qué es tan terrible que temes hacerlo saber?...
Me arrepentí de haber preguntado inmediatamente. Un cállate fuerte, claro, intenso, gritó a través de sus pupilas, casi tan fuerte que me aturdió. Le había hecho enojar. Mi pregunta había sido muy directa, ¿Acaso había invadido sin querer ese espacio personal para secretos que él guardaba con tanto recelo de mi? Porque siempre supe que habían sectores de su mente a donde nadie tenía acceso, ni siquiera yo.
- ¿Quatre lo sabe? –pregunté sin querer, en un arranque de valor inconsciente. La sorpresa transformó su rostro de modo espectacular, lo disfruté más que a una cerveza importada, pero me asustó tanto como a él. Yo quería saber si Quatre sí había tenido acceso a ese secreto- ¿Quatre sabe ése secreto? –insistí, más seguro de mi mismo-.
De nuevo, el enojo. Yo no tenía que saber lo que pensaba, comprendí al instante. No habrían palabras de por medio, era simplemente un no. Molesto, se acercó tratando de arrebatarme el celular. Respingué intentando huir por un costado, negándome rotundamente a que me quitara el único medio de comunicación que tenía con Él. Sabía que, si peleábamos, Heero ganaría… sólo podía suplicarle.
Eso no era nada cool.
- A-Aguanta, dime por qué, para qué, ¿Acaso no tengo derecho a vida privada? –traté de mediar, manteniendo tres metros entre ambos-
- No –contestó, como si fuera una verdad universal-.
- ¡No digas pavadas, todos necesitamos privacidad! ¿Yo no puedo entrar entre tus pensamientos pero tú te quieres apropiar de mi vida? ¡Heero! –me quejé, retrocediendo cuando él se acercaba- Heero, podemos hacer un acuerdo, pide algo a cambio.
- No es negociable, dame el aparato –insistió, tan fríamente como si fuera a asesinarme si no-.
- ¡Dime por qué aunque sea, esto no es justo! –alegué, tratando de escapar-
Cuando me precipité al ventanal, él me cazó de la trenza jalándome dentro. Igual que ayer, mi espalda chocó con el piso, frío y duro. El cuerpo del 01 me impidió levantarme, encima del mío. Pero esta vez yo no era el enojado, sino él; yo estaba asustado, sin comprender para nada la causa de esta situación loca e irracional. ¿Qué peligro podía traer un celular…?
- ¿Heero…? –susurré, en medio del eterno silencio que se formó, tras el desayunador en el suelo. Lucía tan molesto…-.
Había tanto silencio a nuestro alrededor. Su mirada parecía estudiarme, lentamente, sosteniéndose sobre mi cuerpo con sus brazos, cada uno a los lados de mi rostro. Esa era toda la distancia entre ambos. Un presentimiento me decía que habían mil cosas que quería decirme, pero su mirada estaba tan cerrada a mi habilidad de traducirle, que todo se resumía en más de lo mismo: silencio. La inseguridad me atravesaba, ahí, con las manos una a cada lado de las suyas, apoyadas en el suelo.
Pasé saliva. Nadie se movió.
- Dejaré de rastrear tus llamadas –avisó, dejándome confundido-. Sólo si vas a tu cuarto únicamente por diez horas diarias.
Estaba haciendo un trato conmigo. Yo debía dejar de encerrarme, y a cambio Él tendría más seguridad. ¿Debía aceptar? Recién Él me había dicho que quería que Heero le rastreara…
-… ¿Me dejarás mi celular…? –pregunté, sin creérmelo todavía-.
- No –dijo automáticamente, cortante. Evidentemente, eso sí no era discutible-.
- Estaré en mi cuarto por ocho horas si me dejas el teléfono –traté de persuadirle-.
- Tendré que rastrearte… -advirtió, frunciendo peligrosamente el ceño. Seguramente buscaba entender por qué había optado por decidir esto-.
- No importa, hazlo, mientras me dejes el celular –aseguré más tranquilo-.
Otro miramiento eterno, otro mutismo eterno. Nadie dijo nada, nadie cambió de posición, nadie cedió a nada. La mirada del pelicorto cambió luego de unos minutos, otra vez con ese deje extraño que me era incomprensible, pero su posición no cambió. Me pregunté qué querría decirme, qué era eso tan prohibido, pero no se lo hice saber para no enojarle. Un impulso ajeno a mi me hizo abrir la boca.
- … ¿Estás celoso? –
- Tsk –
A una velocidad increíble se había quitado de mi, enojado de vuelta. Me reí sin querer.
- Lo siento –me disculpé poniéndome de pie también-, fue más fuerte que yo, pero es una tontería, no es como si yo pudiera gustarte, ¿No Heero? –me reí de nuevo, más bajo, con más discreción. Él solamente me miró, todavía molesto- Soy tu peor pesadilla, después de todo –sonreí en grande, buscando la taza de mi desayuno para beberla-.
Le vi meter las manos en los bolsillos e irse, con los parpados cubriendo esas hermosas orbes grisáceas, y esa postura tan estoica suya, siempre segura de sus acciones.
Reconocí para mi mismo que la idea era por mucho descabellada. Si Heero era insensible, frío, problemático para las emociones, ¿Cómo diablos podría imaginar que yo le gustara? Heero era del tipo de personas que tardaban décadas en enamorarse, si es que alguna vez sucedía. Era del tipo de personas que vivían para el trabajo… como Wufei.
- Mhm… -balbuceé algo molesto, frunciendo el ceño-.
Dejar la seguridad del cuarto era peligroso… pero no tenía opción. Quizás con esto, ellos se sintieran lo suficientemente conformes como para no preguntar. Sería un bonito detalle. Pero aún no me daba la tranquilidad necesaria para relajarme, aún estaba tenso por la idea. Tampoco tendría mucha privacidad cuando Él me llamara… pero eso seguramente ya lo habría previsto, desde el instante en que me envió el paquete. Quería seguir creyendo que alguien podía ir dos pasos delante de Heero.
Terminé mi desayuno, sintiendo a mi pancita llena y adolorida tan sólo con aquel tazón de té. Era que no estaba acostumbrado a comer bien. De hecho, al estirarme de camino a la sala, tuve que reconocer que debía comer mejor. El pantalón de jean claro que llevaba puesto, usualmente era ajustado, pero ahora estaba un poco suelto, evidenciando esos cinco kilos menos que tenía. Con interés en redescubrir mi cuerpo, metí una mano bajo la remera, sintiéndome ajeno a mi mismo. De verdad estaba flaco.
Me acosté en uno de los sillones, apoderándome a la pasada del control remoto. Me ocupé de dejar bien en claro, con mi sola posición, que nadie interrumpiría mi poderío absoluto del cubo mágico llamado televisor. Efectivamente nadie se quejó, sólo se miraron entre sí, y el río siguió su cauce. Puse sin prestar mayor atención el canal internacional de noticias, esperando encontrar alguna cosa interesante, y me relajé a medias. Bostecé sin querer, parpadeando con pesadez, pero no importó demasiado, seguía con el aparato en mi mano, apuntando a la pantalla sin cambiar de canal realmente.
- Diablos… -rezongué, medio dormido, mirando sin mirar frente a mi-.
El sonido seco de algo cayendo en la mesa me espantó. Cuando volteé ligeramente, vi un gran sobre grueso, de papel madera.
- Son las fichas bancarias de los últimos meses –advirtió Wufei, sentándose en el sofá frente a mi para abrir la correspondencia y revisar-, tomará tiempo.
Me hundí en el sofá y dormité. No me interesaba nada de eso. Dudaba que encontraran algo.
- Prepararé té y café –avisó nuestro rubio compañero en dirección a la cocina, de nuevo, donde apenas habían ordenado lo del desayuno-.
Con el clima frío en medio del silencio, el ruido de las hojas moviéndose unas contra otras era todo lo que podías apreciar. Trowa jamás fue comunicativo, menos Heero, así que en realidad era difícil compartir una habitación sin tener deseos mortales de dormirse profundamente. Solamente leían, y leían, y leían, y yo nada más podía cerrar mis ojos, dormirme por minutos, despertar para ver la tv prendida, y volverme a dormir sin cambiar de posición.
- Podrías ayudar en vez de perder el tiempo –
- ¿Eh, yo? –respondí dándome por enterado, moviéndome un poco. El 01 me miraba con una fijeza absoluta, algo irritado; no le caía bien mi actitud- Ah… ¿Te parece que soy confiable? –sonreí disipándome el sueño- Porque hasta hace un rato era tu sospechoso número uno, Heero –me acomodé en el sofá para verles trabajar- ¿Qué te hace cambiar de opinión ahora?
- No serías capaz de mentir –resolvió como si fuera todo, regresándose a ver la lista frente a sus ojos-.
- ¿Mentir por distorsionar la verdad, o mentir por omisión de datos? –sonreí un poco más, carcajeándome. Él no tenía excusa ni razón para responder tan tontamente, ¡Claro que yo era capaz de decir mentiras por omisión!-
Otra vez, su mirada gélida sobre mí.
- Vale vale –reí un poco más, estirándome para tomar un par de hojas y mirarlas-, conste que porque ando muy aburrido y sin nada qué hacer… no tengo intenciones de ayudar, ¿Qué estamos buscando?
- Salidas importantes de dinero –intervino Trowa, al ver la incapacidad de su compañero de responder sin atravesarme una bala por la cabeza-.
- ¿Por qué buscamos salidas de dinero? –agregué, revisando con rapidez cada línea, desechando pronto una hoja. Quizás me viniera bien involucrarme un poco más en el asunto-
- ¿Será porque sin dinero el mundo no se mueve? –ironizó Wufei, alzando una ceja- ¿Acaso crees que es gratis, Maxwell?
- No dije eso…
Era gracioso pensar que tenía puntos de vista diferentes. No sabía por qué, pero intuía que dinero no era el problema, ni siquiera parte de él. No encontraba una razón para que Él pudiera sacar dinero de preventers. Y aún suponiendo que hubiera un espía dentro de la organización, dudaba que se atreviera a manejar dinero usando el mismo nombre. No era difícil despistar a las fuerzas armadas… no le encontraríamos así. Pero, deseos son órdenes, si estos chicos creían que esto serviría de algo, les daría una mano.
Aunque sea, mantenía mi cabeza pensando, y evitaba que el aburrimiento me consumiera por completo.
Instantes después, tras varias hojas abandonadas en el suelo, ya parte de mi basura, Quatre regresó con una bandeja en las manos. Me miró con extrema curiosidad. Le devolví la mirada alzando mis cejas. Él se sonrió complacido. Después, solamente vertió el agua en las respectivas tazas, haciendo las bebidas que seguramente nos acompañarían el resto de la tarde. Parecía inmerso en un novedoso buen humor que, estaba seguro, ya era marca registrada Winner. Aún a pesar de estar habituado a esa paz que emanaba mi rubio compañero, seguía sintiéndola demasiado falsa…
… Quizás era nada más mi imaginación. O quizás él realmente era un hipócrita por poner esa cara boba en frente mío.
Otra vez, la tonadita de mi teléfono, en medio del mortal mutismo de mis ex compañeros. Lo sentí al instante, cuatro pares de miradas atravesándome, pero cuando busqué a los responsables sólo tres se mantenían firmes. Uno, matándome sin palabras; otro, curioso; y un tercero, inseguro. Celeste, verde y turquesa. Los tres pares mantenían una misma gama de colores, con un brillo peculiar en cada uno. Todos parecían querer recriminarme, querer saber más.
- ¿Qué? –le pregunté directamente al 01- Un trato es un trato –me burlé, atendiendo el llamado ahí mismo. No me molestaba que escucharan, de todos modos, mi lindo secuestrador quería que le encontraran… y yo le ayudaría-. ¿Tan pronto, necesitándome? –cuestioné con arrogancia, ese falso ego que solía usar Shinigami para entretenerse-
Del otro lado, sólo risas.
- Sí mi Duo… necesitándote, tan pronto –afirmó. Apreté mis labios, procurando mantener la compostura, que no se notara el salto de mi pecho, ni la sangre dentro de mis venas, corriendo a toda velocidad-. Fue muy feo lo de recién ¿Sabes? Cortarme la conversación de ese modo…
- Un percance… -traté de explicarle, sin conseguir enfocarme en los papeles frente a mi. Me costaba por diferentes razones, todas válidas: mis nervios, mi inquietud, su voz, la mirada de Heero y Quatre desde diferentes puntos, tan atentas a mis acciones…-. Ahora mismo estaba… siendo obligado, a ayudarles.
- Ah, vaya vaya, ¿Están ahí, tratando de descubrir con quién hablas…? –entonó, con una característica pizca de diversión poco usual, apenas despreocupada, como si entrara en sus planes. Suspiré aliviado-. Eso está bien… trata de vivir un poco, disfrútalo, así no habrán arrepentimientos. Yo por mi parte… estaré esperando el momento en que nos volvamos a ver.
- Hablas como si fuera la última vez que fueras a llamar. Los dos sabemos que habrá una próxima –comenté, relajándome otro poco. Una hoja más cayó al piso, con gracia única, agitándose de un lado al otro como si le huyera al suelo frío-.
- Sólo trato de ser romántico, ¿Mi intento es acaso muy falso? –mordí mi labio, tentado a decirle sí, mucho-. Tu silencio apremia, Duo Maxwell…. La otra vez pasé por un noviciado, habían muchos niños vestidos con uniforme –fruncí mi ceño. Sus cambios de tema eran enigmáticos siempre, demasiado, hasta para mi-; había uno en especial, que me recordó mucho a ti. Llevaba el cabello tan largo… pero sus ojos no eran iguales a los tuyos, nadie ha podido igualar el mismo tono amatista, tan profundo, tan lleno de misterios y secretos…
Me desarmó.
Lo odié.
En ese momento, todo giró alrededor de mi peligrosamente. Mi mano se aflojó, producto del pulso inconsistente, dejando caer todas las hojas sobre el sofá. Me dio miedo, por un momento. Miedo de estar hablando con alguien realmente peligroso para mi salud. Sin embargo, no pude moverme, y aunque hubiera podido, no me habrían dejado. El sonido del block cayendo alertó a todos los que compartían el cuarto conmigo, que no tuvieron más remedio que mirarme, esperando por una explicación que de mi boca, no surgiría.
¿Por qué? ¿Por qué sentía como si Él me conociera tanto? No necesitaba ser un genio para saber que todo en mi era único, desde mi cabello, hasta mis ojos, mi contextura física y mi modo de actuar. Pero aún así, estaba ese algo en el modo de pronunciar las palabras, ese algo tratando de dejar entrever lo mucho que creía conocerme. Mejor que yo mismo, si me ponía a recordar.
"No has cambiado nada desde entonces…"
Definitivamente, nos conocíamos desde antes. ¿De dónde?
- Aunque pregunte… -traté de fruncir el ceño, recomponer mi imagen del shock anterior, sonar normal, sin que mi voz se quebrara-, estoy seguro, que no dirás una palabra. Como siempre… esperarás a que no pueda oírte –susurré, más para mi mismo-… ¿Es divertido acaso?
¿Era divertido, torturarme, estresarme, hacerme llegar al límite y provocarme para que jamás pudiera dejar de estar al borde del abismo? No existía un día, donde él no tratara de sofocarme, hacer que mis ideas trabajaran a una velocidad inhumana tratando de seguirle el hilo. Aún no podía. Ni podría, tampoco. Si Él era capaz de ir delante de Heero, aunque yo tratara, jamás lo conseguiría.
- Lo es –reconoció, haciéndome olvidar la depresión, suplantándola por el enojo repentino. Mi lengua chasqueó, pero no pude insultar, solamente busqué de nuevo los papeles que había dejado caer, sin querer-. Realmente muero por ver tu reacción cuando lo descubras, cuando al fin pueda abrazarte. Mientras, me resulta gracioso notar cuán perdido estas, hermanito.
- Si me llamas así de nuevo regresaré todo lo que desayuné –advertí asqueado. ¿Hermano? ¡Ahora quería hacerme creer que no sólo me había hecho homosexual, sino que me había enredado en una relación incestuosa! Pero Él sólo río… y yo me enojé más-. Te detesto profundamente.
- No… tú me amas –aseguró, lleno de simpatía-. Me amarás no importa lo que haga, te lo aseguro. Pero no te provocaré más por hoy… tengo mucho trabajo por hacer, y mi misión del día está satisfecha. Nos vemos Duo.
-… Idiota –mascullé, tirando el aparato con bronca hacia el almohadón a mi lado-.
No era que realmente estuviera molesto. Era más bien un modo para evitar dejar salir a flote mi confusión, mis dudas, mi depresión. La verdad era que me había dejado preocupado, inquieto. No podía fiarme de mis recuerdos, no eran seguros, porque aparentemente algo se había escapado de éstos en algún momento. Solamente de esa forma podía explicar no recordar a nadie en mi pasado, además de los muertos.
Hellen. Padre Maxwell. Solo. Yuti...
Sólo esos nombres se dibujaban frente a mi retina, a pesar de que mis ojos estuvieran en los números de los papeles. Las letras se deformaban y se volvían a formar, intentando conseguir algún nombre que tuviera sentido, pero no lo hallaba. Cada línea se desdibujaba, buscando un nuevo orden, y tratando de hacerme recordar algún rostro, pero era imposible. Nada quería aparecer, todo estaba demasiado lejano. Los recuerdos eran demasiado viejos para desempolvarlos.
Apoyé el peso de mi cuerpo en los brazos, flexionados sobre mis rodillas. Aunque fingía concentración, no era creíble seguramente, porque no podía pasar de la misma página. Seguía absorto, inmerso, preguntándome una y otra vez quién podría recordarme de niño. Una sola cosa sabía, algunos de los huérfanos habían sido adoptado por familias… esa era mi única pista.
Pista.
Pero no podía quitar dos nombres de mi mente: Solo, y Yuti.
David Shore (*): Autor de novelas, luego series de televisión, tales como Dr. House, Blue South, Family Law, entre otras. No es que sea mi favorito (Solamente veo Dr. House de vez en cuando, y me gusta), es simplemente una recomendación que me dieron y que, considerando el humor de Duo, es adaptable.
N/A: Odié este episodio. Lo juro. Tardé demasiado y fue muy estresante escribirlo… el próximo será menos "Meditativo", menos pasivo, lo juro. Tengo que meterle más acción si no quiero morir en el intento de terminarlo, ja ja.
En fin… le robo la frase a Anoded:
¿Clic al botoncito? =3
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
