The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos: - -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior... -~-~-~-
Cada día me sonaba en mi cabeza esas últimas palabras suyas.
Winner quería preguntarme mil cosas…
Sentía que algo se me estaba escapando
- ¡Has estado evitándonos por ya más de 10 días…! […] Duo, amigo, ya fue suficiente misterio, sabemos que algo no está bien, ¿Quién era esa persona que te llamó desde tu casa…? ¿Sucedió algo malo?
- Heero rastreó mi chip…, Heero rastrea las llamadas… -
Me encolericé sin querer.
- ¡Tú, estúpido arrogante manipulador absorbente!
-… No voy a dejar que te suicides como un mocoso malcriado
En la casa jamás había sonido alguno. Eso era porque en antiguas reuniones, el que siempre ponía música o avivaba las cosas, era yo.
El sonidito del aparato en mi bolsillo llamó mi atención.
- Buenas, Duo
Ahí estaba mi némesis y amante en turno: Heero Yuy.
… ¿Dolor?...
- ¿Heero? ¿Estás bien? ¿Qué es lo que ocultaste recién? (…) ¿Qué es tan terrible que temes hacerlo saber?...
- No es negociable, dame el aparato
Cuando me precipité al ventanal, él me cazó de la trenza jalándome dentro.
Un presentimiento me decía que habían mil cosas que quería decirme…
-… ¿Me dejarás mi celular…?
- No
- Estaré en mi cuarto por ocho horas si me dejas el teléfono –
El sonido seco de algo cayendo en la mesa me espantó.
- Podrías ayudar en vez de perder el tiempo […] No serías capaz de mentir
- ¿Mentir por distorsionar la verdad, o mentir por omisión de datos?
No sabía por qué, pero intuía que dinero no era el problema, ni siquiera parte de él.
Otra vez, la tonadita de mi teléfono, en medio del mortal mutismo de mis ex compañeros.
- La otra vez pasé por un noviciado, habían muchos niños vestidos con uniforme; había uno en especial, que me recordó mucho a ti. Llevaba el cabello tan largo… pero sus ojos no eran iguales a los tuyos, nadie ha podido igualar el mismo tono amatista, tan profundo, tan lleno de misterios y secretos…
¿Por qué sentía como si Él me conociera tanto?
"No has cambiado nada desde entonces…"
- Me amarás no importa lo que haga, te lo aseguro.
Hellen. Padre Maxwell. Solo. Yuti...
Una sola cosa sabía, algunos de los huérfanos habían sido adoptado por familias… esa era mi única pista.
-~-~-~- Capítulo 9 -~-~-~-
Quizás me estaba involucrando demasiado, me di cuenta cuando luego de unos días, vi mi rutina. Todo lo que hacía era estar ahí, en la sala, ayudando a revisar papeles según lo que Wufei pedía, o simplemente mirando las noticias. Sí, quizás me había metido de más en el asunto… pero al menos acomodé mis horarios, y mi mente se mantiene ocupada pensando en algo más. Es algo, no lo que realmente quisiera… pero algo. Lo que más temía no era eso, sino terminar de sentirme cómodo con el grupo.
Miré el teléfono en mis manos, esperando que sonara, pero no lo haría hoy. Seguramente, tardaría algunos días más en querer comunicarse conmigo… como antes.
- Estamos transmitiendo desde Sank donde se iba a realizar en unas horas la conferencia sobre el nuevo proyecto de reordenamiento espacial para las colonias, dirigido por la Canciller Darlian, quien acaba de desaparecer del recinto sin explicación alguna –escuché de pronto, capturando toda mi atención. Ahí en la pantalla de la televisión estaba el documento de último momento, con la periodista, alterada, hablando rápido, algo hiperventilada. Todos voltearon a ver, y la tensión se instaló en la habitación automáticamente-. No hemos obtenido aún el informe oficial, ni se ha acercado ningún Preventivo a darnos la primicia. Una fuente externa nos acaba de informar que Relena Darlian acaba de ser secuestrada por un grupo terrorista… -en eso, la figura de Noin pasa por detrás de las pantallas, con su cara preocupada, hasta falta de color-. Disculpe, ¡Disculpe! ¡Señorita! –se interrumpió la periodista, de pulcro trajecito beige, intentando obtener información de la peliazul en vano-.
Heero dejó los papeles a un lado, Wufei permaneció estático en su lugar, inmutable. Trowa parecía juzgar cada palabra, mirando por sobre su mechón castaño. Quatre aún no salía de su asombro. Yo, solamente me acomodé en el sofá, con el ceño fruncido, esperando por más detalles. Nadie se atrevió a pronunciar palabra alguna, escuchando con atención el bullicio de la trasmisión. Parecía que estaba lleno de periodistas ahí. Los empujones y manotazos para ser los primeros en conseguir un acercamiento o una primicia sobraban, haciendo que la imagen fuera parecida a la de una batalla campal. Era casi hilarante.
- Estaremos transmitiendo en vivo hasta que algún oficial tenga el permiso para darnos los datos oficiales –aseguró, acomodándose el auricular de su oreja, tratando de ser lo más profesional posible-. A las siete con cuarenta minutos de esta mañana entró una llamada en la central de nuestro canal, alertando de la situación. El vuelo hasta aquí tomó tiempo, y fue sólo investigativo, pero nos encontramos con satelitales como nosotros –la cámara se movió, tratando de mostrar un panorama global. La cantidad de reporteros allí era impensable, todos de traje, todos con micrófonos, todos nerviosos, todos dando su versión de los hechos ante las cámaras-. Cada uno de nosotros hemos recibido la misma llamada, sin datos extra, todavía no sabemos si es sólo un rumor o la información era verídica. Repetimos, se sospecha que la Canciller Relena Darlian ha sido raptada hoy, desde la sede de Sank…
Palabras más, palabras menos, la muchacha se despidió prometiendo mantener informados a los televidentes en caso de que algo de información apareciera. La imagen cambió, hacia el conductor del programa noticiario, que parecía tan o más pálido que la misma Noin instantes atrás. Sin embargo, él no tenía nada que ver. Solamente era el estupor. Relena era una líder pacifista, la más importante por estos tiempos, la que ayudó a convertir el universo en lo que conocemos hoy… que ella desaparezca (de nuevo) era alarmante, preocupante.
- Es una guerra –escuché que pronunció Wufei, poniendo en palabras el rumbo que tomaban mis propios pensamientos-. Es una declaración de guerra, harán lo mismo que con Heero Yuy –afirmó, con una singular determinación en los ojos, poniéndose inmediatamente de pie completamente tenso-.
El 01 frunció aún más (si es que era humanamente posible) el ceño, pero no pronunció una sola palabra.
- Todavía no entiendo por qué secuestrar a la señorita Relena… -meditó Quatre, agachando la mirada pensativo. Estaba triste, pero serio-. Si lo que quieren es declarar la guerra, podrían hacer un anuncio formal, pero en vez de eso secuestran a una pacifista… -trató de analizar, de a poco, buscando algo que le hiciera entender-.
Yo jugueteé con mi trenza, sin intenciones de intervenir en el dialogo. Aún así, les escuchaba. No me preocupaba… sabía que Él sería muy caballero y no la lastimaría, Relena no moriría, ni sería herida. No había ninguna razón para volverse locos… hasta que nadie le hiciera perder la paciencia y decidiera tirar una bomba en medio del continente, no debíamos alarmarnos. E incluso en esa situación… me sentía con el poder absoluto para frenarlo, sin siquiera montar un Suit.
Qué raro lo mío.
Entonces lo sentí, la mirada penetrante del ojicobalto, fija en mí, congelándome. Era dura, con una pared de concreto entre sus pupilas y sus pensamientos, como si tratara de esconderse, de torturarme. Pero extrañamente, no surtía efecto en mí. Ya no sentía miedo…
- ¿Qué pasa Heero? –pregunté directamente, regresándole la mirada, sin dejar de jugar en ningún momento con las puntas de mi cabello- No creerás que yo la secuestré ¿O sí? –sonreí, conteniendo la gracia-.
-… ¿No te preocupa? –cuestionó finalmente como respuesta, dejándome en blanco total-
- ¿Preocuparme…? –repetí, sin creérmelo. ¿Heero se había dado cuenta lo poco que me estresaba la situación? ¿Había sido él el único, o yo había sido demasiado obvio? Volteé a ver a los demás, buscando una respuesta, pero Quatre no había captado nada, Trowa sospechaba, y Wufei… seguía en medio de su cólera por la injusticia-. Bueno… -agregué, buscando qué responder-, no le pasará nada, nadie le hará nada, entonces, ¿Por qué debo preocuparme?
- ¿Por qué supones que nadie la lastimará? –interrogó con interés el único rubio de los cinco-
- Sólo porque sí.
Sabía que no era una buena respuesta, pero no tenía ganas de decir más. Volteé a ver al televisor, aún con todos mirándome. Había sido sin querer algo frío en hablar al final, pero había conseguido zanjar el asunto. Sabía además que Heero estaba al tanto de algunas cosas… no sería difícil para él interpretar que Relena había sido secuestrada por la misma persona que secuestró a Clovis. Y siendo que yo había confesado saber quién había raptado a Clovis, todo era más que claro.
Hubo un silencio mortal entre todos, aparentemente los demás al igual que yo estaban absortos en sus propias ideas. Nadie parecía interesado en compartir pensamientos, en debatir, o en intentar preguntar todas mis razones de existencia. Entonces, algo nos interrumpió por igual.
- Nos vamos –declaró el 01, desafiante, de pie junto al sofá-.
Todos lo miramos. Trowa dio su veredicto poniéndose de pie instantes después, aparentemente de acuerdo. Le siguió Quatre, después de mirar seriamente la decisión en los ojos de los primeros dos, al fin de acuerdo también. Todos parecían tener la misma idea de que regresar, era lo mejor que podían hacer, pese a que nadie nos hubiera llamado y pedido nada. La verdad, me sentía fuera de lugar en esa situación… ¿Sería que ya no me sentía atado a proteger la paz?
- Haré reservaciones para los vuelos… partiremos al anochecer –informó 04, desapareciendo del living-.
Sonreí sínicamente. Sí existía alguien capaz de estar dos pasos por delante de Heero… Él era capaz de predecir los movimientos del soldado perfecto. Me coloqué de pie para empacar mis cosas sin chistar, con una sensación de adrenalina dentro de mí. Todo estaba por empezar, el encuentro, la guerra, los Mobile Suits, los uniformes, la Muerte sobre nuestras cabezas… por fin, ya no tendría que esperar. Todo parecía trazado para que nosotros, las piezas de ajedrez, nos movamos; el último en caer sería el Rey… ¿Cuál bando caería, los aliados Preventidos, o el Batallón Guerrillero…?
Ahora lo entendía. Tenía que disfrutar de esta emoción…. Ahora entendía un poco más, las palabras de mi secuestrador en esas escasas dos llamadas telefónicas.
"Hay un lugar donde no hay sol, sólo dolor.
Sin marcha atrás, ni dirección, tienes que luchar.
[…]
¿Quién puso en tus manos odio de regalo?
¿Quién con tanta ira te lastima?
¿Cómo pudo la inocencia convertirse en destrucción...?
¿Quién te habrá robado el mundo en un disparo?
¿Quién le puso precio a tu vida?
¿Cómo vive la conciencia con tanto dolor?
Dime quién, cómo y por qué. Soldado de papel."
Y así, sin más, los cinco volamos (literalmente) a la central de Preventers. En el viaje, lo único que pude hacer fue ver por la pequeña ventanilla, aburrido, casi al igual que Quatre. Fue extenuante, creí que jamás acabaría, pero una vez aterrizamos nos recibió el clima frío, invernal de aquella parte del planeta. Era de noche para cuando pisamos tierra. La temperatura era tan baja que no sólo veías el aliento en el aire, hecho vapor, sino que te ardía la piel.
Me sentía perseguido. Miré varias veces a nuestro alrededor cuando estuvimos en la plataforma, buscando nuestros equipajes. Pero nadie nos miraba, nadie parecía sospechoso, no había nadie singular. Seguro de que era mi imaginación, nada más cargué mi bolsa, y seguí a los otros cuatro hacia la salida. Estaba algo apurado por caminar por las calles libremente, por sentirme tranquilo. Me conformaba con la sensación de estar de nuevo en civilización, aunque estuviera rodeado de mis ex compañeros. Había gente a nuestro alrededor, caras desconocidas, personas de diferentes lugares, todos bien emponchados, hablando con otros o por teléfono.
Todavía creía que hacíamos un singular quinteto, caminando juntos en las calles o lugares sociales.
Eché un vistazo a mi lado. Heero caminaba como siempre estoico, frío… ligeramente fastidiado, tenía la sensación. Aún con ese perfil tan serio suyo, seguro de sí mismo, seguía luciendo terriblemente sexy… ¿Era porque me había acostumbrado a esa imagen de él? ¿O era el contraste del brillo de sus ojos grises, con la piel pálida…? Miré el techo, pensativo. Mis ojos grandes, azules purpúreos, se perdieron en la nada tratando de descifrar aquel raro misterio. El aroma del 01 seguía siendo el mismo… Lexus Vol 0.98 P. Idiotizante, algo embriagante. Volteé hacia atrás, ahí, justo a donde estaba Quatre. Parecía cansado… siempre con su imagen angelical, de niño educado, de clase… Quatre destacaba mucho de nosotros por ser el más rubio y menudo de los cinco, especialmente al lado de Heero y Trowa, porque aunque Wufei también resultaba ser delgado, bajito, y menudito, tenía siempre esa aura de respeto e imponencia, como un perro guardián.
Suspiré.
- ¿Sucede algo, Duo? –escuché la voz del de ojos aqua, justo a mis 800*- ¿Cansado? –agregó, tratando de sonar simpático y agradable-
-… Creo que sí, algo… -respondí, colocándome al hombro mi mochila. Dejé a mi trenza sacudirse como quisiera tras mi espalda, y continué mirando al frente-.
- Todos lo estamos –afirmó, sabiendo que coincidiríamos en esa opinión-.
- Sometimes… I feel like going down, I'm so disconnected… -susurré, recordando aquella vieja canción de temporada que tanto me gustaba- Somehow… I know that I am haunted to be wanted…
Sonreí, absorto en mi mismo, incapaz de notar la extrañez que había despertado entre los demás. Quizás era que, hasta ahora en estos días, no había sido demasiado alegre que digamos. Recordar una canción nos regresaba casi a las épocas antiguas, donde yo trataba de alzarles el ánimo a todos, que disfrutaran de nuestra amistad, que disfrutaran de estar vivos… que disfrutaran de no estar solos. No era precisamente que ahora fuera a saltar y abrazar al 04, para arrancarle una sonrisa y de ser posible conseguir esa risueña risa que poseía. No, simplemente estaba feliz de estar en civilización, feliz de sentir la adrenalina, feliz de empezar por fin.
Minutos después, estábamos en dos táxis de camino hacia la central de Preventers, donde nos darían alojamiento temporal seguramente. Recordaba que así era, cuando aún trabajaba para ellos. Pero de eso hace bastante… algunas cosas quizás cambiaron, y otras seguro seguían igual. Como el Angar vacío, sin ninguno de los Gundams. Eso sin duda no cambiaría, ni aunque Él declarase finalmente la guerra.
Nos dieron habitaciones individuales, para mi alivio. Quien nos atendió, era una chica nueva aparentemente. No la conocía. Estatura promedio, pelirroja, ojos marrones… nada que me llamara la atención. Wufei se fue con ella, pidiendo detalles e información sobre Sally y Une. Nosotros nos quedamos a descansar en nuestros cuartos. No eran grandes, solamente del tamaño adecuado para una cama, un placard, y un pequeño pasillito para caminar hacia un casi diminuto baño de regadera, retrete y lavamanos. Sólo lo justo para una persona estándar, no más, no menos…. Estaba bien para mí. Tenía cuatro paredes y una puerta, no podía quejarme.
Aunque me acosté, cerrando los ojos para dormir un poco, no lo conseguí. La ansiedad me comía por dentro, fui incapaz de conciliar algo de sueño. La cama estaba bien, algo fría. La almohada era algo dura, pero no irreparable. No había mucha luz tampoco. Pero mis ojos seguían mirando a la nada, olvidándose de estar abiertos, cada vez que intentaba descansar. Mi pecho latía con fuerza, las venas en mis muñecas palpitaban haciéndome sentir la química embargándome. Necesitaba hechos. Necesitaba acción. Pero sabiendo que no podría hacer mucho a estas horas, insistí en encontrar a Morfeo.
Quizás fueron las tres am cuando me dormí. Sólo sé que al despertar, era de día. No demasiado tarde de hecho. Tras darme un duchazo rápido, calcé mis pantalones de cuero negro ajustados, que ahora no requerían esfuerzo por prender, y una camisa negra no muy ajustada sobre una camiseta blanca, gruesa por el frío. Las botas negras de hebilla plateada hicieron juego con los pantalones. Cuando me vi en el espejo me di cuenta, que era demasiado parecido a mi mismo (Duh!), era demasiado parecido a cuando trabajaba en Preventers… era demasiado parecido a cuando éramos un quinteto amistoso.
- Qué mierda –rezongué, sin darle más vueltas-.
Con el celular en mano, salí del cuarto para buscar algunas caras familiares. Encontré en la pequeña sala de estar del piso a mis compañeros, tomando café o té. Sobre la mesa del centro había una bolsita de papel con bollos de canela, rosquillas, y demás acompañamientos dulces. Todo tenía el logo del café que había a dos cuadras.
Genial, comida americana. Qué rico.
- Buenas –saludé socialmente, aceptando el vaso de telgopor que me correspondía, de la mano de Quatre- ¿Novedades?
- No muchas… -respondió el rubio, algo quedo. Se veía que le afectaba. Dejamos a los demás proseguir con la lectura de papeles aparentemente importantes-. Relena fue grabada por las cámaras de seguridad a las diez pm, ingresando en el hotel luego de la cena en el Luxury Eve. A las ocho am las cámaras obtuvieron la escena de ella retirándose del hotel… las cámaras de vigilancia viales vieron el auto partir al norte. Luego perdemos el rastro –le vi voltear con seriedad al grupo de tres chicos, absortos-. Es como si… se hubiera evaporado. El auto no apareció, la matrícula tampoco, nadie la ha visto… y dadas las circunstancias, no hay duda de que se trata de un secuestro.
- Mhm… -balbuceé, sin tener mucho qué decir-.
Sabía que quien sea que la secuestró, si la sacaba del país o de la tierra, no lo haría a la luz… Sería en negro, clandestinamente. Pero lo más probable es que aún estuviera en la Tierra, estaba muy seguro de eso. Todos los vuelos al espacio estarían siendo registrados, y revisados; no importa cuánto trataran, no podrían pasar. Y aún pudiendo hacerlo, no le convenía a Él tenerla tan lejos. Estaban cerca, a la mano, cosa de poder ser usados en caso de ser necesarios…; para protegerlos además, de terceros seguramente.
Nunca faltaba un traidor…
Respingué de repente, sintiendo vibrar mi mano. Al voltear a ver, el teléfono parpadeaba, no sonaba. Miré de inmediato la pantalla, donde se me anunciaba de un mensaje de texto entrante, y traté de leerlo.
"Regresaste a Preventers. Bienvenido Duo."
Sentí miedo, susto. Cerré el aparato hasta en pánico. La sensación de haberme sentido observado el día anterior no había sido en vano, tenía justificativo. Estaba en su mira, me perseguía a cada paso… ¿Desconfiaría de mi? Sería normal que lo hiciera, era su enemigo de alguna forma.
- ¿Pasó algo? –inquirió el chico a mi lado, con sus ojos aqua tristes por mi distanciamiento, quizás. Para mi seguía siendo egoísmo-
- Está todo bien –aseguré-.
No es que algo estuviera mal. Yo estaba asustado, pero eso no era malo. No podía demostrarles mucho. Traté de mantenerme impasible, de no darle mucha importancia, de no pensar demasiado. Era más fácil de ése modo. Levantaría menos preocupaciones… evitaría más interrogantes.
- ¿Y qué van a hacer? –me atreví a averiguar, buscando un tema de conversación que fuera más interesante que mi desconfianza. Aunque ellos se habían resignado hacía unos días, sobre averiguar al respecto… quizás aceptaron que yo no hablaré-
- Por el momento leer la información y esperar el llamado de Sally… luego supongo que iremos directo a Sank a recrear los hechos –me acompañó el 04, hasta uno de los sofás libres, donde pudiéramos sentarnos sin molestar a nadie-
- Eh~… a Sank… –murmuré, desinteresado-
Miré a mi alrededor, lentamente. No había cambiado mucho el lugar desde la última vez que había estado. Bebí sin prestar atención el líquido caliente de mi vaso térmico, y continué inspeccionando con cuidado todos los movimientos que hacían las personas en el área, la mayoría con uniforme. De hecho, los únicos que estábamos sin la ropa oficial, éramos nosotros cinco. Aún así, a estas alturas, no creo que existiera nadie que no nos conociera… somos los famosos pilotos Gundam, el último recurso de Preventers, los más capacitados, los intocables.
Me reí en voz alta, sin querer. D'uh, ahora sí parecía un loco.
Al acabar el desayuno, tomé un bollo de canela, y me puse en marcha. En realidad, sentía curiosidad, sentía mucho interés. Estando dentro de las instalaciones y teniendo acceso absoluto, podía buscar todos los datos que quería, siempre que los demás no supieran. Discretamente, miré sobre mi hombro. Nadie me prestó demasiada atención, así que continué por uno de los pasillos, rumbo al ascensor. Dentro de él, me recargué de lado en una de sus paredes y apreté el piso del subsuelo, los hangares. Ahí era donde se guardaban los Mobile Suits.
- OZ… -susurré pensativo, mirando el suelo frente a mi-.
"Son las fachadas de un gobierno monárquico para terminar por absorber a las colonias hasta unificarlas en un mismo miembro, una extensión de la Tierra…"
¿Preventers, cometiendo la misma atrocidad que OZ?... Tenía dudas al respecto. OZ había tenido muchas ramas de poder, en Romefeller, y luego la facción de Dekim Barton… ¿Cómo habría podido sobrevivir a todo eso, el deseo de monopolización? También estaba el más grande detalle: tanto Une, como Noin, habían trabajado para OZ y Romefeller… al principio la idea de que estuvieran al frente de Preventers había sonado demasiado bien, porque a fin de cuentas, eran las más diplomáticas y con experiencia en el campo. Pero ahora, sólo parece una mala broma.
Las puertas del ascensor se abrieron, y frente a mi se erguía el profundo pasillo que conducía casi en penumbras hacia las compuertas de los hangares. Caminé pausadamente hacia el frente, conociendo el recorrido, con mi mente perdida entre mis pensamientos. A mi alrededor todo era silencio. Pocas personas se movían en este subsuelo por estas épocas… hacía mucho que no se usaban Suits para el combate, así que esto estaba casi abandonado, de no ser por el mantenimiento.
Un gutural sonido retumbó en la instancia, cuando apreté el gran botón verde para abrir las compuertas. Se abrió una nueva área, espaciosa, con más de 50 metros de alto. En hilera en la pared de mi izquierda estaban los Mobile Suits, y a mi izquierda el área de computadoras y mantenimiento de software. Todas las máquinas de ahí eran puros intentos de Leos y Taurus… nada más lejano a eso, nada parecido a mi Deathscythe.
"A fin de cuentas, OZ hizo lo mismo que está haciendo la Tierra ahora, sólo que desde la perspectiva de las colonias…"
Sí, eso había dicho. Pero ¿Cómo comprobarlo? ¿Cómo comprobar quién se equivocaba? ¿Cómo encontrar ese error de datos donde todo se distorsionaba, aquel punto débil donde la información se transformaba en mentira?
Me senté contra la pared de la derecha, luego de caminar unos cien metros hacia el frente. Ahí, desde mi posición en el suelo, contemplé el panorama. Las máquinas de metal, frío metal, vacías, sin pilotos… como si esperara que ellas me dieran las respuestas que yo tanto necesitaba. Sólo me bastaba saber eso, para poder escoger de qué lado pelear cuando la guerra volviera. Solamente necesitaba saber quién era el mentiroso, quién era el sádico ambicioso, para poder elegir mi lado de la pelea… sólo entonces montaría un Suit y arriesgaría el todo por el todo, otra vez.
Porque era un hecho, que la guerra volvería en algún momento. Más pronto que tarde.
Pasé así los próximos minutos, hasta que comencé a sentirme acalambrado. De un salto me puse de pie, caminando hacia una de las máquinas de allí. La prendí luego de tocar algunos botones. No estaba muy seguro de si eran como las que había conocido en tiempos de guerra, pero fue fácil deducir cómo manejarla. Sin saber qué buscaba, comencé a entrar en los directorios, metiéndome gracias a la red de disco en disco. Encontré muchos archivos diferentes, y los releí apenas por arriba sin concentrarme. Todos parecían superficiales… todos técnicos con respecto a la maquinaria, presupuestos, entrada y salida de material, camiones… nada que no les sirviera a los mecánicos. Nada que me pudiera servir a mi para entretenerme.
Cuando me harté, apagué el aparato y caminé unos metros, prestando atención a los mínimos detalles. Sobre algunas mesas habían algunas anotaciones. También habían llaves de reparación, aparatos, más notas, algunas cajas, CD's…. Junté algunas de las hojas que había esparcidas por ahí y las hojeé, pero no había nada interesante, nada que valiera la pena realmente. Me aburría un poco, me daba cierta ansiedad.
Sin embargo, una de las hojas fue notoriamente diferente. No tanto por dónde estaba, ni cómo estaba, sino un renglón de ella donde decía claramente Gundamio. Fruncí mi ceño, buscando más arriba algo que me diera detalles, pero todas las cosas que habían anotadas eran partes. Cables, circuitos, discos, amortiguadores, ventiladores internos, vidrios, metal, aleaciones, gundamio. No necesitaba leer más para entenderlo: partes para Mobiles Suits. ¿Partes para un Gundam, quizás…? Porque sólo viendo la cantidad de la entrega, te dabas cuenta que no era una pequeña reparación, sino una muy grande. Tan grande, como para seis Gundams.
¿Gundams… de nuevo?
Miré a mis lados, confirmando que fuera el único en la instancia. Al ver que no había nadie más mirándome, tomé el papel, lo doblé varias veces sobre sí mismo y lo guardé en un bolsillo, lo suficientemente bien para pasar desapercibido. Ya en mi habitación, cuando regresara, lo leería con calma y trataría de analizarlo mejor… por ahora, era una pista importante que quería tener conmigo. El papel traía anotadas fechas, horas, cantidades, y lugar de entrega, todas cosas que me ayudarían para descifrar donde estaban los Gundams, si es que se estaban construyendo.
Si es que no. Seguramente se estaban construyendo. Porque seguramente sabían tan bien como yo que se avecinaba un enfrentamiento.
Busqué un lugar cómodo, contra alguna pared de nuevo, y me senté otra vez. Ahora sí, necesitaba enfriar las ideas un poco. Plegué mis piernas, cruzando mis tobillos, y me perdí en la nada. Dejé que las horas pasaran sin darme cuenta, inmerso en un mundo vacío dentro de mí. Había demasiado qué pensar pero no debía hacerlo, porque aunque me partiera la cabeza dándole vueltas a toda la situación, no debía moverme muy rápido… si lo hacía, cometía el error de ser demasiado obvio. De este modo, todo se podía confundir con un cambio de ánimo, sin demasiada trascendencia. No quería a los demás preguntándome, o sospechando más de lo que seguramente ya intuían. No era solamente Heero, era también Quatre, y Trowa.
Quatre y Heero… esos eran los que más problemas me daban. Quatre por su mirada dulce, haciendo que me sintiera culpable con cada una de mis frías respuestas. Heero, por su silencio y viveza. Él podría haber adivinado todo sobre mi, y jamás mencionar nada… y eso era horrible, porque jamás sabía qué pensaba, qué sabía, qué intuía.
Cerré mis ojos, golpeando mi cabeza contra el frío metal de la pared. El aire salió de mis pulmones, cargado de frustración.
-… Heero –susurré, frunciendo mi ceño. Era un caos pensar en ese tipo, siempre-.
- ¿Qué? –
La respuesta me espantó, haciéndome respingar en mi lugar, pálido. Literalmente, me agarré de la pared para no marearme de la pura sorpresa. De inmediato busqué al responsable, y ahí estaba él. Mi pesadilla, mi amante, mi tortura, ese papel en blanco sobre el escritorio que provocaba tantos dolores de cabeza, siempre tan frío…
- ¡¿Hace cuánto que estás ahí?–demandé, ofuscado-.
¿Cómo es que había llegado sin que lo notara? ¡No podía materializarse del aire!
Al no oír ni encontrar respuesta en sus ojos, solamente suspiré. Me relajé un poco, apoyando la espalda para descansar de la repentina tensión, y decidí ignorarlo. Sin embargo, para mi mala suerte, el 01 se acercó tomando asiento justo a mi lado, a quizás un metro de distancia. De reojo, le vi apoyar el brazo izquierdo sobre la pierna de ése mismo lado, pero él no volteó a verme, parecía perdido en el mismo punto que yo había estado mirando tiempo atrás.
Nadie dijo nada, parecía como si nadie tuviera nada para comunicar. Durante los próximos minutos fue casi como si él jamás hubiera llegado, aunque para mi, la tensión que su sola presencia provocaba casi me mataba. Cuando regresé a espiar qué hacía, parecía más concentrado en el borde de la manga de su camisa, que en otra cosa. El detalle se me hizo ineludible por un solo y sorprendente hecho: Heero casi parecía un adolescente aburrido e inocente, jugando con lo único que tenía a mano.
Alterado, asustado con esa nueva visión de los hechos, tomé con una de mis manos la muñeca de la de él. Impedía de esta forma, que él pudiera seguir actuando así. Lo obligaba a cambiar su punto de atención a cualquier otra cosa. Quizás así, esperaba ponerme menos histérico de lo que ya estaba yo. Sólo bastó una crítica silenciosa, grabada en mis orbes amatistas, para que entendiera. Lo sabía, era nuestro modo de comunicación cuando yo no tenía ganas de renegar. Sabía que había entendido, porque todas las veces anteriores también lo había hecho, pero esta vez él no trató de soltarse, de responderme, o algo similar.
En vez de eso, Heero me miró profundamente, inquietándome. El único movimiento que realizó después, fue acercarse para probar mis labios, inesperadamente. Titubeé, por el lugar en que nos encontrábamos, pero a él pareció no importarle. Su boca me insistió porque le abriera paso… y yo no pude ceder, no estaba cómodo.
-… ¡Estamos en el hangar! –le susurré apartándome, nervioso, alterado, no por timidez sino por el peligro de que nos vieran- ¿No puedes ser más discreto? –casi ordené, volteando a ver si la puerta se encontraba abierta, pero estaba cerrada-.
Pasé saliva, abriendo ligeramente más mis ojos de la sorpresa. La luz del botón que abría las compuertas estaba de color rojo. Y rojo, según recordaba, era cerrado con seguro.
Mierda.
Ahogué la exclamación en mi garganta, al sentirle empujarme al suelo. De nuevo sobre mi, de nuevo yo apresado entre el piso y su cuerpo, de nuevo a merced, de nuevo tan cerca…
-… S-se te está haciendo una pésima costumbre, ¿Sabias? Esto de empujarme al piso cada que te encaprichas… -traté de razonar, poniendo las manos en el pecho de él para que no se acercara aún más. 01 me miró, acallándome en silencio con sus ojos, disgustado; no hacía falta que me explicara demasiado… estaba enojado porque se la estaba poniendo difícil-.
- Es tu culpa –fue todo lo que pronunció-.
Abrí mi boca dispuesto a reprochar, azorado.
- ¡¿M-Mi culpa? ¡¿Y ahora por qué? –demandé, tensándome aún más. Otra vez, las palabras a ser traducidas… pero no entendí con claridad esta vez, era nuevo para mi-. ¡Yo no hice nada malo, tú me seguiste por antojoso que eres!
- Entonces por qué bajaste al hangar.
Tardé casi años en entender eso. O tal vez sí entendía, solamente que no podía creerlo. Cobalto y violáceo se mantuvieron unidas por eternos minutos, los que tardé en reaccionar. Esta vez serio, ya sin la tensión de antes, sentí por primera vez que Heero era un verdadero inmaduro. ¿Quién sino un inmaduro podría entender que ir al hangar significa sígueme, quiero tener sexo contigo, estoy caliente?
Empujé el rostro del pelicorto frente a mi con toda la palma de mi mano, con mi cara tétricamente seria, hasta disgustada. Apenas un gruñido escapó de su boca, nada conforme.
- Solamente tú Heero, crees que uno busca estar a solas exclusivamente para tener sexo… uno a veces usa la soledad para pensar, ¿Te suena familiar? –susurré carente de emoción alguna, dejando de empujarle el rostro hacia atrás-.
- Duo, tu no buscas la soledad –expresó, resumiéndolo todo en esas cinco últimas palabras-.
¡Bingo!
- ¿Estuviste tomando alcohol? –alcé una ceja, me reprendió de regreso con una mirada; ¿Por qué no habíamos cambiado de posición ya?...- ¿Entonces por qué quieres filosofar conmigo sobre los misterios de la vida, si estás sobrio?... Tú eres el que no hace eso, el que no habla, el que no conversa.
- Duo… -susurró peligrosamente serio-.
Supe que estaba a punto de hacerle pasar para el otro lado. Enojarlo, en traducción.
- Admítelo, es raro… –insistí, en un susurro. Otra vez, el frío de sus ojos, el enojo- ¡Admítelo! –insistí, con capricho, dejando salir a mi niño interior- ¡Admite que ver al 01 tratando de conversar es una rareza mundial, es… N-no, Heero, aguanta! –me interrumpí algo alterado, sintiendo sus manos comenzando a jalar la remera y la camisa hacia arriba-
Fue curioso. Pese a que sostuve sus manos para que no avanzaran más, él no pudo devolverme la mirada, estaba tenso, quieto, huyendo a dar la cara, con sus labios apretados tan fuertemente que juraría sangrarían en cualquier momento. Pero después, cuando por fin alzó la vista, sólo me regañó con ella. Pensé que tendría que realizar alguno de mis monólogos, que no diría nada, pero en vez de eso…
-… ¿Qué te hizo cambiar?
*800: Duo mirando al frente sería a las 1200, así que si mira a un costado, serán las 900. Quatre está más atrás… en diagonal. Puede decirse que Quatre está posicionado a las 800 horas de Duo. Por las dudas aclaro.
N/A:
No tuve inspiración para escribir un poema en el Break, así que usé unas estrofas de una canción. David Bisbal – Soldado de Papel.
La canción que susurra Duo es el super popular tema The Rasmus – In the Shadows. Creo que todos estamos de acuerdo que pega muy bien como Imagen Song del 02.
No es publicidad ni tengo derechos sobre las canciones.
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
