The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos: - -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior... -~-~-~-
- Estamos transmitiendo desde Sank donde se iba a realizar en unas horas la conferencia sobre el nuevo proyecto de reordenamiento espacial para las colonias, dirigido por la Canciller Darlian, quien acaba de desaparecer del recinto sin explicación.
Parecía que estaba lleno de periodistas ahí.
- A las siete con cuarenta minutos de esta mañana entró una llamada en la central de nuestro canal, alertando de la situación…
- Es una guerra. Es una declaración de guerra, harán lo mismo que con Heero Yuy
- Todavía no entiendo por qué secuestrar a la señorita Relena… -
Todo estaba por empezar, el encuentro, la guerra, los Mobile Suits, los uniformes, la Muerte sobre nuestras cabezas…
- Buenas… ¿Novedades?
- No muchas… -
Sabía que quien sea que la secuestró, si la sacaba del país o de la tierra, no lo haría a la luz.
"Regresaste a Preventers. Bienvenido Duo."
La sensación de haberme sentido observado el día anterior no había sido en vano, tenía justificativo.
- ¿Y qué van a hacer?
- Por el momento leer la información y esperar el llamado de Sally… luego supongo que iremos directo a Sank a recrear los hechos -
- Eh~… a Sank… –
Nadie me prestó demasiada atención, así que continué por uno de los pasillos, rumbo al ascensor.
"Son las fachadas de un gobierno monárquico para terminar por absorber a las colonias hasta unificarlas en un mismo miembro, una extensión de la Tierra…"
¿Preventers, cometiendo la misma atrocidad que OZ?...
Un gutural sonido retumbó en la instancia, cuando apreté el gran botón verde para abrir las compuertas.
"A fin de cuentas, OZ hizo lo mismo que está haciendo la Tierra ahora, sólo que desde la perspectiva de las colonias…"
Porque era un hecho, que la guerra volvería en algún momento. Más pronto que tarde.
[…] una de las hojas fue notoriamente diferente. Cables, circuitos, discos, amortiguadores, ventiladores internos, vidrios, metal, aleaciones, gundamio.
¿Gundams… de nuevo?
-… Heero –
- ¿Qué? –
La luz del botón que abría las compuertas estaba de color rojo.
-… S-se te está haciendo una pésima costumbre, ¿Sabias? …
- Es tu culpa –
- ¡¿M-Mi culpa? ¡¿Y ahora por qué? Solamente tú Heero, crees que uno busca estar a solas exclusivamente para tener sexo… –
- Duo… … ¿Qué te hizo cambiar?
-~-~-~- Capítulo 10 -~-~-~-
Desde mi encuentro apenas días atrás con Heero en el hangar, mi piel estaba sensible, y mi mente algo saturada y confundida. Desde aquella inusual conversación con el 01, todo se había vuelto raro, vertiginoso. La circunstancia perdía lógica, comenzando a rayar en la histeria. Nada de lo que había acontecido luego de ese momento calificaba dentro de lo usual, ni se caracterizaba por rutinario. De hecho, todavía necesitaba hacer una regresión durante las noches, repasando cada hora para ver si me había perdido de algo más mientras me distraía. Un ligero repaso de los sucesos para no sentir que de pronto había sido absorbido por un agujero de universos paralelos. Naturalmente, nadie estaba enterado de mis nervios, pero supongo que la tensión era difícil de disimular cuando miraba a cada rato hacia atrás y alrededor, en busca de algo más.
Algo más, algo como alguien espiándome.
- Tengo jaqueca –protesté mirando el techo de mi cuartito, pequeño, modesto-.
Uno de mis brazos se acomodó sobre la frente, en lo que un suspiro extenso relajó mi cuerpo. No me estaba sintiendo muy bien, y es que la indigestión de comida hacía dos horas atrás comenzaba a dejarme tirante el estómago. Había comenzado a comer mucho, un detalle por demás peculiar considerando que la comida de la cocina era espantosa, tétricamente carente de sabor; nadie conocía la palabra condimento. Pero mi apetito regresaba proporcionalmente al tiempo en que mi mente dejaba de pensar en Él.
Cubrí mis pupilas con los párpados, exhausto. Entonces mi memoria comenzó a rememorarlo todo otra vez. Era tan raro, tan anormal, que no dejaba de inquietarme…
Heero sobre mí, con esa mirada tan inquisitiva, tan pura… tan curiosa e intensa. Era como si el mayor secreto del mundo estuviera plantado en su mente, y no fuera capaz de descifrarlo. Por supuesto, todo esto lo comprendí después, luego de dos días de atormentarme al respecto. En aquel instante, ni por asomo intuí que quizás, yo era todo el concepto que para Heero era inexplicable. En aquel momento, sólo podía sentir el escalofrío propio de quien no quiere revelar ningún secreto. El sonido oportuno de un apagado y electrónico Beep fue lo que interrumpió la acusación; salvado por la campana del celular, ese era yo. Y todo había quedado ahí… sin explicación, sin razones, sin palabras de por medio.
Pero eso era poco en comparación con lo que había pasado después.
Temeroso de que ni siquiera una computadora fuera de fiar en las circunstancias en las que nos encontrábamos, con un espía en la base, y Heero persiguiéndome como un hermoso Bonus, prescindí de la idea de usar una laptop o algo así. Cada vez que podía, me escapaba del grupo. Así pude llegar a explorar las profundidades de los hangares, plataformas de despegue, estacionamiento, pasillos recónditos y habitaciones de armamento. No encontré nada, especialmente porque con mi pase de visitante no tenía acceso al nivel F, pero por lo menos descubrí a qué zonas tenía el acceso denegado.
Sin embargo, ayer, me metí sin querer en un cuartito oscuro. Habían pilas de cajas y archiveros, como si fuera un almacén de papeles. No se veía demasiado, sólo hasta que prendí las luces. A simple vista era un polvoriento desván repleto de basura. Sólo hasta que abrí uno de los cajones, y los folios llenos de papeles comenzaron a aparecer. Algunos nombres eran comunes, desconocidos, pero otros eran realmente muy pero muy llamativos. Entre todo ello, conseguí algunos planos para Mobile Suits que hasta la fecha no había visto. La data de los mismos, los delataba como nuevos, entonces la pregunta sobraba por obvia ¿Por qué algo reciente estaba archivado como si fuera viejo? Sólo podía suponer dos respuestas: tenían planos más modernos sobre los cuales trabajar, o era sólo un modo de hacerlo pasar desapercibido, para no tenerlos sobre el escritorio a vista de todos.
Abrí los ojos, volteando a mi mesa de noche. Allí en el cajón estaban metidos los papeles, pero tenía que pensar un modo de ocultarlos más eficazmente. Tenía que pensar en conseguirme un arma, en segunda instancia, porque la mía… bueno, Heero me la había quitado por la seguridad de todos cuando nos fuimos a casa de Quatre. Desde entonces estaba desprovisto de protección, salvo la física.
Ah sí, ese era otro detalle. El gimnasio de la institución había sido un buen lugar para empezar a ponerme en forma. Aún no habían resultados evidentes a simple vista, pero seguramente ese ejercicio había contribuido a despertar mi apetito. Por lo menos el primer paso (Comenzar) había sido dado. Seguramente con mantener el ritmo pronto sería capaz de golpear a Heero y hacer que le doliera de verdad.
- Ja –sonreí, procediendo a reírme con ganas- ¡Jajajajaja!
El día que Heero mostrara signos de dolor, se acababa el mundo. ¡Si hasta podía reacomodarse los huesos sin ayuda! El tipo tenía insensibilizados los nervios, los músculos, ¡Todo! Bueno, todo excepto esa parte dentro de los pantalones, porque si bien recuerdo, era en extremo fácil hacerlo despertar, erguirse, y luego nadie te salvaba hasta que él se saciara. Bendito sea, ¿Dónde había aprendido a hacerlo de esa forma? O quizás era que su tamaño le ayudaba mucho, haciendo pasar desapercibida su inexperiencia. Pero vamos, ¿Heero, inexperto? Esa nadie se la creía. Él seguramente ya se había tirado a unos cuantos…
No imaginaba a Heero en plan de levantarse un tipo para tener sexo… todavía era muy lejano para mí.
Esto era irse por la tangente, recordé repentinamente. Me volteé boca abajo en la cama.
Probablemente mañana fuera un mejor día, pensé. Despertaría temprano, iría al gimnasio luego de desayunar en grande, después una ducha fresca, una mañana con los tórtolos…. Tenía que conseguir un arma, ¿A quién persuadiría? Quizás si dejaba que Heero se saciara conmigo una vez más la obtendría gratis… aunque eso sería raro. Pero Heero estaba raro de por sí, podía abusar de la anomalía un poco más. ¿Por qué Heero lucía tan preocupado, tan perturbado…? ¿Por qué se veía peor que si la guerra se hubiera declarado? Bueno, no había sucedido formalmente aún… pero él se veía tan devastado…. En Quatre no sería tan notorio, pero en Heero era como un cartel de neón. Juro que él trata de ocultarlo, parecer normal, pero a veces se le escapa de las manos y lo veo, con esa mirada tan sincera, ¡Es tan incómodo!
Quatre también estaba preocupado, pero él estaba preocupado por mí. Bueno, eso era lo que hubiera creído en el pasado. Trowa parecía más atento al 04, ya era como su perrito faldero, siguiéndolo a todas partes, buscando momentos a solas para abrazarlo. Imposible no darse cuenta de su patético intento de discreción. Wufei seguía siendo Wufei, con sus ataques de histeria por la injusticia.
Sonreí, adormecido. Mis ojos entreabiertos amenazaban con cerrarse. Opté por darme el gusto, descansar un poco, porque mañana sería otro día.
-T.R - T.R-
"Esta realidad me vuelve loco.
Sé que puedo detener el dolor si deseo que se vaya."(*)
El aire está caliente…
Alzo la mirada hacia el horizonte. Todo se ve rojo, naranja. Las llamas a lo lejos y a mí alrededor irradian calor, queman. Queman más que el sol de verano en plena tarde. Arde. Y duele… me duele el pecho, casi no puedo respirar. Quiero que mis manos toquen mi garganta, me ayuden a darme aire, ¿Por qué no puedo moverme?
De nuevo miro hacia abajo. Mis manos tiemblan, adoloridas, lastimadas, manchadas de sangre, algo sucias de tierra.
¿Dónde están los demás?
Comienzo a tener miedo. Siento un horrible deyabú, sé que lo que sucederá. ¿Hermana Helen…? Tengo miedo de buscar con la mirada a mi alrededor, y encontrar algo que me duela. Sin embargo no tengo opción, soy el Dios de la Muerte, nadie puede morir sin mi permiso otra vez.
Un estruendo me asusta. Veo al frente. Un Mobile Suit cae. Un Gundam cae… junto a otro que se desintegra.
¡¿Por qué no puedo moverme? ¡Maldición!
"Estoy asustado por lo que veo
Pero de alguna manera sé que hay mucho más por venir.
Inmovilizado por mi miedo,
Y pronto cegado por las lágrimas,
Puedo detener el dolor si deseo que se vaya."(*)
Todo se pone negro. Una figura que conozco está frente a mí, de pie, observándome con cariño. Verle duele, duele muchísimo, y mis lágrimas caen. Pronto me da la espalda y se aleja en medio de la oscuridad.
¿Por qué duele tanto que se aleje, si también hiere el verlo frente a mi? ¿Por qué se va, si siento como si me quisiera también?
Quiero gritarle que se detenga. La voz no sale. Sé que me muevo, ¿Por qué él se aleja cada vez más, en vez de yo acercarme y acortar distancia?
Yo soy Shinigami, yo elijo quién se muere y quién no. Yo soy Dios, yo tengo el poder de decidir dónde estar, y a quién llevarme.
Él también morirá.
No quiero.
- ¡Yo soy un Dios! ¡YO SOY SHINIGAMI!
"No me des la espalda
(No te entregues al dolor)
No intentes ocultarte
(Aunque estén gritando tu nombre)
No cierres los ojos
(Dios sabe lo que hay detrás de ellos)
No apagues la luz
(Nunca duermas, nunca mueras)."(*)
-T.R – T.R –
Con taquicardia mis ojos se abren. Sostengo firmemente las sábanas de la cama, estrujándolas.
Maldición.
Miro a mi alrededor, levantándome lentamente. El silencio absorbe la habitación como una esponja seca el agua. Mierda. Me pongo de pie calzándome el primer pantalón que encuentro. Afuera es de día, hay movimiento, pero los ignoro rotundamente en mi carrera hacia la sala, en busca de algo. O alguien. Al no hallarlo, paseo con prisa por los pasillos, divisando a lo lejos el dispar cuarteto a punto de internarse en el ascensor. No pierdo tiempo en apresurarme hacia ellos, interrumpiendo con las manos el cierre de la puerta metálica.
- Ven conmigo –ordeno firmemente.
No hubo tiempo de réplicas, tomé al 01 por la muñeca y lo arrastré conmigo de regreso a los pasillos. Se rehusó poniéndose tenso, pero yo insistí sin detener el paso, jalándolo en dirección a mi cuarto. No me importaban las miradas sobre mi, los obvios pensamientos tales como está loco, por mi desalineada forma de vestir (recién despertaba) y por mi atrevimiento (interrumpir la conversación y llevarme a su piloto estrella). Lo que me importaba era otra cosa, era esa inquietud dentro de mi, todas esas malditas inquietudes que en parte el malagradecido Yuy había contribuido en provocar.
¡Él pagaría su deuda!
¡Con un demonio! Más vale que lo haría.
La puerta se cerró, inmediatamente con cerrojo, arrojando hacia la cama al pelicorto, incitador de jaquecas.
- Duo –llamó-
- Cállate.
Decir eso con tono autoritario era tan raro… ¿En qué momento era yo el que callaba a Heero? ¿No se suponía que él era el mudo y yo el hablador? Ya no importaba, no era relevante en esta ocasión.
Con mis manos en el amplio y firme pecho del piloto del Wing, lo obligué a sentarse en la cama.
- Duo.
Qué mierda con este tipo, ¿Por qué no dejaba de joder y me permitía seguir en lo mío? Traté de hacer caso omiso, bajarle la cremallera del pantalón, sacar lo que ellos ocultaban, y ocuparme de humedecerlo donde más sensible era.
- Mhp…
Sonreí ante mi exitoso intento. Que él gimiera era un logro increíble, me hacía sentir poderoso. Era tanta mi conformidad que lo premié introduciéndolo por completo en mi boca. El sabor del 01 se esparció rápidamente, lubricándose con mi saliva; sólo tuve que sacar su virilidad y volverla a chupar toda, lentamente, para conseguir un suspiro. Tenso, pero un suspiro al fin. Sólo necesitaba que se endureciera por completo, no debía molestarme demasiado, ni reparar en la incómoda posición de hincarme frente a él, de rodillas en el suelo, para tener frente a mi rostro la apetitosa carne que luego me daría lo que quería.
Continué en mi silenciosa tarea unos instantes más, aprovechando para sacarle la camisa de dentro del pantalón de vestir negro que tan bien le quedaba. Porque mierda, Heero era increíblemente sexy con pantalones de vestir y camisa; ¡hijo de puta!, era tremendamente sexy, y el muy imbécil no lo aprovechaba ni un momento… Ah, carajo, ya me había endurecido de sólo verlo y sentirlo. ¿Quién no se calentaría con un tipo como este ahí, a tu merced, endureciéndose en tu boca mientras lo lames? Más encima, mi mano izquierda se había metido quién sabe cuando bajo la camisa, algo desabrochada, tocándole el vientre ejercitado.
¡Que me parta un rayo! Si tenía que admitir que era gay por cepillarme a este tipo, ¡Era tan tremendamente gay como una persona se pudiera imaginar!
-… Heero… -susurré agitado, separándome de la masculinidad latiente-.
Desprendí como pude el resto de la prenda del pelicorto, pasando la lengua por algunas partes de su deliciosa piel. Llegué sin problemas a su boca, la cual no me detuvo el paso, me permitió degustarla. Estaba apurado, ansioso, con demasiada prisa. Tanto así que me quité los pantalones junto a la ropa interior de un solo movimiento, sin que me importara dónde caían.
Ignoré la pregunta en sus ojos celestes grisáceos. Solamente me subí a sus caderas, una pierna a cada lado de él, yo sin ropa. Así era cómodo, demasiado. De nuevo sus labios contra los míos, frotándose deliciosamente. Mi mano derecha ayudó a la dura extremidad colocarse directamente en mi entrada, preparándola para penetrarme, lento, pero seguro. Ahogué el jadeo al sentirlo ingresar, abriéndose paso a través para ocuparlo todo. Ya era innecesario sostenerle el miembro, mis brazos libres lo abrazaron por el cuello, jadeando suavemente contra la comisura de su boca por cada centímetro que se enterraba adentro.
-… Heero… -jadeé bajito, sufriendo la invasión, la placentera invasión. Sólo podía ver hacia esos húmedos y rosados labios frente a mí, tentándome, ¿Por qué no me besaba ya…?-… hazlo… -supliqué-.
Despacio, como si la inseguridad existiera o la timidez fuera posible luego de tanto sexo, me devolvió el beso. Sus caricias supieron a gloria cuando comenzaron, desde mi cintura, hacia la espalda, subiendo para luego descender hacia los glúteos, ahí donde él se metía hasta el fondo y volvía a salir lentamente. Provocaba sin lugar a dudas una arrolladora sensación en mi, misma que conseguía a su vez, despejarme, hacerme olvidarlo todo. Ese era el mayor placer del sexo de Heero… podía hacerme olvidarlo todo, que nada importara y todo lo demás perdiera significado. Por eso me gustaba, por eso lo necesitaba. Era injusto, egoísta, pero qué más daba… era sexo, y a ambos nos gustaba por igual.
- Ah… Mh…
Suspiré arqueándome apenas. Un gemido escapó, travieso, por mis cuerdas vocales hacia el exterior. Desesperado de más, del orgasmo, le empujé con la poca fuerza que poseía hacia la desordenada cama. Montado sobre sus caderas, me sostuve con las manos, cerré los ojos, y comencé. Todo perdió sentido justo ahí, creo que hasta para él, por el atisbo en su mirada. Pero éramos diferentes… yo necesitaba de ese contacto, él necesitaba respuestas, y aún así, no dijo nada, me permitió continuar hasta el final. Ayudó a que subiera y bajara, cada vez más rápido sobre él. No me di cuenta de si era demasiado sonoro, simplemente me movía, contrayendo de vez en cuando mi interior para hacerle disfrutar de mis movimientos.
Al final lo conseguí, que él se perdiera, me necesitara del mismo modo que yo a él. Al final, era Heero quien me pedía más con sus manos en mis caderas. Eché mi cabeza hacia atrás galopando sobre su cuerpo, mismo que aún estaba semivestido con el pantalón y la camisa.
¡Mierda, era tan bueno!
- ¡Heero…! –gemí sintiéndome excitado, inquieto desde la zona baja de mi estómago, ahí desde donde provenía el preorgasmo-
- Muévete.
No pude responder, él me quitó de encima, acomodándome frente al colchón. Me empaló cuando se estuvo cómodo detrás de mí, tomándome con firmeza por la cintura. Su aliento chocándome al hombro me prendía, mal. Ni tampoco me quejé, lo disfruté moviéndome con él. Ambos sincronizamos sin necesidad de más palabras, para que pudiera moverse bruscamente, entrar y salir tan fuerte como pudiéramos en aquel cuartucho de tercera mano.
- Mhm, ¡Ah!
Me aferré a las sábanas de la cama desarmada, bajando la cabeza. Su mano había llegado a mi erección, acariciándola. Era todo lo que podía querer en ese instante.
- No pares… por favor… -insistí volviendo a apretarle con mi entrada. Él jadeó de respuesta-.
Su frente en mi espalda me indicó su cansancio, pero sus gemidos eran bajitos, tenues. Aún así no paraba, tal como se lo pedí. Continuó el vaivén tortuoso hasta que no pude más, hasta que mis gemidos se escapaban demasiado sonoros, hasta que mi cuerpo tembló incapaz de soportar tanto goce; hasta que eyaculé en su mano, tembloroso, sudado, agotado. Sólo entonces, conmigo satisfecho, se movió despacio sin salir demasiado de mi interior; se apretó intensamente, unas cuantas veces, deteniéndose sólo cuando terminó dentro.
Su torso descubierto (ve a saber desde cuándo, porque no recuerdo) se apoyó en mi espalda, obligándome a caer hacia la cama, cansado. Agitado, tanto como yo, se quedó ahí quieto, renuente a salir o vestirse. Tardé de más en regresar a Tierra… esa había sido la idea desde el principio. El silencio se instaló, unos cuantos minutos, hasta que ambos nos recuperamos. Mi mente entonces estaba más lúcida. Los sentimientos también más distantes. Un pensamiento fugaz me hizo sonreír de pronto, a la par de esa mano suya que descendía por mi espalda.
-… Así –le expliqué, sintiéndole alzar la mirada. No necesitaba verlo para saber-. Así es como sabes… cuando tengo ganas;… ¿Notas la diferencia… entre ir al Hangar, y esto?... –me burlé sin querer, riéndome suavecito-.
Otra vez nada, solamente el silencio a nuestro alrededor.
Mi sonrisa se borró lentamente, comenzando a sentir la culpa de mis acciones. Lo había usado por mero interés; lo había usado sólo para quitar de mí el peso dentro de mi pecho… y no podía arrepentirme. Ni por asomo, esto no era peor de lo que hubiera sido lidiar con la pesadilla en sí misma. Esto era más llevadero… sólo tenía que tratar de ignorarlo. Así era más fácil… y Heero no poseía sino atracción por mí, ¿Qué importaba ya, si me tomaba una o dos veces más? Era sexo, sólo eso… nunca habría nada más, porque Heero no sentía, y porque yo tampoco.
Habían sentimientos que ya ni imaginaba ser capaz de sentir… aún cuando en mis sueños parecían ser tan vívidos. Me había convertido en esto… esta cosa que ni yo mismo reconocía. Extrañaba un poco al viejo yo, pero no importaba, si con esto dolería menos. Extrañaba las reacciones espontáneas, extrañaba el yo cariñoso, extrañaba el yo amistoso, extrañaba el yo capaz de sentir compañerismo y preocupación… y todo había quedado atrás. Por eso morir era lo mejor. Sí, moriría en esta guerra, destruiría todo, me llevaría todo conmigo, al infierno.
El 01 levantándose de la cama atrajo mi atención. Acomodó sus pantalones mientras yo me tapaba un poco con la sábana, para no dejar mi desnudez al descubierto. Le observé, pero no encontré nada. Nada en sus ojos, o en su expresión, o en su actitud; era como si nada hubiera pasado… como si no significara nada. Y aunque dolió saberlo, me alegré en parte. Seguíamos sin ser iguales, sin que nada nos atara, ¿Qué podría ser mejor…?
- ¿Heero…? –llamé sentándome al borde de la cama, aún semicubierto con la tela blanca. Su rostro volteó a verme de inmediato, luego de alzar la camisa del suelo- ¿Me devuelves mi arma…? –alcé las cejas, con mis intenciones bien ocultas tras una falsa inocencia. Sus movimientos se volvieron lentos, estudiándome-. Era mi arma, me la tendrás que devolver en algún momento. No estoy psicópata, puedo manejar una sin matar a diestra y siniestra.
Frío como el hielo, amenazándome sin palabras, su mentón se alzó en un acto arrogante, egocéntrico y autosuficiente. No me moví ni le discutí, aún con su posición tan militar y estoica frente a mi; no me intimidaba el que sus manos se hubieran metido en las bolsas de los pantalones, o porque me mirara de ese modo tan lleno de desconfianza. No podía darme el lujo de ceder y dejarle tomar todas las decisiones por mi… él no podía atarme. No podía mantener cautivo al Dios de la Muerte, no Heero. Heero era inútil en la materia.
Al final sólo se volteó y salió por la puerta, dejándome con un impotente sentimiento de no poder obligarlo.
- ¡Mierda contigo, Heero! –le grité desde el cuarto, sabiendo que me escucharía-
Corrí las sábanas con algo de molestia pero resignación. Necesitaba una ducha o algo, no muy eficaz porque aún me quedaba ir al gimnasio. Sólo mojé mi cuerpo quitando los residuos o la posible sensación de las caricias del 01, no peiné ni acomodé mi cabello. Vestí ropa deportiva y salí dejando la habitación hecha un desorden, con mi MP3 en mano, dispuesto a aprovechar la mañana y descargar energías con alguna máquina para tonificar.
Tronando mis oídos, la música a alto volumen conseguía que mis pensamientos ni siquiera se escucharan dentro de la cabeza. Me subí en una cinta para caminar, para hacer la entrada en calor, y disfruté de las canciones de Nightwish una a una. Antes de que me diera cuenta, exactamente como los últimos días, había terminado la rutina dos horas después. Mis músculos se sentían firmes, tensos, y activos; era lo bueno del ejercicio. Relejado de todo, caminé casi al trote de regreso a la habitación para ducharme correctamente, con mucha espuma. Tras refrescarme volví a salir a curiosear qué hacían las demás personas que conocía. En otro momento le hubiera sonreído a varias y las hubiera saludado felizmente… ahora en cambio simplemente las miraba y me mantenía callado, a la espera de sus reacciones.
Encontré al resto de los pilotos y a Une en las plataformas de despegue. Se les veía ocupados administrando y reordenando el transbordador que nos llevaría hasta Sank, en un vuelo privado con pase VIP. Afilé la mirada. Wufei estaba apoyado en la baranda del entre piso (donde estaba yo) mirando hacia abajo con su ceño fruncido. Heero estaba con su computadora, no muy lejos del motor completamente desarmado del vehículo. Quatre permanecía ocupado junto a Une, conversando, junto a un Trowa ausente que más parecía el guardaespaldas del rubio. Estratégicamente, decidí apoyarme en la pared a mi derecha, observándolos a todos indistintamente; crucé mis brazos, fruncí mi ceño.
Joder, ya me parecía al 01.
Seguramente pronto partiríamos hacia Sank. Dudaba que encontráramos algo importante ahí. Las palabras de las llamadas anteriores daban vueltas y vueltas en mi cabeza atándome. Me sentía frustrado, encadenado. Era como si no pudiera ver más allá de lo obvio, como si no pudiera decir qué iba a suceder. Solamente sabía que la guerra vendría, pero no imaginaba qué pensaba el perpetrador para hacer realidad ese hecho. Es decir, él estaba notoriamente contra Preventers… incluso se había justificado, pero aún así, era incapaz de predecir a ciencia cierta sus movimientos.
Me acerqué al 05, apoyándome al igual que él en el barandal con mi mano izquierda. Yo, a diferencia de Wufei, lucía más molesto y concentrado, estaba seguro. Pero también sabía que ambos pensábamos aproximadamente lo mismo: el enemigo.
- Nos asignarán un acompañante –informó el pelinegro a mi lado, ganándose una de mis mirada fugaces-.
- ¿Quién tendrá el honor? –ironicé barriendo con mis ojos violáceos la planta baja. ¿Acaso Heero estaba tratando de hackear la seguridad del transbordador… o era mi imaginación?-
- El Teniente Kiev Krauz…
¿Kiev Krauz? No me sonaba para nada.
- ¿Es nuevo? Me refiero… -indagué, frunciendo aún más mi entrecejo-
- Algo así. Lo asignaron luego de que te retiraste. Heero lo rastreó durante un año para asegurarse de su fiabilidad… -hizo una pausa, extrañándome, ¿Heero, persiguiendo a un sospechoso durante un año? ¿Por qué insistió tanto? Él era más de los que odiaba perder tiempo desconfiando de los demás… simplemente tachaba a los que no le gustaban-. Kiev es el único hombre luego de nosotros cuatro, Noin, Sally, y Une, que conocía del movimiento y los planes internos de Preventers…
"El único."
Volteé a verle alterado, preocupado. Él volteó a verme después, queriéndome decir algo que no pronunció, pero adiviné sin problemas. Que ese tal Kiev fuera el único en saber todo, el único además de los conocidos que supiera de los movimientos internos, le hacía el principal sospechoso. ¿Quién sino él sería capaz de secuestrar o confabular para llevarse a Clovis, y a Relena? ¿Quién sino uno dentro de Preventers sería capaz de burlar tan fácilmente la seguridad?
¿Podría ser Kiev… el que me secuestró…?
La sola idea provocó un nudo en mi garganta, obligándome a voltear hacia el frente, incapaz de mantenerle a nadie la mirada. Apreté con mi mano el barandal que nos resguardaba de la mortal caída que significaba el entrepiso hacia la planta baja, pero traté de mantener la compostura. Era inminente el encuentro, ¡Él me lo había afirmado! ¿A esto se refería? ¿Este sería el modo de encontrarnos? ¿Así sería el modo de verle la cara por primera vez? Y mierda, ¡No recordaba ningún Kiev en mi pasado!... no podía ser Él, jamás, era imposible.
¿Pero y si sí era posible…?
Contrólate Duo, me dije. Casi comenzaba a temblar, a angustiarme. No podía mostrarme así ante los demás, ellos no sabían nada, ni quería que supieran tampoco. Jamás, era mi secreto, sólo mío; no lo compartiría, moriría con él. Sin embargo, repentinamente, una duda asaltó mi mente. Volteé hacia un costado buscando al ojinegro, que había regresado a ver hacia abajo pensativo. Me debatí internamente, pensando en los pro y contras, hasta que no pude más, y tuve que decirlo:
-… Wufei… ¿Has pensado en… si Preventers se equivocara…? –cuestioné lentamente, sintiéndome empequeñecer en mi lugar, aunque tratase de mantenerme estoico como el piloto del Wing- ¿Cómo sabes, cuando algo está bien…? Conozco a… una persona, que dice… -hice una pausa, suspirando apenas-. OZ cometió errores, mintió, mató, estafó… OZ trató de liberar a las colonias de la Tierra, llevar a ambos bandos a la guerra, y trató de conseguir que el espacio obtuviera el control de la Tierra… y nosotros tratamos de equilibrar la balanza, de que coexistieran, porque al fin y al cabo las personas del espacio son iguales a las de la Tierra… pero –volteé a verle, encontrándome con toda su atención puesta en mi-, ¿Cómo sabes que Preventers no trata de hacer lo mismo, usándonos?... ¿Cómo puedes estar seguro que Une realmente es de confianza…?
Le observé atentamente erguirse en su lugar, metiéndose las manos en los pantalones de modo serio y pensativo. Wufei, con esa expresión, parecía más adulto de lo que era realmente. Brindaba una sensación de poder digna de admirar, y hasta conseguía hacerme dudar de su inteligencia. Siempre lo vi como un chico introvertido, y muy terco, como yo, pero en estas ocasiones es casi como un hermano mayor… o un padre, en el más lejano de los casos. Él sabía mil cosas, muchas más que yo, siempre. Su opinión siempre era de peso, importante, no importaba la situación.
- La pregunta correcta sería qué te hace dudar de Preventers –pronunció por fin, imponiéndose-.
- No lo sé –negué de inmediato, reposando mis orbes en mi mano derecha-. No lo sé Wufei… pero tengo la sospecha que están preparando Gundams… -apreté mis labios suavemente, volviendo a verle; su mirada aún estaba seria y profunda-. Sé que la guerra será inevitable, ¿Pero Gundams…? ¿Para qué crearlos, luego de haberlos destruido? ¿Por qué hacernos revivir todo…? Además, piénsalo detenidamente –propuse en un susurro, volteándome de lado para poder verle frente a frente. La conversación tenía que ser discreta-, ¿Quién sino Preventers sabía de la importancia de Clovis y Relena para el futuro? ¿Por qué fue Noin y Une quienes fundaron Preventers junto al jefe de estado? ¿No es raro que hayan ocultado la idea de crear Gundams…?
Tenía muchas ganas de decirle que no tenía ánimos para pelear de la mano de Preventers, pero no lo haría. Era muy personal, demasiado; no quería arriesgarme. Me mordí la lengua evitando decir más de lo debido, teniendo que agradecer que no fuera Heero y Quatre, para adivinar mis pensamientos o emociones, o sospechar de ellas. Aún así él me miraba, absorto, concentrado en esta privada conversación tan discutible. Para cuando volvió a voltear al frente, solamente dijo:
- Es raro.
Inesperadamente, la afirmación quitó un inmenso peso de encima de mí. El que Wufei me creyera, no me viera como un desquiciado, había menguado de alguna manera todo el malestar dentro de mí. Aún no era suficiente, aún sentía nervios y miedo, pero una gran parte de toda la carga se había evaporado. Me atreví a sonreír, apenas mejor de ánimo luego del shock inicial.
- En realidad… yo no quería estar aquí –le susurré sólo para Wufei, sin que importara demasiado lo que fuera a pensar-. Heero me obligó. Maldito maníaco –me mordí el labio inferior tratando de reprimir la sonrisa, nomás viéndolo ahí a lo lejos, metido entre sus códigos de computación-. Pelear no es lo mío, pero si mi Deathscythe aparece, te aseguro que no se lo prestaré a nadie.
- Hmp –le escuché, después viéndole de atisbo sonreír, de ese modo propio suyo-. Él cree que tienes un gran problema de identidad… quién diría que sería el más afectado.
- ¿Eh? –balbuceé sin comprender, notoriamente intrigado-
A continuación, lo que sucedió fue inesperado y confuso. El chino volteó a verme, con una sonrisa satisfecha, queriéndome decir con ella algo que no entendí. Era como una broma, pero no cuadraba. ¿Wufei, haciendo bromas? ¿A mí? Es decir ¿En este universo? ¡Por favor! Le miré tan consternado que fui obvio, podía jurar que todos se enteraron de mi inquietud con sólo verme la cara.
- Maxwell… -habló dispuesto a aclararme la duda-.
- Duo.
La voz de Heero a mi lado me asustó de modo cómico pero horrible. Salté en mi lugar apegándome a la reja, con el pulso desajustado, hasta la respiración entrecortada. Encontré al 01 a un metro de nosotros, mirándonos con un arma extendida en la mano. Pero no reaccioné sino segundos después, tras verle repetidas veces de arriba abajo. ¡¿Cómo carajos le hacía el muy hijo de puta para materializarse de la nada? ¡Mierda!
- ¡Maldición, Heero! –insulté sin escrúpulos, exhalando sonoramente- ¡¿Tú quieres matarme, eh? ¡¿No estabas ahí abajo? –demandé señalándole la planta baja, pero aún así nadie dijo nada, el susodicho sólo me miró apacible- ¡Diablos!
Froté mi frente con la mano izquierda, tratando de menguar el escalofrío. Todo se hizo vertiginoso cuando al ver a mi lado, me encontré al pelinegro reprimiendo la risa. Mis ojos, casi literalmente cuadrados del espanto, voltearon hacia el culpable acusándolo en silencio. Desentendiéndose de la situación, mi sexy amante alzó su mano mostrándome la lustrosa magnum que sostenía, haciéndome olvidar todo lo anterior.
-… ¿Y eso? –indagué despacito, con cierto temor a que me impusiera condiciones o me empujara al suelo otra vez. Él marcó su ceño, que en su idioma significaba que mi pregunta sobraba por obvia, así que traté de fundir mis neuronas y entender. Tardé un poco, pero lo conseguí-… ¿Qué me pedirás a cambio…? –pregunté aún con inseguridad, sólo consiguiendo que se extrañe-.
Diablos, Heero estaba raro.
- Si no la quieres la tiraré –advirtió, haciéndome respingar-
- ¡No! ¡Quiero decir sí! –me apresuré- ¡Sí la quiero, sí sí sí! –salté tratando de atrapar el arma-.
Heero dio un paso atrás, impidiéndome agarrarla. Yo lo miré. Él me miró. Yo encolericé.
- ¡Al carajo contigo! ¡¿Crees que jugaré al gatito y al ratón? ¡Qué te pasa! ¡Ni sueñes que te perseguiré por toda la plataforma para atraparte y darte tu merecido, niñato de cuarta! ¡Entrégame eso!
Enojado, caminé con decisión hacia el frente para agarrar por las buenas o por las malas mi magnum que, bien recordaba, él me había quitado en primer lugar. Le vi retroceder, con una indescifrable mirada, y eso sólo logró hacerme enfurecer aún más. No tardé en tirármele encima esperando que huyera como niño travieso.
- ¡Duo! –repitió quejándose cuando lo estampé contra el piso, conmigo encima-
- ¡Regrésamela, no estoy para tus juegos!
- ¡No estoy jugando!
- ¡¿Entonces por qué mierda retrocediste? –sollocé frustrado, apretando los dientes para no golpearlo-
- ¡Nunca escuchas!
- Con un… carajo –susurré golpeándolo en el pecho, recibiendo de regreso un empujón que trataba de desestabilizarme-, mierda contigo, púdrete –insistí pegándole un manotón que hizo volar el arma varios metros lejos de nosotros-. ¡Ash, mira lo que haces! –protesté quitándome de sobre el 01 para ir por el objeto, tan rápido como era posible sin tropezar- ¡Encima se aparece de la nada! Como fantasma ¿Qué se cree? ¡Va a matarme de un paro cardíaco! Le encanta hacerse el misterioso, apuesto que es nomás conmigo y luego anda esparciendo sus secretos por ahí ¡Sí, eso es!
Refunfuñé en voz baja aún cuando obtuve lo que buscaba, a salvo y en una pieza. Al alzar la mirada, me encontré con Wufei mirándonos de manera extraña. Heero se había puesto de pie, huyendo a dar la cara de nuevo. ¡Todo era raro, anormal! Aspiré alzando el mentón, buscando entereza para pronunciar lo que quería, pero al final se me olvidó, porque Une interrumpió.
- Nunca esperé ver al 01 y al 02 jugando como niños…
La sola afirmación me hizo rodar los ojos.
- No estábamos jugando.
- Eso parecía recién, Duo –insistió empalagosamente la mujer-
- ¡Que no estábamos jugando! –insistí jalando al corresponsable del brazo, obligándole a pararse frente a la castaña de cabellos largos que era como nuestra superior. Los ojos celestes de Heero me miraron con curiosidad, luego imponiendo de nuevo distancia entre sus pensamientos y yo- Vamos, enfrenta tu responsabilidad, cobarde, ¡Dile que no estábamos jugando, tú no juegas! –afilé la mirada- A menos que sí juegues ahora; confiesa, dónde está el 01.
A lo lejos, escuché la risita de Quatre, intentando apelar a la discreción. Une parecía feliz, aunque no me parecía emocionante en realidad. ¿Por qué todos parecían conformes con la escena? Yo era el único aparentemente malhumorado con todo. ¡Hasta Wufei parecía tranquilo, disfrutando del momento! Y ¡Hello! Estábamos a medio del comienzo de una guerra, ¿Cómo podían disfrutarlo? Aún cuando yo lo hubiera hecho, ahora me parecía tan… tonto.
- Bueno muchachos… preparen sus cosas, en unas horas partirán hacia Sank.
*= Los fragmentos escritos pertenecen a la canción Evanescence – Whisper/Whisper 2002.
N/A: Sólo por si no se entiende, las partes entre las canciones de Evanescence fueron un sueño. Más bien, una pesadilla. Su significado no es una premonición, sino un temor interno de Duo. Es plenamente subjetivo e inconsciente.
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
