The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos: - -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior... -~-~-~-
[…] Desde aquella inusual conversación con el 01, todo se había vuelto raro, vertiginoso.
[...] Sólo podía suponer dos respuestas: tenían planos más modernos sobre los cuales trabajar, o era sólo un modo de hacerlo pasar desapercibido…
[…] ¿Por qué Heero lucía tan preocupado, tan perturbado…? […]
Quatre también estaba preocupado, pero él estaba preocupado por mí.
El aire está caliente…
Un Mobile Suit cae. Un Gundam cae… junto a otro que se desintegra.
Una figura que conozco está frente a mí […]. Verle duele, duele muchísimo, y mis lágrimas caen. Pronto me da la espalda y se aleja en medio de la oscuridad.
- ¡Yo soy un Dios! ¡YO SOY SHINIGAMI!
- Ven conmigo
-… Heero…
Me aferré a las sábanas de la cama desarmada, bajando la cabeza.
Acomodó sus pantalones mientras yo me tapaba un poco con la sábana […]
- ¿Heero…? … ¿Me devuelves mi arma…? […] ¡Mierda contigo, Heero!
Encontré al resto de los pilotos y a Une en las plataformas de despegue.
- Nos asignarán un acompañante –informó el pelinegro a mi lado, ganándose una de mis mirada fugaces-.
- ¿Quién tendrá el honor? –
- El Teniente Kiev Krauz…
- … Kiev es el único que conocía del movimiento y los planes internos de Preventers…
¿Podría ser Kiev… el que me secuestró…?
-… Wufei… ¿Has pensado en… si Preventers se equivocara…? ... ¿Cómo puedes estar seguro que Une realmente es de confianza…?
- Es raro.
- En realidad… yo no quería estar aquí. Heero me obligó. Maldito maníaco
- Hmp. Él cree que tienes un gran problema de identidad… quién diría que sería el más afectado.
- ¿Eh?
- ¡Maldición, Heero!... […] ¿Y eso…?
- Si no la quieres la tiraré
- ¡Al carajo contigo! ¡¿Crees que jugaré al gatito y al ratón? ¡Qué te pasa!
- Nunca esperé ver al 01 y al 02 jugando como niños…
A lo lejos, escuché la risita de Quatre, intentando apelar a la discreción.
- Bueno muchachos… preparen sus cosas, en unas horas partirán hacia Sank.
-~-~-~- Capítulo 11 -~-~-~-
- Déjenme introducirles a su apoyo en Sank, el Teniente Kiev Krauz –presentó Une con un sutil ademán de mano hacia el muchacho de su izquierda, pulcramente vestido en uniforme-. Él será su guía y contacto con la base, es de plena confianza; espero que se llevéis bien en el viaje –agregó después-. Es un buen piloto de Mobile Suits, sabe de mecánica, estrategia, y desarmado de bombas, además de tener conocimientos generales de Kung Fu y Karate. Les será muy útil en su investigación…
- Es un gusto verlos de nuevo, luego de tanto tiempo –saludó cordialmente, con una sonrisa en sus finos labios. Detuvo la mirada en una figura que antes no había visto, el trenzado de exóticos ojos violáceos-. Usted ha de ser el piloto del 02, no habíamos tenido la oportunidad de conocernos –extendió su mano, dispuesto a estrechar la del susodicho-.
Silencioso, serio, el pelilargo estiró su mano para corresponder el saludo. Fue corto, sutil, lo suficiente para llenar apariencias.
- Ya es hora de que suban al transbordador, ¿Por qué no siguen conversando una vez aborden? Hay mucho tiempo hasta el aterrizaje –Une-
Tenso, volteé con discreción a mi derecha. En el asiento del otro lado del pasillo estaba el famoso Kiev Krauz, mirando por la ventana como si su conciencia estuviera tranquila. Fruncí el ceño, pensativo, estudiándole con la mirada; él me preocupaba mucho. Parecía tan sereno, tan tranquilo, ahí, mirando con sus ojos marrones, vestido con sus pantalones verdes, su camisa beige con insignia de Preventers, y su corte de pelo hasta la nuca, rubio como el de Quatre. No había nada en él que fuera para desconfiar, pero desde que Wufei me había mencionado que era el único luego de los más conocidos en saber las políticas de seguridad para Relena y Clovis, algo dentro de mí se había puesto alerta, a la defensiva.
Me pregunto si los demás se sentirán como yo. Es imposible de saber sólo con mirarlos…. Quatre está apacible, mirando por la ventana; Trowa y Heero parecen sumidos en silencio, no puedo verlos desde mi asiento, pero no los oigo; Wufei está a mi lado… con sus ojos cerrados, cruzado de brazos, ¿Meditando, quizás? Yo soy el que luce más apático seguramente. No me gusta nada esto, no estoy cómodo. Casi estoy seguro de ser el único en sentirse de esta forma. No hay nada que pueda hacer para evitarlo…
Volteé hacia la ventana a mi izquierda, mirando el cielo, las nubes pasar. Tenía algo de frío, pese a mi campera negra, así que me hundí en mi lugar buscando algo de calor. Debía relajarme, era lo mejor; traté de perderme en el paisaje que se volvía lentamente más oscuro, y el silencio me ayudó en gran medida. ¿Cuánto faltaba para llegar ya…? El sonido casi inexistente del vehículo cruzando el cielo a alta velocidad era lo único que podía escuchar. Suspiré. La música de mis auriculares de inmediato surtió efecto, haciéndome olvidar dónde me encontraba, y más importante, con quién.
Llegué a la realidad cuando me di cuenta que aterrizábamos. Una de las señales fueron las nubes que desaparecieron de mi ventanilla, y la otra, el movimiento por parte de mi compañero de butaca. Wufei descruzó sus brazos, mirando hacia el frente con interés. Esa fue mi indicación para guardar mi MP3. Bajamos hacia el asfalto luego de que la escotilla se abriera, en fila, primero el Teniente, luego Wufei, luego iba yo seguido de Quatre, Trowa y Heero, respectivamente. Una brisa fría nos recibió, no ártica como la que estaba en nuestro lugar de despegue, pero sí lo suficientemente fría para que se sintiera en la piel. Los colores rosados y celestes del amanecer estaban pintados en lo alto del cielo, acompañados de un silencio propio de una ciudad que aún no despierta. Aún con todo eso, abajo nos esperaban algunas personas: Noin, una cadete uniformada, algunos periodistas a lo lejos cercados por vallas, unos autos para transportarnos.
- Qué bueno verlos –saludó la peliazul, aunque su semblante no mostraba felicidad alguna. Sus ojos se clavaron en mí, especialmente, antes de volver hacia Kiev-. Infórmales de la situación tan pronto como ellos estén listos; quiero que miren todas las cámaras de vigilancia y recorran todo el trayecto.
- Como ordene –afirmó haciendo una leve reverencia-.
No perdí detalle a los movimientos del rubio. Era de la estatura de Trowa, aunque su semblante era por mucho diferente. Incapaz de decir a ciencia cierta qué tipo de persona era, sólo podía escrutarlo con la mirada, ligeramente fría, despectiva, llena de desconfianza. Echando un vistazo hacia atrás, Heero siquiera parecía interesado en la conversación, con sus ojos cubiertos tras los párpados; 03 y 04 estaban tranquilos, diría yo que hasta en blanco, al igual que Wufei. Pero a mí no me engañaba… Heero estaba pensando algo importante, exactamente como yo. Volví a fijarme en el rubio desconocido, ¿También sospecharía?
01 tenía que ir un paso adelante mío, eso era necesario, de lo contrario… algo extraño estaría sucediendo.
Escuchando sin escuchar la conversación entre Noin y Quatre, subí a uno de los automóviles junto a los demás. Íbamos divididos en dos grupos. Yo opté por seguir al tal Krauz, sin reparar en cómo quedábamos organizados. Era primordial no perderle el rastro, hasta que comprobara que él no era quien yo sospechaba. Pero por la voz debía decir que no podía ser posible, si es que Él realmente me había enseñado su voz real. No esperaba que mi celular fuera a sonar, de cualquier modo, no hasta dentro de un par de días más… y Heero lo rastrearía.
Lo único que me brindaba algo de paz era el arma en mi cintura, oculta por la chaqueta.
En ese clima tenso y hasta agotado, llegamos a un Hotel donde nos hospedaríamos temporalmente. Sin Relena para coordinar nuestra llegada, todo parecía ser un caos… la ciudad dependía de ella hasta en lo más ínfimo, aún cuando Darlian no era su reina, sino una simple diplomática multinacional. Ni debía quejarme de los cuartos en los que nos ubicaron. Eran espaciosos, mucho más grandes que el cuartito en Preventers, aún teniendo lo básico. Nos ordenaron de a pares, Quatre conmigo, Trowa con Kiev, Wufei con Heero; de eso sí me quejé mentalmente, hubiera preferido mil veces pasar tiempo con cualquiera de los otros cuatro, siempre que no fuera Quatre. A Heero lo podía controlar con sexo, Trowa no hablaba, Wufei menos, con Kiev prefería correr el riesgo… pero ¿Quatre? ¡Diablos!
- Duo, me daré una ducha, ¿Te molesta? –escuché preguntar con tono amable y dulce al rubio de ojos aqua que había dejado su maleta en una de las camas-
- No, adelante, tómate tu tiempo.
Rezaba porque se tardara, y mucho.
Dejé mi mochila a un lado de la cama, escondiendo la mágnum bajo la almohada por precaución, y me acosté a descansar un poco. El sol en el cielo tardaba en salir, por lo que aún podía apreciar el pacifico amanecer que se colaba por la ventana. Mis pensamientos divagaron en incoherencias, entre ellas, el hecho de que nosotros habíamos creado esta paz… o eso habíamos pensado. El silencio que ahora taladraba nuestros oídos, la tranquilidad de las personas en el mundo hasta el secuestro de Clovis Pember, el despertar todos los días de las personas con la seguridad de que nada malo sucedería… todo fue obra nuestra. Entonces, ¿Por qué?
¿Por qué Él estaba tan aferrado a la idea de que Preventers era un error? ¿Por qué nadie más que él lo veía así? ¿Por qué nosotros, que éramos los pilotos Gundams, no lo advertimos primero…? Se supone que nosotros éramos los guardianes de la paz. Sí, bien, lo admitía, sólo pensábamos en terminar la guerra entre Oz y la Tierra, en acabar con la Operación Meteoro, pero en el proceso nos volvimos soldados, armas de combate, defensores de la justicia y la paz… ¿cómo es que personas tan importantes y experimentadas como nosotros fuimos incapaces de notar errores en Preventers? No podía ser… debía haber un gran error, y aún no lo encontraba.
Inquieto, me levanté de la cama, llevando ajustada en mi cinturón el arma de fuego cargada. Salí del cuarto sin avisar, directo a la habitación contigua, donde golpeé la puerta. La voz del 05 dándome permiso para ingresar me respondió casi de inmediato, así que proseguí a obedecer. En la cama cerca de la ventana se encontraba el piloto del Wing, mirándome sólo para corroborar que era yo; Wufei estaba de pie buscando algo en su bolso. Sin saludar me acerqué al colchón libre, sentándome al borde. Mis codos se recargaron en las rodillas, pensativo, serio, capturando la atención de mis acompañantes.
- ¿Qué sabes de él…? –le pregunté en voz lo suficientemente audible para nosotros, sin dejar que nadie más nos escuchara-
Heero se relajó en el respaldar de la cama, cruzándose de brazos.
- No mucho –confesó con indescifrable tono, ¿Frustración, o es que estaba pensativo?-. No encontré irregularidades. Su formación Académica fue comprobable, lineal, sus estudios están en orden… -el ceño fruncido se quedó fijo en un punto del acolchado-. Su modo de vida es estable, va a la iglesia una vez a la semana, compra siempre en los mismos supermercados, participa de colectas de caridad… su vida es normal –concluyó-.
Mi entrecejo de frunció aún más.
Un silencio se hizo entre los tres, aparentemente todos ocupados con nuestras propias ideas.
- ¿Es colono? –pregunté al fin, apoyando la barbilla en mis manos-
- Europeo.
- ¿Jamás vivió en L2? –insistí. Él negó- A menos que su información sea falsa –aseveré, clavando la mirada en mi amante de turno; de inmediato conseguí su atención-.
- Lo sé, pero no pude determinar su grado de honestidad.
- ¿Qué hay de su ideología? ¿Tampoco pudiste notar ningún rastro de sospecha? ¿Nunca participó de ningún levantamiento? ¿Es que acaso sabiendo pilotear un Mobile Suit nunca participó ni para defender una ciudad?...
- Sus habilidades no son destacables.
Frustrado, clavé mis orbes en el suelo. Nada en Kiev lo hacía ver sospechoso, nada parecía obvio, pero era todo tan normal que resultaba raro. En estas épocas, no había casi nadie que no hubiera montado al menos una vez un Mobile Suit. Los datos de Kiev Krauz debían ser falsos, tenían que serlo. No me cerraba, no me caía bien, no confiaba en él, aún cuando ya no podía sospechar que fuera mi secuestrador. A estas alturas, no recordaba nada del físico de Él, nada particular, excepto…
-… ¿Qué hay de la música, sabe algo de música? –alcé nuevamente la mirada, recordando aquel vestigio de un violín que ya no sabía si había sido un sueño o realidad-
- Según los datos oficiales, no –aclaró, dejando lugar a la duda de la veracidad de la información-.
- ¿Y literatura…?
- Clásicos.
Otra vez, nada. Volví a recorrer el suelo frente a mis pies en busca de alguna pista, pero no hallé nada. Comprendí entonces por qué Heero se había fanatizado tanto en rastrear a ese hombre. Era tan normal, que hasta era sospechoso, pero aún así, no podíamos hacer nada… porque no habían pruebas suficientes, sólo una intuición de experiencia. Yo también estaba volviéndome paranoico con Kiev, y apenas lo conocía. No podríamos investigar juntos, lo había entendido; yo no me concentraría en lo más mínimo cada vez que el sujeto respirara.
-… ¿Por qué Maxwell tiene tanto interés en Krauz? –dilucidó sacándome de mis cabales el pelinegro, que nos miraba con esos ojos llenos de intriga pero inocencia- ¿Es por lo que mencioné antes?
- En parte sí Wufei, no confío en ese sujeto… es… sospechoso –traté de explicarme, erguiéndome en mi lugar-. No puedo explicarlo, es sólo intuición. No dejo de pensar en Preventers, en OZ, en Une… -suspiré cerrando mis ojos, olvidando por un momento a Heero ahí presente-, Nosotros somos quienes acabamos la Operación Meteoro… nosotros mejor que nadie debemos poder darnos cuenta cuando la paz es amenazada, y aún así…
Perdido en la pared al otro lado de la cama del 01, no fui capaz de pronunciar nada más. Ambos me habían oído, pero habían preferido callar sus pensamientos, y estaba bien, porque si no pensábamos cada uno por separado jamás llegaríamos a ningún lado. No sé en qué momento me recosté en la cama con las manos tras la nuca, observando el techo, pero sí sé que minutos después Wufei se acercó a mí, extendiéndome una nota en un papel blanco, recién escrita, porque tenía la lapicera en las manos. Miré primero los ojos negros de mi compañero, luego la hoja de papel.
'Deberíamos averiguar si no hay micrófonos.'
¿En la habitación…? Gravemente, miré al chino, pasándole la nota al chico en la cama de junto para que leyera. Giré la mirada a nuestro alrededor, buscando por salidas de corriente, ventilas, número de lámparas, y recovecos donde pudieran haber cámaras o micrófonos instalados. El 01 se movió de su lugar buscando en su mochila por algo, ganando mi interés. De ahí, sacó varios destornilladores, extendiéndonos uno a cada uno. Sin decir ni una palabra, cada uno se dirigió a diferentes esquinas del cuarto, comenzando por desarmar los enchufes e interruptores de luz. Sacando la tapa de un tomacorriente, miré hacia atrás. Heero se había agachado a buscar bajo la cama y mesas de noche para asegurarse que nada estuviera pegado. Wufei había jalado una silla y se había subido para revisar los focos de luz, en el techo. En medio del silencio del cuarto, sonreí suavemente, volviendo a mi trabajo.
Una sensación de angustia mezclada con emoción me embargó por completo. El que estuviéramos cooperando los tres de este modo unánime por poco me traía viejos recuerdos, no desagradables precisamente, pero sí dolorosos, porque extrañaba sentirme libre con ellos. Yo jamás podría regresar a sentirme cómodo entre estos chicos… no luego de aquella noche. Aún así, seguía anhelando su amistad, como si nunca les hubiera sentido traicionarme. Me pregunté inevitablemente, ¿Por qué creí que estos muchachos podrían haberme herido adrede?... Más bien parecía que eran honestos, que todo había sido idea mía.
Yo quería a estos cuatro locos.
Traté de distraerme, revisando con cuidado los agujeros en la pared. No encontré nada en ninguno de los enchufes que desarmé, bajo ninguno de los muebles de mi esquina. Y por lo visto, el oriental tampoco había encontrado mucho más que polvo en su búsqueda. Me acerqué a él, en el centro del cuarto, negándole con la cabeza indicándole que no había nada. Pronto, el 01 nos acompañó saliendo del baño, seguramente luego de haber revisado incluso aquel cuarto.
- Hay que asegurarnos que nadie entre sin que lo sepamos –informé con cuidado de no alzar la voz. Los tres a menos de un metro, en el pleno centro del cuarto-.
- Si Preventers está tras esto regresaremos a ser terroristas –agregó Wufei a mi costado, ganando una significativa mirada del 01, que luego volteó hacia mi queriéndome decir algo que no comprendí bien, ni rápido-.
- Tu celular –habló cuando se dio cuenta que yo no captaba el mensaje, pero aún no entendía, ¿De nuevo me iba a pedir que se lo entregara?-, ¿él cree que es Preventers? –agregó haciéndome respingar-
Finalmente comprendí qué quiso decir. Si el que me llamaba tenía la sospecha de que era Preventers quien manejaba el tema de los secuestros. Creo que eso quiso decir; Dios, Heero, por Shinigami, ¡habla más! No soy adivino, sólo traductor. Pero me dio pánico… ¿Heero estaba confiando en Él?...
-… No precisamente –negué despacio, sin poder explicarlo correctamente-, los secuestros son obra de una facción guerrillera, opuesta a Preventers… según entendí, Preventers vendría a ser como OZ. O eso es lo que ellos afirman.
- Un OZ con Gundams –aclaró innecesariamente Wufei, con su porte estoico al igual que su compañero-.
- Peor que eso… -susurré-, los planos para Mobile Suits que encontré son por mucho superiores…
- Vulkanus(1) –afirmó Heero-.
- Espero que no tan así –sonreí quedo-, esto nunca acaba. Seguramente nos arrastrarán a otra guerra sin sentido.
Los hábiles ojos grisáceos del corazón del espacio recorrieron el suelo pensativo, caminando hacia su lecho correspondiente. Nos quedamos en silencio así, por lo menos un prolongado rato, sentados en diferentes posiciones. Wufei parecía ocupado mirando unos papeles, pero lo pesqué un par de veces mirando a la nada, como si no pudiera concentrarse. Él en una silla, y nosotros en camas separadas, dejamos que el tiempo se perdiera de vista hasta que el amanecer acabó, y el sol se alzó en lo alto, dando la hora del desayuno.
Con un carácter fácilmente confundible con el del 01, los tres salimos de la habitación juntos, rumbo al ascensor donde Trowa nos esperaba con Quatre. Reconozco, aún sin verme a mí mismo, que me veía raro. Aún más de lo usual. Con mi mirada fija, seria, hasta dura, clavada en el suelo y un paso calmo, a la par del de Heero, casi se podría decir que estábamos en sincronía inconsciente. Nada había salido premeditado, pero mi estado de preocupación y estrés conseguía alterar mi personalidad, especialmente estos últimos meses. Vi por el atisbo de mi mirada la curiosidad del 05, pero no indagó, no preguntó, sabiendo que seguramente la respuesta era obvia. Claro, porque él había sido parte de la charla.
Comimos algo ligero en el bar del lugar, aunque debo admitir que no fui capaz de probar bocado. Solamente bebí el café doble, antes de ponernos en marcha. Los vehículos estacionados afuera nos esperaban para llevarnos hacia donde todo había sucedido, por lo que abordamos sin más. El clima era más tibio que en la central de Preventers, pero aún fresco; yo sólo llevaba mi campera negra sobre la camisa beige para poder esconder el arma. Los pases sujetos a las camisas de cada uno nos daban acceso e inmunidad en caso de que cualquier anomalía sucediera. Nos detuvimos cerca de otro Hotel, evidentemente más lujoso, donde nos esperaba una muchacha.
- Venimos a revisar la habitación –informó Kiev encabezando el grupo-.
Yo iba hasta el final del grupo, viéndoles las espaldas a todo mundo.
- ¿Estás preocupado? –pregunté sin querer, sin pensar, hacia el pelicorto frente a mí que, en circunstancias anteriores, hubiera desaparecido apenas un segundo después de saber que Relena había sido secuestrada para salvarla- Por Relena –agregué cuando obtuve algo, muy leve, de su atención-, era como si estuvieran saliendo después de todo –sonreí-.
- No.
El tono tajante que empleó al responder me hizo arrepentirme de tocar el tema. Bien sabía que Heero no tenía ni nunca había tenido los huevos suficientes para declarársele a Relena, pero ella tenía coraje por los dos, atreviéndose a buscarlo siempre que podía nada más para verle. Sí, era como si hubieran estado saliendo… aún si para Heero era otra cosa. Debemos recordar que el 01 no es muy bueno en cuanto a sus relaciones personales. Aún así en situaciones anteriores no habría respondido al tema de ese modo… ¿Qué habría cambiado?
- ¿Pelearon? –insistí sin darle tregua. No los veía a ninguno de los dos discutiendo, menos siendo ambos partidarios de la paz y el dialogo; de hecho… pese a todo, jamás había oído a Heero enojado-
El ascensor se abrió dejándonos ingresar. No presté atención, aunque presentí que captaba la atención de más que solo Heero, que se apoyó en la pared del fondo queriendo pasar desapercibido. Obvio que no funcionó muy bien, cuando me paré a su lado dispuesto a seguir la conversación. Me miró de soslayo con cansancio, ¿No le gustaba que le preguntara acaso? Ah no, quizás era el contexto.
- No me mires así, todos aquí sabíamos que salías con ella –sonreí sin más-, ¿Entonces, pelearon, o qué? –repetí, ¿Por qué yo mismo tenía intriga sobre el asunto? Está bien que siempre había colaborado a que se vieran, pero… ¿Pero por qué diablos él no quería contestarme?- Te olvidas que soy como el padrino de ustedes, ¿no? Deberías decirme, quizás es una tontería… -guardé silencio, meditándolo-… no me digas que no se han vuelto a ver, ¿No la has llamado siquiera? Geez… -me rasqué el cabello-, ¿Acaso ya se te pasó el enamoramiento? ¿Por eso ni corres a buscarla…?
Pese a toda mi meditación, y que hacía partícipes de aquello a cada uno de los integrantes dentro del ascensor, nadie respondió nada. Al menos, no hasta que el beep electrónico sonó indicando que habíamos llegado al piso deseado.
- No es extraño pensar que un piloto no tiene chances con la señorita Darlian –rompió el silencio Kiev, sorprendiéndonos a todos por igual, aunque a mí me invadió la desconfianza y alerta. Volteó hacia atrás a vernos, con una amplia sonrisa, y agregó:-. Si me equivoco, es porque quizás el señor Yuy no la veía de un modo romántico.
Casi sentí la brisa polar surgir de mi costado, ahí en ese lugar donde Heero estaba. La gélida mirada con la que me encontré cuando le vi de reojo no fue sorpresa. En realidad, yo también estaba fusilando al rubio de ojos marrones. No sabía si era por las mismas razones, pero ambos parecíamos reacios a aceptar una opinión desconocida, especialmente de ese raro sujeto. Quatre tuvo que contener una risa discreta, ¿Es que a él no le preocupaba? ¿¡Ni a Trowa! ¿Los únicos cuerdos éramos Heero y yo? ¡Mierda!
- Por aquí –escuché que dijo después, caminando hacia el pasillo cerrado con cintas de seguridad que decían Prohibido el paso-.
Tal como predije, aunque ingresamos en una de las zonas de investigación, donde antes se habían tomado huellas dactilares y se habían gravado las cámaras de seguridad, no fui capaz de concentrarme demasiado. Los que más indagaron en el lugar fueron el 04 y el 05. Yo únicamente me apoyé junto a la ventana, mirando el paisaje, aparentemente sin hacer nada, aunque lo que más pude hacer fue revisar las ventanas desde las que se podría observar el interior del cuarto.
El edificio de enfrente no tenía coincidencia, pero su terraza era lo suficientemente alta para disparos de larga distancia, y dada la altura a la que nos encontrábamos, nadie en la calle podría ver el interior bajo ningún punto de vista. No parecía que la intención fuera a matar, tal como había predicho yo hacía ya tiempo atrás. Si matar hubiera sido el caso, desde el techo del edificio de enfrente hubiera sido medianamente fácil, sólo con un francotirador. La recámara era espaciosa, haciendo que fuera difícil dar en el blanco; Relena casi no tendría que haberse acercado inconscientemente a la ventana, si tomábamos en cuenta la disposición de los muebles dentro del cuarto.
Salimos de la habitación sin pistas que nos llevaran a alguna parte, obligándonos a ir por las grabaciones de seguridad. Era más cómodo movernos hacia el cuarto de seguridad del mismo hotel, donde habían quedado resguardadas unas copias de los videos. El gerente y su asistente amablemente, deseosos de ayudar, pusieron las cintas en las televisoras del panel.
- Esto es el primer día, a las tres pm, cuando llegó de su viaje –indicó el muchacho joven de cabellos y ojos castaños, mostrándonos la cinta-, caminó por el pasillo principal… -nos señaló la otra pantalla-, hasta el ascensor, donde subió hacia la habitación.
Las imágenes tampoco tenían anomalías, según yo. Las vimos una sola vez, aunque el teniente pidió copias para que las pudiéramos revisar cómodamente en el hotel más tarde. Convencido de que Heero y Wufei cuidarían a Kiev lo suficientemente bien como para no perderlo de vista, salí del hotel rumbo a la vereda por la puerta principal. Me paré allí y vi la dirección por la que hubiera ido el auto negro, el norte, por donde la avenida continuaba hacia el palacio. Quería tratar de entender la esencia del secuestro, ¿Acaso Él sólo buscaba aterrorizar a las personas y manejarlas a través de la amenaza? No lo veía una buena estrategia.
Caminé lentamente hacia el norte.
No. Él no podía pensar así. Había una mejor razón. Piensa Duo. Relena era pacifista. Relena había proclamado más de una vez que el entendimiento era la base de toda coexistencia. Relena era partidaria del diálogo como medio para solucionar los problemas. ¿Relena no había sido quien había dicho una vez, que quería entender a los colonos para poder crear políticas que satisficieran sus necesidades, su historia? Detuve mi paso, teniendo una revelación. Si mi memoria no me fallaba… entonces Relena Darlian no había sido secuestrada para llamar la atención, ni para ser castigada. No, Relena era la llave para desenmascarar a Preventers.
- Relena guiará las masas –susurré azorado con mi propio descubrimiento, convencido de que así era como había sido pensado el plan-.
¡Relena era el plan de refuerzo! Si desarmar a Preventers con la persuasión no funcionaba, entonces con persuadir a Relena alcanzaba, ella misma desarmaría a Preventers. Claro, Preventers no aceptaría una desarticulación, respondería por la fuerza, y sería entonces cuando la batalla estallara.
Mágicamente, otra revelación cayó sobre mi cabeza.
Preventers ya estaba preparando Gundams… Sacrificarían a Darlian. Pensaban matarla. ¿Los que querían matar a la pacifista eran justamente los líderes Preventivos?
Preventers mataría a Relena.
La afirmación me aturdió. Asustado, observé el suelo bajo mis pies, conteniendo la adrenalina en mis venas. Era consciente de que nada de esto lo podía decir, a nadie, al menos no aún, pero me asustaba. Al mismo tiempo, me daba cuenta que yo ya había dado por hecho que Preventers era el malo, lo que me hizo preguntarme inevitablemente, ¿Y si Preventers era la parte buena del asunto, si Él estaba equivocado…? ¿Entonces Él terminaría matando a Relena? Momento, ¿La vida de esa mujer estaba tan comprometida? ¿Por qué Heero no corría a salvarla como lo había hecho antes…? ¿Qué hacía la diferencia ahora?
- ¿Alguna pista?
La voz del nuevo miembro del grupo llamó mi atención, pero fui incapaz de salir del todo de mi trance. La noticia era demasiado fuerte para mí, todavía. Mi cerebro se había atrofiado, y supe de inmediato una sola cosa: no podía dejar mi Gundam en manos de nadie.
- … No –respondí ido-
- ¿Seguro? Luce… pálido –pronunció con cuidado, junto a mí-.
Cerré los ojos obligándome a posponer los pensamientos, y volteé a verle deseando que entendiera que no necesitaba su caridad. Sus ideas sobraban, absolutamente.
- ¿Las cámaras viales dónde están? –pregunté por compromiso, para hacerle hablar y que se olvidara de mi problema-
- La más cercana está en la esquina siguiente, luego tenemos otra ubicada cien metros a la izquierda… -comenzó a enumerar perdiéndose en su monólogo-.
Aproveché el momento para revisar mi celular, apartándome del grupo bajo la mirada del 03. Heero parecía demasiado ocupado irradiando furia intangible como para notarlo, y nuestro chino amigo estaba más ocupado con Kiev. Al abrir el aparato traté de llamar al número guardado en los registros, pero el tono sólo sonaba, una y otra vez, sin que nadie contestara al otro lado; ni siquiera me derivaba hacia la casilla de mensajes. Cosa rara. Insistí varias veces, sin que el resultado cambiara, hasta frustrarme.
No podía dejar que Relena muriese, pero tampoco tenía evidencia consistente de que mi razonamiento estuviera correcto. Aún podía equivocarme, aún podría ser que Él quisiera matar a Relena, usarla de algún modo maléfico para desarrollar su plan. ¿No le estaba saliendo mal…? ¿Y si el atrapar a Relena era para separar a los pilotos? ¿Era por eso que Heero no iba tras Relena, porque sabía que era una trampa? Diablos, no podía ser, ¿Cómo habría adivinado? ¿Qué se nos pasó? No, no, yo tenía que estar equivocado.
Vi a los muchachos alejarse, dispersándose para revisar las filmadoras de velocidad instaladas en las calles, así que decidí seguir al que me pareció más interesante. Kiev siguió a Trowa, sin hacer nada más que caminar y responder a un par de comentarios espontáneos. De fondo, yo los miraba de tanto en tanto, revisando los alrededores con la vista. Nada interesante cruzaba, nada digno de merecer mi atención, no creía que algo emocionante fuera a suceder, pero mi sangre de soldado me impedía relajarme. Era como estar en guerra, el arma en mi cintura me quemaba haciendo imposible que la olvidara siquiera. Seguramente era culpa del Teniente… si no existiera, estaría más tranquilo.
Para el mediodía almorzamos en el hotel, rodeados de un montón de papeles y videos. El único ruido alrededor era el papel moviéndose, el ruido de las cajas, nuestros movimientos, botones. Estábamos prácticamente en psicosis social, porque todo el cuarto era un desastre monumental. Apenas se podía ingresar, solamente nosotros éramos capaces de caminar sin generar más desorden del que había, pero también sólo nosotros entendíamos el perfecto orden de cada pila de papeles y videos. Wufei y Kiev, en una de las camas disfrutando de comida china leían papeles uno tras otro; los otros cuatro estábamos dispersados viendo en cada computadora las cámaras de vigilancia, con nuestros respectivos trozos de pizza o hamburguesa según el caso.
Nadie encontró nada, lo cual no me sorprendía en lo absoluto. No pensaba encontrarle un tutorial a lo que pasó, pese a que siempre habían pistas. Lo único novedoso era que el auto no se había evaporado como todos insinuaban o como habíamos visto en un inicio. El vehículo negro había existido, y había quedado oculto en un callejón a donde las cámaras no tenían acceso. Lo que sea que había pasado, había sucedido en ese callejón… seguramente un cambio de transporte, amenazas, cloroformo, un arma de fuego de por medio. En fin, era un secuestro, ¿Qué más queríamos saber?
Perdimos la tarde en más de lo mismo, también sin resultado alguno. Al caer la noche decidimos darnos un respiro. Cada uno se fue a su propia habitación, seguramente a ducharse y a dormir. Mi rubio compañero fue el segundo en meterse al baño, luego de que yo saliera con el pelo todo mojado, con un peine en mano dispuesto a peinarlo y acomodarlo. En el silencio del hotel, por primera vez me relajé a escuchar la ausencia de sonido. Era obvio que estaba agotado, pero no físicamente, sino mentalmente, por tanto ver videos, concentrarme en detalles, estar atento a mí alrededor.
Una puerta se cerró.
Me sobresalté al sentir el sonido, urgido por ver si se trataba de este cuarto, pero no lo era. En un arranque de impulsividad sin sentido, me dirigió para espinar el pasillo. Vi, con asombro, al rubio teniente salir de un cuarto hacia el ascensor.
¡Mierda, yo tenía razón!
Busqué a las corridas una campera y salí apenas las puertas del elevador se cerraron, esperando por ver en qué piso se detenía. Apenas se detuvo en planta baja apreté una y otra vez el ascensor de al lado, tratando de darle alcance. Tanteé mi cintura, corroborando el arma, y seguí con mi plan. Me escondí tras pilares cuando le hallé saliendo del hotel, dispuesto a descubrir lo que sea que ocultara, sin importar qué tan grave fuera. Las calles poco pobladas me facilitaban no perderle el rastro, mi cuerpo delgado era hábil para ocultarse tras paredes o en pasajes.
Kiev volteó sospechosamente hacia atrás. Me escondí tras un árbol, tratando de pasar desapercibido, jalando hacia abajo la visera de mi gorra, Mi cabello podía delatarme si llegaba a quedarse tras mi espalda, pero por ahora, cayendo por uno de mis hombros para que se quedara oculto en la chaqueta, estaba bien. Volví a apretar el paso cuando le vi doblar, cuidando de no ser visto. El tipo lucía sospechoso tratando de cuidarse la espalda, era obvio que iba a hacer algo indebido. Si no, ¿Por qué se cuidaría?
Tras la esquina, le vi conversar con una persona. Un muchacho de cabellos marrones, ojos negros, vestido casual. Pude notar que el rubio anotó algo en una libreta, entregándole a cambio algo envuelto en papel. Era un intercambio, ¿Drogas, o información pagada? Maldición.
Esperé a que el castaño se perdiera de vista para encarar. Saqué mi arma, y apresurándome sobre el teniente, apunté el cañón en su nuca. Él se tensó, quieto, estático; yo me preparé, ¿Trataría de golpearme y huir?
- ¿Qué es lo que le entregaste? –demandé, con mi voz terroríficamente seria, quitando el seguro del arma-
Kiev suspiró.
- Maxwell –pronunció aparentemente resuelto, volteándose-, qué susto me ha dado apuntándome así.
- ¡Responde, qué le entregaste! –insistí encabronándome-.
No tenía miedo de disparar ahí mismo.
- Era un testigo anónimo, sólo recogía el testimonio –sonrió con simpleza-.
Estiré una mano, la libre, exigiendo la libreta donde le había visto anotar algo. Él me lo dio con lentitud, sin romper nuestro miramiento. La tensión se podía cortar con cualquier suspiro, Releí sin dejar de apuntarle, pero escrito sólo había una dirección y un número, nada más.
- Me quedaré con esto –advertí guardando en mi bolsillo la libretita, luego bajé despacio el revólver-, camina.
Con indescifrable mirada, obedeció. El largo trayecto de regreso lo hicimos en silencio, aún con aires de rigidez entre ambos. Cada tantos metros mi violácea mirada giraba a verle caminar, encontrándome siempre ese porte, tan tranquilo. Me exasperaba, lo odiaba. No había hecho en este día nada para que mereciera odiarlo, pero lo odiaba. Quizás era que se creía conocer a Heero mejor que yo, o quizás era el que sospechara de él, o quizás el que estuviera sensible, pero del modo en que fuera Kiev no me agradaba. Injusto o no, me caía pésimo.
Lo dejé luego de un frío miramiento en la puerta de su habitación.
- Voy a estarte vigilando –le advertí antes que se volteara-.
Sin más me metí al cuarto donde estaba el 04. Quité la ropa extra, guardando mi arma bajo la almohada. Tenía la mente en cualquier lado, dispersa, aunque aún así traté de dormir hundiéndome entre las sábanas. No fue fácil dejar de darle vueltas a lo que había sucedido instantes atrás, pero traté. Horas después, conseguí caer inconsciente, agotado por las horas sin dormir y el estrés del día.
Al amanecer el día siguiente desperté aún con una extraña sensación de inquietud. Me bañé sin muchas ganas, sólo por deber, y vestí unos pantalones negros ajustados y una camisa de Preventers: no tenía tiempo para quejarme del uniforme. Desayunamos en silencio en el restaurant del hotel, aunque el clima no era el más óptimo. Kiev parecía tenso, incómodo, y creo que todos lo notamos. Yo en particular no pude despegarle la mirada de encima. Había leído el papel temprano por la mañana, pero sólo encontré una dirección anotada, nada más. Temía que el muchacho se me escapara en un descuido y fuera hasta alguna parte, quizás a traicionarnos. Si no lo había hecho ya mientras yo dormía.
Luego de comer decidimos dedicarnos a las cámaras de seguridad que habían quedado pendientes el día anterior. Subimos al cuarto de Kiev y Trowa, acomodándonos en diferentes partes de la habitación. Yo bajo la ventana, contra la pared; Quatre a unos pocos metros, Heero en el escritorio, y los otros tres en las camas libres. De este modo iniciamos la revisión de los videos, uno por uno. Era tarea aburrida, pero necesaria. Las horas pasaron ante nosotros sin que siquiera nos diéramos cuenta de cuándo llegó la hora de almorzar, de no ser por Quatre.
Apoyé mi cabeza en la pared, sentado contra ésta con la portátil en mis piernas. Las imágenes pasaban rápidamente ante mis ojos, mientras masticaba una y otra vez la hamburguesa de carne, tomate, pepinos, cebolla, lechuga, y aderezo. De pronto, un pitido fuera de escena me extrañó. Sólo las miradas de varios sobre mí me hicieron darme cuenta de qué era: ¡El celular! Salté en mi lugar buscándolo, dejando casi caer a un lado la computadora.
- Gracias Q –pronuncié viéndole sostener la computadora para que yo pueda rebuscar en mi bolsillo. Miré rápidamente la pantalla, y atendí-. Sí, lo siento, ando atareado –agregué para el interlocutor, ya bien conocido, tratando de limpiarme la mano que había sostenido la comida-.
- Qué sorpresa, Duo. Puedo llamar más tarde.
- Eh… -balbuceé inteligentemente, perdido, ¿Era mi imaginación o su voz acababa de azorarme por sí sola? ¿Qué carajos? Negué tratando de concentrarme-, no, claro que no –fruncí el ceño, intentando que nadie me viera tan idiota como yo me sentía-, si sólo falta que te ponga en el altavoz, es innecesario.
Porque ya ni era un secreto que me hablaba con él… No, el secreto era el modo en que él me había encontrado y raptado.
Miré al rubio a metros de mí, concentrado en su computadora. No parecía interesarle mi llamado del mismo modo que a los demás… ¿Su presencia significaba que no era el sospechoso que yo creía?
- ¿Enserio? ¿y qué estás esperando? –le escuché, con ese tono de burla característico-
- Al fin alguien con sentido del humor –suspiré dramáticamente, volviendo a tomar la computadora con una mano para seguir con la tarea, o al menos, simular hacerlo-. ¿Pasó algo malo? Estás… ¿Apagado? –caí en cuenta- ¿el trabajo te tiene estresado?
Un intenso silencio al otro lado de la línea me crispó los nervios. Supe ahí mismo que algo no andaba bien.
El tecleo incesante y furioso del 01 me dijo que seguramente le estaba tratando de rastrear.
- No… lo siento, es cansancio creo –se disculpó con un tono honesto y transparente que, hasta la fecha, no había notado; todo su carisma estaba bajo, haciéndole oír raro-. Trata de ignorarlo… ¿Cómo te llevas con tu nuevo compañero…? ¿Kiev Krauz, cierto? Ya son amigos, me imagino.
- Bromeas, ¿Cierto? Lo odio profundamente, y no soy el único en sentir aberración –jugué con la ventana del reproductor de video donde pasaban las imágenes del hotel. Una mirada fugaz viajó hacia el rubio de ojos marrones, sé que Quatre lo notó, porque me miraba atento-. Pero creo que el odio se me está quitando…
Sólo porque ahora sabía que, aunque podría tener que ver con mi secuestro, él no sabía de mis noches de aventura con Él. Aunque quizás una parte de mí ya intuía y sabía que el rubio jamás podría ser.
- Me parece bien, ¿Y tus amigos, cómo van con el secuestro de Darlian?
- No sé… eso es bien raro –confesé sin querer dar detalles de más. No quería ser soplón tan pronto-. Mucho de hecho.
- Pero sí sabes que fuimos nosotros, ¿No es así? –le oí cuestionar extrañado. Sí, duh, era obvio que fue él- ¿De verdad hicimos un buen trabajo? Creí que estarían todos más alterados… lo llevan con calma, ¿Qué es lo que no sé?
-… Si supiera… -suspiré, apretando los labios. Quería decirle que Heero empezaba a confiar demasiado en él, pero no podía sin que sonara a soplón; quería decirle que algo raro pasaba con el 01, pero tampoco podía-. Creo que sólo nos resta sentarnos a esperar.
- Pronto todo se pondrá caliente… debes estarte alerta, sólo estoy esperando unas novedades para continuar con la siguiente etapa –comentó con suavidad, haciéndome preguntar en qué consistía esa novedad-. Preventers se está tardando un poco en reaccionar…
- Quisiera comentarte algo pero… no es muy buena idea –susurré preocupado por la existencia de Gundams, ¿Estaría Él al tanto de eso?
- No te preocupes Duo, sé por dónde van tus pensamientos aproximadamente… no por nada te conozco tan bien –pronunció tan suave y cálidamente que me obligaba a torcer los labios, inconforme, inquieto; siempre que decía cosas así me hacía sentir raro-. Por otra parte… ¿Crees que el rojo te quede bien? Combina muy bien con el negro.
-… Eh… no sé –balbuceé, otra vez sacado de onda con esas desviaciones suyas-, supongo que sí. El rojo me gusta, ¿Por qué?
Bárbaro, una conversación trivial.
- Por nada, por nada, ya sabrás –otra vez, él daba por hecho que estaríamos siempre juntos…-. Bueno mi Duo, me alegro que estés bien, te estaré llamando en unos días… ¿De acuerdo? No me extrañes mucho.
- Bah, un Shinigami no tiene tiempo para eso –le repliqué con una sonrisa en los labios, escuchando la armoniosa risa al otro lado del teléfono-.
Cuando colgó, me quedé pensativo observando el monitor frente a mis ojos. Al final decidí que revisar la escena del crimen era una pérdida de tiempo, y cerré la computadora abandonándola a un costado, dispuesto a terminar de comer.
- Voy a dar una vuelta –anuncié como si nada, poniéndome de pie-.
Revisé que en mi cintura no me faltara el arma. No debía olvidarme de tenerla siempre conmigo. Sin abrigo ni nada más, salí del cuarto hacia la calle. Algo de aíre me distraería, me ayudaría a enfocar las ideas. Todo esto de Sank era una verdadera pérdida de tiempo, pero no podía convencer a nadie más de todo eso. Recordé de nuevo los Gundams, cuando descendía en el ascensor hacia la planta baja. Me pregunté cómo los encontraría, o con qué propósito se habrían creado nuevamente. Quizás era que estaba aburrido, la guerra no iba conmigo, había asumido tan bien como muchos que los soldados ya no eran necesarios… que Shinigami ya no era necesario, y sin embargo aquí estaba, reviviéndolo.
Miré el vasto cielo sobre mi cabeza, perdiendo mis grandes y (para mi mala suerte) expresivos ojos amatistas, y comencé a caminar perdiendo la noción del tiempo.
Sólo debía aguantar un día más.
*1= Battlefield of Pasifisis. Secuela de Gundam Wing ubicada al término del anime, explica el origen de Endless Waltz, junto a Blind Target. Vulkanus es una fábrica de MS en un meteorito, creada por Tuvarov, pero al morir éste durante la guerra se lleva el secreto a la tumba. El rumor de una gran cantidad de Virgos se convirtió en eso, un rumor. Dos grandes bandos, los pacifistas por la paz perfecta, que llaman al armisticio total, versus un ex comandante de oz se desafían por obtener el control de Vulkanus. En medio, los pilotos Gundams deben decidir quién es digno de ella, o destruir todo si lo consideran necesario.
N/A: Cuek, bueno. Aquí dando a conocer un poco de Kiev… no demasiado, no es un personaje pensado. En realidad está aquí para poder hacer llevadera la trama y poder incorporar este episodio, y aún así me esforcé para darle un protagonismo especial. Jo.
Bueno, en el próximo el episodio… uh, espero con ansias poder hacer algo más genial xD en realidad no cambiará mucho de este episodio, pero sí habrán grandes sucesos.
Saludos. Feliz 2011.
Van a tener que rezar para mi próxima actualización
02-01-2011
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
