The Rape

Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!

Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.

Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.

No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.

Parejas:Más entrada la trama definiré eso.

Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.

Comillas: ' '

Diálogos:- -

Pensamientos: " "

-~-~-~- En el capítulo anterior... -~-~-~-


- ¡Ah! Soy Duo Maxwell, trabajo con el teniente Kiev Krauz, de los Preventivos…

- Lo único que vi fue a un muchacho arreglando las cámaras viales frente al hotel, la noche anterior al rapto…

Tomarían años para que los ciudadanos olvidaran la desconfianza y el dolor que había provocado no sólo el enfrentamiento entre Libra, y la Nación Mundial, sino también por las andanzas de OZ.

- ¿Q-man, qué pasó?

- Nos llaman desde la central… dijeron que es importante que regresemos ahora mismo…

- Pronto querrán secuestrar al Jefe de Estado, a los Congresistas, los patrocinadores… es obvio que se trata de una facción rebelde. Cerraremos las fronteras, cortaremos la comunicación, a partir de esta noche los continentes y las colonias quedan incomunicadas salvo por la red segura de Preventers, que Heero establecerá de inmediato sólo para nosotros.

- ¿Estás diciendo que vamos a aislar las áreas hasta ver quién molesta más y luego… qué, nomás la bombardeamos? […] ¿Y acaso responder la fuerza con más fuerza no genera simplemente más violencia?

Mi Deathscythe parado ahí tan pulcro me daba cierta nostalgia y al mismo tiempo, coraje. Traer a mi amigo desde el mundo de los muertos sólo por un capricho resultaba insultante hasta para mí.

Aibo, este no es lugar para nosotros…

¿Será que realmente todos los pasos de la guerra se están repitiendo?

- ¡Hey! ¡Mira eso, Heero!

- ¡Duo, no corras!

- ¡Quiero algo de tomar, y bien fuerte!

- ¡Fuck! ¿Qué mier-…? ¡¿Qué carajo estás haciendo, Yuy?

Retrocedí dos pasos.

- ¡Heero! ¡No seas un niño! ¡VAS A MATARME! ¡Mierda! ¡Wufei dile algo!

- Te vas a sentar y estarte quieto.

- ¡NO QUIERO!

- Siéntate

Era definitivamente raro.

Volteé de nuevo hacia atrás, frotándome la cabeza. Sentía esa inquietud en mi nuca que no me dejaba en paz, como si Heero estuviera viéndome con unos superpotentes lentes de rayos X.

- ¡Duo!

El estruendo de una puerta de chapa golpeando contra el marco me asustó.

Llevé mi mano a la puerta barata y vieja.

Imprevistamente, una mano salió del oscuro cuarto, tomándome del brazo.

- Sh… no digas nada –me susurró-.


-~-~-~- Capítulo 13 -~-~-~-


Mis ojos lentamente se fueron acostumbrando a la penumbra del cuarto donde estábamos encerrados. Llegué anotar en pocos segundos, unos intensos ojos miel justo frente a mí, fijos en mi mirada. Era un tono dorado profundo, como un mar de ámbar, muy cálido. No existía nada más para mi, de pronto simplemente me ahogué en la inmensidad de su mundo, olvidándome del frío, del lugar, del momento, de lo que hacía antes, o de lo que podría suceder después.

Aquella mano que me cubría los labios para impedirme hablar se deslizó lentamente, quedándose en mi barbilla. Todavía no podía salir de mi trance. El sujeto frente a mi parecía serio, atento, pero mi mente estaba demasiado nublada para imaginarme algo. La voz de Wufei a lo lejos me asustó. Desprendí mi mirada de la del muchacho, preocupado con que la puerta de pronto fuera a abrirse y por la misma entraran Wufei, Trowa, Quatre o cualquiera de los demás conocidos míos.

Recé porque se fueran.

Mi pulso todavía estaba algo desajustado desde el susto, tuve que apretar mis puños. Necesitaba calmarme, pensar en claro. Ojalá fuera tan fácil hacerlo como pensarlo…

- Tranquilo, tengo una historia lista por si llegara a suceder algo… -escuché que me decía, en voz baja, acercando el rostro hacia mi cuello-.

¡Maldición!

Si él hacía eso, yo podría calmarme aún menos.

- ¿Q-qué clase de comentario es ese?...–traté de formular, casi tartamudeando. Mis manos no tenían la fuerza suficiente para alejarlo, aunque lo empujara por el pecho-.

- Lo sé, lo siento… -sus labios rozaron mi piel, estremeciéndome-… debí empezar más apropiadamente, ¿Cómo estás?

Okay, quizás entendía a Quatre… tanta dulzura no estaba del todo mal.

- ¡C-Cómo quieres que esté! –protesté, al fin apartándolo de mi. Era ridícula la dulzura de su voz considerando quién era él, y en qué situación estábamos- ¡Tú…!

Él rió.

- ¡No es gracioso!

Era una ofensa, un insulto. Y aún así, no podía dejar de intentar detallarlo, dibujarlo en mi mente, no olvidar el momento.

- ¿Ahora te harás el enfadado conmigo por robarte para mi unos minutos…? –ahí estaba de nuevo… esa autoconfianza tan anormal… ¿Cómo hacía para sonar tan cálido, aún estando ahí frente a mí, a pocos centímetros, literalmente encerrados…?-

No tenía argumentos. No había modo de pensar. Bueno, sí lo había, pero era difícil dirigir los pensamientos a algo más…. La remera marrón de vestir le quedaba increíblemente bien. No podía ser mucho mayor que yo, de hecho. Su altura era parecida a la mía y a la de Heero, incluso su contextura física era un punto intermedio entre ambos. Pero tenía ese no-sé-qué que me atraía como un imán. Sus cabellos eran ligeramente ondulados, quizás oscuros (no llegaba a apreciarlo por la poca iluminación), con una línea al costado que dejaba un mechón de cabello cubriéndole parte del ojo izquierdo. No era como el mechón de Trowa, molesto y antiestético; era más corto, prolijo(1), y pese a molestar en el rostro dejaba entrever perfectamente el color miel de sus ojos.

Tenía su atractivo indudable.

Al carajo, ¿para qué resistirse…? Él ya lo sabía, de todas formas.

Fruncí ligeramente el ceño, subiendo una mano. Quería llegar a rozar su piel… ¿Cuántos meses había esperado por poder tocarlo…? Ni siquiera todas esas veces que me había tomado (voluntaria e involuntariamente) yo había tenido la oportunidad de acariciarlo cómodamente. Sí había sentido su calor contra mi cuerpo, pero no era lo mismo…

Jamás antes había sentido un clima como el de ahora. Era algo tenso, incómodo, pero no de esa especie de tensión donde uno deseaba escapar…. Quería que la rigidez entre los dos desapareciera, se esfumara, para que fuera más fácil apreciarlo. Un muro invisible entre nuestros cuerpos, eso había… un muro que necesitaba caer de algún modo. Desconocía cómo, no era experto en estas cosas… en esto del romance.

Su sonrisa se borró mostrándose serio, en cuanto deslicé la palma de mi mano por la mejilla, hacia arriba, enterrando los dedos en el cabello suave, casi enrulado. Su mano me detuvo, diciéndome en silencio que era suficiente… pero él no era Heero, él no podía imponerse del mismo modo, él no tenía permitido ponerme barreras a mí, luego de todo lo que había pasado. Un único movimiento de mi mano le indicó que me soltara, y así yo pude continuar, aventurándome al contacto de su frente y luego su rizos ondulados.

Ah, era por eso…, entendí de inmediato, al notar aquella evidente cicatriz que pasaba justo por su ojo, en diagonal desde el centro de la frente hacia el lado izquierdo de su pómulo. El flequillo de lado era por eso, sin dudas… ¿Un recuerdo amargo, una experiencia desagradable…?

Toda mi atención cambió de eje al encontrarme con sus labios casi sobre los míos. No importaba en qué momento había pasado, ahora nuestros cuerpos estaban prácticamente pegados el uno al otro. Sus ojos se cerraron, con sus labios cálidos, dulces, presionándose contra los míos. Tenía un ligero sabor a… ¿Frutilla, quizás?... Se veía lleno de paz disfrutando del contacto, no pude evitar atesorar esa visión: su rostro tan cerca, tan apacible, casi angelical. Me dejé llevar totalmente, de nuevo perdiendo la noción de todo, excepto de la suavidad del cabello bajo mi tacto.

Jadeé suavemente, cuando sus manos se metieron dentro de mi remera.

Hacía tanto que no me sentía tan tranquilo… no quería que se fuera. Por fin el muro entre ambos se derrumbaba.

Era un beso suave, delicado. Jamás antes había sentido algo así… no tenía demasiada experiencia en todas estas cosas, pero podía jurarme que nunca sentiría tampoco nada parecido. Sin obligación, sin imponerse, sin tratar de ahogarme… solamente intentaba acaparar mi atención y robar todo el sabor de mis labios. Era único el modo de besar que él tenía. Me rehusaba a creer que fuera real, inclusive. Quería prolongar ese momento lo más que fuera posible, que nunca acabara; no le dejé alejarse cuando intentó romper el contacto de modo sutil.

- Duo… -susurró a milímetros de mi. Casi podía sentir sus labios aún, el calor de su respiración…-… ¿Vendrás conmigo…?

-… ¿Ahora mismo…?

- No es necesario, todavía hay tiempo –me respondió, acariciando con su boca la mía. Tenía mucho calor en mi cuerpo, mi rostro ardía, ¿Era un sonrojo, quizás?-. Siempre habrá un lugar para ti junto a mi… nunca voy a odiarte, aunque seas mi enemigo en el campo de batalla.

-… ¿No te preocupa que quiera matarte?

Yo estaba anestesiado. Nada podía dañarme, nadie podría herirme, no mientras él estuviera conmigo… ¿Esto era normal, era sano?

- No… si eres tú quien toma mi vida, estará bien.

Eso era ilógico, pero se sentía tremendamente bien.

- Esto es ridículo –mis manos se deslizaron hacia su nuca, volviendo a esfumar la distancia-. Tú no existes –agregué, entre un beso y otro-.

- Quizás…

De verdad, él no era real, no podía existir, no había lógica en ello. Estaba ahí, de pie, sosteniéndome entre sus cálidos brazos, entibiándome y protegiéndome de mi mismo… pero aún así era difícil de creer que fuera auténtico.

Claro, yo sabía quién era… yo siempre había sabido quién era, y que además era una mitad de mi mismo, importante. Sólo ahora me daba cuenta de la falta que me había hecho… solamente ahora me daba cuenta de cuán olvidado estaba el recuerdo, sin razón alguna. Mi vida entera giraba en torno a él desde que tenía conciencia, pero jamás antes lo había visto con tanta claridad, quizás es porque yo he madurado desde entonces, las cosas ahora tienen otra perspectiva. Pensar que nos reencontraríamos de esta manera… ¡ni en el más fumado de mis sueños lo hubiera visto venir!

Me gustaba esta sensación de compañía.

Entendí en ese momento, teniéndolo cerca, que no era una locura amarlo con tal intensidad. Él era todo mi significado de vida, todas mis razones para estar aquí, y no había nadie sobre el universo que pudiera amarme y aceptarme más. Todo estaba bien, todo estaba tremendamente bien. Nada podía ir mal si lo escogía…

-… Tienes que volver –le escuché avisarme, abnegado a dejarme ir-.

- ¿No puedo quedarme contigo hoy…? –pregunté, ansioso por pasar aunque fuera una noche a su lado, como aquellos días, antes de regresar como él decía; prefería mil veces abandonarlo todo-

- No, tienes que regresar… podrás venir conmigo más adelante si aún lo deseas –negó con más decisión-. Yo también quiero que vengas, mi Duo… pero ahora es complicado.

Shit. Quatre tenía razón… la miel no era empalagosa, era adictiva.

- Preventers está pla-… -intenté advertirle, siendo silenciado por la yema de su dedo delineando mi boca-.

- Sh… no interesan ahora, hablaré contigo más adelante sobre eso… por ahora, regresa a la base… yo estaré preparando todo para que puedas volver a mi lado.

Podía poner las manos en el fuego por él si me lo pedía. Le creía, daría mi vida por él, por cuidar a la única persona que le daba sentido a mi vida. Así que asentí lentamente, todavía prendido de su mirada color dorado. Dorado como la miel… dulce como la miel…

Diablos, me tenía como quería. Puta madre.

Reaccioné cuando sus labios acariciaron los míos. Parecía beso de despedida, odiaba admitir que sabía eso. Carecíamos de otras opciones… solamente quedaba despedirse momentáneamente, decirse adiós, hasta que pudiéramos reencontrarnos. Tendría que estar feliz, porque había obtenido algo maravilloso esta noche… algo que nada podría igualar jamás. Volví a recordar toda la situación cuando el calor y el sabor de los otros labios me abandonaron, al igual que el agarre de los brazos que me habían rodeado. La distancia física dolía demasiado, como si jamás nos fuéramos a volver a ver…

- Ve.

Asentí.

Salí lentamente del cuarto, cerrando detrás de mí. No pude mirarle a los ojos, sabía que si lo hacía, no podría despegarme de él nunca. Necesitaba mantenerme fuerte, entero, en una pieza… sin importar qué tan difícil fuera. El frío exterior me recordó lo helada que era mi vida sin ésos brazos cubriéndome, protegiéndome del clima. Todo era terriblemente desolador… y la única cosa que conseguía darme algo de calor, era el recuerdo reciente de su boca contra la mía, y ese sabor a miel que fácilmente se fundía con el color de sus ojos, en el mar de sus pupilas.

Sentí mis mejillas arder suavemente, haciéndome olvidar la temperatura por completo. Todavía estaba algo aturdido, algo mareado por el vértigo, o incluso anestesiado por la ruptura de lo habitual.

Caminé hacia la salida del callejón, lentamente, sin voltear. Él no aparecería, era obvio, pero si miraba quizás regresara sobre mis pasos sólo para intentar huir y dejarlo todo… así que para mejor, simplemente avancé. Era imposible enfocarme en algo, mi mente estaba en otra parte, y lo más grandioso de todo era que no me importaba. Ni siquiera importó cuando escuché vagamente un par de voces conocidas, ¿Qué más daba? Mi vida estaba resuelta, todo tenía sentido hasta lo más mínimo… no había nada que pudiera alterarme.

- ¡Duo! ¿Dónde te habías metido? ¿Pasó algo? –escuché a Quatre, tomándome del brazo precipitadamente-

Por mi propia seguridad, mantuve la mirada en el suelo.

Hasta mi piel se sentía diferente, ¡Definitivamente tenía que ser anormal!

- … Regreso a Preventers, es tarde –le respondí, soltándome lentamente-.

- ¿Eh?

Noté vagamente la extrañes en la mirada de Wufei y Heero, cuando pasé por su lado, pero no me detuve.

Para ellos no habían respuestas, al igual que para mí. Me resultaba complejo entenderme a mí mismo… estaba inhabilitado para dar explicaciones. Había algo que bloqueaba todas las sensaciones ajenas, todo lo que me rodeaba, todos los sonidos… ¿Cómo podía explicarlo? ¿Cómo podía describirlo? Desconocía las palabras exactas para decir eso que me sucedía. Atontamiento, era lo más parecido… pero no era eso. Era más fuerte que una simple tontera, más intenso en todos los aspectos, me tragaba hasta lo más profundo de un hoyo negro, como si hubiera sido absorbido por un mundo paralelo donde el tiempo transcurría más despacio… como si a mi alrededor hubiera una barrera de silicona que absorbía el impacto de sonidos e imágenes, volviéndome incapaz de verlos claramente.

Es sólo amor, me dije, casi burlándome de mi mismo. Jamás había creído en esa estupidez… pero ahora debería creerlo, a fuerzas.

Sí, tenía que ser eso.

La percepción del tiempo se había distorsionado, demasiado, ¿Era quizás porque mi corazón latía más rápido y las pulsaciones resonaban en mis oídos? Apenas podía reconocerlo… También las temperaturas habían desaparecido, sentía calor en todo mi ser, un calor sofocante e intenso, seco, como estar bajo el sol de invierno. Traté de disfrutarlo, inseguro de que pudiera repetirse la ocasión; tenía que prolongar la sensación hasta que yo estuviera a salvo de mi mismo.

Cuando alcé al fin la mirada, intentando salir del trance, estaba ya ingresando por la puerta principal de la base. ¿Tan rápido? Me pregunté, ¿Cómo no lo había notado? Sentí unos pasos siguiéndome de cerca, seguramente eran los chicos.

Todo tenía tanto sentido en mi vida, que me encontraba inexplicablemente feliz. Claro que sí, yo había pedido todo este tiempo por alguien a mi lado, alguien que me amara, alguien que me quisiera y me aceptara… yo había buscado por el tiempo y las ciudades un lugar donde realmente me sintiera en casa, donde volviera a ser necesitado. No lo había hallado del modo en que había esperado, pero llegó… todos los rezos sin duda eran escuchados, todos los sueños se cumplían, de alguna forma o de otra.

Las cosas llegan cuando uno menos se lo espera, y del modo en que uno menos se lo imagina. Eso hace que cuando pase, el corazón se hinche, los oídos se tapen, y dentro de ti crezca algo que no consigues describir. Si continuaba recordándome que por fin le hallé un sentido a todo, simplemente me quebraría… no podía quebrarme aún.

No mientras estuviera en el ascensor con cuatro acompañantes más.

Suspiré sin premeditarlo, llamando la atención.

Diablos, no quería que me vieran, no quería que supieran qué me pasaba, no quería que imaginaran qué había entre mis pensamientos. Mis decisiones eran sólo mías, únicamente mías. Todo lo que sucediera de ahora en más era tan privado y personal que al carajo si tenía que montar un Gundam, qué mierda importaba si Relena moría, si la guerra se desataba, si yo tenía que pelear en ella, si yo debía ser un asesino de nuevo. Nada importaba, en tanto él estuviera con vida.

Tenía que protegerlo, con mi vida de ser necesario. Sin él, yo estaría perdido de nuevo.

¿Cómo protegerlo si Preventers quería capturarlo?

Cerré tras de mí la puerta de la que era mi habitación temporal, desplomándome de inmediato en la cama individual.

Carajo. No lo había pensado antes así. Yo quería y necesitaba proteger a una persona que enfrentaría un juicio y quizás la pena de muerte… la sola idea me espantaba. No podía permitirlo. Tenía que recordar un poco todo lo que había pasado estos últimos meses, Clovis Pember, Relena Darlian, las misiones, los Gundams, la declaración informal de Guerra… la sospecha de que Preventers estaba haciendo el mismo trabajo que OZ en el 195 a.c

De a poco fui llegando a tierra, dejando atrás el estado de inconsciencia temporal. Las intensas emociones sufridas minutos atrás fueron formando parte de un atesorado recuerdo que quería repetir, y toda la situación comenzó a absorberme. Me sobrepasaba todo, absolutamente todo. Era demasiado para mí. No llegaba a percibir la totalidad de la situación. Probablemente fuera cansancio… pero no tenía sueño en absoluto. Las ganas de dormir llegarían solas, supuse.

Me volteé boca arriba, mirando el techo.

Toda mi respuesta llegaría por sí sola… simplemente tenía que ser fiel a mí mismo. Eso era seguro. Mientras me mantuviera tranquilo, por una misma senda, estaría todo en orden… seguramente él vendría por mí, no iba a abandonarme. Entonces, sin importar qué sucediera con el mundo yo…

Cerré los ojos descansando. Pronto, sin darme cuenta, caí entre los brazos de mi subconsciente. Todo a mi alrededor obscuro, donde mis sueños más profundos cobraban vida. Al volver a abrirlos, todo el cuarto estaba a oscuras, estaba algo mareado. Me levanté desvistiéndome torpemente, de modo de poder arroparme y seguir durmiendo. No fui difícil conciliar de nuevo el sueño, esta vez, hasta el amanecer.

Fui uno de los primeros en bañarse y salir del cuarto, pulcramente vestido. Los únicos despiertos por los pasillos eran los que estaban de guardia. Personalmente, había tenido una de las mejores noches en años… sin pesadillas, con un sueño profundo, mi cuerpo relajado… si tan sólo pudiera ser así a diario todos los pesares del día serían simples de sobrellevar. No tenía nada que envidiarle a nadie… ninguna de las personas del edificio realmente me importaba. Bueno, sí, me preocupaba por Wufei y Heero un poco… pero ellos eran adultos y mejor aún, lo suficientemente capaces para enfrentar sus propios problemas y salir aireados. Los demás sólo eran una mancha más del patrón…

Me preparé un café fuerte, y me dirigí a uno de los grandes ventanales de la sala. Desde allí, podía verse gran parte de la ciudad en el horizonte. El sol apenas subiendo hacia el cielo lucía espléndido, entibiando las calles en el frío invierno. Un cielo celeste adornaba a su alrededor la imagen… parecía un cuadro de fotografía. Los amaneceres de la Tierra eran incomparables, invaluables, al igual que los ocasos y la luna llena… todos paisajes que desde L2 no se podían apreciar. Los colonos se perdían de imágenes inspiradoras.

Sentí unos pasos detrás de mí, deteniéndose. Volteé para corroborar la presencia. Sólo era Heero…

- … Es temprano, ¿Siempre madrugas, cierto? –le pregunté sin cambiar mi expresión ausente, luego de regresar mi mirada a la ventana-.

Únicamente silencio. Dejé pasar los minutos.

-… Bueno, es muy típico de ti –susurré perdiéndome en el matiz de los colores. El calor de la taza en mis manos me entibiaba-.

¿Estaría Él, pensando en mi justo ahora…? Quizás aún seguía durmiendo… esos ojos cubiertos por los párpados, sus pestañas… el cabello castaño en la sábana de la cama, tan apacible… en la vida real seguramente era mejor que en mi imaginación. Quería verlo pronto. Quizás estuviera trabajando, con una taza de café en la mano, la lámpara del escritorio prendida… ¿Era normal poderlo imaginar tan fácilmente? No… quizás era que lo conocía de toda la vida…

- ¿Qué sucedió?

¿Eh?

- ¿Eh? –balbuceé saliendo de mis pensamientos, de nuevo volteando la cabeza hacia el castaño que todavía me veía fijamente- ¿Qué?

- Ayer.

¿Qué acababa de preguntarme? Piensa, Duo. Me le quedé mirando, intentando descifrar sus pensamientos. Lucía diferente, algo en él lucía diferente; ¿La ropa? No, el traje de Preventers era el mismo; ¿Sus ojos? No… no encontraba nada en especial, vacíos, como siempre; ¿Su cabello? No… seguía con el mismo corte y del mismo color. Debía ser mi imaginación.

- Disculpa, no escuché –resolví finalmente, llevándome el borde de la taza a los labios-.

¿Existiría un método para acelerar los planes? Tenía que haber alguna forma de que todo fuera más rápido, y así yo pudiera buscarlo. Probablemente estuviera pensando de más… probablemente tenía que relajarme un poco y confiar. Sí, eso tenía que hacer, relájate Duo.

Era complicado olvidarse de todo. Consecuentemente las imágenes cruzaban mi cabeza, la sensación de su cuerpo contra el mío era revivida segundo a segundo, sólo consiguiendo que mis mejillas se encendieran. No quería verme así, pero no podía evitarlo tampoco. Era automático, apenas mis más preciados recuerdos salían a la luz… el baúl de pandora con pesadillas y sangre estaba sellado. Él lo había sellado, para brindarme paz. Su sola existencia espantaba de mi alma todos los demonios, regalándome la verdadera felicidad. Él era mi ángel.

Un Dios de la muerte, que tenía devoción por un ángel…

Suspiré de nuevo, ensoñado. Esto se sentía demasiado bien para ser real… tuve que morderme el labio para no sonreír como idiota.

La mirada intensa del 01 me hizo atender la circunstancia.

- ¿Qué pasa? –le pregunté alzando la mirada hacia él-.

Por primera vez en años, no pude traducir lo que sus ojos me decían… Había perdido toda habilidad para hablar con él sin palabras.

-… Si no vas a decirme nada, ¿Por qué estás aquí? –agregué después, bebiendo un sorbo de café. Mi mirada no se apartó de la suya- ¿No hay nada más importante que debas hacer…?

Realmente, no entendía. Parecía enojado, pero no estaba seguro de si era enojo o era su mirada fría y despectiva de siempre. No le veía nada de especial, nada importante. No sabía, ni me interesaba saber…

-… Iba a ir a ver a mi Deathscythe, ¿Quieres ir conmigo? El Wing está ahí también –traté de sonreírle-. Estás invitado, Hee-ro.

Me volteé de camino al ascensor regalándole la mejor de mis sonrisas. Era mi forma de hacerle saber que no podía entristecerme, nadie podía, porque mi felicidad era más grande que la galaxia entera. Todo en mi ser estaba en orden, por primera vez en años. Ni el mejor intento de monólogo conseguiría captar mi atención, jamás.

Pero ahora me urgía tranquilizar mis ideas, calmarme, enfocarme. No podía seguir el resto del día intentando encontrar un modo de huir, debía hacer algo más productivo que eso, para que el tiempo pasara, hasta que Él volviera a contactarme. No creía que fueran meses, seguramente sólo días. Quizás si me ocupaba tratando de configurar o revisar a mi Gundam, todas las horas pasaran más rápido que sólo esperando… podría buscarme algo para leer, sería agradable e instructivo. Sí, podía sorprenderlo con algún texto que pudiera ser útil, eso sería bonito… ¿O quizás debería prepararme para poder cuidar de él? En ese caso, cualquier manual de primeros auxilios o de estrategia general me serviría…

¿Qué estaba pensando? Un piloto como yo no necesitaba eso.

Sin darme cuenta de cuándo, me encontré a mi mismo caminando por un extenso pasillo de metal, del subsuelo, reconocí. Instantes después, las puertas macizas de metal se abrieron, mostrando el amplio hangar donde descansaban los cinco gigantes de neotitaneo. Amplié mi sonrisa, mirando la majestuosidad de mi gran amigo, y me acerqué percatándome de los pasos a mis espaldas…. ¿Sería Heero? No interesaba.

- ¡Aibo, qué gusto verte de nuevo! –saludé, precipitándome. Quería treparlo, entrar en la cabina como en los viejos tiempos-, luces como nuevo, viejo.

Busqué en una mesilla cercana una especie de control remoto infrarrojo, de modo de abrir el cubículo de control y hacer descender la escalerilla que me ayudaría a subir.

Ahora lo notaba; jamás había siquiera visto el manual instructivo del nuevo sistema que tenía mi Deathscythe… esta era una excelente oportunidad para echar un vistazo. ¿Cómo pretendía usarlo si ni siquiera conocía todas las habilidades? Tenía que estudiarlo bien, sin importar el uso que le diera en el futuro. Nadie podía (ni debía) conocer este Mobile Suit mejor que yo… porque después de todo, solamente yo tenía que ser su piloto, hasta que volviera a descansar junto a los muertos.

- Mí querido amigo… juntos como en los viejos tiempos, ¿Eh? –susurré, acariciando el frío metal, frente a la entrada de la cabina-… Espero que todo salga bien para nosotros… Deathscythe…

Me senté al borde del entrada, mirando con detalle el interior. Los asientos eran nuevos, aparentemente confortables. Incluso los cinturones de seguridad parecían tener un moderno sistema de enganche. La cabina ya no era como la recordaba, ahora parecía más redonda…ubicando la entrada arriba. Tenía vagos recuerdos de la cabina del Wing Zero, pero eran parecidas. Quizás estaban basados en el mismo modelo. Esperaba que no tuviera el mismo sistema instalado, porque sería un problema para mi dominarlo; si antes no había podido, la esperanza de que ahora sí pudiera era por poco nula.

Giré la mirada hacia abajo, al suelo de la plataforma. El ruido de los amortiguadores me distrajo, junto a la imagen del Wing inclinándose hacia adelante, más cerca del piso. Heero parecía experimentar con una especie de computadora pequeña, portátil, a metros de distancia de su Gundam.

Debería hacer lo mismo, si no me encontrara tan feliz y disperso.

Mi mirada se quedó algo ida mirando al 01, comparando inútilmente sus rasgos a los de Él. Era sorprendente decirlo pero, Heero no tenía nada de sexy a su lado… y eso era decir mucho. Es decir, Heero podía tener unos ojos increíbles, un cuerpo perfecto… pero no, no sé si era el castaño oscuro de su pelo lo que le dejaba atrás, o la mirada tan dura. Había algo, que inexplicablemente, hacía que Él fuera aún más lindo; quizás fuera el color marrón claro de sus rizos, o la mirada, mucho más suave y dulce. Ambos eran expresivos de dos maneras diferentes: Heero te permitía ver las palabras a través de sus ojos cuando él lo quería, pero Él… Él me dejaba ver su corazón.

Suspiré.

Y sí, el corazón era cien veces más importante que las palabras…

Especialmente el corazón de esa persona, era precioso. Tenía en él un mar de cariño, ternura; un niño encerrado adentro que esperaba por un abrazo y algo de confort. En el fondo de su océano dorado existía un alma más bella de lo que cualquiera podía imaginar. Ni siquiera Quatre podía estar cerca de eso. No había estupidez ni idiotez en esa persona; había sentido del humor, carácter, sentimientos, sensibilidad. Una sensibilidad más allá de todo lo que conocía. Los matices dentro de ese espíritu de libertad eran en tonos pasteles, claros, que brindaban pureza e inocencia a alguien que, en materia, no era ni puro ni inocente.

Yo lo había vivido en carne propia: Él no tenía nada de inocente.

Debo dejar de pensarlo, me dije, cerrando los ojos un momento.

Distráete.

- ¡Heero! –llamé bajando de un salto hacia el piso; la altura me entumeció las piernas, así que tuve que esperar un segundo a que me recobrara, antes de poder caminar y acercarme- Oi, ¿acaso sabes dónde dejaron los instructivos? Es que verás, pensaba que no sé usar el nuevo sistema de mi Deathscythe y aprovechando la oportunidad, creí que sería un excelente momento para echarle un vistazo, ponerme al corriente… Lo sé, lo sé –me rasqué la cabeza, sin esperar que me respondiera-, es mi culpa, la otra vez no me quedé a escuchar los detalles, pero tú sí ¿No?

Miré con atención al pelicorto frente a mí, que ni siquiera se había molestado en alzar la vista. Algo me decía que su humor era delicado, pero no lograba entenderlo, no se veía enojado; estaba recluido en sí mismo. Nosotros ahora… volvíamos a tener esa distancia entre ambos, como cuando apenas nos conocíamos.

- Búscalo tú mismo.

- ¡¿Ehh~h…? –exclamé clavándome en mi lugar, incrédulo- ¿No me vas a ayudar? ¡¿Por qué~?

Fui ignorado completamente. Sus manos se movían sobre el teclado, captando toda la atención de su propio cerebro; no había espacio para mi. Cerré la boca luego de unos segundos, para que no entrara ninguna mosca en un descuido, pero la estupefacción no se me quitó de encima. Era cruel de su parte, e injustificado, tratarme de ese modo… como si no nos conociéramos.

- Heero –volví a pronunciar, esta vez en un tono más serio; sé que lo notó por el titubeo de sus dedos al teclear-, eres tonto, ¿Sabes?...

Suspiré sin darle mayor importancia a su cuerpo tenso, estático, como congelado por mi afirmación. ¿Por qué iba a hacerme mala sangre con un tipo así? ¿Qué caso había? Heero no iba a cambiar, y yo no lo necesitaba.

-… Dónde diablos estarán los estúpidos manuales –balbuceé rascándome la nuca en mi inspección por al amplio hangar-.

Me acerque a un par de mesas metálicas con cachivaches, donde revolví papeles y objetos, pero no había nada aparentemente útil. Luego de refunfuñar y protestar en voz baja por el desorden habido dentro del edificio, salí rápidamente en busca de cualquier mecánico que me ayudara un poco más que mi lindísimo compañero 01. Para mi fortuna, no fue difícil encontrar a uno de los sujetos con overol beige, y pedirle que me pasara la documentación necesaria.

Volví a la cabina de mi Deathscythe, internándome en ella a leer los, fácil, 20 capítulos de detalles y modos de uso del sistema. Si bien no podía ser muy diferente de lo que recordaba de pilotear, quería estar prevenido. El asiento cómodo del Gundam me facilitó la lectura, haciéndome relajar; había olvidado que las cabinas de estos Mobile Suits eran demasiado cómodas, hasta para dormir en ellas… ¡Vaya si habré dormido en mi Deathscythe!

Luego de hundirme en la lectura perdí la noción del tiempo, pues las luces instaladas en el Mobile Suit impedían que notara el sol del exterior o la noche. El simulador de combate encendido, ayudándome a entrenar en una batalla cargada y diseñada en la memoria del Gundam, era todo lo que podía entretenerme en aquel momento, apartándome de la realidad. Sobre mi regazo aún estaba el fajo de fotocopias que servía de manual, abierto, a medio terminar, pero mis ojos ya no lo miraban, más concentrados en los enemigos simulados en la pantalla. Eran bots, pero perfectamente funcionales. Mis manos movían los controles rápidamente, teniendo éxito en apuntar hacia cada blanco; la adrenalina ya corría en mis venas, no con la misma intensidad que en una batalla real pero casi (faltaba el componente principal, desesperación).

Beep.

- Duo, ¿Estás en la cabina?

- Sí –respondí por inercia, sin reparar en el cartelito rojo que parpadeaba en la parte superior derecha del monitor, avisándome que aceptara la comunicación. Moví velozmente la mano derecha, presionando uno de los botones a los lados- ¿Qué pasa? –pregunté. Quatre apareció en una ventanita pequeña, no muy molesta, que me permitía continuar en la simulación-.

- Umh, nada… sólo, iremos a cenar afuera, ¿Quieres venir?

- No, paso.

Un Taurus negro se movió frente a mi, danzando con sus turbinas, disparando de frente en un intento de bajarme, aniquilarme. Mi hoz y mis propulsores fueron más rápidos, evadiendo la balacera mientras acortaba la distancia. El filo del láser térmico cortó en dos al robot, y tan pronto como metí reversa éste explotó.

-… ¿Seguro? Pediremos pizza y cerveza y… es tu favorita –su voz sonaba triste, pero mi corazón no se movió… como si no hubiera podido atravesarlo-.

- Prefiero quedarme, gracias.

El sonido de las explosiones resonaba en mis oídos, dentro de mi oreja. La profundidad del audio instalado dentro de la cabina era espectacular, prácticamente real. Me sentía casi en una batalla, concentrado para matar.

- Está bien… cualquier cosa nos avisas, ¿Sí?

Asentí, cerrando rápidamente la comunicación. Lo cierto era que parte de mi ni siquiera tenía ánimos de enfrentar la cara de los chicos, la mirada apática del 01, la ingenuidad de 04, la tontera de 03, la indiferencia de 05. Hacían más mal que bien, y aunque esto estuviera mal, prefería continuar dentro de mi Gundam, solo. Pronto la guerra vendría… no tenía caso encariñarse con personas que no sabías si irían a sobrevivir después. Aunque era más probable que yo mismo muriera en ella. Si muero, será protegiendo a los que amo; si muero, será por protegerlo a Él.

Eso era un juramento.

La vibración de mi teléfono celular, en mi bolsillo, me distrajo del combate. Suspendí el sistema, para poder contentar la sorpresiva llamada. Esperaba que se tardara más en contactarme, no tan pronto, pero era agradable… quizás simplemente estaba pensando en mi. Quizás me extrañaba tanto como yo a él.

- Dime –atendí, sabiendo la identidad de mi único interlocutor. Ansiaba escucharlo, leer entre sus líneas cuánto me necesitaba-.

- Duo, hubo un cambio de planes… ¿Quieres venir conmigo? Esto es precipitado, tienes veinticuatro horas para responderme… te estaré esperando, ¿Sabes? Galpón 6 del puerto Alemán.

¿Qué?

"¿Quieres venir conmigo…?"

"Pronto Duo, falta poco, te voy a reunir con las personas que realmente te quieren. Sé que me extrañas más de lo que crees."

"No has cambiado nada desde entonces…"

¿Ir con él… ahora?


1= Tipo Emo, para que lo puedan imaginar, pero no de cabello lacio. Cubre sólo el ojo, no la mejilla entera.

N/A: Aush uxu al principio del episodio se nota que soy una enamorada del amor, ¿no? jajaja XD

Descuiden, ya pasó eso x'D fue sólo un golpe emocional… I'm stronger now~ (8)

En todo caso, ¡El capitulo que viene será un ESPECIAL!

Perdonen si el final no les gustó, pero saben qué? a mi sí me gustó! jajajaja

mueeeranse 8D porque aún no revelé el nombre del secuestrador, pero ya tiré pistas uxu a ver qué piensan... DEJEN REVIEW ¬¬

Saludines =3 deseenme suerte en mis parciales~

Ryoko Yuy Eiri Lamperouge