The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas: Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos:- -
Pensamientos: " "
-~-~-~- Capítulo 14 -~-~-~-
¿Estarían enojados conmigo, por lo que hice? Me pregunté mirando por el ventanal de aquella sala vacía, metálica. Quizás era un tonto por cuestionarme si me extrañarían, si les haría falta, porque si no me buscaron antes no había razón para que lo hicieran ahora… y aunque fuera el caso ya era tarde. Era demasiado tarde para volver. No podía borrar mi pasado, mis emociones, mi soledad… aquí tenía todo lo que necesitaba y no podía cambiarlo, no quería cambiarlo. Entonces ¿Por qué me sentía tan angustiado…? Tonterías, solamente estaba sensible por el cambio, eso era todo.
Me apoyé más contra el vidrio. Sentía la luz de la luna llena entrar por el mismo e iluminar mi contorno y una parte del cuarto. Hacía mucho más frío ahora, más que en la tarde, pero tenía otro tipo de frío…
-… Ahí estás.
Giré mi cabeza en busca de la voz. Ahí a unos metros estaba Él con sus pantalones de vestir negros y su camisa blanca sin arreglar. Le sonreí levemente, sin molestarme en ocultarle mi estado de ánimo.
- ¿Qué tienes? –inquirió acercándose-.
Negué.
- No es nada, sentimentalismo –simplifiqué encogiéndome de hombros-, ¿No deberías estar durmiendo? –incliné mi cabeza a un lado, me encontraba algo cansado-
- Te fuiste –sus manos me jalaron hacia un abrazo confortable, haciéndome olvidar esa fría sensación que me invadía-.
- Lo siento.
Tenía razón, debería haberme quedado a su lado. Pero ni siquiera luego de sentir sus caricias en mi piel o sus besos en mi cuerpo podía conciliar fácilmente el sueño. Ahora que por fin podía tocarlo cuanto quisiera mientras me tomaba, desaprovechaba la valiosa oportunidad… no me acostumbraba del todo a la cálida sensación en mi pecho cada vez que lo tenía cerca. Aunque me alejaba él siempre volvía por mi... no me permitía olvidarlo. Estando así rodeado por sus brazos volvía a sentir nacer ese calor, esa obsesión o adicción por él.
Cada segundo estaba más seguro… daría mi vida por él.
- Vamos a dormir ya –susurré deslizando mis manos por el pecho de él mientras alzaba el rostro-.
Sentí sus labios friccionarse contra los míos con fervor, aunque la manera de recorrerme fuera dulce y lenta. Apenas me di cuenta del momento en que su mano deshizo lo que quedaba de mi trenza, quitando la cinta que lo mantenía sujeto al cabello. En pocos días había notado esa manía suya por dejarme el pelo suelto, especialmente en momentos como estos donde me abrazaba posesivamente sin soltar mi boca, invitándome a otra ronda de fuego.
-… ¿Otra vez? –cuestioné cuando mi remera empezó a subir, y mi espalda obtuvo las primeras caricias de esas amplias manos, tan conocidas-
-… Tu castigo por dejarme… -respondió en mi oído haciéndome estremecer; algo húmedo y caliente me rozaba el cuello haciéndome suspirar-.
Sonreí separándome, pensando seriamente en llevármelo de ahí antes que me desnudara en aquel lugar sin preocuparse por nada más. Bien lo conocía, su sentido de la discreción estaba un tanto retorcido y enfermo, quizás por la paranoia de siempre sentirse perseguido. Sin más lo llevé hacia la habitación, nuestrahabitación según había dicho la primera vez que me había tomado, luego de que yo llegara con mi Deathscythe. Solamente ahí podía tenerlo como quería, derribar las imágenes que él había creado con los demás.
Ya no necesitaba huir, no necesitaba escapar ni tratar de olvidar. Shinigami no necesitaba existir, y Duo Maxwell comenzaba a ser sólo un mito. Tenía mí pasado a cuestas y quería hacer honor a Duo Maxwell pero lo cierto era que no podía, ya no podía cargar sobre mí el alma de la hermana Helen ni del padre Maxwell… porque había regresado a mucho antes de ellos, cuando no había pesos en mi espalda, ni un mañana, ni esperanzas, sólo el presente, por muy difícil que fuera siempre sobreviviendo.
Qué agradable era sentirlo a él sobre mi cuerpo, sus manos recorriéndome, sin tener que tratar de tapar la realidad… porque esta vez la realidad era encantadora. Podía disfrutar plenamente de cada beso y saber que, por primera vez luego de muchos años, era amado de verdad.
-… ¡Aah!
- Shh…
Su mano cubrió mi boca acallándome conocedor de lo difícil que se me hacía controlarme cuando él se movía sobre mi cuerpo, rozando mi interior con su falo. Una vez no era suficiente para disfrutarlo por completo, necesitaba más; él también y por eso cada noche se aseguraba de envolverme en sus brazos, enredarme entre las sábanas, quitarme la ropa, y al final marcar mi piel con sus caricias. Sin palabras de por medio los dos sabíamos que éramos todo lo que el otro necesitaba, cada vez que mis piernas se ataban a él y cada vez que su cuerpo se apretaba contra el mío, buscando más.
- Ahnn…
Apreté con las manos las sábanas debajo de mí, al igual que mis labios para no pronunciar más sonidos. Su contacto se había movido de lugar ahora ocupándose de acariciar donde yo más lo necesitaba. Una y otra vez, abajo y hacia arriba, hasta que mi cuerpo no soportara el calor de sus dedos y la invasión en mi entrada.
- Duo –suspiró-.
Me arqueé tensándome, liberando toda mi esencia por segunda vez en el día. El calor de mi cuerpo era aún insoportable y mis oídos tintineaban; el agotamiento era más emocional y mental que físico, pero no quería que se fuera. Todavía podía sentirlo arremetiendo contra mi cuerpo en busca de su propio clímax. Me gustaba eso, poder apreciar la imagen de su piel pálida sobre mí, su cuerpo marcado, algo delgado, perfecto pese a sus cicatrices… sus ojos cerrados, su cabello castaño claro algo húmedo, sus expresión adornada con quejidos tenues de puro placer…. Le vi exhalar profundamente mientras se detenía, y supe por ello y por el calor dentro de mí que había acabado.
Sólo entonces subí mi mano derecha dispuesta a recorrer aquella marca lineal en el centro de su pecho, que resaltaba por la diferencia de piel. Sus ojos cansados pero brillantes me buscaron sin detenerme. Yo sabía que era porque cada ápice de él era mío, y tenía derecho a tocar cuanto quisiera. Incluso si preguntara obtendría la pura verdad en sus respuestas… pero no necesitaba preguntar de sus heridas, porque de algún modo conocía el origen de todas, excepto una: la de su ojo.
No importaba.
Recibí su beso de las buenas noches en lo que lo abrazaba por el cuello. Su desgaste físico era más notorio, necesitaba dormir. Tenía que hacerlo descansar así que me acomodé a su lado permitiéndole ceñirme por la cintura, mientras trataba de ignorar la molestia de mi cabello suelto, o el frío por nuestras pieles sudadas. Tras arroparlo sus músculos se relajaron y supe que no necesitaría mucho tiempo antes de que este gran niño dependiente se durmiera.
No era cualquier niño, era mi niño.
- Te amo –me susurró-.
Qué bellas palabras.
Antes que pasara mucho tiempo su respiración se hizo pausada, su cuerpo perdió fuerza y mi voz ya no le llegaría. Me limité a contemplarlo en silencio, sin poder pensar en nada coherente más que lo hermoso que era ese ser para mí, en lo mucho que lo había anhelado, en lo irreal que era tenerlo, en lo increíble que era verlo junto a mí. Una vez hace mucho lloré su ausencia creyendo que sólo la muerte me concedería el deseo de oír su voz una vez más, pero ahora no había sido la muerte la responsable… agradecía cada pecado sobre mi alma, cada peso de mi conciencia, cada culpa, porque me habían traído hasta aquí.
Tenía miedo de que esto pudiera acabar… pero no debía preocuparme de eso, lo importante era el hoy por hoy.
Ereslomáshermosodemivida,quería decirle. Novoyadejarteir, quería que supiera. Voyaprotegerteporelrestodemiexistencia, me juré. Todo mientras besaba su frente antes de disponerme a dormir por igual, seguro de que si moría, sería con él a mi lado. Él era increíble, me había hecho olvidar toda mi angustia sin que yo hiciera ni el mínimo esfuerzo por intentarlo, y había sido su voluntad… ¿Acaso alguien podía quererme más?
Esa noche no hubo pesadillas sino una sensación de paz, que perduró mientras la oscuridad reinaba en los alrededores. Abrí los ojos instintivamente cuando ya era de día, y la primera visión fue encantadora. Él aún me tenía sujeto firmemente como si yo fuera su osito de felpa. Cohibido tuve que deshacer su agarre, aunque procuré no darle frío, mantenerlo envuelto entre las cobijas para que no notara mi ausencia otra vez. Duraría poco tiempo porque el chico tenía una suerte de radar para detectar cuándo me había ido de la cama.
Aproveché los minutos de soledad para ducharme y vestirme con ropa limpia, aunque el uniforme seguía siendo el mismo. Mientras prendía los pantalones sonreí. Recordaba la primera vez que me los había mostrado, de pronto había cobrado sentido una trivial conversación de tiempo atrás y era inevitablemente gracioso el nivel al que había estado pensando en mí. Claro, la pregunta de mis colores favoritos no había sido en vano, había basado todos los uniformes en ello…. Todos nos veíamos rojos y negros por culpa de mi respuesta, ¿Podía existir algo más tierno que eso? Bueno, sí, también era preocupante… el grado obsesivo era grave. Pero me gustaba, significaba que me tenía presente, que le importaba, que me quería de verdad, que nunca me dejaría solo.
-… ¿De qué te ríes?
- ¿Eh? –volteé. Trenzaba mi cabello mojado porque no podía quedarse suelto, sería un inconveniente- Ah… -volví a sonreír encontrando sus caprichosos ojos miel fijos en mi, desde la cama-, no es nada, ignóralo, sólo estoy de buen humor.
-… Te reías de algo –insistió. Oh vaya, él sí era difícil de distraer cuando no lo intentaba con sexo…-
- Me reía del uniforme, ¿Bien? Es sólo que es ridículo, es decir, ¿Acaso tenías tiempo para ocuparte del color de la ropa? –respondí atándome el cabello finalmente y colocándome la chaqueta- Cualquiera hubiera podido estar bien, pero te tomaste el trabajo de diseñarlo y todo, sin contar que vestirnos a todos de negro y rojo es un poco… bueno, quiero decir, me gusta cómo lo hiciste pero…
- Pero te resulta increíble que tomara realmente en cuenta tu opinión –le oí sentenciar suavemente-.
Fruncí el ceño sintiéndome sonrojar. Jamás me acostumbraría a esa sensación de ser leído como libro abierto.
- Algo así.
Cuando algo así pasaba, mi buen humor se espantaba. Era humillante… y encantador, y contradictorio. Odiaba la sensación, no sabía cuál era mejor o peor.
- Duo –me llamó abrazándome sorpresivamente por detrás-, te queda bien –agregó. Diablos, quería golpearlo, hacer que dejara de hacerme poner nervioso… y no podía-, aunque me gusta más con tu cabello suelto…
Cerré los ojos conteniendo el suspiro.
-… Si dejara mi pelo suelto todo el día se enredaría y sería muy molesto, y luego para peinarlo se volve-
- Antes no te molestaba.
- Antes era un crío.
- Antes…
- Antes,era diferente, no me busques pelea –interrumpí antes que hiciera una de esas escenas infantiles; tenía que convencerlo de vestirse pronto antes que se enfermara-, es horrible tener que discutir cont-… ¡Hey! –respingué notando sus manos otra vez intentándome desvestir-
- Ya entendí… -murmuró haciendo caso omiso a mi intento de detenerle-
- ¡Y-Ya, por Shinigami, vístete! ¡¿Te quieres enfermar o qué…? ¡O-Oye! –ahogué una exclamación con su pequeño empujón hacia delante, contra el escritorio- N-No me quiero bañar de nuevo, porfavor… -rogué en mi última oportunidad-
- Mhm…
Sonaba contrariado. Sexópata, no estaba en paz si no era desnudándome y enterrándose en mi. Al menos había conseguido que se detuviera…
-… Pero esta noche no te salvas –le oí advertir-.
- Sabes que esta noche no tendré intenciones de detenerte… que me guste cuando lo hacemos no quiere decir que quiera pasar todoeldíahaciéndolo –protesté al fin librándome de sus agarres, pero tuve que re-acomodar mi ropa-.
- Euh… algún día conseguirás que te demuestre lo opuesto, verás que luego me pedirás a diario un día de sólo se-xo –respondió alejándose hacia el pequeño baño del cuarto, aún desnudo-.
Le vi de reojo, medio preocupado porque el chico no tuviera el más mínimo pudor, ¿Eso era un exceso de ego o un exceso de confianza? Suspiré negando lentamente sin prestar más atención. Colocándome la gorra en mi cabeza me moví hacia el pequeño guardarropa para preparar las prendas de mi compañero. Tenía que escoger ropa abrigada aunque no hiciera mucho frío. Extrañamente no conseguía enojarme mucho esa abundancia de deseo por mí… en tanto no la desahogara con nadie más. Me reí tenuemente, sin entenderme ni yo mismo ¿Por qué me ponían de buen humor escenas tensas y ridículas…?
- ¡Dejo tu ropa en la cama, iré a ver si todo está en orden! –le avisé antes de irme-.
Inútil resultaba preocuparse por mi bipolaridad. Suspiré enfocándome en mi alrededor.
Todo el interior de la nave generalmente permanecía vacía, porque aunque pareciera lo opuesto, no éramos tantos los que estábamos a cargo del levantamiento… teníamos personas bajo nuestro control, y eran muchos, pero no precisamente aquí. Esa era la razón para que los pasillos y demás instancias fueran generalmente pacíficas, con un movimiento regular estable, casi como un hogar. Toqué la pared de mi lado mientras avanzaba hacia el final, deleitándome con la agradable sensación de confort, hasta la gran sala de estar donde encontré sentada en el sofá a una especial dama de cabellos rubios ceniza y ojos azules.
- Relena –llamé dedicándole una sonrisa-.
Ella alzó la mirada cerrando un pequeño libro con portada labrada.
Hacía un tiempo habíamos olvidado las formalidades entre ambos…
- Duo… buenos días –me saludó de regreso con ese tono dulce que a veces me recordaba a Quatre-.
- ¿Gustas acompañarme a desayunar?
- Disculpa, desayuné más temprano con la señorita Rawson… -denegó todavía permaneciendo en el sillón, y yo de pie a unos metros-.
- Ah veo, ya regresó de su misión –asentí-.
- Sobre eso, Duo… -su rostro se transformó en seriedad y preocupación-. ¿No existe otro modo de llamar la atención? Creo que atacar una base y generar heridos es ir más allá de lo que acordamos… estoy de acuerdo con algunos de los postulados pero no estoy a favor de desperdiciar vidas.
- Tranquila, estoy seguro de que Yu…, Selene, no cobró ninguna vida, no es parte del acuerdo... la base debe estar en funcionamiento todavía, si hay heridos te prometo que yo mismo se los haré pagar. De todos modos –agregué más serio-, Relena, se te convocó bajo el apellido Darlian… tu pacifismo no es parte del trato, entiendo tus ideas pero intenta mantenerlas al margen…
- Lo entiendo, solamente…
- Lo sé –concluí exhalando-. Descuida, yo tampoco quiero convertirme en un asesino nuevamente…
Ser nuevamente alguien que se lleva vidas…. No. Quería olvidarme de todas esas cosas. Era importante por mi propia felicidad dejar atrás todas las pesadillas, todos los tormentosos sueños en donde las almas del más allá venían a buscarme, como si las cruces que cargara en mi espalda fueran inocentes de todo pecado y no hubieran tenido oportunidad para la redención. Definitivamente no cargaría con eso otra vez. Nadie moriría en mis manos, más que yo; sólo yo tenía el derecho para quitarme mi propia vida… nadie más.
- ¿Duo? –escuché que me llamaba una dulce voz. Bajé la mirada hacia la chica, ex princesa de Sank- ¿Te molesta si te pregunto algo…?
-… No, claro que no, dime –respondí igual de suavemente, algo ido-.
-… ¿Lo amas… al Duque Frederic?
Mis ojos se abrieron un poco más de lo usual demostrándole la completa sorpresa que me había invadido. Estaba desacostumbrado a que ella hiciera preguntas de tipo sentimental y romántico, estaba poco habituado a que cualquiera pregunte sobre mis propias emociones, y para peor, no estaba acostumbrado en absoluto al título de DuqueFrederic. Para mi jamás había sido un duque, ni menos Frederic. Volteé hacia atrás corroborando la privacidad; después regresé a pensarme la respuesta.
-… Supongo…. En realidad, es más complicado que eso… -contesté escuetamente-.
Nos miramos mutuamente casi una eternidad. Ambos buscábamos una respuesta honesta y más profunda, una explicación, que yo era incapaz de darle a alguien más… y que por lo visto ella tampoco iba a darme.
- ¡Duo!
Me desencanté de sus profundos ojos azules para encontrar la nueva mirada femenina, marrón claro. Tuve que sonreírle por compromiso, con todas las emociones y pensamientos lejos de ellas. De pronto había en mi cabeza tantas ideas que no podía organizarlas correctamente, pero tendría tiempo para eso más tarde… además podía hablarlas con Él luego. Ya no era como antes, no necesitaba guardarme lo que me dañaba.
- Selene –llamé devolviéndole el flojo abrazo que me rodeó- ¿Qué tal Nuevo México?
- ¡Lindo! Aunque prefiero el clima de medio oriente, es más tibio, odio eso de los trópicos corridos ¿Es cierto que antes Nuevo México se llamaba sólo México?
La chica de femenina y estrecha figura con casi nada de busto, cabellos cortos hasta la barbilla color castaño y ojos del mismo color, se plantó coquetamente frente a mí. Imposible ignorarla. Nadie imaginaria que esa chica caprichosa, intensa, provocativa, de niña resultara haber sido un palito temeroso, flacucho y débil, de mirada tímida. Nadie lo creería… todavía ni yo. Si no fuera por el lunar sobre sus labios que había estado ahí desde que era una pulga hasta dudaría de su identidad.
- ¿Y dónde anda el comandante? Necesito darle mi informe ¿Sabes? –apresuró colocándose las manos en las caderas. Qué envidia resultaba ser su cintura de avispa-.
Respingué.
¡Oh Dios, si llegaba a verme sin haber desayunado querría darme de comer en la boca!
- ¡Diablos, me olvidé! –volteé de nuevo hacia atrás- ¡Entretenlo mientras desayuno y le sirvo algo de comer a él, por favor! –le supliqué echándome a correr hacia el comedor- ¡Está viniendo desde su habitación seguramente!
Escuché las risitas quedándose a lo lejos pero sólo bufé ¡Es que ellas jamás entenderían lo que era tener a un frasco de miel intentando consentirte a cada minuto! ¡Era insoportable! Tenía miedo de rechazarlo demasiadas veces y que se enojara conmigo, por eso tenía que huir, evadir rápidamente las situaciones que él pudiera acabar convirtiendo en románticas. Si quería mantener un poco de mi imagen y honor intactos, tenía que correr y cocinar rápido algo que él pudiera tragar sin quejarse. También me preocupaba su salud… así como yo huía a las situaciones melosas, él huía a sus responsabilidades físicas, cual niño gigante, caprichoso y descuidado.
Y ese era nuestro líder… el primer día creí firmemente que íbamos hacia la destrucción con él al mando.
Llegué aprisa hacia la mesada que en un abrir y cerrar de ojos tenía bowls, cajas de cereales, una jarra de leche y a mí mismo intentando mezclar la pasta para los panqueques. Carecía de tiempo para dejarlos levar, así que simplemente los cociné tal cual mientras el agua se calentaba para un café. Mi desayuno sería un simple sándwich, cualquier inconveniente que tuviera luego por haber desayunado poco lo resolvería con algún platón de cereal y leche; primero debía alimentarlo a Él.
No me molestaría tanto si estuviéramos solos…
Justo a tiempo los pasos comenzaron a acercarse desde el pasillo. El último panqué se deslizó hacia el plato donde otros tres estaban perfectamente apilados. Coloqué el desayuno sobre la mesa, el jarabe a un lado de los cubiertos, y serví el agua en la taza para el humeante café.
- Duo po- … mh –oí presintiendo cuál había sido su idea inicial-… ¿Esto significa que me sentaré solo?
Oh-oh, su tono era por demás serio. ¿Acaso había sido obvio mi intento de huir?
-… Puedo pedirle a Selene que venga a acompañarte –respondí colocando el recipiente restante justo frente al plato-.
Error. Alcé la mirada y me encontré con la suya. Capricho, frustración, algo de enojo… ¿Podía ser para tanto? Un importante mutismo se instaló.
- Se enfriará –advertí-.
- Siéntate –ordenó-.
Ah no, a Duo no le das órdenes.
- ¡Comería contigo si dejaras de tratarme como si fuera una mujer! ¡Puedo tragar la comida sin ayuda de una mamá pájaro!
- ¡Siéntate! –sus ojos brillaban de terquedad-
- ¡Con un demonio!
Antes de darme cuenta lo había jalado del brazo empujándolo a la silla, él completamente desprevenido.
- ¡Come, ahora, o nunca más te hago el desayuno y me busco otra habitación! –amenacé señalándole despectivamente el platillo. Él me miró eternos segundos, apretando los labios tan fuertemente que casi se notaban como una línea fina; finalmente cedió, volteándose a probar del pancake por primera vez sin objetar nada- Ahora sé un buen niño y come todo tu desayuno antes de iniciar el día, te enfermarás si no te alimentas como es debido –suspiré-.
¿Cómo es que el gran Dios de la Muerte había acabado de niñero…?
- No me olvidaré de esto –masculló él en voz baja-.
- Claro que no, porque yo cocino divino –respondí con sorna regresando a lavar los utensilios usados-.
Me agotaba. Me divertía y me agotaba. Semejante grandulón haciendo pataletas por algo tan simple… era tan tierno, tan ridículo, y tan estresante cuidarlo a cada minuto… si no fuera por esas dosis enormes de cariño que él solía darme juraría que es el empleo más devaluado del mundo. Tenía un tipo de satisfacción diferente a la que yo no estaba acostumbrado, era por eso que me costaba dejar de quejarme conmigo mismo a pesar de reconocer que no cambiaría un ápice de Él.
Ni un milímetro de él, nada. Todo era perfecto. Demasiado.
Ahora que casi no tenía preocupaciones girando a mí alrededor, la paz que se formaba entre mis pensamientos cada vez que me quedaba sin nada en qué meditar se hacía algo inquietante. Como nunca había sido muy asiduo del silencio, de la falta de ideas en mi cabeza, ahora honestamente disfrutaba por primera vez de este tipo nuevo de comunicación que tenía ante mis ojos. Casi no recordaba la última vez que tiempo atrás me sentí tan tranquilo.
-… ¿Qué crees que estén haciendo?
Esa pregunta me sacó de mis pensamientos repletos de goce y satisfacción. Volteé tenuemente a verle el rostro serio a mi compañero, sosteniendo la taza blanca que le había servido antes.
- ¿Quiénes?
-… Los pilotos Gundam…
Sonaba como si algo estuviera tramando esa mentecita suya. Desconocía completamente sus ideas…
- No lo sé –concluí volviendo a secar las ollas usadas-.
Por más que trataba de imaginar nada aparecía en mi cabeza. Ni siquiera un atisbo de lo que Heero podría estar haciendo. Ni siquiera una duda sobre lo que Quatre pensaría. ¿Estarían lamentando mi partida? ¿Estarían odiándome por la traición? ¿Estarían pensando en que Preventers está en un error? ¿Estarían creyendo que deben destruirnos…?
-… Honestamente no lo sé –agregué después de mi interminable pausa-.
Eso me amargaba. No quería pensar en esto.
- No quiero hablar de ellos. Su oportunidad ya pasó.
- Cierto.
Guardé en sus lugares platos y fuentes que use para cocinar, al finalizar me senté frente a mi compañero. Comí lentamente, casi sin ganas de, el sándwich que había arreglado más temprano. Pensé en el pasado, pensé en mi Gundam, pensé en cómo podía mejorar mis tácticas de combate, pensé en la guerra que se avecinaba… pensé en Relena y su método de persuasión finalmente, esperando que esa fuera nuestra solución. Había descubierto recientemente que no quería pelear en esta guerra… y sin embargo estaba obligado si quería protegerlo a Él de una posible muerte.
-… Escuché que Yutira tiene herido el brazo, un preventivo le atinó un balazo –me habló de repente el muchacho que había escogido comer lo que le había preparado antes que atascarse con café. Era un bonito detalle-.
- Es inevitable, aunque una pena… una dama no debería montar un Gundam –opiné-.
- Se lo dije, pero rehusó cambiar de puesto. Quise evitar que peleara –me dedicó una mirada tenue y tranquila-.
- Lo sé –asentí-. Tiene un mal carácter, quién diría.
Él contuvo la risa esta vez mirándome más intensamente. Le correspondí por igual.
- Si le hubiéramos dicho eso antes se hubiera puesto roja como una cereza –afirmó haciéndome reír-, ahora te sonríe y te pregunta si quieres sexo con ella, ¿Puedes creer?
- Bajo tu influencia no me sorprende –repliqué entre carcajadas-.
- ¡No juegues! ¡Soy tierno! –se jactó haciéndome querer contestar de regreso- Sí lo soy, no importa lo que digas, te encanta, admítelo.
- Ay mi… ¿Cuándo dije que no? –resolví con picardía cerrando el tema-
- ¡Comandante!
La voz de otro soldado junto a los pasos apresurados acercándose por el corredor nos interrumpieron rompiendo el clima amistoso. Entró por la puerta un muchacho apenas unos años mayor que yo, uniformado en rojo y negro, pero con pantalones de vestir más sueltos que los míos y un arma al hombro.
- ¡Tenemos un llamado de advertencia proveniente de Oriente! ¡Es de Preventers! –informó rápidamente-
- Yo me ocupo –suspiré abandonando la mitad de mi comida en la mesa-, termina de comer, luego terminaré de desayunar.
- No tardaré.
- Descuida –saludé con una mano saliendo del cuarto-. ¿Enviaron alguna amenaza? –pregunté más escuetamente al chico que me siguió fielmente el paso hacia la sala de mando-
- Ninguna, señor.
- ¿Pidieron hablar con él? ¿Hay alguna anomalía en el perímetro? –interrogué sin darle tiempo a responder- Quiero que refuerces las medidas de seguridad, no podemos dejar que nadie entre en la base y ponga en riesgo la vida de nuestro comandante.
- Enseguida, permiso.
Importaba muy poco si alguien quería atacarnos, los destrozaría con mi Deathscythe. Pero si llegaban a apuntarle con un arma a nuestro líder…. Impediría a toda costa que esa tragedia sucediera. Él debía estar a salvo a cualquier precio. Tenía que reforzar la seguridad.
Una puerta de metal automática se abrió frente a mí apenas estuve en la sala de control. Era un cuarto con una amplia pantalla, justo opuesta a la puerta, y en medio del salón una barra con tableros de forma cuadrada donde varios soldados estaban sentados de forma regular. Una mesada apartada con un sillón estaba entre la entrada y la pantalla, el lugar del más importante. Me posicioné justo delante del escritorio, espalda recta, indicando que aceptaran la llamada.
Odiaba actuar de embajador, ser político no era lo mío… prefería ir a los hechos.
Ante mi se formó la predecible imagen de Une y un par de pilotos, 01 y 05, de fondo al tanto de cada hecho. Esto no tenía nada de interesante, eran formalidades.
- Vaya-vaya, Preventers buscando hacer las paces, ¿me equivoco? –les hablé sin reparar en saludos de cortesía, ladeando mi rostro apenas hacia un lado- Al grano.
- Están instalados en una zona perimetral privada, y no tienen ningún permiso legal para establecerse… además sobre el ataque a Nuevo México –escuché a Une, que mantenía esa analítica mirada en sus ojos café-
- Sí sí, ¿Y entonces? –apresuré sin dejarla acabar con su monólogo. Ya sabía el número de reglas que estábamos rompiendo… había sido preventivo una vez- Les recuerdo la declaración formal de guerra, a menos que acepten nuestras demandas –alcé el mentón tenuemente-.
Escuché el imperceptible sonido de la puerta abrirse tras de mí. Un vistazo y corroboré que era Selene, ya vistiendo un traje espacial para pelear en caso de ser necesario. Se ubicó justo a un lado de la mesa con sus rasgos femeninos y finos teñidos de frialdad.
- ¿Demandas?
Regresé a ver a Une.
- Disolución completa de Preventers y cualquier milicia registrada, sea nacional, mundial o universal –respondí sin pestañear-.
- Es una locura.
Me sonreí con gracia encogiéndome de hombros.
- Es la regla. Si no la cumplen, el procedimiento seguirá… -aseguré frunciendo el ceño-, desarmaremos Preventers del modo tradicional, por la fuerza.
- Si ustedes atacan nos veremos en la obligación de responder el ataque, Duo, tu sabes que nuestras unidades son mejores que las de ustedes, no tienen oportunidad, es un suicidio –intentó convencerme con tal tono que necesité contar del uno al diez, tranquilizándome-.
- Tomaremos el riesgo. Estar listos para morir es la primera condición de un piloto.
Vi a la castaña mujer a punto de contestarme, incluso dijo algo que no llegué a oír apropiadamente. Quatre la había empujado corriéndola de su lugar, dejándome verlo en primera plana. Por un momento aquello me resultó interesante.
- ¡Duo, no se trata de quién gana! ¡Se trata de por qué peleas! ¡Cuál es la razón para desarmar a Preventers, déjame saber y te ayudaré, lo único que necesito que sepas es que estoy aquí!
El turquesa de sus ojos brillaba como nunca mirándome fijo a través del intercomunicador. Sus labios pronunciaron un perfecto novoyadejartesolodenuevo, y me desarmó. Me contuve para mantener mi imagen firme, para no mostrar vestigio alguno de emoción, pero me habían empezado a temblar las manos en algún momento de escucharlo.
No. Era tarde. Componte Duo, es mentira.
Traté de fruncir un poco más mi ceño, de marcar algo más la fuerza de mi mirada, endurecer la postura para evitar cualquier posible esperanza que pudiera nacer en el rubio. Pero era complicado… sabía que probablemente alguien estuviera adivinando mis emociones, probablemente Heero supiera que esto realmente me estaba afectando más de lo que debería. Sí, seguramente Heero ya…
- Quatre Raberba Winner…
Mi pecho volvió a saltar a escuchar Su voz a pocos metros. Esta vez de tranquilidad, porque ya no tenía que enfrentar a nadie. La seguridad volvía lentamente al menos por un tiempo. Humedecí mis labios retrocediendo hacia un costado, escoltando por el lado derecho a mi querido comandante para que él pudiera continuar las mediaciones innecesarias. Ya no era necesario que mirase la pantalla, ya no era necesario que me preocupara… Él se ocuparía de todo.
- Es interesante verlo luego de tanto tiempo, seguramente no se acuerda de mi, ¿verdad? –el comentario me obligó a observarle con cuidado, ¿Se conocían, sin que yo lo supiera?- Duque Frederic, lo visitamos en L4 con el Duque Christopher cuando éramos niños. Es una pena lo de su padre.
- ¿Mi padre…?
La confusión del 04 no tenía precio. Y la mía seguramente tampoco ¿Cómo estaba sucediendo esto?
- Tomamos unas pocas lecciones de violín juntos cuando teníamos 10 años –le explicó Él a un atónito rubio que aún no lograba encontrar recuerdos, aparentemente-. ¿Tampoco recuerda Los cuentos para soñar…? –agregó él con una sonrisa tan dulce y amistosa que me pudrió-
Me di cuenta de haberle dado un manotazo directamente en la cabeza cuando Selene me jaló hacia atrás.
- ¡Duo…! –me regañó ella en un murmullo-
- Cuidado con lo que dices –advertí en modo asesino. Por poco le lanzo una computadora por la cabeza cuando se rió- ¡Imbé-…!
- ¡Duo! –susurró nuevamente mi compañera. Él me había ignorado, tratando de seguir la conversación por rumbos menos amistosos-
- ¡Tú, déjame golpearlo!
- ¡Claro que no!
- Tsk.
Ofendido me recliné al borde del escritorio, cruzado de brazos, de extremo mal humor. ¿Me tomaba al pelo, hablando así con Quatre? ¿Cuentos para soñar, clases de violín? ¿Qué faltaba, que me dijera que esos dos descubrieron juntos su sexualidad? Mis dientes rechinaron. ¡Lo iba a matar! ¡Definitivamente lo mataría! ¡Haría algo más que eso, algo peor que eso! Sí, lo dejaría sin sexo lo que restaba de la semana ¡Eso haría! ¡Lo torturaría hasta que rogara por mí, hasta que jurara que soy lo mejor de su vida, maldito bastardo!
Llegué a escuchar sin prestar demasiada atención lo que conversaban. Une había vuelto a ocupar el primer plano convirtiendo el diálogo en una discusión unilateral… porque Él no subía el tono de su voz ni la suavidad de la misma cambiaba en absoluto. Supongo que quedaron en lo mismo en que estábamos: bandos opuestos sin posibilidad de huir del enfrentamiento. Estaba bien por mi… aplastaría a Quatre en el campo de batalla. Era lo que se merecía. Al final, eran sólo mentiras… era tarde para decirme que quería estar a mi lado, quizás si lo hubiera hecho dos años atrás…
Todos los recuerdos pasaron frente a mis ojos, lentamente. ¿La verdad? Me había jodido el día. La verdad era que hubiera preferido jamás escuchar nada parecido. La verdad era que… aún dolía demasiado…
-… ¿Estás bien?
Subí mi rostro dispuesto a confrontar esos exquisitos ojos miel y el enojo volvió a invadirme las venas.
- Perfecto.
Sí… imposible ocultar el sarcasmo. Su sonrisa de creído me enfermaba.
- Idiota –protesté-.
- ¡Jaja!
Se inclinó ligeramente a mi oído llenándome de escepticismo.
-… Me gustan mucho tus celos –susurró sugestivamente, tanto que crispó el cabello de mi cuerpo entero-.
- ¡Desgraciado, te detesto! –exclamé huyendo de allí sin mirar atrás-. ¡Me las va a pagar!
¡No eran celos!
¡Claro que no tenían por qué ser celos! ¿Acaso no era normal? ¿Qué seguía, confesarme que su padre era padre de Heero? Ah no, detalle, él no me lo confesaba, daba por hecho que ya lo sabía ¿Acaso pretendía hacerme sentir una basura por no haber podido estar con él en esas épocas? ¿Disfruta restregarme en la cara que tuvo otras personas acompañándolo cuando yo no podía estar? ¡Es un demonio! ¡A veces de verdad merece estar muerto!
- Señor, la unidad…
- ¡Quítate de mi camino! –protesté apartando de un manotón al muchacho uniformado que se me cruzó en el pasillo- ¡Con un demonio!
Apreté fuertemente mis puños. Ofuscado como me encontraba nada más era capaz de reaccionar violentamente. Todos los buenos momentos vividos apenas minutos atrás habían quedado en el olvido gracias al altercado. El botón del ascensor sufrió un puñetazo en vez de ser presionado delicadamente. ¿Cuáles tibios abrazos llenos de amor? ¡Ahora sólo quería pisotearlo con fuerza y hacer que suplicara por mi perdón! Oh, claro, él tenía que pedirme perdón… perdón por tratarme como si fuera mi culpa, perdón por faltarme al respeto, perdón por hacerse el coqueto con Quatre.
¡Hacerse el coqueto!
-¡CARAJO!
Mis manos estaban empuñadas tan fuertemente que los dedos se ponían blancos, clavando en las palmas las uñas. El silencio del ascensor se me hizo insoportable. Estuve obligado a patear la pared, descargando así toda mi ira psicopática.
Calma, Duo… estás sobreactuando.
Inspiré profundamente relajando mi cabeza hacia atrás, contuve el aire un par de segundos, y lo solté. Eso sirvió para al menos perder el instinto asesino de mis venas… pero no era suficiente. Caminé a través de las puertas automáticas hacia el centro del hangar, mi Gundam estaba ahí, mi Deathscythe, ya totalmente preparado para pelear. Un pensamiento fugaz provocó un tenue rubor en mis mejillas; me incomodaban esas reacciones involuntarias de mi cuerpo.
… ¿Por qué Él juraba ser absolutamente mío, y luego actuaba como un idiota…?
Era un niño, claro, yo sabía eso. Su alma infantil no había cambiado un ápice, con esos ataques de bipolaridad tan raros... Aún así yo todavía anhelaba que un día me reclamara públicamente como lo que decía que éramos -una pareja. Quizás era un poco obvio que teníamos algo,pero no estaba confirmado. Jamás nos besábamos en público, ni me abrazaba en público, ni me decía cosas tiernas en público… todo eso es solamente mío cuando las luces se apagan y las puertas se cierran.
Me gusta esa discreción. Al menos no me apura ni me aturde con cuestiones que prefiero evitar; puedo tener orgullo y mantener una imagen digna hacia afuera… ¿Entonces por qué me molesta tanto…?
-… Debo estar mal de la cabeza también, ¿No cierto, aibo…? –susurré recargándome en el barandal, solamente observando al mobile suit ahí de pie-
Sí… después de todo yo lo recordaba así desde que tengo memoria… siendo un niño, justo como yo…
N/A: Al fin. Sólo me faltaban un par de líneas que debía modificar.
Sí un poco embole el epi… pero weh, es necesario.
Frederic es tan lindo~ 3 lo amo jajajaja aunque tiene un serio problema psicológico me parece.
Ni modo =3 esperen el siguiente epi, será con más acción, la guerra se declara,las pases no pudieron ser establecidas, Heero y los chicos tendrán que ir al campo de batalla. Lo que no puedo asegurar es cuánto dure eso precisamente.
¡Dejen reviews, carajo!
Psdt: … aún pienso lo de no actualizar más =X= pero bueno, por ahora tengo ganas de actualizar así que aprovechen que estoy buenita. Si me regalan reviews me pondré con el siguiente epi…
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
17/10/2011
