The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Episodio con Narrador en Tercera Persona.
Comillas: ' '
Diálogos:- -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior… -~-~-~-
La verdad.
Me estremecí recogiéndome el cabello bajo el agua.
- Voy a morir.
-…. ¿Fue Yuy, verdad…? El que te dejó así, tan lejos de mí… ¿Por qué escuchas más lo que alguien como él dice…?
- Tú vivirás, conmigo, siempre…
La verdad. Qué concepto tan profundo y vacío a la vez.
La verdad… era muy angustiosa.
¿Quién era yo, entonces, si no era quien creía ser…?
Heero tenía razón…
-… Nee, Solo, tú…. ¿Quién crees que soy?
- Quizás hemos cambiado un poco con los años, pero Duo es Duo […]. Es suficiente para mí.
¿El valor se lo daba el saber que no estaba solo…?
… Solo, aún no entiendo por qué tenías que secuestrarme de esa manera…
- Relena.
- He estado preguntándome qué haría Heero de estar aquí.
- Hace un año y medio invité a Heero a una ceremonia […] me sorprendió una mañana con su visita, […] empecé a pensar que algo no andaba bien… […] Siempre hubo algo en ti Duo que me pareció muy llamativo e inusual
- […] honestamente no te sigo para nada
-… ¿No se te ha ocurrido pensar… que probablemente no quiera abrirse contigo por temor a que lo rechaces? […] Dime Duo, ¿Me equivoqué? ¿Debí decirle que tratara de olvidar? Pensé que tú sentías lo mismo por él…
- ¿Duo?
- Todo bien, te doy una mano
Corté verticalmente otro Mobile Suit.
Con las ametralladoras instaladas en los hombros del Deathscythe disparé repetidas veces a un Suit que estaba por atacar a mi compañera.
- ¡Wufei Chang!
Ambos Gundams perdieron altitud…
- Hace mucho, Maxwell, me cuestioné lo mismo que te estás cuestionando…
- No entiendes, Wufei, no se trata de no poder vivir en paz…
- ¿Esa persona que proteges no podría estar equivocada, Maxwell?
-… Aunque lo esté, dime, Wufei, ¿Qué elegirías tu… proteger a quien amas sin importar qué, o vivir solo el resto de tu vida…?
Nuestros dos Gundams danzaban coreográficamente en círculos…
… un Taurus arremetió contra mí, lanzándome lejos, y disparándome después con un arma.
- ¡Mierda!
La alarma dentro de mi cabina vuelve a sonar encendiéndose las luces rojas de emergencia.
- ¡Duo, reversa, esquiva eso!
- ¡Duo!
- ¡Empujen al Deathscythe! Si perdemos el Gundam…
- ¡Está arriba!
El Wing Zero estaba justo sobre mí en la estratósfera. Más cerca estaba el disparo del Cañón de Rayo
-~-~-~- Capítulo 17 -~-~-~-
"Éramos niños en ese momento."
Las calles de la colonia V-08744 en el punto Lagrange 2 están atisbadas de puestos mercantiles pequeños y humildes. La guerra que ha azotado los últimos tiempos deja pocos negocios a salvo y los comerciantes se llevan las tiendas apenas algún camión militar armado pasa con intenciones de atacar. Solamente el centro principal de la ciudad tiene negocios decentes con grandes vitrales, hoteles de gran categoría, calles limpias…. En las afueras todo es diferente. Los barrios se reducen a motones de casitas y edificios no muy altos, negocios humildes y puestos en la calle, una pequeña iglesia tibia y modesta, y vecinos que están acostumbrados a prácticamente todo.
- ¡Oye, crío! –un grito enfurecido- ¡Vuelve aquí, ladrón!
Ese susodicho ladrón tenía unos shorts beige largos atados con una soga en la cintura, y la antigua camiseta violeta ahora gris oscura por la decoloración. La velocidad y agilidad del par de pies llevó al niño de unos cinco años hacia un callejón que le resultaba familiar. Si bien el largo cabello suelto le molestaba, ya tenía tiempo acostumbrado a él. Trepó aún con el motín en una vieja y gastada bolsa a sus espaldas; subió a un contenedor de basura, luego por una escalerilla y saltó hacia la pared que cerraba el callejón. Del otro lado debía ser más cuidadoso porque no tenía tantos puntos de apoyo. Apenas tocó el suelo y reinició su carrera chocó contra algo más.
- Vaya vaya.
- ¡Suéltame! –gritó entre medio de su respiración entrecortada-
El delgado y sucio cuerpecillo pataleó siendo sostenido por otro chico seguramente un par de años mayor. Un tercer niño de aproximadamente la misma edad arrebató el motín del pelilargo chequeando el contenido.
- ¡Deja eso, es mío, yo lo robé primero! –protestó el menor de los tres mordiendo la mano de su captor-
- ¡Maldito!
- Basta.
Los tres quedaron quietos al oír la voz de un cuarto chico. Sus cabellos rubios cenizas estaban llenos de tierra y demás, un poco largos atados en una coleta. Tenía una camisa grande y vieja color celeste con manchas de varias cosas indistinguibles, un par de pantalones hasta la rodilla marrones y unos descocidos zapatos beige, casi sin suela.
- Suficiente con eso –regañó en voz baja dándoles un coscorrón a los dos mayores que parecían ser sus amigos-.
- ¡Pero me lastimó!
- Y me ocuparé de ello –aseguró el recién llegado volteando hacia el más chico que le observaba atento, en clara posición defensiva, con sus amplios ojos violetas chispeando de algo parecido a la electricidad-. Increíble –susurró para sí mismo-, muchacho, has hecho un buen trabajo defendiéndote, ¿No quieres venir con-?
- Regrésame mi motín –ordenó sin posibilidad de tregua alguna-.
- Jajaja, regrésaselo Roh –se carcajeó indicándole con un despreocupado movimiento de mano al otro muchacho que obedeciera-.
Con desdén el llamado Roh devolvió la bolsa. Esa cabeza azabache, pelo corto desprolijo, tez morena, ojos negros y ropas tan gastadas como los demás, parecían algo intimidante a primera vista. Pero era que las botas sucias y marrones que tenía puestas le hacían más alto de lo que en realidad era. Probablemente sin ellas no sería mucho más alto que el chico de bonitos ojos violáceos.
- Como decía, ¿Por qué no nos acompañas? Es mejor atacar en grupos que de a uno, tendrás más ventaja estando con nosotros.
- No soy idiota, si quieres comer roba tú mismo, esta me la he ganado –contestó insolentemente y sin esperar nada el menor-.
- Déjalo en paz Solo, es un maleducado, vayamos a conseguir algo de almorzar… -esta vez el que había sido víctima del mordisco-.
- Te prometo que nada malo sucederá, confía en mí, estamos solos en esto y es mejor estar unidos… la unión hace la fuerza –insistió en voz calma el muchacho de coleta y ojos miel, estirando una mano hacia el castaño de largo cabello que aún les observaba con recelo-.
- Adelántense, los esperaré al final de la calle.
La profunda frialdad contrastaba con el intenso calor dentro de ese océano violeta que poseía el infante. No se dejó amedrentar ni hasta el último momento. Apenas los tres chicos se fueron luego de una resuelta sonrisa por parte del que había reconocido como Solo, el pelilargo volteó a su alrededor en busca de un escondite donde poder comer.
Tras almorzar apropiadamente en un lugar seguro y alejado de la gente, el niño de nomás de cinco años se puso en marcha. Hubiera preferido guardar una ración de comida para la noche, pero no podía cargar con ella si debía escapar o enfrentarse con esos chicos de antes, debía tener energías para entonces. Ya más tarde buscaría algún lugar donde pudiera obtener algo de cenar. También pensó en un plan para no ser visto y poder espiar a esos muchachos, si es que iban a presentarse. La idea de contar con alguien más sonaba buena, aunque no quería dejarse engañar, además le había parecido que el chico Solo era el líder de los otros.
Así fue que caminó por una calle lindera y trepó por las escaleras para incendio de uno de los edificios abandonados que estaban en la zona. Por una ventana corroída, sin marco y rota, observó el panorama atentamente. No estaba el trío, estaba simplemente el muchacho rubio comiendo de una manzana. Sin conformarse el pelilargo castaño buscó otras ventanas averiguando si no se trataba de una posible emboscada. Cuando vio que efectivamente nadie estaba en la zona bajó por la misma escalerilla oxidada de antes y se acercó por el centro de la calle.
- Aún tenemos algo de comida, ¿Gustas? –invitó con amabilidad Solo-
El ojivioleta se acercó hasta quedar a menos de diez metros. Se podía palpar la tensión en el ambiente con sólo observar la escena, aunque el mayor parecía intentar irradiar cierta tranquilidad y confianza.
- No. ¿Y tus amigos?
Esa paz no alcanzaba el corazón rebelde del castaño, sin importar qué.
- Cuidando de los otros… alguien debe ocuparse de los más pequeños mientras no estoy.
- ¿Los otros?...
- Hay un par de niños de tu edad que no tienen tu astucia… pueden salir heridos, ser raptados, vendidos, esclavizados… necesitamos cuidarlos y enseñarles. ¿Por qué no te unes a nosotros? Estoy seguro que serías un buen ejemplo y de mucha ayuda, podríamos cuidarnos mejor. ¿Tienes algún nombre?
Por un buen rato el chiquillo no respondió. Meditó la proposición tanto como pudo intentando verle los pro y contra. Hacia el final sólo pudo llegar al a conclusión de que si algo salía mal siempre podía huir, escapar.
-… No –habló finalmente rompiendo la distancia-.
- A mi me dicen Solo –se presentó finalmente estirando una mano hacia él en un inexperto apretón de manos-, un placer conocerte.
-… Si eso dices…
"Y cuanto más crecemos menos sabemos,
hasta el momento en que perdamos todo.
Mírame ahora, estoy roto y vacío ¿por qué siempre llueve sobre mi?
Dame tu corazón para que pueda vivir."(1)
Estaba familiarizado con el sonidito de esos pasos pequeños acercándose a él en medio de la noche. Al principio no había conseguido pegar un ojo, tenso, pero luego de un año podía dormir un poco mejor los días que no le tocaba hacer vigilancia. Reconocía a la persona que tímidamente se acercaba a él todas las noches buscando seguridad y confort, un abrazo cálido y amoroso; la primera vez había sido muy raro, pero después de una semana, y tras quince días más, ya era un mal necesario.
- Si te quedas ahí tendrás más frío –advirtió el castaño pelilargo como cada noche semi recostado en un colchón fino, a la pequeña de cabellos cafés que sostenía un maltrecho osito de felpa sin un ojo y sin un brazo-. Yuti.
La niña de largo cabello y tímidos ojos se abalanzó sobre el chico que había adoptado como una especie de hermano mayor. Se acurrucaron juntos esperando porque el sueño finalmente los venciera, pero eso sólo le ocurrió a ella. El calor que ambos cuerpos acumulaban era suficiente para mantenerla tibia en las noches frescas como esas.
Tras unos cuantos minutos el ojivioleta se movió dejando recostada sobre los trapos y colchones viejos a la niña de su edad, unos cuantos centímetros más baja que él debido a su mala alimentación y su contextura física delgada. La miró un buen rato permitiéndose sonreír cariñosamente, amándola por formar parte de su familia, su nuevo tipo de familia, y se alejó hacia una de las aberturas de esa casucha inhabitada, sucia, de paredes descascaradas y sin vidrios en las ventanas.
-… Solo –susurró el muchacho cuando encontró al otro niño afuera observando la carretera vacía que conducía al sector habitado del pueblo-.
- Deberías descansar.
El último tiempo aquellos ojos miel se habían cubierto de una tela de preocupación que cualquiera era capaz de notar. Parecía como si el líder de aquella banda infantil presintiera el peligro inminente. Llevaba exactamente cuatro días sin dormir haciendo vigía (el castaño los contaba) pero no era cansancio lo que veía en sus ojeras, sino alerta.
- ¿Está todo bien, verdad? –preguntó el pelilargo en un susurro acercándose-
- Sí… sólo estoy cansado.
Aquél sin nombre miró la carretera por igual mientras permanecían en silencio.
- Si algo me pasara, tendrías que ser muy fuerte y tratar de aconsejar a todos…
- ¿Qué estás diciendo? ¿Qué piensas que te va a pasar? Si algo sucediera todos te ayudaríamos ¿No es así? Somos hermanos.
- Si dejara de estar aquí, Roh y Kobu seguramente intentarían dominar a todos los demás… son un poco egoístas. Tienes que ser fuerte para que puedas protegerlos –insistió-.
La consternación se reflejó en la mirada amatista incapaz de aceptar que alguna vez fueran separados. Le veía como a su hermano mayor, le veía casi como a un padre, alguien en quien podía confiar y con quien podía contar. Perderlo estaba más allá de su imaginación y aún así no podía hacer otra cosa sino obedecerle.
-… También. Necesitas dejar de consentir a Yuti –un atisbo de sonrisa dibujó las facciones de Solo-. Si un día llegaras a faltarle, esperemos que jamás sea así, ¿Cómo le haría para sobrevivir y protegerse? Necesitas enseñarle a ocultarse, a defenderse, a conseguir comida por su cuenta y huir sin ser atrapada. Hay cosas horribles ahí afuera, gente malvada…
-… Como los que mataron a nuestros padres –agregó el muchacho en voz baja-.
-… Y peores. He visto cosas que no puedes imaginarte.
- ¿Cómo qué? –cuestionó con inocencia-
- Cuando mis padres vivían –suspiró el muchacho apoyándose en la pared-, tenía una hermana mayor… lo que le hicieron a ella la noche en que mataron a mis padres, fue peor –asintió acomodándose la cinta que cubría su frente y la mantenía despejada de mechones de pelo-. Ni siquiera puedo… describirlo.
- ¿Algo peor que ser asesinado…? Mientras estemos vivos, ¿No es suficiente…?
La estrecha mente de un niño de casi siete años no podía imaginar algo peor que eso. Su inocencia lo mantenía alejado de los abusos, las drogas, la prostitución, la esclavización, el trabajo forzado… no podía imaginar más allá de ser asesinado. Y sin embargo su respuesta dio qué pensar a aquél sólo dos años mayor.
- ¿Eso piensas?
- Sí. Si estamos vivos, siempre podemos volver a empezar, ¿No es así? Siempre podemos huir de donde estemos… defendernos. Por eso debemos mantenernos fuertes y con vida.
Solo sonrió.
- Eres un niño de lo más astuto.
El susodicho le devolvió una amplia sonrisa.
- Nunca cambies –agregó el ojimiel alborotándole los pelos-.
Meses después el brote de una epidemia comenzó a expandirse por la colonia. Muchos empezaron a morir y antes de que pudieran darse cuenta, ellos fueron parte de las víctimas. Eventualmente tal como Solo lo había predicho, Duo se convirtió en su sucesor, y tan pronto como éste hizo valer sus reglas de hermandad tanto Roh como Kobu acabaron desapareciendo del grupo.
"El significado que esas palabras vacías revelaron
es la única cosa que he podido sentir como real.
Estoy atrapado, vacío y solo.
Y la culpa es mía. La culpa es mía.
Quiero curarme; quiero sentir que lo que creí nunca fue real.
Quiero dejar ir todo el dolor que he sentido por tanto tiempo.
Quiero curarme; quiero sentir que estoy cerca de algo real.
Quiero encontrar algo que he deseado desde hace mucho.
Un lugar a dónde pertenecer."(2)
Verano en la Tierra.
Algún lugar de Sudamérica.
Las cigarras cantan tan alto como los buffers del radio cuando 02 pone música, lo cual es extremadamente alto. El calor seco de la tarde que alcanza los más de 34 grados Celsius desciende por la noche hasta llegar a unos agradables 23 grados. Generalmente las personas no son las únicas en aprovechar el cómodo clima y la hermosa vista que ofrece, en aquellos parajes, la luna en todo su esplendor. La iluminación natural que ella provee estando completamente redonda alcanza para ver perfectamente el paisaje completo, como una tenue luz azulada bañándolo todo.
No habían muros más allá de donde alcanzaba la vista, solamente un montón de árboles, cerros y arbustos amontonados. Pinos probablemente; robles, sauces, nogales, castaños. Ya desde la entrada trasera de la mansión country podía sentirse el aroma a las flores del duraznero, cerezo, limonero, y probablemente algún que otro manzanero. Sólo el dueño sabía cuántas especies de cada uno poseía la estancia. Decorando los grandes pilares de madera estaban las enredaderas Dama de Noche, con sus flores completamente abiertas observando al radiante astro.
Los grandes ventanales del living de la casa estaban completamente abiertos dejando pasar una brisa fresca y traviesa, que bajaba la temperatura del interior para el día siguiente. Ninguna luz yacía prendida con toda la intención de no arruinar la increíble vista que ofrecía la Vía Láctea.
Un palillo de madera sonó en su quebradura. El responsable no prestó mayor atención sentándose al pasto, a no más de cinco metros de la casa. Sacudió su pantalón de jean negro y se recostó sin molestarse por ensuciar su remera favorita, roja sangre, mangas cortas, cuello en u. Entonces suspiró relajado.
Continuó en aquella posición sin pensar en nada sino en la agradable sensación, probablemente más de media hora. Cerró los ojos por un momento, privándose de la hermosa visión ante sus orbitales, pero los abrió después de otro largo período de tiempo al sentir una particular pero conocida sensación llegándole justo desde el interior de la vivienda.
- Estás invitado –le advirtió en tono burlón sin siquiera levantarse o voltear-.
Pasaron otros pocos minutos hasta que efectivamente unos pasos se acercaron a él sobre la grava. Se ubicó a su lado entonces otro muchacho de aproximadamente su edad, con casi la misma contextura física que él, tan sólo una camisa mangas cortas blanca y unos jeans celestes, algo gastados, cubriéndolo de la desnudez. La segunda figura se reclinó apenas hacia atrás sostenida por su brazo derecho.
- ¿Es lindo, no es así? –preguntó la primera persona en tono más suave- Parece una película de cine… parece como si nos estuviera mirando desde allá arriba, cuidándonos… De no ser porque estuve ahí, diría que Dios vive en la Luna.
La comodidad del silencio era algo habitual desde que ambos habían comprendido a su manera que eran completamente diferentes cuando nadie más estaba cerca. A solas, un hablador se volvía un filósofo y un callado se volvía un metódico sentimentalista.
-… ¿No podías dormir? –volvió a cuestionar la misma voz de antes en tono bajo, temeroso de noticiar a alguien más de aquella travesura que cometían quedándose hasta tarde despiertos-
- No…
Esa queda respuesta significó mucho y a la vez nada. La primera cosa, que el individuo estaba calmo y relajado, la segunda cosa, que no estaba tan ebrio como el trenzado, y la tercera, que no estaban ninguno de los dos con ánimos de exaltarse.
- ¿Cómo prefieres la Luna, cerca o lejos? –susurró el pelicorto girando la cabeza hacia quien se encontraba recostado exactamente a su derecha-.
- ¡Lejos! De cerca parece un cementerio blanco… es muy triste.
La sonrisa que asaltó sus labios al comienzo se fue desvaneciendo. Sus increíblemente amplios y traslúcidos ojos violáceos reflejaban el fulgor blanco de la noche y las estrellas creando inimaginables brillos. La pupila absolutamente negra parecía hundirse en aquel mar, sin resaltar sino creando una sensación de ilimitado espacio, sin fondo, sin fin.
-… ¿Heero, y tú?
- Igual.
Esta vez no tuvo que esperar por obtener su respuesta.
- ¿Hay algo que te guste más que la Luna? –el murmullo que escapó de sus labios impensablemente alcanzó a su compañero al mismo tiempo que la profunda y sincera mirada que se posó sobre él, navegando en el fondo de los ojos plateados-
-… Sí. El color del universo.
Automáticamente la comunicación entre ambos par de ojos se rompió por el segundo volteando nuevamente hacia el frente.
- ¿Eeeh? –casi exclamó sin elevar el volumen y sentándose nuevamente- ¿No deberías responderme algo más normal? Jajajaja, ¿Por qué te gusta el negro? ¿Algo relacionado a la muerte o lo gótico?
Un millar de expresiones diferentes para un rostro delicado delineado por mechones de cabello castaño. Desde la sonrisa radiante, a la resignación, la duda; un alma infantil.
- El universo no es sólo negro –explicó con paciencia el pelicorto-, la forma en que se mezcla con el amatista y el morado al borde de las galaxias es exactamente igual a…
Sin terminar la frase los labios se cerraron apretándose muy suavemente. Pillado por sorpresa, casi tomado con la guardia baja, pero a tiempo de reponerse se regañó por el descuido quizás demasiado obvio. Aunque sus pensamientos viajaron por otro rumbo más interesante y tortuoso que odiaba recordar en momentos así. Volaba por una superficie de dudas donde aún no terminaba de comprender por qué al pensar en aquel universo todo lo que podía ver eran esos ojos, observando fijamente, abriendo su corazón a la humanidad y dejándola entrar hasta marcar su existencia.
-… ¿A qué?
Heero frunció el ceño suavemente. Estaba aturdido. Pero eso era normal. Duo lo aturdía aún cuando estaba callado.
- A nada.
-… No hagas eso –regañó maternalmente el trenzado alzando una mano hacia el flequillo de su compañero-. No pienses, estabas bien antes… déjate llevar un poco.
Esa tibia caricia que recorrió la frente del 01 por poco lo estremeció pero tuvo la suerte de no tener que aguantarla mucho más. 02 se separó alejándose sin decir a dónde iba, y por un par de minutos el primero pudo intentar relajarse como el otro le había pedido olvidando a su paso la descarga eléctrica en su espalda y brazos, la necesidad, el anhelo oculto, le miedo de aceptar lo que aquello pudiera significar.
- Ten.
Junto a él una pequeña botella de cerveza ya destapada. La tomó con la mano izquierda libre.
De nuevo sentados lado a lado Duo bebió un trago de su bebida.
- ¿Heero? –una mirada de interés se posicionó sobre el hablante- ¿… crees que vayamos al cielo o al infierno?
-… Eso no importa –contestó él luego de intentar adivinar los pensamientos en la mente de su juguetón amigo-.
- Sí importa Heero –refutó encaprichándose ligeramente-. Si pudiéramos ir al cielo con sólo admitir nuestros pecados y entender que estuvieron mal, entonces me encantaría empezar a descifrar todos y cada uno… pero si matar está mal sin importar el contexto e iré al infierno, quiero mentalizarme para ello ¿A ti te da igual… dónde pases el resto de la eternidad?
- ¿Por qué le temes?
- Porque… -hizo una extensa pausa-. Imagina ir a una cárcel donde la mayoría de los convictos están ahí por ti. Y no hay nadie allí para ayudarte –su voz fue descendiendo cada vez más-. No hay nadie allí, ni tus amigos, ni tus seres queridos, ni…
-… Si alguno de nosotros va al infierno, el resto de nosotros también lo tiene garantizado.
- Lo sé, pero… -farfulló observando el césped sobre el que se encontraban, como distinguiendo cada matiz de verde en él-.
-… Si no es suficiente dime a quién deseas encontrar.
- No lo sé, Heero…
"Heero."… el nombre pronunciado con suavidad, una y otra vez durante una conversación, como adición, como si esas cinco letras no pudieran dejar de formarse en su boca, como si todo lo que necesitara era alcanzar algo diciéndolas al aire.
"Heero."
…
…
…
…
"Heero."
"Pensé que tú sentías lo mismo por él…"
"¿Crees que para mí, sería mentirte?"
"… Nee, Solo, tú…. ¿Quién crees que soy?"
"Duo es Duo."
"Ese no eres tú."
¿Quién soy?
Desperté de sobresalto sintiendo todas esas voces gritando dentro de mi cabeza. Fui consciente de inmediato de que todo mi cuerpo dolía más que nunca. Mi espalda me mataba; mis brazos parecían haberse desgarrado, ardían; mi cabeza daba vueltas; mis piernas no respondían. Tardé un poco de recordar lo que había pasado la última vez que estuve consciente e inevitablemente me pregunté si ya había llegado al infierno. Es decir, dolía como si estuviera en él.
- Bebe.
La voz hizo eco dentro de los tímpanos. Sentía a alguien sostenerme la cabeza y ayudarme a beber una pastilla y un líquido que sentí como si fuera agua.
Tras los primeros dos sorbos me estremecí y en un impulso aparté con las manos a quien me sostenía firmemente. Absolutamente todo el cuerpo fue atravesado por una punzada.
- ¡Ahg! –protesté encorvándome y abrazando mi pecho del dolor-.
- Espera a que el analgésico haga efecto.
No tenía otra opción más que obedecerle.
Entonces recordé otra cosa importante. Mi conversación con Relena más temprano. Me petrifiqué en el lugar observándome las rodillas. ¿Sería cierto, que lo de Heero no era meramente sexual…? No, no podía ser, debía estar equivocado, seguramente malinterpreté todo, quizás ni Relena misma había comprendido bien la primera vez, por ahí todo se debía a una misión o un arma o alguna otra cosa…. Era sencillamente imposible.
Porque si fuera posible… yo lo había usado, le había dejado para irme con Solo, le había gritado en la cara lo poco que me importaba tantas pero tantas veces que el daño…
No. Era imposible.
-… Duo.
Olvídalo todo, Duo.
-… Tú me disparaste –susurré finalmente el primer tema discutible que se me ocurrió- ¿Pretendías matarme, o qué? –acusé alzando mis ojos por primera vez en el día hacia él-
Encontré una calma mirada celeste. Me decía que no había guerra, que no había nada de qué preocuparse, que no estaba enojado ni arrepentido, ni preocupado, ni angustiado, ni molesto. Era una de esas miradas que antes solían gustarme porque parecían él mismo, honestas y puras. Pero ya no sabía qué pensar de Heero.
- Si hubieras muerto estarías completamente solo en el infierno.
Tragué saliva. Eso me había calado feo. Su comentario afilado no coincidía con su pacífica transparencia…
-… ¿Estás bien?... –susurré dudoso intentando guiarme por mi instinto-
- Mejor… me preocupa algo aún. Tú.
¿Yo?
Mi pecho se aceleraba de sólo escuchar eso. Presentía una especie de declaración de amor. Presentía el fin de la humanidad tal como la conocía hoy.
1: Fragmento traducido de la canción Negative – Lost Soul.
2: Basado en la canción Linkin Park – Somewhere I Belong. No es la traducción sino una adaptación.
N/A:
Jajajajaja tiempo record~. Eso sí, no esperen que actualice en un buen por ahora, que se supone debía dedicarme a Un Amor en Red y me dediqué a esto. LOL.
Sé que no avanzamos mucho, pero había prometido más historia de Solo y un acercamiento 1x2 y aquí está.
A pedido de las chicas por Facebook, subo el epi. Más les vale dejarme review ¬¬
¡Dejen reviews, pequeños montruos! lol
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
11/02/2012
