Me desperté, todo a mi alrededor era extraño, y si era extraño, tenía algo que ver con Edgar, y hablando del rey de Roma.
-Buenos días, mi princesa- Edgar me miró con expresión divertida.
-¿Dónde estamos?-pregunté, estaba algo mareada.
-Tranquila, enseguida zarpará el barco-dijo Edgar.
-Ah, vale-me tranquilicé estábamos en el bar…- espera ¿¡qué!? , ¿¡el barco!?-me levanté y miré por la ventana, sí, estábamos en un barco.
-Tranquila, yo estoy contigo- dijo Edgar.
-Como si eso me tranquilizara- mascullé. Edgar se acercó a mí y me cogió de la mano. Noté cómo mi corazón se aceleraba y me puse más nerviosa aún de lo que ya estaba.
-¿No te inspiro confianza?-preguntó él muy cerca de mí.
-Ni loca me la inspirarías- contesté y me aparté de él.
-Mi frágil y dulce princesa, ¿sabes que estás desobedeciendo el contrato?- ¡No! Él puso su sonrisa egocéntrica.
-Perdóname Edgar, no me he dado cuenta – dije, no debía volverme una mala persona y si mi padre lo había aprobado…-¿Y Raven?-pregunté.
-Le he pedido que se quede en el palacio cuidando de tu padre –contestó Edgar.
-Bueno y que hay de… ¿tus escoltas?-pregunté.
-¿Estás bromeando? No necesito escoltas para estar contigo- respondió él.
-Entonces… ¿Estamos solos?- pregunté.
-Bueno, se puede decir así- contestó Edgar. Quería salir de ese barco.
-¿A qué te refieres con que se puede decir así?-Quería saber entonces ¿Quién llevaba el barco?
-Obviamente, está el capitán y algunos ayudantes del capitán- suspiré de alivio, al fin y al cabo, no estaba sola.- ¿Tienes miedo de mí?-preguntó con una sonrisa maquiavélica.
-¿A dónde vamos?- traté de evitar su pregunta pero él no me respondió, seguía esperando a que le contestara.- ¿Y qué pasa si tengo miedo?-dije finalmente.
-No pasa nada, es más, me alegra que estés asustada-me miró a los ojos y pude reconocer unas chispas de diversión en el malva de ellos. Me cogió en brazos y me sacó la habitación para llevarme a cubierta. Mi corazón volvió a latir muy deprisa, no sabía muy bien porqué pero sabía que solo me pasaba cuando estaba con él.-Chicos, ésta es mi princesa- vi como toda la gente se giraba para verme y me avergoncé-por favor, tratármela bien-dijo y me dejó en el suelo.
-¿Me piensas dejar aquí con la vergüenza que me acabas de hacer pasar?-murmuré. Él sonrió.
-Tienes razón- contestó, cogió mi mano y me llevo otra vez dentro del barco.-Pasaremos el día los dos solos en el camarote.-Prefería haberme callado, me llevó al camarote y cerró con llave. –Espero que no creas que estoy siendo amable… pienso darte motivos para estar asustada de verdad-empezó a reír.
-Por cierto, ¿Dónde está Nico?- Normalmente Nico ya estaría ayudándome o haciendo algo.
-Se quedó en el castillo, dijo que no le gustaban los barcos- se acercó a mí, notaba su respiración acelerada y por algún motivo, la mía también se aceleró. Me empezaron a temblar las manos y las piernas amenazaban con hacerme caer, de pronto, los brazos de Edgar me rodearon y me apretó contra él.-Eres demasiado inocente-murmuró y me abrazó fuertemente. Agradecí su abrazo, pues si ni hubiera sido por eso, yo ya estaría en el suelo, un fuerte olor a mango penetró dentro de mí. ¿Por qué Edgar olía a mango?-Quiero que te quedes aquí un rato, ahora volveré. Éste barco está repleto de chicos, y no sé lo que serían capaces de hacerte, y tampoco soportaría que te hicieran algo, así que por favor quédate aquí-Asentí lentamente, ¿Por qué se preocupaba tanto por mí?
Seguiré subiendo, por favor, escriban sus opiniones, me encantaría ver lo que opinan.
Gracias a todo el mundo por leerme.
