The Rape

Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora? ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!

Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.

Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.

No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.

Parejas:Más entrada la trama definiré eso.

Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.

Episodio con Narrador en Tercera Persona.

Comillas: ' '

Diálogos:- -

Pensamientos: " "

-~-~-~- En el capítulo anterior… -~-~-~-


- ¡Oye, crío! ¡Vuelve aquí, ladrón!

- Vaya vaya.

- ¡Suéltame!

El delgado y sucio cuerpecillo pataleó siendo sostenido por otro chico seguramente un par de años mayor.

- Basta.

- ¿Por qué no nos acompañas?

Esa paz no alcanzaba el corazón rebelde del castaño, sin importar qué.

- ¿Tienes algún nombre?

-… No

- A mi me dicen Solo, un placer conocerte.

- Si algo me pasara, tendrías que ser muy fuerte y tratar de aconsejar a todos…

- Si algo sucediera todos te ayudaríamos ¿No es así? Somos hermanos.

- Tienes que ser fuerte para que puedas protegerlos

- Hay cosas horribles ahí afuera, gente malvada…

- Si estamos vivos, siempre podemos volver a empezar, ¿No es así? Siempre podemos huir de donde estemos… defendernos. Por eso debemos mantenernos fuertes y con vida.

Solo sonrió.

- Nunca cambies

Las cigarras cantan tan alto […]. Generalmente las personas no son las únicas en aprovechar el cómodo clima y la hermosa vista que ofrece, en aquellos parajes, la luna en todo su esplendor.

Se ubicó a su lado entonces otro muchacho de aproximadamente su edad…

-… ¿No podías dormir?

- No…

Sus increíblemente amplios y traslúcidos ojos violáceos reflejaban el fulgor blanco de la noche y las estrellas creando inimaginables brillos.

- ¿Hay algo que te guste más que la Luna?

-… Sí. El color del universo. […] la forma en que se mezcla con el amatista y el morado al borde de las galaxias es exactamente igual a…

[…] al pensar en aquel universo todo lo que podía ver eran esos ojos, observando fijamente.

- ¿… crees que vayamos al cielo o al infierno? [..] Imagina ir a una cárcel donde la mayoría de los convictos están ahí por ti. Y [..] no hay nadie allí, ni tus amigos, ni tus seres queridos, ni…

"Heero."

¿Quién soy?

Tras los primeros dos sorbos me estremecí y en un impulso aparté con las manos a quien me sostenía firmemente.

- ¡Ahg!

- Espera a que el analgésico haga efecto.

- ¿Pretendías matarme, o qué?

- Me preocupa algo aún. Tú.

Presentía el fin de la humanidad tal como la conocía hoy.


-~-~-~- Capítulo 18 -~-~-~-


La resonancia dolora de cada mínimo músculo de mi cuerpo comenzaba a fastidiarme, principalmente porque casi me daban nauseas con sólo sentirlo, y eso me incapacitaba para pensar qué carajo estaba pasando. Me quedé recargado en el tronco de un gran nogal en completo silencio esperando que mi mente arrancara de una vez. El calmante de a poco hacía efecto, muy lentamente. En el lapsus en que sucedía me revisé el cuerpo encontrando un par de raspones, uno que otro golpe, algo de cenizas en mi mejilla y manos, y me pregunté qué tan mal habría quedado mi querido Deathscythe para haberme dejado en tal pésimo estado.

Ah, demonios, tenía que buscar y encontrar el Gundam… No podía estar muy lejos.

Escudriñé el pequeño espacio donde estábamos. Árboles por doquier de diferente tipo, demasiado cerca uno de otro para ser un lugar habitado, probablemente un bosque. Estaba oscuro más allá de donde mi vista alcanzaba. La poca visibilidad me decía que estábamos en medio de la noche, aunque no podía precisar la hora. Tampoco alcanzaba a ver bien el cielo por las grandes ramas sobre mi cabeza. Estaba encerrado en un cuartucho de árboles, qué estupidez, necesitaba salir de aquí.

Miré a Heero sentado en el árbol de frente al mío, a unos escasos tres metros. Tenía su típico uniforme preventivo de pantalones negros y camisa beige, con el rango incluido a la altura del corazón. Rango S, el superior. Una impresión preliminar me dictaba que en realidad nuestra ubicación precisa no era algo que le moviera un pelo. Parecía muy entretenido limpiando la pistola semiautomática 9mm. Sabía que le tenía especial cariño a esa en particular. Me bastó verla de cerca una sola vez para entender por qué: la empuñadura, el peso, y la velocidad de respuesta parecían calibradas especialmente para él. Menudo bastardo, hasta esos lujos se daba.

Estaba ofendido, muy ofendido, todavía no podía entender qué necesidad había tenido de casi matarme.

Puse una mano en el suelo haciéndome de soporte. Casi pude oír el crujir de mis huesos cuando me esforcé por ponerme de pie. Una queja se atropelló en mis paleatales aún mientras conseguía pararme contra el árbol. Sabía que ese solo analgésico que me habían dado no me calmaría más que esto, y debía hallar mi Gundam o un medio de transporte, para regresar al Warpeace. Me angustiaba pensar en esa nave, y en que podría ya estar destruida, o en dónde pudiera estar Solo sin mí…

- Deberías descansar –escuché su indiferente voz volviendo a armar el arma sin apuro alguno-.

- Debo ver cómo quedó mi Deathscythe… y luego arreglármelas para volver –le expliqué juntando aire con los pulmones-.

Me solté del árbol pretendiendo caminar por mi propia cuenta, esfuerzo y sudor. Iba a ser toda una hazaña.

- Maldito desgraciado, en realidad no necesitabas dejarme tan mal… -mascullé en voz baja mandando muy hondo cualquier dolor, queja, o ardor que mi cuerpo pudiera sentir-.

Mi entrenamiento de soldado en el pasado era bastante útil en este caso. Suprimir todos los dolores, concentrar mi fuerza y poder de convicción para hacerme creer que yo estaba bien, y que podía con esta aventura. Era un piloto Gundam, tenía que poder.

Apenas di un paso con desconfianza cuando le vi suspirar con cansío. La actitud me extrañó, principalmente porque era muy raro ver el cansancio en él, luego porque sujetó el arma en el estuche de su cintura y se puso de pie en mi dirección. Supe de inmediato que no se me iba a hacer nada fácil salirme con la mía.

- Ni te atrevas. Tú me detienes y juro que esta vez te mato –retrocedí lentamente porque el entumecimiento en una de mis piernas me prohibió ir más rápido. A Heero no pareció importarle mi amenaza, siguió acortando la distancia hasta dejarme acorralado contra otro árbol-. Heero.

Tenía que verme amenazador. Pensé rápidamente qué movimientos podía hacer para librarme de él, pero todos parecían imposibles, ya que mi cuerpo no se movía con la rapidez suficiente para dejarlo atrás o perderlo en una carrera. Era más posible que yo terminara en el piso.

- Te quedarás.

Maldito hijo de perra. La puta madre con su ego, ¿Qué se creía, mi Dios?

- Ilumíname, imbécil, ¿Por qué debería quedarme? –solté ácidamente- Te recuerdo que somos enemigos, o me matas, o me encierras como rehén de guerra.

Sólo una mirada de él estudiando mi cuerpo entero alcanzó para captar su burla. Pero también para casi estremecerme. Empezaba a sentirme culpable por usarlo, o usarlo a Solo, o usarlos a ambos, pero en definitiva por haberme acostado con los dos. Otra vez el recuerdo de Relena atravesó mis pensamientos y ahora me sentía abochornado, mi Shinigami… todo tenía que ser un tremendo error. Si Heero me mataba ahora al menos querría decir que era sólo sexo.

- Tu Gundam está inutilizado.

Volví a Tierra.

- ¿Cómo? –balbuceé- ¿Qué porcentaje quemaste con tu estúpido cañón? ¡Maldición, Heero, a que si yo quemo vivo tu Wing eres capaz de dispararme justo en la frente! ¡¿No tienes consideración?

- Estás vivo.

- ¡Y ahora no me dejas ir! ¡Para eso me hubieras dejado morir ahí adentro! ¿De qué sirvo aquí retenido por ti? Y además, ¿Con qué objeto? ¡Nada de esto parará porque yo esté aquí haciéndote el aguante en medio de la noche, en un bosque más frío que la mierda, incomunicado! –suspiré frustrado golpeando con ambos puños la corteza tras de mí- ¡Carajo contigo!

Con un demonio…

Encima sólo había conseguido astillarme las manos con la madera. Estúpido, idiota. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué podía hacer? Así como estaba la única forma de volver al Warpeace era robar el Wing, aunque tampoco sabía dónde estaba, y amenazar a Heero o torturarlo era imposible porque no conseguiría que me dijera en qué dirección ir. Todo lo que me quedaba era rezar porque Solo me encontrase… Aún suponiendo que pudiera escapar, ¿En qué dirección ir? Podía terminar peor de lo que me encontraba, y no debía olvidar mi condición física, aunque dudaba que mis órganos vitales tuvieran un daño mortal.

Necesitaba volver, me urgía. Lo más importante era volver a la seguridad de mi nave, junto a Solo, porque si estaba aquí afuera estaba solo, y el frío en mi piel no era nada en comparación con la angustia que me comenzaba a invadir.

Mierda, carajo.

Me deslicé por el tronco hasta estarme sentado sobre algunas de las raíces. El calor insoportable en mis párpados era imposible de detener. Empuñé mis manos llenas de tierra conteniendo un par de sollozos que querían huir, pero las lágrimas cayeron igual. De impotencia más que nada, porque no podía vencer a Heero, porque no podía simplemente estar con quien quería estar, porque no me sentía seguro estando aquí. Y si Solo moría porque no estaba yo ahí para protegerlo con mi vida… ¿Qué sentido tendría estar vivo yo a cambio?

No quería que Heero me viera llorar (de nuevo). Por favor… qué despelote…

- Allí es adonde querías ir para estar bien –escuché que me dijo sin variar ese tono calmo que llevaba todo el día de hoy-. Estás peor.

- ¡Cómo eres capaz de decir si me hace bien o me hace mal si no sabes nada de mí! –recriminé alzando la mirada, sabía que demasiado herida y aguada para dejar entrever mis propias emociones-.

Él estaba acuclillado frente a mí, con sus intensos ojos fijos en mí. Mantenía la compostura seria aún en momentos así.

- ¿Te gusta depender y ser inútil sin él?

- ¡No soy dependiente e inútil! ¡¿No puedes entender que si algo le pasa será mi culpa? ¡¿Tan difícil se te hace entender que uno a veces quiere tener a alguien?

Sabía por el cambio en su mirada que estaba haciéndolo enojar.

- Te esfuerzas en querer a alguien que prefiere herirte.

- ¡Él no quiere herirme! ¡Pilotear el Deathscythe en combate siempre fue idea mía, no suya! ¡Robar el Deathscythe fue idea mía, no suya! ¡No puedes acusarlo a él de nada si no lo conoces en absoluto, nadie lo conoce mejor que yo!

Era Solo quien me pedía volver, era la voz de Solo la que resonaba en mis parlantes cuando algo malo podía pasarme, era Solo quien en las noches me abrazaba y me repetía cuánto me quería, era Solo quien se preocupaba por todo en mi. Siempre había sido él quien me valoraba más. Sabía que no era un niño débil y tonto que necesitaba una madre, pero me cuidaba de igual forma, desde pequeños él siempre se había ocupado que a nadie le faltara nada para comer, que nadie pasara frío, que ninguno estuviera herido o enfermo…. Fue Solo el que creí ver muerto porque no alcancé a darle aquel remedio a tiempo, cuando éramos niños… si yo hubiera tenido más, si hubiera logrado llegar antes con las provisiones, entonces probablemente Solo y yo hubiéramos permanecido juntos siempre, entonces Yuti no habría sido arrancada de mi lado, ni habría sido vendida, ni…

- ¿Cuál es el significado de esta guerra, Duo? Dime por qué estamos peleando entre nosotros.

Por Dios, Heero, ya déjame en paz…

- Eso no importa… guerras siempre habrán, ¿no? lo que importa es que estemos con quienes queremos… así es como se supone que tiene que ser, ¿Qué sentido tiene vivir si no hay nadie que reconozca tu existencia? –pregunté en un susurro, anhelando que al fin, Heero al menos pudiera comprenderme un poco más. Quizás así dejara de ser tan intenso-

- Peleamos para obtener la paz porque la guerra puede quitarnos lo poco que tenemos.

- No –sacudí mi cabeza mientras bajaba la vista-, la guerra no es la única cosa ni el peor de los males… la paz y estar solo es peor.

- Estamos solos porque queremos estarlo.

- ¡No! ¡Yo nunca quise estar solo, pero lo estuve, nadie fue por mí, nadie me buscó, nadie intentó encontrarme, nadie me rescató no importa cuántas veces pedí que alguien me sacara de allí!

Cerré abruptamente mis labios al notar que de pronto estaba juntando resentimiento hacia la única persona que más quería en el mundo. Seguía preguntándome por qué Solo había tenido que secuestrarme, pero de alguna forma lo agradecía, porque había conseguido que yo abriera los ojos y viera a mí alrededor, hacia los que eran mis amigos, y jamás estaban.

De igual forma tampoco había querido ser huérfano, muchos años me pregunté durante mi infancia por qué tenía que estar solo, por qué los demás tenían padres que los cuidaran y yo no. También deseé proteger al padre Maxwell y la hermana Hellen, pero tampoco pude. Todo lo que siempre deseé se escurrió de mis manos una y otra vez, todo, y probablemente la paz también fuera una de esas cosas… la humanidad entera tarde o temprano acabaría destruida.

Cuando calmé mi corazón que latía dolorosamente me di cuenta del silencio en el que se había sumido mi compañero. ¿Acaso había sido suficiente para convencerlo? Busqué sus ojos con inseguridad, y lo que encontré no me dejó tranquilo. Me miraba tan profundamente como si yo fuera el más intrínseco de sus rompecabezas. Apenas lograba entenderlo, comprender qué había dicho yo. ¿Era tan difícil darse cuenta que lo único que me dolía era estar solo? Quizás para Heero, a quien la soledad no le afectaba ni un poco, sí era demasiado complicado… quizás para Heero todas mis emociones fueran algo nuevo, injustificables, e inentendibles…

Yo había tenido razón durante todo este tiempo….

-… Era por eso que no quería hablar con nadie antes –me atreví a confesar esta vez sin tanto miedo de verle a los ojos-. Quatre está muy feliz con su vida junto a Trowa, nada más le importa, y tú… jamás lo hubieras entendido… las emociones nunca fueron algo que pudieras manejar, ¿Cierto? Tiendes a reprimirlas. No te juzgo… si eso te hace sentir bien continúa en ello, pero cómo podrías entender lo que siento, si no experimentaste nada parecido… Wufei y sus valores éticos, Quatre y Trowa en su nube de pedo que jamás me recuerdan, tú que no puedes entenderme… no hay razón para que esté con ustedes ni para que les cuente nada.

- No –me interrumpió saliendo de su trance mental-.

- ¿No, qué…? ¿Me lo vas a negar?

Le sonreí quedamente pero él jamás me respondió. En vez de eso se sentó a un lado, tan absorto y aturdido que comenzaba a preocuparme. Conforme pasaron lo que se me hicieron minutos comencé a sospechar que había algo más. A medida que el tiempo pasó Heero continuaba absorto recorriendo sus recuerdos, su cerebro prácticamente computarizado pronto explotaría a ese paso, y supe que algo andaba mal. Heero nunca se esforzaría tanto en comprender emociones… lo que a él le estaba matando las neuronas ahora, era otra cosa.

- Dime qué piensas –pedí suavemente temiendo la respuesta-.

Tardó en voltear a verme. La inquietud se inflaba dentro de mí.

Negó con la cabeza y pude verle a él imponiendo un muro de concreto entre esa inquietud y el mundo exterior. Sellaba esa posibilidad de ver lo que realmente pasaba por sus ideas, se rehusaba a compartirlo con alguien más.

- ¡Mentiroso! –me apoyé en un brazo inclinándome ligeramente- ¡Sé bien que es algo! ¡Conozco esa reacción tuya, dime qué pensabas!

Cómo le gustaba cabrearme… aún cuando sabía que me daba cuenta de las cosas, no me las diría. Esa necedad de ocultarme ideas me hacía pensar que quizás no tenía confianza en mí, o creía que era demasiado débil para afrontar la verdad. Sabía que muchas cosas dolían en este mundo, pero a este punto, ya poco me importaba…

-… ¿Conoces, Duo?

Contuve el aliento al ver esa casi invisible mueca de ironía en su rostro. Se me estaba burlando; ¡Hijo de mil, quería usar mis palabras en mi contra!

- Bien, como quieras –volteé la vista al frente enfadado-. Desgraciado.

Se hacía odiar. Lo peor es que no tenía ni la más mínima pista sobre qué es lo que había estado pensando. Pero no era importante. El asunto es que tenía que conseguir escaparme de acá, aunque fuera un asunto perdido… debía intentarlo todo antes de rendirme. Me pregunto si Heero tendrá algo más que su pistola consigo ahora mismo, ¿un celular? Algo para dar un mensaje, una señal… Si llegaba a huir de él, ¿Cómo contactaría a los demás? El fuego era muy visible, demasiado poco discreto, no había manera de que eso pudiera funcionar para llamar la atención de Solo. Correr por el bosque era un arma de doble filo, ¿En qué parte del país estábamos, precisamente? ¿Y cuántas horas de oscuridad quedaban?

Aún tenía que pensar en cómo le haría para poder caminar más de dos metros sin sentirme vencido y caer inconsciente.

Respingué en mi lugar sintiendo el peso del 01 obligándome a recargarme en el suelo.

- ¿Q-Qué? ¿Qué haces? –casi me estremecí con el tacto de sus labios en mi cuello. Puse ambas manos sobre su pecho empujándolo- Quítate, no fastidies, qué carajo haces, ¡H-Hey!

Una exclamación salió de mi boca cuando me sujetó las manos por sobre la cabeza. Me dolían tanto los brazos que no tenía fuerza para zafarme. Mi cuerpo estaba pesado, cada músculo me pesaba una tonelada, toda mi fuerza se había desvanecido quizás por el calmante, o quizás por la turbulencia del Gundam durante la caída. Sentir el pasto debajo de mi espalda era gratificante, mi espalda dejaba de doler y podía relajarme, pero no con él encima de mí.

- ¡Heero, ¿Qué haces? –me exalté retorciéndome cuanto podía, lo que no era mucho debido al agotamiento de mi cuerpo, pero al final sólo obtuve facilitarle el camino bajo mi remera negra manga larga- ¡D-Diablos, no toques!

¿Acaso el loco pensaba quitarme la ropa? La lejana idea de tener intimidad con él me estremecía, pero no del placer, sino del miedo. No miedo de que pudiera lastimarme (claro que no) sino por mi relación con Solo, por cómo podría luego volver y actuar con normalidad si Heero me tomaba ahora…

- Quédate quieto.

- ¡No! ¡No quiero! ¡Déjame ir, no quiero esto! ¡Ya… no toques! –me obligué a hacer más fuerza con los brazos intentando soltarme-.

Me quejé sonoramente no del placer. Mi cuerpo aún dolía jodidamente. Lo estaba forzando a responder a mis demandas de libertad pero era inútil, estaba demasiado devastado para poder defenderme siquiera…

El aire se atoró en mis pulmones cuando su mano logró meterse dentro de mi ropa interior. Contuve la respiración, la voz, incluso cerré los ojos, hasta que el cálido movimiento me hizo exhalar audiblemente.

-… No, Heero… por favor, que yo tengo que…

Él iba demasiado rápido.

Tenía que volver luego. Si Solo se llegaba a enterar alguna vez no sabía qué sucedería. Y era malo mintiéndole. Por favor, por favor, esto no tenía que pasar, estaba mal… estaba demasiado mal y se sentía demasiado bien.

-… Heero… ya… -jadeé sintiendo su mano acelerar las caricias sobre la parte más caliente y sana de mi cuerpo-… ya basta…

Mierda, ¿Por qué no podía dolerme ahí también? Al menos así no sentiría el maldito placer…

Había algo más que me daba miedo, recordé resignándome a intentar soltarme porque el escozor de mis brazos ya no lo podía tolerar. Temía sentirme aún más culpable de tener sexo con Heero, sabiendo que luego me iría con Solo, y lo dejaría solo… porque si para Heero el sexo era sólo sexo, sería alguien menos a quién herir, una confusión a la que no lo involucraba; pero si resultaba que para él esto significaba algo más…

Demonios, esto era un desastre. Tenía que detenerlo. Intenté mover mis piernas de alguna manera que pudiera alejarlo de mí, sin obtener resultados positivos; el cansancio de mis músculos volvió a hacerse notar junto a la debilidad en la que estaba atrapado. Fuck, mi cuerpo no respondía como debería.

- Heero, no entiendes, tú… -intenté de nuevo-

Su boca se apretó contra la mía obligándome a responder y tuve que suspirar, porque besaba tremendamente bien. Después sus manos soltándome y abrazándome por la cintura comenzaban a prenderme fuego. La forma de Heero era completamente diferente de la de Solo, distinta en muchos sentidos, pero aún así…

-… No quiero que te confundas, por favor detente… -susurré con las manos pretendiendo separarlo débilmente, aunque él se las arreglaba para besarme el cuello pese a todo-… no quiero que…

- … El confundido eres tú, Duo –me respondió volviendo a robarme el aliento con sus labios-.

Intenté convencerme a mí mismo de que sólo era sexo, nada más, que luego me las arreglaría de alguna manera para olvidarlo. Ahora no tenía fuerzas para oponerme y la verdad era que me gustaba su contacto. Luego me arrepentiría de esto… pero ya había estado con Heero luego de Solo, y vuelto a Solo nuevamente, si sucediera de nuevo no significaba nada siempre que no dejara que significara nada. Sí, eso tenía que ser, y de todas formas no imaginaba cómo podría detener a Heero justo ahora. Resignarme no podía estar tan mal… no era mi culpa, esto no era mi culpa…

Me repetí aquello innumerables veces perdiendo la noción de la realidad. El placer se marcaba en mis músculos pero me rehusé a prestar atención hasta que estuviera convencido de que aquello era inevitable. Heero era inevitable. Él tenía un poder para hacer lo que quisiera poco usual, él tenía su manera de hacer las cosas, él tenía una manera específica de hacer conmigo las cosas… y no sólo al sexo. El sexo estaba bien, me repetí una vez más, convenciendo mis emociones de ello; no encontré difícil creérmelo… ¿Por qué habría de estar mal volver a acostarse con alguien que ya me había acostado antes? Era únicamente sexo, un buen sexo, era únicamente Heero…

Me percaté de que me había quitado los pantalones cuando enfoqué mi vista, justo después de sentirlo presionando para entrar en mi. Respiré por la boca soportando el calor, descifrando sus pensamientos mientras le veía sostenerse con una mano y la otra entrelazarla con la mía. Ovidar lo que Relena hubiera dicho antes era impensable, imposible…

- Ahm…

Mis ojos se cerraron instintivamente con la intrusión lenta abriéndose paso. Jadeé redescubriendo el tamaño y el ancho de él, completamente diferente a lo que estaba habituado con Solo.

- Mhm.

Inmediatamente comenzó a moverse sobre mí, al inicio sólo un poco, presionándome aún más contra él. Todo dolor en mis piernas o brazos desaparecían transformándose en únicamente debilidad conforme sentía uno y otro de sus empujones, sabía que gracias a las hormonas corriendo en mi sangre con cada estocada que Heero me daba. De a poco nuestros cuerpos se buscaban más y esa sensacional inquietud de su carne enterrándose se volvía néctar. No estaba siendo violento pero se encargaba de que nuestros cuerpos se unieran en lo más profundo de mis entrañas. La sola sensación conseguía que me acalore, especialmente mis mejillas ardían, me faltaba el aire.

- Ah, Heero, Heero…

Giré mi rostro hacia un lado. Necesitaba apagar el calor de mi cara. Busqué nuestras manos unidas esperando que ellas estuvieran más frías y pudieran calmarme pero no servía de nada. Mis piernas se movieron inconscientemente rozándole las caderas, estrechas, amoldadas al interior de mis muslos. Demonios, se sentía demasiado bien, demasiado resbaladizo, húmedo. Aquello tenía un toque de surrealismo más allá de lo normal.

Tampoco podía pensar, ¿Cuántos minutos habían pasado? ¿Qué día era? ¿Qué rayos importaba?

Podía escuchar claramente mi respiración, o jadeos, ¿Qué eran en realidad? Además estaban los de él. También llegaba a escuchar nuestros cuerpos moviéndose contra el otro, ¿era eso posible? Y los latidos de mi corazón parecían tener un altavoz dentro de mis orejas dejándome oír cada palpitar.

Estaba mojado, tan mojado…

- Aaah

Apreté el agarre con la mano de él retorciéndome en busca de más. Me sofocaba. Quería terminar pronto. No tuve mejor idea que atar mis piernas en las caderas del 01 y apretar mi entrada haciéndole entender que me urgía más de él, sin embargo lamentablemente no conseguí que se moviera más rápido, o más fuerte. Solamente obtuve que su cuerpo se apegara al mío y me quitara el poco aire que tenía con otro de sus besos. Su lengua me ahogaba cada vez que me recorría por completo, y le humedad que me proporcionaba con ella me hacía hervir aún más.

Me moví contra él. Lo deseaba demasiado, demasiado, y no me había dado cuenta hasta ahora.

- Heero –gemí abrazándolo fuertemente contra mí-.

Tenía calor, mucho calor. Mi cuerpo comenzaba a perlarse.

Su tórax friccionándose contra el mío fue todo lo que necesité. Perdí mis memorias y mi razón ahí mismo. Sus caderas por fin se golpeaban más fuertemente contra las mías, y le ayudé sin darme cuenta del movimiento sensual que realizaba contra él cada vez que el vaivén me empujaba. En algún momento de diminuta consciencia escuché mi nombre de sus labios, que junto a una ola de aire caliente, chocó contra mi oreja y me hizo gemir aún más fuerte. Su camisa poco a poco se desprendió entre caricias y movimientos.

No sé cuántas arremetidas más pasaron con nuestros cuerpos frotándose en su totalidad, que finalmente comenzó a detenerse notoriamente y un gemido gutural me alcanzó. Su rostro se apretó fuertemente contra la curvatura de mi cuello y yo gemí, primero por el calor, segundo del contacto, tercero del placer, y cuarto por mi propia erección estallando.

Con los oídos zumbándome, taponados, mis manos se aflojaron perdiendo la fuerza que segundos atrás las hormonas le habían concedido. Respiré por la boca todavía prendido débilmente de su camisa, el calor que su cuerpo me proporcionaba ayudaba a no sentir ningún tipo de frío, algo que agradecía. Luego otro beso, mucho más suave que todos los anteriores, igual de húmedo y con un no-sé-qué que lo volvía en extremo agradable. En medio de esa cercanía con mis sentidos invadidos por el aroma particular de su piel y la peculiar sensación de su fisonomía, me di cuenta de una cosa que hacía mucho sabía y siempre, siempre, trataba de negar.

Él me gustaba.

El beso se rompió y antes que me engañara mi cuerpo, volví a acercarme.

Aunque Heero no me gustaba de la misma manera que me gustaba Solo. Con Solo me sentía seguro, me sentía querido, sabía que el mundo dejaría de existir y él seguiría conmigo. Su corazón y su alma nunca se apartaban de la mía, aún cuando lo traicionaba. Con Heero el asunto era completamente diferente. Me gustaba su manera de besarme, y si bien no era hablador, cualquier cosa que decía era elocuente, sabia, y contenía un trasfondo que hasta superaba mi propia capacidad. Heero tenía una facilidad para leer en mí como yo en él, y era ese lazo lo que me gustaba. No sabía si estaría conmigo, sabía que no daría la vida por mí, también sabía que si moría probablemente jamás estaría a mi lado… pero a pesar de todos esos errores en la relación, Heero seguía gustándome inexplicablemente. Era el brillo de sus ojos, o quizás era su seguridad; él podía llevarse el mundo por delante que sabía que no se equivocaría…

Nuevamente me torturaba el recuerdo.

Separé mi rostro del de él sin poder romper el íntimo clima.

Piénsalo bien Duo, es mejor actuar como si nada sucediera, me dije sin poder devolverle la mirada. Apreté los labios acallándome y finalmente cerré los ojos. No era buena idea sacar a colación mi conversación con Relena, no justo ahora, de todas formas la respuesta era No.

Volví a observarle cuando me besó una última vez, quitándose de mi cuerpo para poder vestirse. Lo imité lentamente primero limpiándome con un pañuelo que llevaba en el bolsillo del pantalón casi siempre, luego poniéndome pantalones y ropa interior. Finalmente acomodé la remera y me peiné con la mano la trenza desprolija, casi deshecha. Ponerme de pie fue una osadía: mis piernas aún estaban débiles para sostener mi peso, mi cuerpo estaba sensible, mi cabeza daba vueltas, y aún así suprimí todo simulando estar bien.

Probablemente era mi imaginación pero el clima estaba más tenso que antes. Él quería romper el silencio, yo quería romper el silencio, pero los dos sabíamos que al final yo sería el primero en hablar… como siempre.

Cuando finalmente estuve por hacerlo le vi darme la espalda y caminar hacia la derecha, internándose en otra porción del bosque desconocida. Miré una vez hacia atrás procurando que no hubiéramos dejado nada atrás y le seguí sin preguntar a dónde íbamos. Mientras tanto quitaba de mi trenza algunas hojas enredadas en el cabello. Apenas a un par de metros mi respiración se puso enseguida irregular y las piernas casi no me respondían. Tuve que detenerme un momento a recuperar energías pero no lo conseguí mucho más que una bocanada de aire, porque Heero no se detuvo. Era obvio que necesitaba mucho reposo, dormir un largo tiempo, descansar hasta reponerme…

A unos metros en medio de la oscuridad de la noche y pese a que no veía realmente nada, alcancé a discernir la figura de mi compañero deteniéndose y buscando en su muñeca izquierda el reloj digital. Para mi asombro escuché el sonido del Gundam descomprimiendo el aire presurizado de la cabina, y luego, pude ver la compuerta de la misma abriéndose en medio de la nada.

¡¿Qué demonios?

-… ¡¿Tú Gundam tiene el mismo dispositivo que MI Deathscythe? –exclamé anonadado una vez cerca-

¿Mi Gundam no había sido el único en llevar la habilidad para hacerse invisible? Siempre había pensado que cada diseño era único para el tipo de trabajo que estaba pensado.

- Robé los planos de tu Gundam.

- ¿Qué hiciste QUÉ? ¡¿Por qué? ¡Mi Deathscythe era único, único, ¿Me oyes?

¡Me ofendía! ¡Yo estaba en desventaja! ¡Era por eso que había ganado los dos enfrentamientos que había tenido conmigo! ¡Si yo tuviera el cañón de rayo también sería un ganador!

- ¡Oye, tú! ¿Acaso también remodelaste los demás? –exigí desde tierra firme, porque mi cuerpo aún era débil para trepar hasta arriba como 01 lo estaba haciendo-

- No.

- ¿Por qué sólo el tuyo? –volví a cuestionar alzando la voz para que pudiera oírme claramente desde allí-

Tuve que aguantarme hasta que bajó minutos después. Me encaprichaba la idea de que mi Gundam no fuera único, a tal punto que me daba histeria, lo mataría.

- Por qué sólo el tuyo –repetí-.

- ¿Por qué no?

- ¿Eh?

¡¿EH?

Tardé en captar el mensaje entero. Cuando finalmente lo hice un tic quiso apoderarse de mi ceja izquierda. ¿Había modificado su Wing por simple diversión? ¿Por aburrimiento? ¿Para fastidiarme? ¿Para matar el tiempo? A veces Heero era el peor de los críos. Caprichoso, infantil, ocurrente… oh demonios, ¿Por qué de pronto se me hacía tierno?

Miré con desconfianza el tupperware que me extendió. Con el ceño fruncido me pregunté qué contendría, y lo abrí encontrándome con un sándwich de mi relleno favorito: hamburguesa, tomate, cebolla, huevo, tocino, pepino y aderezo.

- ¿Por qué traes mi almuerzo en un tupperware, dentro de tu Gundam?... –susurré más para mi mismo-

Su mirada irónica era toda la contestación que necesitaba.

- … ¿Planeaste casi matarme desde exactamente, hace cuánto? –pregunté viéndole a la cara-

Se encogió casi inadvertidamente de hombros. Juro que lo vi encogerse de hombros aunque a simple vista no lo notase.

- Eres horrible.

- Es tu favorito.

- ¡Por eso eres horrible! ¡No sólo planeas casi quemarme vivo, encima te tomas la cortesía de preparar mi sándwich favorito como una especie de disculpa! ¡"Disculpa por casi matarte amor, espero que me perdones", falta que te tatúes!

- Casi.

Nos sentamos bajo el reparo de un árbol de pino, lado a lado como en los viejos tiempos. Esta a pocos metros del Wing Zero aunque no pudiera verlo con claridad, pero los cálculos dimensionales no me fallaban luego de haber visto la distancia y altura a la que se encontraba la cabina.

- ¿Así te disculpas siempre? –susurré ya más calmado mientras me las arreglaba para tomar una de las mitades del emparedado y extendiéndosela en un silencioso ofrecimiento que no rechazó, luego de abrir una botella de agua- ¿Es muy difícil sólo decir "Discúlpame"?

Le dirigí una apática mirada.

- No, ¿Sabes qué? No quiero saber –negué lentamente dándole una mordida a mi ración de comida-.

Estaba sintiéndome un poco idiota preguntándole a él cosas que sabía no podía responderme. Era como si estuviera en otra frecuencia, hablándole a la persona equivocada, esperando respuestas que él no podía darme porque no era Solo. Heero era diferente… había olvidado cómo hablarle, cómo mirarlo, cómo ver en sus ojos las respuestas, cómo era capaz de absorber todos mis sentidos en una sola plática… Conversar (o intentarlo) con Heero no era tan fácil como con el resto de las personas, debía tener cuidado con cada palabra (recordé) y debía analizar cada cosa que escuchaba. Heero era técnico y metódico en cada sílaba que salía de su boca. Me pregunté si eso era consciente o inconscientemente.

Deseé volver con Solo, porque él me estresaba menos y me hacía más fácil el diálogo.

Comimos los primeros bocados sin decir nada. De pronto me sentía más tranquilo y hasta con más energías. Quizás todo lo que había tenido era hambre y por eso mi mal humor… o quizás simplemente, había conseguido olvidar las pesadillas. No por mucho, pero algo.

- Aún tengo que volver.

Él negó casualmente sin prestarme mayor atención.

- Tengo qué, Heero.

- Te hace mal.

- Y supongo que tú me haces bien.

Lo dije sin pensar pero cuando detuvo sus movimientos me di cuenta que había sido algo clave. Luego reanudó el almuerzo con más lentitud y paciencia. Si bien Heero resultaba ser intrínseco en sus respuestas y agotador, ahora era diferente…. La amistosa relación de los últimos minutos me saltó como cartel de neón en la cabeza. Él estaba siendo demasiado abierto y expresivo, más que usualmente, más que como lo recordaba, eso no podía estar bien. O probablemente era una exageración mía por estar muchos días alejado de su presencia.

- ¿Estás bien? –hice una pausa esperando por una respuesta que no pronunció-

Quise decirle más, o disculparme, o intentar entenderlo, pero no fui capaz. En vez de eso sólo recordaba a Relena una y otra vez, una y otra vez, sugiriéndome esas idas confusas y extrañas que de pronto traían consigo miles de recuerdos y señales que antes había interpretado como demostraciones de honestidad y simpatía.

- Mhm, Heero… -llamé cuando acabé mi parte del emparedado. Me quedé quieto un rato, mirándome las manos jugar con una pequeña hierba inofensiva que creció en el césped-. Cuando estaba en el Warpeace hablé con Relena… ella me contó de la vez que te invitó a aquella celebración en Europa… -no volteé a verle aunque sentí su mirada, su atención concentrada en mi-. ¿Hay algo que quieras decirme en especial?

No sabía cómo más afrontar el asunto.

Cualquier sonido pareció intensificarse, el del viento, grillos a lo lejos, las hojas de los árboles. Esperaba lo más pacientemente que podía pero nada llegaba. Cuando me comencé a desesperarme lo miré de perfil. Sus facciones ilegibles, serias, sus ojos fijos al frente. Continuaba comiendo tan lentamente como desquiciante. Probablemente no fuera a contestarme, no hoy, no ahora…

-… No.

Pero lo hizo. Su respuesta no me conformaba. Tenía la corazonada de que era mentira, o una evasiva con tal de dirigirme fuera del tema, pero no lo que realmente quería decir. A pesar de todo eso decidí no insistir más. Había estado creyendo que su respuesta era un rotundo No, y ahora que por fin la tenía, no me convencía. Él no quería decirlo y yo no estaba seguro de querer escucharlo. Suspiré suavemente tomando la botella de agua. El líquido refrescó y nutrió mi seca garganta, en horas sin beber nada la hacían saber a gloria.

Cualquier pensamiento ridículo comenzó a surcar mi cabeza, como por ejemplo el hecho de que era muy pacífico estar aquí. Daba esa sensación de que no había guerras ni bandos, ni enemigos, ni futuro, ni pasado. Sólo estábamos nosotros, los árboles, los sonidos naturales. Quizás pudiera pasar el resto de mi vida así y aquí, sin nadie más que Heero acompañándome. Era una fantasía un tanto ridícula y torpe pero agradable. Usualmente en mi vida normal, antes de todo este incidente, me daba el tiempo de fantasear sobre una vida perfecta sin dolor ni guerras… pero como bien sabía sólo eran fantasías y no realidad. Jamás sería realidad.

- Vamos.

Alcé la mirada hacia el 01, de pie junto a mí.

- ¿A…?

- Preventers.

Qué jodido era el tipo. Se lo hice saber mirándolo renuente.

-… ¿En serio piensas que iré?

Nos observamos fijamente un rato largo. Ninguno de los dos cedió y supuse que no estaba de ánimos porque me tomó del brazo y me jaló consigo.

- Déjame aquí Heero, no quiero ir ahí… ¿Para qué? Une sólo intentará que traicione a- -dudé, ¿Cómo debía llamarlo? Quizás por el nombre formal que figuraba en los papeles…- a Frederic… -me daba asco pronunciar eso, simplemente no era su nombre-. Nadie está esperándome ahí de todas formas, sólo estaré aburriéndome sentado y preocupado por el modo de huir, sabes bien que huiré, me las arreglaré para irme. Si no me quiero quedar sabes que haré todo lo posible por escapar tan pronto como pueda, lo que es más, ¿Sabes bien que no puedes usarme de rehén, no? Simplemente convertirías a la base en epicentro de combate ¡Oye!

Su brazo pasándose en torno a mi cintura me puso tenso. La cercanía siempre era extraña cuando se trataba de él.

Subimos por la escalerilla eléctrica instalada hasta el pecho del Wing. La escotilla se abrió casi instantáneamente y conseguimos ingresar en su interior. Ahí la temperatura era más agradable que afuera aunque el espacio era reducido. Dos personas dentro de un cubículo hecho para uno contaban con un espacio pequeño para acomodarse. Se me notó la ingratitud en el rostro cuando me di cuenta que tendría que viajar como un niño pequeño en la falda de un padre, era humillante e indignante, y luego de haber tenido sexo hasta incómodo. Pese a eso lo prefería a morir de frío ahí afuera.

- No me gusta esto más de lo que te gusta a ti –le advertí cuando me acomodé en su regazo-.

Podía percibir el calor de su cuerpo entibiándome, su cálida respiración contra mi cuello cuando bajaba la mirada, la comodidad de sus caderas justo detrás de las mías, su firme pecho pegado a mi espalda. Traté de evitar pensar demasiado al respecto pero una erótica idea de nosotros teniendo sexo en el Wing me aceleró el pulso. Temblé visiblemente sintiendo las mejillas arder y volteé el rostro esperando alejarlo de su vista. Si me vio, por suerte no dijo nada al respecto. Odiaba, realmente odiaba, esa sensación de vergüenza o pena.

El movimiento de los brazos de mi compañero me llamó la atención. Pude ver el perfecto momento en que despegaba. Se alzó entre los árboles y fui capaz de ver que el bosque se extendía hasta el horizonte donde unas figuras negras parecían indicar médanos, o cerros quizás. Árboles en todas direcciones decían que si hubiera intentado escapar simplemente hubiera conseguido perderme entre la maleza. El cielo además estaba negro, sin atisbos del sol todavía, ¿Qué serían, tres am? No había luna, sólo un par de estrellas que en la oscuridad brillaban intensamente. Busqué inconscientemente la figura de mi Deathscythe en alguna parte del panorama, algo que echara humo, o alguna montaña de metal, lo que sea que pudiera significar un posible Mobile Suit, pero no encontré nada similar.

- No está –me explicó captando mis pensamientos-.

- ¿Dónde…? –volteé a verlo-.

Estábamos demasiado cerca. Voltearme significaba queda a un lado de su rostro, junto a su boca prácticamente. Tan tentadora e imposible.

- Tu amigo –susurró más bajo-.

¿Se había percatado de lo mismo que yo?

- ¿Me sacaste antes? –obvié la respuesta-

Heero se había tomado el tiempo de asegurarse que no me encontraran en el Gundam luego de que caí a tierra. Lo había calculado todo para hacerme desaparecer deliberadamente. Solo debía estar preocupado, pero seguramente para estos momentos ya sabía que me encontraba con vida en alguna parte, el problema era que no podía asegurar si me creía vivo con Preventers, o vivo en alguna parte del bosque… aunque si ese último fuera el caso, ¿no habría escuadrones de rescate ya? Probablemente Solo ya sabía que Heero me tenía consigo.

Por lo menos podía estar tranquilo que mi Deathscythe estaba donde debía estar, junto a Solo.

-… Llévame a otro lado, Preventers no –insistí de nuevo rogando por conseguir algo más-.

Su rostro se apretó suavemente contra mi cuello en respuesta, intuí que quería abrazarme pero no podía soltar los controles del Wing. Rápidamente descarté la idea. Quejarme era inútil, me dejé, además mi cuerpo entero ya tenía su aroma impregnado. Un poco más de él a estas alturas no significaba nada. Heero se me estaba volviendo un rompecabezas que no estaba seguro de querer resolver… probablemente descubrir sus verdaderas intenciones, seas cuales fueran, terminarían siendo más peligrosas que esta jodidamente anormal relación que teníamos.

Suspiré sonoramente. El calor del interior me adormecía, y la verdad que el saber que iría a Preventers me deprimía tanto que no quería pensar al respecto. Lo mejor que me pudo pasar después fue quedarme dormido contra el pecho de mi compañero.

Luego de quién sabe cuánto tiempo volví a entreabrir los ojos. El movimiento de Heero me incomodaba. Lo que vi en las pantallas no lo entendí y sinceramente no me importó, quería seguir durmiendo.

- Duo.

- Tengo sueño.

Dicho eso giré mi rostro hundiéndolo bajo su mandíbula y cerré los ojos. Ahí el perfume y el calor eran más intensos, me reconfortaban mejor. Era cuestión de instantes para que volviera a perderme entre la negrura de mis pensamientos, por suerte, vacías de pesadillas.

- Levántate.

Mi somnolencia me engañó haciendo sonar la voz del 01 tan suave y reconfortante que hasta me hacía sentir querido. Solté un quejido inconsciente. Sus manos tibias pasando por mi cintura se sintieron endemoniadamente bien. Podía afirmar que estaba durmiendo hasta que la alerta del Gundam me aturdió.

- Mgh…

- ¡Heero! Une está esperándote en la sala de reuniones para tu informe, no está de buen humor de-…

- Iré en un rato.

Reconocía la voz de Quatre a través del intercomunicador y me obligué a abrir los ojos esta vez sí, prestando mayor atención a lo que las pantallas decían. Fruncí el seño notando el interior del hangar de Preventers. Aparentemente ya habíamos arribado e incluso estacionado junto al Sandrock, Quatre estaba en una de las pantallas algo aturdido.

Mierda. Me di cuenta que era por mí. ¡¿Por qué Heero no había dicho nada de que habíamos arribado?

Me separé con mi mirada más antisocial habida y por haber mientras intentaba quitarme el resto de la somnolencia.

-… Hablaremos luego, Heero, si quieres toma un descanso, yo me ocuparé de Une.

Enseguida la comunicación se cortó dejándonos en silencio. Aproveché volteando en dirección a este nuevo secuestrador que me había traído hasta el nido de avispas, acusándolo silenciosamente, sin obtener nada a cambio más que una de sus vacías miradas desinteresadas. Ni siquiera enojo, ni siquiera una orden, sólo nada…

Comenzaba a deprimirme no poder leer los sentimientos en Heero como antes.

Intenté moverme hacia el exterior de la cabina apenas ésta se abrió hacia la plataforma, sorprendiéndome por cómo mis músculos respondieron perdiendo la fuerza absoluta. Me tambaleé sosteniéndome del borde y ahogué la queja apretando los labios; no podía permitir que nadie me viera así de débil. Ver el pasillo frente a mi me dio gracia, era largo, profundo, y probablemente no lo lograra de un solo jalón sin agitarme. Aún así debía intentarlo. Shinigami tenía su orgullo.

Cada Gundam tenía su propio puente que dirigía hacia un entrepiso donde los mecánicos solían dejar la maquinaria necesaria para trabajar. Los puentes tenían a ambos lados barandillas de metal, al igual que el entrepiso, evitando la caída hacia la base más de diez metros por debajo. A la izquierda sobre los puentes estaban grandes máquinas de chequeo rutinario, que medían combustible, energía y status general. Luego el camino seguía por otros cinco metros hasta unirse con el entrepiso, de unos quince metros de ancho hasta la pared. Justo frente a nosotros había un pasillo que comenzaba en dicha pared, tan profundo que se perdía a la vista, y no tan iluminado como el hangar mismo.

Di un paso al exterior del Wing intentando no apresurarme, ir despacio, cada paso firme. Atrás de mí bajó Heero siguiéndome de cerca, escuchaba sus casi silenciosos pasos seguirme el compás. Solamente se detuvo para cerrar la cabina y asegurarse de que nadie la abriera sin su permiso gracias al nuevo sistema de traba. Alcancé a ver de reojo a Wufei de pie varios metros hacia mi izquierda, con una mano en la barandilla y su mirada puesta en nosotros. Seguí de largo hacia internarme en el pasillo más profundo frente a nosotros, seguro de que ese era el que dirigía hacia la zona más habitable.

El entrepiso era demasiado ancho, quince metros eran demasiado para mí. Hice un esfuerzo de no tambalear y mantenerme derecho mientras caminaba pensando en que a cada movimiento, faltaba aún menos por recorrer. Las miradas sobre mi me ponían histérico. Cuando al fin la luz se atenuó y quedaron atrás las sensaciones de ser visto, de vulnerabilidad, y de escudriñamiento, me apoyé contra uno de los muros de metal suspirando fuertemente. Froté con una mano una de mis piernas, ambas igual de entumecidas y adoloridas.

Fui incapaz de negarme a la ayuda que Heero me proporcionó cuando pasó un brazo por mi cintura, sujetándome junto a él.

-… Incluso yo tengo orgullo, ¿Sabes? En serio no era necesario dejarme tan mal… -susurré permitiéndole a él cargar parte de mi peso-. Necesito descansar un buen rato… Todavía podrías dejarme ir al Warpeace…

- No.

Oh bueno, no perdía nada con intentarlo de nuevo.

Después de un interminable recorrido llegamos a un ascensor. Ahí pude descansar un par de minutos hasta que llegamos a los pisos superiores, no me fijé cuál con exactitud. Tuve que volver a esforzarme con algo de ayuda por los siguientes metros en el nuevo pasillo. Entramos hacia un cuarto que lucía exactamente que cualquier otro, y aunque no era el mismo que había usado yo antes estaba ubicado en la misma ala según recordaba. Tenía una cama, un escritorio, paredes peladas; era exactamente como los demás… vacío y frío. Me deshice del agarre de mi compañero al fin pudiendo sentarme en algún lugar discreto sin miradas puestas sobre mí.

- Dormiré un rato, ve. Estoy demasiado agotado para hacer alguna otra cosa… -pronuncié antes de un suspiro profundo y largo-.

Mi cuerpo aún dolía mucho, necesitaba dormir, dormir una eternidad y despertar cuando todo hubiera pasado… Sí, sonaba demasiado perfecto, pero demasiado irreal. No había forma de que pudiera huir de esto sólo durmiendo.

- Duerme.

Dah, ¿En serio…?

- Sí papá… -sonreí cansíamente-. Pórtate bien, Heero.

Me recosté boca arriba en el colchón sintiendo la extrañez de su nombre pronunciado por mi garganta. ¿Por qué sólo llamarlo me hacía sentir tan inseguro y angustiado? Traté de calmarme mientras escuchaba la puerta cerrarse, dejándome a solas con una tenue luz prendida sobre mi cabeza. No comprendía ni estaba seguro de querer comprender por qué el nombre del 01 me atormentaba tanto.

Maldita Relena, si ella hubiera saltado con esa sarta de tonterías ahora no me sentiría tan raro ni le estaría prestando tanta atención.

"Ven por mi pronto, Solo…" pensé cerrando al fin los ojos y dejándome arrastrar por Morfeo.


N/A: Tuve un pequeño… bloqueo, digamos, cuando me faltaban un par de líneas para terminarlo. En realidad esto iba a ser más largo pero prefiero cortarlo ahí por ahora y poner todo lo que sigue en el próximo episodio. Aún así quedó lo suficientemente extenso como para compensar el corto episodio pasado.

Anyways… no sé por qué carajo se cortó el internet, cuando lo recupere lo subo sin falta.

Ehm… el título del episodio probablemente no lo entiendan del todo ahora, pero en realidad es muy rebuscado, algo como "Un brillo que te hace despertar" es como cuando sales de un cuarto oscuro y la luz te enceguece, todo lo que puedes recordar es el "Brillo". Eso es lo que quise representar. Probablemente no se note en el episodio en sí, pero en la medida en que los capítulos avancen verán por qué.

Creo que puedo afirmar que nos acercamos al final. No digo que falten sólo tres episodios (No, me tomará más que eso) pero definitivamente nos acercamos al desenlace de a poco. El próximo episodio (espero) será revelador.

Ehm... pronto (Espero) si todo sigue así de bien, habrán más actualizaciones, probablemente dos o tres simultaneas. Aunque bueno entre los viajes, el trabajo y la facu... deseenme suerte.

¡Un saludo enorme, dejen Reviews! ¡Gracias a todos!

Ryoko Yuy Eiri Lamperouge

15/03/2012