The Rape

Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora?! ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!

Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.

Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.

No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.

Parejas:Más entrada la trama definiré eso.

Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.

Comillas: ' '

Diálogos:- -

Pensamientos: " "

-~-~-~- En el capítulo anterior… -~-~-~-


El calmante de a poco hacía efecto, muy lentamente.

Estaba encerrado en un cuartucho de árboles…

Estaba ofendido, muy ofendido, todavía no podía entender qué necesidad había tenido de casi matarme.

- Deberías descansar

- Debo ver cómo quedó mi Deathscythe… y luego arreglármelas para volver

- Te quedarás. […] Tu Gundam está inutilizado.

Volví a Tierra.

- […] ¿De qué sirvo aquí retenido por ti? Y además, ¿Con qué objeto? ¡Nada de esto parará porque yo esté aquí […]

Me deslicé por el tronco hasta estarme sentado sobre algunas de las raíces. […] Si Solo moría porque no estaba yo ahí para protegerlo con mi vida… ¿Qué sentido tendría estar vivo a cambio?

- ¿Te gusta depender y ser inútil sin él?

- Te esfuerzas en querer a alguien que prefiere herirte.

- ¿Cuál es el significado de esta guerra, Duo? Dime por qué estamos peleando entre nosotros.

- ¿Qué sentido tiene vivir si no hay nadie que reconozca tu existencia? […] ¡Yo nunca quise estar solo, pero […] nadie me rescató no importa cuántas veces pedí que alguien me sacara de allí!

- ¿Q-Qué? ¿Qué haces?

- Quédate quieto.

-… No, Heero… por favor, que yo tengo que…

Si Solo se llegaba a enterar alguna vez no sabía qué sucedería

- Heero, no entiendes […] No quiero que te confundas

- … El confundido eres tú, Duo

- Ahm…

- Mhm.

Mis piernas se movieron inconscientemente rozándole las caderas, estrechas, amoldadas al interior de mis muslos.

- Heero

Él me gustaba.

A unos metros en medio de la oscuridad de la noche y pese a que no veía realmente nada, alcancé a discernir la figura de mi compañero deteniéndose y buscando en su muñeca izquierda el reloj digital.

- ¿Por qué traes mi almuerzo en un tupperware, dentro de tu Gundam?...

- Eres horrible.

- Es tu favorito.

Le dirigí una apática mirada.

- Aún tengo que volver.

- Te hace mal.

- Y supongo que tú me haces bien.

- Mhm, Heero… ¿Hay algo que quieras decirme en especial?

-… No.

La escotilla se abrió casi instantáneamente y conseguimos ingresar en su interior. […]Su rostro se apretó suavemente contra mi cuello en respuesta

Reconocía la voz de Quatre a través del intercomunicador y me obligué a abrir los ojos […] Me separé con mi mirada más antisocial

Di un paso al exterior del Wing […] Seguí de largo hacia internarme en el pasillo más profundo frente a nosotros…

- Duerme.

- Sí papá…. Pórtate bien, Heero.


-~-~-~- Capítulo 19 -~-~-~-


Abrí los ojos en algún momento, el sueño había escapado de mi cuerpo completamente para entonces y todo lo que quedaba era la tensión de cada músculo. Sólo repercusiones del ataque de Heero. Seguramente me dolería por un par de días e incluso aparecerían (si no lo hicieron ya) un par de moretones. La sensación me recordaba a cuando estábamos en guerra contra OZ. En aquel entonces siempre solía tener algún golpe o herida en el cuerpo que ahora, con el tiempo, habían pasado a ser solamente cicatrices. Esto era soportable.

Miré al techo atentamente sin que mi cabeza reaccionara a ningún sonido exterior. Estuve extendido boca arriba hasta que un vago pensamiento cruzó mi cabeza, pero aún no podía moverme. Tenía que bañarme (la tierra, el sudor y la pegajosidad me estaban matando). Y lo haría en cuanto tuviera la necesidad, pero por ahora el silencio, sólo esta sensación de silencio, me reconfortaba lo suficiente. Sentía que necesitaba el tiempo a solas. Suspiré girando mi cabeza entumecida. Recostarme de lado era algo así como salir de un estado letárgico, por mi cuerpo al fin moviéndose y mi cabeza al fin pensando algo concreto.

- ¿Heero? –susurré inconscientemente-

Ah, carajo. Pronuncié su nombre.

Fruncí el ceño.

Arriba de la mesa junto a la cama encontré una botella de agua y varias píldoras, que seguramente eran calmantes. Ni siquiera había sentido la puerta abrirse o él entrando, seguramente mi cansancio había sido extremo para quedar completamente inconsciente. Dios, me había visto durmiendo… Espero no haber hecho un espectáculo de mí mismo. Aunque no tenía baba pegada en la mejilla ni…

… ¡¿Qué rayos estaba pensando, exactamente?!

-… Demonios.

Aspiré profundamente juntando las energías necesarias para ponerme de pie, con el temor de que mi presión sanguínea se fuera al piso con el esfuerzo, pero no sucedió. Al tomar las pastillas noté que esta vez eran tres píldoras exactamente iguales, tres dosis, un refuerzo notable que acompañaba sin lugar a dudas una actitud piadosa. Arrastré los pies de camino al baño individual, diminuto, donde pasé la siguiente hora tratando de quitarme toda la tierra de encima y desenredar mi cabello, áspero y pegoteado. Juraría que mi piel se volvió notablemente más clara cuando salí del agua y me vi al pequeño espejo que estaba sobre el lavado.

Sequé mi cuerpo evitando mojar el piso y aún desnudo con sólo la toalla en la cintura, me trencé el cabello con extrema paciencia. Sólo tenía una cinta para atarme el pelo, nada más, lo que quería decir que debería encontrar algo más para atarlo en caso de que ésta se me perdiera. Volteé a hurgar en los cajones del pequeño ropero hasta que hallé un uniforme de Preventers, inclusive de mi talle; era mejor no pensar demasiado en ello y sólo usarlo. Las camisas usualmente no me quedaban demasiado bien, pero debería aguantar con esto en tanto no tuviera mudas de ropa aquí; aún si el color beige me quedaba mal. En un intento de sentirme cómodo comencé a recogerme las mangas, pero no me conformaba.

Tenía un inusitado antojo de algo en particular para comer. Un sándwich. No cualquier sándwich.

Estaba obsesionado. Yo era un obsesivo, debía empezar a admitirlo a estas alturas de la situación.

Sentí la base en silencio mientras caminé por los pasillos vacíos, hasta el sonido de pasos a más de 90 metros era fácilmente distinguible. Procuré que no fueran precisamente los míos los que se escuchasen.

- Estúpida camisa –mascullé inaudiblemente volviendo a estirar las mangas y comenzando a prender el botón de una-.

La atenuada conversación proveniente de un cuarto contiguo atrajo mi interés, reduje el paso, y entonces pude distinguir con claridad un nombre y una voz. Sin emitir sonido alguno me acerqué siempre detrás de la pared mientras disimulaba acomodarme la ropa.

De todas formas andaba buscando a uno de los dos. Esperaría afuera.

-… ¿Comiste algo ya? –esa era la voz de Quatre, la primera que había identificado-

Silencio. Seguramente Heero movió la cabeza.

-… Entonces deberías dormir, ¿Cuántos días tienes sin descansar? –esta vez la voz del 04 sonaba más angustiada-

- Estoy bien.

Siempre tan frío.

Ni siquiera había notado que tenía más de un día sin pegar el ojo ¿Qué le preocupa tanto?

- Trowa y yo cuidaremos de Duo.

Ah, me estaban controlando. Muy gracioso, ja-já.

-… ¿Ya le mostraste la información? –alcé la vista al notar la cautela de la pregunta, ¿Mostrarme?-

-… Aún no.

¿Por qué la voz de Heero había cambiado de tono?

- ¿No crees que…?

- Si le hablo ahora probablemente no me creería.

¿Qué carajos? Espera un momento, ¿De qué hablaban? ¿Cómo es que el tema de conversación había cambiado tanto? Estaban hablando de Heero y su falta de sueño al comienzo, y ahora estaban hablando de mantenerme algo en secreto.

- Aunque tuvieras todas las pruebas en tus manos ¿Qué te garantiza que nos creería? El Duque Frederic es un hombre inteligente, no creo que sea alguien que debas subestimar.

Quieren acusarlo de traición, herejía y asesinato entonces. Hacerme creer que él es el malo. Eso no va a funcionar….

- Aunque me tome toda la vida, lo haré volver Quatre.

¿Qué?

Escuché a alguien ahogar una risita y un par de pasos. Pero no pude moverme de mi lugar, porque mi mente se había atrofiado en algún momento durante la conversación. Ahora menos que nunca podía confiar en ellos.

- Lo siento, es inusual, aún no me acostumbro –la voz del rubio se hizo más clara y fuerte de repente- ya no sé en qué punto mis emociones dejan de ser mías ¿Alguna vez te dijeron que sientes de forma muy…?

Mierda. Mierda, mierda…

Otra vez ceñí las cejas intentando lucir imponente, o al menos recompuesto, para cuando ellos me tuvieron que enfrentar afuera del cuarto. La manera en que Heero me atravesaba con sus ojos no había cambiado, ni cambiaría, porque así era él ya; en cambio el ojiazul a su lado sí se vio un poco más afectado y aturdido de encontrarme tras la puerta. Inspeccioné las vestimentas de los dos, iguales a la que yo llevaba puesta, y con un intento de desdén moví una pierna comenzando a alejarme.

Decir que no les había oído era subestimar su estupidez.

No me tenía que preocupar mucho. Este encuentro les dejaba dos caminos, o decirme la verdad en la cara o hacer de cuenta que nada había pasado y enfrentarse con mi apatía. Cualquiera de las dos sería lo mismo porque en algún momento me iría de aquí, sólo necesitaba reponer un poco de fuerzas, esperar por el momento indicado, y burlar la vigilancia una vez más… seguramente debería robar un transbordador o un Mobile Suit de cualquier tipo. Cualquier señal alertaría a Solo de mi intento de fuga, estaba seguro.

Una inusual pero conocida sensación me golpeó por la espalda haciéndome saber de inmediato que me estaban siguiendo. Sabía quién era. Sus pasos pasaban completamente desapercibidos, digno de una persona de su clase y con su entrenamiento, pero para su mala suerte yo estaba más habituado que los demás a su silencio y sus potentes miradas.

Suspiré profundamente cuando al fin pude prender con mi mano izquierda el botón de la muñeca derecha. Ahora sólo me quedaba encontrar el camino a la cocina.

¿Quizás era mejor si yo mismo hacía de cuenta que nada sucedía? Necesitaría algo de ayuda mientras estuviera aquí adentro, hasta volverme a ubicar en los pasillos. Sólo una caminata bastaría para que me aprendiera el plano general del lugar. Los pasillos cubiertos por metal y sin ventanas eran un laberinto cuando no recordabas precisamente por qué parte del lugar entraste, qué hangar o qué pasillo pisaste primero. Todo estaba marcado con letras y números de acuerdo al sector, pasillo y columna, pero aun así…

¿En qué cuadrante estaba el pasillo G-16? ¿Qué tan lejos estaba de la cocina?

Miré con frustración las letras pintadas de amarillo cerca del cielorraso sin poder figurar el número en mi cabeza, entre los miles de planos que tenía memorizados desde años atrás. De repente todos se habían mezclado y no recordaba si era en OZ o en Libra. Esto me iba a desesperar, no sabía cuántas horas perdería buscando una estúpida cocina. Con el estómago lleno podía vagar tanto como quisiera sin quejarme, pero sin comer, adolorido, entumecido, esto sólo se volvería insoportablemente tedioso… Y aunque me siguiera quejando nada resolvería. Por eso doblé en vez de a la izquierda en vez de derecha esperando que lo que fuera que encontrara, no fuera a Trowa, o a Wufei, o a Sally, o a cualquier potencial peligro para mi sanidad mental.

¿Cómo pretendía Heero pasar desapercibido cuando usaba esa mirada para desnudarte hasta el tuétano? Es que en serio, no podías simplemente ignorar cuando alguien pretendía ver a través de tu ropa interior y tus músculos buscando la mismísima trasmisión energética de las células, ¡Era ridículo! No, más ridículo era que probablemente, de ser él, la encontraría….

- Hey –balbuceé de modo automático sintiendo el jalón de mi muñeca que me hizo girar sobre los talones e ir en dirección opuesta-.

Apenas tuve tiempo para pensar por qué había suspirado tan cansíamente. Pero me hizo rememorar un detalle de cuando estábamos en el bosque y que corroboraba lo dicho por Quatre. Heero estaba cansado, exhausto sería mejor definición. No era algo mental nada más… era un esfuerzo general por mantenerse consciente.

Demonios…

- Qué haces.

¿Por qué no iba a dormir y me dejaba en manos del dúo de tórtolos?

- No es por ahí –su voz monótona de siempre-.

Ah, ya me ofendía. ¿Quién se creía…?

- Ni siquiera sabes a dónde voy… -sujeté su muñeca con la mano opuesta obligándole a detener la caminata, intentando no prestar atención al capricho en mi propia voz, la actitud defensiva de mi mirada, o el dolor que invadía mis músculos cuando los tensaba-.

- Duo…

Por Shinigami… ya ni tenía ánimos de renegar conmigo… su voz casi parecía una súplica; un no me hagas esto implícito.

- Ve a dormir.

Interesante, su mirada cambió, quiere decir que lo pillé por sorpresa. Me gustaba cuando podía hacer eso.

- Tienes más de tres días sin dormir… y yo tengo hambre, buscaré la cocina por mi cuenta, ¿Por qué no le dices a tus lindos amigos que me vigilen por ti? Si sigues así caerás inconsciente en cualquier momento de las próximas cuarenta y ocho horas.

Nos miramos por un largo tiempo. Él claramente confundido y esforzando su cerebro a arrancar, aunque no podía imaginarme si era porque su cansancio le apagaba las neuronas, o porque había algo que definitivamente quería entender y no lo lograba. Yo no me moví de mi lugar esperando que me libere y se fuera directo a la cama.

Su agarre se sentía tan fuerte como siempre, tan seguro, me preguntaba si ante los nervios (si es que el tipo alguna vez los sentía) y ante el miedo (que no existía en su vocabulario, pero finjamos…) sus manos seguirían siendo tan firmes como ahora. Hacía que por poco mis brazos lucieran débiles rodeados por sus dedos, y eso no tenía lógica. Teníamos la misma altura, la misma contextura física, pero aun así era diferente. Abrasadoramente cálido, inquebrantable, tenso, y ambiguamente suave, protector… demasiado intrigante para mi gusto.

Finalmente desvió la mirada y continuó llevándome consigo.

-… Luego vete a dormir.

Miré los pasillos cruzar nuestro camino tratando de memorizar sus códigos, los carteles de avisos que algunos tenían, y demás detalles que me ayudaran en el camino de regreso. No fue difícil recordar toda la estructura de la base tan pronto como comencé a notar la distribución general de cada subárea. Hasta donde pude comprender mi habitación era la más lejana al hangar, la más escondida y la que menor acceso tenía a él. La habitación de Heero estaba dos pasillos y dos sectores lejos de la mía. Para cruzar esos dos sectores había que rodearlos y sólo una puerta te dejaba salir del circuito. Me habían confinado en una suite, dicho de otra forma más coloquial.

Cuando llegamos a la enorme habitación iluminada con grandes faros (el comedor) me dirigí a la mesada en donde repartían las bandejas. Una vez sentados, comí en un silencio perturbador mientras le veía tomar un café al cual me hubiera opuesto si no fuera por esa sensación de deyabú, una que me incomodaba, me hacía sentir culpable, traidor. Llevaba tatuada en mi alma la pertenencia que le tenía a Solo, era eso lo que me impedía leer mucho entre líneas la situación que tenía con Heero, o lo que me hacía desear salir corriendo, o lo que me truncaba la intención de pelear por su salud de la misma manera que lo hacía con Solo. Aunque quizás también era el presentimiento de que Heero, contrario a Solo, no me haría caso… me discutiría y haría lo que él quisiera aún si yo tenía razón.

Contuve otro suspiro.

Mi estómago felizmente lleno me daba fuerzas y al mismo tiempo energía para ocuparme de mis pensamientos. Quizás habría sido mejor quedarme hambriento, al menos así ahuyentaba ideas locas y conclusiones aún más descabelladas.

Junté los cubiertos sobre la charola donde había sido servida la comida ya dispuesto a regresar por los pasillos. Volvimos lado a lado, Heero y yo, y la falta de prisa probablemente se debía a la falta de energía que tenía él a pesar del café negro y amargo. En el camino me di cuenta que necesitaba algo más importante en qué pensar, o me volvería loco hasta que Solo me ayudara a escapar de aquí. Darle mil vueltas a mi situación con Heero, al sentimiento de confusión en cuanto a Solo, o al sentido de mi vida mismo, simplemente me llevarían a sufrir de esquizofrenia en algún momento de los próximos días.

-… Tu enojo con Quatre… es sólo porque no recibiste cartas ni llamadas de él, ¿Cierto? –casi confirmó luego de un eterno silencio-

Él sacando a relucir un tema privado era algo anormal, ya lo sabía, pero lo que me ponía incómodo no era eso sino el tema en sí.

Desvié la vista al costado más alejado de él sólo para evitar cualquier posible choque de miradas.

-… Algo así. No por eso, precisamente…

- Sino porque su ausencia puede significar falta de interés.

- ¿Me dirás que tuvo una enfermedad mortal que lo alejó de la humanidad entera? –interrumpí a la defensiva-

- No.

- ¿Entonces qué otra cosa puede ser salvo falta de interés?...

Mis labios se apretaron suavemente.

- …

Sin respuesta. Genial. Eso era concederme la razón.

- Con Trowa es lo mismo. Y lo sería con Wufei y contigo de no ser porque sé que ustedes no son muy apegados a nadie en particular… -agregué quedo tras un par de largos e inquietantes metros sin que nadie dijera nada-. Incluso Relena sabe lo poco social que eres –sonreí quedo-, como si pudiera culparte por eso…

- … Falso.

Saber que tenía razón aún si lo hablaba con él me daba ánimos para poder enfrentarlo. Era un terreno inseguro, inestable, podría salir herido, pero de cierta forma me gustaba estar arriesgándome… ver algo de Heero que no había visto hasta ahora. Eso me daba fuerzas para buscar su mirada al tiempo que continuábamos hacia adelante.

- Tienes una imagen de mí que es completamente falsa.

- ¿Perdón? –balbuceé perplejo-

La vertiginosa situación empeoró cuando vi que no podía aguantar mi mirada sobre él, estudiándolo, y tuvo que voltear el rostro tenuemente a un costado. Por un momento incluso creí ver algo diferente en sus facciones, pero no sabría decir qué fue, ¿eran sus ojos? ¿La expresión de sus cejas? ¿El tono de sus mejillas? ¿O un conjunto de todo en general? Sea lo que fuera, Heero dejaba de ser él, y por un momento creí que él tenía razón… por un momento no lo reconocí.

- No tengo todas las respuestas, Duo.

Mi nombre, conjunto de tres letras, salido de esa boca en aquel tono me produjo un violento estremecimiento nacido en lo más bajo de mi columna, directo hasta la nuca. Lo contuve mientras luchaba con la sensación de electricidad de mi piel, y de pronto se me hizo tan erótico, tan sexual, que no podía respirar.

- S-Supongo –dije por decir, para llenar el espacio, para no parecer un idiota, pero al final quizás había sonado peor que eso-.

Si él pronunciaba mi nombre por cualquier razón que fuese creo que mi corazón sufriría una arritmia. Y no exageraba. Temí abrir de nuevo mi boca para hablar de algo más. Es que no estaba acostumbrado, me intenté convencer. Eran pocas las veces en que escuchaba mi nombre de su boca para algo que no fuera regañarme; su voz cuando estaba enojado o su voz con frustración iban de la mano con mi nombre, siempre fue así. Esta vez había sido simplemente demasiado diferente, acompañado de una expresión completamente nueva.

-… También puede que te haya mentido.

¿Qué?

- ¿Mentirme…? –susurré inseguro de seguirle la conversación-

Él asintió.

-… ¿Sobre…?

Negó.

- ¿O sea… que te tengo que sacar la verdad a jalones, o que no me lo dirás…? –inquirí lentamente inclinando mi cabeza hacia adelante, sopesando las posibilidades-

- Ahora no.

Se le veía de pronto serio.

- ¿Cuál es la diferencia? Quizás logras que quiera quedarme, ¿No?

Detuvo sus pasos abruptamente con sus ojos clavados en mí, de nuevo analizándome. Tuve que parar a esperarlo. La idea de que el cansancio finalmente estaba fritando su cerebro se asentó haciéndome decidir que todo lo que dijera e hiciera Heero en este estado, no debía de ser tomado con demasiada importancia. Era como si estuviera borracho. Finalmente cuando reanudó el paso me di cuenta que estábamos casi frente a mi habitación, así que me dirigí a ella con la firme creencia de que estaría encerrado al menos otro día entero.

Tras abrir la puerta e ingresar sentí el calor de su presencia detrás de mí siguiéndome hasta cerrar la puerta a sus espaldas. Me tensé pensando en la posibilidad de tener (y querer, aunque no lo admitiría) que acostarme con él de nuevo, pero en vez de eso simplemente se sentó al borde de la cama desabotonándose la camisa. Sin más preámbulo se recostó y sin decir nada cerró los ojos. Apuesto a que le tomó dos respiros dormirse mientras yo me quedaba aún de pie junto a la puerta, casi sin comprender qué demonios había sucedido.

Este Heero…

Me senté sin hacer ruido alguno en la silla frente al pequeñísimo escritorio de un rincón, y desde allí le observé dormir. Solamente duré un rato con la mente vacía, unos pocos minutos de paz interior, hasta que todo comenzó a fluir otra vez: la conversación de él y Quatre, la conversación que tuvimos de camino a la habitación, lo sucedido en el bosque, las miles de veces que tuvimos sexo, lo que Relena me había confiado… nada tenía sentido en mi cabeza, pero estaba ahí, inquietándome, queriéndome decir algo que no entendía del todo. Eran todos sucesos aislados que me preocupaban pero que si me iba con Solo, desaparecerían rápidamente.

Solo… algo de todo lo que había pasado los últimos días me inquietaba también, y me tenía aún más perdido que todo lo demás. De pronto no sabía si quería huir de él, o huir de Heero, y en ambos casos sabía que intentar escapar al problema no lo resolvería. Las palabras de amor de Solo me ayudaban a subsistir, me hacían sentir necesitado y querido, no ponía en duda el amor que me tenía… pero sentía que eso no era suficiente. La última vez que hablamos sentí como si pese a toda su atención, hubiera algo de él que me incomodara. Y sabía lo que era… no podía entender cómo podía importar tan poco lo que hiciera, si estaba bien o si estaba mal. ¿Acaso mi participación en cualquier bando era tan insignificante que ni siquiera debía contar?

Me senté al borde de la cama viendo a mi compañero tomar su merecido descanso, preguntándome qué haría él si estuviera en mi lugar, pero me di cuenta al instante que esa pregunta no tenía sentido. Heero nunca hubiera estado en mi lugar, Heero jamás se hubiera dejado secuestrar en primer lugar… Heero jamás habría necesitado amigos o a nadie que lo rescate. Él nunca hubiera sentido lo que yo. Y aunque hubiéramos tenido sexo tantas veces, pensé recostándome a su lado, aún no podía impregnarme ni de una pequeña pisca de su valor y desinterés.

Desinterés… ¿Estaba bien pensar eso? ¿Qué pasaba si Heero tenía razón, y todo lo que veía en él era una ilusión? ¿Quizás él sí se interesaba por las personas? ¿Quizás él sí pasaba nervios, miedo, inseguridad…? ¿Qué tipo de cosas le harían sentirse así? Ah… sí, quizás él sí se preocupaba por la humanidad entera más que cualquier otra persona… al punto de poner las vidas de los millones de habitantes por sobre la suya con tal de darles paz. Si eso no era interés, era amor por la guerra; y sabía que lo segundo no era.

Verle respirar tan suavemente era lindo, nunca me había detenido a apreciarlo correctamente.

¿También él tendría pesadillas, como yo?

¿También él buscaba respuestas que no sabía dónde encontrar, como yo…?

Cerré lentamente los ojos disfrutando del calor que se mantenía con nuestros cuerpos juntos en la pequeña cama individual, dejándome arrastrar por la sensación de tranquilidad hasta que mis párpados comenzaron a pesar. Me acomodé inconscientemente contra el tibio cuerpo del 01 y allí, en algún momento que no puedo precisar, me dormí.

Desperté no sé cuánto tiempo después en la misma posición, de costado, pero siendo reconfortado en un abrazo un poco posesivo. Cerré casi inmediatamente los ojos sin deseos de levantarme o despertarlo y permanecí así un rato, deseando que el sueño me volviera a llegar. Aunque el dolor de mis músculos era insoportable con el entumecimiento de horas en la misma posición, y me vi obligado de levantarme con el cuidado de quien no desea despertar a un bebé. Observé el rostro de facciones tan particulares, relajadas, mientras me acomodaba la ropa para salir del cuarto.

Quería decirle que me disculpara, que necesitaba una salir a dar una vuelta, pero sabía que era mejor dejarlo descansar.

Deseaba con más anhelo haber despertado en un mundo paralelo, donde la perfección existía y yo convivía con ella. Pero eso era una fantasía, irreal. Sin embargo a pesar de todo ya no tenía ánimos ni fuerzas para seguir negándome, escapando, buscando excusas, enfrentar con apatía a la humanidad. Todos me daban muy igual. Nadie iba a sentirse orgulloso de lo que fuera a hacer o decir, nunca hubo nadie así para mi, ni lo habrá; tampoco necesitaba el permiso o la aprobación de nadie, ¿Desde cuándo precisamente, me había vuelto tan dependiente a la sociedad…?

Caminé rodeando el área de mi habitación en busca de la salida, algún pasillo que me llevara a otro lugar menos solitario, con tal de tener mi mente ocupada. Encontré tras divagar un par de minutos la puerta que buscaba y la abrí comenzando el recorrido al hangar que recordaba haber pisado al bajar del Wing Zero. Pasaron un buen par de minutos caminando en línea recta hasta que empezó a notarse el movimiento, el ruido a lo lejos de la maquinaria. Detuve mi avance cuando me encontré de frente con Wufei, él mirándome con cautela y preocupación.

No confiaría en mí. Había traicionado incluso su honestidad. Wufei y Heero eran las únicas personas que…

- Maxwell.

Enfoqué mi vista de nuevo en su figura.

- ¿Chang? –contesté viendo cómo dejaba todo lo que hacía y se me acercaba-

- ¿A dónde vas? –vi cómo buscaba con la mirada a Heero detrás de mi, o a alguien cuidándome-

- Está dormido –le facilité buscando por sobre su hombro el fondo del pasillo esperando ver algo de movimiento más allá, en mi área prohibida-. ¿Hay algún lugar a dónde se me permita ir, que no sea ese cuarto?

- ¿Yuy y tú pelearon? –de nuevo sus orbes azabaches sobre mí-

¿Huh? ¿Por?

- Él necesita descansar en silencio ¿Acaso eso es posible conmigo alrededor? –le devolví la mirada con mi ceño fruncido-.

Se quedó en silencio los próximos segundos en los que sólo se enfrió aún más mi mirada. Los miramientos no eran lo mío, me gustaba estar apartado últimamente, y Wufei no me estaba ayudando…

- Quizás puedas ayudarnos a reparar el sistema del Wing –resolvió finalmente volteándose-

¿Cómo?

- Eres bueno con las computadoras ¿No?

- En lo que cabe… -respondí siguiéndole de cerca hacia el final del pasillo por el que él había aparecido-

La faz de Wufei era difícil de leer, porque no era dura como la de Heero que aparentaba todo el día tensión, sino porque era plana, siempre carente de ánimos y relajada. Pocas veces lo vi (o escuché) enojado, y fue durante el combate contra Oz en su enfrentamiento con el difunto Traize. El hombre evidentemente se había significado mucho para él, ¿Qué tanto?

¿Por qué Wufei confiaba en mí, de pronto?

Se abrió ante nosotros el entrepiso del hangar que había visto antes, con sus más de 10 metros hasta la baranda y desde donde el precipicio hacia la planta baja era fácil de sentir y ver. Ahí en frente estaba el Wing Zero con su armadura completamente reparada, enchufado por medio de cables a la electricidad y aún con los tubos de combustible conectados. A su lado el Shenglong estaba en parecidas condiciones, con los mecánicos trabajando en la pierna; por cómo se veía le faltaría un 30% para ser dejada técnicamente lista.

05 me señaló la cabina del Wing desde donde salía el cableado a la interfaz manual del sistema, una pequeña laptop color gris oscuro. Caminé hasta ella y me incliné a revisar que todo estuviera correctamente enchufado, para no tener ningún error al momento de comenzar, y sin más me senté contra el metal exterior del Gundam con la máquina sobre el regazo, comenzando a teclear. El monitor se iluminó con fondo azul y letras blancas, que comenzaron a ascender de un borde al otro conforme yo establecía la configuración básica necesaria para que se pudiera pilotear. Había que correr primero un chequeo, para ver si el sistema reconocía las actualizaciones de hardware.

Sí, esto era mejor que no hacer nada y dejar a mi mente pensar.

Los primeros errores comenzaron a salir a la vista y conforme el chequeo avanzó, tuve que ir buscando los discos de información y cables indicados para hacer la instalación de lo que hiciera falta. De esta forma el tiempo comenzó a transcurrir más rápido de acuerdo a mi sentido de la percepción. Ni siquiera necesitaba consultar el reloj para saber que cuando me levantase, habría pasado como mínimo una hora y algo. Lo que me sorprendió fue que antes de agotarme o aburrirme, vi al 01 saliendo del pasillo y encontrándose con Wufei. Nuestras miradas se cruzaron sólo un momento, y él siguió platicando. Pude leer perfectamente sus labios a pesar de estar lejos, preguntándole al ojinegro que hacía cuántas horas yo estaba aquí, y qué había estado haciendo. Cuando obtuvo sus respuestas se fue por donde apareció, quizás conforme con el hecho de que 05 me estaba cuidando.

¿Cuántas horas habría dormido? Esperaba que fueran suficientes.

Bah, ni siquiera tenía mi Ipod o mi MP3 para escuchar música.

Me levanté de mi lugar algo entumecido de nuevo en busca de los últimos discos necesarios, ubicados en una caja plástica a un par de metros. Casi no recordaba la última vez que trabajaba en un Gundam de esta manera, ¿habría sido durante la guerra contra OZ? Pensar que aún recordaba los códigos y cómo accesar a la información me hacía sentir útil, importante; quizás era cierto eso de que ser soldado no era algo que pudieras quitar de ti, como una muda de ropa. Aunque no se sentía mal, especialmente porque era el Wing el que reparaba. Me recargué en la barandilla de metal mirando la altura del aparato, y por un momento, sentí que valía la pena dejar a Solo.

Desterré la idea.

Sólo me estaba sintiendo bien porque era algo en lo que no necesitaba socializar, pero si tuviera que hacerlo, sería una tortura. Sin embargo era inevitable que algún día alguien viniera, fuera de mi entorno, y me preguntara "Hey Duo, ¿Por qué te peleaste con los pilotos Gundam?". Nadie aún lo había hecho, pero sucedería, ¿qué respondería yo entonces, que fue una diferencia de ideales? ¿o diría más bien que no me identificaba con ellos? Quizás sería más apropiado decir que no me sentía a gusto, que ellos tenían su manera de hacer las cosas y yo otra… que no podía alcanzar mi felicidad máxima estando atado a ellos. Aún así esas razones no eran suficientes.

Tampoco imaginaba una respuesta a la pregunta: ¿Por qué te alejaste de Solo?

- Maxwell.

- Chang –contesté automáticamente volviéndome para encontrar su mirada-.

- Ve a tomarte un descanso, y tráeme un café.

Fruncí el ceño ante la orden, aunque la mirada del chino parecía neutral como siempre, difícil de leer, difícil de penetrar, imposible de adivinar.

- Claro –acepté finalmente poniéndome de pie-. ¿Azúcar?

- Dos sobres.

Estiré los brazos por sobre mi cabeza, algo entumido y contracturado, eliminando la tensión de mis músculos mientras caminaba de regreso al pasillo. La cafetería me quedaba algo lejos pero me venía bien estirar las piernas. Quizás me hiciera falta un café para mí mismo, ¿Estaría Heero también desayunando en la cafetería? Quizás pudiera acompañarnos a Wufei y a mi. Y tendría que intentar no ponerme paranoico con las reuniones sociales, en realidad son inofensivas; al que le tengo más temor es a Quatre. Ese fenómeno empático… ugh.

Suspiré.

Esta área parecía algo deshabitada ¿Es que todos los internos estaban en otro sector? ¿Cuántos efectivos en acción tenía Preventers en la actualidad? A juzgar por mis recorridos por la base, no muchos… quizás era que me mantenían lejos de todo posible contacto extraño que pudiera ser perjudicial. No se me ocurría otra razón. Miré a los cruces buscando ver algún ente viviente, pero nada, así que continué el recorrido. ¿Qué estaba buscando con exactitud? Quizás era sólo mi intuición, saltando dentro de mi consciencia intentando decirme algo que era complejo de descifrar. Finalmente tras un par de metros vi acercándose en dirección opuesta a un uniformado, nos miramos un corto plazo y desvié la mirada sin dejar que me viese inferior; ni siquiera pude explicarme la tensión que me invadía por sólo encontrarme con un desconocido. Qué demonios…

- Oye –llamé luego de haberlo rezagado no por mucho, y volteé a verle manteniendo mi porte seguro y estricto- ¿Y los demás?

- Sus compañeros se encuentran en el salón recreativo del sector 27-H.

Él lucía confiado, como si fuera un simple cadete. Quizás lo era, no veía rango en su solapa.

- Gracias –balbuceé por cortesía viendo partir al chico luego de un pequeño saludo-.

¿Qué estarían haciendo todos menos Wufei reunidos en un salón? ¿Planeando algo? El pasillo siguiente que me tocaba cruzar era el del sector H, no me costaría nada alejarme de mi objetivo y ver qué sucedía. Tenía una excusa perfecta por si alguien me veía allí, así que me encaminé con cuidado de ver a lo lejos si alguien se me acercaba, sólo por si me tocaba dar alguna razón. El pasillo del sector H era profundo porque cruzaba toda el área e iba directo a la cabina de directivos, se extendía metros y metros por delante de mí, forrado en metal a todos los lados. Cuando encontré el salón me recargué suavemente a un costado, intentando captar algún sonido del interior.

Tuve que afinar mis sentidos para llegar a escuchar partes de la conversación.

La voz de Trowa sonaba, pero no entendía qué decía.

- Quizás la mejor oportunidad es ahora –ese era Quatre-.

- Apresurar la situación sólo nos daría el resultado opuesto –ah, Heero, ¿esas fueron más de cuatro palabras seguidas? Se escuchaba algo bajo-

- Estamos en esta situación por dudar y no actuar, Heero, no estoy de acuerdo –Quatre de nuevo… él tenía que estar más cerca de la puerta que Heero, lo escuchaba más claramente que el resto-

- Cierto… -la voz de Trowa por primera vez entendible, pero difícil de distinguir-.

- Si dejamos que Duo crea un momento más en esta confusión todo se volverá un desastre, creo que lo mejor es decirle todo lo que tenemos, incluirlo, discutirlo, convencerlo, y que sea lo que deba ser…

WTF. 04 se escuchaba bastante decidido y mordaz, ¿qué demonios era lo que escondían? Estaba de acuerdo con él, que me dijeran y así los podía patear libremente; sea lo que fuera dudaba que me hiciera confiar más en ellos.

- No tengo suficiente evidencia Quatre… -la voz del 01 se hizo tenuemente más fuerte-, hay muchas lagunas de información, no es suficiente.

- Tengo los recibos, los registros de llamadas, incluso un testigo, ¿Te parece que no es suficiente? –Quatre- Sólo con decirle que nada fue al azar nos creerá, no creo que Frederic haya salido bien librado de todo.

¿Frederic? ¿Solo? ¿De nuevo estaban hablando de inculparlo de algo? Qué-diablos…

- … No lo sé, Quatre…

¡Qué diablos!

El tono emocional y angustioso de Heero me espantó. Respingué en mi lugar apegándome a la pared para no caer. Me aterraba esta conversación y la posible interpretación, me aterraba porque involucraba a Solo, y porque era lo suficientemente grave como para desarmar a Heero y volverlo vulnerable, herirlo hasta que quedase impreso en su voz. Y eso no sucedía nunca. JAMÁS.

¿Era ese Heero, en serio?

"Tienes una imagen de mí que es completamente falsa."

"Dime Duo, ¿Me equivoqué?... Pensé que tú sentías lo mismo por él…"

Oh por Dios.

¿Era cierto entonces? ¿Estaba tan equivocado con todo lo que tenía que ver con él? ¿Él no era el tipo frío e impenetrable que creí? ¿Yo no quería aceptar que Heero quizás pudiera verme de otra manera? ¿Relena tenía razón? ¿Heero siempre lo supo y nunca pudo decirme nada? ¿Heero tenía miedo de decirme lo que sentía y por eso me mentía, me huía? ¿Por eso habían cosas que prefería no responderme ni con miradas? ¿Por eso nos habíamos acostado tantas veces? ¿Por eso venía a buscarme una y otra vez, me ataba una y otra vez, y me impedía irme y desaparecer? …

Escuché la puerta metálica abrirse a un costado de mi.

Oh… carajo…

Ahí estaba en frente de mi la razón mi actual tormento.

-… Duo… -y Quatre a un lado de él-.

Fuck. Hasta Trowa estaba algo sorprendido.

Ay mierda.

- Du-

- Relena tenía razón –le interrumpí brutalmente. Tenía que desviar su atención de alguna forma, a cualquier parte-. Y tú mentiste cuando te pregunté.

Su expresión no tenía precio. Había logrado hacerle olvidar absolutamente todo. Sólo un segundo pude leer el susto y la consternación mezclados antes de que la inmunda barrera se interpusiera entre sus pensamientos y los míos.

- ¿No lo vas a negar? –me aventuré ya exaltado, y lo vi desviar la mirada por segunda vez en el día-

Relena tenía razón.

Relena tenía razón.

Relena tenía razón.

- Lo que sienta con respecto a una persona no traerá la paz, Duo.

Relena tenía razón.

Heero era un cobarde.


N/A: Y bueno… como no quiero extender por otras seis hojas este episodio, lo dejaré ahí XD

Ah jajajaja xD soy mala.

Ahora que Duo sabe lo que siente por Heero, ¿Qué pasará?... chan-chan-chan! …

¡Un saludo enorme, dejen Reviews! ¡Gashiash!

Ryoko Yuy Eiri Lamperouge