Estaba en una casa, alguien me llamaba desde fuera.

-Lydia, ven a jugar con nosotros-parecía la voz de Banshee .Sin dudarlo, abrí la puerta. Ante mi había un gran pasillo que conectaba con otra puerta, corrí hacia la puerta mientras la voz de Banshee se hacía cada vez más sonora.

-Lydia, date prisa, solo faltas tú- era la voz de mi padre.

-Ya voy papá-dije, se oían risas, quería llegar cuanto antes. La tierra temblaba bajo mis pies pero no me alteré. Abrí la siguiente puerta y un campo extenso apareció ante mí. Empecé a caminar por él."Te dije que no salieras del camarote" era la voz de Edgar, pero…¿Porqué su voz sonaba dentro de mi sueño? Hacía un sol esplendido, me di cuenta de que estaba en la cima de una montaña, me asomé a un lado y vi a mi padre con Banshee, con Edgar, con Kelpie y con mucha gente más.

-Lydia, ven con nosotros- dijo mi padre mirando hacia donde yo estaba situada. Yo asentí, había un lado en el que podías tirarte sin hacerte daño, me fui hacia ese lado "Lydia, vuelve conmigo al camarote, por favor" otra vez sonó la voz de Edgar, pero no era del Edgar que estaba con mi padre sino de otro Edgar. No importaba, me asomé y ví que estaba justo donde debía estar, había una especie de valla pequeña, noté como una especie de llovizna empezaba a caer y hacía que se me pegase el vestido. Salté la valla y me fui a tirar "Lydia lo siento". Me tiré pero era como si algo invisible me tuviera sujeta y no me dejaba caer, de pronto noté algo sobre mis labios, a especie de un beso que hizo que abriera los ojos.

Abrí los ojos, noté los labios de Edgar sobre los míos, una fría lluvia caía, estábamos al lado de la valla que separaba el barco del agua. Me separé de Edgar.

-¿Qué hago aquí?- pregunté, haciendo como si no hubiera acabado de recibir un beso de Edgar.

-Parece que estabas sonámbula y te estabas intentando tirar al mar.- dijo Edgar. Ahora entendía todo, la magia de las hadas, seguramente había actuado, pues de no haber sido por el beso de Edgar, yo ya estaría ahogada seguramente.

-Gracias- murmuré. Estaba empapada y mi cuerpo empezó a temblar –será mejor que volvamos al camarote-dije sin mirarle.

-¿No te enfadas conmigo?-preguntó Edgar.

-Puesto que me acabas de salvar la vida, no puedo enfadarme contigo, además, no creo que el "contrato" lo consienta –justifiqué, en realidad, me había gustado su beso y aunque la fría lluvia me empapara, estaba feliz de que esto hubiera ocurrido, salvo por el punto de que podía haber muerto…

-No te preocupes tanto por lo que ponga en el contrato o no, solo haz lo que quieras, si hacer lo del contrato significa perderte, entonces no quiero que lo hagas-Edgar parecía decidido, le miré y sonreí.

-Gracias Edgar, pero fue hecho con el consentimiento de mi padre, así que intentaré desobedecerlo lo menos posible- me metí dentro del barco y me fui al camarote seguida de Edgar.

-No será que te gusta hacer lo que pone ¿No?-preguntó Edgar volviendo a su estado de siempre.

-No sigas con ese tema o los dos acabaremos mal-dije para no tener que dar explicaciones, se podría decir, que un poco, si me gustaba hacerlo.

-Lo que tú digas, mi dulce princesa-se empezó a quitar la camisa delante de mí tenía un cuerpo que sobrepasaba los siete mares, Edgar era muy guapo.-¿Qué? ¿Te gusta mi cuerpo?-preguntó Edgar mirándome sonriente.

-No digas estupideces- me quejé yo, sabía que me había puesto roja, pues Edgar me había pillado de lleno.

-Bueno, creo que tú también deberías cambiarte antes de que pesques un buen resfriado-comentó Edgar. Tenía razón, con todo esto se me había olvidado que yo también estaba completamente mojada. –Ponte el vestido que está en el armario-comentó Edgar, era cierto, al haberme quedado dormida, no tenía la maleta preparada, saqué el vestido del armario, era de tonos morados y lilas, parecía sacado de un cuento de hadas, de una verdadera princesa. Me fui al baño, me lo puse y rato después me quedé dormida con Edgar pegado a mí.

Espero que les haya gustado ;) Seguiré subiendo más capítulos así que por favor, no dejen de leerme.