The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora?! ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos:- -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior… -~-~-~-
Miré al techo atentamente sin que mi cabeza reaccionara a ningún sonido exterior.
Arriba de la mesa junto a la cama encontré una botella de agua y varias píldoras…
-… Entonces deberías dormir, ¿Cuántos días tienes sin descansar?
- Estoy bien.
-… ¿Ya le mostraste la información? –
-… Aún no.
Decir que no les había oído era subestimar su estupidez.
Ahora sólo me quedaba encontrar el camino a la cocina.
- Qué haces.
- No es por ahí
- Ve a dormir… […] buscaré la cocina por mi cuenta…
Su agarre se sentía tan fuerte como siempre, tan seguro…
Una vez sentados, comí en un silencio perturbador mientras le veía tomar un café…
Volvimos lado a lado, Heero y yo.
-… Tu enojo con Quatre… es sólo porque no recibiste cartas ni llamadas de él, ¿Cierto?
-… Algo así.
- ¿Me dirás que tuvo una enfermedad mortal que lo alejó de la humanidad entera?
- No.
- Incluso Relena sabe lo poco social que eres, como si pudiera culparte por eso…
- Tienes una imagen de mí que es completamente falsa.
[…] tuvo que voltear el rostro tenuemente a un costado. […] … por un momento no lo reconocí.
- No tengo todas las respuestas, Duo.
-… También puede que te haya mentido.
- ¿Te tengo que sacar la verdad a jalones, o que no me lo dirás…?
- Ahora no.
[…] se sentó al borde de la cama desabotonándose la camisa. Apuesto a que le tomó dos respiros dormirse…
Cerré lentamente los ojos disfrutando del calor…
Caminé rodeando el área de mi habitación en busca de la salida […] Detuve mi avance cuando me encontré de frente con Wufei
05 me señaló la cabina del Wing…
Los primeros errores comenzaron a salir a la vista y […] tuve que ir buscando los discos de información…
- Maxwell.
- Chang
- Ve a tomarte un descanso, y tráeme un café.
- Quizás la mejor oportunidad es ahora
- Apresurar la situación sólo nos daría el resultado opuesto
- […] Si dejamos que Duo crea un momento más en esta confusión todo se volverá un desastre
- No tengo suficiente evidencia Quatre…
- ¿Te parece que no es suficiente? –
- … No lo sé, Quatre…
¡Qué diablos!
Oh por Dios.
-… Duo…
- Relena tenía razón. Y tú mentiste cuando te pregunté.
- Lo que sienta con respecto a una persona no traerá la paz, Duo.
-~-~-~- Capítulo 20 -~-~-~-
Me sentía indignado, enojado, traicionado. Sentía que lo más cercano a un amigo que tenía de pronto se disolvía y quedaba en la nada. Y era aún peor que perder un amigo, porque no podía creerle. Porque si me quería, si le gustaba, no había razón para haberme dejado solo tanto tiempo. Se suponía que si yo era especial debió haberse quedado conmigo, se suponía que cuando alguien te interesaba lo buscabas, querías que fuera feliz, pero Heero no había hecho nada, absolutamente nada, sólo usarme…. No podía culparlo por mi rapto, pero sí podía culparlo por jamás llamar. Y aunque lo entendía, no podía perdonarlo… él me negó con su cobardía lo que siempre quise y ahora tengo en otra parte; él sólo alargó mi sufrimiento y lo alargaba aún más cada día, negándome estar con Solo y forzándome a quedarme con él, ahora cuando ya me perdió…
Lo detestaba. Lo detestaba tanto como a Quatre. Ambos mentirosos y manipuladores, pensando siempre en sí mismos… nunca les preocupó si yo necesitaba cariño u honestidad, nunca les importó nada de mi más que tener sus consciencias tranquilas. Eran lo peor. No esperaba esto de él. Pensé que de todos era el único que entendía un poco lo que se sentía, llegué a tener el presentimiento de que sería el único al que podría contarle la verdad, mi verdad.
- ¡Maxwell!
Wufei…
Volteé hacia mis espaldas divisando la figura del 05 acercándose hacia nosotros. Ya me era imposible pretender que estaba bien, que era inmune. Me dolía.
- ¿Qué pasó con mi café? –su mirada lucía un poco más severa, fija en mi, luego de unos segundos les echó un vistazo a los demás-
- Perdón, me distraje; ahora te lo llevo –le respondí sumisamente sin energías para discutir por algo tan ridículo-.
Carecía de una razón para quedarme. Era un tema innecesario de hablar. Como siempre, él no diría nada… ni siquiera una excusa, ni una razón, ni nada; sus emociones eran vacías… vacías como el espacio, estaban allí pero no había nada en él. Sólo pedazos de roca. Qué horrible.
- ¡D-Duo! Deja que vaya yo, ¿Por qué no…? –me interceptó Quatre cuando ya había arrancado mi camino a la cafetería-
- No. No insistas.
Algún día llegaría el momento en que todos quedarían en el pasado, sin poder herirme más. Pero era mi error, porque si desde el comienzo no hubiera intentado pensar en que Heero era diferente, alguien en quien sí podía creer, el único que no me había engañado de ninguna manera, entonces ninguno de estos sentimientos estarían ahogando mi corazón. Era mi culpa. Debí protegerme más. Debí haber sido más duro. Debí…
¿Por qué debo ser más duro con ellos si también a Solo le estoy perdonando algo importante? Algo que no me deja respirar en paz…
Sacudí mi cabeza y noté que por poco me paso del pasillo en donde debía doblar para llegar a la cafetería. El suspiro se fue de mi garganta mientras me acariciaba la nuca, antes de poder prevenirlo, contenerlo, y peor aún, notar que me habían seguido. O que él me había seguido.
- ¿En serio? –balbuceé dejando caer mi brazo a un lado, sólo mirándolo estar allí de pie a unos seguros cuatro metros- Déjame en paz, lo hecho, hecho está. Vete ya…
Me agotaba pensar en este diálogo. Me agotaba seguir intentando estar emocionalmente lejos. Me había esforzado por no pensar, Wufei había sido mi salvación, y entonces esto…
Aunque era interesante. Era curiosa la forma en que Heero se quedaba a cuatro metros lejos, sin tratar de jalarme como usualmente lo hacía, ni tratar de obligarme de alguna otra forma. Sólo allí, viéndome profundamente, con esos ojos penetrantes e intensos que te desnudan el alma… y luego, cada tanto, podía ver la duda, la inseguridad. Y no la entendía pero se me hacía tierna. Era adorable y detestable. Hacerse el coqueto luego de haberme traicionado, el muy desgraciado… Pero aún estaba allí esa barrera que no me gustaba, esa barrera que nos impedía comunicarnos correctamente, su silencio.
- Quiero mostrarte algo.
Oh vaya, quieres. Esa palabra no figura usualmente en nuestras conversaciones.
- No –decliné aún observándole a los ojos, afinando mi mirada tenuemente-, ¿Sabes lo que pasa? Pretenderás ser honesto conmigo, y la verdad es que no lo serás, dejarás muchas cosas sólo para ti, y está bien que quieras tu privacidad pero no me involucres más.
- Es importante –sentenció un poco más fríamente que antes-.
- Si fuera importante me lo hubieras mostrado antes, no ahora.
- Antes no estabas en condiciones de escucharme.
Jaja, qué idiota. La sonrisa burlona se dibujó sin permiso en mi boca.
- ¿Qué te hace pensar que ahora sí? Confiaba más en ti hace 24 horas; de hecho, creo que es el peor momento.
-…
Nos quedamos en la misma posición esperando a que él se le ocurriera una mejor respuesta. Sabía que este no era el fin del tema, que había más, que no me dejaría ni dormir hasta que hiciera como él quería; porque lo terco no se lo quitaría nadie. Pero en esta situación él no tenía razón, no tenía justificación, no tenía nada. Ya no era la persona que ayer pensé que era, o sin ir más lejos, el que creí que era hacía un par de horas.
Le vi suspirar.
- Estás enojado porque crees que soy igual a Quatre.
¡Qué demonios!
La sola afirmación me puso tenso, alerta. Estaba adentrándose en terreno peligroso.
- ¿Y no lo eres? Pasaste meses sin saber de mi y ahora tú y Relena esperan que crea que desde entonces gustabas de mi –disfruté la manera en que se asustaba cada vez que afirmaba aquello-; si a alguien le importa el otro iría a buscarlo, intentaría saber cómo está, tú desapareciste. No me importa la razón, eso no me hará feliz.
La curiosidad en su mirada me hizo sospechar que había hablado de más. Pero no me parecía que fuera un misterio a estas alturas, que todo lo que yo quería era ser feliz, en guerra o en paz, en la Tierra o en el espacio.
- Duo… ¿crees que encontrarnos en ese antro fue algo predestinado?
Nunca lo había pensado así.
-… Fue coincidencia. Las coincidencias suceden –le corregí algo consternado-.
- ¿Y si supieras que no fue coincidencia?
Qué fastidio con él. ¿Por qué parecía tan insistente con el tema…?
Rodé los ojos y me dispuse a seguir a la cafetería. Si seguía distrayéndome Wufei me iba a decapitar.
- Me da igual, eso no resuelve nada -… eso no resolvería que Solo me hubiera secuestrado, que yo estuviera aquí de prisionero, que Solo necesitara de mi, que Heero me hubiera ocultado sus sentimientos, nada-.
Llegué a caminar siete pasos hasta que la mano del 01 atrapó mi brazo y me acorraló contra la pared. Aún lucía insistente, como si fuera algo importante, y para mí seguía siendo algo redundante.
- ¿Y si no fue coincidencia, Duo?
- Ay ya, fue el destino –ironicé con mi mano intentando desprender la de él; odiaba esa cercanía y esa invasión a mi privacidad que de pronto osaba en imponer-, lo que quieras, da igual; te estoy diciendo que eso no resuelve nada, ¿cuál es el punto?
- ¿Dónde estuviste el día anterior a ese? –atisbé a su brazo apoyarse cerca de mi cabeza, contra la pared; sus ojos más gélidos que antes-
No iba a decirle la verdad de eso…
-… Qué te importa, Yuy –susurré lentamente para que pudiera entenderlo claramente-.
- Te hice una pregunta.
- Ya respondí.
Mierda.
- ¿Dónde estabas?
- ¡En mi apartamento! Ya, déjame en paz –exclamé empujándolo por el pecho. La corta distancia me quitaba el aire, me apretaba el corazón-.
- No mientas. Mentir es pecado, Maxwell –me susurró mordaz-.
¡Carajo! El muy desgraciado…
Apreté los labios sin poder contener por mucho más la situación. No podía verle más a los ojos. Si lo hacía temía que viera mis pensamientos, temía que viera lo que pasó con Solo el día anterior. Temía que supiera. ¿Cómo podría verlo alguna vez si llegaba a enterarse…?
- Duo. Dónde estabas.
Por favor, deja de insistir…
- Duo.
Ya basta.
- Duo.
- No.
- Si no respondes pierdes el derecho de reclamarme tu felicidad. Responde.
Su voz me aturdía.
- Duo.
Ya…
-… No lo sé –susurré cuando presentí que volvería a preguntarme lo mismo. Mi mirada en el piso, mi cuerpo sin más fuerzas para quejarse-.
Sentía el sonido de los latidos en mis oídos, como si mi corazón estuviera ahí al lado, resonando fuertemente. Quería irme y desaparecer, pero era imposible mientras lo tuviera a él enfrente, impidiéndome salir, atándome. Todo me parecía una eternidad, como si el tiempo quisiera torturarme con este sentimiento de amargura e impotencia, miedo y debilidad. Tenía miedo de que él supiera, tenía miedo de que él sospechara, de que alguna luz divina viniera y le mostrara lo que fueron esas semanas de mi pasado; temía que su visión de mi cambiara, temía que no pudiera estar más cerca de nadie, por miedo, exclusión, tenía miedo… miedo de que la exclusión y la condena social superaran mi propia auto encarcelación, me hiriera más, me dejara abatido y muerto por dentro.
Lentamente percibí cómo su mano dejaba ir mi brazo y se deslizaba hasta tomar la mía. Pensé que iba a seguir cuestionándome pero no comprendía por qué me soltaba, y aún estaba frente a mi opacando la única ruta de escape que poseía. Entonces su frente se apoyó en mi hombro, y la angustia terminó por desbordarme.
No quería llorar. Aléjate por favor…
- … ¿Cuánto tiempo? –escuché en un tono de voz muy bajo, hasta suave-
Sabía que era imposible que le respondiera sin que algún sollozo se escapara de mi boca. Tragué el nudo de mi garganta.
-… ¿Qué cosa, exactamente…? –necesitaba asegurarme de no responder algo indebido, algo que me perjudicara, aunque sabía la respuesta…-
-… Cuánto tiempo te mantuvieron incomunicado.
Él ya sabía.
Demonios… él ya sabía…
- N-No sé… semanas quizás…. –ya no tenía sentido mentir-… unos pocos meses quizás… no recuerdo…
Tampoco tenía sentido intentar contener las lágrimas mucho más. Él ya sabía.
- No sé –repetí instintivamente en medio de un suspiro entre cortado que disimulaba mi sollozo-.
Sólo había perdido el sentido del tiempo. Había perdido la noción de cuándo era de noche y cuándo era de día, de cuántas horas dormir diariamente para asegurar que mi reloj biológico estuviera ajustado. Habían sido demasiados días para poder mantenerlo. Por eso nunca podría adivinar cuánto tiempo fue que estuve encerrado en esa habitación sin ventanas, sin nadie más que Solo, sin que nadie me buscara, sin que…
- Es mi culpa –escuché que afirmó después de un rato. A mi todavía me costaba reaccionar-.
- ¿Eh?
¿Cómo?
- Tendría que haberte encontrado –sentí su cuerpo tensarse-.
¿Cómo dijo? ¿Heero…?
- Él limpió toda la evidencia.
… ¿Limpiar…? ¿A qué se refería…?
- Mentira.
Mentira. No quería sugerir lo que creía. No era eso. Estaba confundiéndose con algo. Era una trampa. Eso simplemente no podría haber sucedido nunca.
Se me nubló inmediatamente la mente, hasta las lágrimas se secaron al instante. Su afirmación simplemente había dado vuelta mi mundo, porque no era real, pero sonaba como si lo fuera, y no quería pensar en el sentido lógico que tenía.
Su cuerpo se apartó del mío unos centímetros dejándome acusarlo con la mirada de traición, mentiras, invenciones. Pero algo en él, la falta de odio quizás, era lo que me decía que debía temer a su afirmación… porque no era del todo inventado, había algo que lo había llevado a esa conclusión. Me rehusaba a creerlo, debía ser una confusión, ¿Cómo Solo iba a hacerme algo así? Él que siempre dijo ser el único que me necesitaba y quería, que me había ayudado a ver la realidad, que me había desenmascarado a Preventers… No, ni pensarlo, además confiaba en él, lo conocía desde hacía muchísimos años, jamás hubiera hecho todo eso a propósito, sólo había sido un impulso, sólo había sido porque… ¿Por qué me había secuestrado? Jamás hablamos de eso.
Todas las veces que estuvimos charlando, todas esas horas que pasamos juntos luego de que escapé de Preventers, nunca le pregunté, nunca se excusó, aunque me pidió perdón… pensé que eso era suficiente para perdonarlo, pensé que se refería al hecho de haberme secuestrado, ¿y si no? ¿y si lo había atribuido mal? ¿Por qué? ¿Acaso existía otro peligro detrás de mi en aquel entonces y fue por eso que prefirió aislarme? ¿Por mi seguridad? Eso tendría sentido, era entendible… Solo siempre se preocupaba de que nada ni nadie me lastimara.
"Limpió la evidencia".
Qué evidencia. No había evidencia. No había evidencia… ¿de qué? ¿quizás sí la había y fue limpiada? Pero si alguien atentaba contra mi vida solamente era natural que él tratara de borrar mis huellas. No había nada de malo. Todo tenía perfecto sentido. Sí…
- Hee-.
Mi voz se atoró cuando noté que estábamos en su cuarto, su mano dejando ir la mía. El escritorio tenía apilados unos discos, papeles, carpetas, folios, anotaciones y varios cuadernos negros. Le vi revolver hasta encontrar una resma de hojas blancas que luego me extendió mirándome a los ojos.
Heero estaba equivocado. Tenía que estarlo.
Observé con desconfianza la mano que me tendía y tomé los apuntes. Allí noté mi pulso errático y acelerado. La primera hoja era una transcripción de un testigo. La fecha estaba situada por lo menos 2 meses antes de que yo volviera a mi departamento. El sujeto era vecino mío en el edificio, reconozco el nombre; hablaba de la última vez que me vio según su relato. No tengo idea de la veracidad de la fecha, no recuerdo cuándo lo había visto por última vez antes de que Solo me llevara. El testimonio no parecía tener mayores datos importantes. La segunda, tercera y cuarta hoja también eran transcripciones de diferentes fechas, la quinta era mi registro de llamadas.
Fruncí el ceño ligeramente.
-… Esto no es mío –le comenté viendo que la mayoría de los números marcados eran teléfonos de mujeres, ningún celular; algunos duraban más que otros. También había un par de llamadas por cobrar, y algunos nombres de delivery que no conocía. Al final también estaba el número de una empresa turística-.
Todo era falso, aunque tenía teléfono fijo en el departamento lo cierto era que no lo usaba más que para llamar al trabajo cuando debía ausentarme. El teléfono era conocido por ser de línea insegura, nunca lo usaría para hablar con nadie; menos con la frecuencia que indicaba el papel.
Quizás se equivocaron al computarme estas llamadas.
Las siguientes hojas también eran registros de llamadas. Todas de incluso seis meses antes de mi secuestro. Pero reconocía esas fechas, sabía que había estado en mi departamento, ¿por cuánto tiempo el registro daba datos falsos?
- Ninguno de esos datos son ciertos –me explicó cuando vio pasar hojas enteras-. Por lo menos un año de los registros telefónicos son falsos.
- Eso no es posible, te has equivocado de archivo –le espeté con bronca-; sé lo que pagué cada mes, y el registro que ellos me mandaban junto a la boleta era el real.
Él se acercó dos pasos más y hojeó un poco más hasta que encontró una copia original de las facturas de pago que hacía la empresa.
- Por eso digo que te equivocaste, esta no es la empresa que yo contraté… -repetí asegurándome que lo tuviera en claro-.
Él me miró profundamente por un largo rato y luego volvió a hojear hasta otra transcripción. Reconocía el nombre del testigo, mi jefe.
"Llamó su hermana al día siguiente de venir a trabajar por última vez. Dijo que había surgido algún problema familiar y que él no vendría. Me aseguró que enviaría su renuncia formalizada y así fue al día siguiente. […] La nota adjuntada decía que no sabía por cuántos días debería marcharse y que por esa razón prefería renunciar, se me hizo muy extraño, porque no es un chico de faltar, pero supuse que…"
Mentira.
Esto no podía ser. Simplemente no podía ser. ¿Qué significaba? ¿Qué quería sugerir?... Simplemente no…
Yo nunca había firmado alguna renuncia ¿o sí? Ni siquiera tengo una hermana, ¿quién llamó en mi lugar? ¿Habré firmado algo mientras estaba drogado? ¿Solo me habría drogado para hacerme firmar algo…? No, tendría que recordarlo, los primeros días de encierro los recuerdo claramente y la nota se presentó durante los primeros días, tiene que haber algún error.
- La firma no es tuya –me aclaró Heero dando vuelta la página y mostrándome una copia de la nota de renuncia-.
La firma era parecida, similar, casi idéntica, pero tenía algo perturbador: el subrayado debajo del apellido tenía un punto de apoyo diferente. No era mía.
Apilé las hojas cuando decidí que tuve suficiente. Nada de aquello era real. ¡Era absurdo!
- Lo estás inventando –concluí encaminándome a dejar las hojas sobre el escritorio y deslindarme del problema-
-… Las cámaras de seguridad del departamento también fueron alteradas.
- Tú sabes perfectamente cómo alterar todos los registros, no me sorprendería que lo hubieras hecho para plantarme una duda.
Heero sabía hasta falsificar documentos. Bien podría ser todo esto falso, hecho por él.
- Sobre el escritorio, a la derecha están los registros telefónicos de Hilde y Quatre. Revísalos –su mirada seguía fija, imperturbable, mucho más fría que cuando habíamos estado en el pasillo-.
Con escepticismo y sin ganas estiré la mano hasta tomar la otra resma de hojas con los títulos correspondientes. Hojeé sin prestar mayor atención, el de Quatre tenía muchas llamadas entrantes y salientes, números de empresa, familiares, gente que yo ni conocía, incluso un par que figuraban como "Usuario Desconocido". El de Hilde en cambio era más reducido, unas cuantas llamadas a su novio, un par de llamadas a otras personas que seguramente eran amigos, y en mayor o igual medida que Quatre algunas llamadas a un "Usuario Desconocido". Estas últimas llamadas eran por lo menos dos veces a la semana, incluso cinco a la semana en algún caso.
- Estuve trabajando en esto las últimas semanas… -escuché al 01 acercándose hasta alcanzar un cuaderno negro-. Cuando hablé con Hilde, ella te llamaba por lo menos tres veces por semana; todas las veces la atendía un contestador automático. Comparé la secuencia del registro con el testimonio de ella, e hice lo mismo con Quatre. Todas las llamadas a usuarios desconocidas, todas concuerdan con tu número de teléfono; todas las llamadas que entraban a tu teléfono fueron redireccionadas.
Estaba loco. Heero se había vuelto loco, finalmente.
- ¿Hasta cuándo te cansarás de hacerlo ver como un complot?
- Tu departamento estuvo vacío toda una semana, luego de dos días más nos encontramos en el antro –agregó ignorándome-
- ¡Ya! ¡Suena como si quisieras inculpar a Solo de todos tus errores! –exclamé entrando en desesperación, finalmente-
- Duo…
- ¡No! Ni se te ocurra –susurré mordaz-, dame una buena razón para creerte, que no involucre a Solo.
Sus ojos transparentes estaban fijos en los míos, sin decirme una palabra. Pero supe lo que quería transmitirme… él nunca me había mentido, ¿por qué empezar ahora? Era un cobarde, no un mentiroso. Sin embargo seguía sin poder ser cierto; Solo jamás haría nada de esto, no tenía necesidad, no había razón.
Era una locura, ¿mi teléfono interrumpido por un año? ¿Las llamadas redireccionadas? ¿Las cámaras de seguridad alteradas? ¿Mi firma ultrajada? ¿No era eso como pretender que creyera en que el mundo estaba contra mí? ¿No era eso paranoia? Solo me amaba, me quería con bien, quería que estuviera feliz, ni siquiera me había obligado a quedarme de su lado; irme había sido elección mía. La guerra era elección mía. Él no me había obligado a todo eso… él no me había abandonado nunca, ni siquiera cuando estábamos en desacuerdo.
Sentí las manos del 01 empujándome suavemente contra el escritorio. Me miraba directamente, pero no podía corresponderle. Sus ojos me decían algo que no era cierto, algo que no podía creer, algo que me daba escalofríos.
-… Este no eres tú Duo –me susurró respetando mi espacio personal, sólo apoyándose en las manos para poder encontrar mis ojos-. El Duo que nosotros conocemos es inteligente, tiene carácter, cree.
- Sigo siendo yo… -murmuré sin sentirme muy seguro de nada, ni de mi mismo-.
- No, tienes más miedo de lo normal, estás inseguro, te estás mintiendo.
- Yo no mie-
- Sí mientes.
Sí tenía miedo. Sí tenía mucho miedo. Toda mi vida podría significar una mentira, ¿cómo podría no temer…? Tenía miedo de que la verdad fuera tan dolorosa, que me matase en vida. Tenía miedo de que esta tampoco fuera la verdad, y me doliera doblemente. Tenía miedo de no poder sonreír de nuevo… pero en realidad, ¿cuándo fue la última vez que sonreí realmente? Quizás ya había muerto hace mucho tiempo, no quería saber eso. No, no quería saber nada de esto, prefería seguir mintiéndome, prefería seguir creyendo en otra cosa, prefería…
"La muerte no puede temerle a algo insignificante como la decepción."
"En el fondo sabes quiénes te recuerdan y quienes no…"
"Todos mienten alguna vez. Incluso Solo."
Cuál es la verdad.
Cuál es la verdad.
Cuál.
De nuevo Heero me acorraló en la realidad. Su boca rozando la mía con más suavidad que cualquiera que pudiera recordar. Y entonces tuve más miedo.
-… Ahora no, Heero… -mi voz sonaba baja, débil, y mi cuerpo se sentía igual-.
Pronunciar su nombre me desgarraba el pecho.
- Qué tengo que hacer para que me creas.
Entonces vi sus ojos, tan brillantes y honestos como jamás los había visto. Había en lo profundo de ellos una dulzura que amenazaba con consumirme. Se sentía como si el sentido de la vida y el universo mismo estuviera contenido todo en el interior de sus pupilas, aguardando porque alguien abriera el cofre, y pudiera tocar y sentir el significado de la existencia. De nuestra existencia. Y fue entonces cuando por fin todo tuvo lógica.
Heero jamás mentiría. Yo tenía que dejar de mentir.
Qué ridículo. El calor trepaba a mis mejillas cual damisela enamorada.
- Desgraciado, ¿qué estás haciendo tratando de hacerte el coqueto? –susurré intentando no asustarme ni profundizar más en mis pensamientos. Ponerle gracia a la vida era la única forma de que ella doliera menos-
Vi su cuerpo relajarse, sus ojos cerrarse, y sutilmente la sonrisa delicada y maravillosa comenzó a dibujarse en su boca. Esos labios que sabían besarme a la perfección. Luego su cuerpo se acercó apretándome entre sus brazos.
Pensé, qué bueno que Heero existía y estaba allí.
- No me dejes ir –susurré-.
- Nunca.
Ambos sabíamos a qué me refería. No quería volver a perderme. No quería perder de vista esto que ahora podía ver, y aunque ahora no pudiera realmente pensar en todo lo que mi mente acababa de procesar, sabía que ya no había marcha atrás…
No me sueltes nunca.
Pese a mi sonrisa me dolía el corazón, se estaba desgarrando, pero estaba bien… porque entre los brazos del 01 nadie me podría ver llorar. Porque él sabía ya cuánto me dolía, y cuánto me dolería eternamente.
Por qué, Solo. Por qué.
N/A: Yuush!
Si no les gustó el episodio entonces simplemente no me lean más y ya. Esta es mi historia y se desarrolla como yo quiero ò.o
Ando otra vez jodida con mi internet… *sigh* deséenme suerte.
Bueno, etto… Era medio sabido que Heero rompería la burbuja de Duo. It was a matter of time. It was known. Ahora queda por saber cómo afrontará nuestro trenzado todas estas nuevas sensaciones… porque apenas se enteró, hay que ver qué actitud toma.
Tengo ganas de hacer un especial. Si alguien quiere un especial de The Rape póngalo en el review, lo consideraré.
¡Un saludo enorme, dejen Reviews! ¡Gashiash!
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
2/12/12
[¡El fin del mundo no he de temer! ¡Mayas, Nostradamus vean mi glória!]
