Me desperté, había tenido una horrible pesadilla en la que Edgar me besaba, bueno no era tan malo… Sentí que un brazo me rodeaba la cintura, abrí los ojos y vi a Edgar a milímetros de mi cara, dormido. Pegué un grito y me fui corriendo al otro lado del camarote. ¡Él había estado a pocos milímetros de mí!

-Lydia ¿Estás bien?- Edgar se levantó rápidamente, yo me acurruqué contra la pared para que no me viera, seguro que estaba roja.

-Sí, claro, estoy bien-respondí. Cerré los ojos, oí unos pasos, seguramente los de Edgar.

-¿Qué haces así?-preguntó él. Abrí los ojos y vi a Edgar enfrente mío, no podía decirle que en mis sueños le había besado, seguramente se pondría a reír. Oí un fuerte pitido que sonaba del barco. Edgar me tendió la mano.-Princesa, ya hemos llegado-por una parte oír eso me alivió, seguramente había tenido ese sueño por lo de las hadas, pero me daba miedo bajar del barco y que pasara como con aquél chico, que él se fuera para siempre. Acepté su mano, él estiró de mí para levantarme, pero estiró tan fuerte que me caí encima de él quedando nuestros labios a milímetros y yo no pude evitar sonrojarme. –Todavía piensas en lo que pasó por la noche ¿no?-No sabía a qué se refería, ¿Habría soñado lo mismo que yo?

-¿A qué te refieres?-pregunté separándome de él.

-A nuestra cálida noche, nos fundimos en uno solo, y tú no dejabas de gritar mi nombre…-le di un manotazo.

-Esas bromas son de mal gusto, si no pasó nada, entonces, no digas nada-refunfuñé.

-¿Sabes que golpearme conlleva a un castigo?-preguntó él sonriendo.

-Pero esa broma no se le debe gastar a nadie-dije recogiéndome la falda del vestido… ¡el vestido!, era como el vestido de mi sueño, ¿Y si no había sido un sueño? ¿Y si Edgar me había salvado la vida y me había besado? No, eso no podía haber pasado, pero el vestido… -Edgar, ¿Sabes cuando me puse este vestido?- él tardó en responder.

-Por la noche, cuando volvimos al camarote, estabas empapada y te dije que te cambiaras ¿No lo recuerdas? –así que no lo había soñado, había pasado de verdad.

-No es eso, es solo que… nada déjalo- dije sonrojándome, entonces… el beso había sido de verdad. Me toqué los labios, eran algo más suaves de lo que normalmente eran y todavía tenían el sabor de Edgar.-Vámonos- dije mirando a Edgar, él me miraba algo extrañado y a la vez divertido.

-Sólo por curiosidad, ¿Por qué te sonrojas tanto ésta mañana?- preguntó él. Se acercó a mí y yo empecé a dar pasos hacia atrás hasta chocar con el sofá y caer en él. Edgar se puso encima de mí, me miraba con picardía, nada bueno podía salir de esto, no le podía decir la verdad.

-No lo sé, tal vez porque me doy cuenta de lo hermosa que soy-dije egocéntricamente, él se acercó tanto a mí que nuestros labios por poco se rozan, no me podía mover, me tenía atrapada.

-Puedo ver en tus ojos que no dices la verdad-Edgar se acercó más a mí y me besó. Sentía sus cálidos labios sobre los míos, era una sensación agradable, al principio luché por no sucumbir a esa tentación pero poco a poco me dejé llevar. Dejé paso a su lengua, se sentía dulce pero a la vez algo amarga, empezó a besarme con delicadeza y amor pero luego sus besos comenzaron a ser rudos y salvajes, pero por alguna razón, yo le respondí todos esos besos involuntariamente, no sabía bien lo que estaba pasando, pero en esos momentos, solo podía pensar en la calidez de sus besos, ahora sabía por qué tantas mujeres estaban por él, pero todavía no entendía por qué desde el día que empecé a vivir en el castillo, Edgar ya no deseaba ver a ninguna mujer, o bien era porque no quería simplemente o porqué… me amaba. Mi cara se puso tan roja que parecía un tomate. Sentí la necesidad de ir a más pero volví a la realidad, me separé rápidamente de él, estaba sin aire, no sabía por qué mi cuerpo había respondido a los besos de Edgar, sí, me había gustado, pero se supone que estábamos aquí solo de viaje… Ya lo sé, mi cuerpo había respondido así por el poder de las hadas, pero eso era injusto, ¿Y si Edgar, ahora que ya sabía que me tenía se cansaba de mí?. Edgar parecía confundido, al igual que yo, pero me recompuse rápido, me liberé de Edgar y rápidamente me fui del camarote. Al salir me encontré con el capitán.

-Ten cuidado, Lydia. Es ahora cuando todo puede cambiar- dicho esto se marchó. Me quedé parada en medio del pasillo " Es ahora cuando todo puede cambiar" ¿Y si el capitán tenía razón? Debía volver rápido al camarote y salir del barco con Edgar, no quería que las cosas entre nosotros cambiaran, ¡Por qué demonios tenía que coger Edgar un barco hechizado! Volví al camarote y vi a Edgar que estaba echado en el sofá.

-Lydia yo…-me miró, parecía nervioso-…lo siento mucho-dijo al fin.

-No te preocupes ahora por eso-dije acercándome a él, después de todo, yo también había caído en el juego, además, si empezábamos con eso, sería como la historia que el capitán me había contado-también fue mi culpa –le cogí del brazo y empecé a tirar(N/A imaginaros a un perrito tirando de la manga de su dueño), parecía un perrito.

-¿Qué te pasa?-dijo él soltándose.

-Solo quiero irme ya de este barco-dije volviéndolo a coger.

-Ya, los momentos en este barco han sido demasiado horribles ¿no?- ¿Qué estaba diciendo?¿Era esto a lo que se refería el capitán con lo de antes?

-Te equivocas-me sonrojé, no quería admitirlo, pero si tenía que elegir entre admitirlo o perderle, prefería admitirlo- los momentos vividos en este barco han sido maravillosos.

-Sí es eso cierto, bésame y nos marcharemos de aquí-¿Qué? ¿Por qué debía hacer eso?. Respiré hondo, me acerqué poco a poco a él y le besé, noté como me rodeaba con sus brazos y me atraía hacia sí delicadamente, como si temiera que me fuera a romper, como si fuera solo una ilusión. Su beso era tierno, pero se notaba una pizca de diversión en él. Después de un rato me separé de él, me volvía a faltar la respiración pero no me arrepentía de haberlo besado.

Él se levantó finalmente del sofá, me cogió de la mano y salió conmigo detrás.

-¿Por qué me tienes cogida la mano?-pregunté con curiosidad.

-Para que todos sepan que eres mía y de nadie más-contestó él. Bajamos del barco para ser recogidos por un carruaje negro con unas letras doradas en las que ponía E&L, estaba feliz de haber bajado del barco junto a Edgar, al final, no nos había pasado nada…malo.

Seguiré subiendo más capítulos, espero que les esté gustando. No se priven de comentar