Ya después de estar un rato en el carruaje pasamos por un castillo.

-Dios, no me digas que vinimos hasta aquí para estar en otro castillo-murmuré.

-No te preocupes, he comprado una casita a las afueras por si quieres también…-empezó a decir Edgar, pareció haber visto algo por la ventanilla del carruaje.

-¿Qué pasa?- pregunté.

-No pasa nada- contestó Edgar- solo se me acaba de ocurrir una idea…- vale, las ideas de Edgar eran peligrosas.

-¿Qué idea?- pregunté. El carruaje frenó y me caí encima de Edgar. Él me ayudó a ponerme en mi sitio otra vez y se acercó a mí. Mi corazón empezó a latir a mil por hora.

-Te quiero, ahora- dijo en mi oído, mis ojos se abrieron como platos.

-¿¡Qué!?- aún con el carruaje en marcha abrí la puerta y salté fuera.

-Lydia…-su voz era dulce y embriagadora. Él se bajó también del carruaje –Tú me conoces, sabes que no te haría nada malo al no ser que tú quieras…

-Pues te debo conocer mal, porque yo creo que si quisieras serías capaz de hacerlo con cualquiera en cualquier momento-dije alejándome un poco de él.

-Bueno…eso significa que si fuera como tú dices, hace mucho que te habría tenido-dijo él acercándose.

-Sí, pero tú solo quieres que sea tu doctora y punto final-dije.

-Eso no es cierto, y ahora te lo voy a demostrar.-Él me cogió de la mano y estiró hasta tenerme a milímetros de él.

-Edgar ¿Qué vas a hacer?- pregunté con miedo. Él me hizo mirarle a los ojos.

-Ahora lo sabrás-se acercó a mí, mi respiración se aceleró, él estaba a punto de besarme, se acercó un poco más y me besó en la mejilla. Se empezó a reír –deberías haber visto tu cara- dijo separándose de mí.

-Te crees muy gracioso ¿No?-pregunté algo enfadada.

-Lydia, pronto sucumbirás a mis encantos, estuviste a punto de hacerlo en ese barco…

-¿De qué estás hablando?-me puse roja.

-Anda Lydia, como buena esposa hazme caso y sube al carruaje-dijo Edgar, yo asentí y empecé a caminar.

-Espera un momento, ¿Has dicho esposa?-eso me enfureció.'

-Todos creen que eres mi esposa, así que no deberíamos defraudarles ¿No crees?- Yo subí al carruaje.

-Te odio-murmuré.

-Por favor Lydia, todos saben ya que estás loquita por mí, deberías aceptarlo-dijo Edgar entrando en el carruaje.

-Ni siquiera te mereces poder hablarme, con tus malos modales…- Él empezó a reír más fuerte, yo me puse a mirar a cualquier lado menos a él. Después de un rato, llegamos al sitio, había una casita con un molino de agua, estaba rodeada por un campo con tulipanes amarillos, rojos, blancos…era una vista preciosa-Edgar, para qué hemos venido a esta isla si se puede saber…

-Solo quería pasar un tiempo contigo fuera del castillo, donde siempre estábamos rodeados de gente, además, tú padre siempre estaba a tu lado, así que no podía permitirme tenerte entre mis brazos…

-Ahora tampoco podrás-dije yo, antes de darme cuenta, estaba entre sus brazos, yo me intenté jalar pero no pude.

-¿Y quién me lo va a impedir, si se puede saber?

Seguiré subiendo ;)