The Rape

Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora?! ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!

Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.

Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.

No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.

Parejas:Más entrada la trama definiré eso.

Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.

Comillas: ' '

Diálogos:- -

Pensamientos: " "


-~-~-~- Capítulo 21 -~-~-~-


Jesús, qué había pasado con el mundo. Los últimos días todo se había puesto de cabeza, y lo único que me preocupaba era qué sería lo que Solo estaba tramando. Qué pretendía con llamar a Heero y tentarlo a un ataque suicida. Por qué no había venido por mí, ¿sabría ya que me habían contado la verdad? O al menos, su versión de la verdad, muy convincente por cierto. Yo tendría que volver en algún momento… la duda que tenía ahora era cuánto tiempo me quedaba aquí, cuánto más podría tratar de aislarme de todo, cuánto tiempo más tendría al alcance de mi mano la sensación de seguridad que ahora me embargaba.

No me gustaba admitir que Heero me hacía sentir seguro. Tampoco me gustaba admitir que le creía. Menos me agradaba la idea de tener que enfrentar a Solo y cuestionarlo por todo hasta saber cuál de los dos me mentía. Muy en el fondo ya sabía que Solo es quien mentiría, o eso era lo que ahora quería creer…

Suspiré cerrando los ojos. Tenía algo de calor… ¿hasta cuándo me abrazaría como si temiera que me fuera? Comenzaba a sofocarme. Heero… ¿qué será lo que en verdad quieres?

"Te extraño".

Oh Dios. No quiero recordar eso. No quiero pensar demasiado en que acabamos teniendo sexo de nuevo, o peor aún, porque el término sexo se sentía extraño en esta oportunidad. Sólo de recordar el calor de su mano sobre la mía, el tono de su voz diciéndome "te extraño", su boca sobre la mía, o la sensación de su cuerpo buscando acomodarse entre mis piernas…

Maldición. Eso no era sexo en absoluto. Maldita sea con este tipo. ¿Por qué tenía que ponerse romántico en una situación así? ¿Por qué tenía que pasar de los celos extremos al romance extremo? Quisiera poder golpearlo. No se me había declarado formalmente pero sin embargo tenía ese tipo de actitudes confusas, ¡No, no eran confusas! Es que él era demasiado cobarde para decir abiertamente lo que sentía. Podía decirme cosas cursis como que me extrañaba pero no tenía el valor para decirme "te quiero", "me gustas", "te amo", ¡Algo!

Era imposible saber si me quería de amante, si me quería de amigo con derecho, si quería otra cosa…

Sentí su brazo apretarme un poco más contra él y supe que estaba despierto. Me volteé con cuidado de no destaparnos, todavía pensativo.

Si iba al caso, eran cosas como las de hoy las que me hacían creerle. Ser capaz de estallar en celos, y luego poder amainarse y relajarse… Era casi como si yo tuviera poder sobre él. Y tener poder sobre alguien como Heero era prácticamente imposible, ¿entonces qué era? ¿cómo llamar a la sensación que obtuve cuando nos quedamos a solas? ¿tendría algún nombre? No era el deseo, ese era distinto y llevaba al sexo; tenía que ser algo más emocional. Quizás él tenía algún fetiche que nunca supe y ahí estaba la clave de por qué no comprendía algunas cosas.

Fetiche… ¿en serio, Duo? ¿Qué carajo estoy pensando? Heero no tenía fetiches.

- Heero –llamé volteando mi cabeza para verle. Sus ojos se abrieron un poco, lentamente; parecía medio dormido-, ¿tienes algún fetiche?

Su ceño se frunció, supuse que no me comprendió. Luego de unos segundos se recargó en su brazo, quedándose de lado sin quitarme la mirada de encima. Pensé que seguramente sí había estado dormido.

-… ¿sabes lo que es un fetiche? –cuestioné lentamente-.

Ni siquiera sabía qué tanta experiencia en sexo tenía como para poder preguntarle estas cosas. Aunque más que yo, seguramente tenía.

- Sí –afirmó relajándose un poco, aunque todavía se le veía confundido-, pero no.

- ¿No tienes? Mhm.

Entonces quizás sólo eran de esas cosas que no conocía de él, que nunca me había enterado. Como me había dicho, tenía un preconcepto de él erróneo. Todo lo que creía bien podía ser mentira, todo lo que había dado por hecho. Quizás por eso no lo comprendía, y era un poco decepcionante… siempre había creído ser el que mejor lo entendía, y ahora resultaba que no. ¿Existía alguien capaz de entender completamente a Heero? Quizás no… ¿De qué valía el entendimiento, de todas formas? Quizás con la aceptación alcanzaba. O quizás no.

- ¿Qué estás pensando?

Volteé a verle un momento. No podía decirle que pensaba en él, en nosotros haciendo el amor, o en que me preocupaba no conocer nada de él. Todo eso sería demasiado cursi y no quería terminar en el papel de mujer. Emocionalmente hablando. Físicamente ya era otro asunto… ni siquiera había podido elegir.

- En que nunca te me confesaste –le respondí finalmente-.

Disfruté con creces la manera en que sus pensamientos se bloqueaban, alejaba la mirada de mi e intentaba fingir que nada sucedía. Siempre que tocaba el tema su reacción era la misma, y ya más que enojarme, me causaba gracia. ¿Sería que esta era su forma de reaccionar ante la vergüenza? Era muy infantil. Estaba bien en realidad, no había que apresurarnos… el problema ahora era la guerra, Solo, su traición; si todo eso se arreglaba tendríamos mucho tiempo para hablar de lo demás, y presionarlo si era necesario para obtener una respuesta clara.

Me senté en la cama y me estiré buscando mi camisa a los pies de la misma. Entonces su mano detuvo mi brazo, luego de que pasé las mangas de la prenda. Le vi mirarme desde la cama, recostado aún, con esa mirada profunda e intensa suya que tan bien conocía.

-… ¿Eso quieres? –me preguntó sin soltarme, aunque su agarre era de esos que me gustaban, suaves y firmes-.

- ¿Qué cosa? –su mano tensándose y esa inquietud en el fondo de sus ojos me dijo sin palabras a qué se refería. No pude ocultar mi nerviosismo, él estaba siendo demasiado serio al respecto- A-Ah… no… -balbuceé prendiéndome los botones de la prenda mientras intentaba encontrar una mejor respuesta que esa-. Sólo es curioso… y creo que algo complicado. Quiero decir… -me acomodé para verlo de frente. Su mano que me había dejado ir volvió a atraparme-. En este momento es algo complicado, pienso… qué es lo que realmente sé de ti, y que quizás lo que creo está mal, entonces… qué será lo que realmente quieres…

Decir en voz alta lo que pensaba me dejaba en blanco. La sensación me era ajena, extraña, ¿alguna vez había hecho esto? ¿Cuándo? El recuerdo no venía a mi mente. No podía dejar de pensar en qué tipo de relación tenía con Heero, para permitirme algo así…

- ¿Quizás te estoy leyendo mal…? –susurré más para mí mismo-

Sí, era eso. Quizás toda mi vida había interpretado mal sus señales, quizás había querido pensar de él una cosa y me había obsesionado con ello. Quizás todo eso estaba mal ¿Exactamente qué parte de mi pasado estaba bien? ¿Había algo rescatable? Sabía que el periodo contra OZ era algo real, algo tangible…

Alcé la mirada justo para verlo recargarse en su brazo derecho, ahora más cerca de mi rostro. Ni siquiera me di cuenta el momento en que cerré los ojos y sentí la suavidad de su boca apoyarse en la mía.

- Todavía estás demasiado inseguro.

Incapaz de verle a los ojos, mis manos lo sostuvieron por la cintura y pequeños detalles comenzaron a llamar mi atención, como la forma de su pecho, algunas de las cicatrices que antes no había notado, el tono exacto de su piel…

- ¿Debería sentirme seguro, entonces? –le pregunté delineando con la vista sus clavículas; cuanto más lejos de sus ojos mejor, así evitaría sentirme indefenso, o peor, avergonzado-.

Sus manos me sostuvieron y me jalaron más cerca, intentando guiarme hacia su regazo. En un descuido alcé la mirada sin entender qué era lo que quería, pero sus ojos no me decían nada esta vez, sólo estaba allí esa tremenda seguridad y autoconfianza que siempre había tenido. No pude aguantar mis propias ganas de besarlo, me dejé hacer, acomodándome con una pierna a cada uno de sus lados y su boca finalmente fue mía, exactamente como la deseaba.

Me gustaba cuando respondía de la forma en que quería sin siquiera tener que sugerirlo. Como cuando su boca se abría junto a la mía, cuando me permitía probar más sin quejarse, o la manera en que sus manos me atraían más contra él cuando los labios ya no podían juntarse más. El calor de su piel contra la mía, la maravillosa sensación de sensibilidad a su tacto, o de adicción; el aroma de su piel, su presencia tan intensa saturando mis sentidos. Podría besarlo por un buen rato sin cansarme. Entendí que la suavidad y la firmeza de su agarre en mis manos no se limitaba únicamente a ello, estaba en todo su ser, todo en él podía ser suave y firme, tosco y cálido, frío y pasional.

Sabía que estaba mal lo que hacía con él, sabía que era injusto para los tres, pero era imposible detenerse cuando estaba así. Y pronto todo acabaría, pronto uno de los tres debería desaparecer del mapa para que las cosas volvieran a tomar lógica. No podíamos seguir en esta situación, la culpa tarde o temprano acabaría por destruirme, y en algún momento ninguno de los dos podría perdonarme más… pero ahora era inevitable. Su carácter me atraía, no Heero, sino su forma de ser y mirar; tenía sobre él algo que no podía explicar. Aunque era consciente que no me podían gustar los dos… a alguno debía renunciar.

-… Tengo que irme –le susurré a un par de centímetros de su rostro. Su protesta fue evidente, aunque había más exaltación-. Iré a ducharme y a comer algo, no cené, ¿recuerdas…?

Aflojó su agarre con renuencia, lo volví a besar una vez más, y me puse de pie buscando la ropa que me había quitado hacía varias horas atrás.

Mi estómago ya no estaba tan sensible, tan cerrado. Los nervios y la angustia habían menguado un poco, pero la inseguridad, tal como Heero había dicho, seguía allí. Me convencía una y otra vez de que no podía sostener esa situación por más tiempo aunque me parecía inútil, simplemente no quería dar resultado. Quería sólo relajarme un poco, no había más qué pensar. Quería poder comer y reponer fuerzas, descansar por todo lo que después no podría, entrenarme para permanecer fuerte.

Volteé hacia la cama una última vez y él aún estaba allí, sin ganas de irse a ninguna parte, sentado al borde del colchón con la punta de mi cabello entre sus dedos. Ni siquiera había notado el momento en que lo agarró y se lo llevó cerca del rostro. Sus ojos me miraron fijo después de un rato, tenían ese nó-sé-qué mezclado con seguridad e intensidad. Me permití besarlo de nuevo sólo por gusto, porque sus ojos me atraían mucho, porque no podría quitármelo de la cabeza si no lo hacía. Su mano soltó mi trenza y se colocó sobre mi mejilla apenas estuve cerca; lo sentí tan puro y transparente…. Si tan sólo…

- Nee… Heero –tenía que confirmarlo, tenía que confirmar la diferencia- ¿quién crees que soy?

Simplemente dejó pasar cinco segundos para fruncir el ceño y contestarme de la peor forma:

- Un dolor de cabeza.

- ¿Qué demonios? ¿Qué quieres decir con eso? –le seguí con la mirada mientras él se ponía de pie y comenzaba a vestirse-.

- Te metes fácilmente en problemas, no aceptas consejos ni ayuda de nadie; tienes demasiado ego, demasiada autoestima…

- ¡Eso no es cierto! ¡Te pregunté en serio!

¿Por qué demonios este tipo me salía con todas estas estupideces? ¡Ni siquiera se asemejaban a la realidad! Me estaba haciendo enojar el modo en que lo decía como si fuera lo más normal del mundo, mientras se vestía sin siquiera mirarme. Finalmente cuando volteó prácticamente me contestó un tú querías saber mudo, algo que sólo consiguió hacerme enojar.

- ¡No, no me mires como si fuera mi culpa! ¡No tengo ego, ni mi autoestima es tan alto! –le espeté señalándolo acusadoramente- ¡Para empezar, si fuera así no estarías diciéndome que estoy inseguro, que tengo miedo, ni que me extrañas, ni estarías intentando atarme a ti a cada instante! ¡Si de verdad fuera un dolor de cabeza me apartarías de ti y no andarías avergonzándote cada vez que te recuerdo tus propias emociones!

Mierda, esta vez no se avergonzó como quisiera. Me siguió viendo ya con los pantalones puestos, con esa impenetrable y fría mirada suya.

- Precisamente –me respondió lentamente-.

- Precisamente qué.

¡Su respuesta no tenía ni pies ni cabeza!

- Precisamente porque ya no actúas así, es extraño.

- ¡Eso no tiene sentido! ¿Soy un dolor de cabeza o no? ¡Heero!

Mis ojos no se despegaron de él mientras levantaba su camisa, pasaba los brazos por la prenda, y se acercaba a mí. Cuando me tomó de la mano retrocedí un paso porque supe lo que iba a hacer y no quería, quería una respuesta, no evasivas. Aun así su otro brazo me tomó por la cintura y me apretó contra él robándome un beso indeseado que sólo logró ofuscarme. Se apartó rápidamente cubriéndose la boca con el dorso de la mano izquierda apenas lo mordí y el gusto metálico llegó a nuestras bocas.

- Me estás evitando el tema –le dije luego de limpiarme los labios con la misma saliva de mi boca-.

Sus ojos casi centellaron, aunque no estoy seguro de si era por el enojo o por algo más. Le apostaba a lo primero por su entrecejo fruncido y su posición defensiva. Me costó oponerme cuando con movimientos rápidos y toscos me empujó contra la cama con él sobre mí, y allí me obligó a responderle el beso, intenso, tanto que ahogaba.

- Heero, ¡quítate! –protesté cuando su boca me dejó ir para descender por mi cuello-

- Eres un dolor de cabeza porque das vuelta mi mundo –escuché que me susurró mientras su boca húmeda dejaba marcada la piel cerca de mi clavícula-.

Casi suspiré. No sabía bien cómo interpretarlo, pero de alguna manera parecía tomar cierto sentido. No pude pelear más con él, mi mente se perdió entre sus palabras y divagó.

¿Extrañaba que pusiera su mundo de cabeza? ¿Extraña que le diera dolor de cabeza? ¿Extraña que lo obligara a jugar juegos que no le gustaban e ir a lugares que detestaba? ¿Qué sentido podía tener eso? Lo peor era que en lo profundo de mí, yo también extrañaba esos tiempos en que podía hacer y deshacer sin cuestionarme, sin miedo; extrañaba arrastrarlo y hacerlo enojar, sofocarlo y obligarlo a ir a lugares que sabía que no disfrutaba. Si pudiera volver al pasado me gustaría regresar a esa época… y entonces supe que él también. Y me pregunté si era posible siquiera pretender que habíamos vuelto.

Reaccioné cuando lo vi sostenerse sobre mí con ambos brazos, viéndome fijamente, pero ya más tranquilo. No, no era tranquilidad, era un deje de nostalgia… aunque yo quisiera negarme a verlo. Me recargué en los brazos mientras él se quitaba de encima dejándome el camino libre; no quería, pero tenía hambre, me urgía ir a la cocina. Me metí en el baño acomodándome las mangas de la camisa, una vez allí me terminé de acomodar e higienizar en busca de refrescarme, y ya salí del cuarto echando un último vistazo atrás. Él seguía en la cama mirando al techo.

Me pregunté si pensaba en lo que yo creía, se veía concentrado en lo suyo.

Observé los alrededores durante mi recorrido, buscando personas o cosas que me dijeran si algo nuevo había sucedido. El turno nocturno era exactamente igual al turno matutino, excepto por los rostros, los cuales desconocía en su mayoría. Solamente me serví un café con leche, le puse un poco de azúcar, y volví a mi camino. Pensaba en perder algo de tiempo en alguna otra parte antes de ir con Heero, ambos necesitamos algo de tiempo a solas. Estar pegados todo el día no era a lo que estábamos acostumbrados, él tenía sus cosas con qué lidiar y yo las mías.

Apenas pisé el hangar encontré a cierta persona que me desagradaba, el nuevo cadete (no tan nuevo) que nos había acompañado a Sank. Nos miramos un largo rato, yo fui quien desvió primero la vista hacia las unidades de combate y me acerqué al Wing. Desde que le había instalado el Sistema Zero le había tomado cierto cariño, además ya no contaba con mi Deathscythe, él había vuelto al mundo de los muertos. Caminé hasta estar cerca de la cabina donde me recargué, me deslicé, y quedé sentado contra ella con el café a un lado.

Sólo entonces mis ideas se desviaron al pasado no tan lejano cuando escuché por boca de Wufei acerca de Kiev; me pregunté si mi instinto me había fallado en esa oportunidad, si realmente debía temerle, o si en realidad era inocente de toda culpa. Pero no tenía la respuesta, ni la tendría pronto seguramente. Hasta que alguien lo encontrara con las manos en la masa o el sujeto era muy bueno limpiando sus huellas o era inocente.

Era desagradable intentar aceptar que le instinto me había fallado.

Equivocarme con Kiev sólo era una consecuencia de haberme equivocado con Solo. Quizás me haya equivocado con ambos, quizás tenía mi instinto de cabeza, quizás, quizás, quizás… Quizás todo fuera un sueño y no puedo despertar de él; quizás estoy en coma desde hace años. Todo era posible a este ritmo. Debía suponer que esta era la realidad, que Heero tenía razón, que Solo pretendía usar y matar a Relena… aunque fuera difícil de imaginar, ¿qué haría yo? ¿Qué quería hacer? ¿Quedarme sin hacer nada y dejar que los demás hagan el trabajo? Conocía de memoria el plano interno del Warpeace, y también tenía una idea del diseño del Hellburn, además del Nightmare…

Cerré los ojos bebiendo algunos sorbos de la taza. Quizás si me concentraba lograba descifrar qué era lo que mi corazón realmente quería hacer.

"No existe algo como la inmortalidad, lo que nace eventualmente morirá.

¿Podemos vivir únicamente en una caja llamada "destino"?"

"Mientras vague en una caja, me pregunto adónde debería ir.

Las cadenas que no puedo ver atadas en mi pecho acumulan el peso de la experiencia,

Una alegría sofocante."(1)

Revisé una vez el mapa que había diseñado en el gran papel a puro lápiz. Las medidas no eran exactas pero era útil. Además nunca me había caracterizado por ser un buen dibujante. Lo que más tiempo me había llevado era revisar el cuarto en busca de las cámaras de seguridad y los micrófonos que afortunadamente no encontré. Hacer el diseño había sido lo más simple de todo, pese a mis errores y trazos poco prolijos; simplemente debía recordar las veces que caminé por los pasillos para que mi mano se moviera sin que tuviera que pensarlo dos veces.

Ni siquiera alcé la mirada cuando sentí la puerta abrirse. Las voces del pasillo que se detuvieron cuando me vieron quedaron como una ilusión, y yo ya sabía quiénes eran.

Lo importante no era eso, lo importante era que terminara el plano a tiempo suficiente para realizar el siguiente movimiento. Debía invertir todo mi tiempo en dejar las cosas listas para cuando yo me fuera, porque era un hecho que debería irme, y no sabía si volvería vivo siquiera aunque planeara hacerlo. Solo tarde o temprano vendría por mí, o me daría la oportunidad de escapar. Cuando eso pasara yo debía tener un backup entre los documentos de Heero para asegurarme que él supiera cómo moverse luego; un ataque directo al Warpeace no funcionaría, ya fuera porque yo lo custodiara o porque el Hellburn lo hiciera. Lo importante era sacar a Relena y a Clovis; de Solo, de mi pasado, de sus errores, de Yutira, y de los Gundams restantes, me podía encargar por mi cuenta. Pero Preventers no podía formar parte… por las dudas.

Al menos hasta que supiéramos que Preventers no era la causa de todo este desastre.

Por eso debía acabar primero el plano de la nave y las instrucciones para ingresar en ella.

Yo no podría sacar a nadie de allí por mí mismo. Era imposible. Necesitaba ayuda externa. Y así los pilotos Gundams me traicionen o no emocionalmente, ellos no podrían traicionar la paz, porque para eso fuimos creados. Ellos debían tomar a Relena y los dirigentes políticos y ponerlos a salvo. A salvo de Solo y a salvo de Preventers. Lo demás era sólo un extra que cargaba en mi espalda… y que me llevaría a la tumba.

Kiev era parte de Preventers y estaba excluido de mi plan. Siempre habíamos logrado todo nosotros cinco, y seguiríamos así.

La vida que yo había querido proteger era la de Solo, no la del mundo entero; pero tampoco podía dejar al universo a la deriva. La única manera que se me ocurría para conciliar ambos problemas era esta… separando los problemas, aislándolos, y resolviéndolos sin que se mezclaran. El momento en que todo se había vuelto confuso era el preciso instante en que lo laboral y lo personal se entreveró. Cuando Solo dejara de ser una amenaza para la vida en el universo, cuando fuera sólo mi pesadilla y no la de nadie más; cuando los problemas de los demás estén resueltos por otros líderes, ese será el momento en que mi embrollo de emociones se calme y logre estabilidad.

Doblé la hoja gigante para revisar el plano que se encontraba debajo. Había sido más fácil realizar piso por piso en cada hoja, porque no tenía mucha imaginación y era más práctico. Sombreé un par de cuadros y les puse nombre, incluso señalé un par de pasillos, y volví al piso superior para marcar las habitaciones más importantes.

-… ¿Planos? –escuché a Quatre en una esquina de la mesa-

- Del Warpeace.

Entonces supe que Heero estaba frente a mí estudiando el diseño y la disposición de los pasillos.

Habían dos cosas que no pondría en estos dibujos: la sala de control y el piso privado de Solo. Ese era problema mío, no de ellos.

- Ustedes entrarán por el primer piso –les indiqué moviendo las hojas hacia la base de la nave, donde estaban los hangares de carga, justo arriba de los salones de mantenimiento-, o por el segundo –remarqué con el lápiz algunas de las entradas más fáciles de usar-; son los dos pisos con mayor movimiento, así que van a tener que ir por la ventilación… aquí, o aquí. El objetivo está en el tercer piso, pero trataré de moverlo al segundo piso donde están los transbordadores.

Di vuelta un par de hojas buscando las habitaciones particulares en donde Relena pasaba el tiempo, y el área en dónde se encontraba Clovis encerrado bajo llave. Él era un poco más difícil de manejar.

- Una vez que Relena y Clovis estén fuera de la nave van a tener que exiliarse hasta que Preventers se defina.

Me pregunto cuánto tiempo tomará descubrir la verdad detrás de eso…

- ¿Definirse? –escuché la inquisitiva voz de Trowa a uno de mis costados-

- Entiendo –asintió Wufei memorizando lo que sus ojos veían-, hay que mantenerlos a salvo hasta que sepamos qué rol juega Preventers. Estuve investigando al respecto, pero no tengo información contundente.

- Hay que robar los Gundams –intervino de nuevo el 01-.

- ¿Cuándo haremos esto? –preguntó de nuevo el 03-

- Cuando Solo venga por mí –le respondí automáticamente, pensativo-; no puedo ir sin que él se mueva primero, se daría cuenta… hay que aprovechar la confusión del enfrentamiento.

Aunque no quisiera, sabía que estaría atado a él de por vida. Fuera culpable o inocente, hubiera arruinado o salvado mi vida, fuera o no fuera el Solo que yo conocía, de todas formas estábamos atados el uno al otro. Todo lo que él hiciera o dijera de ahora en más siempre influenciaría mi pensamiento, no podría liberarme totalmente. Pero no era dependencia… era miedo. Miedo porque sabía que él podía adelantarse a mis planes por mucho, miedo de que pudiera leer entre mis acciones y descubrirme aún antes de comenzar a hacer algo, miedo de nunca tener real libertad. Y resignación porque no había nada que pudiera hacer para contrarrestar eso.

- El Warpeace tiene seis pisos –sentí de nuevo al piloto del Wing, mientras me sacaba el lápiz de las manos y trazaba un par de líneas que intercomunicaban los pasillos, como intentando encontrar una ruta segura-.

- Los demás no importan, la tarea principal es sacar a los rehenes, no matar al comandante –le espeté imitándolo cuando se sentó en la silla aún sin mirarme-.

Me recargué en el asiento dejándolos estudiar tranquilos mis dibujos, e inevitablemente acabé jugando con la punta de mi trenza, ido. Intentar pensar qué haría Solo para dejarme escapar era agotador, no tenía idea de si se infiltraría dentro de la base, si la atacaría abiertamente, si amenazaría, si me contactaría en privado… además necesitaba un medio de transporte, ¿debería robar un Taurus para llegar hasta allá? Mi Gundam ya no estaba…

¿Cómo destruiría el Hellburn sin herir a Yutira? ¿Y el Nightmare?

Mi problema con Solo ni siquiera debería involucrar Gundams, ¿por qué todo había ido tan lejos? Debía eliminar todas las distracciones que se me cruzaran en el camino, eso incluía a cualquier posible facción militar. La única forma de resolver mis problemas era sentándolo en una silla y hacerlo hablar… y luego decidir. De todas formas en algún momento había querido vivir una vida pacífica con él… para la paz no se necesitan armas, se necesitan personas como Relena.

Aún intentaba aferrarme a la idea de que Solo no me había mentido.

Veía a Quatre hablar e indicar cosas, pero mi mente era incapaz de prestar atención a sus indicaciones, o a sus labios moviéndose con cada palabra. Era mejor si no prestaba demasiada atención, tenía la sensación de que pronto debería irme. Si me encariñaba con el sentimiento de unidad sería más complicado realizar mi trabajo, lo que debía hacer para aclarar las cosas. Me pregunto si podría convencer a Solo de huir lejos, cambiar de identidad incluso, con tal de estar juntos… me pregunto si yo tenía ese poder sobre él.

Mi corazón tenía una sensación extraña. Quería que quedase sin identificar.

Antes de que me diera cuenta más de una hora había pasado desde que los otros cuatro entraron en la sala. Me levanté algo entumecido, había pasado todo el último tiempo sentado en la misma posición sin siquiera intentar reacomodarme un vez. Mi cabeza daba vueltas por la falta de sueño, por la falta de una buena comida (estaba a café desde que dejé el cuarto de Heero) y todo comenzaba a hacer repercusión en mi estado físico.

- Que nadie lo vea, no quiero problemas –les susurré encaminándome hacia la puerta-.

- ¿A dónde vas? –no podía identificar quién me preguntó, quizás Quatre, porque no sonaba tan frío y seco-

- A dormir…

Esta vez esperaba que estudiar una estrategia mantuviera a Heero lo suficientemente ocupado mentalmente para recordar acosarme, despertarme, obligarme a entrenar mi respiración (su técnica de sexo era infalible) y luego mantenerme despierto quién sabe cuánto tiempo extra. Necesitaba descansar. Él sí había podido dormir más temprano. Con un par de horas me sentiría como nuevo, sin los malestares, ni la debilidad, ni la jaqueca.

Me detuve luego de unos cuántos metros sin saber a qué dirección ir, si a mi cuarto, o al del 01. Lo dudé eternos minutos mirando en dirección a donde quedaba la habitación que me habían asignado. Ir a mi cuarto me brindaría tranquilidad y la probabilidad de que me despertaran era menor, pero a pesar de ello decidí girar en dirección la otra habitación, en la que había pasado la noche anterior. Sabía que no estaba bien, pero las decisiones estaban tomadas y lo que menos quería era deprimirme, sentirme solo, ahogarme en angustia; quizás estando allí un poco de su seguridad se impregnaría en mí y me acompañara en mi nuevo trayecto. Si tan sólo pudiera llevar conmigo una parte de él, a todas partes…

Desperté definitivamente, luego de tres o cuatro intentos de aterrizaje mental en la realidad sin lograr hacer efectivo mi despertar, como a unas doce horas de haberme dormido. Recordaba vagamente, casi como un si fuera parte de un sueño, al 01 entrando en la habitación y recostándose a mi lado; luego también sentí el momento en que se levantó, pero eso fue hace horas atrás. Tenía ganas de quedarme en la cama, pero me urgía ir al baño y comer.

Mientras me levantaba lentamente, soportando un profundo mareo, me pregunté si había hecho algo la última semana a parte de dormir, comer e ir al baño. No me recordaba haciendo alguna otra actividad. Apenas saldría de la habitación, si no fuera porque no nadie me traería de comer si yo no iba en su búsqueda. Me sentía haciendo un retroceso a la época en que Solo me tenía en aquel cuarto gris sin ventanas, donde mi vida se reducía a comer, ir al baño, dormir, y con suerte leer o tener contacto físico con mi captor. ¿Por qué estaba volviendo a lo que precisamente más odiaba? ¿Era una forma de autocastigarme, o simplemente se trataba de depresión?

Regresé a mi habitación en busca de una muda de ropa y me metí bajo la ducha para borrar los restos del cansancio, asearme, y despertarme del todo. Mi cabello hecho una maraña de nudos tomó la mayor parte del tiempo. El sólo lavarlo, en tres pesadas tandas para asegurarme que obtuviera una limpieza profunda, consumía más de quince minutos; luego debía agregar la media hora para peinarlo y deshacer cada mata. El agua caliente cayéndome en la espalda era relajante, me hacía desear quedarme allí horas enteras sin hacer nada en particular. ¿Cuándo fue la última vez que me bañé sin pensar en los problemas?

Todavía empapado vestí una ropa interior y pantalones limpios. El agua se escurría por las hebras de cabello empapando la cama, a pesar de las toallas que estaban sobre ella intentando impedirlo. Sentí un par de golpes en la puerta mientras ataba los cordones de las botas, pero no tenía ganas de levantarme así que sólo pronuncié un monótono "Está abierto".

- Heero –saludé al verlo por sobre mi flequillo mientras apretaba el nudo de mis botas para proceder a secar mi largo pelo. Con ese vistazo noté sus pantalones negros y su remera ajustada blanca, casi presuntuosa-.

Estuve concentrado en escurrir y separar los mechones durante un largo tiempo en que no le escuché decir ni una palabra. Al final de un rato alcé la vista encontrándolo recargado en la puerta, sólo observándome, esperándome quizás. Opté por guardar el mismo sabio silencio. El trenzado fue más fácil que el resto, mis brazos ya estaban acostumbrados al trabajo haciéndolo en modo automático. Cuando terminé me estiré buscando la camisa –alguien se había apiadado de mí y había traído una negra, a pesar de seguir teniendo el logo de Preventers.

- ¿Algo nuevo? –le pregunté cuando los botones estuvieron prendidos y me tuve que poner de pie para acomodar la prenda dentro del pantalón, ajustando nuevamente el cinturón-

- Un mensaje –me respondió apartándose de la entrada-.

- Bien –asentí pasando por su lado para salir-, ¿qué dice?

- No mucho…

Realmente debía ser insignificante para que él estuviera calmado. De todas formas pretendía escucharlo o verlo para asegurarme que realmente no tuviera nada entre líneas. No estaba seguro de cuál era su intención, si sabía que me dejarían escuchar el mensaje, o si creía que estaba aislado de las decisiones importantes.

Me sentía bastante mejor después de dormir. Mi cuerpo un poco más ligero, el mareo desaparecido.

- ¿Crees que podamos pasar por la cafetería por algo de comer? -le consulté sin siquiera pensarlo mientras caminábamos por el pasillo-.

Su mano me detuvo por el brazo sin ejercer presión haciéndome voltear hacia él, apenas un paso rezagado.

- ¿Heero? –llamé notándolo instantáneamente algo preocupado, con la mirada lejos de mí. Me di cuenta que algo andaba mal, por su silencio al entrar, su pasividad, y ahora esto-.

Retrocedí a su avance quedándonos contra la pared, su boca buscando con ansiedad mi cuello y haciéndome tensar, casi temblar. Era un lugar poco propicio para intimidades. La respiración se me entrecortó mientras lo dejaba hacer.

- Dime qué pasa –le exigí sin apartar su cuerpo, dejando que sus manos me sujetaran por la cintura con la misma firmeza de su carácter. Pero no escuché su respuesta-. Hee…

- Sht.

Entonces me besó, o más bien nos besamos, porque no hubo reticencia alguna. Su boca ardiendo sobre la mía, húmeda, pretendiendo fusionarse conmigo si eso fuera posible. Una de mis manos se apoyó en su pecho, mi cabeza se inclinó ligeramente hacia un lado dándole más espacio, más comodidad, y lo sentí profundizar el contacto todavía más casi al instante. Olvidamos el lugar en el que nos encontrábamos, incluso nos atacó un momento de sordera, donde carecieron los sonidos a nuestro alrededor; quizás hubiéramos sentido a alguien venir cuando ya fuera demasiado tarde para pretender que no estábamos actuando como amantes desesperados.

Luego me soltó los labios. Pude notar cómo contuvo el suspiro, seguramente falta de aire y estabilidad en su pulso, al igual que me pasaba a mí.

-… No quiero que vayas.

Su confesión clara aunque a bajo volumen me tomó por sorpresa.

- Heero… -susurré en un tono casi maternal. Es que lo entendía, a mi tampoco me gustaba la idea de tener que ir, pero no podía huir para siempre; aunque le miedo me consumiera, aunque temiera cometer un error, tenía que arreglar mi propia vida, no quería seguir en la incertidumbre-.

Sus ojos me decían algo que no sabía traducir, pero entendía.

- Sabes que tengo miedo –agregué desviando la mirada para poder seguir con mi impulso de honestidad-, pero ya no quiero esto… hay muchas preguntas sin respuesta, y… -vacilé sin saber cómo explicar mejor lo que me pasaba-, me asusta que la seguridad que siento cuando estamos juntos me abandone cuando más la necesite, pero no puedo ser cobarde toda la vida, no quiero…. Dijiste que me extrañabas… yo también extraño un poco… lo de antes… yo también quiero volver…

Nos consumió un extraño mutismo, lleno de mi nerviosismo principalmente, hasta que me abrazó fuerte contra él sin decir más. Duramos así no sé cuántos minutos. Me di cuenta por la tensión de sus brazos que se contenía para decirme un montón de otras cosas, pero no necesitaba oírlas, sabía más o menos de qué iban. Quería creer en él, confiar, llevarme conmigo un poco de su inmensa seguridad.

Cuando nos separamos fue casi como si nada hubiera pasado siguió caminando a mi lado hacia el hangar, ni nos miramos, tampoco nos dijimos algo más. La cafetería olvidada. Pero yo sabía, sabía lo que pasaba, sabía sin que me dijera nada. De repente todo tenía sentido. Sabía que ya era hora de avanzar y que él estaba conmigo –no quería entrar en terreno peligroso preguntándome en calidad de qué. Disfruté de nuestra compañía como no lo había hecho los últimos días, semanas, meses, porque por primera vez en mucho tiempo me sentía unido a alguien en particular. Ya no era pertenencia, era unión, esa era la palaba indicada para describir mis emociones exactas.

En la plataforma ya estaban los otros tres pilotos ubicados cerca de un centro de comando. Conversaban. Quatre sonrió al verme y Wufei interrumpió su charla a pesar de que yo hubiera desviado la vista al costado, sin intención de ceder o hacer las paces. Heero se aproximó al teclado del comando e ingresó unos códigos dejándome atrás por unos pocos metros.

- Duo, ¿ya estás mejor? –la voz cantarina del rubio prácticamente me empalagó-.

Torcí los labios sin responder.

El sonido de procesamiento viniendo de la turbina de la central, sutil pero claro para oídos finos, reclamó mi atención cuando el 01 terminó de tipear quién sabe qué así que me moví recargándome en un brazo para poder ver la pantallita del centro. El cifrado viajaba a gran velocidad línea por línea, decodificando la encriptación para poder hacer legible el texto. Pude reconocer un par de códigos pasando frente a mis ojos, había sido enviado usando un programa de encriptación básico que poseían por defecto los Gundams. Eso podía significar o que la parte principal de mi Deathcythe estaba en funcionamiento, o que el Hellburn tenía instalados los mismos parámetros.

- ¿Vino de mi unidad? –le pregunté al master en computación sin despegar la mirada del aparato-

- No.

Corto y conciso, qué bien.

Entonces la ventana con el resultado saltó en la pantalla y pude ver el texto original. La verdad no decía nada interesante, tampoco tenía demasiadas líneas. A rasgos generales reclamaba el armisticio, la disolución de Preventers y amenazaba con enviar a todo su personal. Ningún rescate, nada de rehenes, nada que pudiera involucrarme. ¿Eso quería decir que me había abandonado? No, él no iba a abandonarme, lo encontraba ridículo de considerar. ¿Entonces estaba a mi suerte, a mi libre albedrío? ¿Yo decidía qué hacer y cómo?

Sentí el suelo temblar a nuestros pies sacudiéndonos a todos, incluso logrando que el 04 se aferrara de la barandilla para no caer. Las luces bajaron de intensidad inmediatamente, la alarma se encendió y los altavoces resonaron llamando al personal. Pasos rápidos se escucharon por todos los pasillos mientras nosotros estábamos allí, de pie, sin ir hacia ninguna parte. El enfrentamiento estaba comenzando.

- Ahora entiendo –susurré sin poder evitar sonreírme-.

Él no me daba información directa. Las sacudidas de la base eran suficientes para hacerme llegar un mensaje: estamos atacando, el personal estará en combate, puedes escapar más fácil en la confusión. Esa era mi carta de triunfo, confiaban en que yo podría interpretarla.

Por los parlantes se escuchó la orden para que los pilotos gundams salieran al enfrentamiento.

- ¿No tendríamos que responder al ataque? –preguntó la inocente voz del rubio-.

Me volteé cruzándome de brazos mientras me disponía a participar del debate introduciéndolos en mi plan.

- Él está creando confusión no sólo para destruir la base, sino para sacarme. En teoría ustedes tendrán que defender a Preventers hasta que puedan abrirse paso y llegar a la nave, infiltrarse, sacar a los rehenes, y desaparecer –les indiqué sin mover mi posición-.

- ¿Y cuál es tu plan de retirada? –cuestionó Trowa-

- Mhm –alcé la mirada-, pensaba robarme un Taurus de acá, con eso llegar al Warpeace, y el resto… dependerá de la circunstancias. Salir de la Tierra es prioridad –volví a verles-, hay que quedar fuera del radar de Preventers.

- Entonces nos prepararemos para iniciar ese plan, yo por mi parte permaneceré del lado de la ESUN –nos informó Wufei con autoridad-. Que Barton, Winner y Yuy se encarguen del rescate y proteger a los rehenes. Buscaré el modo de contactarlos en la medida en que consiga las pruebas necesarias.

Todos afirmaron y se separaron a prepararse para el despegue, inclusive Heero, mientras yo me quedaba observando al Wing parado a unos cuantos metros de mí. Quería esperar a que todo estuviera bien alborotado para salir, así les evitaba problemas a los demás. Además un Taurus no duraría mucho en combate, ni siquiera con mis habilidades de piloto. Tenía nervios, ansiedad, porque mi vida se jugaba el todo por el todo en las próximas veinticuatro horas.

Escapaba a mi imaginación la reacción que tendría Solo cuando lo confrontara con preguntas. ¿Podría yo formularlas correctamente, o me invadiría el miedo y la inseguridad como los días anteriores? Por Shinigami, sólo ansiaba un pedacito de Heero conmigo, hoy y mañana, siempre; con eso podría enfrentarme al universo entero sin temor, sin tener que elegir entre la paz y la felicidad. Todo era tan confuso…

Si llegase a morir en esto debía irme con la seguridad de que Relena estaba a salvo, lista para reorganizar la paz, para reiniciar la ESUN y abrir un sumario contra Preventers. Ese debía ser mi consuelo. Y junto a ella Heero estaría a salvo, lejos de mi psicosis. Porque era un hecho de que lo mío no era algo tan simple como inseguridad, era algo más, algo clínico que dudaba tuviera cura. No podía existir tal cosa para alguien que había enfrentado la destrucción tantas veces.

Sentí sobre mí la intensidad de esa mirada que conocía bien así que volteé a enfrentarla. Heero había vuelto, ahora con una chaqueta arriba, de Preventers, y unos mitones negros de cuero. Los estaba ajustando mientras me miraba fijo, pero no supe si seguía preocupado por lo de más temprano. Su ceño fruncido y la barrera en sus ojos me impedían leer más. Tampoco iba a atreverme a besarlo aquí a medio hangar, con tal de bajar sus muros.

- ¿Qué pasa? –me arriesgué cuando pasaron unos minutos, su figura de pie con los brazos a los lados, tan estoico como sólo él-

- Usa el Wing.

- ¿El Wing? –nos interrumpió Quatre robándome la pregunta de la boca-.

Mi cuerpo tenso se irguió en el lugar, observé con confusión a sus pupilas e intenté ser paciente.

- Pero Heero, ¿Y tú? ¿No irás a combatir? Si Duo se lleva el Wing entonces…

- Qat –lo interrumpí intentando descifrar las ideas etéreas que flotaban dentro del 01-.

- Usa el Zero.

El Zero, el Sistema Zero, no el Gundam.

Abrí los ojos un poco más volteando inconscientemente hacia la monstruosa máquina. El vago recuerdo de la única vez que lo usé me retorció el estómago, y supe de inmediato qué quería experimentar.

- Es… vanguardista –busqué la palabra más sutil e indicada para decir que estaba loco, que aquello era una de esas ideas enfermizas de él, que quería matarme-.

Sentí la base temblar de nuevo, algo de polvo caía del techo como indicio de la fuerza que estaba soportando la estructura y que no resistiría mucho más. No tenía tiempo. Miré con susto cómo el piloto 01 se acercaba a Quatre y le quitaba la chaqueta, ni siquiera pude protestar cuando me la puso y acomodó los botones de mi camisa procurando que visitera el uniforme entero.

- P-Pero…

Mi intento de discutir no tenía argumentos, por eso nada salía, por eso sólo podía ver cómo me ajustaba las mangas y el cuello de la camisa.

- Heero –traté de detenerlo con las manos en sus brazos-, no puedo. No puedo atacar a Preventers con el Wing, pensarán…

- Fingirás que soy yo –resolvió tan simplemente que me espantó todavía más-.

Mis labios quedaron entreabiertos sopesando la posibilidad, pero antes siquiera de que se me ocurriera otra excusa sus manos me jalaron hacia la cabina del Mobile Suit.

Otro temblor sacudió el edificio.

- ¡P-Pero! Pero, ¿qué tal si…? –volví a intentar viéndole abrir la compuerta-

- Estarás bien.

Dicho eso me empujó al asiento, se inclinó a engancharme el cinturón, configurar e iniciar el sistema, y antes de que me diera cuenta ya estaba listo para irse.

- ¡Heero!

Su nombre se escapó de mi boca en un impulso no premeditado. Me miró y lo miré, fueron segundos eternos de mi vida, y cuando su carácter se suavizó, sus ojos se transparentaron, y la sonrisa se dibujó en su boca, supe que yo estaba condenado a obedecer esta orden así la vida y el alma se me fuera en ello.

- Estarás bien –me aseguró dejándome atónito, absorto, angustiado. No quería irme y dejarlo-. Nos vemos después.

Cuando me encontré solo frente a las pantallas me esforcé por ahogar el sollozo. Sentía como si esta fuera la última vez que lo viera, como si nunca más pudiera tener enfrente a esos ojos grisáceos que tanto me gustaban por su color e intensidad. Sabía profundo en mi consciencia que el Zero era mi mejor opción cuando no tenía mi Gundam. Pero también sabía que si me lo quedaba dejaba a Heero sin su mano derecha, y que aunque el hombre fuera literalmente inmortal, nada era para siempre, ni siquiera su preciosa vida.

Pero sería la persona más cruel del mundo si era capaz de oponerme a esa dulzura en sus ojos.

Suspiré hondo, pestañando fuertemente para limpiar mi panorama de las lágrimas, y observé al frente. La escena se me hacía familiar: Heero de pie frente a mi observando mientras el Mobile Suit iniciaba sus turbinas y se elevaba en el aire. No era la primera vez que me iba, o que él me hacía ir. Pero era la primera vez que me dolía tan desgarradoramente verlo alejarse de mí.


1= Soukyuu no Fafner ~Dead Aggressor~ - Angela - Proof (End episode 15)

N/A: La canción me recuerda un poco a Duo. Los fragmentos están salteados, no sigue en ese orden el tema.

El episodio iba a seguir un poco más, hasta tocar su relación con el Zero, pero por mejor lo corto acá y lo otro entra en el siguiente episodio.

Etto… les pondría un breve avance pero nah'… pa' qué.

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Ryoko Yuy Eiri Lamperouge