He tardado un poco en subir este capítulo y lo siento mucho, espero que les guste.
Gracias Angel-Utau y a ti también Celia por vuestro apoyo. Os quiero muchooo.
Abrí los ojos. Edgar estaba a milímetros de mí y sus labios estaban entreabiertos, quería besarle ¿En qué estaba pensando? Me di cuenta de que estaba desnuda bajo las sábanas, mi ropa estaba en el suelo y había una mancha de sangre en la sábana. Ahora lo recordaba todo, ayer me había acostado con Edgar. Me levanté rápidamente mientras Edgar dormía, miré el armario más cercano y vi que había ropa. Me la puse, cogí las llaves de la casa que estaban en el bolsillo de la camisa de Edgar y salí. Empecé a caminar por cerca del acantilado, y después de un rato avisté una especie de cueva. Me metí y vi que tenía una salida que daba a un hermoso lago de aguas cristalinas. Me quité las bailarinas que llevaba, el sencillo vestido blanco y me metí en ropa interior, el agua estaba caliente. Me dejé llevar por el buen ambiente, pero unos pensamientos invadieron mi cabeza ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a volver a mirar a Edgar? ¿Cómo iba a soportar estos días en la isla sola… bueno, con Edgar? Sabía que habían pasado unas horas desde que había salido de la casa, ya sería la hora de la comida, salí del agua, me puse la ropa y no sé como enseguida me sequé. Empecé a caminar entre los bosques, me tiré unas horas hasta encontrar un hermoso prado cubierto de hermosas flores. Me quedé un rato y luego decidí volver con Edgar, estaba oscureciendo y me perdí en el bosque.
-Princesa ¿Se ha perdido? – Un chico apareció entre los árboles, tendría mi edad más o menos.
-Se ha confundido, no soy ninguna princesa- murmuré, él me miró fijamente, sus ojos eran de un color verde claro, de seguro que no era un humano normal.
-Me imagino que todavía no ha recibido la noticia…-se inclinó ante mí- mucho gusto, me llamo Charlie.
-Yo soy…
-Lydia Carlton, ya lo sé- dijo con una sonrisa amable-puedo guiarla de nuevo a su casa si lo desea
-Se lo agradecería mucho- dije devolviéndole la sonrisa. Empezamos a andar. Después de un rato llegamos, Edgar estaba afuera y parecía preocupado.
-Esa es mi casa, muchas gracias- murmuré. Edgar pareció advertir nuestra presencia, me miró con alegría, pero al ver a Charlie, su alegría se transformó como si alguien a quien quería se acabase de morir delante de sus ojos.
-Gracias por traerla-dijo a Charlie- y tú Lydia… ¿Porqué no has querido volver conmigo?- me miraba fijamente.
-Yo…- Sí había querido volver, pero si se lo decía, él sabría que le seguía queriendo y si le decía que no quería volver con él, se le rompería el corazón… ¿Qué debía hacer?
-Lo ha malinterpretado, la señorita Lydia se perdió por el camino. Yo la guié de nuevo aquí-dijo Charlie, me miró- Espero verla mañana-me dio un beso en la mano y se marchó.
-No debería haber hecho ayer eso contigo-susurró Edgar cuando Charlie se hubo ido-estoy seguro de que si no te hubiera tratado así no te hubieras ido-me daba pena. A lo mejor debería haber vuelto después de haber estado en el lago, o a lo mejor no me debería haber ido, Edgar no tenía la culpa de nada, si no fuera por mis debates mentales, yo ni siquiera me hubiera separado de él en ningún momento, esto me pasaba por pensar tanto antes de actuar, debía dejarme llevar por el momento como hice ayer inconscientemente.
-Me hubiera ido de todas maneras-intenté que mi voz sonara dulce y a la vez segura. Edgar empezó a avanzar hacia mí no sabía si echarme hacia atrás o no, no , por una vez, me quedaría quieta.
-Por favor…-estaba a centímetros de mí y mi corazón se empezó a acelerar-…quédate conmigo-tomó mi cara entre sus manos y me besó. Me dejé llevar y profundizó el beso, nuestras lenguas se entrelazaron con delicadeza, temiendo que si hacíamos un movimiento de más, uno de los dos se rompiese.-Te quiero… Lydia- después de un rato nos separamos, a los dos nos faltaba la respiración.-Es muy tarde, será mejor que nos vayamos a dormir-Yo asentí lentamente, entramos en la casa y nos echamos a dormir. Edgar me rodeó la cintura y me acercó hacia él-No te vuelvas a ir de nuevo sin avisar, o tendrás que atenerte a las consecuencias- murmuró medio en broma.
-Ya veremos…ya veremos-murmuré antes de quedarme dormida sobre su pecho.
