El chico del bosque era extraño, ¿Porqué había aparecido ese chico? Pero Edgar me había pedido que no me fuera, así que no podía volver a verle hoy. Mientras Edgar dormía hice algo de comida. Unos golpes sonaron en la puerta. Me acerqué con algo de miedo, no conocía a nadie de esta isla. Abrí la puerta y vi que era ese chico… Charlie.

-Lo siento, pero no puedo irme de aquí- dije antes de que él hablara.

-Princesa Lydia…

-No me llames princesa, te lo dije ayer, no soy una princesa.

-Bueno, entonces te lo contaré ¿Puedo pasar?- yo asentí confundida, él entró y se sentó en un sofá- lo que te voy a contar, te va a cambiar ¿Estás preparada?

-Sí, lo estoy-Charlie sonrió enigmáticamente.

-Elizabeth, tu madre, no está muerta, sí, está enamorada de Christian, y eso fue un gran error que no puede volver a suceder, porque Christian es un humano, pero creo que tú también estás cometiendo ese error… bueno, a lo que iba, al morir tu abuela, la reina de las hadas, tu madre tuvo que ocupar su puesto, y dejar a Christian, tu madre está muriendo y tú pronto tendrás que ocupar su lugar, me han mandado para protegerte y para que vengas lo antes posible al mundo de las hadas.

-Entiendo-murmuré, ¿Por qué no había sabido nada de mi madre hasta ahora? Debía ir pronto para poder solucionar todo esto.

-No le digas nada de esto a Edgar, si en verdad me quiere y se quiere casar conmigo, no quiero que sea porque soy una princesa.

-Te entiendo, princesa Lydia, pero no deberías ir al mundo de las hadas con ese… humano, causaría un gran alboroto.

-Iré lo antes posible- Edgar apareció en la puerta.

-¿A dónde irás, Lydia?- Yo sonreí, no se lo podía decir, él de seguro, no me dejaría ir.

-A ninguna parte-contesté.

-Firmaste ese contrato en el que ponía que estarías a mi lado y me cuidarías, recuérdalo-se dio la vuelta.

-¡Me engañaste!-solté con un grito. Él me miró y se empezó a reír.

-Solo utilicé… mis cartas- se fue dejándonos otra vez solos en la sala, Charlie me miró intrigado.

-Me desharé de él-dije enfadada. Me daba igual ese maldito contrato, lo hubiese aprobado mi padre o no, ya no haría caso de eso. Poco después, Charlie se fue.

-Por fin se ha ido- Edgar apareció segundos después.

-¿Qué haces aquí?- todavía estaba furiosa con él.

-Es una casa pequeña, ¿Dónde quieres que esté?- le lancé una mirada asesina-¿¡Qué!?, Eras tú la que no quería ir a un castillo…-En parte tenía razón, y eso me enfadaba aun más.

-¡Maldita sea! ¿No te podías quedar en una habitación? ¿O ir fuera de la casa?- Él negó con la cabeza. Yo me quité el anillo y se lo tendí.

-Toma- su cara se tornó sombría, me agarró fuertemente del brazo, me hacía daño.

-Póntelo ahora mismo, Lydia- su voz sonaba apagada, me daba miedo, nunca le había visto así- Con eso no se juega.

-¡Pues no juegues tú conmigo!- grité.

-Esta isla te está cambiando- yo negué con la cabeza.

-¡Tú me estás cambiando!- la presión sobre mi bazo aumentó.

-Ponte el anillo, Lydia- sus ojos se tornaban cada vez más oscuros.

-Me haces daño- murmuré.

-No me dejas otra opción- me tiró en el sofá- Lydia, no te quiero hacer daño, así que ponte el anillo- la puerta estaba cerca. Me levanté deprisa y salí de la casa. Edgar iba detrás de mí hecho una furia, corrí al borde del acantilado- El mismo error del otro día, no tienes escapatoria- Yo negué con la cabeza.

-Te equivocas- dije y salté por el acantilado.

-¡Lydia!-Edgar saltó detrás de mí, maldita sea. Caí al agua, estaba helada, era como trozos de hielo que se clavaban en mi piel. Empecé a hundirme cuando un brazo me agarró por la cintura y me sacó a la superficie. Caí inconsciente.