hola a todos otra vez ;)

Sentía algo cálido debajo mío, abrí los ojos y vi que estaba en una habitación que no conocía para nada.

-¿Dónde estoy?- murmuré para mis adentros. Edgar apareció en mi campo de visión ¿qué hacía él aquí? Parecía angustiado y sus ojos se habían vuelto más oscuros que nunca. Daba un poco de miedo.

-No te preocupes Lydia, estamos en la casa de un médico, luego si quieres volveremos con tu padre- miré mi mano, es verdad, ya no tenía el anillo.

-¿Dónde está mi anillo?-pregunté, se me había escapado el "mí". Los ojos de Edgar parecieron iluminarse un poco.

-Le tengo guardado, no te preocupes, no te volveré a forzar a que te lo pongas- Yo negué lentamente con la cabeza.

-Me lo pondré si me dejas irme por unos días- susurré. La cabeza me dolía horrores.

-¿A dónde?- Edgar se acercó a mi y cogió mi mano con delicadeza.

-Al mundo de las hadas, pero no te preocupes, volveré pronto-él negó con la cabeza varias veces.

-No me gusta la idea de que te vayas de donde te pueda ver-murmuró-pero si es lo que deseas...

-Edgar, debo hacerlo, esto ya no se trata de querer o no querer, por favor, entiéndeme.

-¿No puedo ir contigo?

-Edgar, eso causaría mucho revuelo en el mundo de las hadas y sobre todo si tengo que pasar por la ciudad...

-Pero yo ya he estado en ese mundo ¿Recuerdas? Además ¿Qué importa un poco de revuelo?- Me intenté mover pero fue mala idea porque me invadió una sensación que eran como miles de pinchazos a la vez.-¿Quieres que te ayude?

-Puedo sola-contesté. Me intenté volver a mover pero otra vez me invadió esa sensación.

-No, no puedes sola, además, ¿Cómo vas a ir a ese mundo así?, Necesitaras ayuda, ahora ni si quiera te puedes mover-dijo con una sonrisa.

-No necesito tu ayuda, Charlie vendrá conmigo-murmuré.

-Entonces si que no te puedo dejar ir-finalizó él.-Si va él, yo también.

-No necesito que me digas lo que puedo hacer y lo que no, iré con Charlie y fin.

-¿Acaso le quieres?-preguntó. Eso me sacó de quicio.

-¿Estoy accediendo a volver a ponerme el anillo y tú me preguntas que si le quiero? Enserio, eres idiota-él asintió.

-Solo te dejo a ti que me llames así, así que considerate privilegiada-murmuró cerca de mi oído. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo.

-Soy tu prometida al fin y al cabo-contesté.

-Eso es- él se acercó más y me besó, yo tarde en reaccionar pero finalmente me entregué a su beso, era cálido y tierno. Un carraspeo sonó al lado de la puerta, con mucho esfuerzo separé a Edgar de mi y recuperé el aire, estaba roja, pero mi palidez lo ocultaba dando paso a un leve rubor de mejillas.

-¿Ya está bien, señorita Lydia?-un hombre se acercó a mi. Al principio me dio un poco de miedo, pero luego me di cuenta de que era el médico.-Notas unos pinchazos ¿no es así?-Yo asentí levemente.-Bueno, debe descansar un tiempo y pronto se le pasará. Es que ¿A quién se le ocurre tirarse por un acantilado?-El hombre se fue de la habitación.

-Ya has oído, necesitas reposo, ven te llevaré a casa-murmuró Edgar volviendo a acercarse. Me cogió en volandas y salió de la casa.

-Puedo yo sola- Edgar me ignoró y me llevó de vuelta a casa.

-Qué vanidosa eres- me susurró.

-¿Más que tú?, lo dudo-dije sonriendo.

-Así estás más guapa-me volví a ruborizar. Ya en la casa me dejó en la cama-Ya se hace tarde, deberías dormir.

-LLevo casi todo el día dormida-me quejé, no quería irme a dormir.

-No me voy a aprovechar de ti-fue un susurro apenas audible.

-¿A qué te refieres?-Edgar me volvió a besar, su beso era apasionado y dulce.

-Sigues siendo mi Lydia, eres más inocente que un ángel-susurró.

-Ésto no cambia que mañana me vaya a ir al mundo de las hadas-él se puso serio, sacó algo de su chaqueta y me lo tendió.

-Pero llevarás el anillo-yo me lo puse aguantando los pinchazos que me provocaba el moverme.-Y quiero que también lleves esto-dijo dándome un collar en el que colgaba un corazón de oro.

-¿Para?-pregunté atontada.

-Este colgante está conectado a mi anillo, puedo sentir tus emociones cuando lo tengas puesto, y si en algún momento siento que algo malo te ocurre o que no lo llevas puesto, iré a buscarte digas lo que digas, ahora póntelo.-Edgar me lo puso, estaba nerviosa, pero al ponermelo una oleada de paz me invadió.-Te quiero-murmuró, poco después me quedé dormida con mi cabeza sobre su pecho.

Continuara... ;)