Ya estabamos en el mundo de las hadas.

-Lo siento señorita pero le tendre que informar a su majestad sobre ese individuo.

-Se llama Edgar...-murmuré.

-Da igual sigue siendo un repugnante humano-contestó Charlie, parecía muy enfadado.

-¿Dónde estamos?- pregunté.

-A las afueras de la ciudad,en pocos minutos llegaremos al palacio-genial, otro castillo. Me pareció que alguien nos observaba, me giré pero no pude ver a nadie.-Ya se puede ver su nueva casa-Miré y ví un enorme palacio de colores lila, rosa, blanco... colores vivos y llamativos.

-Por fin conoceré a mi madre...

-No esté nerviosa, su madre es igualita a usted y además, todo el mundo la admira, porque se preocupa por todo el mundo sin importar que sea su amigo u enemigo.

-Entiendo.-En unos minutos como dijo Charlie llegamos al palacio.

-Acompáñeme a sus aposentos-le seguí cuando una mujer apareció.

-Hija mía, por fin te veo en persona-levanté la mirada y vi a una mujer igualita a la que mi padre tenía guardada en fotografías pero se notaba que era algo más mayor.

-Ma...dre-me quedé sin habla, por fin conocía a mi madre y no sabía cómo reaccionar.

-Tenemos muchas cosas que contarnos querida hija-sentía cómo los ojos me escocían y corrí a abrazarla-Yo también te he echado de menos mi pequeña Lydia.

Fuimos a una habitación-Espérame un momento, ahora vuelvo-dijo mi madre y salió acompañada de Charlie. Es verdad, ahora Charlie le contaría sobre Edgar... Mi madre volvió a entrar a los pocos minutos- Y ahora hablemos.- Nos quedamos todo el día riendo, hablando, bebiendo y comiendo hasta que se hizo de noche. Mi madre hizo sonar una campanita y al instante entró una sirvienta.-Por favor Ichigo, tráiganos un té especial-la sirvienta asintió y se fue.

-¿Qué es eso de té especial?-pregunté.

-Es un té que quiero que pruebes, este tipo de té solo se consigue en el mundo de las hadas y estoy segura de que te encantará-yo asentí sonriente y al rato volvió Ichigo con dos tazas y una tetera que puso sobre la mesita-Gracias, puedes marcharte-dijo mi madre.

-Sí Elizabeth-sama-la muchacha se fue, mi madre sirvió el té en las dos tazas, el té tenía un color rojizo y olía como a frutas del bosque que hacía que te entraran ganas de tomártelo todo de un sorbo.

-Pruébalo, está mejor caliente-bebí el té y al momento empecé a sentir los parpados pesados.

-¿Qué me has hecho?-pregunté a mi madre.

-Es para que te duermas, necesitas reponer fuerzas para mañana.- Mi madre me echó en una cama y me tapó, las sábanas olían como las flores de cerezo.

-Gracias, madre-murmuré antes de quedarme profundamente dormida.

Continuará... ;)