¡Ujuuuu! Al fin voy a subir este capitulo que tuve escrito (casi) en su totalidad desde hace más de 4 meses y que no concluía porque no me terminaba de convencer, todavía no me convence, pero que se le va a hacer. Espero que disfruten el final de esta ligera historia que me decidí hacer para el fandom.
***PRIORIDADES***
Capítulo IV. Las Responsabilidades son primero
Recreaba cada hecho y seguía sin poder creer que hubiera vivido la mitad de eso.
Eran solo cosas sencillas: una cita, un inocente paseo por la ciudad de Atenas, un casi beso... y una interminable sensación de vergüenza que la invadía por pensar en ese "casi" que además fue interrumpido por Tatsumi que había acudido a su rescate al no encontrarla en el santuario y no lo había hecho solo. Bastante bochornoso resultaba que sus caballeros la observaran como a un bicho raro por la cercanía que compartía con otro de sus protectores, pero la mirada de reproche en su mayordomo, fue algo que no podía soportar, mucho menos la reprenda que recibió de él.
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- Es sin duda una actitud inapropiada para una heredera de su apellido, señorita. No está de más decir que tampoco es el tipo de comportamiento que se espera de la diosa Athena. Tal vez siendo yo sólo su humilde sirviente no estoy en poción de decirle esto, pero...
- Es en lo único que tienes razón, Tatsumi, no estás en posición de decirme que hacer o como actuar y más vale que una insolencia como ésta no se vuelva a repetir.
- Yo sólo trato de recordarle cuales son sus obligaciones, las cuales debieran ser su prioridad.
- Sé perfectamente cuales son mis obligaciones.
- Que salga con uno de sus caballeros a exhibirse de esa manera...
- ¡Suficiente! Conozco mi lugar y más vale que tu conozcas el tuyo. Así que no te atrevas a hablarme como si fuera yo una chiquilla y sal de mi alcoba. Ahora.
- Señorita Saori, yo...
- ¿No fui lo suficientemente clara? Vete en este momento.
- S… si, señorita.
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Había sido más que bochornoso tener que escuchar ese tipo de regaños de alguien que se suponía estaba para servirle, no para criticarla y resultaba todavía más vergonzoso... sentir que Tatsumi sólo había dicho la verdad.
¿Que se había pensado? ¿Que podría hacer una vida común? ¿Qué un acto insignificante pasaría desapercibido? Claro que no, todo lo que hacía, cada uno de sus movimientos, importaba. Sobre todo esa cita. Importaba mucho, pero no porque así lo dijeran otros, sino porque había sido trascendente para ella, para su vida, deseando que pudiera haberla concluido... con la culminación de ese beso.
Que estúpida se sentía pensando en cosas así, sobre todo cuando no debiera concentrarse en trivialidades.
Una ligera carga estática cerca de su mejilla le hizo notar que llevaba cepillando su cabello más de la cuenta. Suspirando, dejó el utensilio sobre el tocador y dirigiéndose a su cómodo lecho, se disponía a dejar todo esos pensamientos atrás, enterrándolos con la madrugada, que murieran junto con ese día que viéndolo en retrospectiva, no debió existir en primer lugar.
Y a pesar de que quedaba claro que aquello había sido un error, de todas formas se acomodó en su suave cama pensando en todo, casi como si lo viviera una segunda vez.
La adrenalina que le causó el miedo al subirse a ese cacharro de moto, en la comida que le supo mejor que cualquier manjar probado en su vida, en la sensación ardiente del vino recorriéndole las venas y en la risa... Esa risa tan fresca, tan reconfortante, tan natural que hasta hizo que ella se olvidara de absolutamente todo. Recordaba de la forma exacta en la que los ojos cafés de Seiya la miraban y podía sentir una calidez que se desbordaba por ellos, alcanzándola, llenándola con esa sensación.
Sin siquiera esforzarse, se encontró pensando en el caballero de una forma tan detallada que ninguna fotografía podría recrearlo tan fielmente. ¿Sería que estaba consiente de que nunca tendría algo como una fotografía de Seiya que se aprendió de memoria cada parte de él?
Tonta, estaba siendo una tonta de nuevo, pensando sólo incoherencias antes de dormir, ya ni siquiera sentía que pudiera conciliar el sueño alguna vez, haciendo de Seiya el protagonista de ese cruel desvelo, lo había convertido en su pensamiento más importante, porque tal vez esa sola tarde a su lado le bastó para darse cuenta de que siempre había sido así, ocupando un lugar significativo en su mente y porqué no decirlo, en su corazón.
Pero no podía ser así, todos sus caballeros debieran importarle igual. No le hacía bien intoxicarse con la idea de Seiya, con su imagen, con su aroma... Con su tacto y su aliento que pudo sentir por tan sólo un segundo...
Ya estaba más que claro, lo mucho que le afectaba, así como la influencia que tenía sobre ella y también estaba claro que aquello no era correcto. No encontró otra solución más lógica que alejarse de él porque no podía verlo a diario y tratarlo con indiferencia, no podría aguantar la urgencia de hablar con naturalidad, de acercarse a él… hasta que alguien, quien sea, los volviera a interrumpir, señalando una vez más que eso no estaba bien. Hasta que encontrara una forma de dirigirse a Seiya con propiedad, lo mejor era poner una considerable distancia entre ambos, sólo veía un problema con esa resolución: sentía que por lo menos le debía al caballero una explicación del porqué la confianza que se demostraron esa tarde en su cita, no podría repetirse jamás.
No era un pensamiento que trajera paz a su mente, pero sin duda la agotó y sin más, se quedó profundamente dormida.
oOoOoOoOoOo
Todo estaba listo para su partida y de todas formas miraba las maletas hechas como si fueran entes de otra dimensión, enemigos que amenazaban su existencia. Estaba todo predispuesto según la agenda que ella misma había diseñado para ese día... Excepto un detalle más.
Un golpeteo en la puerta ponía fin al retraso de esa desagradable tarea.
- Señorita Saori, - La voz y el rostro de quién la llamaba no coincidía con la que estaba esperando. Suspiró de alivio. - ¿Quiere que lleve su equipaje al coche?
- Seguro. - Contestó inexpresiva, sus manos elegantemente entrelazadas al frente, toda ella se mantenía en una pose que era el reflejo de su elegancia innata que para nada delataba el disturbio en su mente. Su fiel sirviente la pasó de largo para desempeñar la tarea que se había acomedido a hacer, tomó las diversas maletas y se dirigió en silencio a la puerta - Y Tatsumi… - El mencionado volvió la cabeza al escuchar su nombre - Espera en el coche por mi. - Aquella orden le pareció extraña, pero era claro por el tono de voz de Saori que no había cabida para desobedecerla.
- S…si, señorita.
Apenas si el mayordomo se retiró de sus aposentos, sintió que podía respirar un poco más. Deshaciendo su pose rígida, acomodó sus guantes, su vestido, su cabello... Tenía que estar tan impecable como le fuera posible sin siquiera estar segura del porqué sentía que debía ser así. Después de unos segundos más en los que repasó en su mente lo que iba a decir, estaba dispuesta a terminar con su angustia, saldría a buscarlo y acabar con esa tarea de una buena vez... No tuvo que dar ni un paso fuera de su habitación, las puertas se volvieron a abrir, revelando a la persona que por tan ansiosamente aguardaba.
- ¿Querías verme? - Preguntó el invitado con obvia intriga, aunque parecía más un niño curioso. No parecía asustado o preocupado, pero si se sintió un poco intimidado por la seriedad que proyectaba Saori. – ¿Pasa algo malo?
- N… no, no sucede nada. – Por un momento al ver esa expresión inocente en él, dudó si debía darle explicaciones de su partida, temía que fuese a molestarse con ella – Es… pasa que… yo solo…
- Te vas.
- ¿Ah? – Seiya parecía bastante relajado al decir aquello como una afirmación más que como una pregunta. Su mano derecha en la bolsa delantera de su pantalón y la otra señalando un objeto detrás de ella. Tal vez Tatsumi había olvidado llevarse el neceser rosa, o tal vez, siendo algo más personal, no creyó adecuado tomarlo, de cualquier modo, el pequeño maletín sobre la cama fue lo único necesario para delatar las intenciones de la Diosa, que estaba cada vez más nerviosa por hablar, sobre todo cuando Seiya se notaba tan tranquilo. – S… si, me he sentido un poco abrumada con todos los cambios que representa vivir en el santuario así que regresaré a la mansión Kiddo por un tiempo, por lo menos hasta que regresen los demás de sus vacaciones.
- Suena razonable. – Sus palabras sonaban tranquilas, diciendo lo que solo resultaban meras cordialidades y eso debía ser todo de su parte, pero le resultaba obvio que había algo más en la mente de Saori o no lo hubiera mandado llamar tan solo para explicarle que se marchaba. Esperó algunos segundos a que ella le explicara la verdadera razón de verse. Permanecía callada haciéndolo desesperar, así que se aventuró a preguntar. - Esto… ¿era algo que yo necesitaba saber?
- A decir verdad, si. Quiero decir, en realidad no te concierne, pero… - "Ella siempre tan sutil", pensó Seiya al momento de soltar una risotada que solo hizo a Saori fruncir el ceño a lo que pensó eran burlas por parte del caballero
- Eso no sonó grosero, en absoluto – Contestó Seiya con sarcasmo una vez que dejara de reírse. Tanta alegría irradiando del joven, solo lograba molestarla más.
– Pensé que lo tenías que saber por lo que mi partida significa.
- ¿Y qué significa exactamente?
Abrió la boca dispuesta a dar una larga aclaración, pero sus labios solo se quedaron entreabiertos sin que saliera un sonido de ellos. La verdad es que no sabía con exactitud como explicar su decisión porque no había mucha lógica al sentimiento que, en ese momento solo le generaba una urgencia de poner distancia entre ella y el caballero antes de que pudiera pasar algo que se catalogara como impropio, pero no podía decirle eso, ni tampoco debía saber como se sentía con respecto a él, de solo pensar que Seiya lo descubriera sentía al bochorno invadirla.
- ¿Qué es lo que debo saber, Saori? – Volvió a preguntar con toda tranquilidad.
- Bueno, - Recompuso su postura tanto como le fue posible, mirándolo como en el pasado lo llegó hacer, con ese aire de superioridad y autoridad, gestos que no pasaron desapercibidos por el caballero, aunque solo arqueó una ceja, sin entender porqué del cambio en su actitud. – Creo que ayer… me dejé llevar por… trivialidades.
- ¿Trivialidades? – Sonrió, cruzándose de brazos, parecía divertido con todo el teatro que se llevaba a cabo frente a él.
- Si. Creo que… olvidé por un momento cuales son las cosas de las que debiera de ocuparme en este momento, debo estar más enfocada en mis responsabilidades, las cuales deben ser mi prioridad, hoy más que nunca. Así que debo pensar solo en ello. Por eso debo irme.
Al terminar su elocuente explicación, la diosa se quedó totalmente callada, casi inmóvil, estudiando cada gesto del caballero que se encontraba en un estado similar al suyo: quieto, pensativo, tal vez analizando a fondo el significado de las palabras que ella acababa de pronunciar hasta que, de nuevo esa sonrisa se apoderó de su atractivo rostro, cuando llegó a la realización del porqué Saori sentía que había descuidado sus deberes, porqué debía poner distancia y sobre todo, porqué estaba diciéndole todo eso a él.
- Está bien. - Dijo con un tono alegre, acomodando ambas manos en las bolsas delanteras de su jean. - Que tengas un buen viaje.
Saori se estremeció ante la reacción serena del caballero y un pequeño enojo dentro de ella se iba convirtiendo rápidamente en ira. Qué... ¿Demonios pasaba con él? En definitivo, no esperaba que le pidiera una explicación, o se comportase de alguna forma molesto, bueno tal vez si un poco. Era verdad que no se habían besado, pero él había insistido en que realizaran esa cita y él había acercado su rostro tanto como ella, sin duda Seiya había dado indicios de querer que ese beso sucediera tanto como ella lo deseó, ¿y lo único que tenía para decirle a su inminente ausencia era "buen viaje"? ¿Qué no le importaba si no la veía?
- En fin, había quedado de pasar la tarde con Kiki, tal vez entrenar un poco con él, así que... - Despegó su mano de su pantalón haciendo un ademan de despedida, lo que hizo reaccionar a Saori.
- ¡Espera un momento! - Él se detuvo y cuando lo hizo, Saori se dio cuenta que no tenía nada que decirle, porque, pedirle una explicación de su actitud relajada era simplemente ridículo. Seiya parecía percatarse del dilema interno de la diosa, lo que parecía hacerle sonreír aún más.
- ¿Si? - Preguntó un tanto burlón, sin que pasara desapercibido por Saori, que parecía disgustarse con su actitud - ¿Hay algo más que quieras decirme?
- No... Si… Es decir... ¿Cómo es qué tu...? - Apretaba los puños, tragándose todos los pensamientos que la molestaban y ahogando esas frases que no hacían ningún sentido en absoluto, pero era muy difícil calmarse, viendo la falsa preocupación en el rostro del caballero. Claramente estaba provocándola.
- ¿Pasa algo malo? - Seguía hablando condescendientemente, como si no supiera que ocurría con la jovencita que cada vez tenía los puños más apretados y las mejillas más rojas - Pereciera que algo te molesta...
- ¡Tu me molestas! - Finalmente gritó, su voz aguda delataba la ira que imprimía en esas palabras, pero que a la vez parecía más como una infantil rabieta - ¡Tu y tu estúpida actitud! – Hasta entonces Seiya resistió el impulso de reírse y al hacerlo solo provocó más la furia de Atena.
- Si yo no he hecho nada.
- ¡Exacto! Es como... ¡Como si no te importara!
- ¿Que debiera de...? - Lo interrumpió sin poder evitar señalarlo acusante, acercándose a él.
- ¡Tu fuiste quién propuso la cita!
- ¿Eso que tiene que ver con que te vayas? ¿O qué te enojes siquiera?
- ¡Todo!
- ¿En serio? - Aún preguntaba con un fingido tono de sorpresa.
- ¡Eres un...! ¡Lo que tu hiciste que...! ¡Aaaahhh, tu nunca entiendes nada! - Continuaba con su rabieta, finalizando con un gesto despectivo hacia él y cruzándose de brazos, sin poder explicar el motivo de su reclamo. Bajó la mirada y al hacerlo, perdió de vista al caballero que se había acercado del todo hacia ella, sólo reparando en Seiya hasta que éste se inclinó. Sus ojos cafés muy cerca de los de ella, su sonrisa ya no le pareció tan mordaz, sino sincera. Sus mejillas se colorearon en seguida mientras lo miraba tan directamente.
- Pero lo entiendo a la perfección. – Dijo Seiya con franqueza - Quién no entiende nada eres tu.
El sobresalto en Saori no se hizo esperar. No comprendió nada de las palabras de Seiya, ni de su actuar y así, mirándolo, exigía silenciosamente una explicación. El caballero pareció entender la petición de la chica, pero sin apurarse a contestar, echó el cuerpo hacia atrás, haciendo nuevamente espacio entre ellos antes de comenzar a hablar.
- Creo que no te expliqué lo que pretendía cuando te pedí que salieras conmigo. – Saori mostró con una mueca de confusión que, efectivamente, no lo sabía y tenía más que curiosidad por averiguarlo, así que dejó que el caballero continuara hablando. - Verás, tenía esta... Duda que debía ser resuelta. Necesitaba poner un orden en mi vida, saber que era lo más importante para mí.
- ¿Y eso que tiene que ver con...?
- ¿Contigo? Todo. – Saori llevó sus manos al pecho lo más disimulado que le fue posible, intentando apaciguar su corazón que comenzó a palpitar con mayor rapidez de lo normal y Seiya… él parecía inquebrantable, sus palabras sonando firmes por toda la habitación - Tu sabes que como caballero, estoy para servirte, para protegerte, pero sentía que, había algo más que sólo mi deber, haciéndome sentir una responsabilidad hacia ti, algo que no era solo el hecho de ser el caballero de Pegaso sirviendo a Atena. Debía averiguarlo, saber lo que yo quería lograr como persona, como Seiya, con respecto a ti… Saori.
Sólo Seiya.
Sólo Saori.
Recordaba lo que le había dicho el día anterior cuando intentaba convencerla de salir juntos y recordaba no entenderlo del todo... En ese momento supo con exactitud a que se refería: Los sentimientos de Seiya por ella, eso fue lo que deseaba averiguar en la cita. Esperaba se lo dijera, pero el caballero no tenía intenciones de continuar con su explicación. Tan solo se quedó observándola, sonriendo nuevamente.
- Y... ¿Cuál es tu conclusión?
- Pues... Creo que ya lo sé, ya sé cual es la prioridad en mi vida, y créeme, lucharé porque algún día sea mi único deber.
Sus ojos castaños quedaron fijos en sus irises violetas, inclinándose un poco hacia ella, acción que la obligó a retroceder. Su escrutinio era tal, que parecía estar observando a la profundidad de su alma, pero, al igual como una ráfaga de viento ligero, escapándose de ella, Seiya retrocedió.
- En fin, mejor me voy, te veré en unos días supongo.
- ¡Espera! No has terminado de explicarte.
- ¿Explicar?
- ¿Cual es tu prioridad?
- Ah, esa parte… creo que ya lo sabes, sobre todo porque estoy seguro que mi prioridad y la tuya son exactamente las mismas, sólo que te lo sigues negando.
Su nívea mano se quedó suspendida en el aire cuando trató de corregir al caballero, porque tenía como única prioridad sus deberes, los que siempre tuvo como heredera de la fortuna Kido y los que tenía ahora como deidad y eso debía tenerlo muy claro Seiya, sobre todo si esperaba algo de ella. Entreabría los labios, después los cerraba nuevamente, repitiendo esa acción varias veces, pero no encontraba una respuesta que la convenciera. Recordó la noche ligeramente tortuosa que pasó al pensar en lo ocurrido y sobre todo, recordaba el dolor que experimentaba por sus propias decisiones que involucraban alejarse de él, ese sentimiento amargo que la recorría al pensar en no verlo a diferencia de la sensación placentera que la invadió cuando lo tuvo cerca, siempre que estaba con ella era igual, siempre con Seiya se sentía segura, protegida... Querida.
Era eso. Lo que el caballero había hecho su prioridad era ese sentimiento y que ella relegaba como un error, pensando en sus responsabilidades primero cuando debía tal vez escuchar a su corazón.
- Puedes dejar de mortificarte - Habló el caballero, regresándola a la realidad. - No es algo por lo que te tengas que preocupar ahora, porque la verdad, no me importa esperar.
- ¿Esperar a...?
- A que aceptes que yo soy tan importante para ti como lo eres para mi.
Sus enormes pupilas se abrieron del todo cuando escuchó la ultima declaración del caballero, aunque no estaba segura que significara que ¿La amaba? ¿Qué esperaría por ella? Aquella charla generaba cada vez más dudas y ninguna respuesta, sobre todo cuando Seiya se giró en sus talones, dirigiéndose a la puerta, dando así por terminada dicha conversación. ¡Pero no la podía dejar así! Tenía que saber exactamente de lo que estaba hablando, no podía dejar que se marchara. Corrió hasta él, el piso de mármol hacía resonar sus pasos, alertando al caballero que estaba siendo perseguido y volteó justo antes de que Saori le diera alcance, disfrutando esos segundos en que aún seguía corriendo, su amplio vestido blanco moviéndose alrededor de ella, parecía que era un ángel flotando hasta él y se aseguró de guardar ese preciado momento.
- ¡Tienes que ser más claro! – Demandó la muchacha al momento que se plantaba frente a él - ¿Qué es exactamente…?
No podía resistirlo más. Seiya la sujetó de las brazos e impulsó su cuerpo hacia ella encontrando su rostro y atrapando brevemente sus labios. Fue tan solo un ligero contacto, un segundo en el que la suavidad y la calidez del sentimiento que guardaba desde hace tiempo por Saori se vio reflejado en ese beso que resultaba tan perfecto como lo pudo haber imaginado; con tan solo ese momento, sentía que cualquier sacrificio pasado o futuro habría valido la pena.
Solo por haberla besado una sola vez.
- Más claro no podría ser. – Sonrió al momento que la soltaba y volvió a repetir lo que había dicho desde que la Diosa le había entregado la noticia de su partida. - Que tengas buen viaje, Saori.
Volvió sus pasos hacia la puerta sin que fuera detenido nuevamente por ella, sólo atinó a posar el dedo índice en sus labios que aún podía sentir húmedos, palpitantes... Llenos del sentimiento que estaba segura Seiya sentía por ella. Su corazón acelerado indicaba que el caballero no le era indiferente y en ese momento sólo prevalecía una duda en ella: ¿En verdad llegaría a aceptarlo? Podría algún día anteponer a Seiya y lo que sentía por el por sobre sus deberes, sus responsabilidades, lo… ¿correcto? Ahora le resultaba un término muy ambiguo, porque ,por un breve instante pensó que era totalmente correcto luchar por proteger ese amor que estaba segura, sentía por Seiya.
"No es algo por lo que te tengas que preocupar porque no me importa esperar."
Tal vez tendría que hacerlo y por un largo tiempo, su racionalidad era demasiado grande como para dejarse llevar por el deseo de amarlo, amarlo como una persona normal: besarlo a su antojo sin apartarse de su lado y tal vez algún día formar una familia a su lado...
Regresó hasta su cama en busca de su última maleta y caminó con un gesto de indiferencia hacia donde su mayordomo aguardaba por ella, difícilmente alguien pudiera adivinar sus pensamientos que tendían a ser un poco ordinarios para una deidad, sueños ordinarios que tal vez nunca pudieran ser realidad.
O tal vez, tal y como lo había dicho Seiya, sólo era cuestión de tiempo para que ella misma decidiera luchar por obtener aquello que su corazón ya tenía como fundamental.
Bueno, ese es el final. Espero en verdad que les guste, yo sé que SS no es mi fuerte, pero realmente me esforcé y quiero dedicar este capitulo a todas las chicas del grupo, que me han aceptado no solo como una escritora más del fandom, sino como su amiga y debo decir, que sin su apoyo en estos momentos difíciles, todavía se verían más difíciles, así que mil gracias y solo por eso, porque las aprecio mucho... escribiré más cosas del fandom, solo no esperen demasiado de mi n_n'
