La rendición

El bunker de Wolf era una habitación espaciosa, el suelo alfombrado de un color carmín, el cuadro del asesinato de Sheker reposaba en una de las paredes laterales que estaba finamente cubierta por guardas de madera de cedro, en el centro se encontraba el escritorio de Wolf y a pesar de tener una chimenea gigante con aspecto leonino donde ardía un fuego suficiente para iluminar la habitación en la parte posterior no parecía incidir en la temperatura, Gale detuvo su mirada en el fuego

- Te gusta? Se llama Fuego lumínico, fue uno de los desarrollo de mi gestión, no despide calor, lo concentra. – Wolf se entusiasmaba al relatar – Es increíble puede estar a un milímetro y sentir frio pero si lo tocas no llegarías ni a sentir dolor.

-Increíble, lo desarrollaste antes o después de convertir tus soldados en Zombies

-¿Zombies? Te refieres a muertos vivos, no, mis soldados aceptaron someterse al proceso en pos del movimiento separatista. – Wolf había sacado un revolver corto y cargaba una única bala

-No tienes que temer, estoy desarmado

- Todo a su debido tiempo – tranquilizo El Lobo – Quiero hablar de algo contigo.

-Dalton terminemos con esto de una vez

-Si pero antes de eso quiero saber ¿Por qué peleas?

-Que por qué peleo? Peleo por lo de siempre por la unión de los distritos, por la libertad, por aquellos que murieron para logar lo que tú deseas destruir.

- Que desilusión, pensé que tu podrías entenderlo, porque fuiste tú quien inicio esto, tú me hablaste de la libertad, de la justicia, de la posibilidad de un mundo mejor pero no te das cuenta que no ha cambiado nada.- Clavo sus ojos fijos en los de Gale- Peleamos por derribar al capitolio pero sigue aquí o no te das cuenta que Sheker dejo de administrar las Fabricas para el presidente para convertirse en el dueño. Son ellos los que siguen en el poder, son los mismos los que determinan la vida de los distritos, nos dejan jugar al jefe, nos dejan decidir sobre cosas sin relevancia, pero siempre es su voluntad. Dejamos de estar obligados por la ley para estar obligados para sobrevivir, esto no es lo que nos dijiste, este mundo no es mejor que aquel, solo ha cambiado su envase pero es lo mismo. Lavington en el distrito 3, Murag aquí, Cole en el 7 son solo unos farsantes, unos pequeños adinerados habidos por el clamor popular, pero sin ningún tipo de poder, son solo piezas en un tablero que cambian de lugar para que nada cambie, ¿Dime es por esto por lo que luchaste?

- Dalton, yo no sé, ya no puedo ayudarte.

- Si puedes ayudarme, eres el único que conoce mi historia, toma esto y llévaselo dile que no lo culpo que se lo que los juegos le hacen a la gente.- Wolf le entrego el broche con la figura del lobo

- Esta bien, ahora guarda ese arma y vamos-

-No, no puedo entregarles mi cuerpo, Por favor cumple mi última voluntad una vez que haya muerto por favor tira mi cuerpo al fuego lumínico, por favor

-No tienes que hacerlo Dalton, por favor no lo hagas

Pero Wolf ya apretaba el caño contra la sien, el dolor solo duro un instante.

La detonación helo la sangre de los que aguardaban en la puerta del bunker, Mila se aferró fuerte a la chaqueta de Katniss que con una mano la mantenía en pie y la otra se enroscaba con nerviosismo alrededor de su arco, cuando se habrá esa puerta Wolf cruzara dejando atrás el cuerpo de Gale.

La puerta se abrió y la sorpresa fue general cuando vieron salir al cazador con el broche del lobo en la mano mientras con la manga se enjuagaba las lágrimas, ya no entendía muy bien de qué lado estaba, su lucha había sido en vano otra vez. Ingreso a aquel bunker seguro que su muerte lo exoneraría pero se había encontrado otra vez ante la muerte de alguien cercano. Mila se aferró a su cuerpo y el aire volvió a entrarle al cuerpo, por primera vez en mucho tiempo tenía una certeza ella no lo iba a soltar, pase lo que pase iba a estar ahí. Aquel abrazo funciono como un fragmento de redención. Lograron estabilizarse ambos heridos y sosteniéndose mutuamente empezaron a salir y no se detuvieron ante ninguna voz, ni siquiera ante la de Katniss.