-¡Lydia!, corre ven- era mi madre. Salí de mi habitación para ir a la biblioteca. Mi madre sostenía un gran libro en la mano del que salían imágenes... de Edgar.-Cielo, tengo una mala noticia...-Me acerqué a ella, Edgar estaba con un chico de su misma edad, y eran muy parecidos.
-¿La doctora de hadas no te importa de verdad?- preguntó el chico extraño.
-James, te he dicho mil veces ya que no...-contestó Edgar.
-Sigo sin creérmelo, ¡Pero si la has propuesto matrimonio!
-Hermano, son solo cosas de negocios, si no la tengo cerca, alguien se aprovechará, se la llevará y no podré usarla más...-No me lo podía creer, lo que oía no era cierto.
-Pero te comportas como si estuvieras enamorado de ella...
-Te he dicho que no es así, ¿Quién querría a una chica que ve cosas que tú no puedes ver?-Edgar se empezó a reír secamente. ¿Cómo podía haber cambiado tanto?, hacía unos meses que nos habíamos visto, pero seguíamos en contacto...
-Entonces, ¿te la puedo robar verdad?- Vi una pizca de enfado en los ojos de Edgar pero enseguida se desvaneció.
-Claro, creerá cualquier cosa que la digas, a mí me cree todo-¿Cómo podía decir eso? Notaba como si mi corazón se rompiera en pedazos y me costaba respirar. No quería seguir ahí, noté que estaba llorando, no quería que nadie me viera así, salí corriendo y me fui a la azotea del castillo... y pensar que le había entregado mi virginidad a Edgar...
-Lydia ¿Qué te ocurre?- era la voz de Charlie, me limpié las lágrimas.
-No es...nada-sentí su mano sobre mi hombro y noté como si una tranquilidad me inundara. Al fin y al cabo, ellos habían tenido razón con lo de Edgar y yo no les había escuchado. Me asomé al borde, me quité el colgante y el anillo y los tiré lo más lejos que pude, me iba a olvidar de él por muy doloroso que fuera.
-Lydia, por favor, sabes que puedes confiar en mí-no me pude resistir, necesitaba el consuelo de alguien en estos momentos. Lo abracé llorando.
-Teníais razón con lo de Edgar, perdóname por no haberte hecho caso.-él me devolvió el abrazo.
-No te preocupes Lydia, sabes que siempre me tendrás a mi a tu lado pase lo que pase, y no niegues que es verdad lo que digo.
-No lo niego- en verdad él había estado a mi lado todos los días, y se había ganado gran parte de mi corazón.
-Tengo que comunicarte una cosa-dijo mirándome a los ojos.
-¿Qué sucede?-pregunté.
-Sé que no es un buen momento, pero luego será demasiado tarde...
-¿Qué ocurre?-Estaba confusa.
-¿Sabes los juegos que se están organizando que te dije que era como una especie de olimpiada?-Yo asentí lentamente.-En esos juegos, se concederá tu mano al vencedor
-¿Qué?-Bueno, ahora ya no estaba con Edgar, así que eso no me importaba mucho que digamos...
-Esos juegos serán dentro de una semana...
-¿Tú participarás?-eso era como obligarlo a casarse conmigo...
-Claro que sí, por ti haría cualquier cosa-murmuró.
-Pero... tampoco es una orden...-Charlie me cogió las manos.
-Lydia, desde que dejaron inscribirse, me inscribí, hace unos meses ya, no creas que me lo tomé como una orden para ese entonces...-Sentía cómo los ojos se me humedecían, Charlie era todo lo que Edgar no había sido, si era con él, podría pasar toda mi vida a su lado.-Lydia, ¿En qué piensas?-Sin darme cuenta me sonrojé.
-No es nada, no es nada...-Entonces Charlie me estrechó entre sus brazos, su olor a fresno me invadía por completo, era un olor maravilloso.
-Será mejor que volvamos dentro, con ese vestido te va a dar una insolación.
-No-murmuré, no quería que se rompiera este momento, era...perfecto.
-Venga Lydia, si quieres, continuamos abrazados, pero dentro del castillo, no quiero que te pase nada-noté cómo me volvía a sonrojar, él sabía justo lo que quería...me acarició la mejilla.
-No quiero volver a ver a Edgar-susurré.
-Tranquila, si se atreve a aparecer por aquí, no dejaré que se acerque a ti, lo prometo.
-Yo...muchas gracias Charlie, no se cómo agradecértelo.
-Puedes agradecérmelo dándome un beso- me quedé perpleja.
-Un... ¿Beso?-Apenas podía respirar, ni hablar, ni moverme, ni pensar, ni nada de nada
-Sí, un beso- Me acercó a él despacio y me besó, su beso era cálido y suave, pero no tenía la misma sensación que cuando besaba a Edgar Nos separamos casi sin respiración, los dos estábamos muy rojos.-No te quiero volver a ver llorar, mi princesa.
-Yo...Yo... no prometo nada-apenas tenía voz.
-Pues te besaré cada vez que llores y te consolaré.
-Yo...no sé que decir-él me cogió y me llevó dentro.
-Con tu mirada me lo dices todo, te quiero Lydia-Sentí cómo mis fuerzas me abandonaban y Charlie me cogió en brazos-Tranquila, pronto estarás bien.-Me sentía confusa, ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso me había echado un veneno o algo? Todo me empezó a dar vueltas, ¿Qué me estaba ocurriendo? ¿Me estaba muriendo o algo por el estilo?.-Todo estará bien, ya no tendrás más preocupaciones, no volverás a recordar a Edgar, nunca más...Todo se volvió negro.
Ya sé que tardo mucho en subir capítulos, lo siento...
Continuará...
