Me desperté, Charlie estaba a mi lado, parecía preocupado.

-Buenos días, mi querida Lydia.

-Buenos días, Charlie.-él se acercó a mi, creí que me iba a besar y me aparté.

-¿Qué ocurre, Lydia?-Me sentía extraña.

-Nunca he besado a nadie…-solo en sueños, o eso creía. Él sonrió y toda su preocupación desapareció, como si lo que yo había dicho de algún modo le hubiera aliviado.

-No te preocupes, yo te enseñaré-contestó él, yo sentía como si no pudiera, lo tuviera prohibido o algo por el estilo, mi corazón se negaba a aceptar que lo besara, pero no sabía porqué, yo no amaba a ninguna otra persona…

-Perdóname Charlie, no sé qué es lo que me ocurre, pero no…-no sabía como explicarlo.

-Te entiendo, esperaré por ti, de todas maneras, cuando gane los juegos, me tendrás que besar todos los días-dijo sonriendo. Charlie se fue de mi habitación, me sentía bastante extraña pero no sabía por qué. Todo era extraño, era como si olvidara algo muy importante para mí. Empezaron a pasar los días, yo me sentía muy nerviosa por lo de los juegos así que le pedí a mi madre participar en secreto en el juego, mi madre aceptó aunque no de muy buena gana, pero me dijo que me ayudaría en todo lo que pudiera.

Ya estábamos en el último día, mañana serían los juegos, mi madre me trajo la ropa (la imagen que aparece en la portada de Lydia) Me cambió el pelo de color con un poco de magia al igual que me hizo unos tatuajes y me puso unos pendientes de aros. Todo con magia. Mi madre había puesto habitaciones para todos los participantes.

-Cielo, ven a conocer a los participantes-dijo mi madre.

-Enseguida voy-me vistieron con un precioso vestido de colores pasteles, salí de mi habitación y me adentré en el gran salón, había una gran fila de chicos. Entre ellos estaba Charlie y un chico que era igual al chico que aparecía en sus sueños y con el que había tenido…sueños húmedos, a lo mejor eso significaba algo… El chico era rubio, de ojos malva… era hermoso y el chico también se fijaba atentamente en mí, con una extraña sonrisa, como si me conociera de antes, como si…me quisiera.

-Hija mía, ese chico se llama Edgar-susurró su madre.-Es un humano normal y corriente.-Edgar era el mismo nombre que el chico de sus sueños.

-Bueno, como ya muchos sabéis, esta es mi única y heredera hija, Lydia Carlton, por la que todos vosotros vais a competir-todos se arrodillaron ante nosotros. Entonces Charlie se acercó a mí algo preocupado y me acarició la mejilla.

-¿Te encuentras bien preciosa?-todo el mundo me miraba preocupado, ¿acaso al pensar en mis sueños había actuado algo extraña o algo?

-Sí, claro-sonreí, el chico…Edgar, ahora nos miraba algo furioso o…celoso ¿Por qué? Me daba mal rollo, no sabía qué hacer, mi corazón me decía que hablara con él, que no me haría nada, pero mi mente me decía que no me acercara, que no le conocía y podía ser peligroso. Me sentía mareada…

-Mamá-susurré.

-¿Sí, cielo?-preguntó ella.

-¿Puedo salir un poco a tomar el aire? No me siento…muy bien-ella asintió y yo me fui al jardín. ¿Quién era ese chico? ¿Por qué era igual que al de mis sueños? ¿Por qué cuando le miré una ola de rabia y de amor me inundaron? No estaba segura de lo que me pasaba y estaba aterrada por ello.

-Lydia-me asusté, pero al girarme vi que solo era Charlie-¿Qué haces aquí?...tu madre me contó que vas a participar en los juegos…yo estaré a tu lado, que te cambies el pelo y la ropa no me hará dejar de saber quién eres-me cogió la mano, me transmitía tranquilidad y paz. Es verdad, mi madre me había pintado el pelo…Me miré el pelo pero seguía de color óxido."Caramelo" ese era el color que decía el chico de mis sueños que era mi pelo.-Tranquila Lydia, tu madre activará el hechizo a partir de mañana-me mostró una sonrisa cálida y tierna. Pero sentía como si mi lugar no fuera al lado de Charlie.

-Lo…lo siento, ¿me podrías dejar…sola?-Charlie asintió preocupado y se fue. Al rato oí unos ruidos cerca del jardín, eran dos personas hablando. Me acerqué, era Charlie con ese chico, Edgar.

Continuará…