Personajes e historia original pertenecen a Tadatoshi Fujimaki

Pan especial.


No me pregunten qué fue exactamente lo que impulsó al azabache a hacer lo que hizo, porque ni yo lo sé aún a ciencia cierta. Solo se sabe lo que su mano realizaba en aquellos momentos, sin titubear o arrepentirse.

—¿Mitobe?

Koganei alzó la mirada, sorprendido del repentino tacto en su cabeza. Tanta fue la confusión, que dejó a un lado su delicioso pan especial. Cerró la boca que momentos atrás se preparaba sin miramientos a morder el codiciado alimento y miró atento la expresión perenne de calma en el rostro del más alto. Abrió de nueva cuenta sus labios para formular alguna pregunta, pero toda intención quedo en mera tentativa cuando la gran mano de Rinnosuke bajó de su cabeza a su mejilla.

Los cabellos castaños de Shinji se erizaron por completo acompañando a la perfección sus rasgos felinos, sintió una ligera descarga de electricidad recorrerle desde el coxis hasta la nuca, y, de no haber estado sentado, juraba que sus piernas flaquearon al grado de desvanecerse.

Una pequeña sonrisa curvó ligeramente los labios de Mitobe, apenas una torcedura que logró sacudir el estómago de Koga obligándolo a balbucear un poco, sintiendo como la gran mano le transmitía un calor sofocante. Shinji apretó el pan que aún sostenía entre las manos por mero reflejo de los nervios. Y juró que estaba a nada de irse de espaldas cuando la mano entrometida viajó de la mejilla a su mentón.

Y sin más, sin preparación mental, sin palabras cliché que anticiparan sus acciones, sin coqueteo previo, sin nada de nada, Mitobe besó a Koganei. Un beso tan sorpresivo, rápido y dulce que después de realizado Shinji tuvo que preguntarse si realmente sucedió y no en realidad había sido un producto de su imaginación.

—Mitobe eres un… —se congeló por completo. Cerró los ojos y enrojeció como nunca imaginó poder.

Lo maldecía mil veces, porque lo había tomado tan descolocado que ahora mismo parecía una chica emocionada por su primer beso –y sí era su primer beso, lo cual lo molestaba más–, quería golpearlo o algo similar. Tenía tantas emociones agolpándose en la boca del estómago que no le sorprendería vomitar en cualquier momento. La boca le temblaba y parecía moverse por sí misma, murmurando cosas sin sentido, sonriendo con nervios. Negaba con la cabeza mientras cerraba los ojos, se sentía el bicho más raro y virgen de todo el patio.

Tanta era su vergüenza que no notó cuando el pan especial fue arrancado de sus manos. Se dio cuenta hasta que sintió sus dos manos vacías cubrir su rostro ardiente y rojo.

Ante la sorpresa de sentirlas desocupadas, superó su sonrojó y alzó la mirada encontrándose la acción que acabó por reventarle el hígado. Era el mismo Mitobe Rinnosuke, el que le robó un beso, quien le había robado el almuerzo tan codiciado de los días veintisiete. Pero no bastante era el acto, que incluso lo comía con una pequeña sonrisa de victoria.

—¡Mitobe eres un…!


Fin.

Pia~.