-Hola, querida-era ese chico tan antipático, Edgar.
-¿Qué haces aquí?-pregunté extrañada.
-Bueno, ahora eres mi prometida, creo que puedo estar contigo si quiero-le miré enfadada, cuando me había dicho "te quiero" fue realmente cálido y sentí como si yo también pensara lo mismo, pero eso debía ser un error.-¿Estás mejor?-dijo tomándome la mano.
-Sí, claro, gracias-él me tendió un anillo me sonaba familiar.
-Póntelo, por favor Lydia- le miré extrañada, me sentía familiarizada con ese anillo, dejé que me lo pusiera, pero al ponérmelo fue como si se hubieran desatado unas cadenas en mi corazón, era tan... extraño. Entonces vinieron a mi imágenes, en ellas estaba Edgar y... mi padre. Era muy raro, en esos retazos de mi vida podía ver que yo quería a Edgar y que me había entregado a él en alma y cuerpo.
-¿Qué me has hecho?-pregunté. Él me miró sorprendido, seguramente no sabía a lo que me refería lo que significaba que él no había hecho nada.
-Lydia ¿me quieres como tu esposo?
-Yo... no lo sé, creo que sí-murmuré, estaba muy confusa acerca de todo.
-Ven aquí-me abrazó, lo sentía tan nostálgico que sin darme cuenta empecé a llorar.-¿Qué te ocurre Lydia?
-Yo...has tardado mucho tiempo en venir a por mí-ya me acordaba de todo. Hice que cayera en la cama y lo besé. Hacía tanto tiempo que no sentía sus labios. Sabía que él había sufrido mucho por mi culpa.-Yo... sí, me casaré contigo-Él sonrió sosteniéndome entre sus brazos, ahora nada haría que nos volviéramos a separar, no lo permitirí un rato ninguno de los dos nos separamos, nuestra respiración iba al unísono, nos llenamos de besos y caricias.
-Mi pequeña Lydia, te he echado tanto de menos...-entonces lo recordé, su conversación con su hermano. Me separé de él.
-Edgar, una vez fui a contactar contigo-él me miró extrañado-pero te vi decirle a tu hermano o eso creo...-no estaba segura de si era su hermano o no-...que tú solo me usabas, que no me querías.-Él se acercó a mí y me acarició el pelo.
-Él sin duda es mi hermano-dijo con una sonrisa fingida-le dije eso porque sabía que si no intentaría ir a por ti y como sabía que te habías ido de mi lado muy desequilibrada sería fácil que cualquiera se aprovechase de eso, pero si es lo que quieres, te lo presentaré cuando estés a mi lado.-Yo asentí, así que solo era eso...
Pasó el tiempo, mi madre aceptó a Edgar y pronto me casé con él y me convertí en la nueva reina de las hadas, como dijo, me presentó a su hermano Castiel, que más de una vez intentó algo conmigo pero no lo consiguió y Edgar y yo vivimos muy felices un tiempo con los humanos y otro con las hadas.
Gracias por leerme, éste es el final, lamento mucho la tardanza.
