LEGOLAS Y TAURIEL VOL. 2
El frío que sacudía sus capas con ferocidad sólo hizo sonreír a Legolas, era una noche sin luna y sin estrellas, la gruesa capa de nieve de la tormenta era como si cubriera todo en un manto de nada y misterio.
- De que te ríes amor?
- Necesitas pegarte más a mi lado, o te congelarás-
- Pareces muy convencido-
- No existe otra forma-
- Si estoy pegada a ti no podremos cazar-
- Si lo haremos- y la tomo de la cintura acercándolo a el, la sujeto con firmeza y suavidad y comenzó a subir sus palmas por su espalda, Tauriel no pudo evitar estremecerse con su caricia, que aunque suave, era todo menos inocente, ella tomo uno de sus rubios mechones entre sus manos, el miro la mano de ella hacerlo y Tauriel observo sus ojos brillar con anhelo, se acercó a el y lo beso, el se entregó al beso como las flores lo hacen a la primavera, con dulzura desesperada, acariciando sus labios con los suyos en cada beso, y la abrazo enredandola en sus brazos como sí estos fueran lianas de piedra, ella subió sus palmas por su torso y siguió acariciando su cabello. Sus besos fueron prolongados, dulces y eléctricos, la nieve y su tormenta los cubrieron cómplices de la pasión de su romance.
Su paseo para cazar a pesar de las circunstancias era lo más sensual que hubieran vivido nunca, su historia había sido romántica y casi trágica y ellos habían tenido realmente pocos momentos realmente solos, sin la corte, sin sus hijos, sin Thranduil, sin nadie más que ellos y la nada. Legolas no sabía de que forma hacerle comprender a Tauriel lo mucho que la amaba, a pesar de su vasta cultura no encontraba las palabras suficientes, quisiere recitarle los versos más bellos que alguna vez habían sido compuestos para las estrellas blancas mientras la besaba, quería imprimir en su piel cada huella de sus dedos, formar palabras con sus uñas que fueran permanentes, que le gritarán al mundo y a ella misma, que le pertenecía que no existía ni era posible o concebible otra realidad.
Tauriel sentía la urgencia de Legolas, su amor y entrega plena, era absorbente, abrumador y embriagante, tanto tiempo reteniendo sus sentimientos por considerarse indigna de el por su clase o tan sólo por ser militar a veces le impedían que el pudiera ver a través de ella lo mucho que también lo amaba y valoraba. El era tan precioso para ella, sus hermosos ojos azules eran más hermosos que el riachuelo cristalino que atravesaban cada mañana de jóvenes antes de la caza de orcos, eran más hermosos que los zafiros de su corona, el Rubio de su cabello era más preciado para ella que todo el oro que contenía Thorin en su montaña, su torso y brazos musculosos eran más fuertes que la fortaleza de Saruman, y al mismo tiempo más suaves que sus ropas de seda. Su aroma era brisa fresca por la mañana en el despertar del bosque, era hogar y perdición, era cielo y era limbo, y manos se amaban mientras repartían muerte a la maldad de la tierra media, tal vez por eso ella no temía morir, como podría hacerlo si había tenido una vida tan maravillosa? Como podría temer a la muerte si ya sabía lo que era estar entre sus brazos, concebir a sus hijos y traerlos a la vida a través de estrellas, como podría?
En la cueva,
Bilbo y Gandalf discutían acerca de como racionarían la comida que traerían los elfos, y Aragorn se había quedado ya a la mitad conversando sólo con su reina. La cueva era muy larga, y Bilbo comenzó a impacientarse. - Debemos regresar! Tal vez han traído ya la comida y si se cocina propiamente tardara un poco y...-
- No seas imprudente!, en asuntos del corazón, debemos dar un poco más de tiempo-
- Oh- dijo Bilbo horrorizado - Por supuesto que no pretendo ser impertinente! Que vergonzoso! Esta bien, esperaremos, esperaremos,... Por cierto deberías hacer aparecer un par de abrigos para nosotros, somos los únicos que no trajimos extra y estoy pasando mucho frío-
- Cuando es que comprenderás que La magia no funciona de esa forma!-
Bilbo entrecerró los ojos indignado. - Pues entonces no veo que sea de verdadera utilidad!-
- Bilbo bolsón! Sólo habla tu ignorancia por eso no me enfadare contigo!-
- No soy ningún ignorante! -
- Oh, ya calla, calla, mejor saca algo de ese tabaco Hobbit, que traigo conmigo una pipa.-
- Nos ahogaremos! Esta es una cueva y no hay ventilación...y...soy de pulmones sensibles...-
- Regresemos entonces-
- No dijiste tu que debíamos ser prudentes!-
- Ya pasó el tiempo suficiente-
- Eres un adicto!-
- Camina ya, criatura insensata-
Bilbo iba a replicar cuando aparecieron Aragorn y Arwen de la mano, tanto el mago como el hobbit notaron el brillo especial en sus ojos, ese brillo que sólo otorga el amar y ser amado.
Fili había salido a tomar aire porque su discusión con su hermano había sido agotadora, salió y se coloco sobre la cueva sentándose apesadumbrado y resignado para hacer guardia. Pronto de quedo dormido...
Kili en cambio se encontraba dentro de la cueva, mirando al vacío jugando con sus armas. Súbitamente entraron entre risas Legolas y Tauriel tomados de la mano, el llevaba sobre los hombros un ciervo muerto. Pero su aura era de amor y complicidad, Kili noto inmediatamente como Tauriel tiritaba de frío su piel era un poco más pálida, y sus labios estaban ligeramente hinchados.
El se levantó de un salto consumido por la rabia, como era posible que estando ahí en medio de una tormenta no pudiera dejarla sola? Es que el era un bruto! Un insensato! Demasiado estúpido para ser el rey de los elfos del bosque, demasiado poco para ella. Sus ojos castaños se tornaron negros por el cólera, Tauriel y Legolas notaron lo pesado del ambiente y el aura oscura de Fili. Tauriel saco con rapidez una de sus cuchillas y la coloco en la garganta del enano.
Del fondo de la cueva emergieron los demás.
- Que pasa?- pregunto Aragorn.
Kili miro desafiante a Tauriel y luego a Legolas, sentía su corazón roto doliendo y quejándose, como si alguien se lo hubiese arrancado y lo tuviese en la palma de su mano, como había sido ella capaz de atacarlo?
Tauriel por otra parte, al sentir la ira de Kili pensó que lo más sabio sería amenazarlo ella porque si Legolas lo hacia el no se detendría y se hubieran lastimado, dividiendo al equipo y sin haber podido cumplir su cometido. Sabía que lo lastimaba al atacarlo que no entendería que era por un bien mayor, y el bien de el mismo pero no le importaba... tal vez lo mejor como alguna vez Arwen le había dicho sería que Kili la odiara y así su sufrimiento por no ser correspondido sería más tolerable para el.
La mirada de Legolas estaba llena de desprecio, es que el nunca entendería? Si no lo hacia el lo haría entender por la fuerza, a veces se encontraba imaginando la mejor forma de matarlo en sus tiempos libres, no lo odiaba...eso sería darle un valor que no tenía, pero si lo despreciaba y no veía el momento de deshacerse de el.
Una vez tranquilos los ánimos, Legolas y Aragorn le quitaron la piel al ciervo, y Bilbo lo cocino, se volvía loco con tanta carne, se quejaba de no tener especias y los utensilios adecuados. Arwen intento ayudarle en todo lo que pudo, Bilbo le transmitía paz y felicidad.
Kili se mantuvo apartado hasta que decido cambiar de lugar con su hermano en la guardia, y la noche transcurrió tranquila, hasta el día siguiente en el que continuaron su camino hasta internarse en las montañas a profundidad.
Fue realmente casi por casualidad y muy pronto que encontraron a la criatura Gollum, tenía los ojos grandes y brillantes, los observaba con malicia y avidez. Legolas puso tras de si a Tauriel y Aragorn a Arwen, Bilbo se mantuvo a la distancia pero se subió a un piedra para poder observar detalles para su libro. Kili y Fili flanqueaban a Aragorn y Legolas. Gandalf estaba frente a todos, y hablo con voz sonora y autoritaria,
- Criatura Gollum! Hemos venido para que nos entregues el objeto aquel al que llamas tu tesoro-
Gollum se tensó enseguida y profirió un gruñido espantoso, arrojándose hacia Gandalf atacándolo, Una flecha lanzada por Legolas le perforó el tórax y lo hizo estrellarse en la piedra Gollum chillo de dolor. Kili se adelantó y empezó a registrarlo pero Golum con fuerza sobrenatural se incorporó y le mordió un brazo, Fili le sostuvo las manos y Aragorn los pies, Kili lo golpeo en el rostro hasta que Gollum escupió sangre y le retiró el anillo de la única prenda que cubría su sucio cuerpo.
El anillo resbalo y penetro el dedo anular de Kili el príncipe enano.
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