DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN: Toda profecía debe cumplirse y para conseguirlo varios lazos deben entrelazarse uniendo los destinos de los seres más insospechados. (Viaje en el tiempo) (Harry conoce a los Merodeadores)

Bajo Juramento
Capítulo II. Casos sin resolver.

Harry casi cerró la puerta de un portazo, pero la poca educación que le habían inculcado sus tíos lo detuvo de tal intención.

Quizá ya era algo tarde, puesto que no había mucha gente en el ministerio. Harry se dirigió hacia uno de los ascensores, presionando el botón que lo llevaría hacia el atrio. El cacharro entonces se elevó más allá llegando hasta el Departamento de Seguridad Mágica donde una jovencita de cabello verde oscuro entró a trompicones cubierta de cajas polvorientas.

Harry la sujetó antes de que cayera.

- ¿Una mano Tonks?

- Hmm... – Nymphadora Tonks, auror del Ministerio de magia levantó sus pupilas rosadas para ver a su salvador - ¡Vaya! – dijo reconociéndolo –¿Qué hay Harry? – agregó dándole una fuerte palmada – Hace mucho que no nos vemos ¿dónde te habías escondido?.

Harry entonces empezó a contarle su travesía después de vencer al Señor Oscuro. De como después de dar varias conferencias de prensa, entró como aprendiz al Departamento de Misterios en donde permaneció hasta este día.

- ¿Y tú Tonks, adonde vas con todo esto?.

- Jum, no has visto nada, esta es la última de las cajas, las llevo al archivo muerto, ya sabes casos sin resolver. – la puerta del elevador se abrió en un lugar a media luz con varias cajas cerca de la entrada del elevador – Entonces nos estamos viendo Harry – Tonks salió del elevador pero por estar observando a Harry tropezó con una de las cajas cercanas a la salida y el archivo que llevaba en sus manos cayó distribuyendo su contenido por todo el piso.

- ¡Demonios!

Harry la miró con un poco de lástima y salió dejando ir al elevador a su próximo destino.

- Déjame darte una mano – Harry empezó a arremangarse los puños, Tonks lo miró dudosa y luego le sonrió.

- Bueno, en realidad no deberías, pero como eres Harry Potter y todo no creo que haya problema.

- ¡Cállate! – dijo Harry dándole un golpe en un brazo.

Horas después de acomodar las otras cajas en los anaqueles etiquetándolas con sus respectivos títulos, sólo quedaba ordenar los folders que había tirado Nymphadora.

Después de leer varias hojas uno de los folders llamó su atención.

Caso 137

Cuya página frontal tenía las fotos de dos muggles, cuyos pies de foto decía:

Joseph y Margaret Evans

Con el corazón en el puño Harry empezó a leer la hoja del expediente, Tonks, que había estado hablando sola los últimos tres minutos lo miró confundida.

- Hey... ¿Harry?... – dijo dejando lo que tenía en las manos - ¿Qué encontraste?

- Son mis abuelos – aclaró el joven ya que Tonks se había situado detrás de él – No puedo creerlo, es la primera vez que los veo.

Y así, ambos reunieron las hojas restantes del expediente, incluyendo varias fotografías de la escena del crimen.

Harry salió del Ministerio ya muy entrada a noche y se dirigió a su departamento en un vecindario urbano a unas cuadras de este edificio.


El sonido de las sirenas de los policías podía subir a través de las ventanas hasta su habitación, mientras Harry a media luz se preparaba para entrar a la cama. Suponía que gracias a lo acontecido en el ministerio le costaría trabajo conciliar el sueño ahora que por fin tenía tiempo libre.

Sus remembranzas no había logrado otra cosa que despertar sus memorias pasadas, eso y su pequeña visita de despedida al velo en el Departamento de Misterios. Después de dar de vueltas media hora Harry se acercó a su escritorio para terminar el boceto de Hedwig.

Su fiel compañera tenía tiempo de haberlo abandonado. Era natural que Hedwig ya no estuviera con él, pues a pesar de ser mágica, los años de abuso que pasó gracias a los Dursley, aunados a los terribles viajes que le había hecho realizar para cartearse con su padrino no habían hecho más que agotar su magia.

Hedwig lo había abandonado sólo dos semanas atrás, y como tributo Harry había decidido plantar un árbol con sus cenizas cerca de la tumba de sus padres. Ahora trataba de dibujarla con el mayor detalle posible, antes de olvidarse por completo de ella.

Así, Harry se la pasó trabajando arduamente en el boceto para la pintura mágica de su amiga hasta el amanecer, cuando una llamarada cerca de la ventana lo obligó a posponer su trabajo.

- ¿Que estás haciendo aquí Fawkes?. ¿Le sucedió algo al profesor Dumbledore?.

El fénix soltó un trino por respuesta mientras alargaba su pata para liberarse de su carga. Harry observó la nota y se dispuso a liberarla. Y mientras la leía, el fénix se dejaba querer por el poderoso mago.

Querido Harry:

Espero que la siguiente misiva te encuentre bien y algo más relajado ahora que ya has terminado tu trabajo con Severus.

- Vaya – dijo sorprendido – no se le escapa nada.

La razón por la que te escribo es para invitarte a tomar el té conmigo. Espero no le niegues tu compañía a un viejo amigo, sobre todo ahora que tienes pocas ocupaciones. Envía tu respuesta con Fawkes

Sinceramente

Albus Dumbledore

- No me imagino de que querrá hablar conmigo ¿tú que piensas Fawkes? – El fénix mientras tanto se limpiaba las alas con el pico poniéndole poca atención – Bien, supongo que iré, no es que tenga nada mejor que hacer.

Harry tomó un trozo de papel de los bocetos fallidos de Hedwig y redactó su respuesta para el director.


Ya avanzada la mañana, en una terraza bañada por el sol del medio día, un anciano de larga barba blanca degustaba un pay de limón.

- Dumbledore, señor – dijo un elfo doméstico muy peculiar, asomándose por la puerta de cristal – El señor tiene visita. – Dumbledore entonces reconoció el rostro de Dobby bañado en lágrimas.

- Supongo que se trata de Harry no es así Dobby. Adelante, ve a preparar algo para acompañar el té de Harry.

- Si señor, en seguida señor – Dobby iluminó su rostro y chasqueó los dedos desapareciendo,dejando atrás uno de sus sombreros. Minutos después Harry atravesó la puerta.

- Olvidó decirme que estaría en su casa de verano profesor. – dijo Harry aún ruborizado por la larga caminata en Hogwarts.

Pero esto paso desapercibido para eldirector de Hogwarts que al ver a Harry en el umbral de la puerta había palidecido mucho.

- Dios mío... Harry muchacho ¿eres tú? – A Harry le pareció alarmante la manera en la que había palidecido el director, sin embargo esto sólo había sido por un instante, ya que casi inmediatamente después la palidez dio paso a un brillo especial en su mirada, a una expresión traviesa que al mirarla, en realidad le daba un poco de escalofríos.

- ¿Se siente bien director?.

- Claro, claro. Lo siento mi muchacho, pasa, pasa – mientras Harry se acomodaba Dumbledore lo contemplaba ensimismado y con una mirada especialmente atenta.

- Has crecido mucho Harry, más de lo que yo podría haber soñado. Te has convertido en un mago muy poderoso y a la vez muy sabio. Jamás podré expresarte lo orgulloso que me haz hecho sentir hasta el día de hoy – Harry que acababa de llegar tomó está observación más bien con un poco de desconcierto.

- Lo siento señor, creo que no comprendo.

- Achaques – dijo el viejo divertido – ya sabes como nos ponemos nosotros la gente mayor.

En ese instante apareció Dobby, quien después de saludarlo nuevamente, comenzó a prepararle el té.