DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN: Toda profecía debe cumplirse y para conseguirlo varios lazos deben entrelazarse uniendo los destinos de los seres más insospechados. (Viaje en el tiempo) (Harry conoce a los Merodeadores)

Bajo Juramento
Capítulo III. La nueva profecía

Harry terminó de degustar el pastel de chocolate que Dobby le había traído para acompañar su té de limón, al dejar la cuchara junto al plato se fijó que Dumbledore no le había quitado la vista de encima.

– Bien Harry ¿por qué no me acompañas a pasear por el jardín? – dijo Dumbledore apoyándose en su bastón.

Ambos magos empezaron a recorrer el jardín de la mansión, al llegar al estanque Dumbledore se detuvo a contemplar su superficie.

– Y bien Harry ¿tienes algo planeado, ahora que ya no trabajas para Severus?

Harry, imaginándose que venía detrás de esa pregunta, meditó por unos momentos ¿qué podría hacer ahora que ya había salido del Departamento de Misterios? Era cierto que quería retomar las amistades que había dejado atrás por su trabajo, pero ello sólo sería por los primeros meses, además sabía, por las cartas que había recibido anteriormente, que sus mejores amigos ahora laboraban en Hogwarts. ¿Su destino sería volver para enseñar ahí?. La verdad era que no le desagradaba del todo la idea, después de todo, Hogwarts siempre había sido su hogar... Harry miró a Dumbledore a los ojos aún indeciso.

– Verás Harry – continuó el director – te hago esta pregunta, porque, hay una plaza para profesor de Defensa que quisiera que tu ocuparas. – Harry lo miró aún indeciso – Es cierto quehay otros candidatos para el puesto – dijo Dumbledore percibiendo su indecisión – pero como tu amigo, puedo darte algunos consejos para que el director se decida por ti.

Harry sonrió para sí mismo, comprendía lo que Dumbledore le quería decir.

– Ahora que lo menciona, creo que me interesa el puesto, podría enviar mi solicitud ahora mismo, pero agradecería mucho los consejos que pudiera darme ahora señor.

Los ojos de Dumbledore resplandecieron detrás de sus gafas al darle un par de consejos mientras regresaban a la mansión.

Para el atardecer, Harry ya iba de salida de su visita con el Director, mientras Dobby lo acompañaba un poco más rezagado. Dicha actitud había desconcertado a Harry ya que, usualmente el elfo no perdía oportunidad para charlar con él.

– ¿Sucede algo Dobby? – dijo Harry deteniéndose al inclinarse frente al elfo. Dobby paro en seco y miró a Harry a los ojos un poco indeciso.

– Harry Potter es un gran mago, señor. Dobby quiere que Harry Potter sepa lo mucho que le aprecia, ya que Harry Potter ha hecho mucho por Dobby.

Harry le sonrió al elfo poniéndole una mano en el hombro.

– Dobby eres un gran amigo.

Al elfo se le llenaron los ojos de lágrimas e hizo una inclinación tan exagerada que su nariz tocó con la alfombrilla de la entrada.

– Harry Potter visitará pronto a Dobby señor – dijo Dobby con los ojos muy abiertos, con una expresión de seguridad que desconcertó un poco a Harry, ya que le hizo recordar aquellas miradas que le hacía el elfo doméstico cuando el asunto de la Cámara Secreta.

– Seguro Dobby, nos veremos.

Al regresar a casa Harry dio una visita a Diagon Alley para enviar su carta de solicitud para el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.


Una semana después Harry llegaba a Hogwarts.

Hogwarts... ya tenía tiempo de no visitar su hogar, las torres de piedra se erguían omnipotentes alrededor del castillo, mientras que sus ventanas, que reflejaban la luz del sol, parecían saludarlo.

Harry avanzó decidido hacia la entrada principal, la cual se abrió de par en par para dejar entrar al joven mago. Harry recorrió el conocido camino hacia el despacho del profesor Dumbledore mientras sus ojos viajaban de esquina a esquina evocando cada una de las experiencias que había vivido en el castillo, ecos de las voces de sus amigos y cosas que ya no volverían jamás, pero que a la vez, le daban esperanza de forjar nuevas experiencias.

Al llegar al último trecho de las escaleras móviles, a unos pasos de la oficina del director, se apareció frente a él una figura llena de chales.

– Los astros vaticinaron tu llegada, Harry Potter – dijo una voz dulzona.

Harry giró hacia la izquierda y se encontró cara a cara con la profesora Trelawney, aunque a decir verdad la veía muy diferente a como la recordaba, o tal vez era que su frase de apertura no había sido acompañada por un chillido de lástima.

Sybill se retiró las gafas de sus ojos, para empezar a limpiarlas con uno de sus chales mientras rodeaban a Harry evaluándolo.

– ¿Profesora Trelawney? – dijo Harry ya nervioso por el escrutinio al que era sometido.

Hora ya es de forjar la maldición
Desafiado por segunda ocasión será el innombrable

Y el último juramento se hará al ocaso del venerable
Para cuidar así de tu protector y de tus padres

Porque el que fue debe ser formado
Combatirás a las sombras que quedaron
Y regresar debes a cada una
Al hogar de terror y la amargura

La hora ya es para regresar y forjar
Para después romper lo que con tu partida has de crear

– Ay no...

Trelawney le sonrió al chico y al ponerse las gafas retomo la actitud exótica que la había caracterizado siempre.

– ¿Te conozco joven amigo?

Harry se desconcertó por el cambió de Trelawney y se presentó, hecho que único que logró fue que Sybill realizara una de las rutinas bien conocidas por Harry.

– Mi niño... oh Dios, sabía que vendrías hoy, pero quería estar segura, acércate – Sybill lo llamó con sus manos y acercarse Harry le susurró al oído, recuperando de nuevo el tono dulzón – Tendrás el puesto chico lo sé, las cartas lo han vaticinado, pero no debes solicitarlo hoy, sino en una semana – el tono desapareció para recuperar su aire místico de siempre – sí... en una semana, así terminará el movimiento retrógrado de Saturno y podrás solicitar el puesto de Instructor de vuelo.

– Pero, ya hice cita con el profesor Dumbledore – dijo Harry claramente desechando los consejos de la profesora Trelawney – Y de verdad necesito ir a verlo.

– Nada pasará cariño, nada, yo me encargo de hablar con Dumbledore, no tendrás ningún problema – Sybill empezó a empujar a Harry hacia la escalera.

– Pero... profesora... yo...

Ya en la escalera, ésta comenzó a moverse alejándose del pasillo del Director y mientras se alejaba Trelawney volvió a quitarse las gafas.

– ¡Y Harry!... – gritó antes de que estuviera muy lejos la escalera – ¡No olvides visitar a tu tía antes de volver!.