DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.
RESUMEN: Toda profecía debe cumplirse y para conseguirlo varios lazos deben entrelazarse uniendo los destinos de los seres más insospechados. (Viaje en el tiempo) (Harry conoce a los Merodeadores)
Bajo Juramento Capítulo
V. El Funeral
Al día siguiente, después de enviar una lechuza rumbo a Hogwarts, Harry llegó a Surrey, en realidad no sabía porque le había hecho caso a Trelawney, pero bastaba con asegurarse que todo iba bien con los Dursley.
Al ir caminando hacia Privet Drive pasó junto a la vieja casa de Arabella Figg, miembro de la Orden de Fénix y su antigua niñera. Menuda sorpresa se llevó al encontrarse frente a frente con ella.
– Hola Señora Figg – Arabella lo miró sorprendida, no reconociéndolo de inmediato – Soy Harry¿se acuerda de mí?
Arabella lo observó más de cerca y después lo miró con ternura
– Hola muchacho, has crecido mucho. Eres muy amable al presentarte aquí – dijo cerrando la puerta de su casa, acomodándose la chalina negra de su atuendo – después de todo lo que te hicieron pasar, en fin... te aconsejo que no vayas, las cosas están un poco feas, no creo que les agrade verte.
Harry la miró desconcertado
– Es que acaso no lo sabes muchacho – le dijo con piedad – Vernon Dursley murió de un infarto ayer por la tarde, de hecho me dirijo al sepelio. Puedes acompañarme si quieres... asegúrate de usar un hechizo para que nadie te reconozca – dijo caminando hacia la acera – ¿no querrás hacer una escena o sí?
Tío Vernon... bueno, no es que lo vaya a extrañar mucho, pero...
Pequeñas gotas comenzaron a caer sobre el césped que rodeaba las tumbas impecables del cementerio de Little Whinging, seguramente el lugar que hubiera preferido Tío Vernon para ser enterrado.
Harry entró lleno de aprensión por las puertas del cementerio, pisar estos lugares siempre le traía pésimos recuerdos.
El frío estaba insoportable, tal como lo había estado aquel día años atrás. Petunia se colgaba de su hijo Dudley como único sostén que le evitaba perder el control. Pero aún así lloraba desconsoladamente mientras el ministro terminada de decir las últimas plegarias. Lejos de ahí, una sombra observaba los procedimientos respetuosamente.
Cuando el ministro terminó de hablar, la lluvia arreció y los asistentes comenzaron a dispersarse, ya sólo quedaban los Dursley y Tía Petunia esperando a que la tierra cubriera finalmente el cuerpo del fallecido Señor Dursley.
Petunia, aún colgada de Dudley, apretaba el brazo de su hijo contra sí, mientras los trabajadores cubrían de tierra el féretro de Vernon. Sendas lágrimas corrían por sus mejillas e hipando se dejo caer en el barro formado a los pies de la tumba, abrazándose a sí misma.
Dudley miraba con asco el espectáculo que hacía su madre de sí misma, mientras su mujer, una chica muy delgada, le hacia caras de que ya deseaba marcharse. Dudley le dirigió unas palabras a su madre y se alejó de ella mientras Petunia seguía deshaciéndose en lágrimas.
Uno de los hombres que tapaban la tumba de Vernon Dursley miró disgustado como el muchacho se alejaba, dejando sola a la señora con su dolor. Arabella, seguía parada junto a la sombra unos metros detrás de Petunia.
– Pobre mujer – La anciana dirigió su mirada al joven mago y apretando su brazo se retiró, no sin antes notar que Harry no había apartado la mirada de su tía.
Mientras en la tumba, Petunia jugaba con el paño empapado en lágrimas y lluvia acompañando a los hombres que terminaban la tumba para su marido. Harry conmovido se debatía en si debía acercarse hacia su tía o retirarse silenciosamente. Tenían años de no verse y la aquella última vez había sido una despedida un poco desagradable...
Arthur Weasley estaba parado en la estancia de Privet Drive, Vernon Dursley rechinaba los dientes mirando con desprecio al mago, mientras Petunia revolvía el azúcar en la taza de té que se acababa de preparar.
– Creo que no han entendido lo que les acabo de decir – continuó Arthur al ver su reacción cuando él les contaba que tal vez no volverían a ver a su sobrino.
Mientras tanto Harry bajaba por la escalera con Hedwig en su hombro y sus pertenencias en ambas manos.
Dudley, el primo de Harry, lo miraba con rencor desde arriba, aunque Harry sabía que, lo que en realidad sentía era envidia.
El joven mago se acercó a la sala, donde estaba el padre de su amigo Ron esperando por él.
Mientras Harry enviaba a Hedwig a Hogwarts, el señor Weasley lo contemplaba atentamente, hoy cumplía 17 años, un momento muy importante para cualquier mago, seguro estas personas no comprendían la importancia que este acontecimiento conllevaba, él por su parte, se sentía sumamente orgulloso, hecho que reflejaba en su mirada.
– ¿Tienes todo listo Harry? – El muchacho asintió – Bueno, es hora de marcharse – Arthur empezó a buscar en sus bolsillos el trasladador que los llevaría a Hogwarts donde Harry iniciaría su entrenamiento con Snape.
Vernon Dursley extendió su mano y Arthur detuvo la búsqueda.
– Bien, ahora que tengo su atención – siguió nerviosamente, jugando con su bigote mientras juntaba el coraje para seguir con lo que estaba – Quisiera saber quien nos va a pagar todo lo que hemos gastado para mantener a este mequetrefe bajo nuestro cuidado.
Arthur miró extrañado a Vernon, mientras Harry empezaba a masajear su sien.
– Disculpe... – continúo atónito el pelirrojo – creo que no comprendo.
– ¡Por supuesto que comprende lo que le estoy diciendo¡Debe haber alguien que nos pague por todo lo que hemos hecho por él!. – dijo sonriendo con crueldad – después de todo él es su héroe¿no es así?. Además alguien debió pagarle la educación que lleva en... en... en ese lugar.
Harry suspiró ya cansado de todo.
– Señor Dursley – continuó Arthur tratando de tranquilizarse – Sabe que lo usted pide no es razonabl...
Pero Harry ya lo había detenido. El muchacho caminó hacia Vernon Dursley y dirigió su mirada hacia él y después a su tía.
– Les agradezco por haberme acogido en su hogar cuando era un bebé, ya que aún con todo, fue gracias a eso que pude seguir con vida – esto lo dijo mirando a Petunia principalmente – Dentro de unos días les enviaré un cheque con lo que considero será suficiente para cubrir las molestias que les causé.
– ¡Espera anormal! – pero Harry ya se había dado la vuelta, Vernon caminó para interceptar a Harry que ya estaba acercándose al Sr. Weasley –¡Aún no termino contig... ¡ARGH! – Vernon Dursley había colocado una de sus gordas manos sobre el hombro izquierdo de Harry, pero su magia lo había protegido del intento de agresión de su tío.
- ¡VERNON! – Petunia corrió colocándose juntó a Vernon, sosteniéndolo, mientras esté soplaba sobre la mano que se había quemado – ¿Cómo te atreves! – Petunia avanzó hacia Harry y le dio una cachetada en la mejilla tirando sus gafas al suelo – ¡Después de todo lo que hemos hecho por ti, atacas a mi esposo¡LÁRGATE¡LÁRGATE DE UNA BUENA VEZ!
Un estruendo estremeció toda la casa, una luz anaranjada pareció rodear la propiedad y después de brillar intensamente se fragmento cayendo en miles de pedazos sobre el suelo, para después desaparecer en granos de luz... dando paso a una terrible oscuridad.
Sonidos de varias apariciones rodearon la casa, Harry y Arthur sacaron las varitas. Dudley bajo corriendo y gritando completamente desesperado y lleno de terror.
– ¡SON ELLOS¡¡PAPÁ AYÚDAME, SON ELLOS!
– ¿QUIÉNES DUD¡¿DE QUÉ HABLAS!
Un frío insoportable rodeo a Privet Drive, todos los habitantes de la casa podían ver como su aliento salía de sus bocas y los cristales de la sala se empeñaban. Los muggles empezaron a temblar incontroladamente. Harry empujó a Dudley hacia sus padres quienes se arrinconaron en la esquina de la sala, Arthur volteó uno de los libreros y colocó el mueble frente a ellos, para después colocarse en guardia acompañado de Harry.
Los cristales de la sala saltaron, cubriendo la carpeta fina que Petunia había comprado en Francia el verano pasado y dos figuras envueltas en túnicas negras con máscaras blancas saltaron dentro de la sala, atrás, otras tres forzaban la entrada.
Pensando rápidamente, Harry se inclinó y jaló de la carpeta con todas sus fuerzas, esta cedió y tiró a ambos mortífagos al suelo, rápidamente Arthur los inmovilizó, justo a tiempo para quitarse del camino de un rayo carmesí que le rozo la oreja derecha, hecho que aprovecho Harry.
– ¡EXPELLIARMUS! – Un rayo púrpura salió de la varita de Harry, mismo que impactó con el primer mortífago (el que le había disparado al Sr. Weasley), empujándolo hacia la pared, en la que se estrelló dolorosamente haciendo un golpe sordo. Las otras dos figuras se ocultaron y una de ellas envió una maldición.
– ¡IMPERIUS! – Esta maldición impactó con el Sr. Weasley, quién intentó hechizar a Harry.
El chico de un golpe le arrebató la varita, sin embargo, Arthur alcanzó a conectarle un derechazo en la oreja izquierda, haciéndolo caer cerca de sus lentes que previamente Petunia le había tumbado.
Mientras tanto, los mortífagos, ocultos detrás de ellos, seguían lanzándoles maldiciones. Harry, de una patada, envió a Arthur contra la mesita de centro de la sala que se deshizo al recibir su peso y haciendo una pirueta, se ocultó detrás de uno de los sillones, el cual se deshizo al chocar contra este un rayo amarillo.
Uno de los mortífagos dirigió un rayo rojo hacia los Dursley, este impactó en el librero haciéndolo añicos, Harry de inmediato se colocó frente a ellos.
– ¡PROTEGO!
Un escudo se formó frente a Harry y los Dursley, una de las maldiciones se estrelló en el escudo y regresó al mago oscuro que la había conjurado. Éste, sorprendido por la acción del chico, no logró esquivar su propio rayo.
El último mortífago huyó por la parte de atrás no sin antes hacer una señal, misma que invocó 5 dementores en la sala. Haciendo un esfuerzo sobre humano Harry logró conjurar su patronus, el cual alejo a dos de los dementores, sin embargo estaba perdiendo potencia.
Un canino llegó a apoyar al ciervo de Harry, seguido de un fénix, los dementores huyeron después de eso. Dumbledore y Lupin estaban parados afuera en el jardín un poco perturbados por el espectáculo que encontraron al llegar a Privet Drive.
Harry colocó su mano sobre su mejilla, ahora enrojecida por el golpe recibido, para después dirigir una mirada llena de tristeza y cansancio hacia su tía.
Arthur se levantó con la ayuda de Remus, al acercarse a Harry apenas rozó con su mano la mejilla que le había lastimado. Aún apenado por el incidente dirigió su mirada a los Dursley esperando encontrar miradas acusadores o con reproche, cual fue su sorpresa al encontrar no otra cosa que indiferencia.
Vernon ya estaba en la cocina observando a Dumbledore reparar la puerta trasera. Entre tanto Petunia revisaba por enésima vez si su hijo no estaba herido y fue entonces que comprendió, por fin, lo que Harry significaba para estas personas. Con un tono entre desprecio y lástima se dirigió hacia Petunia.
– Usted pudo haber sido la madre de Harry y créame hubiera sido muy afortunada. – Arthur se dirigió hacia donde Vernon vociferaba en contra de Dumbledore para controlarlo.
Petunia se puso de pie y se quedó parada frente a Harry mirándolo con desprecio.
– Jamás sería la madre de un anormal como tú – dicho esto escupió a los pies de Harry, quien no se inmutó aunque su mirada decía otra cosa.
Nunca olvidaría con que odio le había hablado hoy y esperaba que su partida le diera una razón para apreciarlo, cuando menos un poco. Después de todo era la única familia que le quedaba. Suspiró... Ya era tarde para pensar en esas cosas.
Harry se acerco a Remus y recogió sus cosas, al mismo tiempo, Albus Dumbledore comenzó a conjurar varias protecciones sobre Privet Drive. Ya, afuera, aún frente a los Dursley, Harry miró con tristeza a la que pudo haber sido su familia mientras se marchaba.
Harry llegó detrás de Petunia Dursley, quien seguía llorando desconsolada y sin decir nada la abrazó por detrás. Petunia se colgó de él y siguió sollozando dolida por la pérdida de Vernon.
Cuando los trabajadores terminaron de cubrir la tumba, Harry ayudó a Petunia a levantarse, si ella le reconoció no le dijo nada y aún apoyándose en él, ambos abandonaron el cementerio para regresar a Privet Drive.
Harry bajo del taxi con tía Petunia, ahora más tranquila, en la entrada de Privet Drive. Petunia avanzó hacia el pórtico mientras Harry la miraba a medio camino, al abrir la puerta lo volteo a ver y aunque ambos estaban calados hasta los huesos ninguno entró a la casa.
Después de un rato, Harry se despidió con la mirada y caminó hacia la acera.
– ¡Espera! – gritó Petunia antes de que Harry se perdiera de vista. Harry se detuvo aún dándole la espalda – ¿Qué pasó?... la última vez que... – dijo Petunia bajando la mirada sin dejar de jugar con el pañuelo empapado.
– Cuando me pediste que me marchará anulaste los conjuros que el profesor Dumbledore había hecho en esta casa, y como estaba siendo vigilada fuimos atacados. – dijo Harry sin voltear.
– Entiendo... – Petunia apretó el pañuelo buscando la mirada de su sobrino – Nunca te agradecí... – volvió a bajar la mirada con una expresión amarga – Pero, ahora no importa. Lamento mucho no haber sido... una buena guardiana para ti, chico... – negó con la cabeza, como reprochándose a sí misma – Harry.– dijo decidida y suspiró.
Ya iba a entrar a la casa cuando una mano se posó en su hombro. Después de apretarlo un poco Harry desapareció y Petunia finalmente entró a casa.
Harry apareció en el atrio de ministerio aún empapado por la lluvia, después de varios hechizos se dirigió hacia el Departamento de Misterios, donde se reencontraría con Snape para que le enseñare a conjurar los trasladadores diseñados para su misión.
