DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN: Toda profecía debe cumplirse y para conseguirlo varios lazos deben entrelazarse uniendo los destinos de los seres más insospechados. (Viaje en el tiempo) (Harry conoce a los Merodeadores)

Bajo Juramento
Capítulo VI. Calle Magnolia No. 15

20 de agosto de 1975

El sol resplandecía con toda su luz sobre las colinas inglesas en un caluroso verano que azotaba sobre todo el Reino Unido. En la calle Magnolia número 15, en una de las residencias que daban hacia el parque, un par de adolescentes discutían uno de los cuestionarios de una revista de moda, sin embargo no se trataba de cualquier revista para jóvenes, sino la última edición de Corazón de Bruja, y esto era porque una de ellas era una bruja: Lily Evans.

Ella y su hermana Petunia, que ya había terminado uno de los cuestionarios dentro de la revista, intercambiaban comentarios acerca de los chicos que les gustaban, claro, cada una en sus propias escuelas.

– ¡Lo vez!... ¡te lo dije! Ya sabía que no estabas enamorada de Longbottom – exclamó una joven Petunia mientras cepillaba el cabello de su hermana. Un ruido en el alféizar de la ventana les hizo suspender su plática – ¡Pero que grande está!

Un búho entró por la ventana extendiendo su pata hacia Lily Evans. Mientras ésta lo liberaba de su encargo, Petunia bajo por un poco de agua para el hermoso animal. Lily se quedó contemplando la carta en sus manos, tratando de distinguir la letra del sobre. A lo mejor es de Frank, pensó la joven.

Cuando Petunia entró en la habitación sonrió divertida.

– Oye Lils, no creo que sea de Longbottom – Lily sonrojada abrió la carta, al mirar la firma su rostro se transformó – Potter... – dijo desilusionada, mas para si, que para Petunia – y ahora que quiere.

Después de un vistazo rápido, comenzó a inspeccionar la carta de arriba para abajo, como esperando que esta se incendiara o que hiciera alguna clase de maldad.

– ¿Y bien Lils, quién te escribe? Porque el búho no es de Audrey – una amistad de Lily con la que usualmente intercambiaba correspondencia – ¿Qué?... ¿por qué te sonrojas?.

– ¡No estoy sonrojada! – agregó Lily un poco ofendida y en efecto enrojecida – ¡Es sólo una carta del tonto de James! – dijo mientras trataba de esconder la carta debajo de la almohada, pero Petunia ya se había acercado y de un jalón le arrebató la carta, para salir disparada del cuarto mientras leía en voz alta.

– "Querida Lily: "... ¡Ah, ¡Querida! ¿Desde cuándo Lils?

– ¡Petunia, dame eso! – la siguió Lily por el pasillo.

– "¿Cómo has estado?"... bla, bla, bla... "vacaciones"... bla, bla, bla... ¡Ah!... mira esto... – para esto las chicas ya habían bajado las escaleras y ahora estaba en la puerta de la cocina, donde su madre sazonaba el estofado.

– ¡Petunia!... ¡dámelo! – dijo Lily forcejeando con Petunia frente a su madre, que seguía con el estofado muy sonriente mientras sus dos hijas adolescentes peleaban por un pedazo de papel.

– "... supe que aún estudias en escuelas muggles"¿o sea de nosotros verdad? – siguió Petunia sin esperar respuesta de Lily, cuyo sonrosado rivalizaba con el de su cabello – "sólo quería saber que tal te había ido en tus exámenes"... ¡Ah, que tierno! "Salúdame a tu hermana y a tus padres". ¡Qué amable!. – Petunia le devolvió la carta a una Lily en punto de ebullición – Cielos Lils, sí que lo pones nervioso. Quisiera que Vernon me escribiera algo así.

– ¿Es de tu novio querida? – dijo Margaret, la madre de ambas.

– ¡MAMÁ! – le gritó Lily desesperada.

El timbre interrumpió el juego. Lily se acercó, y al abrir la puerta encontró a un joven mago envuelto en una túnica verde oscuro, casi negro, con la capucha ocultando su rostro.

– Buenas tardes – dijo y después de una larga pausa agregó con desinterés el extraño – ¿Es está la residencia Evans?.

Lily asintió extrañada, en todos los años que había asistido a Hogwarts, nunca, nadie de su otro mundo, había llamado a la puerta de su casa... salvo algunos con previa invitación.

– Me permite pasar señorita Evans – dijo el mago mientras veía sobre su hombro, como observando si no era seguido por nadie. Al cerrarse la puerta, el extraño bajo su capucha, descubriendo el rostro de un joven de tez blanca y cabello castaño oscuro, muy largo y recogido en una coleta, cuando el extraño abrió sus ojos, Lily pudo distinguir en ellos un verde muy parecido al suyo – ¿Están sus padres en casa?.

Lily volvió a asentir, desconcertada por la actitud tan fría de aquel extraño. Tal vez, ésta se debía a aquellos prejuicios de sangre tan comunes entre los magos, como el de aquel chico Snape de Slytherin. Claro que era algo estúpido, pero aún así no quería que fueran groseros con sus padres o con Petunia, quien apenas se iba acostumbrando a eso de que su hermana menor fuera bruja.

Lily instaló al extraño en la sala, para después llamar a su madre. Las tres mujeres iban entrando a la habitación, cuando la puerta principal volvió a abrirse dejando pasar al señor de la casa: Joseph Evans.

El extraño de inmediato se puso de pie, mientras el Sr. Evans se incorporaba con su familia.

– Buenas tardes – saludó cortésmente Joseph – Soy Joseph Evans, padre de Lily. ¿En qué puedo ayudarlo?.

El Sr. Evans le extendió la mano al extraño quien se la estrechó fuertemente, mientras en su mirada se reflejo un sentimiento que Lily no supo como interpretar.

– Disculpen las molestias, mi nombre es Ray Jhastrom, pertenezco al Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia. Vengo a colocar algunas barreras en su hogar, como medida preventiva contra robo de objetos personales.

A esto Lily lo miró sospechosamente, mientras sus padres y hermana se veían complacidos.

– ¡Espléndido! – dijo la Sra. Evans juntando ambas manos – La verdad es que empezaba a preocuparme, el vecindario ya no es lo que solía ser.

– Yo mismo pensé en contratar un sistema de alarma, supongo que eso solucionará el problema – aportó el padre de Lily.

– Creí que había agencias especializadas para eso en Diagon Alley – agregó Lily analizando la reacción del mago la cual, para su decepción, fue de completa indiferencia.

Pero, a los pocos segundos, el mago sonrió visiblemente complacido, para después soltar a reír a carcajada abierta.

– Muy bien señorita Evans, muy bien. Me alegra que desconfíe de mí. Ciertamente debe parecerle algo extraño, pero el jefe de mi Departamento cree que es conveniente introducir sobre ciertos servicios a la familia de los hijos de muggles y después de un sorteo entre los alumnos de Hogwarts, su familia fue elegida para la colocación de estas barreras temporales.

Esta explicación relajo visiblemente a Lily, aunque pareció decepcionar un poco a los demás Evans (a todos excepto a la Sra. Evans, quien seguía con la misma sonrisa complaciente en su rostro)

– Muy bien – dijo el mago poniéndose de pie – si me permiten, iré a su patio trasero a invocar los conjuros necesarios. Con su permiso.

Cuando se retiro, Petunia se acercó a Lily y le susurró al oído:

– Está guapo ¿verdad?

Pero Lily tenía otras cosas en su mente. Para nadie era secreto que la rama de la magia preferida de Lily era Encantamientos, y algunas barreras formaban parte de esta rama, por lo que no iba a perder oportunidad para ver como aquel sujeto invocaba éstos sobre su propia casa. Presurosa salió hacia el patio trasero cuando el extraño terminaba de realizar cierto conjuro.

– Ah... me preguntaba en cuanto tiempo saldría a verme trabajar señorita Evans. – dijo Ray encantado mientras agitaba su varita, la cual era rodeada de un brillo dorado – Aunque debo decirle que desactive el hechizo que monitorea el uso de la magia en su hogar, por lo que si quiere mostrarle a su familia algunas habilidades que aprendió en Hogwarts, en el Ministerio no se darán cuenta de ello.

Lily se debatía entre ir adentro o quedarse mirando, después de todo cumpliría 17 en unos días, pero una exuberante Petunia, que ya había escuchado las últimas frases del mago, prácticamente la jaló dentro de la casa para que hiciera caminar una de las tazas de la vajilla favorita de la Sra. Evans.


Un mes antes...

Era un espacio oscuro, tanto las paredes como el piso eran de tonalidades tan oscuras, que si te parabas en medio del cuarto, sentías como si flotarás en la nada: así es la habitación del arribo normalmente.

Sin embargo en ciertos días, como en el día de hoy, relámpagos que no parecían salir de ninguna parte, comenzaban a surgir en la habitación, mientras que el aire normalmente estático, adquiría un comportamiento violento, revolviendo el cabello de los agentes encargados de monitorear el estado de esta habitación.

Y siempre había sido un trabajo fácil, o así pensaba entonces Scarlet Thurston, agente especial de la división de travesías temporales, del Departamento de Misterios del Ministerio de Magia. Su trabajo consistía en atender a todos los magos (inefables claro esta) que llegaran a esta habitación para proporcionarles lo necesario para cumplir con su misión.

Hoy, por primera vez desde que había ingresado a esta división, se llevaba a cabo el primer arribo y en realidad estaba muy emocionada, conocería a un mago del futuro (o del pasado, nunca se sabe) que tendría que acondicionar para que se desenvolviera de manera natural en este tiempo y pudiera completar su misión y tal vez, hasta pudiera participar dentro de la misma.

El número de los relámpagos fue aumentando y la corriente de aire se hizo más intensa, una esfera líquida muy pequeña apareció en medio de la habitación, los rayos se concentraron sobre ella y la hicieron crecer hasta que llegó a tener cerca de un metro de diámetro, desapareciendo parte del suelo sobre el que se formó. Una brillo dorado rodeo la esfera encegueciendo a los agentes presentes. Para cuando el brillo desapareció, el viento comenzó a disminuir y la frecuencia de los relámpagos fue menor.

Las miradas de los agentes se dirigieron hacia el centro y observaron a un joven inclinado en la depresión hecha por la esfera. Su cabello oscuro caía en cascada cubriendo sus hombros y parte de su espalda. Cuando el aire se calmó, el joven se fue poniendo de pie lentamente¡vaya vista que se llevó Scarlet!.

– Nadie me dijo que llegaban desnudos – le susurró a la compañera a su derecha.

Uno de los agentes le acercó una túnica al recién llegado, quien se cubrió lentamente con ella, está clase de viajes eran demasiado agotadores para los magos o brujas que los realizaban. Cuando el chico estuvo cubierto, Scarlet y su compañera se acercaron, la chica llevaba una tablilla para tomar los datos de la misión.

Los rayos aún no desaparecían del cuarto, pero ciertamente eran más esporádicos. Al acercarse, el chico les dijo en un tono neutral.

– Clave de misión: 750720 F49.

Ambas brujas revisaron la clave que había aparecido sobre el papel que llevaban en la tablilla, la cual coincidía con la dada por el joven, ante esto, ambas le regalaron una sonrisa.

– Bien hecho agente. Yo soy la agente Thurston y ella es la agente Lancaster. Hoy es 20 de julio de 1975 ¿ha entendido todo lo que le acabo de decir? – El joven asintió.

Las dos brujas guiaron al muchacho hacia el fondo de la habitación, para ingresar a la sala de interrogatorio y llenar la información pertinente. Al llegar los tres se sentaron frente al único escritorio de la habitación.

– Bien – comenzó la bruja más alta – ahora deberá responder las siguientes preguntas¿cuál es su nombre?

– Información clasificada – dijo en tono cansado el chico frente a Scarlet, quien frunció el ceño y carraspeando continuo.

– ¿Edad?

– Información clasificada – siguió el mago sin cambiar su tono.

Después de varias preguntas, Scarlet azotó la mano en el escritorio.

– Bien... ¿hay algo que pueda decirme directamente?.

El chico pareció ignorarla pues no le contestó nada. Después de un rato le dijo:

– Clave de misión: 750720 F49. Objetivo: Localizar tres magos oscuros fugitivos y regresarlos a su tiempo – no dijo nada más, pero el chico tenía un objetivo aún más importante, uno que tenía que ver con una profecía que había escuchado hace algunos días.

– Vaya, hasta que avanzamos en algo ¿Detalles de la misión?.

– Clasificados – después de un grito de desesperación, Scarlet colocó la tablilla con la serie de documentos que debían llenarse frente al mago – Tiene que llenar eso antes de salir de aquí, después usará uno de los cuarteles de la división.

Ambas brujas intercambiaron miradas, la más bajita salió con un paso apresurado de la habitación y la otra quedó frente al mago.

– Una cosa más... no ande vagando por ahí ¿de acuerdo?.

Scarlet salió de la habitación dando un portazo.


Harry vio como la última bruja lo dejo solo con los papeles que debía llenar... era algo que odiaba de las misiones: el papeleo. Pero, dado que él mismo había leído estos archivos unas horas antes no debía ser tan difícil llenarlos. Esperaba acordarse de todo, especialmente ahora que estaba tan cansado.

Aunque eso no alejaba los pensamientos de su mente. Estaba a unos días de convivir con sus padres y de reencontrarse con las figuras paternas de su infancia: Sirius y Remus. Le esperaba una temporada muy difícil, pero como solía decirle Remus...

La vida sólo te arroja las pruebas que puedes superar

Pero... a veces era tan difícil y estaba tan cansado... pero cuando regrese ¡Trelawney se va a enterar!, pensó Harry.