DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN: Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una nueva prueba. Así Harry regresa a 1975 para llevar a cabo su última misión como miembro reinstaurado de la división de travesías temporales.

Resumen del capítulo anterior: Harry recuerda como fue que adoptó el nombre de Ray Peter Jhastrom mientras termina de colocar las barreras de protección en la casa de los Evans. Al terminar, los Evans le invitan a cenar en donde el prueba por primera vez las dotes culinarias de su madre.

Bajo Juramento
Capítulo VIII. El claro

25 de julio de 1975

El barrido de unas llantas resonó sobre el pavimento húmedo de una de las calles más solitarias de Londres, era medio día cuando Harry bajó del Autobús Noctámbulo.

Un disparo y un golpe hueco se escucharon antes que la brisa revolviera sus cabellos despidiendo al veloz vehículo y Harry entró por la puerta principal del Caldero Chorreante.

Al atravesar sus puertas lo recibió un suave olor a menta. Los murmullos de las conversaciones entre las personas, y las risas dispersas a lo largo del local se perdían a través de las escaleras que subían a los apartamentos rentables.

Por primera vez en su vida, había entrado sin atraer un solo murmullo de bienvenida.

El chico se aproximó al mostrador y el buen Tom, cantinero de Caldero Chorreante, le regaló una gran sonrisa de bienvenida, robando una del mismo Harry.

Después de servirle una cerveza de mantequilla (Harry se había negado a beber algo más fuerte que eso) y con la ayuda del amable cantinero el muchacho se dirigió hacia la entrada del callejón Diagon.

Al separarse los ladrillos sus ojos encontraron lo que había sido un lugar que creía ya casi olvidado. A sus costados veía a brujas y magos por doquier paseando o comprando tranquilamente utensilios indispensables. Recorriendo las calles, Harry paseaba mirando distraídamente los escaparates y casi sin querer sus pies lo llevaron frente a una de las tiendas más concurridas.

Una torva de adolescentes y niños miraban asombrados el escaparate de cristal sobre el cual descansaba un enorme letrero de letras doradas con la leyenda Artículos de calidad para el juego de Quidditch. Harry casi podía distinguirse a sí mismo parado frente al aparador, contemplado anonadado la escoba en exhibición, sin embargo, notó entonces que lo que sus ojos veían no era una imagen de su propio pasado, sino alguien realmente muy parecido así mismo, pero con ojos amielados y ocultos detrás de unos espejuelos de cristal redondos. Estaba viendo a James Potter, su padre.

Permaneció quieto contemplándolo por largo tiempo sin que el adolescente se diera cuenta de ello. Harry se esforzaba por ocultar su emoción escondiendo sus temblorosas manos en los bolsillos de su túnica, pero sus ojos reflejaban una intensa mirada un tanto acuosa que no pudo ocultar a algunos transeúntes.

Frente a él estaba su padre, aquel ser que siempre había querido imitar, casi como siempre se lo había imaginado: un tanto con la misma afición de Ron por el Quidditch, físicamente parecido a sí mismo (como siempre le habían dicho); casi podía jurar ver una sonrisa traviesa dibujarse en su rostro... se moría de ganas por verlo jugar. Alguna vez Hermione le había mencionado que él había jugado de cazador, tal vez este era el año en el que habían ganado la copa de Quidditch.

Sacudió su cabeza, estaba perdiendo demasiado tiempo, sólo se aseguraría de que James estuviera con sus padres y después enfilaría hacía Ollivander's para adquirir una varita mágica de repuesto.

James consultó su reloj ya hastiado de mirar la misma escoba¿qué les demoraba tanto?. Cinco minutos después un aburrido James se encaminó hacia Ollivander's sin darse cuenta de que era seguido por un mago joven que no llevaba una varita consigo.

Harry vigilaba continuamente sobre sus hombros, nervioso por encontrarse desarmado. Si se le aparecían por aquí los mortífagos no tendría grandes oportunidades para defender a su padre, por lo que estaba un tanto ansioso esperando que el joven se reuniera lo antes posible con su familia. Mientras lo vigilaba, notaba que a su alrededor a nadie le importaba su aspecto, nadie intercambiaba miradas sospechosas con su acompañante, nada, ningún indicio de que un mago oscuro se hubiese levantado de la sombras. Esto lo llevo a pensar que quizá nunca podría aprender a caminar despreocupadamente entre las grandes muchedumbres.

James se detuvo frente a Ollivander's asomándose por la ventana espiando el interior de la tienda, con Harry a unos metros alejado de él.

James parecía reír por lo bajo cuando un escalofrío subió por la espalda de Harry, y empujado por su instinto percibió una fuerte corriente de magia desde el interior del negocio, presuroso apartó a James del escaparate y construyó una barrera protectora entre el muchacho y el ataque, el cual al estrellarse regresó contra el cristal del negocio haciéndolo añicos.

Los cuatro ocupantes de la tienda salieron presurosos y observaron a un joven mago frente a James algo pálido, aún con el escudo levantado.

El primero en salir fue un joven de largo cabello azabache y una traviesa mirada oculta en sus ojos grises, en sus manos una varita, que al parecer seguía arrojando algunas chispas de colores y tras una carcajada sonora se acercó al joven mago, quien al reconocerlo derribó el escudo que había levantado de la impresión.

Frente a sus ojos no se encontraba otro que Sirius Black.

– ¡Vaya! Ese escudo estuvo fenomenal – le dijo a Harry tendiéndole la mano. Sintiéndose un poco idiota Harry tomó su mano con el poco de dignidad que le quedaba. Menuda impresión le había proporcionado a su padre y padrino al hacer ese espectáculo de paranoia sobre una de sus bromas.

Ollivander, el dueño de la tienda, reparó rápidamente el cristal de su tienda y observó con interés al mago que había construido tan fuerte escudo.

James también se había levantado.

– Pues... Muchas gracias, te debo una – le dijo un tanto apenado a Harry, dándole una palmada en la espalda – Mi nombre es James Potter y este pelmazo – agregó señalando a Sirius – es mi hermano Sirius.

Los padres de James (o al menos eso pensó Harry) miraron aprobatoriamente a su hijo, mientras en la cara atónita de Sirius se dibujaba una gran sonrisa.

– ¡Oh Jamesie! – el chico fingió secarse lágrimas, aunque en realidad sus ojos se habían puesto un poco rojos – No esperarás que él – dijo refiriéndose a Harry – ... crea que alguien tan guapo como yo fuera tu hermano, sería embarazoso. Mi nombre es Sirius Black.

La pareja de magos se acercó a Harry y después de agradecerle su amabilidad, y obligar a James y Sirius a disculparse por la broma pesada, los Potter se retiraron.

Bueno, eso no ha estado mal.

Cuando Harry los perdió de vista ingresó a la tienda de Ollivanders, con el dueño ya esperando frente al mostrador guardando varias cajas.


– ¡DÓNDE RAYOS ESTABAS!

Una bruja muy alta y atlética se apareció frente a Harry que iba saliendo de Ollivander's.

– Agente Thurston – la saludó Harry.

– ¡Te hice una pregunta niño!

Harry señaló el negocio de atrás afirmando lo obvio, Scarlet hizo una mueca y luego tomó su brazo, ambos aparecieron en una sala de interrogatorios del Departamento de Misterios.

– Inconsciente... menos mal estás armado. – La inefable tomó aire y cambio su expresión de enfado por una máscara de seriedad muy bien ensayada – Surgió algo y creemos que tiene que ver contigo.

Scarlet le presentó un fólder, Harry lo observó. Como en todas sus misiones anteriores, los magos del Departamento de Misterios esperaban que todos los casos difíciles tuvieran que ver con sus misiones para que el pudiera solucionar todos sus problemas. Harry suspiró, y haciendo caso omiso del fólder continuo la discusión.

– Tiene preparados mis papeles, deseo enviar una lechuza a Hogwarts lo antes posible.

– Eso puede esperar – siguió la inefable más molesta que hacia un rato – Hágame el favor de revisar ese documento.

– No, no puede esperar.

– Escucha niño – dijo la bruja casi suplicando – por una vez en todo el tiempo que has estado aquí sólo... haz lo que te digo¿de acuerdo?

Si lo pides de esa forma

Harry abrió el expediente e hizo una lectura rápida, al llegar al registro de los testigos la sangre se le helo en las venas...


El sol se estaba poniendo dibujando varias sobras que jugaban con las ramas de la espesa mata de árboles que se extendía por varios kilómetros. Harry y Scarlet aparecieron en un claro del bosque.

El zumbido de varios insectos se mezclaba con los ruidos habituales en el bosque. A lo lejos Harry pudo divisar una propiedad humilde, un tanto destartalada, cuya chimenea despedía un débil señal de que era habitada.

Un desagradable hedor llegaba aún a varios metros de donde se encontraban ya trabajando dos necromagos(o). Harry y Scarlet se acercaron detrás de ellos, la chica comenzó a buscar una pañuelo, pero el antiguo inefable se le adelanto y realizó un hechizo para purificar el aire alrededor de ellos.

Uno de los necromagos se levantó y se acercó a los recién llegados.

– Nunca había visto nada como esto. No nos fue posible aún determinar su causa de muerte pero tiene que ver como magia oscura, una cantidad considerable... – les dijo el necromago un tanto pálido. Harry se alejó de ellos para acercarse hacia donde el otro mago seguía conjurando hechizos.

Frente a él estaban lo que parecían restos humanos en un estado muy peculiar. Como si le hubieran succionado la vida, lo que antes había sido una persona ahora era un despojo de lo que habrían podido ser anteriormente. Era como estar contemplado un esqueleto cubierto de una capa de papel grisáceo, una expresión de horror en su desfigurado rostro y una posición que denotaba mucho sufrimiento al momento de morir.

Harry se inclinó cerca del mago que seguía conjurando hechizo tras hechizo. Imperturbable, el mago comenzó a hurgar en los bolsillos y un ardor se extendió por sus manos.

El necromago observaba sorprendido como el inefable podía aguantar estar en contacto con aquel cuerpo por tanto tiempo, el estar en su proximidad le había causado mucho daño y ahora este extraño lo manipulaba como si cualquier cosa.

Típico, pensó Harry para si mismo cuando encontró una identificación del fallecido, porque era que los malos no podía cubrir sus huellas más obvias.

Al leer el nombre en la tarjeta Harry abrió desmesuradamente los ojos y volvió la vista al despojo frente a él

¿Goyle? Esto explica porque Crabbe ni siquiera mencionó a Goyle. También explicaba el porque se había atrevido a denunciar a Malfoy. Bien siempre le había parecido más listo que Goyle y por lo que veía al frente definitivamente había tomado la decisión correcta.

Con su mirada Harry recorrió el terreno buscando pruebas, después de retirarse un poco del cuerpo expandió sus sentidos. No encontró más que una gran cantidad de vestigios de una magia tan oscura que nunca antes creyó poder percibir junta en un solo lugar después del fallecimiento de Voldemort.

¿Qué fue lo que hiciste Malfoy?

Preocupado, Harry recogió una roca de entre la maleza, después de sacudirla un poco y sacando su recién adquirida varita, suspiró y comenzó a concentrar su poder en su punta.

El necromago suspendió su lectura al ver la sorprendida mirada que la inefable le dirigía a su compañero.

– Demonios...

Un resplandor azulado rodeo a Harry, mientras una esfera dorada se formaba en la punta de su varita, la cual apuntaba al centro de una roca en su otra mano, el viento a su alrededor se movía ligeramente y pequeños relámpagos surgían de la varita conectándola con la roca.

Harry hechizaba murmurando extrañas palabras entre dientes en una rápida sucesión. Y a medida que aumentaba su volumen de voz aumentaban ambos fenómenos, el sol se ocultó por completo pintando de violeta el borde del cielo, pero frente a los magos se extendía un resplandor que fue asimilado por la roca.

– Rayos... ¿cómo hiciste eso?

Harry suspiró agotado, la roca en su mano ahora despedía un ligero brillo era cálida al tacto. Aún quedaban algunos relámpagos a su alrededor, pero desparecerían al cumplir con su misión.

Harry se aproximó al cuerpo. El necromago que aún había estado estudiándolo, se hizo a un lado cuando el inefable se acercó. Ya frente a él, Harry se inclinó y abrió uno de los helados puños, colocando la roca entre sus dedos, acto seguido se apartó, jalando consigo al necromago más cercano.

Los rayos de la roca se comenzaron a extender al entrar en contacto con el cuerpo, subiendo a través del brazo y alrededor del puño, aumentando en magnitud e intensidad, después de una descarga especialmente poderosa, un trueno y una fuerte luz, el cuerpo desapareció dejando un boquete en el terreno, donde nunca más florecería nada más que maleza.

Aún de espaldas a la inefable, y después de soltar al necromago que se apartó de Harry tan rápido que cayo al suelo; Harry se encaminó hacia la casa.

Al llegar frente a ella pudo ver a la familia que la habitaba en la puerta principal bastante sorprendidos.

– Dios mío¿qué ha sido eso?

– No se preocupe Sr. Lupin. El asunto esta casi resuelto. Quisiera hablar con el muchacho si no hay ningún inconveniente.

El Sr. Lupin asintió después de intercambiar miradas con su muchacho. Remus se acercó al inefable aún sorprendido por ser tomado en cuenta.

Cuando ambos se hubieron alejado el inefable le contempló por largo tiempo con una mirada que denotaba cierta añoranza, extrañado Remus iba a dirigirse a él pero el mago se le adelantó.

– Me recuerdas a un gran amigo. Es todo. Lamento molestarte tan cerca de la luna llena, espero que puedas contestar algunas preguntas.

Remus miró sorprendido al inefable, si sabía que era hombre lobo no tenía razón de hablar con él. Su testimonio no sería válido ante la ley.

– Supongo que conoce la ley Sr. Lupin. Esta plática que tendremos, desafortunadamente, tendrá que ser extra oficial, pero sólo para efectos del expediente, todo aquello que haya podido ver nos será de gran utilidad.

– Pero señor... es que...

– ...Es un hombre lobo, creí que había quedado claro que ya conocía su condición, pero eso no quita el hecho que usted fue testigo en su forma humana, el lobo sólo vive en usted una noche al mes, en esa noche es el único momento en el que quizá podría desconfiar de su testimonio.

Remus asintió algo confundido y comenzó a relatarle al inefable lo que presenció al amanecer.


Harry terminó de consignar todo lo que había logrado aquella tarde en su reporte, documento que por supuesto permanecería como clasificado hasta su regreso al futuro.

Dejando la pluma sobre el escritorio, masajeo la parte trasera de su cuello, la puerta de su cuartel dio pasó a una exuberante joven.

– Bien¿terminaste scout?. Excelente, ahora es momento de descansar.

Harry miró extrañado a la inefable

– ¿Scout?

– Claro, como no me dices tu nombre y no pienso llamarte con un nombre que se que es falso, he decidido llamarte scout – como Harry continuaba aún con la mirada confundida Scarlet elaboró más su respuesta – Ya sabes, por como trataste al chico perro y su familia.

Siempre lo supiste verdad Tank.

Harry sonrió divertido. Scarlet se puso de pie y antes de partir le miró de reojo.

– Ah, por cierto. Se me olvidaba decirte que ya envié los papeles a Dumbledore. No tarda mucho en contestar y esta un poco atrasado en candidatos, así que esperamos una respuesta inmediata. Mejor prepárate para ir mañana a la entrevista¿ok?


Nota de la autora.

(o)Necromagos: Término que me saque de la manga para describir a los magos que realizan las autopsias. Si alguien conoce el nombre real de estas personas le agradecería que me lo hiciera saber, de antemano gracias.