DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.
RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años.
Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una nueva prueba. Así, Harry regresa a 1975, a la mitad del verano para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.
Después de obtener su varita, y reencontrarse con sus padres y mentores, Harry se entrevista con Dumbledore y obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Un nuevo año ha comenzado en la escuela de Hogwarts de Magia y Hechicería. Los alumnosregresan al colegiopara disfrutar de un banquete de bienvenida algo incómodo, esto al enterarse de la muerte de su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Por otra parte, tanto Lily como los merodeadores (todos menos Peter) reconocen al nuevo profesor, quien después de la cena es presentado como Ray Peter Jhastrom, el cual no resulta ser otro mas que Harry Potter.
Un ataque al búho de James durante el viaje de ida resultó en ciertas fricciones entre los merodeadores y Severus Snape (a quien creían responsable de tal acto) y, aunque Lily comprobara la inocencia del Slytherin con James más tarde, Sirius ya había ido a confrontarlo.
Bajo Juramento
Capítulo XI. Amistades Verdaderas
El ruido de varios pasos y los anuncios de los prefectos se hacía notar aún en el Gran Comedor, donde tres chicos permanecían sentados.
– Sirius... – siguió insistiéndole Remus – Quiero llegar antes que James a la Sala Común¿puedes dejar de vigilar a Snape y esperar a que Lily confirme tus sospechas?
Sirius miró molestó a su amigo merodeador y estando a punto de rebatirle su sugerencia, tuvo una excelente idea.
– Sabes que... tienes razón Remus. Esperaré a que Cornamenta hable con Evans. Después de todo, él ya me había dicho que quería arreglar las cosas solo.
Remus lo observó detenidamente por algunos minutos. Convencido de que Sirius cesaría su actitud agresiva recupero el poco buen humor que le quedaba.
– Oigan... amigos¿creen que James ya haya llegado a la Sala Común? – dijo Peter mirando alternativamente a sus dos compañeros.
Sirius le dio unas cuantas palmadas a Peter en la espalda dándole la razón, mientras sus labios dibujaban una sonrisa que no alcanzo sus ojos grises. Los tres chicos avanzaron hacia la escalera. Remus y Colagusano comenzaron a subir los escalones y Sirius, cuando se halló lo bastante cerca del barandal, se agachó fingiendo abrochar su zapato.
– ¡Apresúrate Canuto! – le gritó Peter desde el descanso haciendo que Remus se detuviera y lo miraba sospechosamente.
Sirius observó de reojo a través barandal el movimiento de las escaleras inferiores. Confiado, sonrió y se sacudió la rodilla dirigiéndose a la escalera.
– ¿Qué éstas tramando Canuto? – le dijo Lunático mientras Sirius subía la escalera pegándose hacia el pasamano de la derecha.
Como su amigo seguía sin dar señales de hacer nada extraño, Remus se encogió de hombros avanzando hacia arriba, sin embargo Peter no le quitaba la vista de encima al chico.
– ¡Espera Sirius! – gritó Peter, hecho que hizo al hombre lobo voltear y ver como Sirius saltaba sobre el barandal.
– ¡SIRIUS!
Remus se asomó desde arriba con el corazón desbocado viendo como Sirius caía sobre una escalera a unos dos metros de donde estaba él, cayendo de una forma un tanto irregular.
– ¿ESTÁS BIEN? – le gritó Peter un poco pálido desde la escalera superior.
Sirius se levantó sobándose el hombro después de haber rodado tres escalones, pero alzó la mirada y les sonrió triunfante.
– ¡ERES UN ESTÚPIDO, PUDISTE HABERTE MATADO! – le gritó el hombre lobo muy molesto desde la escalera superior que ahora comenzaba a orientarse hacia el otro extremo.
Sirius comenzó a despedirse con la mano – ¡Díganle a Cornamenta que yo me encargo de Quejicus y no se preocupen por mí!
– ¡CANUTO! – le gritó Remus desde el otro extremo al verlo desaparecer por uno de los corredores que se orientaba hacia la parte inferior del castillo.
Los dos Gryffindors se encaminaron hacia la Sala Común por ayuda. Mientras una figura alargada, escondida entre las sombras, los observaba subir rápidamente por la escalera.
Debe ser por aquí, pensó Sirius mientras se deslizaba cautelosamente a través de los pasillos cercanos a las mazmorras.
No muy lejos de donde se encontraba Sirius, un chico envuelto con una túnica negra, salió de una puerta de piedra en el más completo silencio.
Severus avanzó por el pasillo a la izquierda de la sala común orientándose hacia donde pensaba se encontraba la Torre de Gryffindor.
La actitud de los Gryffindors le había desconcertado. Es decir, usualmente eran muy hostiles y unos petulantes buenos para nada, pero hoy habían estado especialmente sospechosos durante el banquete. Parecía que planeaban hacerle algo y era mejor sorprenderlos desprevenidos para cobrárselo por adelantado.
El Slytherin se adentro por un pasillo especialmente largo. Avanzando con sumo cuidado, Severus se fue desplazando pegado a la pared, tratando de escuchar cualquier cosa inusual. No deseaba ser atrapado por Flich recién iniciadas las clases y en una situación comprometedora; su Señor no estaría nada complacido. Distraído el chico tropezó con su túnica emitiendo un ligero bufido, pero incorporándose rápidamente.
Sin embargo el ruido había sido suficiente para que Sirius lo detectara haciendo quesonriera para sus adentros… Ya te tengo Quejiquis…
El chico intentó sacar su varita, sin embargo su sorpresa fue mayúscula al no encontrarla en su lugar habitual. Desesperado comenzó a buscar por sus demás bolsillos¡No podía ser que se le hubiera caído!... ¡LA ESCALERA!
Ahora el ruido hecho por el movimiento frenético del merodeador había alertado a su presa. Severus de inmediato sacó su varita.
– Lumos – susurró el Slytherin.
Una esfera de luz surgió de la punta de la varita revelando a un Sirius asombrado con algunos de sus bolsillos volteados. Severus de inmediato tomo una postura alerta, recorriendo con la mirada todo el pasillo. Los otros compinches no podían estar tan lejos.
Oh rayos… Sirius comenzó a palidecer.
– ¿Qué demonios haces aquí Black? – dijo Severus, aún esperando la emboscada. El joven aún no se había percatado que su rival estaba desarmado. Pero aquello no duro mucho, el estado tan desaliñado de Black le había hecho sospechar – ¿Dónde están tus amiguitos? Te dejaron solo, no es así – añadió en tono burlón.
Severus se fue acercando poco a poco, adquiriendo más y más confianza. Es un imbécil, pensó encantado. Ahora si se las cobraría todas. Sonriendo con suficiencia Severus levantó la varita, formando un hechizo en su boca.
– ¡Everte Stat…!
– ¡EXPELLIARMUS!
La varita de Severus Snape salió disparada de sus manos hacia el otro extremo del pasillo, en donde fue a dar a las manos del nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
– Buenas noches señores – dijo con una voz gélida el joven profesor.
Tanto Sirius como Severus se quedaron como de piedra ¡Ya los habían descubierto!
– Tengan la amabilidad de acercarse los dos– ambos muchachos se acercaron al nuevo profesor intimidados por el tono tan frío.
Cuando estuvieron cerca de él Harry sacó de su bolsillo una varita de fresno, extendiéndosela a Sirius – Creo que esto es suyo.
Sirius tomo su varita y la apretó entre sus manos con una expresión muy aliviada. Acto seguido Harry le extendiósu varita a Severus, quien la tomó y la guardo en su bolsillo.
– Síganme – los dos chicos caminaron detrás del profesor intercambiando miradas de odio. Cuando Severus notó hacia donde se dirigían intentó expresar su descontento, pero Harry lo silenció con una mirada.
Después de caminar por algunos minutos Harry les habló en un tono fastidiado.
– Ambos están castigados y serán cinco puntos menos para Gryffindor y Slytherin. Mañana los espero en mi despacho después de clases. Tienen mucho que explicar.
Acto seguido Harry se detuvo.
– Ahora escúcheme jovencito – esto lo dijo dirigiéndose a Sirius – Los Slytherin son muy discretos respecto a la ubicación de su Sala Común por lo que debo suplicarle, lo sea usted también. Esto, si no desea que me vea en la necesidad de asignar ciertas represalias.
Sirius asintió seriamente. Después de todo era mejor que él conociera la ubicación exacta de los dormitorios de los Slytherin y no al revés, quien sabe que podría hacer Snape con aquel conocimiento.
– ¿Qué pasa James? – le dijo Peter al notar como el merodeador observaba anonadado una porción del mapa.
Aún asombrado James jaló un brazo de Remus, quien no había parado de inspeccionar el mapa. Cuando el hombre lobo dirigió su mirada hacia el contenido del mapa se quedó frío de la impresión.
– Imposible... revise todos los posibles contra-hechizos. ¡Los probamos todos! – insistía Lupin.
Peter observó con el rabillo que era aquello que tenía tan impresionados a sus amigos. Encontró el puntito con el letrero de Sirius Black, pero sólo eso. Hecho que le sorprendió, claro, pero no al grado que a sus demás amigos. Molesto al sentirse excluido, el chico caminó hacia la entrada con intenciones de reunirse con Sirius (a quien había observado a unos pasos de la Sala Común).
Al acercarse al retrato, éste volvió a abrirse, pero esta vez de una forma discreta, como tratando de ocultar que llegaba acompañado. Peter descubrió a Sirius en el umbral de la puerta con una mirada pensativa.
– ¡Canuto, menos mal que no tuvimos que ir a buscarte! – señaló visiblemente aliviado. Que bueno que no tenían que arriesgarse a ser castigados el primer día de clases.
El grito de Peter había alertado a los otros merodeadores sacándolos de su estado de ensimismamiento. James y Remus se acercaron a la entrada.
Al ver a Sirius sano y salvo, Remus sintió una tranquilidad inmensa, desde que había saltado de las escaleras tenía los pelos de punta. Fue por ello que entonces, el sentimiento de tranquilidad pasó a uno de furia.
Era tanto su coraje que después de dirigirle una mirada de desprecio, la cual captó perfectamente Canuto, se dio media vuelta con un paso apresurado con dirección a los dormitorios.
Sirius que no había comprendido del todo los sentimientos de Remus miró a sus otros compañeros.
– ¿Y a ese qué mosca la picó?
Peter ya iba a empezar a decirle algo, cuando James suspiro, también exasperado con Sirius, para después dirigirle una mirada severa – Espero que no hayas encontrado a Snape.
Sirius extrañado le comentó su encuentro con el nuevo profesor. Hecho que no hizo sino cambiar el semblante de James a uno más serio.
– Dime Sirius ¿Fue el nuevo maestro él que estaba contigo fuera de los dormitorios?
Sirius asintió lentamente, y al notar la expresión pensativa en James, se alarmó un poco. Era raro ver esa expresión en su casi hermano.
– Pasó algo de lo que deba enterarme.
Peter ya iba a contestarle a Sirius, cuando James avanzó con destino a una de las mesas cercanas a la chimenea, donde había un pergamino extendido con pequeñas motas de tinta danzado sobre su superficie. Al notarlo Sirius se abalanzó sobre él vigilando sus alrededores tratando de ocultarlo.
– Oye Cornamenta no deberías ser tan descuidado, alguien podría verlo.
Pero James se lo arrebato y comenzó a recorrerlo con la mirada. Frenético lo revisó de extremo a extremo y de capa en capa. No podía encontrar lo que quería mostrarle a su amigo.
– ¡Pero estaba aquí hace un momento! – se dijo así mismo revisándolo por segunda vez.
Sirius le dio un codazo a Peter, pero este se encogió de hombros también desconcertado. Ambos no tenían idea de lo que buscaba Cornamenta.
La mañana del día siguiente llegó demasiado pronto para los merodeadores. Remus, para desilusión de Sirius, seguía sin hablarle. Y James miraba calculadoramente hacia la mesa de profesores. Tenía la misma expresión en su rostro que la llevaba ayer cuando vigilaba a Snape.
Sirius intentando aligerar el ambiente lo golpeó con el codo para atraer su atención.
– Te equivocaste de dirección Cornamenta, Quejicus esta por allá – e hizo un ademán hacia la mesa de Slytherin.
James soltó un bufido. Aún seguía sin decirle a Sirius lo del mapa. Y como Remus no le hablaba, dudaba mucho que su "hermano" se enterará de aquella peculiaridad.
James seguía sin poder creerlo. ¿Cómo había logrado ese profesor hacer su aura mágica indescifrable para el mapa? Ni el mismo Dumbledore era inmune a los hechizos que contenía. Estaba... decepcionado, el trabajo de toda su juventud, su herencia a Hogwarts no era infalible.
Minerva McGonagall se detuvo detrás de ellos. – Aquí están sus horarios jóvenes. Estoy muy decepcionada Señor Black y espero una buena explicación a este terrible incidente. Procure llegar temprano.
Sirius ocultó la cara detrás del horario muy contrariado. Esto extraño a Remus, quien aunque no le hablaba seguía apreciándolo mucho.
– Oye, Canuto... – dijo lánguidamente – ¿estás bien?
Sirius sintiéndose incómodo por ser descubierto en su vulnerabilidad comenzó a aventarle comida a Peter en el cabello.
La hora de la primera clase se acercaba y como Remus gustaba de llegar a tiempo a sus lecciones se adelantó a sus compañeros encaminándose al salón de Encantamientos. Casi al mismo tiempo, Sirius se emparejó con él y ambos caminaron en silencio.
Al llegar al aula la encontraron vacía. Remus tomó su asiento habitual en la segunda hilera, colocando su mochila para apartarle un espacio a Peter con quien solía sentarse durante las clases.
Sirius aclaró su garganta y también tomó su lugar habitual justamente detrás de Remus. Un silencio incómodo se extendió entre los dos merodeadores.
– Lunático... yo...
Remus le puso una mano en el hombro y le sonrió generosamente.
– ¿Por qué mejor no me cuentas porque estabas tan cabizbajo al saber que McGonagall iría con el Profr. Jhastrom?
Sirius bajo la mirada con un poco de color en las mejillas, iba a intentar desmentir tal cosa, pero Remus siguió hablando antes de que Sirius se cerrará al tema por completo. Creyendo adivinar que era lo que le preocupaba a su amigo.
– No pensarán menos de ti sólo por una travesura Canuto.
Sirius alzó la mirada azorado – ¡No sé de que estas hablando Lunático! – y comenzó a rebuscar en su mochila el nuevo libro de Encantamientos. Remus fingió perder interés en el tema y también comenzó a sacar sus útiles.
Sirius inspeccionó el aula y cuando hubo rectificado que los dos estaban solos comenzó a hablar.
– Oye Lunático, tú como prefecto sabes sobre toda clase de cosas ¿no es así?
Remus contempló a Sirius con el rabillo del ojoe intentando disimular su interés asintió emitiendo un murmullo
– Y haz leído Hogwarts, Una Historia...
Remus le contestó con el mismo ademán, hecho que en vez de apoyar a su amigo pareció frustrarlo más.
– ... Yo quería preguntarte ¿sabes si todos los castigos son notificados a los padres o tutores, aún cuando ya tengamos la mayoría de edad?
Remus volteó a mirar a Sirius distinguiendo en su rostro una expresión muy intranquila. Paciente el chico colocó una mano en su hombro y lo apretó amablemente.
– Escucha Canuto. Sólo si la falta es demasiado grave se le notifica a los tutores – Sirius le dirigió una mirada esperanzadora – Pero aún así pienso que deberías hablar con los Potter sobre lo que pasó. Eso te hará sentir mucho mejor y más seguro de ti mismo.
Sirius aún cabizbajo se sincero del todo con su amigo licántropo
– Es fácil decirlo para ti Remus. Aún le interesas a tus padres, este verano que lo pase con los Potter fue el mejor verano de mi vida. No sé que haría si los padres de James comenzarán a mirarme como lo hacía mi padre, o peor aún, como lo hace mi madre – dijo estremeciéndose ligeramente.
– ¡Esas son tonterías Canuto! – gritó James quien se apresuraba a sentarse a su lado.
Sirius sorprendido, pero a la vez más tranquilo, por la vehemencia que le había impreso James a su expresión anterior, comenzó a adquirir más confianza. Quizá si él escribía no pasaría nada malo. Lo peor que podría ocurrir era repetir el fiasco que había padecido en su infancia, pero a estás alturas lo más seguro es que comenzara a vivir solo de todos modos.
Peter también se acercó a su amigo y le dirigió una sonrisa tímida. Quien necesita de parientes cuando se tiene a una "familia" tan completa como la mía, pensó Sirius apreciando a sus camaradas.
– Termina de una vez Lily o llegaremos tarde con el Profr. Flitwick
Lily dejo los cubiertos en paz junto a su plato. No podía dejar de pensar en el profesor Stevenson, pobre hombre.
Justo cuando iba a salir del comedor la misma chica del tren la empujó, consiguiendo que se estrellará con Audrey y haciendo que cayeran al suelo.
– ¡Oh, cuanto lo siento! – exclamó falsamente la bruja de cabello azabache.
– No importa – dijo Lily ásperamente ayudando a Audrey a ponerse de pie.
La chica rió maliciosamente y salió del comedor.
– Esa tonta está colmándome la paciencia – dijo Audrey entre dientes sacudiéndose la túnica.
