DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años.
Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una nueva prueba. Así, Harry regresa a 1975, a la mitad del verano para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.
Después de obtener su varita, y reencontrarse con sus padres y mentores, Harry se entrevista con Dumbledore y obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Harry, quien había estado observando a los merodeadores durante el banquete, sorprende a Sirius Black y Severus Snape a punto de tener un duelo cerca de los dormitorios de los Slytherin, por lo que les asigna un castigo a cumplir el siguiente día.
Debido a ello Sirius se siente ansioso dado que no desea decepcionar a su familia adoptiva (los Potter), sin embargo el apoyo brindado por sus amigos le ayuda a sobreponerse rápidamente.
Por otro lado, Lily Evans y Audrey Cohen se dirigían rumbo a su clase de Encantamientos cuando la misma chica que había tratado de atacar a Zorg (el búho de James) las agrede fuera del Gran Comedor.

Bajo Juramento
Capítulo XII. El Nuevo Profesor

La puerta de roble estaba cerrada frente a él, y detrás de ella se escuchaba el murmullo de varias vocecillas entre emocionadas y temerosas.

Harry aparentaba contemplar la entrada atentamente. Sin embargo, para quien lo conociera bien, quedaba muy claro que aunque sus ojos estuvieran mirando al frente, su mente estaba muy lejos de la entrada del salón de clase... o tal vez no tanto.

Harry suspiró larga y profundamente. Alisando los pliegues de su túnica por última vez, colocó su mano sobre la puerta y entró con paso firme y decidido.

Tranquilo Harry, se decía a si mismo. Son niños de primer año y además son Hufflepuff y Ravenclaw. ¿Qué es lo peor que podría pasar?...


– ... empezó a llorar Hagrid¡a-llorar! –dijo Harry muy mortificado.

La cabaña de Hagrid se encontraba muy acogedora, justo como la recordaba. Aunque el uso de esa frase por el momento le parecía algo confuso al antiguo Gryffindor.

Después de su primera clase (que en opinión del chico se acercaba a ser la peor a la que había asistido nunca) Harry fue en busca de apoyo con su "nuevo" amigo en Hogwarts. Desde el banquete de bienvenida, Hagrid y Harry habían encajado de maravilla.

– Bueno, Ray. Lo importante no es que haya llorado sino lo que hiciste tú después de que comenzó a hacerlo – razonó el semi-gigante tendiéndole una taza de té.

Harry tomó la bebida entre sus manos y mientras soplaba ligeramente sobre el, comenzó a recordar su primera clase.


- "Las artes oscuras son una rama de la magia"... – la voz del chico de Ravenclaw resonó por toda el aula, aunque aún se escuchaban los hipidos de la chiquilla que seguía sin poder controlarse.

Harry se aclaró la garganta.

Gracias Stuart. – dijo una vez que el chico terminará el párrafo, Harry agitó la varita y varias líneas aparecieron en el pizarrón – Copien el cuestionario del pizarrón y tráiganlo resuelto para la próxima clase. Los que terminen pueden salir, nos vemos el miércoles.

Poco a poco el aula se fue quedando vacía, y sólo quedaban Harry y la niña con los ojos hinchados. La niña guardaba sus cosas con sumo cuidado así que Harry se acercó a ella para sentarse en la banca del frente.

No recordaba que fueran tan pequeñas – dijo al sentirse oprimido en el pequeño pupitre.

La niña lo volteo a ver tímidamente.

Hablemos señorita Austin. Sé que hoy no tuvo un gran desempeño en mi clase, pero no es nada de lo que no pueda recuperarse si le pone empeño.

Harry espero que con ello la chica se animara un poco. Decepcionado al ver como su alumna bajaba la mirada. Le puso una mano sobre el hombro, lo que ocasionó que la chica apretara los ojos tratando de evitar llorar.

El mago se sintió tan preocupado que de inmediato se acercó a consolarla. La chica ocultó su cara entre sus manos, mientras el apretaba afectuosamente su hombro tratando de tranquilizarla. Poco después la niña comenzó a desahogarse.


– Finalmente resultó que sólo extrañaba su antiguo estilo de vida... – como Hagrid lo observaba con cara de no haber comprendido del todo, Harry profundizó en su respuestas – Es hija de muggles, y tenía amistades en su antigua escuela. Como había quedado con ellas de continuar en la misma escuela le resulto difícil decidirse por venir aquí.

Los ojos de Hagrid se iluminaron afectuosamente.

– No creo que debas sentirte tan preocupado. Apuesto a que a la hora de la cena serás el profesor favorito de toda la escuela.

Aquel comentario, lejos de consolar a Harry le había hecho sentir bastante miserable. Odiaba atraer la atención de la escuela en pleno y había pensado que la nueva identidad detendría este fenómeno.

La molestia del chico, sin embargo paso desapercibida para el guardabosques.


Mientras tanto en el almuerzo muchos niños dirigían su mirada a la mesa de profesores buscando al nuevo profesor de Defensa. Corrían rumores de lo más contradictorios por todas las mesas. Algunos alumnos decían que era un verdadero ogro ("... hizo llorar a una Hufflepuff a media clase") y otros decían lo opuesto ("... no sabías que al final le prometió ayudarle a escribir a sus amigas muggles"). De modo que todos (o la mayoría) esperaban ver entrar al nuevo profesor.

Sin embargo, había un alumno que no había dirigido una sola mirada a la mesa profesores, aunque muy temprano no apartaba la vista de ella.

– ¡Oye! – gritó James acercándose a Audrey, quien iba entrando al Gran Comedor – ¿Has visto a Lily?

Audrey levantó la mirada y se encontró con los ojos preocupados de James Potter. Después de desviar la mirada revisando que no atrajeran la atención del resto de la mesa, se acercó al merodeador y le susurro algo al oído.

James palideció casi al instante, y Audrey recapacitando como había sonado aquello que le había susurrado se acercó al merodeador nuevamente y le susurró algunas palabras más al oído. James asintió vigorosamente y salió con paso decidido del Gran Comedor.


Lily Evans, entre tanto se encontraba sentada recargada en un voluminoso almohadón en la Enfermería del Colegio. ¡Esa niña odiosa lo había hecho a propósito!

Cuando Audrey y ella habían salido del Gran Comedor rumbo a Encantamientos la chica que había chocado con ella le había deslizado una especie de larva por la espalda, misma que se había alojado en la parte posterior de su cuello el cual comenzó a inflamarse rápidamente, de no haber sido por Audrey hubiera podido a llegar a ser serio.

Lily miró su reloj de muñeca, justo ahora deberían estar en el almuerzo¡ya había perdido dos clases!. Una manodeslizó la cortina que rodeaba su cama suavemente, dejando pasar a James Potter. El chico se acercó tímidamente junto a la cama donde reposaba Lily.

– Hola. Supe lo que paso temprano

– Hola – dijo Lily todavía sin creerse que el chico la viniera a visitar.

James sonrió afectuosamente acercando una silla a la cama de la chica. Después de pasar su mano por su cabello un par de veces, el Gryffindor comenzó a comentarle lo que habían visto en clase de Encantamientos, tratando de llenar el silencio que se había situado en la enfermería.

Aunque a Lily no le desagradaba su compañía, le parecía... inusual (por decirlo de alguna forma) la nueva actitud del merodeador. Hacía apenas un año que lo había pescado junto con Sirius tratando de tener un duelo con Snape, cerca del lago. Todo ello para "vengarse" de que Severus la hubiera llamado sangre sucia, como tratando de impresionarla, cosa que consiguió todo lo contrario.

Bueno, la nueva actitud le agradaba más y como el chico realmente insistía en hacerle compañía sería mejor disfrutarlo ahora que estaba tan agradable. Veamos cuanto le dura esa nueva actitud, pensó escéptica.

Platicaron cerca de media hora y cuando James le había hecho olvidar un poco lo adolorido de su espalda, sonó la campanilla que indicaba el inicio de la siguiente clase, la última del día para James Potter.

– Espero verte después en la sala común.

– Te agradezco que hayas venido a verme me la pase muy bien contigo – respondió Lily sonriéndole suavemente.

Aquel gesto hizo que se le iluminara la cara al merodeador, quien salió con paso apresurado de la enfermería rumbo al curso de Criaturas Mágicas.


Por otra parte, Sirius caminaba apesadumbrado rumbo al despacho de Jhastrom, el nuevo profesor de Defensa. Al doblar una esquina, alcanzó a ver al responsable de su actual problema: Severus "Quejicus" Snape.

Sirius se emparejó con el Slytherin y apretó el paso para pasar junto a él y darle un empujón. Mismo que cogió por sorpresa a Severus, para después dibujar una mueca de desagrado en su rostro.

– ¿Algún problema Quejicus? – le dijo Sirius desafiante.

Severus desvió la mirada hacia el frente para ver a su jefa de casa y a la Profa. McGonagall con los labios fruncidos. Hecho que le hizo sonreír satisfecho.

– Black. Ten la amabilidad de controlarte por favor – habló la severa voz de la Jefa de Gryffindor.

Sirius se encogió lamentándose de su descuido. Mientras la jefa de casa de Slytherin Teresa Paltrow, profesora de Astronomía, saludaba con un gesto a su alumno de 7º año.

Cuando los tres llegaron frente a la puerta del despacho, ésta se abrió por si misma. Sorprendidos se asomaron, y la voz lejana de Harry les llego de una habitación contigua.

– ¡En un momento estoy con ustedes, por favor pónganse cómodos!.

Los cuatro avanzaron por la sala circular que era el despacho, y se acomodaron en las sillas de caoba frente a un escritorio infestado de papeles y libros con varios separadores entre sus hojas.

La profesora Paltrow observaba la desorganización de la oficina con desdén, como era posible que con sólo unos días hubiera conseguido tal desorden.

Harry entro a la oficina un poco pálido sacudiendo su túnica.

– Disculpen la tardanza, pero tenía que atrapar al boggart antes de que se cambiara de armario – dijo el muchacho mientras rebuscaba en su cajón sacando una caja de chocolates – ¿Chocolates?.

Minerva McGonagall no pudo sino sonreír ante aquella actitud que le recordaba tanto al actual Director. Sirius y Paltrow aceptaron el ofrecimiento, mientras Severus le miraba impacientemente.

La reunión se prolongó por varios minutos y ambos chicos salieron mal librados de su encuentro nocturno. Ambos serviríanlos castigosdados por el Prof. Jhastrom además de uno adicional con sus jefas de casa, ésto además de la perdida de puntos que se había hecho efectiva desde que ambas casas los tuvieron.

Y así, la hora de la cena llegó demasiado pronto y Harry, imponiéndose una costumbre, iba tarde nuevamente. Al entrar al Gran Comedor pudo ver como las miradas de algunos de los alumnos se dirigían hacia él con admiración, especialmente los provenientes de la mesa de Hufflepuff. Suspirando Harry se acomodó junto a Hagrid quien le saludaba diciéndole que le había apartado el lugar.

La cena continuo normalmente hasta que una lechuza entró al Gran Comedor, el ave se desplazó a gran velocidad para colocarse frente a Harry. Atrayendo la atención de varios de sus colegas, incluyendo la del Director.

El chico cambió su semblante en un dos por tres. Liberando al ave de su carga a una velocidad inusitada, observó una nota pequeña que iba adherida fuera de un voluminoso sobre.

Despidiéndose de Hagrid y del Director, Harry abandonó su lugar en la cena y salió con paso decidido rumbo a su despacho.

En la mesa de Gryffindor, Remus, quien a diferencia de James no se había olvidado del extraño suceso con el mapa del merodeador, vio como mala señal esa carta a la mitad de la cena.


Lo hizo a propósito, pensó Harry. Busca incordiarme constantemente y sólo porque no tolera que no le haya enseñado el expediente.

Harry entró a su despacho azotando la puerta. Avanzando más allá de la puerta contigua, el chico aventó polvos Flu por la chimenea dejándose caer frente a ella sumergiendo su cabeza entre las llamas esmeraldas.

– ¡ESCARLATA!

La cabeza del chico giró varias veces, hasta quedar en medio de la chimenea de la oficina de la agente Thurston.

– Explícate – le dijo con voz de hielo.

– Que delicado eres Scout. Y yo que me esmere en darte la información oportunamente. – le dijo la chica burlonamente haciendo que Harry frunciera el ceño. – Ya, ya, no lo vuelvo a hacer, sólo quería decirte que tu encargo esta listo, aunque ignoro para que lo necesitas.

La chica empezó a revolver algunas cosas en el cajón inferior de su escritorio, mientras Harry volteaba los ojos desde la chimenea. Acaso no pudo esperar a que la hora de la cena terminara.

– Aquí está – Scarlet sacó una caja voluminosa del interior del cajón, parecía muy pesada – quieres venir por ella, sería mucho para el pobre de Byron llevártela cargando.

Harry suspiró y sacó su cabeza de la chimenea, volvió a tomar polvos y después de lanzarlos a la chimenea se introdujo en ella llamando el mismo destino con la palabra clave que le había proporcionado su compañera.

Después del atolondrado viaje, Harry salió despedido de la chimenea irregularmente, lo cual originó la risa de su compañera.

Al acercarse al escritorio, Harry asomó la cabeza en la caja que estaba sobre el, y con sumo cuidado retiro el objeto que había dentro.

La caja era más grande que la vasija que llevaba en las manos, y las runas que la rodeaban tenían exactamente el mismo patrón que las runas en la misma clase de objeto que le pertenecía al Prof. Dumbledore: era un pensadero.

– No parece haber ninguna irregularidad. Muchas gracias por su ayuda – dijo Harry mientras volvía a guardar el pensadero en la caja.

– Ni lo menciones Scout – le dijo la agente con una sonrisa – entonces, al menos me he ganado saber que es lo que vas a hacer con eso. Además lo tienes que cuidar porque es prestado. El Jefe me lo dio, sabes.

Harry asintió seriamente.

– Supongo que sí, pensaba pedirle a Remus su recuerdo de aquella noche.

– Con Remus, te refieres al chico-lobo¿verdad?.

Harry asintió, pero dejo ver que le molestaba la forma en que la agente se había referido al muchacho.

– Entonces ya no te entretengo Scout. Que tengas suerte en la escuela, por los comentarios que he oído la necesitarás.

Harry sonrió para su adentros, si alguien sabía a lo que se estaba enfrentando era él, y estaba seguro que la escuela era una de sus menores preocupaciones.

Después de eso Harry atravesó las llamas con destino a Hogwarts.