DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.
RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más. Así, Harry regresa a 1975, y después de entrevistarse con Dumbledore, obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde preparará su camino para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.
RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Era el primer fin de semana de Hogsmeade para los alumnos de Hogwarts. Los merodeadores visitaban el pub Tres Escobas, planeando tomar una bebida más fuerte de lo normal. Ya estando en el negocio, Sirius Black alcanzó a mirar a lo lejos a su hermano menor caminando junto con su prima Bellatrix. Preocupado por la influencia que ella pudiera ejercer sobre su hermano menor, el merodeador los intercepta más adelante, siendo despreciado entonces por su hermano. Mientras tanto, al otro lado del pueblo Severus se encuentra con Lucius Malfoy, quien le insinúa su deseo de pertenecer a los mortífagos; una vez persuadido, el aristócrata desaparece, dejando que el muchacho se apareciera en la guarida de Lord Voldemort. Al llegar frente al Señor Oscuro, éste comienza a castigarlo por su retraso. Por otro lado, Lily decide citar a Harry en el Cabeza de Puerco para confiarle un problema muy personal.
Bajo Juramento
Capítulo XVI. Destellos de relámpagos
El cubo de hielo en el tarro de cerveza de mantequilla se desprendió. Pequeños trozos se elevaron a la superficie, donde la espuma ya se había dispersado, chocando con las paredes del vaso haciendo el único ruido que Lily había escuchado desde que había terminado su relato.
Harry no había dicho nada a su madre, aunque no era necesario ser adivino como para darse cuenta que estaba preocupado. Al menos eso es lo que proyectaban sus manos tensas, juntas sobre la mesa. Y es que Harry recordaba perfectamente bien aquella noche... Esa noche había tenido su primera visión (inducida por la cicatriz, obsequio de Lord Voldemort), la cual por cierto no había dejado ninguna secuela, salvo una gran desazón por no haber sentido ningún dolor físico, como era usual.
La actitud del profesor, lejos de tranquilizar a la chica, la tenía bastante nerviosa. Quizá no había sido tan buena idea confiarle aquello a Jhastrom... ¿qué tal si pensaba que estaba loca y la enviaba a San Mungo?
Harry levantó la mirada y sus ojos esmeraldas se cruzaron con los de su madre. El muchacho entendió su incertidumbre, y sonrió en lo que le esperó fuera una expresión tranquilizadora.
– Encontraremos una solución a su problema, no se preocupe Srita. Evans – Harry colocó su mano sobre la de Lily, ella levantó su mirada sorprendida pero al encontrarse con la expresión cálida de su profesor no pudo más que sonreír agradecida
Pequeñas gotas comenzaron a estrellarse en el cristal que daba hacia una de las calles de Hogsmeade, el clima que había estado anticipando este acontecimiento por fin lo desató. Muchos alumnos corrían apresurados a cubrirse de las gruesas gotas de agua que comenzaron a caer sobre la villa, todos menos uno que miraba ensimismado hacia el Cabeza de Puerco, apretando entre sus puños una bolsa con el logotipo de Zonko.
– ¡James que haces ahí parado¡Tenemos que alcanzar a Peter!
Pero a James no le importaba mojarse, ni le importaba que Peter se quedara todo el día en las Tres Escobas, lo único que le importaba era que Lily Evans, la chica de la que estaba enamorado desde tercer año estaba sentada junto con Jhastrom y que ÉSTE estrechaba entre sus manos una de las de ella (algo que él nunca se hubiera atrevido a hacer) y que a ella parecía no importarle.
Temblando de rabia el merodeador azotó sus compras en la calle enlodada lleno de celos. ¡Eso no era justo, si se tratará del tonto Longbottom no hubiera importado, de hecho estaba preparado para pelear por ella si así fuera necesario... pero Jhastrom... jamás podría competir con él. Él era... demasiado viejo por una parte y por otra... muy dentro de él... sabía que no podía odiarlo.
¡Sí, claro que desconfiaba de él!... ¿Quién no desconfiaría al ver el mapa del merodeador con el letrero vacío? Sí, no lo había olvidado. Sólo no lo había mencionado, para no preocupar más a Lunático que tendía a tomarse las cosas muy en serio, y seguramente tomaría aquello como una afrenta personal. No, sería mejor investigarlo sólo y enfrentar a Jhastrom sobre ello y sobre lo que estaba haciéndole a Lily.
Eso sería su objetivo al regresar a Hogwarts, pero antes...
Un súbito cambio de actitud en James dejo desconcertado a Remus, quien lo había visto pasar por todos los colores antes de que el chico (en aparente normalidad), se agachara preocupado a rescatar lo poco que pudiera de sus compras en Zonko; dado que las fabulosas bengalas del doctor Filibuster, ya había estallado y dispersado por la calle sin que él se hubiera inmutado.
Lejos de ahí, varios relámpagos recorrían presurosos sobre la superficie de varias nubes grises. El bosque se encontraba en calma, esperando la tormenta. Una mano sucia y ensangrentada surgió detrás de un tronco muy grueso, mano que pertenecía a un chico de cabello negro y grasiento, que parecía haberse arrastrado desde una cueva a varios metros de distancia. Faltaba poco para poder regresar a casa y eso era lo único que lo impulsaba cuando jadeante, volvió a dar un paso hacia los límites de la barrera de anti-aparición.
La puerta de una de las habitaciones sobre las Tres Escobas se abrió dejando pasar a una jovencita muy guapa y a Harry con dos muchachos que se recargaban en él, completamente embriagados.
– Cóloquelos ahí profesor – dijo amablemente la joven, mientras Harry dejaba acostados a dos chicos con crestas de Hufflepuff en su capa del uniforme.
– Gracias por su ayuda señorita – dijo Harry cuando se desembarazó del último joven.
– Llámeme Rosmerta profesor. Los cuidaré mientras encuentra al chico que le falta. Estoy segura que estará en el Cabeza de Puerco. El dueño a veces se hace de la vista gorda con los chicos menores de edad.
Harry asintió, pero algo dentro de él le decía que no encontraría a Snape en el Cabeza de Puerco.
En las afueras del pueblo, un chico se desplazaba trabajosamente a través del camino. Un relámpago y la lluvia cayó más furiosamente que antes.
Severus Snape recargó todo su peso sobre la cerca junto al camino tomando un poco de aliento.
El chico no veía como pasar desapercibido en su estado, se sentía tan impotente y sabía que si llegaba en este estado al castillo sus días en Hogwartsestarían contados,y sin terminar en Hogwarts mucho menos sería capaz de entrar de aprendiz con Damocles Belby, el mejor maestro de pociones de toda Inglaterra.
Otro relámpago, y alcanzó a ver una silueta que se acercaba desde el otro lado del camino. Severus buscó con la mirada un lugar en el cual esconderse, si era descubierto en este estado...
Con muchos trabajos el chico saltó la cerca y se ocultó tras los árboles, después de tres agonizantes minutos... Lumos, alcanzó a escuchar un murmullo el muchacho y la luz proveniente de una varita se deslizó desde el otro lado de la cerca a través de los árboles.
Poco a poco la luz comenzaba a acercarse más hacia él, el esfuerzo ejercido por su cuerpo finalmente fue demasiado y cayó rendido a los pies de poseedor de la varita. Mientras las sombras se apoderaban de su conciencia.
La lluvia había arreciado bastante y por ello se había acortado el tiempo límite para la llegada de los alumnos desde Hogsmeade. Argus Filch esperaba hastiado a que todos aquellos alumnos registrados para salir, regresaran. Y como todos los primeros fines de semana de Hogsmeade, los de séptimo siempre eran los últimos en regresar. Todos demasiado ebrios para volver y este fin de semana, estaba seguro, no era la excepción.
Argus dio un vistazo rápido y para su sorpresa, no eran los Gryffindor los retrasados como hacía supuesto, sino dos muchachos de Hufflepuff y uno de Slytherin. Bueno, aún quedaba tiempo para que los tres muchachos ebrios regresaran al castillo.
Argus se retiró de la entrada echando pestes contra unos chiquillos de primero que venían de visitar a Hagrid y habían ensuciado el vestíbulo, mismo que había encerado la semana pasada.
La puerta del Tres Escobas se abrió de golpe y Harry entró escurriendo con un muchacho a cuestas.
– Dioses... ¿Y a ese chico que le pasó? – dijo una vez al lado de Harry.
– Está demasiado ebrio y se quedó dormido camino al castillo – contestó Harry acomodándose a Severus sobre su espalda. Mientras Rosmerta descendía de las escaleras seguida por dos bultos flotantes.
– Seguro que no necesita ayuda para llegar al castillo profesor – dijo Rosmerta cuando Harry sacaba su varita y tomaba control de los alumnos flotantes, colocándose también un hechizo repelente de agua.
– No se preocupe, le agradezco su ayuda.
Harry abrió la puerta y comenzó a subir la ladera rumbo a la entrada del castillo.
Severus abrió sus ojos y se encontró en una habitación desconocida. No estaba en la enfermería, tampoco en su habitación, sin embargo las paredes le parecían familiares.
La luz de un relámpago iluminó ligeramente la pieza, dibujando las siluetas de algunos muebles a su alrededor. La misma silueta que viera acercársele en la villa se encontraba recargada frente a la chimenea atendiendo el contenido de un caldero cuyo fondo era lamido por la llamas.
Harry dejó de mover la poción unos segundos, para reanudar una vez más en sentido contrario, esto le daría un efecto más acelerado.
Severus se paralizó al reconocer a su benefactor, este sería el fin, no volvería a Hogwarts, jamás sería un maestro en pociones y su señor no estaría nada complacido, pronto sería su fin. El chico encogió las rodillas abrazándolas contra su pecho y recargó la frente sobre ellas.
El Slytherin levantó la mirada al escuchar ruido detrás de él, Harry comenzó a retirar varios papeles del escritorio haciendo un poco de espacio, acto seguido retiró el caldero del fuego para colocarlo en el espacio que había hecho.
– Creo que debería ser más cuidadoso con esa marca – Harry miró significativamente hacia el antebrazo izquierdo de Snape, mientras seguía moviendo la poción agregando un polvo finamente granulado – Cuando retiré la ilusión que había colocado sobre usted, también cayó la que estaba colocada sobre su marca.
Severus tomó aprensivamente dicho antebrazo apretándolo ligeramente.
– Si sabe de mi marca... – dijo Snape sospechoso, al no poder entender la actitud del profesor ¿acaso sería de los suyos? – ¿por qué no me ha llevado frente al Director?
Harry dejó de mover la poción y con una voz excepcionalmente fría respondió mirándolo a los ojos.
– No me malinterprete Snape, jamás apoyaría a Lord Voldemort. Pero... – Harry le dio un vaso con el contenido de la poción al muchacho cambiando el tono de su voz haciéndolo más suave – Creo en usted... ¡Dios me ayude porque no he perdido la fé en su buen criterio!... aún cuando esa marca adorne su antebrazo. Usted y yo tenemos mucho de que hablar y lo veré en mi despacho todos los viernes a partir de la próxima semana. Considérelo una retribución por todas las molestias que me ha causado. Ahora, tome eso antes de que se enfríe y duerma un poco más, lo despertaré después para llevarlo a su dormitorio.
