DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más. Así, Harry regresa a 1975, y después de entrevistarse con Dumbledore, obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde preparará su camino para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Harry detecta extrañas desapariciones en Glasgow a través de un diario muggle. Rápidamente, el inefable contacta con el Departamento de Misterios para que se investiguen dichos acontecimientos, sospechando que tienen que ver con el Señor Oscuro.
Más tarde confirmamos este hecho, cuando un mortífago recorre los calabozos en la guarida de Lord Voldemort, encontrando cerca de las celdas más alejadas, dos despojos de lo que antes habían sido Blaise Zabini y Theodore Nott.

Bajo Juramento
Capítulo XVIII. Un camino forjado de buenas intenciones

Remus resopló después de girar el contenido de su caldero 38 veces en sentido de las manecillas del reloj. Su poción estaba lista y sólo quedaba esperar a que se enfriara para colocarla en el frasco, y pasarla al escritorio del profesor Slughorn.

Mientras esperaba, el hombre lobo contemplaba el progreso de sus compañeros de clase. Alice Briere, de Hufflepuff, parecía tener los problemas usuales. No se explicaba como la chica había llegado hasta este curso, teniendo habilidades tan abismales en pociones. Pero... ahí estaba otra vez... Frank Longbottom había evitado que la chica echara a perder el poco avance que había logrado en toda la clase.

Del otro lado, Remus observó a Sirius contando por la bajo la vueltas que daba a la poción en el caldero. Al menos él también estaba en la etapa final. Slughorn se paseó por los asientos delante de los Gryffindors, deteniéndose para examinar una vez más, el caldero de Lily Evans.

Siempre se detenía frente a ese caldero.

Lily era una de las alumnas en las que tenía especial atención durante las clases, cosa que nunca le había hecho gracia a James, que se encontraba a su lado.

Remus pensaba que era por ello, que su compañero merodeador elegía sentarse en ese lugar (especialmente durante esta clase). Aunque desde hace poco, había notado una actitud similar en la clase de Defensa.

La poción estaba lista.

Mientras Remus comenzaba a vaciar el contenido de su caldero en recipientes de vidrio, Slughorn se había retirado al fin del caldero de Lily, y le hacía observaciones a James sobre el contenido del suyo.

Detrás de ellos, un Slytherin extremadamente pensativo vigilaba con el rabillo del ojo los movimientos del sujeto que se hacía llamar profesor. Severus sabía, que si ese sujeto poseyera una asomo de inteligencia, habría notado que su poción era la mejor de toda la clase, y no la de la asquerosa sangre sucia, a quien había tenido que auxiliar en algunos pasos intermedios.

Slughorn llegó hasta la mesa de los últimos Gryffindors; y después de darle una atención estándar a Sirius, y dirigirle una ecuánime mirada a Lupin, volvió a su escritorio frente a la clase para comenzar a recibir las pociones.

Al poco tiempo, la clase concluyó y todo el mundo salió para dirigirse a la cena en el Gran Comedor.

Aprovechando el alboroto de los pasillos, James les contó a sus amigos lo que había estado planeando Slughorn para su exclusiva reunión de estudiantes el día de Halloween.

– ¿Un baile? Que bueno que esta vez no estoy invitado. En momentos como este, es cuando agradezco que mis padres me hayan desheredado – dijo un Sirius que caminaba de espaldas para ir discutiendo con los dos merodeadores restantes.

– Hubiera sido divertido que pudieras ir. Ahora me aburriré mucho sin ti – agregó James un poco decepcionado.

Bueno, al menos tendré compañía durante la cena, pensó Remus mientras los tres subían las escaleras.

En los últimos dos años, mientras Sirius y James asistían a las fiestas de Slughorn, Remus se había quedado solo en las cenas del Gran Comedor, pues Peter, quien no formaba parte del club, asistía de todas formas a la fiesta, sacando partido a su forma de animago.

El chico detestaba quedarse atrás y perderse toda la diversión.

– ¿A quién vas a invitar esta vez? – preguntó Sirius como quien no queriendo la cosa, distrayendo a Remus del rumbo que habían tomado sus pensamientos.

– Pues... aún no le he decidido – evadió James subiendo apresuradamente las escaleras rumbo al Gran Comedor.

Sin embargo, a Lupin no le había pasado desapercibido el ligero tinte en las mejillas de James, y sospechaba que aquello tenía que ver con cierta pelirroja que iba un poco más atrás de ellos.


El murmullo proveniente del Gran Comedor atravesaba hasta el vestíbulo, donde ahora se encontraba Harry.

¿Qué está pasando aquí?

El reciente profesor, contempló azorado el alboroto que armaban los alumnos en todas las mesas: cuchicheaban entre ellos, se levantaban de sus asientos... en fin, todos ellos parecían presas de una gran excitación.

Debe tratarse de algo muy especial, pensó mientras se abría paso hacia la mesa de profesores. La última vez que vi un revuelo así fue durante el Torneo de los Tres Magos.

Mientras avanzaba, el inefable observaba la mesa en la parte central, en la cual todos profesores contemplaban con atención haciadonde Dumbledore platicaba con Horace Slughorn, actual profesor de pociones.

Una vez sentado junto a Hagrid, Harry intentó ponerse al corriente con la plática que tenía tan absortos a sus colegas.

– ...alumnos disfrutarán mucho de lo que he planeado. Ya les había dado una pista de la sorpresa desde el año pasado, así que... ¿Qué dices?

Dumbledore correspondió al gesto bonachón del profesor, elevando ligeramente sus largos bigotes en un esbozo de sonrisa – Bueno, Horace en realidad no me has dejado opción.

En serio, a mi no me lo parece. Harry giró un poco para contemplar las mesas delante de él.

Los niños estaban emocionados, aún cuando no todos podían participar. Suspiró apesadumbrado, era una pena que solo unos cuantos pudieran disfrutar de aquello.

–... así que Horace, creo que sería prudente conocer que opinan los demás profesores – dijo Dumbledore dirigiendo su mirada a Minerva McGonagall, quien estaba sentada a la diestra del Director, unos asientos más frente a Harry.

El Gryffindor notó que la profesora parecía indecisa sobre algo, pero finalmente asintió con la cabeza. Uno a uno, todos los catedráticos asentían con cara de resignación, y a su vez volteaban a mirar a los demás, pronto cada uno ya había dado su visto bueno... claro, todos excepto Harry, quien no esperaba que su opinión importara demasiado en el desenlace de las cosas; pues parecía que el hombre, ya tenía todo planeado para el baile... aún así...

– Pienso que está muy bien eso de querer premiar los esfuerzos de ciertos alumnos, pero ¿por qué no premiar a todos? Claramente se han esforzado, no veo porque no pueda ser posible organizar algún tipo de evento en el cual entretener a los demás chicos.

Algunos alumnos sentados en los primeros lugares de las mesas, habían estado siguiendo con detenimiento lo acaecido en la mesa de profesores. Pronto, todos los chicos murmuraban más quedo intentando averiguar lo que se decía en la mesa superior.

– ¡No pretenderás muchacho, que todos los alumnos ocupen el aula que tenía prevista para el baile de Halloween!

– No precisamente esa aula, señor. Hogwarts tiene más de un salón desocupado para esa época del año, y dado que todos asistirían podríamos usar el Gran Comedor.

Horace sonrió un tanto descompuesto, claro que podrían usar el Gran Comedor, pero ese no era el cometido de la reunión. Era el momento perfecto para cimentar sus relaciones con los chicos que iban de salida. Después de todo, nunca se había organizado un baile en su generación.

– ¿Y qué de la túnica formal? No todos los alumnos las han adquirido para este ciclo escolar, y es muy poco tiempo para adquirir una.

El profesor Slughorn sonrió para sí mismo, con eso se lo quitaría de encima seguramente.

– Podría ser un baile de disfraces. Un disfraz es muy fácil de hacer con magia. Además, sería una excelente práctica para las clases de encantamientos y transformaciones.

Horace se demoró mucho en encontrar una objeción a la propuesta, mientras los demás profesores se miraban unos a otros con miradas complacidas.

– Espléndido – sonrió Dumbledore, mientras una luz se reflejaba sobre sus gafas de media luna – haré el anuncio entonces.

– Dumbledore, yo creo... – pero Horace no pudo terminar la frase, pues Minerva ya había tocado su copa con la cuchara y el Director se encontraba de pie concentrando todas las miradas.

Se hizo el silencio casi de inmediato, y todos los alumnos contemplaban absortos al mago vestido de túnica violácea. Dumbledore se empujo los anteojos sobre la larga nariz aguileña y comenzó a hablar en una voz fuerte y clara.

– Gracias profesora McGonagall, ahora que tengo su completa atención quisiera anunciar la primera fiesta de disfraces de Halloween que se celebrará en Hogwarts...

Los rumores, naturalmente no se hicieron esperar. Dumbledore sonrió complacido y dejó que los chicos siguieran hablando, momentos después alzó las manos para proseguir con su anuncio.

– Ahora, quisiera pedir un fuerte aplauso para el profesor Slughorn y el profesor Jhastrom... – ambos aludidos voltearon a mirar a Dumbledore, con un gesto de mortificación muy acentuado – quienes serán los organizadores de tan feliz evento.

Todos los alumnos aplaudieron con muchas ganas, mientras Harry era impulsado por Hagrid para recibir dicha ovación de pie, Slughorn en cambio, se hundió en su asiento, ocultando la mirada detrás de su mano.


Por la noche, en uno de los despachos cerca de las aulas del piso superior, una gran cantidad de polvo cayó, dispersándose sobre la superficie hirviente de un caldero cuyo fondo, era abrasado por las llamas de una chimenea.

El recipiente comenzó a emitir una severa cantidad de humo, por lo que el joven que había estado girando con vigor la pócima, movió bruscamente su varita mágica, generando una fuerte corriente de aire para disiparlo.

Severus Snape se sentía sumamente molesto. El Slytherin volteó a ver agresivamente hacia el escritorio detrás de él; en el cual, sentado detrás de un sendo volumen de la biblioteca, se encontraba leyendo el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras.

– Si me dejara usar las mazmorras para realizar estas pociones, no tendríamos este problema – Harry apenas lo volteó a ver, y alzando su varita, abrió la ventana detrás de él.

– Si fuera al aula de pociones, no podría tenerlo vigilado – respondió en suave susurro mientras volteaba una hoja del libro antiguo.

El chico desvió su atención hacia el caldero y lo retiró de la chimenea. Y una vez que acabó de vaciar el contenido en los recipientes, los colocó en el escritorio.

– Ya he terminado¿puedo retirarme ahora?

Harry volteó a mirarlo indeciso. Sabía que no había influenciado al muchacho tanto como hubiera querido.

Días antes, el inefable estaba seguro de haber penetrado un poco en la reacia personalidad del Slytherin. Sin embargo, a la semana siguiente todos sus esfuerzos parecieron en vano, pues el chico había vuelto a sus "castigos" con menor disposición que en días anteriores.

Harry estaba seguro que esto era producto de alguna conversación, lo cual indicaba que el muchacho había tenido contacto reciente con alguien de su actual "club" de pertenencia.

Además, dichas ocurrencias se había sumado a otras tantas que había notado en terrenos del castillo.

Por una vez, Harry deseo que sus sospechas no se cumplieran, pues ello implicaría la existencia de un espía en Hogwarts... y lo peor de todo, era que no tenía idea de quien podía ser.


– Samhain... – siseó una voz desde un pedestal de piedra.

– ¿Qué dijo mi lord? – respondió una mujer embestida en negro con una máscara blanca.

– Después del Samhain estaremos listos para empezar... La fiesta de la victoria, está cerca...

La mujer se arrastró servilmente hacia el trono y recargó su cabeza en las rodillas del hombre postrado en el.

– Dime... Teresa – murmuró la voz, mientas retiraba la capucha, para acariciar el cabello aperlado debajo de ésta – ¿el viejo sospecha algo?

La mujer arrugó la ya, maltratada frente.

– Él y ese profesor suyo traman algo... lo sé – una mueca de desagrado se dibujó en la apergaminada cara que había descubierto la máscara – Jhastrom molesta continuamente a mis niños, tratando de meterles en la cabeza, esas bajas ideas sobre la igualdad de clases.

– ¿Jhastrom? – susurró el lord deteniendo las caricias sobre la cabeza blanca. Jamás había oído sobre él.

La anciana se acomodó sobre el regazo de su señor, tratando de recuperar su atención.

– Su aprendiz me dijo que Jhastrom tenía la loca idea, de que los nacidos de muggles podrían considerarse como la forma de mago más pura... El muy imbécil cree que todos los magos provienen de ancestros muggles.

Una sonora carcajada retumbó en las catacumbas contiguas a la sala del trono.

Teresa Paltrow se levantó de inmediato colocando la máscara sobre su rostro, mientras una figura en mantos rojos entraba en la cámara, aún tomando sus costillas sin poder parar de mofarse.

Con un andar presuntuoso, el ser embestido en guinda, se acercó al trono, mientras la figura de la académica se retiraba displicentemente.

Herida en su orgullo, la astrónoma estuvo a punto de emitir su desacuerdo, pero un vestigio de locura en los ojos grises del joven frente al trono, la detuvo justo a tiempo.

– ¿Un sangre sucia la forma más pura de un mago? – dijo con un tono sarcástico y despectivo, acompañado de una sonrisa irónica sobre sus labios pálidos – Que idiotez.

El señor oscuro cambió su semblante y con un gesto despidió a la sirviente a sus pies, provocando en ella una plétora de celos, misma que no desaparecería hasta mucho después dentro de las paredes de Hogwarts, donde fungía como espía del Señor Oscuro.

– Draco... – la mirada, antes calculadora y en apariencia cariñosa para con su anterior huésped, cambió.

Lord Voldemort se levantó del trono colocándose junto a Malfoy, extendiendo su brazo en un claro gesto de invitación.

– Tú, mi querido Draco... haz sido el único que me ha demostrado tener lo necesario para compartir este trono conmigo.

El muchacho se movía tímidamente, mientras las ponzoñosas palabras del mago oscuro le persuadían a acercarse al trono.

– Tú... serás mi heredero.

El muchacho tomó asiento en el trono. De inmediato sintió como la energía que de éste emanaba, se mezclaba con la suya. Mientras un escozor comenzó a propagarse por todo su cuerpo, desde la marca que adornaba su antebrazo izquierdo.

Las siluetas de miles de hombres postrados frente a él, se dibujó en su mente y casi podía distinguirse a si mismo, recorriendo aquellas filas hasta encontrarse con la mirada incrédula de su progenitor.

Sí... él llegaría más lejos de lo que Lucius hubiera soñado jamás...

Un susurró interrumpió sus sueños de grandeza sutilmente. Casi como un arrullo, la melodiosa voz de Lord Voldemort penetró en el subconsciente del mortífago...

– El caldero... ¿dónde está?

El rubio vislumbró en su mente una antecámara, cerca de los calabozos donde se encontraban esas sucias criaturas lloriqueando. El cofre que lo contenía, era custodiado por los que antes fueran sus compañeros de viaje...

– Muy bien – siguió la voz casi como en un sueño – es bueno saber que esta lejos de manos codiciosas...

Una mano fría y delgada, casi como garra, se deslizó sobre el hombro del chico que seguía mirando al frente con la mirada perdida.

– Ahora... me hablarás del futuro... Draco Malfoy...


Lily retiró las cobijas rápidamente, con un andar apresurado tomó la bata que había colocado sobre su baúl, para salir corriendo de su habitación, bañada en sudor frío.

Había vuelto a ocurrir, Jhastrom le había dicho que en cuanto pasara fuera a verlo, no importando la hora en la que esto sucediese.

Pues Lily iría a verlo.

Ya no quería despertar angustiada y llena de temor sin siquiera recordar el sueño que había tenido.

Sus pasos largos la hicieron atravesar de tres zancadas la sala común, sin embargo su avance su vio truncado al abrir el retrato de la Señora Gorda y chocar con un bulto grande que no existía.

Se oyó un bufido y el sonido de dos cuerpos que caían al suelo.

La capa de invisibilidad que había mantenido ocultó a James Potter, yacía ahora sólo sobre sus piernas.

Lentamente el merodeador elevó sus ojos, y su mirada se encontró con la de una azorada y muy pálida Lily Evans.