DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más. Así, Harry regresa a 1975, y después de entrevistarse con Dumbledore, obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde preparará su camino para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
La festividad más importante para el mundo de la magia se acerca, y con ese motivo, en Hogwarts se organiza el primer baile de Halloween.
Asimismo, se desvela la existencia de un espía en Hogwarts en la forma de la Prof. Teresa Paltrow – maestra de Astronomía y jefa de la casa de Slytherin.
Por otra parte, Lord Voldemort, haciendo uso de sus magníficas habilidades de persuasión logra hacerse de algunos secretos, gracias a la ayuda involuntaria de Draco Malfoy.

Bajo Juramento
Capítulo XIX. Crónica de una traición anunciada
Parte I

Harry pasó un paño húmedo sobre su vieja cicatriz. Cada vez se hace más notoria, pensaba contemplándola silencioso frente al espejo, dibujando con un dedo su forma.

El muchacho intuía que su conexión con Voldemort se reconstruía con el transcurrir de los días. Negando con la cabeza una verdad que sabía era evidente, Harry se encaminó hacia una de las torres, donde sabía estaban los aposentos de la profesora de Astronomía, Teresa Paltrow; a quien había visto en sus visiones recargada en el regazo de Lord Voldemort.


El resplandor de la luna, cerca de su cuarto menguante, iluminaba el camino andado por unos pasos silenciosos debajo de una cubierta etérea.

– ¿Desde cuándo tienes ésta cosa, quisiera saber? – dijo una voz muy queda debajo de la capa.

Una ligera brisa elevó la orilla de la tela, revelando dos pares de pies; unos en pantuflas blancas y otros con zapatos deportivos.

– La encontré en el ático de casa, cuando tenía 13 años – contestó otra voz, en suave murmullo. – Todavía no entiendo porque tienes que ir a ver Jhastrom a esta hora.

Lily decidió ignorar la pregunta, prefiriendo revisar que no los siguiera nadie.

Que dirían si los encontraban escondidos bajo la capa. Después de todo, ambos habían sido elegidos como premio anual, y habían sido prefectos de Gryffindor... bueno, más bien ELLA había sido prefecta de Gryffindor.

James volteó los ojos exasperado. No importaba lo que le respondiera, no la iba a dejar sola con ese profesor tan extraño. Quien sabe que cosas podría hacerle a alguien tan inocente como Lily, es decir, siendo nacida de muggles, seguro que no sabría la cantidad de hechizos que le podrían hacer estando a solas.

Mejor acompañarla si tan empeñada estaba en ver a ese señor.

– Potter¿Quieres agacharte un poco más? Estas descubriendo nuestros pies – dijo Lily mientras jalaba de un extremo de la capa. James sintió una ligera corriente en sus tobillos y se agachó también jalando un extremo de la capa.

– ¡Evans, deja de jalar la capa¡Estas descubriendo la parte de enfrente! – sin embargo, ambos continuaban jalando la capa de ambos extremos – ¡Basta o la romperás!

En su jaleo, los chicos consiguieron estrellarse contra una de las armaduras frente al ventanal, ocasionando así, que la coraza se desmadejara por todo el pasillo, causando un fuerte estruendo.

– Demonios... – surgió un susurró de la cabeza flotante de James Potter. – Hay que escondernos antes de que llegue Filch.

El merodeador tomó la muñeca de su acompañante, y la capa; pegándose a la pared más cercana y atrayendo hacia sí el cuerpo de la chica.

Justo cuando colocaba sobre ambos la capa de invisibilidad, llegó un gritó desde la esquina de aquel pasillo...

– ¡BLACK, ESTA VEZ SÍ TE ATRAPARÉ! – y de entre las sombras apareció la figura de Argus Filch, arrastrando los pies.

El hombre entornaba los ojos mirando a su alrededor, estaba seguro que ahora encontraría a Black y a sus compinches no muy lejos de ahí.

Esos condenados demonios ya se habían tardado. Querían encontrarlo desprevenido, pero no lo lograrían. Esta vez estaba preparado, no tenían modo de escapar.

Mientras Filch se acercaba, fijando la mirada en el más mínimo movimiento, James se encontraba pegado a la pared de la derecha, cogiendo a Lily por la cintura y tapándole la boca con una mano.

La tez de Lily era tibia, pensaba James, mientras mantenía la mano sobre su mejilla. Contento notó que su cercanía le permitía percibir un suave aroma a jazmín.

Lily, por otra parte, sentía como el color se le subía al rostro.

Ambos chicos se encontraban quietos, temiendo respirar demasiado fuerte, sabían que cualquier ruido alertaría al celador de su presencia.

El conserje avanzó con pasó decidido y de muy mal humor. Con un enorme farol (que mantenía en alto), dibujaba las sombras sobre las paredes, intentando descubrir a los bribones en su escapada.

Ambos chicos cerraron sus ojos esperando lo peor cuando Filch se detuvo frente a ellos, nunca lograrían engañar la vista del celador aún con la capa de invisibilidad.

– Señor Filch¿qué sucedió? – Argus giró rápidamente quedando frente a frente con el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

La chica bajo la capa, casi grita de alegría, estaban salvados.

James, en cambio, entrecerró sus ojos en clara expresión de desafió. Odiaba tener que deberle una a Jhastrom.

El conserje entonces, narró una aventura fantástica sobre los merodeadores, culpando a los chicos de Gryffindor por todo el desastre en el pasillo.

Mientras ambos recogían las piezas para reconstruir la escultura, el inefable meditaba sobre aquello. Harry estaba seguro de que esto no había sido obra de los merodeadores, sino más bien alguna de las travesuras del poltergeist.

Cuando el muchacho iba a recoger una pieza cerca de la pared frente al ventanal, pudo percibir un ligero movimiento de tela. ¿Acaso había regresado antes la profesora Paltrow?

Tenso, Harry movió furtivamente su mano para tomar la varita. Cambiando su expresión a la de un cazador olfateando a su presa.

Profesor... – murmuró una voz cerca de él... una voz de mujer que le parecía demasiado familiar. – Soy yo... por favo...

– ¿Sucede algo profesor? – farfulló Filch al notar que el muchacho había dejado de moverse.

Harry cambió su gesto de inmediato, volteando a mirar afablemente al celador; para después levantar el resto de las piezas, colocándolas en un recipiente que acababa de conjurar.


Una vez reconstruida la armadura, Harry convenció a Filch para que volviera a la cama. Dirigiéndose entonces (seguido por los dos chicos), a su despacho.

Ya que estuvieron dentro, los muchachos se mostraron ante Harry, quien ocultó la sorpresa que le producía ver a su padre en compañía de su madre, especialmente para esta ocasión.

Sopesando el estado de ambos, Harry decidió brindarles un poco de su té de azahar, atención que Lily aceptó gustosa y James declinó tajantemente.

Mientras el profesor preparaba el té, Lily pensaba como abordar el tema frente a James ¡Por qué no se metía en sus propios asuntos!

– No tiene que explicar nada señorita Evans, entiendo porque está aquí – mencionó Harry al notar la incomodidad de su madre, la chica suspiró aliviada y le agradeció con la mirada mientras cogía la taza de té.

Justo cuando estuvo a punto de darle un sorbo, James le arrebató el recipiente y le dio un gran trago, para después casi devolverlo debido a la alta temperatura de la bebida. Lily se molestó pues él ya había declinado la bebida y así dio comienzo la penúltima riña de la noche.

Harry sonrió enternecido, recordando a dos chicos llevar a cabo la misma rutina.

Tenía ya muchos meses que no veía a Ron y Hermione, y comenzaba a extrañar a su pequeña ahijada: Emily. Y mientras sus padres discutían frente a él, el muchacho comenzó a rogar porque sus amigos no tuvieran el amargo fin que le esperaba a aquellos dos adolescentes.


Sirius notó que el desayuno en el Gran Comedor le parecía demasiado aburrido a Cornamenta, pues constantemente bostezaba mirando hacia ninguna parte, jugando con su plato de avena.

– Hoy me encontré a Filch afuera de la sala común – dijo como quien no queriendo la cosa –. Me dijo que aunque no me hubiera atrapado in fraganti estaba seguro de que era yo...

Sirius seguía observando a James, esperando a que el chico confesará de una vez lo que había estado planeando desde inicio de curso.

– Escucha, James, no voy a cantar, pero quiero entrar a lo que sea que estés planeando. Lo digo en serio, estoy comenzando a aburrirme.

Remus, ahora observaba detenidamente a James, sospechando que era lo que hacía todas las noches. Y Peter, quien como siempre no podía seguir la conversación de sus amigos comenzó a voltear de un lado a otro esperando que alguno se dignara a explicarle de que se trataba aquello.

– No estoy planeando nada – dijo James y sin embargo no dejaba de voltear subrepticiamente hacia la mesa de profesores. Jhastrom otra vez llegaba tarde al desayuno.

Remus comenzó a revolver en la mochila y sacó un pergamino en blanco, colocándolo sobre la mesa entre los cuatro. Los otros tres merodeadores, al ver la osadía de su compañero se pusieron muy contrariados.

– ¡Lunático, que demonios estás haciendo, guarda eso! – Sirius cogió el pergamino de prisa y lo metió dentro de su mochila, mientras el hombre lobo y James intercambiaban miradas significativamente.

James suspiró y miró su reloj de muñeca. – Se los diré en Encantamientos, contento – agregó resignado.

– Ya era hora – respondió satisfecho Sirius Black.

James sin embargo, no era el único que jugaba con su comida esa mañana. Independientemente de lo sucedido ayer (donde Harry le había prometido encontrar una solución a su problema), Lily se encontraba un tanto alicaída por la nueva festividad que se aproximaba.

Y no es que le desagradara todo lo que conllevaba tener un baile para el Halloween, sino que hasta el día de hoy, Lily había sido invitada al baile por varios de sus compañeros de casa (¡y de otras casas!) para asistir con ella, lo cual lejos de halagarla le incomoda mucho, pues detestaba ver sus caras desanimadas una vez que ella declinaba la invitación.

Y es que ella no podía dejar de tener esperanzas...

Lily volteó a mirar al final de la mesa, donde uno de sus compañeros de séptimo cuchareaba un plato de avena, y de vez en cuando miraba hacia la mesa de enfrente. La chica miró hacia abajo... ojalá él la invitará a ir al baile... Aunque... una idea surgió de pronto, una idea que iluminó por completo su rostro. ¿Y por qué no? No tengo nada que perder.

Fue entonces que comenzó a comer con más ánimos.


Teresa llegaba tarde al desayuno. Olvidaba que ya no era tan joven y le costaba caro aguantar esas desveladas. Pero todo aquello bien valía la pena, si tan sólo no hubiera llegado ese mocoso a la mitad de su informe, ella le hubiera dado las fabulosas noticias que ya le había transmitido el aprendiz.

Sin darse cuenta llegó al vestíbulo, donde se filtraban los murmullos usuales desde el comedor, ahora abarrotado de niños. Molesta avanzó sin darse cuenta de la figura que la venía siguiendo desde que abandonó sus habitaciones, debajo de la Torre de Astronomía. Una mano sosteniendo una varita apuntó hacia su espalda, la cual emitió un leve resplandor que luego desapareció.

Harry giró sobre sus pasos rumbo a la biblioteca. Ahora estaba seguro de tenerla bien vigilada.


El almuerzo llegó y terminó, dando paso a las clases vespertinas. Y tiempo después, dos de los alumnos más brillantes de Gryffindor salían de Runas Antiguas, rumbo a la Sala común.

Ahora es cuando Lily. Tú puedes hacerlo. La Gryffindor suspiró armándose de valor y alcanzó a Frank Longbottom, quien ya casi había entrado por el retrato de la Señora Gorda.

– Oye Frank ¿puedo hablar contigo un momento?

Frank se detuvo justo antes de llamar al retrato de la Señora Gorda, quien ahora los contemplaba muy interesada. El chico asintió extrañado y ambos caminaron por el pasillo rumbo a una de las aulas desocupadas en el mismo piso.

Una vez dentro de una de ellas, el muchacho tomó asiento en una de las bancas cerca de la ventana. Lily en cambio, se quedó parada jugando con sus manos.

– ¿Te sientes bien Lily? Te vez un poco pálida.

No va a funcionar, como se me pudo ocurrir semejante cosa, pensaba desesperada mientras mordía sus labios.


De vuelta en la sala común, Peter Petigrew se encontraba sentado solo y de mal humor. No entiendo porque no me explican nada, es la segunda vez que se quedan mirando el mapa esperando que yo haga ese gesto de asombro que todos tienen. ¿Por qué tenían que ir a la biblioteca? Hasta Sirius sugirió distraer a la señora Pince para que Remus se escabullera a la Sección Prohibida. Yo podría ayudarlos si me explicaran que se traen entre manos.

Y es que, una vez que llegaron a la clase de encantamientos, y cuando todos los alumnos se encontraban practicando, Remus había hecho sacar a Sirius el mapa de merodeador, y lo había activado para que Canuto y Colagusano observaran la irregularidad en el salón de Defensa. Sin embargo, Peter quien no se distinguía por ser un gran observador, no había notado nada, y se había sentido excluido una vez más, al ver que sus amigos discutían acaloradamente sobre las consultas que habían estado realizando a escondidas.

Los tres merodeadores ahora se encontraban en la biblioteca, tratando de obtener un volumen de la sección prohibida, mientras él se sentaba a esperarlos y dar la señal de campo libre en la sala común. Esto último para que los tres chicos trasladaran lo que llevaba en la investigación a las mesas junto a la chimenea y estudiar con mayor comodidad.

Desgraciadamente Colagusano sabía que para que eso ocurriera faltaba mucho tiempo, lo cual garantizaba que esta sería una tarde aburrida, y a la vez no podía dejar de sentir que sus tres amigos habían decidido prescindir de su compañía, lo cual no le agradaba en lo absoluto.

Así pues, mientras Peter estaba enfurruñado frente a la chimenea el retrato de la Señora Gorda se abrió de golpe dejando pasar a una alterada Lily Evans, quien subió rápidamente hacia los dormitorios de chicas tapándose el rostro y dejando estupefactos a todos en la sala común.