DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más. Así, Harry regresa a 1975, y después de entrevistarse con Dumbledore, obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde preparará su camino para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Después de la visión sufrida por Harry y Lily, el primero decide vigilar muy bien a la profesora Paltrow, lanzándole un hechizo.
Por otra parte, como las festividades se acercan, Lily decide tomar cartas en el asunto e intervenir con su príncipe azul.
Al mismo tiempo, James y Remus le muestran a Sirius el mapa del merodeador, dándose cuenta éste último, del letrero vacío en el aula de Defensa contra las artes oscuras.

Bajo Juramento
Capítulo XX. Ideas por escrito

Harry miró de reojo a la mesa de los Gryffindor. Ninguno de sus padres se había presentado a cenar, tampoco estaban Remus y Sirius.

Colagusano se veía ensimismado al final de la mesa. Y alejado varios asientos de donde estaba Peter se encontraba Frank, quien miraba hacia donde estaba la amiga de Lily con expresión culpable.

Era un terrible cierre del día a su parecer, y lo peor era no saber que hacer para cambiar la situación. Después de todo, era sólo un profesor más.

Harry apretó su servilleta mientras bajaba la mirada.


Audrey abrió la puerta del dormitorio, mirando sigilosamente hacia adentro. Por su parte, las demás chicas del grado se encontraban en la Sala Común, esperando a que Audrey les dijera si estaba el camino libre.

– Lily – susurró hacia la cortina cerrada de la cama en la orilla de la habitación – No sé que fue lo que te ocurrió pero tienes que comer algo.

– Vete Audrey, déjame en paz... sólo por esta noche¿sí? – dijo una voz desde el interior de la cama – Mañana estaré bien.

Audrey suspiró y dejó el tentempié en el buró junto a la cama. Para después abandonar el dormitorio un tanto cabizbaja.


Remus alejó la varita del mapa del merodeador que estaba abierto y activo, mostrando una pequeña motita sin nombre en la sección prohibida junto a la señora Pince.

– ¿Tuviste suerte Lunático? – dijo James tallando sus ojos después de cerrar un gran volumen.

– No, tampoco era este hechizo. Creo que no tiene nada que ver con el mapa. Tiene todos los hechizos reveladores que pudimos encontrar. T-O-D-O-S. La única posibilidad que queda es que Jhastrom se haya hecho un contra-hechizo nuevo... o

– ¿O qué? – dijo Sirius que seguía dando vueltas a un gran tomo de hojas amarillentas con cara de asco.

– Que haya usado magia oscura, pe...

– Ja, – Sirius cerró el libro de golpe, levantando una ligera capa de polvo – estoy seguro que se trata de eso, siempre ha sido muy sospechoso. Se ve que oculta muchas cosas.

Remus frunció el ceño y bajó la mirada analizando aquella motita negra una vez más, ya antes la habían visto usar varios pasadizos que creían conocer sólo ellos.

¿Cómo era posible que un nuevo profesor, que nunca antes había estado en Hogwarts (pues James ya había revisado anuarios y trofeos de años anteriores), pudiera conocer pasadizos que ellos habían encontrado después de mucho deambular por la escuela? No tenía sentido. O no era quien decía ser o era excepcionalmente bueno con hechizos reveladores.

También estaba el hecho de que era (¡o seguía siendo!) un inefable... ¿no le había pedido su recuerdo de esa tarde para analizarlo en su pensadero?

– No creo que se trate de magia negra. Lo dudo mucho – dijo James que había abierto otro libro – sospechó que se trata de algún viejo ritual, pues su escritorio estaba lleno de libros antiguos cuando entré la última vez.

¿La última vez?, pensó Remus mirando a James. ¿Cuándo visitó ese despacho? No nos hemos acercado ahí desde lo de Stevenson.

– James, los ritos antiguos usualmente son de magia oscura – agregó Sirius de manera sombría.

– Pues... – James apartó la mirada del libro – He estado investigando en algunos de los libros que ha devuelto a la biblioteca y sólo encontré rituales relacionados con el mundo de los muertos.


Harry salió de la sección prohibida completamente desconcertado. De pronto había desaparecido algunos de los libros que había devuelto hace días, lo malo era que la visión que había tenido ayer por la noche le había recordado uno de los libros que ya había consultado anteriormente.

La señora Pince se colocó detrás del mostrador acongojada ¿Qué habrá sido de esos valiosos volúmenes?...

Harry volteó vigilando el resto de la biblioteca, sin embargo sólo alcanzó a ver un par de alumnos (los cuales le parecían de sexto) en los escritorios de la parte posterior, uno de los chicos parecía estar recogiendo sus cosas.

Mejor hacer las cosas rápido, Paltrow podría haber ordenado que lo vigilaran.

– Siento mucho lo que pasó profesor, en cuanto aparezcan esos libros le haré saber... seguramente los coloqué en el lugar equivocado – a Harry le pareció claro que el último comentario lo había hecho más para sí misma que otra cosa, en fin lo mejor sería trabajar con lo que ya tenía.

– Mmm, señora Pince – dijo la voz de uno de los muchachos de atrás – sería tan amable de permitirme sacar este libro.

La bibliotecaria observó al chico y Harry le hizo una seña para que procediera, después de todo era sólo un libro.

Una vez registrado el préstamo el ejemplar, el chico se retiró aprisa. Harry miró hacia atrás, esperando encontrar al otro muchacho, pero éste (¿Acaso era Yaxley?), ya se había retirado.

La encargada le sonrió, y comenzó a registrar el primer libro de los que sacaría el Harry.


Una ligera brisa se coló por las ventanas meciendo exiguamente las cortinas de una las camas. Mientras, filtrada por las sombras de las nubes, una pequeña figura atravesó por debajo de la puerta del dormitorio de chicas del último año.

Un roedor de color marrón ingresó en la habitación pegándose a la pared.

Poco a poco, la joven rata se escabulló al pie de la última cama, transformándose después en un adolescente. Estático y silencioso, como su forma de animago, Peter Petigrew espero a escuchar si había sido descubierto.

Las acompasadas respiraciones a lo largo de la habitación no habían cambiado, por lo que sacó un par de alambres encantados de su bolsillo. Era una suerte haberlos recogido después de que Sirius los hubiera utilizado el año pasado.

Lentamente deslizó los dos alambres por el cerrojo del baúl, el cual hizo un leve chasquido.

Quieto, muy quieto, el animago espero tratando de detectar movimiento detrás de las cortinas de las camas. Una vez seguro de que esto no pasaría, lo abrió sigilosamente, encontrando dentro, casi en el fondo, un cuadernillo con un suave aroma a azahar.

El chico lo tomó con delicadeza y lo abrió lentamente, pasando suavemente las yemas de sus dedos sobre él. Giró el rostro, comprobando sus alrededores y lo ocultó dentro de su túnica, desapareciendo después para dar lugar a la alimaña que se había escabullido anteriormente.

El roedor, a pasos apresurados, se dirigió hacia la sala común oculto bajo el manto de la noche.


Un dedo se deslizó sobre la pera de un gran óleo, haciendo que esta temblara y formara el pomo de una puerta. Harry se introdujo a las cocinas donde decenas de elfos domésticos trabajaban felizmente limpiando los últimos vestigios de la cena.

Un par de elfos jóvenes se acercaron al profesor haciendo una ligera inclinación, ofreciéndole trufas en una canastilla.

– Hola, quisiera hablar con su... jefe– dijo Harry a falta de una palabra más adecuada.

Los elfos se miraron entre sí confundidos, uno de ellos se rascó la cabeza dubitativo, el otro lo miró y le dijo – el amo se encuentra en su despacho en este momento, señor.

Harry se golpeó la frente, por supuesto que pensarían que se refería a Dumbledore – En realidad, quisiera hablar con quien los dirige.

El otro elfo contestó esta vez – Pero, señor... el amo Director nos dirige a todos, señor.

Harry suspiró, como hacerles ver que quería hablar con su líder, un elfo o alguien que los organizará para hacer sus tareas. En el futuro no habría tenido problema, pues sabía que podía contar con Dobby para hablar con los elfos domésticos de Hogwarts.

– Los elfos no tienen líderes, señor. Es parte de su naturaleza saber como repartir el trabajo para ser buenos elfos, señor.

Harry miró hacia la izquierda para mirar a su locutor. Esa figura le parecía familiar, aunque claro todos los elfos se parecían. El elfo se inclinó una vez que se sintió observado.

– Soy Willy, señor. Willy el elfo doméstico.

Fue como si una bombilla se encendiera en su cerebro, Claro... – Tú fuiste quien me recibió cuando llegué a Hogwarts, Willy. Te recuerdo.

Willy asintió complacido, dirigiendo a Harry hacia una silla que acaba de conjurar frente a la chimenea. Cuando Harry dirigió su atención a Willy, los dos elfos que antes lo atendían se retiraron a traer una bandeja de té.


– ¡Ugh, no puedo soportarlo más! – Sirius azotó la pluma sobre el escritorio, junto a un pila de papeles cerca de su lugar – ¿Qué está haciendo Peter que no nos llama? Ya debería estar vacía la sala común.

Remus, que seguía vigilando la motita, que ahora estaba en las cocinas, miró a James y a Sirius, y revisó el mapa.

– Tienes razón – Remus había observado a Peter solo sobre uno de los sillones – Lo mejor será irnos a la sala común con todo esto, antes de que se haga más tarde.

– Perfecto – dijo Sirius contento amontonando todo en la mochila sin miramientos – Estoy harto de estar aquí.


– ¿Entonces no crees que será una molestia, podríamos pedir ayuda a los elfos de algunos de los alumnos? – dijo Harry mirando seriamente a Willy, una vez que le hubo explicado su plan para la cena de Halloween. No sabía si el sistema usado en el Torneo de los Tres Magos fuera algo que les causara mucho problema a los elfos.

Willy agitó vehemente la cabeza, haciendo que sus largas orejas se estrellaran con su rostro, en un ademán que a Harry le recordaba mucho a Dobby. – No, señor. No pida ayuda a otros elfos, no señor. Estaría ofendiendo a los elfos de Hogwarts, señor.

– Lo siento, no lo había visto de ese modo – dijo Harry abochornado.

Willy le sonrió complacido – Willy sabe que el profesor, señor, sólo pensaba en el bien de los elfos, pero los elfos son felices trabajando – de pronto la criatura bajo sus orejas acongojada – Todos los elfos sueñan con contar con la aprobación de sus amos, señor. Eso nos hace felices, señor.

Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Willy. Incómodo Harry puso su mano sobre el hombro de la criatura dubitativamente, el elfo se sorprendió por el amable gesto.

Y Harry notó para su desdicha que sus ojos de pelota se anegaban de lágrimas.

– Lo siento, Willy... yo...

El elfo se sonó con su delantal y le dedicó una brillante sonrisa – Willy desearía tener su propia familia, señor. Es el sueño de Willy servir a una familia de grandes magos como usted. – El elfo volvió a limpiarse con el delantal, comenzando a tranquilizarse –, pero el amo Dumbledore le deseo a Willy amor. Willy podrá sentir amor cuando sepa que hace feliz al amo, pero... Willy solo sabe que su compañera se fue a servir a sus amos cuando su pequeño amo se graduó.

Harry, quien había entendido menos de los balbuceos que había dicho el elfo, sólo lo miró con compasión.


– ¿Eso es todo aprendiz? – dijo Teresa mirando hacia fuera desde su habitación.

Severus asintió desde el marco del largo cuadro que ocultaba el pasadizo desde los dormitorios de Slytherin hacia la habitación de su jefa de casa.

Teresa comenzó a pasear por la habitación meditando sobre lo que le acaba de decir el pequeño aprendiz. ¿Cómo pudo enterarse? Sólo yo... y ese... chico, lo sabemos, no se lo dijo a nadie más...

La profesora Paltrow se detuvo de pronto y caminó decidida hacia su escritorio, escribiendo en el pergamino los títulos de muchos de los libros de la sección prohibida, una vez que hubo terminado, le entregó la nota a Severus.

– Quiero que vayas por ellos a primera hora, mañana. Haz lo que sea por conseguirlos antes que ese profesor.

Severus recorrió ceñudo la larga lista que le acababa de entregar la mujer, una vez que hubo terminado levantó la mirada y asintió. El Slytherin estaba seguro de que lo que le solicitaba su jefa de casa era una misión de suma importancia.

Jhastrom no debía obtener estos libros.


... sabía que no debía atreverme, y de todas formas no perdía la esperanza de que si yo se lo pedía no podría negarse, después de todo, sé que no le soy indiferente, pero... cuando me dijo que ya se lo había pedido a otra chica... Creí que me moriría ahí mismo, al menos nadie lo sabe, aunque por el espectáculo que di al entrar a la sala común...

En fin, mañana será otro día. Quizá vaya al baile con quien sea, aunque a estas alturas tal vez cambie de opinión. Claro que no aceptaría ir con alguien como Snape, que se la pasa molestándome, pero... debo reconocer que este semestre se ha portando más tranquilo que nunca, lo cual me resulta muy extraño.

Lily.

Peter sonrió para sí mismo, ¡Es perfecto! Iré con ella al baile, sólo tengo que asegurarme que nadie se lo pida antes que yo.

La puerta custodiada por la Señora Gorda se abrió de repente, Peter escondió rápidamente el diario de Evans debajo de donde estaba sentado, para luego hacerse el dormido.

James entró buscando con la mirada a su compañero merodeador.

Típico... Cornamenta ya había vislumbrado el cuerpo de Peter recargado en la butaca en sueño aparente.

– ¿Por qué no me extraña? – dijo Sirius de mal humor después de dejar caer los libros que llevaba en los brazos, el estruendo hizo que Peter fingiera despertarse sobresaltado.

– Muévete Colagusano – dijo Sirius empujando al chico para sentarse frente a la mesa.

Peter abrió desmesuradamente los ojos ¡No podía dejar el diario ahí! Todavía tenía que regresarlo al dormitorio de las chicas...

– E-e-es que...

Remus se sentó en el sillón del otro lado y levitó la mesa cerca de su lado, de modo que Sirius ya no tenía razón para quitar a Colagusano.

– Déjalo en paz, Sirius – el licántropo le dirigió una mirada entre exasperada y protectora a Petigrew – ¿por qué no subes a descansar Pete?

Peter se encogió en su asiento, eso tampoco sería conveniente, tarde o temprano notarían el libro, corría el peligro de que lo leyeran y alguno de ellos se lo pidiera antes a Evans.

– Yo, yo... – escondió la mirada ¡no se le ocurría que decir!

– Ya, Pete. Seguro que quieres compensarnos por habernos olvidado – dijo James buscando la mirada de Peter con una sonrisa cómplice en los labios. El aludido giró la cabeza de repente con una expresión de incredulidad.

¡COMPENSARNOS! Ustedes fueron los que se olvidaron de MÍ.

Sirius, sin notar la mirada, le dio una palmada a Peter en la espalda y le dedicó una amplia sonrisa – Claro que sí. Ese es nuestro compañero merodeador. Sé bueno y ve a avivar el fuego, con un poco de suerte estos dos maniáticos se quedan dormidos y todos nos podremos largar a dormir.

Sólo será un momento. Peter se levantó nervioso de su asiento, y mirando de reojo hacia el cojín carmesí apuntó con la varita a la chimenea, generando unas altas y bonitas llamas anaranjadas.

Remus suspendió su lectura aspirando de repente y volteando a varios lados.

– ¿Huelen eso?.

Peter se detuvo a medio camino ¡La nariz de Remus, porque diablos tenía que ser un cuaderno perfumado!

James y Sirius miraron extrañados a Remus, y como una vela que se encendiera de repente en su cabezas recordaron que el chico siempre aumentaba sus sentidos antes y después de pasar por su pequeño problema peludo.

– Creo que por hoy es suficiente – dijo James cerrando de inmediato el libro y comenzando a amontonar todo para esconderlo.

Sirius se levantó sonriente – por fin – y ayudó a James a amontonar las cosas. Sin embargo, por dentro se sentía un poco avergonzado, la excitación del momento le había hecho olvidarse de que Remus solía cansarse más fácilmente recién pasada la luna llena. Lunático se había hecho un gran maestro en engaños, especialmente en cuestiones sobre su enfermedad.

– Yo puedo levantar todo – dijo tímido Peter ya a un lado de la mesa – porque no suben a descansar. Los pondré donde siempre.

Los tres le agradecieron y se retiraron a los dormitorios dejando a un animago muy aliviado.

Ahora, sólo tengo que regresarlo. Peter miró hacia la escalera que dirigía a las habitaciones de las chicas.


Lord Voldemort tenía varias horas sentado en el trono, meditando la información que le había sonsacado al joven Malfoy.

Asi que Potter me detuvo cuando era un bebé... Bueno, eso tiene arreglo. Y ahora que he conseguido el caldero de Arawn...

Una escalofriante sonrisa se dibujó en el rostro serpentino del Señor Oscuro.

... sólo es cuestión de encargarse del viejo imbécil. Pero, mas vale asegurarse.

– ¡WILKINS! – reverberó el gritó desde el centro del recinto, un joven mortífago se apareció de pronto frente a Voldemort, el chico iba pálido y sudoroso, no podía tener más de 19 años.

– Se... señor... – dijo con voz entrecortada, a los pies de su amo.

– Acércate Wilkins... – siseó el Lord presa de una excitación inusual. Lord Voldemort estaba muy entusiasmado, el día se acercaba.

Wilkins se arrastró lentamente tomándose el brazo izquierdo inconscientemente, al llegar frente a su señor se inclinó y se besó la orilla de su túnica color azul, sus manos temblaban combinando con rostro pálido y sudoroso.

– El brazo Wilkins, no me hagas perder la paciencia – dijo el mago oscuro el un tono mas frío.

El chico gimoteando descubrió su antebrazo, dejando al aire una marca rojo sangre a la vista, Lord Voldemort se relamió los labios.