DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más. Así, Harry regresa a 1975, y después de entrevistarse con Dumbledore, obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde preparará su camino para cumplir con las palabras formuladas por su antigua profesora.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Frank Longbottom rechaza la invitación de Lily al baile, provocando que esta tome la resolución de ir con cualquier persona. Peter impulsado por este descubrimiento decide invitar a Lily después de revisar su diario. Al mismo tiempo el resto de los merodeadores sigue en su búsqueda para mejorar el mapa del merodeador, sin tener ningún éxito.
Por su parte, Harry a toma cartas en el asunto de la organización de la fiesta. Como primer paso visita a los elfos en las cocinas para arreglar lo de la cena, más tarde platica con el elfo Willy, quien lo deja un tanto desconcertado con su historia.
Voldemort, por su parte, averigua el papel que desempeñará Harry en la historia y convoca a una reunión con sus seguidores

Bajo Juramento
Capítulo XXI. Crónica de una traición anunciada II

Sollozos ahogados, se filtraban a través de las rocas en el fondo de una oscura caverna y varias sombras, se dibujaban danzantes junto a la exigua luz de una antorcha.

El frío metal que bloqueaba una de las entradas del calabozo, era cubierto por pequeñas cantidades de escarcha... hacia mucho frío ahí.

Además, ya casi no quedaba nadie... y eso le daba miedo.

Sarah llevaba varios días en este lugar. La pequeña se preguntaba con frecuencia cuando sería el día que volvería a ver a su madre.

No tenía noción del tiempo, pero le parecía que había pasado toda una vida ahí.

Y aunque sabía que algún tiempo había sido feliz, ya sólo recordaba el hambre y el frío que sufría en esos momentos; acostada, ya sólo alcanzaba a ver el movimiento titilante, de las llamas en la antorcha, a través de las barras.

Y aún tenía miedo de lo que había al fondo del calabozo...

Hacia días que no escuchaba nada proveniente de las últimas celdas y aunque no quería aceptarlo... muy dentro de sí sabía que los chicos que habían estado ahí, ya no eran parte de este mundo.


Peter asomó la cabeza desde la puerta del Gran Comedor, volteando hacia el vestíbulo. Ahí estaba Evans en todo su esplendor.

El chico se acomodó el cabello y aliso la túnica mientras caminaba tímidamente detrás de ella.

Hoy sería el día en que le pediría que lo acompañara al baile de Halloween.


– Bueno, ahí va nuestro buen amigo Peter – dijo Sirius después de engullir la mitad de su panque de nuez de un solo bocado.

Remus miró de reojo a Cornamenta y dibujó en su rostro una sonrisa divertida.

– ¿Y tú, cuándo piensas invitar a Evans?

James escupió el jugo de calabaza que acababa de tomar sobre Sirius que estaba frente a él.

– ¡Oye! – Canuto agitó su varita, limpiando el desastre provocado por el avergonzado joven.

– No sé de que me hablas... – dijo con un rosado tinte en las mejillas, sirviéndose más jugo en el vaso vacío.


Aún desde aquí podía escuchar el canto de los grillos del Bosque Prohibido.

Remus suspiró sin poder concentrarse, observando la enciclopedia abierta frente a él.

Un tanto desanimado, el merodeador recordó porque odiaba perderse clases importantes (especialmente aquellas que sabía le ayudarían en su vida cotidiana), solo esperaba que James o Sirius pusieran la suficiente atención para pedirles que realizarán esa poción para él.

Ya encontraría el modo de pagarles por ese favor... o al menos por los ingredientes.

Ese día, Remus había sido suspendido de la clase de pociones, pues el profesor Slughorn (entusiasmado por lo logros de un viejo miembro de su club), les encargó a los alumnos de séptimo preparar lo mejor posible la poción matalobos.

Y aunque a sus compañeros se les dio el pretexto de que era alérgico a varios ingredientes, McGonagall había solicitado su ayuda durante una clase de primer año, cosa que no había durado mucho y ahora se encontraba en la biblioteca, elaborando el trabajo que pagaría su ausencia a la clase.

Un libro antiguo fue colocado en el lugar frente al suyo, sacándolo de su sombrío humor. Era un volumen bastante grande, tal vez un gran formato...

– ¿Cómo le va señor Lupin? – saludó afablemente el profesor Jhastrom

Remus saludó cortésmente al joven profesor, observándolo mientras éste se acomodaba frente a él.

Nunca le había pareció tan malo como a James, y sabía, que mucha de la enemistad que el merodeador sentía hacia él, provenía de la familiaridad con la que Evans se conducía con él.

Ahora que lo veía más de cerca, y sin estar repasando todos esos hechizos y contrahechizos, el licántropo notó que el hombre parecía cansado, agobiado por grandes preocupaciones.

Y aún así, el muchacho no podía evitar sentir un aura de tranquilidad cuando estaba con él. Era como si estuviera en "familia", como si muy dentro de él supiera, que ese hombre había sido parte muy importante de su vida, aunque nunca antes le había visto.

– Te notó muy desmejorado ¿acaso Poppy no te dio las pociones suficientes para después de la luna llena?

Remus parpadeo un par de veces. ¿Cómo? – La señora Pomfrey ha querido darme algunas pociones pero... – Remus volteó la mirada evitando la de su profesor – pero no me gusta dar más molestias de las que ocasionó... sabe, Poppy y el profesor Dumbledore ya han hecho mucho por mí al aceptarme en Hogwarts, y si puedo funcionar con normalidad sin las pociones...

Harry lo contempló durante un largo rato sin decir nada, lo cual incomodó bastante al merodeador .

La verdad le avergonzaba mucho tener que molestar más de la cuenta a la señora Pomfrey, después de todo, ella arriesgaba su integridad física al tratarlo de sus diversas heridas... ¿quién sabe que podría pasar por contagiarse de la sangre de un lobo en su forma humana?

– Te tengo una proposición – dijo al fin Harry después de cierto tiempo, aún con un aura de tranquilidad rodeando la mesa –: Necesito ayuda en la evaluación de las tareas de los chicos más pequeños, así que ¿qué te parece si en tus ratos libres me ayudas a calificar sus tareas y como pago recibirás algunas pociones para tus aflicciones después de la luna llena?

Remus sorprendido se quedó mirando a su profesor por unos momentos.

– Quizá no fue buena idea aquello¿tal vez prefieras que te pague con dinero? así podrás comprar las pociones con alguien que te dé más confianza... Aunque te confieso que el aprendiz que las preparó, es uno de los mejores en toda Inglaterra. Estoy seguro que será un gran maestro de pociones en futuras fechas, pero todos empezamos por algo ¿no?

Remus parpadeo ¿de qué estaba hablando?. De súbito le llegó la idea, avergonzado, Remus asintió con la cabeza aceptando el primer trato, pues la sorpresa aún no le había permitido articular palabras.


Las clases terminaron demasiado pronto. Ni Remus, ni Sirius habían tenido oportunidad de hablar con Peter o con James, pues el primero había estado persiguiendo a la amiga de Lily (o eso pensaban ambos); y el otro les había estado evitando, buscando con la mirada a Evans durante todas las clases.

Esta era la última clase del día y James, quien se había sentado detrás de dichas muchachas, vio como Peter se acercó tímidamente.

¿Qué curioso, por qué querrá hablar con Evans?... Bueno... aprovecharé para pedírselo cuando termine de hablar con Colagusano.


Harry comenzó a borrar la pizarra de muy buen humor, este día había sido particularmente bueno, tal vez porque todo el mundo estaba muy contento por la fiesta del fin de semana. ¡Al fin se iba a librar de Slughorn!

¿Cómo era posible que el profesor de pociones le hubiera estado acosando a pesar de no ser alumno?

¿Qué esta haciendo dando clases alguien con su talento? – había dicho dibujando una sonrisa falsa en ese bigote de morsa –. No le interesaría un puesto en el ministerio, tengo amigos muy influyentes a los cuales les he hablado mucho de usted

¡Ja! como si no supiera que había hecho un contrato mágico con el sombrero seleccionador al colocarlo sobre su cabeza... menudo problema con el que no contaba.

Ahora como iba a explicarle al director cuando regresará de la misión, que tenía que contratarlo pues el sombrero así lo había convenido en 1975...

– ¿Profesor?

Harry volteó hacia la puerta de su salón dejando los papeles que ordenaba sobre el escritorio. Frente a él se encontraba Sybill Trelawney, la adivina que había sido un factor decisivo para que estuviera aquí, claro, con 20 años menos.

Por lo que había visto de ella en las clases era una chica singular, no era desagradable aunque si un poco introvertida.

Tímida, la niña se acercó poco a poco a su escritorio con un mazo de cartas de tarot entre las manos.

– Señor lamento molestarlo, pero no tenía a nadie más a quien recurrir.

Harry temiéndose una nueva declaración de muerte inminente, se armó de paciencia y la miró con toda la seriedad de la que fue capaz.

– ¿Sucede algo malo señorita Trelawney? – la chiquilla sacudió la cabeza y apretó aprensivamente el mazo contra su cuerpo.

– Verá... como mi antepasada era Cassandra Trelawney, quisiera probar si sus dotes adivinatorias no pasaron hacia mí, como piensa mi madre. Así que, esperaba que me dejara leerle las cartas ahora y preguntarle después si lo que lea, se vuelve realidad.

Harry se quedó estupefacto, bueno, eso era mejor de lo que esperaba, aunque al parecer aún no se lograba librar del augurio mortal, tal vez esta tirada sentaría el precedente para que ella siempre le adivinará la muerte a cada una de las personas que se acercaban a ella por primera vez.

– De acuerdo – dijo Harry esperando que aquello no durará mucho. Simulando su impaciencia el chico cerró la puerta con un conjuro silencioso desde el escritorio.

Una sonrisa misteriosa se dibujó en la cara de Sybill en ese momento. Haciendo que el rostro de la chiquilla reflejara una madurez inusitada.

Ella tomó las cartas entre sus dos manos con naturalidad, revolviendo la baraja con mucha destreza, trasladando las cartas de una mano a otra como por arte de magia. Harry no cabía en si de asombro ¡Si unos minutos antes apenas podía sostener el mazo entre ambas manos!.

Una vez revueltas las cartas, ella le presentó el mazo al profesor y con una voz dulzona, y una sonrisa entre misteriosa y divertida, le pidió que lo dividiera en tres montones con la mano izquierda.

Harry dubitativo, partió las cartas y las fue colocando sobre la mesa.

Sybill se acercó y tomó las tres primeras cartas de la primera pila colocándolas juntas en la parte superior de la mesa.

Después tomó ocho cartas del siguiente montón y colocó en el siguiente arrelgo: las dos primeras cartas las colocó bajo las tres primeras que había colocado; mientras que las restantes, las colocó en tercias a los lados.

Posteriormente tomó seis cartas del último montículo colocándolas en hileras de tres, debajo de la hilera anterior.

Harry examinó el arreglo y una imagen se dibujó en su mente, una imagen que había repasado en algunas de sus clases de adivinación, en la que esta misma persona, le había enseñado a colocar las cartas... era una Cruz de San Andrés.

Justo cuando Sybill colocó la última carta, Harry comenzó a percibir un cambio en las vibraciones de la habitación, una presencia que le parecía familiar y no del todo desconocida... ¿Qué misterio ocultaba esta vidente y por qué tenía un comportamiento tan peculiar?

Ella rió para sus adentros... que divertido era verlo tan desconcertado. Moría por expresar la alegría que le producía la sorpresa de él.

La pequeña y delgada mano se colocó sobre la primera carta de la cruz descubriéndola...

La Sacerdotisa
Una pálida mano nívea retiró los encendidos cabellos de la frente, deteniéndolos detrás de su oreja, mirando estupefacta a su compañero de generación...

– ¿No es broma, verdad? – dijo ella dudosa, pues de todos los alumnos de Hogwarts, nunca se imaginó que Peter se acercará a ella a pedirle ir al baile.

Colagusano negó con la cabeza.

La muchacha comenzó a juguetear con la orilla de la túnica distraídamente... ¿Por qué no, de todas formas no pensaba ir?


– Mmm... la Sacerdotisa... ésta carta denota a una persona del sexo femenino en un grado jerárquico mayor al suyo – dijo la chica en forma entendida, mientras deslizaba la mano hacia la siguiente carta... – puede tratarse de su madre o una profesora

Con delicadeza, Trelawney descubrió la siguiente carta:

El Emperador


Colagusano... ¿tú?

Un par de libros que llevaba al frente resbalaron de sus manos, el estruendo hizo que ambos (Lily y Colagusano), miraran hacia atrás...

Lily descubrió al compañero con quien compartía el Premio Anual: James Potter.


– Las dos cartas juntas... ¡qué curioso! – sonrió la chica acariciando la última carta con ternura – Sabe que esta carta representa casi lo mismo, sólo que del sexo opuesto. Creo entonces que la anterior hacia referencia a su madre y ésta – dijo señalando al emperador –: a su padre.

Harry se quedó de una pieza, pero no cambió su expresión.

– Veamos entonces, que más hay en su mente...

Y así Sybill levantó la última carta de la primera tercia...

El Sumo Sacerdote

La chiquilla examinó concienzudamente la última carta frente a ella, jugueteando con los anteojos que se acababa de quitar, después volteó a mirar a su profesor con aquella sonrisa misteriosa...

– Sabe, aquí dice que piensa en algún mentor... o algún ritual... no puedo ver ninguna otra relación entre estas tres cartas, pero por su expresión me imagino que di en el clavo.

Harry cambió su expresión azorada por una de fría meditación... fingiéndose impertérrito ante la chica, quien no perdía su sonrisa y aquel tonito dulzón en la voz, mismo que comenzaba detestar.

Después de contemplarse un rato, la niña le sonrió en actitud conciliadora y comenzó a descubrir la tercia más a la izquierda...


– Ja... James – Peter murmuró nervioso.

Lily observó primero a Peter y después a James, notando al segundo un poco pálido.

– Oye... James... ¿te encuentras bien? – dijo Lily en tono preocupado

James se sacudió ligeramente y comenzó a levantar los dos libros, Lily se acercó a ayudarlo pero sólo logró notar un leve estremecimiento de sus manos.

– Déjalo Evans, nos vemos después – James caminó hacia Colagusano sacando chispas y le susurró con las mandíbulas apretadas – Nos veremos en la sala común, amigo.

Ambos muchachos observaron como James se perdía al final del corredor.


Esa noche James dio el segundo portazo de la semana. Subiendo después a su habitación sin decirle nada a nadie.

– Parece que no le fue muy bien a Cornamenta – susurró Remus después de oír el azote desde los dormitorios de los chicos.

Sirius aprovechó la distracción para arrebatarle el libro de Defensa a Remus y colocarle un tomo de pociones.

– Ya sé que eso de las pociones no se te da tanto, pero en verdad necesitó ayuda con la tarea de Slughorn.

Remus le sonrió pacientemente, pero siguió mirando hacia los dormitorios. Algo no estaba bien con James.

Sirius le dio una palmada sobre la espalda.

– Iré a hablar con él, pero no olvides que tienes que ayudarme con esa tarea antes de la próxima clase – Remus le sonrió agradecido, Sirius era el mejor para crisis con Cornamenta –. Sabes... aunque no me cae de sorpresa, esta vez esperaba que por fin tuviera éxito con Lily.

El licántropo asintió, él también esperaba lo mismo, ambos había notado que desde el tren los dos chicos se llevaban mucho mejor.

– ¡Eh, chicos!

La voz de Peter llegó desde la entrada y el animago corrió hacia ellos con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.

– ¡Adivinen qué, tengo cita para el baile y es una chica preciosa!

Ambos merodeadores sonrieron, al parecer Peter había tenido éxito con Audrey.

– ¡Excelente Pete! – dijo Sirius palmeándole la espalda – Ahora los dejó, tengo que hablar con James... y Remus, no te olvides de ayudarme con lo de Slughorn ¿sí?

– ¡Es verdad, lo había olvidado! – dijo Peter dándose un golpe en la frente – ¿Saben si hice algo que hiciera enojar a James?

Sirius detuvo su avance hacia los dormitorios volteando, casi al mismo tiempo que Remus, a mirar a Peter con el ceño fruncido.

– ¿Por qué lo dices Pete? – preguntó Remus frente a él, al momento que Sirius se acercaba a ambos dubitativamente... ¿Habrá sido Colagusano el que hizo enojar a James?

– ¡Rata sucia y traidora! – llegó la voz de James potter desde la parte superior de la escalera, atrayendo la atención de propios y extraños.