DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más.
A consecuencia de esto, y aunado a la fuga de cuatro mortífagos al pasado; Harry viaja a 1975 donde obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Los tres mortífagos resultan ser Gregory Goyle (quien muere al llegar), Draco Malfoy, Theodore Nott y Blaise Zabini, los cuales lograron su viaje gracias a un artefacto guardado en un cofre antiguo.
Los tres mortífagos restantes se reúnen con su señor, quien valiéndose de artimañas extrae información sobre su origen y acontecimientos futuros.
Harry mientras tanto, va reencontrándose con sus padres y mentores, así como con varias sorpresas, mientras busca regresar a los tres prófugos al futuro y proteger a Hogwarts del daño que éstos pudieran ocasionar.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Harry ofrece su ayuda a Remus a cambio de la ayuda del merodeador calificando los deberes de los alumnos de los primeros años.
Después de clases, el profesor se encuentra con la versión más joven de su maestra de adivinación, la cual muestra una actitud muy extraña y le comienza a leer el futuro con el tarot.
Mientras tanto, Peter por fin habla con Lily consiguiendo que esta le acompañe al baile de Halloween, lo cual es presenciado por James, quien escucha todo a unos pasos de los dos.

Bajo Juramento
Capítulo XXII. La noche anterior

Remus ya se había puesto de pie junto a Peter, mientras Sirius volteaba a ver sorprendido a sus compañeros de dormitorio

Nunca había visto a James más enojado que ahora, aunque pensándolo bien, el año antepasado después del susto que le había ocasionado a la bola de cebo tenía más o menos esta expresión.

James bajo por las escaleras del dormitorio, tratando de alcanzar a Peter, quien se había colocado detrás de Remus.

– James, tómalo con calma – intercedió el licántropo siempre intercediendo por el animago ratón – ¿por qué no mejor nos explicas porque estás tan molesto?

James, sin embargo, no detuvo su avance hacia Colagusano, por lo que Sirius se vio forzado a intervenir deteniéndolo.

Por su parte, todos los alumnos que ahora estaban en la sala común miran expectantes los acontecimientos frente a la chimenea. Era raro ver a Potter fuera de sus casillas.

– ¡Por qué no mejor se los explicas , eh amigo! – dijo James mirando a Peter completamente fuera de sí.

Peter miró alternativamente a Remus y a Sirius solicitando ayuda silenciosamente.

Pero¿yo qué le hice?

Ante el silencio de la tercia, James estalló...

– ¡No puedo creer que lo apoyen en esto! – exclamó aún más molesto soltándose del agarre de Sirius un poco herido – ¡Es como si a tí – siguió dirigiéndose a Remus – te gustará Audrey desde siempre y de repente se apareciera este – continuo señalando despectivamente a Peter – y te quitará la oportunidad de ir con ella al baile!

Peter parpadeo varias veces y miró a Remus con gesto sorprendido

– Remus... entonces a ti te gusta Audrey

Remus se sonrojo por el comentario, mientras Sirius, malinterpretando el gesto de su amigo miró a Peter agresivo.

– ¡Hey Pete tú sabías que a Remus le gustaba y aún así invitaste a Audrey al baile! – Sirius empujó a un sorprendido James y avanzó hacia Peter sacando su varita mágica.

Remus se colocó una vez más entre Peter y el peligro, mientras el aludido se ocultaba detrás de la silla en la que Remus estaba sentado.

– ¿Quién invitó a Audrey? – dijo Petigrew detrás del mueble.

Ahora Lunático era quien detenía a Sirius, quien trataba de apuntar a Peter para ponerle una buena maldición. ¡Era por el honor de los merodeares!

– ¡Sirius! – dijo Remus moviéndole la varita para evitar el encantamiento – ¡Estás malinterpretando todo, a mi no me gusta Audrey!.

– ¡No finjas, he visto que de unos días para acá no le quitas los ojos de encima! – siguió empecinado el animago.

– ¡QUIEREN DEJAR A AUDREY EN PAZ! – gritó James con el rostro encendido y los puños apretados detrás de los tres – ¡PETER NO INVITÓ A AUDREY SINO A LILY!

Y casi al mismo tiempo pasaron varias cosas...

– ¿Qué hiciste que? – exclamó Remus sorprendido soltando a Sirius de la impresión

– ¡Maldito gusano traidor! – se abalanzó Sirius sobre Peter.

– ¡Qué significa todo este escándalo! – gritó Lily avanzando desde la entrada de la sala común con gesto amenazador.


– ¡Evanesco!

La humeante poción desapareció del caldero de peltre que estaba en el despacho del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

– ¡Qué demonios está haciendo! – dijo Snape la mirada fruncida llena de rabia

Harry guardó la varita dentro de la túnica y se sentó detrás del escritorio.

– ¿Qué es lo que tiene en la mano señor Snape? – dijo Harry cruzándose de brazos.

El adolescente ceñudo miró el puño de las hojas secas en su mano, pero su gesto se descompuso al notar que no eran hojas laurel.

Molesto las aventó sobre las baldosas avergonzado. ¡Este error era para los estúpidos de primer año, y no un aprendiz de su calibre!

Harry juntó sus manos sobre en escritorio contemplando al furioso muchacho.

– ¿Qué le preocupa?

Un leve estremecimiento se notó sobre los tensos hombros del muchacho, mismo que lanzó una fugaz mirada hacia fuera de la ventana notando que estaba anocheciendo, mañana era Halloween y realmente no deseaba asistir.

Severus notó la mirada de su profesor sobre sus cosas casi al mismo tiempo que Harry sacó la varita. Pálido Snape trató de cerrar la mochila.

Accio lista – un arrugado pergamino, se escapó de las manos de Snape para cerrarse en la mano extendida de Harry

– ¡Qué cree que está haciendo, esa hoja es mía! – gritó el muchacho dando zancadas y preparando su varita.

– Que curioso – dijo Harry al momento que hizo una barrera junto a su escritorio, misma en la que se estrelló un conjuro de Snape – esta no es su letra – finalizó fríamente.

El slytherin respiraba entrecortadamente, tratando de controlar su ira, aún apuntándole al profesor, quien aparentemente no le ponía atención, pues había comenzado a leer la lista de libros; escrita pensaba él, por la profesora Paltrow, jefa de la casa de Slytherin.

El chico siguió lanzando hechizos, tratando de distraer al profesor. Harry negó con la cabeza dejando el pergamino en el escritorio dándole la espalda a Snape. El Slytherin se acercó lentamente al escritorio sin dejar de apuntarle al profesor y tomó la lista.

– No sé a que está jugando Jhastrom, pero no me parece divertido – siguió el muchacho alterado.

– Sólo respóndame a algo Snape: son para su uso personal o se los ha pedido alguien. – susurró finalmente Harry sin voltear a ver a Severus.

Severus se quedó callado, decidiendo cual era la mejor manera de contestar, cuando iba a hacerlo sintió la mirada de su profesor en si mismo.

Harry lo miraba con expresión pensativa, pasando sus ojos alternativamente entre el alumno frente a él y el cajón más grande de su escritorio.

Finalmente Harry sacó de nuevo su varita, y la agitó en un conjuro silencioso, dejando el cajón más grande entreabierto para después fijar su mirada en su problemático alumno.

– No salga hasta que yo regrese – dijo sin apartar la mirada del slytherin – ¿ha entendido bien?

Severus no supo como interpretar la mirada de Jhastrom, pero antes de que pudiera hacérselo saber, Harry ya había salido de la habitación.

Temía que Jhastrom lo delatara, si así era, se echaría la culpa. Lo peor que podría pasar, es que lo suspendieran. Porque si no habían expulsado a Black...

Lo único que intentaría era dejar a la profesora Paltrow fuera del asunto.


– ¡James, tú también eres premio anual. Se supone que debes poner el ejemplo de orden en la sala común! – dijo Lily con la mano en la cintura parada frente a Peter, quien trataba de desaparecer detrás de la Gryffindor.

James, bastante molestó dio tres zancadas apartando a sus confundidos amigos colocándose frente a la muchacha.

– ¡Mira quién lo dice! Como si tú no hubieras hecho un espectáculo de ti misma. Eh ¡azota puertas!

Pero apenas terminó de decir la frase, pues Lily ya le había dado un fuerte izquierdazo en la mandíbula.

Toda la sala común se quedó en silencio, James se tomó la cara con el gesto descompuesto listo para seguir defendiéndose pero al encontrarse su mirada con la de Lily se sintió desarmado.

– Todo el mundo tranquilo – se escuchó la siempre razonable voz de Remus en toda la sala común – Lily tiene razón, la sala común no es el lugar ideal para tener estas discusiones. ¿Por qué no mejor nos calmamos y después de un rato lo hablamos como la gente decente?

– ¿Decente? – murmuró Sirius enfurruñado, mirando con rencor a Peter que seguía escondido detrás de Lily entre asustado y herido.

Lily se retiró muy seria rumbo a los dormitorios de chicas.

James por su lado, salió de la sala común, aún con la mano en la cara. Lo cual dejó a Sirius y Remus con Peter.

– Bien Peter – dijo Remus más serio de lo normal – vamos a los dormitorios, tenemos mucho de que hablar.


– Entiendo, dámela de una buena vez – la cabeza de la inefable desapareció de la chimenea una vez que Harry le colocó un pergamino doblado con una copia de los libros de la biblioteca que Snape debía recuperar para Paltrow

Minutos después Scarlet volvió a aparecer por la chimenea de uno de los despachos cercanos al salón de Defensa, adonde Harry había ido justo después de obtener la lista.

– ¿Qué pasó con el encargo que te di hace unas semanas? – dijo Harry inclinado mirando con aspecto cansado a la inefable.

– Me debes algunos favores Scout, pero conseguimos rastrear a los captoreshasta el norte de Italia, aunque no tenemos ubicación exacta. Repíteme para que quieres que te investigue sobre el Sa-Saman, Samain o como se llame

– Samhain, Thurston. No quiero que investigues sobre la fecha en sí, esa información ya la conozco, tengo algunas sospechas pero... – una sombra cayó sobre los ojos de Harry – Scarlet... antes que nada quiero un grupo listo para mañana al atardecer ¿puedes ocuparte de eso?.

– Vaya, vaya... No será muy arriesgado abandonar tu puesto en la escuela, el Director seguro se da cuenta.

– No tienes algo que hacer Thurston – dijo Harry sarcásticamente.

– Bien, bien, entiendo cuando ya no me quieren. Pero antes de que me vaya, quiero que sepas que la próxima vez que quieras ir de excursión tienes que avisarme con más anticipación.

– Sólo haz lo que puedas ¿de acuerdo?

El rostro de la inefable asintió y desapareció de la chimenea, dejando que las llamas volvieran a su estado original, Harry se levantó del suelo y sacudió su túnica.

Supongo que ya ha sido el suficiente tiempo.


Severus se sentó frente al escritorio después de un buen rato. Fijando su vista hacia sus manos que tenía entrelazadas sobre las piernas.

Este hombre no hacia más que causarle dificultades. Pero, mientras mantuviera su secreto no podía hacer otra cosa que seguir viéndolo todos los fines de semana, aunque se preguntaba cual era su provecho al ordenarle todas esas pociones, no parecía ser para su uso personal.

Además Paltrow comenzaba a molestarse por estas visitas. Pero descubrirle su motivo estaba fuera de toda cuestión, ya que implicaría un castigo más severo.

El muchacho se secó el sudor que se había acumulado sobre la pálida frente y volvió a mirar hacia el cajón. No puede ser posible, pensó incrédulo y un tanto molesto, Jhastrom jamás dejaría esos libros a mi alcance así de fácil, aunque... quizá sea una manera extraña y retorcida de pedirme disculpas por husmear en mis pertenencias...

Snape cerró los ojos unos segundos y se sentó recto y mirando desafiante hacia el cajón. No pensaba tomar nada de ese lugar. Ya encontraría la forma de quitárselos a Jhastrom.

La puerta adjunta se abrió dejando pasar a Harry, quien dirigió su mirada por principio al cajón, que estaba en el mismo estado en que lo encontró e inmediatamente miró a Snape.

Severus nunca pudo borrar esa mirada de su memoria.

Harry se acercó y se inclinó a nivel de Severus Snape, poniendo ambas manos sobre los hombros del incrédulo muchacho, apretando suavemente.

– Severus – dijo mirándolo a los ojos con una mezcla de respeto, orgullo y admiración, el chico nunca había visto semejantes sentimientos dirigidos hacia sí mismo, también vislumbró algo que no había sabido como interpretar, pero que le había llenado el pecho de una extraña calidez.

– Tenemos mucho que hacer, pero antes de eso... – Harry sacó la varita y de inmediato una hilera de libros se trasladó desde el escritorio hasta la mochila del slytherin, abultando su contenido. Con dos movimiento más disfrazó su tamaño y aligeró su peso.

Harry se levantó seguido de la mirada de un silencioso muchacho, embargado por una nueva emoción.

– Debes aprender a ser más cauteloso – dijo Harry mientras revolvía algunos papeles del escritorio. Después se detuvo, miró levemente al muchacho y comenzó a escribir en los pergaminos después de murmurar un hechizo –, debes aprender a ocultarte. La mejor manera de cubrir tus pasos es haciendo lo que las demás personas esperan que suceda¿entiendes lo que te digo?

El chico, que no había comprendido muy bien, tomó los pergaminos que Jhastrom le había extendido, y un vistazo rápido a los mismos comenzó a formar una idea de adonde quería llegar.

Snape guardó las papeletas de préstamo con la letra de Paltrow en la mochila, era lógico que Pince hiciera lo imposible por recuperar los libros, pero si descubría las papeletas selladas y firmadas por su profesora tiradas debajo del caos que llamaba escritorio...

Severus alzó la mirada siguiendo los movimientos de Harry, quien se había colocado delante de la chimenea. El fuego pronunciaba las sombras que adornaban su rostro.

Con un temblor ligero, el slytherin sacó un trozo de pergamino de la mochila, se acercó al escritorio y con la pluma y tintero que había sobre el, escribió.

Ambos magos permanecieron en sus lugares por unos momentos. El sol terminó de ocultarse en el horizonte dejando así a las llamas de la chimenea como la única fuente de luz en el despacho. Finalmente fue el chico el que tomó su mochila y avanzó hacia la salida del despacho.

– Severus... – el chico miró a su profesor quien vestía una expresión exhausta y preocupada – mañana...

El chico frunció el ceño, no voy a ir al estúpido baile...

– Hasta luego profesor.

El slytherin salió del despacho hecho un bólido.

– ¡Snape! – Jhastrom estaba en el umbral de la entrada, ambos rodeados del resplandor de las antorchas en el solitario pasillo –. Mañana cuando... – el inefable suspiró frustrado, como hacerle entender... – sólo... tenga cuidado, a la primera señal de problemas regrese al castillo ¿de acuerdo?

Severus busco su mirada ¿qué demonios quería decir con eso? Pero Jhastrom ya había desaparecido detrás de la puerta de roble.


– Muy bien Peter estamos listos para oír lo que tengas que decirnos – dijo Remus tomándose la frente con una mano.

Él, junto con Peter y Sirius habían ido al dormitorio para encontrarlo en un estado deplorable, seguro víctima del genio de su compañero merodeador, quien se había desquitado con las cosas del pequeño animago.

Peter asintió un tanto ofendido. ¡Yo no he hecho nada malo, por qué tienen que comportarse como si hubiera hecho algo mal!

– ¡Remus, deja de estar perdiendo el tiempo! – dijo Sirius con malas pulgas recargado en el poste de la cama en la que estaba sentado Remus – ¡Este tipo ha traicionado el honor de los merodeadores!

Peter negó con la cabeza asustado. ¡Él nunca sería capaz de traicionar a sus amigos! Aunque ellos no se lo merecieran.

– Sirius, debe haber una buena razón para que Peter haya invitado a Lily antes que James, sabiendo que Lily ha sido su amor platónico desde siempre.

– A decir verdad es una buena pregunta – Sirius se acercó a Petigrew con la varita lista, Remus solo negó con la cabeza detrás de él, sacando también la varita – ¿y bien Colagusano?

Estaba claro que no les revelaría su secreta excursión a los cuartos de las chicas. Ese era un privilegio reservado solo para él, fruto de los intensos años de trabajo para conseguir su transformación en animago.

Por supuesto que no importaba que James y Sirius le hubieran ayudado durante todo ese tiempo.

– Si-Sirius – Peter se levantó desafiante y pálido de la cama – E-Ella... – tenía que encontrar algo rápido y convincente para arreglar la situación – e-ella me lo pidió.

Los dos merodeadores abrieron los ojos desmesuradamente. – ¡QUÉ DIJISTE!

Vamos Colagusano, tu puedes hacerlo, has salido de peores situaciones

– Y-yo había estado si-siguiendo a... a... – justo entonces se le vino a la mente la primera confusión de Sirius y Remus – a Audrey... pe-pero Lily lo mal interpretó todo – una sonrisa nerviosa – y me confrontó saliendo de Transformaciones – el animago comenzó a jugar con sus dedos –, e-ella me contó que Longbottom la había rechazado...

Peter examinó de reojo a sus compañeros, quienes por la impresión había bajado las varitas.

– ... me dijo... que no quería ir sola al baile, y que como yo me había estado acercando a ellas todo el día esperaba que no me fuera desagradable ir al baile con ella, para no ir sola... yo me sentí obligado amigos¡en serio!

– Pues... si así fuera – Sirius volteó a mirar a Remus todavía receloso. El licántropo por su parte no lo podía creer.

Lily no le parecía de las chicas que necesitaran de una pareja para ir a los eventos sociales, pero no tenía ninguna razón para dudar de su compañero merodeador. Dudar de él sería un deshonor a su juramento de merodeadores ¿no le había guardado Peter su secreto todos estos años?

Remus miró a los ojos a Peter y lo que encontró en su mirada no hizo más que confundirlo más, después miró a Sirius.

Sirius... por mucho, se había distinguido siempre por su imprudencia y su temperamento explosivo. Y ya habían tenido problemas con él por lo mismo.

Aún se le helaba la sangre al pensar en que hubiera pasado si Snape hubiera entrado en la Casa de los Gritos esa noche. Lo mejor sería que se calmaran las cosas con Canuto. Después hablaría con Peter para que le aclarara algunos puntos de su historia.

– Creo que deberías explicarle esto a James – dijo Remus y salió de la habitación.

Sirius guardó la varita y le dio unas palmadas a Peter.

– Perdóname Colagusano, no sé que me pasó. Lamento haber dudado de ti.

Sirius también abandonó la habitación. Tenía un licántropo que alcanzar, la tarea de pociones no se resolvería sola.

Peter se quedó parado, cabizbajo en la habitación desierta. Las luces del candelabro iluminando sus rígidas facciones.

No puedo creer que hayan hecho todo este escándalo sólo por los celos de James. ¡Amor platónico, JA! Si así fuera yo me hubiera dado cuenta.


Las llamas del despacho de Harry se agitaron y cambiaron sus tonalidades a esmeraldas y cómo un huracán Harry apareció dando traspiés con un libro bajo el brazo.

Sin esperar más a su señal las antorchas de la estancia alumbraron todo el lugar, mientras él se acomodaba detrás del escritorio hojeando el libro.

La puerta del despacho se abrió dando pasó a un anciano maestro, ataviado en las estrafalarias túnicas de soles y lunas en movimiento.

Albus Dumbledore cerró la puerta tras él.

– ¿Cómo está Ray? – Harry ocultó de inmediato el libro – ¿puedo sentarme?

Harry asintió. ¿Qué nunca acostumbraba tocar?

El Director removió entre sus bolsillos y sacó una bolsa de caramelos color rosado.

– Son de grosella – dijo extendiéndole los dulces a Harry, tomando después uno para él.

– Gracias – contestó secó el inefable.

– Sabe – dijo después de pasarlo a un lado de la boca, mostrando como su cachete se inflaba ligeramente debajo de la blanca barba – La señora Pince ya encontró los libros que le había solicitado – el Director cambió el dulce de lugar –si le urge mucho consultarlos puede solicitarlos a la profesora Paltrow. Mmmm – Dumbledore se saboreo volviendo a relamer el dulce – Son mis favoritos.

Espere a que pruebe los de limón, pensó Harry agradeciendo el aviso y saboreando el caramelo de grosella.

Ambos permanecieron largo rato en silencio, aún después de terminar el dulce.

Harry deseaba pedirle ayuda al Director con lo del ritual, pues hasta ahora no había encontrado ninguna ceremonia que hiciera uso de un cofre; y los únicos rituales celebrados en Samhain (de acuerdo con lo que había visto), eran aquellos relacionados con la vida y la muerte, todos ellos utilizando vasijas o calderos.

– Profesor...

– Albus, muchacho. ¿Cuánto más tardaras en acostumbrarte? – dijo el Director esbozando una sonrisa.

– Albus... – sonrió nervioso el inefable, ¿por qué nunca puedo llamarle por su nombre?, suspiró – ¿Qué sabe acerca del Samhain?

La pregunta tomó de sorpresa a Dumbledore, el Director había sentido al nuevo chico un poco tensó estos últimos días. Nerviosismo que había atribuido a la fiesta, misma que Horace no había cesado de recordarle. Que le preguntara de buenas a primeras sobre ritos antiguos era, por lo tanto, algo incomprensible.

– Samhain... sí... "El fin del verano", se dice que es una especie de limbo donde las barreras entre nuestro mundo y el mundo sobrenatural desaparecen temporalmente; donde los humanos y los espíritus penetran unos en el espacio de los otros perturbando el equilibrio normal. Ahora lo celebramos en la forma del Halloween, pero eso pocos lo saben, son conocimientos que adquiere la gente que vive mucho y no tiene grandes ocupaciones.

Harry asintió y bajo la mirada, tratando de formular la pregunta adecuada. Pero Dumbledore se le adelantó.

– Madame Pince me comentó que estaba interesado en libros celtas, magia druida si no me equivoco.

Harry asintió. Estaba pisando terreno muy peligroso, pero el tiempo se terminaba. Los ojos de Dumbledore brillaron detrás de sus gafas.

– Grandes magos los celtas... un tanto desquiciados si me lo pregunta – Dumbledore volvió a abrir la bolsa de confituras.

– Señor... ¿sabe de algún ritual que utilice un cofre o arca?

– Vaya que singular pregunta me acabas de hacer – dijo colocándose el dulce en la boca y guardando la bolsa de confituras en la túnica – Yo podría darte dos respuestas. La primera sería "en todos", claro está, en que más podrían transportar aquellos instrumentos sagrados y la segunda sería...

– En ninguno... – lo cual confirmaba sus sospechas de que lo que Malfoy había traído del futuro, no era el arca en sí, sino su contenido, el cual apuntaba a ser un caldero o copa o vasija...

– Correcto – llegó casi neblinosa la voz del director delante del escritorio – Ahora si me disculpa iré a mi despacho, Horace me suplicó que arreglará el transporte para algunos de sus invitados y una zona de exclusividad para los miembros de su club. Comprenderá que no pude negarme después de todos los esfuerzos que han hecho organizando esta fiesta.

Harry asintió aún ensimismado. Dumbledore le tomó la mano que tenía sobre el escritorio provocando que sus miradas se encontraran.

– Ray, sería bueno que tomara un descanso. Mañana le espera un día largo y difícil; tiene toda la mañana para descubrir el acertijo que se trae entre manos, no desearía que le pasara algo por no haber dormido lo suficiente – dijo Dumbledore toda seriedad, pero casi al mismo tiempo que terminó cambio su semblante al viejo bondadoso de siempre – Además, no queremos que nuestro maestro más joven se pierda de la fiesta por una mala transformación por falta de sueño, está de acuerdo...

El Director se marchó murmurando una canción, mientras Harry apareció el libro que había traído y lo guardó bajo llave.


Un manto rojo sangre se deslizaba sobre las baldosas húmedas delante de una figura embestida en lóbregas vestiduras.

El camino que recorrían desembocaba en una desvencijada puerta, apenas iluminada por la exigua luz de la antorcha que comenzaba a extinguirse.

Del otro lado de la cerradura, los guardias al fondo de las mazmorras, se agitaron inusitadamente. Los pocos niños que quedaban se sobresaltaron tratando de ocultarse al fondo de las sucias celdas temblando de hambre, frío y miedo.

Dos mantos raídos comenzaron a avanzar hacia la entrada, mientras sus manos blancas con pequeñas pústulas se asomaron desde las largas y oscuras mangas de las túnicas.

La puerta se abrió rechinando sus desvencijados goznes, dejando ver a dos figuras cubiertas en largas vestimentas; una, sin expresión aparente y otra, con una divertida.

La figura más alta, en finos mantos de seda negra, hizo un movimiento con la varita y abrió todas las celdas.

Al tiempo que descubría sus bellas facciones, Lord Voldemort evaluaba a las tímidas caritas que se asomaban tras lo barrotes.

El hechicero se acercó a la primera celda, inclinándose frente a la niña rubia que se asomaba tras la puerta.

– No tengas miedo pequeña, estoy aquí para sacarlos de aquí.

Sarah miró pálida a las dos sombras detrás de él y al sujeto en rojo que no había mostrado su rostro.

– Que no te inquieten, ahora mismo se van – el Señor Oscuro miró a las tres figuras. Nott y Zabini desaparecieron por la escalera de piedra, después de hacerle una reverencia; mientras Malfoy descubrió su rostro removiendo la capucha de la túnica bermellón.

Cuando las dos sombras se retiraron varios niños más se acercaron a Lord Voldemort, al juntarse siete de ellos, Voldemort les dirigió una cálida sonrisa que no alcanzó sus ojos.

Con una floritura de su varita, el mago oscuro hizo aparecer varias esferas de luz que iluminaron el calabozo, extendiendo su luz más allá de los primeros escalones hacia las catacumbas de la parte superior.

– Síganme ustedes siete. Los demás – dijo volteando hacia los niños que comenzaban a acercárseles cautelosamente –, no se preocupen – una mirada fría se dibujó en su rostro y una sonrisa macabra se formó en sus labios – todo terminará muy pronto.

– Draco – agregó el señor oscuro en el arco de entrada una vez que los siete niños la habían cruzado – ya sabes que hacer.

La puerta se cerró después de otro estruendo, cuyo eco viajo por los corazones de los niños que quedaban. Las dos sombras que se habían marchado estaban otra vez bajo el arco, robando la luz de las agonizantes antorchas.

El hombre en vestiduras rojas extrajo una daga de su túnica, relamiéndose los labios.

– Es hora de celebrar.