DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.
RESUMEN:
Después
de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al
Departamento de Misterios, en la división de travesías
temporales, donde permaneció por siete años. Al
retirarse, decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo
Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney
pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba
más.
A
consecuencia de esto, y aunado a la fuga de cuatro mortífagos
al pasado; Harry viaja a 1975 donde obtiene la posición como
profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Los
tres mortífagos resultan ser Draco Malfoy, Gregory Goyle
(quien es asesinado por Malfoy al llegar), Theodore Nott y Blaise
Zabini, los cuales lograron su viaje gracias a un artefacto guardado
en un cofre antiguo.
Los
tres mortífagos restantes, se reúnen con su señor,
quien, valiéndose de artimañas, le extrae a Malfoy
información sobre su llegada y acontecimientos futuros.
Harry
mientras tanto, va reencontrándose con sus padres y mentores,
buscando regresar a los tres prófugos al futuro de donde
provenían y proteger a Hogwarts del daño que éstos
pudieran ocasionar.
RESUMEN
DEL CAPITULO ANTERIOR:
Los
merodeadores discuten en la Sala Común, donde son sorprendidos
por Lily, quien trata de poner calma a la situación, sin
embargo James que estaba de muy mal humor se desquita con la chica
provocando un nuevo roce entre los dos.
Más
tarde, Peter habla con Sirius y Remus convenciéndoles que no
tenía malas intenciones. Lo cual apacigua a ambos de cierta
manera.
Por
otro lado, Snape y Harry tienen su reunión semanal, donde
Harry consigue la lista de libros que había solicitado la
profesora Paltrow (espía de Voldemort en Hogwarts), después
de intercambiar palabras con el slytherin.
Al
mismo tiempo, Harry habla al Departamento de Misterios y solicita un
escuadrón de apoyo para el siguiente día.
Mientras
tanto, Lord Voldemort hace una visita a los calabozos y selecciona a
siete niños, dejándole el resto a Malfoy y sus otros
dos compañeros.
AGRADECIMIENTO
ESPECIAL:
Pues
como te lo prometí, he aquí el agradecimiento: Muchas
gracias Tomoyo2026 por tu paciencia en escuchar mis ondas
(aunque no tenías mucha idea de lo que te estaba hablando),
sin ti no hubiera sido posible este capítulo... bueno si, pero
hubiera tardado mucho, MUCHO más de lo que tardó.
Y
sin más por el momento, he aquí uno de los capítulos
más esperados (al menos para mí)...
Bajo
Juramento
Capítulo XXIII. Dulce o truco
El pasillo del calabozo estaba apenas iluminado por las diversas antorchas, lo cual hacía más fácil a los 3 chicos ocultarse del celador.
Los tres, avanzaron envestidos en túnicas negras, abriéndose paso hacia el retrato de Hesper Starkey, el cual, después de que el más alto se acercará a susurrarle – amortentia –, se abrió conduciendo a los adolescentes por una angosto túnel de roca, que desembocaba en una antecámara; que por su humedad, parecía estar oculta cerca de los límites del lago, fuera del castillo.
En la oquedad, los esperaba igualmente ataviada su jefa de casa: la profesora Paltrow.
A una seña de ella, los tres siguieron a Theresa; quien después de pasar la mano sobre las rocas, los condujo por un estrecho pasillo cubierto de lodo, goteras y raíces de árboles viejos.
Cuando parecía que había llegado al final del túnel, Theresa jaló una raíz de color gris, lo cual, hizo temblar sus alrededores haciendo que se desprendieran algunas rocas sobre sus cabezas.
Cuando se detuvo la sacudida, Severus observó, debajo de la capucha que le velaba el rostro, un boquete del cual emanaba un aire mucho menos enrarecido que el del angosto túnel. Mientras iban avanzando, el slytherin comenzó a percibir una brisa húmeda y fría.
Severus y Theresa se contemplaron por segundos, la mujer le asintió y volvió a ocultarse a través del pasadizo, cuya entrada se ocultó entre el musgo cubierto aún por el roció del amanecer. Y así, el slytherin avanzó a un paso moderado seguido de dos chicos mas, perdiéndose en las penumbras de la oscuridad antes del amanecer y la maleza de los perímetros Bosque Prohibido.
Las luz procedente de la vela sobre un escritorio de roble comenzó a parpadear, apagándose cuando se introdujo el primer rayo de sol del día 31 de octubre de 1975.
Harry dejó la pluma junto a un pergamino cubierto de anotaciones, mientras se sacudía el cansancio de los ojos con vigor.
Ya sólo le faltaba revisar el libro que le había escrito Snape en el pergamino, aunque después de una hojeada rápida se preguntó cual era exactamente la pista que le había entregado el slytherin.
Una roca lisa rozó la superficie del agua una vez, rebotando y hundiéndose alterando la calma en el lago fuera del castillo.
Aún desde ese lugar, James alcanzaba a mirar las volutas de humo que salían de la cabaña del amable guardabosque.
Anoche no había dormido mucho, esto porque Remus lo había puesto a pensar sobre los motivos de Colagusano para jugarle esa mala pasada. Ojala y lo que le había dicho Remus fuera verdad.
Ojala Peter ignorara que James había estado enamorado de Lily desde siempre, después de todo, él era muy reservado con sus sentimientos y conociendo lo despistado que era Peter...
Pero a Sirius y Remus no he tenido que explicarles nada, susurró una voz en su interior.
No valía la pena seguir pensando en eso.
Cuando James se acercaba a recoger una piedra más, el murmullo de hojas recién pisadas anunció la llegada de un intruso. Un intruso para nada desagradable, pues hoy se veía más bella que nunca.
No obstante que siempre que la miraba, pensaba exactamente lo mismo.
Lily Evans se dio medio vuelta frunciendo el ceño al reconocer a la persona parada en su lugar favorito en la orilla del lago.
– ¡Oye Lily, espera! – James se acercó a ella corriendo.
Lily, molesta, se cruzó de brazos cuando él le dio alcance, mostrando una actitud defensiva.
Y ahora que la tenía enfrente, James no supo que decir más que...
– Lo siento mucho... por lo de ayer.
Lily alzó una ceja escéptica, obviamente esperaba algo más que eso.
James se aclaró la garganta nervioso, parecía que el mejor camino para aclarar todo será explicarle desde el principio... aunque ello le resultara muy incómodo.
– La verdad... la verdad es que quería invitarte al baile
Lily nada conmovida respondió – ¿Y eso qué tiene que ver?
James bajó la mirada avergonzado – Ayer, después de transformaciones... te seguí para invitarte, pero cuando me acerqué a pedírtelo y escuché a mi propio amigo...
James calló y apretó los puños. Recordar esa traición aún le dolía, hecho que no le pasó desapercibido a la pelirroja.
– No sé que pasó conmigo entonces... supongo que perdí el control – James sonrió irónicamente.
¿Acaso... celos? pensó Lily sorprendida, siempre había creído que lo de James era sólo un capricho de niño mimado. Y sin embargo¿no sé había peleado ayer con sus mejores amigos a raíz de eso?
Lily caminó por la orilla en silencio meditando. Después de inspeccionar los minerales bajo sus pies, recogió una roca y la lanzó al lago. La piedra dio tres rebotes antes de desaparecer en el fondo.
James silbó, admirado por la habilidad de Evans, ella le sonrió complacida y continuo escogiendo piedras, mientras James la contemplaba ensimismado.
– Aún pienso que lo que dijiste estuvo fuera de lugar – dijo Lily sin mirarlo a la cara y sonriendo para sus adentros –, pero lo excusaré tomando en cuenta la influencia que Sirius Black a ejercido sobre ti.
El rostro del merodeador se iluminó, mientras la segunda roca de la chica daba 4 rebotes.
Estuvieron un rato callados buscando rocas en la orilla. Cuando James se iba a animar a pedirle asesoría en su modo de lanzarlas, Lily susurró para su misma, mirando hacia el lago.
– Si tan sólo me lo hubiera pedido antes...
James soltó la piedra que acababa de recoger y la buscó con la mirada, deseando que lo que acababa de escuchar no fuera fruto de su amplia imaginación.
Mientras la chica frente a él, con sus largos cabellos rojizos iluminados por los rayos del sol, pensaba en lo oportuno de la petición de Peter.
– Lily – dijo él con la voz ronca – ¿Me concederías al menos una pieza en el baile?
Lily se sorprendió por el comentario y contempló al muchacho frente a ella.Ya no vio aquel compañero excéntrico y arrogante de hacia dos años, y un ligero calor se le subió a las mejillas.Ya no se veían tan altaneros aquellos cabellos desordenados, ni tan altivos sus ojos almendrados.
– Claro... será divertido... ¿de qué te vas a disfrazar?
Y Lily sonrió de manera sincera por primera vez desde que había hablado con Frank.
– ¿A dónde nos llevas Snape? – dijo la voz de una chica, proveniente de uno de los largos mantos negros que acompañaban al aprendiz de pociones.
Severus la miró de reojo e ignoró la pregunta juzgándola demasiado insulsa para prestarle atención.
Gracias a la hora, había cruzado el pueblo desapercibidos, escondidos con la ayuda de un hechizo de ocultamiento.
– Snape... – siguió la fastidiada muchacha – Hace mucho que pudimos aparecernos ¡qué demonios estás esperando!
Severus se detuvo de pronto; los dos chicos que lo acompañaban se detuvieron también al notar frente a ellos, donde hacia unos segundos no había nada, a un joven ataviado en ricas vestiduras de color verde botella.
Sirius tomó un gran sorbo de su jugo de calabaza, alzándolo desmesuradamente tratando de enmascarar su búsqueda de Cornamenta. Aún sentía una fuerte ansiedad después de los acontecimientos de ayer.
De reojo, observó también como Peter jugaba con la comida y volteaba continuamente hacia la entrada del Gran Comedor. Petigrew esperaba que Lily llegará pronto.
Remus, por otro lado, había sido invitado por Audrey al baile poco después de que este hablará con James, por lo que ahora ambos compartían el desayuno amistosamente.
Por fin Peter divisó la cabellera carmesí dirigiéndose hacia donde estaba él, pero ella no venía sola... ¡iba riéndose de alguna de las bromas de James!
Una fuerte risotada provino entonces de la mesa de profesores, Hagrid reía a carcajada abierta, golpeando la mesa y haciendo que la vajilla brincara unos cuantos centímetros por ello. Junto a él sonreía complacido Harry, y unos lugares más alejado y con una expresión agria, fruncía el ceño disgustado el profesor Slughorn.
– Oye Pete, acerca de ayer... – dijo James al tiempo en que levantaba la mirada encontrándose con una expresión significativa en la cara de Lily, quien se había sentado junto a Peter.
Como podía negarse a algo que ella le había pedido...
– Lo siento mucho, de acuerdo – Peter abrió sus ojos desmesuradamente. ¿Acaso James esperaba que con esa pequeña frase lo arreglaría todo?
Entonces Peter sintió una tibia mano sobre la suya y su mirada se encontró con la de Lily, por lo que después de un sonrojo, decidió pasar por alto la mirada encendida de James, quien se sentó de golpe tratando de controlar sus celos.
– No hay de que preocuparse amigo – dijo Peter al fin, y ambos muchachos se sonrieron falsamente.
Un cubierto cayó al piso justo entonces, y esto no sería extraño en un lugar tan lleno de gente como lo era el Gran Comedor, lo extraño era que ese tenedor había caído de la mesa de profesores.
¡No es posible!, pensó Harry volteando bruscamente hacia el extremo opuesto de la mesa, donde discretamente la profesora Paltrow degustaba de sus huevos revueltos.
Justo ahora acababa de sentir como el hechizo que había colocado sobre ella se había activado. Theresa Paltrow había abandonado Hogwarts, o al menos eso decía el hechizo, pero ella estaba sentada en la mesa con los demás profesores... ¿o no?
De pronto como una fuerte impresión le vino a la mente, un recuerdo de una de sus últimas charlas con Slughorn...
– Le juró que ignoró que hace con todos esos ingredientes Jhastrom – había dicho el hombre mientras rebuscaba en su baúl un poco del árnica que le había solicitado su colega.
– Parece que tendré que ir al Callejón Diagon a reabastecer mis cosas. Es extraño que hayan desaparecido todas mis reservas de crisopos.
¡Soy un estúpido!, pensó el joven profesor levantándose presuroso. E ignorando las miradas preocupadas de sus colegas, Harry se alejó del Gran Comedor hacia su despacho.
– ¡Vieron eso! – dijo James con expresión desconfiada, Remus junto a Audrey, ignoró el comentario y Sirius se levantó rápidamente del asiento.
– ¿Y qué estamos esperando es hora de averiguar que se trae entre manos?
James estuvo a punto de pararse pero una mirada al frente lo hizo detenerse, Lily platicaba afablemente con Peter... mejor no dejarlos solos. Después de todo, aún no le explicaba a Peter lo que él sentía por Lily... ¡es que era tan vergonzoso!
– Yo... – James se acomodó en el asiento y le hizo señas a Sirius para que mirara al frente, esperando que entendiera a que le estaba dando prioridad en ese momento.
Sirius negó con la cabeza y echó a correr hacia el vestíbulo, el primer lugar en revisar sería el salón de Defensa y de paso, el despacho de Jhastrom.
Sobre el escritorio de Harry se extendió un amplio mapa que enmarcaba a todo el Reino Unido, y justo sobre él, el inefable colocó un largo pendiente que oscilaba débilmente por todo el país.
Con la respiración entrecortada por la carrera que acababa de dar, Harry paseo su mirada por el pergamino.
– Maldición – murmuró entre dientes y sacó su varita del bolsillo oculto en su túnica. Concentrándose, el chico cerró los ojos y una débil luz violácea destelló en la punta de su varita.
Súbitamente, un estruendo detrás de él, lo hizo soltar el cuarzo que sostenía entre en sus dedos.
El chico volvió a murmurar y abrió de par en par la puerta del despacho que daba al salón de Defensa, donde encontró a Sirius atravesando la entrada, con la varita enristre.
– Señor Black ¿en qué puedo ayudarlo?
Bellatrix movía su pie impaciente, ese bicho lo hacía a propósito. Y aún estaba la interrogante de quien era ese sujeto de verde.
Tanto ella como el hombre en las vestiduras aceitunadas se encontraban en un claro, en medio de un bosque al pie de varias montañas. Las copas de los árboles ondeaban con el viento, dibujando figuras caprichosas en el piso bajo sus pies y el aire a su alrededor, súbitamente se desplazó para dejar ver a dos figuras envueltas en túnicas oscuras, Severus retiró su capucha y examinó sus alrededores, el joven que lo acompañaba también la retiró.
Regulus Black tenía muy mal aspecto, pues se le veía confundido y nervioso. Bellatrix también retiró su capucha y miró curiosamente al chico de verde.
Y con todo el porte que lo caracterizaba, una mano nívea con una refulgente gema en el dedo anular, retiró la elegante capucha de su túnica de viaje.
Lucius Malfoy sonrió ligeramente en señal de saludo a tan ilustres miembros de la sociedad mágica. Los Black al igual que los Malfoy eran de las mejores familias de sangre limpia del Reino Unido.
Pésima idea Canuto, pensó para si mismo el joven merodeador. Como fue que se le ocurrió forzar la entrada al salón de Defensa, errores de un verdadero principiante.
– Y-yo... – muy mal Sirius, piensa rápido – necesitó ayuda con mi disfraz.
Harry alzó una ceja con expresión incrédula ¿de verdad esperaba Sirius que él se tragará esa mentira?
Quizá no fue la aproximación más adecuada, pensó Sirius, lo mejor será encararlo de frente.
– Sí... quería ayuda con mi disfraz. Después de toda la experiencia que posee en ocultamiento mágico sabía que era la persona indicada para ayudarme. ¿No es así profesor?
En Francia, Theresa avanzó rápidamente entre los muggles – esa escoria –, y se adentró en el primer cajellón empedrado que cubrían las sombras del amanecer. Mirando hacia ambos lados, la mujer sacó la varita mientras cerraba sus ojos concentrándose y desapareció.
¡De qué demonios está hablando!, pensó Harry cada vez más impaciente por continuar con lo que hacía.
– Escuche, señor Black – dijo aferrándose a su última reserva de paciencia – me encantaría poder ayudarlo, pero de momento me encuentro demasiado ocupado, vuelva mañana para discutir sus dudas acerca de hechizos de ocultamiento y piense en otro disfraz ¿de acuerdo?
Sirius le miró desafiante, no había negado su habilidad en ocultamiento, sin embargo se le notaba un poco tenso. Además nunca había respondido tan duramente a ninguna pregunta tan inocente como esa.
Y eso que James había estado poniéndose especialmente difícil al final de todas las clases, cuando Lily se acercaba a Jhastrom a hablar de Dios sabe que cosa.
Además, Jhastrom les había demostrado una y otra vez, en el poco tiempo que había estado aquí, que no tenía malas intenciones para con la escuela, antes bien, estaba muy interesado en sus estudiantes.
Sirius suspiró, a lo mejor se libraba del castigo por romper la puerta si manejaba bien la situación.
Canuto bajó la cabeza – Volveré mañana a preguntarle – dijo al fin, prometiéndose así mismo averiguar que tenía tan ansioso al joven profesor.
Y esa decisión no tenía nada que ver con lo cansado que parecía él desde donde Sirius estaba parado.
Harry contempló aquellas fosas grises, su fuerte resolución. Ese era el Sirius que él había tenido la oportunidad de ver el último día que estuvo con su padrino. Era una llama hermosa, la que brillaba en sus ojos, y resplandecía con mayor intensidad ahora que no había sido velada por el manto fúnebre de Azkaban.
– Gracias señor Black – dijo al final Harry con una expresión muy extraña que turbó al merodeador – estaré esperando su visita.
Sarah se relamió los labios satisfecha, ella y los otros siete niños que había salvado el señor Voldemort se encontraban sentados comiendo un delicioso pastel de frutas.
Detrás de ella, la señora Avery le cepillaba el cabello con dulzura. Ella le había dicho que tenía que verse muy bella esta noche, porque Lord Voldemort por fin la dejaría marcharse.
Lord Voldemort era el hombre más bueno que había conocido. Estaba segura que él había alejado a esos horribles fantasmas de las celdas y ahora los preparaba para llevarlos a casa. Les había dado de comer y les había permitido tomar un baño en una gran tina con aromas y burbujas.
Aunque Austin, el chico que había estado junto a ella desde que salió de ese terrible lugar, había protestado mucho, pues pensaba que los perfumes eran solo para niñas.
Moría de ganas por ver a su mamá, seguro que estaba muy preocupada.
– Lista querida – dijo la señora Avery cuando le ató una cinta negra en el cabello – debes estar agotada, te llevaré a dormir un rato, antes de que su señoría envié por ustedes.
Sarah sonrió sonrosada, se sentía sumamente feliz de poder salir de tan terrible experiencia.
Sirius se había marchado, aunque no se libró del castigo como lo había pensado.
Y ahora, Harry se encontraba nuevamente frente al mapa, que comenzaba a acercarse y alejarse de acuerdo a la intensidad del brillo en su varita, mientras el cuarzo, que sostenía con su otra mano oscilaba de cuando en cuando, mientras recorría la parte norte de Europa.
Pequeñas gotas de sudor empezaron a formarse en su frente, mientras la oscilación del cuarzo se hacía más y más débil conforme avanzaba hacia Francia.
El cuarzo comenzó a rotar y Harry abrió los ojos. El brillo de la varita volvió a intensificarse y el cuarzo siguió suspendiendose hasta que volvió a rotar, deteniéndose en el norte de Italia y cerca de la frontera con Francia.
Harry volvió a intensificar el brillo, ahora casi azulado, de la punta de su varita, el cuarzo volvía a recobrar movimiento y de súbito se desvaneció.
Y eso sólo podía significar una sola cosa: Paltrow había entrado en una zona cubierta por una barrera mágica, no muy lejos del escondite de Voldemort al parecer.
El muchacho se apartó del escritorio y lanzó una gran cantidad de polvos flu a la chimenea.
– ¡Escarlata! – gritó sumiendo la cabeza en las llamas esmeraldas.
– ¿Snape estas seguro de saber a donde vamos? – dijo expectante Bellatrix, retirando una hebra de cabello negro de su rostro ovalado.
Severus no la volteo a ver y siguió avanzando por los pasillos pétreos, iluminados apenas por la débil luz que elevaba sobre su cabeza, serpenteando y girando hacia la antecámara principal, donde se localizaba el trono del Señor Oscuro.
La inquieta muchacha siguió mirando hacia los lados y hacia atrás, sabía que había más personas que ella, pues los sinuosos pasillos se extendían en todas direcciones, aún ahora sentía como se le ponía la carne de gallina, podía escuchar a lo lejos varios rumores, sabía que se acercaban.
Dieron otro quiebre y otro más, parecían interminables los giros que daban a lo largo de los caminos formados por las piedras calizas. Leves destellos de llamas incandescentes se dibujaron en los pliegues de las rocas, el pasillo comenzó a ensancharse.
Y fue como si un ráfaga de aire helado le hubiera congelado sus entrañas.
Ante ella se abría la cámara principal que era iluminada por diversas antorchas que la circundaban. A sus pies observó a una centena de personas, envueltas en la misma túnica que Severus llevaba y al buscar a su guía con la mirada se encontró con que el muchacho se había desaparecido en el mar de mantos sombríos y máscaras blancas como cáscaras de cráneos humanos.
Ansiosa enmascaró su nerviosismo en un estoicismo muy convincente, aunque su primo parecía no tener la misma habilidad que Lucius y ella.
Un sendero se abrió en las postradas figuras. El camino conducía hacia el centro, donde el techo de roca se perdía en la negrura de la parte superior.
Sobre el trono, sentado en un fino trabajo de ónix, se encontraba el hombre más hermoso que había visto nunca.
Sus ojos azules se postraron en ella y sus acompañantes, quienes sobrecogidos se inclinaron ante la magnificencia de su poder, el cual les congelaba la sangre con sólo permanecer en su presencia.
El mago oscuro chascó sus dedos y las túnicas que envolvían al joven Malfoy pasaron a un color pardo intenso.
– Así está mejor – murmuró Lord Voldemort, recorriendo con su mirada a todos los asistentes a la reunión – Mis queridos amigos... – habló fuerte y claro, extendiendo sus brazos cubiertos de una túnica blanca inmaculada –, hoy será el día en que comenzará nuestro difícil camino.
– Hoy... – su voz resonó bellísima en las bóvedas formadas por las rocas – por fin demostraremos nuestros poderes al mundo, el Reino Unido temblará a nuestra sola mención. Primero serán los sangre sucia y después demostraremos a todos esos animales la gallardía de nuestra estirpe.
Un grito ensordecedor se elevó desde la antecámara, recorriendo los serpenteantes caminos anunciando el inicio de la primera guerra.
– Será una noche muy larga Scout – susurró sombría la inefable desde el escritorio frente a la chimenea, donde flotaba, rodeado de hermosas llamas esmeraldas, el rostro de Harry. – ¿Y qué información conseguiste del libro que me pediste ayer?
Harry desvió la mirada y adoptó una actitud solemne. Parecía como si aquello que había leído en el libro que le pidió a Snape no hubieran sido buenas noticias.
– Scarlet – dijo con su voz embargada por una extraña emoción... ¿Culpabilidad quizás? – Hoy... – pero Harry no completó la frase ¿cómo explicarle a la inefable, que una parte de la profecía que Trelawney había pronunciado antes de que él regresará en el tiempo, se completaría esa noche?
– Por favor, – dijo por fin el joven profesor – Ten listo al equipo que te pedí ayer.
Scarlet hizo una mueca y desvió la mirada apenada – De eso también quería hablarte Scout – la chica se inclinó frente a la chimenea.
– Temo que no está formado de los elementos que me habías solicitado, al parecer un soplón sugirió una pronta agresión al ministro de los muggles... hoy por la noche. – Scarlet vio como la cara de Harry se endurecía.
Esa no era una coincidencia, había una alta posibilidad de la certeza en aquel rumor, Harry estaba seguro que Voldemort quería anunciarse con un gran evento.
– Lo que va a suceder... – dijo Scarlet temerosa, analizando cada uno de los cambios en las facciones del muchacho – ¿tiene algo que ver lo que viniste hacer aquí?
Y una lluvia de ideas se empezó a formar en la mente de Harry, mientras este meditaba como responder a esa pregunta...
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... Porque el que fue debe ser formado, resonó el eco de la voz dulzona de Sybill Trelawney en la cabeza del joven
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ROBACHICOS
EN GLASGOW
por Armand Diamond
GLASGOW,
Octubre 15 1975.- El Departamento de Policía Central en
Glasgow reporta
misteriosas desapariciones...
También se dibujó el encabezado del aquel funesto periódico muggle de hacía 15 días.
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– Tú, mi querido Draco... haz sido el único que me ha demostrado tener lo necesario para compartir este trono conmigo. Se filtró la voz de Lord Voldemort en el subconsciente de Harry, como en un sueño...
– Tú... serás mi heredero. Siguió el eco quimérico.
– El caldero... ¿dónde está?
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Harry abrió sus ojos desmesuradamente.
– Vaya que singular pregunta me acabas de hacer – escuchó la voz del viejo Director, cuando él (Harry), le había preguntado sobre el uso de las arcas en rituales antiguos – Yo podría darte dos respuestas. La primera sería "en todos" claro está, en que más podrían transportar aquellos instrumentos sagrados...
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Y por último se dibujó el encabezado de la única poción que contenía el viejo título que Snape le había escrito en el pedazo de pergamino. Poción cuyos ingredientes escritos, contenían los elementos reactivos que separarían los componentes de cualquier clase de brebaje, dejándolo listo para incorporarle toda clase de conjuros que se enmascararían para conseguir efectos ocultos.
Harry casi podía vislumbrar la pequeña y apretada letra de Snape en los márgenes de los ingredientes e instrucciones, modificando aquella antigua formula, para que por medio de esa nueva creación, no se separarán los componentes de una poción, sino...
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– ¿Scout? – dijo Scarlet al notar como Harry palidecía
– Scarlet ¿el equipo que nos va a acompañar?...
– Sólo pude conseguir un equipo en entrenamiento, último año de la Academia. Va a ser su última práctica – la chica dibujó una irónica sonrisa – y tú los vas a calificar.
Merlín...
La Sala Común de Gryffindor era un alboroto total, como todas las salas comunes a esa hora de la tarde. Diversas criaturas se paseaban de aquí para allá, mezcladas con hombres lobo, brujos y brujas a la usanza muggle y uno que otro vampiro.
Al pie de las escaleras a los dormitorios, se encontraba un jugador de football, acompañado de un hombre lobo y un fantasma muy convincente.
James, el jugador de football, se aplicó un hechizo refrescante. Los materiales de los uniformes muggles no eran térmicos, bueno excepto el cuero, el cual se había convertido en uno de sus preferidos desde que se había probado la chamarra de Sirius.
Remus el fantasma, seguía dándole algunos tips a Peter sobre su disfraz. Al parecer el animago no había cogido bien la idea, a pesar de que cada mes tenían una nueva aventura para refrescarle la memoria.
– ¡Hola Remus! – dijo una voz entusiasta detrás de él, Audrey lucía espectacular con su disfraz inspirado en Bowtruckle y junto a ella se encontraba despampanante Lily en una falda corta plisada con dos colitas y pompones, una perfecta imagen de porrista.
Los chicos se sonrojaron, era raro ver a una muchacha en falda corta en la escuela, o en la calle, o en cualquier lugar mágico en general. Lily también se ruborizó por la atención que recibía de sus compañeros.
– Eh... ¿nos vamos? – dijo tendiéndole la mano a Peter y saliendo por el retrato, aún con la mirada de James fija en sus largas piernas.
– ¡No sé como pudo olvidarlo Hagrid! – rugió Slughorn afuera del Gran Comedor, donde se acumulaban todos los alumnos e invitados ansiosos por empezar con la fiesta.
– Lo siento mucho profesor – dijo Rubeus abochornado – pero Ray no me mencionó nada respecto a esa área especial para sus invitados cuando hablamos de la decoración del Gran Comedor.
– ¡Seguro lo hizo a propósito! A ese joven sólo gusta de incordiarme – bufó ofendido el profesor de pociones retirándose desairado de la entrada y casi rozándose con un joven y apuesto apache de castaño cabello largo y alborotado.
– Lamento no habértelo mencionado Hagrid – dijo el apache con la voz del profesor de Defensa.
– ¡Ah excelente disfraz profesor J! – exclamó Hagrid vestido de una grande y muy desarrollada cría de dragón.
– Lo mismo digo – dijo sonriendo Harry devolviendo la cortesía.
Detrás de él se acercó muy apenada la profesora McGonagall tocándole el hombro desnudo y apartándolo del alumnado que no cesaba de dirigirle miradas, unas tímidas y otras de envidia.
– Ray... – dijo incómoda la subdirectora, con su traje de gala – no cree que ese disfraz, es un poco – McGonagall recorrió al chico con la mirada, de la cintura para abajo vestía decorosamente, de eso no había duda, pero... ¡en la parte del torso sólo llevara un delgado chaleco y un collar de ornatos con diseños en zigzag!
Harry sonrió, ajustando la cinta negra que apartaba su cabello del rostro, fingiéndose obtuso deliberadamente.
– Original, sí... Jojojojo – llegó de la izquierda la voz de Dumbledore, vestido con un uniforme de Quidditch con los colores de las 4 casas de Hogwarts, mezclados de una manera extraña, con escoba incluida – ya lo creo Minerva.
– ¡Albus, pero qué! – dijo la profesora escandalizada ante la vestimenta del Director.
– Pero que veo Minerva, tú no vienes disfrazada – el Director hizo tres movimientos con la varita y apareció un par de orejas de perro sobre el cuerpo de la profesora McGonagall, quien ofendida dio otro movimiento a su muñeca mientras se retiraba, cambiando las orejas que tenía por unas de gato, agregando una cola que se balanceaba detrás de ella.
– Bueno, me alegró que al menos algunos de mis colegas hayan decidido participar de este evento, veamos quien más necesita de alguna ayudadita – y el viejo se retiró balanceando su varita con la otra mano
Harry sonrió y examinó a todos los alumnos reunidos. No encontraba a Snape por ningún lado, pero – Harry volteó a ver hacia el otro lado del vestíbulo, donde estaba parada la falsa profesora Paltrow – esperaba que el slytherin estuviera tomando ese lugar en esta charada.
Severus se inclinó mirando al suelo, ahora era el momento de ser juzgado, frente a él estaba Lucius Malfoy, con quien había intercambiado correspondencia desde aquel día en Hogsmeade. El aristócrata parecía sincero en sus intenciones de unirse al Señor Oscuro y ahora era el momento de demostrarlo.
A su izquierda se situaba la profesora Paltrow, quien al parecer no había tomado muy bien su silencio respecto a Malfoy, pues ella lo había estado buscando antes de que abandonara Hogwarts.
Que él (Severus), hubiera atrapado a ese "pez" no la tenía nada contenta.
Junto a Malfoy, estaban los dos Black, Bellatrix y Regulus. La primera hacía gala de toda su educación mientras que él... bueno, digamos que cada vez se parecía más a su despreciable hermano.
– Lucius, acércate – siseó Voldemort desde su trono. Malfoy que no se había inclinado se acercó y se arrodilló frente al trono imitando a todos los mortífagos que habían pasado antes que él.
Cuando el sujeto iba a besar la orilla de la túnica blanca del Señor Oscuro, el Amo le detuvo con una señal, colocando suavemente su mano sobre el hombro de aquel y susurrándole dulces palabras al oído.
Así había sido mucho tiempo atrás, cuando Severus ocupaba el lugar de Malfoy y Él le susurraba dulces promesas al oído. Y mientras su voz se filtraba por sus oídos, una sombra se postraba en su mente, embotándola de todo pensamiento indigno de Él... fue entonces cuando Él, hizo su petición. Petición que ya había cumplido el verano pasado cuando le entregó el brebaje que el señor oscuro le había solicitado.
Un brebaje cuya finalidad se llevaría a la tumba. Jhastrom jamás averiguaría que había querido decirle con el título de ese libro. Y aún aquí, ahora, frente a su señor, todavía se preguntaba que había sido aquello que lo impulsó a entregarle a Jhastrom el título de aquel volumen.
Ahí está, el momento... Lucius luce pálido pero asiente, ha aceptado la prueba. Si falla morirá...
Voldemort desvía su mirada, de Lucius a Severus, que ahora contempla al par con atención y asiente, sintiendo como si se le hundiera el estómago a los pies, mientras la quemazón constante en su antebrazo izquierdo avanzaba hacia su pecho.
Y yo... tendré que encargarme de eso.
El arreglo del Gran Comedor estaba espectral, aún el cielo que se dibujaba en lo que hubiera sido la cúpula del gran salón mostraba un aspecto frío y tétrico.
Las sombras dibujadas por las pálidas velas flotantes, hacían juegos en el piso y sobre las mesas cubiertas de deliciosos pasteles; mientras en las esquinas pendían oscilantes las telarañas que eran traspasadas por los fantasmas, quienes terminaban de ambientar el lugar.
Los jóvenes magos, fascinados por el cambio en el formato de la alegre fiesta, de inmediato le otorgaron mucha calidez al lugar. Las mesas llenas a reventar de sendas viandas con golosinas, fueron rápidamente socorridas por la mayoría de los muchachos, ocultos bajo grandes mantos y fuertes hechizos.
Aún los más arrogantes invitados de Slughorn, comenzaban a integrarse con el alumnado común, cambiando sus lujosos vestuarios por graciosos disfraces para concordar con la decoración.
Así encontramos a Peter y a Lily, sentados no muy lejos de James, Remus y Audrey, quienes disfrutaban aún de los ricos pasteles que había pedido después de leer los menús que había disponibles.
Harry, por su parte, se encontraba parado cerca una las puertas laterales, esperando el mejor momento para retirarse, el cual se presentó justo a tiempo...
La puerta principal del Gran Comedor se abrió de pronto, con un fuerte estruendo y un ruido de cascos se filtró desde las sombras detrás de la puerta, alguien había apagado las antorchas del vestíbulo.
Dumbledore se levantó, acercándose lentamente a la entrada. Y una enorme figura, mitad equino, mitad humano traspasó el umbral con una amplia sonrisa iluminándole el rostro.
– ¡Sorpresa! – dijo Sirius que había transformado la mitad de su cuerpo en caballo.
Harry alcanzó a oír el murmullo de las risas del Gran Comedor mientras removía el hechizo sobre su uniforme de auror, para después desaparecer a través de su chimenea y llegar trastabillando a la alfombrilla turquesa en la oficina de Scarlet, donde la inefable le esperaba con un reducido grupo de estudiantes.
– Te sienta bien el cambio de look – dijo la chica al observar la cinta sobre su frente, lo cual sólo consiguió que Harry le dirigiera una fría mirada.
Unas lustrosas botas pisaron enérgicamente sobre un charco de agua, salpicando ligeramente los botes de basura en la entrada secreta al callejón Diagon. Un hombre cubierto por una túnica gris, golpeó uno de los ladrillos del callejón, descubriendo así la entrada al mágico lugar.
Detrás de él, fueron apareciendo varias docenas de hombres, mismos que se filtraron a través de la entrada, mientras el primer sujeto guarecía la puerta proveniente del bar.
Uno a uno, los sujetos se desplazaban por las callejuelas, atravesando varios negocios, unos cerrados y otros abiertos, para después situarse en los alrededores del banco mágico, justo frente a una fuente.
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No muy lejos de ahí, en una de las plazas de Hogsmeade, otro grupo de personas festejaban despreocupadas la feliz festividad, mientras otro grupo discretamente iba cerrando todos los accesos al pueblo, colocándose conforme al plan trazado por su señor.
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Decenas de aurores rodearon la casa del ministro Muggle, tanto por dentro como por fuera, otros grupos patrullaban expectantes desde ambas esquinas. Hasta ahora no había sentido nada anormal, sin embargo, sólo se habían preocupado por resguardar la superficie, pues un grupo de veinte mortífagos se encaminó hacia abajo de la casa, donde atacarían por sorpresa.
Todos y cada uno de ellos con las varitas preparadas, estaban seguros que no saldrían con vida, pero eso no era lo importante, lo importante era evitar que los aurores pudieran interferir en las demás sorpresas de su señor.
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Una pequeña explosión desplazó el aire junto a un árbol en los jardines del parque St. James. Los oficiales frente a la puerta de hierro, de inmediato se pusieron en guardia, pues habían escuchado claramente un ruido proveniente de los árboles junto al lago.
Uno de ellos fue por refuerzos, mientras los demás sacaban sus armas y fijaban su vista hacia ese lugar, avanzando cautelosamente.
Poco a poco se fueron oyendo más y más pequeñas explosiones. El soldado que había ido por refuerzos fue interceptado por una luz verde cayendo muerto; como sus compañeros, quienes minutos después, también habían sido alcanzados por ese misterioso brillo esmeralda.
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Por otra parte, en el agua fría que corría en el Támesis, varias sombras negras se desplazaban, cubriendo sus rostros con cascos burbuja. Las decenas de siluetas flotaban bajo el puente de Londres, evitando así los reflejos que provenían del Palacio de Kensington, cuya torre más alta enmarcaba un reloj que justo en ese momento marcaba las once de la noche.
– Oye Peter... ¿no te gustaría bailar un rato? – preguntó Lily un poco aburrida cuando Peter se llevó otro pastel a la boca, el chico tragó rápido y se atragantó, Lily comenzó a golpearlo en la espalda, lo que ayudó al muchacho a pasar.
Sirius negó con la cabeza observando a su amigo y dirigió su mirada hacia James, quien no le quitaba la vista de encima a Lily.
– Creí que habías acordado una pieza con ella – dijo Sirius cruzándose de brazos – además Colagusano lo está haciendo fatal, no sé que te preocupa.
– No creas – dijo el chico, apartando una vianda del camino para vigilar mejor a la pareja – las chicas suelen considerarlos adorables.
Sirius negó con la cabeza una vez más y agregó – Te diré qué... aprovechas mientras lo distraigo y le pides a Evans que baile contigo.
Justo entonces, Peter le ofreció a Lily una rebanada de tarta de manzana, la cual ella amablemente rechazó suspirando y viendo hacia la pista.
– Y mira que lo hago por ella amigo, se ve que le hace mucha falta – dijo Sirius caminando con mucha gracia en su disfraz de centauro y llevándose a Colagusano de la mesa que había estado ocupando para desaparecer con él hacia donde servían ponche. James se puso de pie y se acercó a Lily.
Lily movía su pie al son del ritmo que tocaba el conjunto que había invitado el profesor Slughorn, Peter acababa de desaparecer para buscar más ponche junto con Sirius, mientras Audrey daba otra pirueta divertida, bailando otra canción con Remus, quien había resultado ser un excelente bailarín.
La chica suspiró fastidiada, cuando una mano se extendió frente a ella, justo al terminar la canción.
– ¿Quisiera concederme esta pieza gentil señorita? – dijo James con una sonrisa radiante, Lily sonrío sonrojada volteando a ver a Peter, quien se había formado ansioso junto a Sirius que ocupaba un gran espacio junto a las bebidas.
– Una promesa es una promesa – dijo ella tomando la mano del merodeador agradecida.
Los 5 cadetes se colocaron en hilera, todos con actitud muy profesional frente a Harry.
Hoy por la mañana el departamento estaba vuelto loco, todos tenían unas ganas enormes de ser útiles en algo; es decir, por fin iban a tener prácticas interesantes, sin embargo debido a su corta experiencia, nadie quería asignarlos a la misión con el ministro muggle.
Ninguno de ellos se imaginó que los inefables solicitaran un cuerpo experimentado a esas horas del día.
Por supuesto, eso no podía ser, así que los enviaron a ellos, los estudiantes, como grupo de apoyo en una misión secreta.
Nadie les había dicho que las misiones más interesantes se llevaban a cabo en ese departamento.
Todos los cadetes permanecían estoicos, mientras el líder de la misión (un sujeto bastante joven), los examinaba concienzudamente. Aunque se tratara de cualquier cosa, seguramente se trataría de algo más interesante que resolver pleitos de cantina, que eran las prácticas a las que usualmente estaban asignados.
El hombre de la banda se paseaba tenso frente a ellos, parecía indeciso respecto a llevarlos ¡pues quien se creía él! Después de todo, ya era casi aurores.
Harry suspiró y miró a los ojos a cada uno de los cadetes. Ninguno parecía estar listo para enfrentarse en una batalla, pero cuando se estaría listo para tal cosa... además ya no les quedaba tiempo.
Estaba seguro que los llevaba al matadero.
– Sus nombres... – dijo Harry en un tono serio y frío.
Bildson, Faaborg, Schmidt, Sterne… ninguno lo sorprendió más que el escuálido muchacho del centro... Moody. Y es que no lo había reconocido sin todas sus cicatrices.
Harry cerró los ojos meditando por momentos. Decidido se colocó frente a los cadetes, hablándoles en una voz fuerte y clara.
– Sé que para ustedes esto es una práctica. Nada más lejos de la realidad.
– Lo que están a punto de comprometerse va más allá de una práctica esta misión es sumamente peligrosa y puede que ninguno de nosotros regrese con vida, vamos a enfrentar peligros que quizá pocos de sus instructores más experimentados haya conocido en toda su carrera – Harry miró a cada uno de los muchachos, algunos de ellos aún vestían miradas incrédulas, quizá pensaban que trataba de asustarlos.
– Esto no es juego, ni una broma... – dijo enérgico frunciendo el ceño – Si vienen con nosotros estén preparados para todo. Incluso para huir y mantenerse con vida por su propia cuenta.
– Les doy la oportunidad para que permanezcan aquí, sin represalias de ninguna especie.
Todos los cadetes se miraron entre sí. Seguro el joven les tomaba el pelo, bueno, que mas daba ir, era peor quedarse en el departamento sin hacer nada.
Ninguno de los aprendices se echo para atrás.
La canción terminó demasiado pronto y los dos aplaudieron con los demás adolescentes que esperaban la siguiente melodía.
James llevó a Lily a la mesa, donde los aguardaban un sonriente Sirius (que estaba acompañado de una despampanante chica de Ravenclaw), y de Peter que tenía una extraña mueca en el rostro.
– Te traje este jugo, pensé que te gustaría – dijo Peter tendiéndole un vaso de vidrio a la muchacha, quien después de intercambiar una dulce mirada con James se sentó junto a Peter agradeciéndole el gesto.
James sonrió complacido, nunca antes lo había mirado así, y feliz se sentó junto a Sirius, quien había permanecido de pie toda la noche. Fue entonces que James observó detenidamente a su amigo.
– Canuto, viejo amigo te volaste la barda con tu disfraz.
Sirius sonrió – Lo crees así amigo – dijo ampliando su sonrisa –, me ha costado mucho trabajo y aunque tengo algo de frío creo que valió la pena por ver la cara que puso Dumbledore cuando pensó que era un centauro de los del bosque, jeje.
El silencio se hizo en el comedor y las velas alumbraron con más energía mientras la profesora McGonagall anunciaba el premio al mejor disfraz.
– Lo del frío lo dirás porque no llevas nada en la espalda ¿eh, amigo? – dijo James mientras la profesora aparecía un sobre con el nombre del ganador.
Sirius dudo un poco, James abrió desmesuradamente los ojos
– Canuto... ¿no irás a decirme que tuviste que hacer toda la transformación sin ropa? – dijo recordando que el chico no había querido cambiarse frente a sus compañeros de habitación, argumentando que quería que su disfraz fuera una sorpresa.
– Pues yo...
– ¡Sirius Black! – exclamó la profesora McGonagall sonriente, mientras todo el Gran Comedor lo volteaba a ver aplaudiendo.
Y el Gryffindor avanzó, entre vítores y aplausos, rumbo al escenario a recoger su premio.
La sala del trono se encontraba vacía, Voldemort conjuró un reloj de arena, cuyo contenido estaba a punto de pasar al otro lado.
Satisfecho el heredero de Slytherin se levantó del trono y comenzó a hondear su varita en suaves y delicados giros, desapareciendo toda ostentación de la amplia oquedad.
Y en el centro, una vez que hubo hundido el montículo sobre el que antes se encontraba su hermoso trono de ónix, Voldemort extendió sus brazos y formó un amplio círculo de runas antiguas y oscuras sobre la roca volcánica.
Con un movimiento más, conjuró en su siniestra, un líquido de color magenta y lo bebió de un solo sorbo.
Apenas terminó, su mano tembló, aflojando el agarre que tenía del recipiente, por lo que este se estrelló en el suelo haciéndose añicos. El Señor Oscuro se inclinó en sobre las rocas, oprimiéndose el pecho con una expresión de padecimiento en su rostro.
– ¡Yo no voy a ponerme ese vestido! – dijo encaprichado Austin, mientras Sarah acariciaba con ternura la túnica negra que le había obsequiado la señora Avery.
– ¡Ya no aguanto más! – gritó la señora Balesky y con un movimiento enérgico apareció la túnica de seda negra sobre el sorprendido muchacho.
– Ahora vengan y no hagan ruido, o lo lamentarán – las siete mujeres avanzaron junto a cada infante atravesando un estrecho pasillo que desembocaba en una oscura caverna.
Una vez situadas en la caverna se fueron encendiendo lentamente unas llamas azuladas.
Los chiquillos pudieron observar frente a ellos a tres sujetos, embestidos con encarnadas túnicas, que los cubrían de pies a cabeza.
La figura del centro sacó una varita y desapareció la cavidad por la que habían entrado con las damas.
Austin comenzó a respirar deprisa, estaba asustado, los otros chicos no lo notaban pero a él no le tomaban el pelo.
– ¡Imperio! – resonó varias veces en la misma caverna, cuando cada mujer apuntaba a un niño con su varita.
El viento frío de la noche desprendió varias hojas de las copas de los árboles, mismas que caían a los pies de Harry y de otros 6 sujetos que se ocultaban con hechizos en medio de la naturaleza de Valle D'Aosta.
Scarlet sacó un artefacto misterioso que parpadeaba por momentos y sobrecogida miró a Harry esperando una señal.
Harry tomó el artefacto con forma de caleidoscopio, girando uno de sus extremos, lo cual hizo que se dibujara una pequeña imagen que aparecía y desaparecía.
Mientras los inefables observaban el rastreador, Alastor observaba los alrededores. Sus compañeros, como siempre, se había tomado a la ligera las advertencias del inefable y ahora se murmuraban cosas entre sí. Pues él no estorbaría en la misión. Tenían que pensar en los niños que iban a rescatar.
– En marcha – susurró Harry desvaneciendo el artefacto.
La mujer inefable esperó a que todos ellos pasaran colocándose en la retaguardia del contingente y susurró fuerte y enérgicamente – ¡Que rayos están esperando, saquen las malditas varitas esto no es un picnic!
Los idiotas no estaban preparados, pero a él, Alastor Moody, nunca lo cogerían desprevenido. Así fue como avanzaron furtivamente por varios metros.
A medida que se adentraban en la espesura comenzaron a notar como disminuía su sentido del oído, una ligera neblina se levantó, impidiéndoles la vista periférica... el avance parecía complicarse significativamente.
A una señal del líder, la mujer de atrás empujó a sus compañeros y a él para formar un grupo compacto que se desplazaba aún con más dificultad, pues el aire había adquirido una consistencia pesada.
El ambiente había logrado humedecer su frente, mientras la entrecortada respiración de Bildson hacía patente que él no era él único que encontraba ese desplazamiento particularmente agotador.
Después de avanzar unos metros, el inefable se detuvo de pronto y les hizo la seña para que se ocultaran detrás de unos matorrales. Con un movimiento de su varita, generó una ligera corriente de aire que desplazó la niebla y dejo ver una oquedad que conducía hacia el interior de una montaña.
La fiesta seguía su curso, aún después de la premiación. Sin embargo, Sirius había evitado a James por todos los medios.
Por otro lado, Colagusano al fin se había decidido a invitar a Lily a bailar, sin embargo y para su sorpresa...
– Lo siento Peter, la verdad no sé que es lo que me pasa. No me siento muy bien – dijo ella un poco alicaída, como su hubiera hecho un gran esfuerzo físico.
Era como si de pronto no pudiera escuchar los ruidos de la fiesta, como si el sonido del bosque prohibido llegara directamente a su cabeza, el frío parecía recorrerle por su cuerpo y por momentos perdía la visión de sus alrededores.
– Lily – dijo James quien se había acercado preocupado al notar como empezaba a palidecer – ¿Quieres que te traiga algo?
– No sé – susurró ella, quizá se le había bajado la presión – Algo dulce.
– Iré por un ponche – dijo Peter servicialmente, y corriendo se acercó a la mesa con las bebidas.
Audrey y Remus se aproximaron desde la pista de baile al notar la cara preocupada de James.
– ¿Hacia donde nos dirigimos? – dijo Dan, uno de los aurores de la comitiva que acompañaba a ambos inefables – Creo que tengo que volver no me siento muy bien.
El ambiente se volvía más pesado a medida que se adentraba en la cueva, Scarlet examinó a cada uno de los aurores, al parecer sólo Moody y Faaborg se encontraban en estado decoroso, incluso ella se sentía extremadamente agotada.
Con la respiración entrecortada busco con la mirada al inefable, tenía que tomar la decisión de ir o volver.
Harry miró a la tropa que lo acompañaba, esto no iba nada bien, la magia de Voldemort había intervenido de manera extraña con el ambiente del lugar y ahora era demasiado tarde para volver. Sólo le quedaba una salida.
Y cerrando los ojos, Harry comenzó a concentrarse para tratar que alcanzar el centro de su reserva mágica.
Sus fuerzas la habían abandonado y como sumida en una piscina de agua, sentía todos sus sentidos embotados. Lily se sostenía en la silla apenas consciente de que estaba recargada sobre James. Se sentía tan extraña.
Sus ojos se nublaban por momentos, durante los cuales fugaces imágenes se dibujaban en sus pupilas: follaje verde envuelto en niebla, un largo túnel de piedra que se seccionaba por varios caminos...
Súbitamente comenzó a sentir una calidez extraña en su pecho, que empezaba a recorrerle por todo el cuerpo, un cosquilleo... ¿su magia?
Lily perdió el sentido en brazos de James.
– De pie, ahora – surgió la voz de Harry entre las tinieblas que ahora envolvían la cueva – debemos continuar – Scarlet trató de enfocar a su compañero y al hacerlo, no pudo evitar notar una especie de alo formado a su alrededor, mientras una brisa inexistente ondeaba sus cabellos.
Los cadetes y ella consternados, trataron de ponerse de pie, notando, para su sorpresa, como sus extremidades se aligeraban, por lo que siguieron a Harry a un mejor ritmo, adentrándose aún más en aquellos sinuosos pasillos.
Lily despertó sobre una roca húmeda, en una oquedad que apenas era iluminada por el fuego azul que parecía flotar a su alrededor, en el centro divisó a una figura blanca – ¿un ángel? – que respiraba entrecortadamente y le daba la espalda.
El eco de varios pasos llegó hasta donde se encontraban ella y el ángel, quien permanecía inmóvil sobre un círculo de runas, que nunca había visto en clase.
La chica se levantó con trabajos, aún sintiendo una extraña calidez y cercanía.
El cosquilleo que le recorría el interior de su cuerpo no cesaba y sorprendida volteó a ver sus manos, las cuales, en vez de tener la apariencia a la que estaba acostumbrada, ahora le permitían ver a través de ellas el suelo volcánico que se extendía bajos sus pies.
