DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:

Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse, decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más.
A consecuencia de esto, y aunado a la fuga de cuatro mortífagos al pasado; Harry viaja a 1975 donde obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Los tres mortífagos resultan ser Gregory Goyle (quien muere al llegar), Draco Malfoy, Theodore Nott y Blaise Zabini, los cuales lograron su viaje gracias a un artefacto guardado en un cofre antiguo.
Los tres mortífagos restantes se reúnen con su señor, quien valiéndose de artimañas, extrae información sobre su llegada y acontecimientos futuros.
Harry mientras tanto, va reencontrándose con sus padres y mentores, buscando regresar a los tres prófugos al futuro de donde provenían y proteger a Hogwarts del daño que éstos pudieran ocasionar.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
La mañana de Halloween encontró a los habitantes Hogwarts de mejor humor. Lily y James arreglaron el malentendido de la noche anterior y acordaron bailar una pieza.
Mientras tanto Harry seguía en su loca carrera por evitar aquello que tenía tan entusiasmado a Voldemort y que involucraba el artefacto que había transportado a Malfoy al pasado.
Por otro lado, Severus transporta a Lucius, Regulus y Bellatrix ante el señor oscuro, quien los somete a prueba para aceptarlos dentro de sus seguidores, a quienes despliega por todo diversas ciudades del Reino Unido, para llevar a cabo el primer ataque de su organización.
Así las cosas, comienza la fiesta de Halloween, donde casi al final Lily comienza a sentirse enferma, desmayándose en brazos de James quien asustado la lleva a la enfermería.
Justo en esos instantes, Harry en compañía de la inefable que le ayuda en su misión y un escuadrón de aurores (quienes aún no se recibían), ingresó en el escondite de Voldemort, donde haciendo uso de un poder extraordinario los conduce a través del laberinto de piedra hacia la sala del trono, donde Voldemort esta a punto de llevar a cabo un ritual en presencia de Lily, quien acababa de recuperar el conocimiento en ese lugar, hallándose en un estado muy peculiar.

Bajo Juramento
Capítulo XXIV. Samhain

– ¡SEÑORA POMFREY! – gritó James apenas hubo cruzado el umbral de la enfermería, llevando a Lily desmayada en sus brazos.

La mujer, no acostumbrada a semejantes aspavientos en días sin prácticas o partidos de Quidditch, se quedó de una pieza al ver la tez marmórea que adornaba a la joven premio anual.

– ¡Recuéstala ahí! – gritó mientras iba a traer algunas sales para tratar de reanimarla, James apenas alcanzó a dejar a Lily con suavidad en una de las camas, cuando la señora Pomfrey lo apartó y comenzó a usar su magia curativa sobre la muchacha.


Las nubes grises que se formaban en el cielo nocturno, cubrieron por momentos la poca luz que emanaba de los cuerpos celestes y de la luna. Ahora sólo la luz del alumbrado público, era lo que permitía a los aurores resguardar la casa del Ministro muggle; quien nervioso, se paseaba frente a la chimenea del estudio.

Waldo Holcomb, el capitán y guardaespaldas asignado para el ministro, lo acompañaba con sus mejores hombres sin quitar la vista de la parte exterior.

Sobre la chimenea, el reloj marcó cinco minutos para la media noche...


El círculo tatuado sobre las rocas comenzó a brillar, refulgiendo un tono azulado que se reflejaba por toda la cueva. La túnica blanca que envolvía al Señor Oscuro comenzó a hondear, descubriendo sus pies descalzos sobre la baldosa fría que parecía sudar por las extrañas energías que la rodeaban.

Lily observaba embelesada el espectáculo de poder que desprendía el supuesto ángel. Nunca antes había visto un ser con tan grandioso poder.


Desde los sinuosos caminos que conducían hacia la antecámara, Harry sintió un escalofrío. El ritual había comenzado.

Algunos de los aurores se detuvieron, asombrados, por la cantidad de poder que percibían... nunca antes habían sentido semejante energía que proviniera desde un solo punto.

Por favor... que los niños estén bien, pensó Harry acelerando el pasó, rogando por sentir, cuando menos un fantasma del dolor que le producía su cicatriz, para así saber si avanzaba por el camino correcto.


Las runas en el suelo, comenzaron a desprender fragmentos de las rocas aledañas, levantando una brisa por su gran poder, la figura azulada comenzó a elevarse y a girar alrededor de Lord Voldemort, quien iba aumentando el volumen de sus conjuros a medida que el círculo tomaba velocidad.

Lily apretó sus brazos contra si misma, la energía que percibía le helaba la sangre, y no era por la cantidad de poder, sino por la maldad que percibía en ella.

Una onda cálida le llegó por la espalda a la adolescente, mientras un brillo color anaranjado fulguraba desde uno de los boquetes que rodeaban la cámara en la que se encontraba.

Lily comenzó a pegarse contra la pared, estaba asustada, temerosa, no sabía si podían observarla ahora que se sabía en uno de sus extraños trances.

Cuando el anaranjado fue pasando a dorado, el hombre de blanco giró hacia donde se desprendía el resplandor áureo.

Lily siguió la mirada del ángel y descubrió a un ser envuelto en granas vestiduras que salía del boquete, este ser, sostenía entre sus manos enguantadas un urna, misma que desprendía aquel resplandor.

El artefacto parecía latir al cambiar su color de dorado a un blanco purísimo.

Tan ensimismada estaba contemplándolo, que la chica pasó por alto a los otros seres que atravesaban detrás del heraldo, todos ellos envueltos en túnicas rojas y negras...

Algunos de estos seres marchaban a pequeños pasos hacia el centro, pues parecían ser muy pequeños.


Un grupo de sombras se desplazó en un solo contingente hasta la puerta de hierro que colindaba con el Palacio de Buckingham.

Una alarma se activó de inmediato al notar el ataque al que era objeto la residencia real.


Lily notó finalmente la cantidad de personas que había ingresado a la cámara cuando estos comenzaron a rodear al ángel – o quizá demonio –, que se encontraba en el círculo.

Uno de los seres escarlatas se acercó al ángel y le entregó la misteriosa urna, para después colocarse, junto con sus compañeros, formando un triángulo alrededor del perímetro de la runa flotante.


El sonido de una explosión, cimbro los cimientos de la mansión del primer Ministro, cuando éste se encontraba sentado sobre su sofá reclinable. Los aurores rodearon al muggle de inmediato, enfundado sus varitas con expresión tensa.

Gritos provenientes de la planta inferior desconcertaban a los guardianes de la parte exterior, quienes al notar los reflejos de varios hechizos mortíferos, se abalanzaron hacia el interior de la casa, esperando detener un ataque que ignoraban como había podido llevarse acabo.


Lily se pegó contra la pared, tapando su boca esperando no ser detectada por tan macabros sujetos.

Siete espectros avanzaron detrás de siete pequeños con túnicas negras, apuntándoles con varitas mágicas. Colocándolos alrededor del triángulo formado por los heraldos carmesíes.


Un grito ensordecedor se elevó desde una de las callejuelas del callejón Diagon.

La música y los bailes que se llevaban a cabo desde hacia varias horas en la plaza principal, evitaron que se diera una señal de alarma que habría salvado muchas vidas.

¡Incendio! resonó varias veces desde todos las calles que desembocaban en la plaza principal.

Y lo que había sido un solo grito se transformó en cientos de lamentos.


Bildson cayó al suelo respirando agitadamente, nunca se había sentido tan oprimido como en estos momentos. ¡En qué diantres se había metido al aceptar la misión para el Departamento de Misterios!

Sterne lo tomó del antebrazo y lo jaló para ponerlo de pie.

Intercambiando una mirada con Alex entendió lo que había querido decirle... era demasiado tarde para volver.

Ambos aurores voltearon al frente y vieron como el joven inefable avanzaba rodeado de un alo esmeralda.

Tenía un poder impresionante...

Y la pregunta era entonces... si el joven había resultado ser tan fuerte¿por qué habría solicitado refuerzos del Departamento de Seguridad Mágica?


Decenas de hombres envueltos en túnicas largas y oscuras aparecieron en el centro de Hogsmeade, ante la atónita mirada de cientos de magos.

Muchos pensando que se trataba de un espectáculo comenzaron a aplaudir, pero los sujetos del centro apuntaron con sus varitas a la confusa multitud.

¡Crucio!


Albus Dumbledore se metía una confitura a la boca y la saboreo contentísimo. Este había resultado ser un plan perfecto. Sería una excelente idea repetirlo el próximo año.

Aunque la próxima vez, pensó el anciano al mirar la silla del profesor de Defensa vacía, se aseguraría de que todos sus profesores estuvieran presentes para disfrutar de tan esplendorosa celebración.


El Big Ben tocó la primera campanada de las que anunciaban la llegada de la media noche...

Los hombres de negro que se encontraban bajo el puente, flotaron para colocarse a media calle, deteniendo el paso de los automóviles que se dirigían hacia la plaza frente al Palacio Westminster.

El eco de los frenos de los automóviles se elevó acallando la última campanada...


La urna entre las manos de Voldemort estalló en mil pedazos, llenando la oscura estancia de un color blanco brillante.

Una vez que hubo disminuido el brillo, Lily notó como un caldero extraño flotaba suspendido entre las manos del ángel, quien llevaba una adusta expresión en su rostro.

Un eco de varias voces, se escuchó por toda la cámara, voces de seres incorpóreos de timbre grave y mortecino. La temperatura comenzó a descender.

El ángel volvió a pronunciar unas palabras en una lengua irreconocible, mientras los demás seres comenzaban a agitarse alrededor de él.

Pequeños pigmentos dorados comenzaron a absorberse hacia dentro del caldero. El ángel retiró lentamente sus manos de la vasija, misma que flotó fuera del círculo, hacia uno de los sujetos de rojo que la tomó con delicadeza entre sus manos.

Una vez que estuvo entre las manos de este sujeto, el contenido del caldero comenzó a borbotear y salió por sus orillas, formando una cascada de lo que parecía ser oro líquido, mismo que se acumuló frente al ángel, fuera del círculo azulado que parecía protegerlo.

Un oscuro latido comenzó a resonar en los oídos de la muchacha, quien asustada los cubrió descubriendo que no dejaba de percibirlos. Respirando rápidamente trató de mimetizarse con la pared, sosteniéndose en pie sólo por estar recargada contra ella.

Los latidos parecían provenir desde la ciénaga de oro que comenzaba a agitarse... un montículo del espeso líquido comenzó a elevarse desde ahí.


Las puertas del Gran Comedor se abrieron con un estruendo, dejando caer a un mago que iba cubierto de sangre y hollín.

Los ruidos de la fiesta cesaron de inmediato por la sorpresa y Albus Dumbledore se acercó a pasó veloz a la entrada, al reconocer en el pobre desdichado a Orlando Miller, el encargado de la tienda de bromas Zonko en Hogsmeade.


Lily comenzó a ver a su alrededor a otros espectros, todos incorpóreos, que se arrastraban por la estancia, cada uno en su tormento particular, el eco se sus lamentos se elevaba hasta sus oídos, acallando el grito de horror de las figuras negras detrás de los niños, que aún seguían ensimismados observando la ceremonia.

El montículo había alcanzado la talla de un hombre y comenzaba a formar una silueta, misma que comenzó a producir ese eco de voces que parecía de todos y de ninguno, balbuceando en un dialecto extraño palabras que le parecían a ella ininteligibles.

El ángel de ojos azules pronunció otras palabras en lengua antigua extendiendo sus brazos con una sonrisa autosuficiente y confiada hacia donde estaba el ser de oro.

Un lamento ronco se escuchó mientras la silueta dorada se doblaba en un ángulo antinatural y se abalanzaba sobre el sorprendido ángel.

Todos los espectros que rodeaban la cámara voltearon hacia el centro, donde el ángel había comenzado a agitarse mientras una cascada dorado le atravesaba, gritando de dolor y sufrimiento.

Lily se dejó caer, resbalando por la pared aterrorizada.


– ¡Qué le pasa a Lily¿por qué esta temblando?, está demasiado pálida – hablaba sin cesar James desde el otro lado de la cama, estrechando una de las frías manos de Lily entre las suyas.

– ¡Te dije que esperarás afuera Potter! – dijo la alarmada enfermera, pues no podía dar con la causa de tan tremendo problema – Ve de inmediato por el Director, dile que es un asunto urgente.

– ¡POPPY! – se escuchó un grito desde el umbral de la puerta.

La señora Pomfrey corrió la cortina que le tapaba la vista de la entrada. Su sorpresa fue mayúscula al notar en ella a la profesora McGonagall, sosteniendo a un mago en estado deplorable.

– ¡De prisa, en la siguiente cama! – actúo de inmediato la enfermera, dirigiendo a Minerva a una de las camas junto a Lily.

James apretó asustado la mano de Lily con la suya.


Los gritos del ángel cesaron, cuando su cabeza se ladeo hacia un lado. Los ojos de la chica, se encontraron con los del ángel, y ahora éstos presentaban un color completamente encarnado.

Lily ahogó un grito, pues el ángel le había sonreído.


Severus aturdió a otro de los aldeanos que deseaban escapar. No tenía el valor ni las ganas de matar a nadie, como le habían ordenado.

Pero estaba seguro que los aldeanos que atravesaran por las calles aledañas no habían tenido tanta suerte...

También estaba el asunto del encargado de Zonko, quien había conseguido colarse para llegar a Hogwarts.

Con un poco de suerte él y sus compañeros se verían obligados a escapar.

Un suspiro ahogado llegó desde el frente.

Parada frente a él se encontraba una de sus compañeras de casa. Jean McPheson, de cuarto año, temblaba como una hoja al mirar frente a sus ojos la fila de cuerpos tendidos sobre la hierba.

Severus apuntó a la chica con la varita... Seguro lo descubría al lanzarle el hechizo aturdidor¿acaso tendría que deshacerse de ella para no ser descubierto?...


Con trabajo, Lord Voldemort se enderezó... aún no concluía el ritual, era el momento más divertido...

La ciénaga de oro comenzó a agitarse nuevamente, el Señor Oscuro giró usando movimientos burdos, enfilándose hacia uno de los pequeños espectros oscuros que lo rodeaban.


Ophelia Bullock, evadió a varios de sus compañeros y subió las escaleras presurosa, la amenaza en la casa del ministro había sido controlada, pero las noticias que llevaba al capitán Holcomb eran por demás alarmantes.

– ¡SEÑOR! – gritó desde el umbral, atrayendo la atención del equipo junto al ministro que de inmediato le apuntó con sus varitas.

– ¡Qué significa este espectáculo Bullock! – gritó ofendido el capitán, también le habían dado un buen susto.

– Señor – dijo la pálida auror – tenemos problemas –, el hombre apartó a la chica del muggle, no le convenía para nada al ministerio que este se enterará de emergencias en el mundo mágico.

– Hable rápido

Pero más tardo en decirlo, cuando la mujer ya le estaba comunicando el cúmulo de desgracias que habían pasado en pocos minutos: había habido varios ataques simultáneos esa noche. Según reportes desde la oficina de aurores, se habían enviado refuerzos hacia varios sitios del gobierno muggle, sin contar la alarma que habían enviado desde Hogwarts y Gringotts, por un sorpresivo ataque a Hogsmeade y al callejón Diagon.


No, no... ¡No!... ¡¿Qué está tratando de hacer?!

La mano de Lord Voldemort se rodeo de un extraño alo oscuro, mientras él avanzaba en su andar burdo hacia uno de los chiquillos que lo rodeaban.

Una siniestra sonrisa se dibujó en las facciones del mago oscuro mientras gozaba al introducir su mano en el pecho del chiquillo, hecho que consiguió romper el hechizo Imperio que atrapaba la mente del pequeño.

Agudos gritos rebotaron en la cámara mientras el cuerpo del pequeño (quien apretaba desesperado la mano que invadía su cavidad torácica), parecía secarse poco a poco, arrugándosele la piel que se colgaba de sus huesos. Y sus ojos se le hundían, en una mueca de dolor y sufrimiento.

Un brillo blanco, su alma, abandonaba el despojo que había sido su cuerpo y se introducía en el terrible mago.

Cuando el pequeño cuerpecito dejo de agitarse, Lord Voldemort sacó su puño de la víctima, el cual bañado en sangre aún sostenía su corazón, que vibraba con el eco de los gritos de su propietario y de la pobre muchacha que presenciaba el terrible espectáculo.

El demonio le dio un mordisco al órgano y su túnica blanca se tiñó de sangre caliente.


Su mano asió con decisión el antebrazo de la chica, apartándola a empujones del montón de cuerpos desmayados en el camino.

El slytherin avanzó presuroso entre las calles y con un certero hechizo, derribó la puerta trasera de uno de los negocios más apartados del centro de la ciudad. Seguro nadie le encontraría ahí.

Con un movimiento más, silencio a la desesperada muchacha y la encerró detrás de la puerta.

Fermaportus

Nadie la encontraría... al menos hasta que todo hubiera pasado.

– ¿Qué estás haciendo aprendiz? – susurró una voz detrás de él.

Severus giró rápidamente y se encontró cara a cara con su jefa de casa: Theresa Paltrow, cuyo rostro descubierto le miraba con asco y rencor.


Los bomberos luchaban con las llamas que se elevaban, acrecentadas por la cantidad de combustible que aún almacenaban los automóviles que quedaban en el puente de Londres.

La onda expansiva de la explosión despidió a los bomberos varios metros hacia atrás, otro de los autos había explotado.

De pronto, un rocío cubrió sus impermeables y detrás de ellos vieron unos rayos azulados, que se propagaron hacia las llamas, mismas que se iban apagando poco a poco.

Si los muggles hubieran volteado hacia arriba hubieran notado, detrás de las volutas de humo negro, el espectro esmeralda de una calavera, por cuya boca se deslizaba una serpiente.


Severus apretó la varita con fuerza. Paltrow seguramente le diría a su señor. ¿Y qué excusa podía darle?

– Le dije a mi señor que no se fiara de ti – dijo ella avanzando lentamente, apuntándole con la varita, el slytherin ya había hecho lo mismo –, le expliqué que no debía confiar en alguien como . Pero él estaba convencido de que no sabías la verdad.

Severus la miró extrañado ¿De qué carajos estaba hablando?

– Pero eso no importa, ahora que se entere que no pudiste seguir sus órdenes te matará... lo sé – dijo ella con una sonrisa descompuesta adornándole el rostro – Yo me hubiera callado si hubieras dejado a Malfoy para .

– Así que de eso se trata – dijo el slytherin, avanzando también hacia ella – no puedes soportar que yo halla llevado a alguien de más valor que tú.

– ¡Cómo te atreves! – gritó con el rostro encendido de ira – ¡Soy la preferida del Señor Oscuro, SU PREDILECTA!

– ¡CRUCIO!


Un grupo más de aurores ingresó a la plaza, al abrirse las puertas del banco mágico de par en par. Los sujetos, embestidos en mantos negrísimos, seguían torturando a los ciudadanos que tenían la obligación de proteger.

Furiosos varios aurores corrieron a interceptarlos, unos incluso alcanzaron con sus hechizos a los malhechores más cercanos, mas la mayoría de los malvados sujetos, logró desvanecerse.

Los pocos que quedaron fueron apresados de inmediato, y ninguno de los presentes pudo dejar de notar el emblema glauco que brillaba en el cielo nocturno, por el cual aún se elevaban los ecos de los gritos de los magos nacidos de muggles, que solían reunirse en la plaza a disfrutar de un festival organizado para festejar a su manera los ritos de Halloween.


Harry se detuvo de repente.

Estaba a punto de llegar a la sala del trono, eso lo sabía por las visiones que había sufrido días antes, pero eso no fue lo que detuvo su carrera.

Claramente había escuchado la voz de su madre resonar en las paredes del último pasillo, pero eso era imposible. Aún ahora, le parecía escuchar sus sollozos y gritos desesperados.

– ¡Pero que demonios! – dijo una voz detrás de él.

Harry volteo a mirar que había sucedido y se encontró con un espectáculo que le heló la sangre en las venas. A su alrededor, fuera de la esfera de energía que había emanado sobre sí mismo y sus compañeros, se arrastraban espectros desfigurados y dolientes. Fantasmas, seres incorpóreos, demonios todos, que rodaban por el sinuoso camino de roca volcánica, tratando de absorber el brillo que desprendía el aura de los seres vivos.

Nuevamente había escuchado gritos desde la antecámara, con estos ya sumaban seis...


– ¡Crucio! – dijo por tercera vez Theresa, con un destello de locura detrás de sus ojos.

Severus, aún sufriendo los terribles efectos mágicos de la tortura, pensaba que si no podía detenerla perdería la razón.

Theresa suspendió la maldición y volvió a apuntar al chico con la varita. Con esto le daría una lección. Nadie se interpondría entre su señor y ella, NADIE.

– Que... que pen-sara... el lord... de esto – dijo con la voz entrecortada el muchacho, respirando con dificultad –. Le diré... que... tú... – la mujer bajó la varita dudosa.

– No lo harías... te mataré... – Paltrow le apuntó con la varita.

El slytherin supo que decía la verdad... no podía morir. No dejaría que ella lo matara

– Avada...

– ¡Jhastrom sabe que estoy aquí! – gritó el chico con todas sus fuerzas, la mujer bajo la varita. Eso representaba un problema, seguro el mocoso le había hablado de su relación con ella. Eso explicaría esas miradas escrutadoras.

– Sucia rata traidora – susurró ella volviendo a apuntar con la varita – El Señor Oscuro sabrá de esto ¡CRUCIO!

Severus gritó de nuevo por la agonía. Todo estaba perdido, si ella no lo mataba ahora, seguro lo haría él, a pesar de que se había mantenido fiel.

El brillo de una barrera mágica llegó hasta donde se encontraban. Ya había llegado la caballería. Hogwarts había enviado a su campeón.

– Dumbledore está aquí – dijo Paltrow acercándose al chico –. Tienes mucha suerte enano, pero ya mismo se acabará – la mujer se inclinó y le susurró al oído –: cuando te encuentren en esas ropas te expulsará y después... mi señor se encargará de ti.

Theresa desapareció el igual que muchos otros magos fuera de la plaza principal.


– ¡Hagrid! – gritó la voz de Dumbledore, cuando el enorme guardabosque apenas logró salir de uno de los negocios en llamas, llevando a cuestas a varios de los magos que había quedado atrapados.

Apenas Orlando llegó al Gran Comedor, Dumbledore dispuso un grupo para ayudar en Hogsmeade, mientras el resto del profesorado protegía al castillo de los agresores.

Cuando llegaron a Hogsmeade les esperaba un espectáculo espeluznante. Varias de las personas de la villa yacían inertes sobre la hierba de los caminos y tantos otros en estado deplorable, aún sufriendo efectos de las terribles torturas a las que habían sido sometidos.

Dumbledore, haciendo uso de su enorme poder, había sometido a la mayor parte de los villanos, encantados bajo un sortilegio, en espera a que llegaran las autoridades a hacerse cargo.

El resto del profesorado ayudo a poner a salvo a los demás habitantes, así llegamos a este momento, cuando comenzaron a llegar los aurores a disponer de los prisioneros.

El anciano director se paseo frente a los magos, grabando en su memoria sus rasgos distintivos. Temía que esta no sería la primera vez que sabría de ellos.


– ¡Enfunden las varitas! – gritó Harry haciendo crecer el alo que rodeaba a los aurores, ahuyentando a los espectros que los rodeaban.

Moody tomó con fuerza su varita, estaba listo para detener lo que fuera que estaba pasando, no era natural despertar a tan extrañas criaturas de su sueño eterno.

Había que poner un alto.

Varios gritos más, una macabra risa, todos echaron a correr, hicieron un quiebre y se encontraron por fin con el final del túnel.

Sus ojos se maravillaron al ver la estancia, que en esas profundidades refulgía con destellos doradas, blancos y azules; al centro, distinguieron un grupo de sujetos, embestidos todos con largas túnicas y en el piso...

En el piso...

Los niños...

Un grito de rabia salió desde una de las entradas laterales, los seres presentes en la estancia observaron como un grupo de aurores había llegado hasta allí.

Seis de los sujetos, los de negro enfilaron las varitas hacia la entrada.

– ¡BOMBARDA!

Harry empujó al auror que había gritado hacia atrás y retiró con un movimiento enérgico parte de su traje de combate, haciendo un semicírculo que repelió la explosión hacia el interior de la cámara.

El aire removió las túnicas de los heraldos negros, descubriendo sus facciones femeninas inalterables. Cada una de las féminas empuñó su varita y con un gritó de guerra acometieron a los aurores que permanecían en la entrada.


James aún permanecía junto a Lily, tomándola de la mano y susurrándole cosas al oído, esperando que la chica se tranquilizara.

Hacia sólo unos instantes, la gryffindor se había agitado violentamente en su lecho, descomponiendo su rostro en muecas de horror y sufrimiento.

Gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas y no había nadie que pudiera ayudarla.

La señora Pomfrey había hecho lo mejor que pudo para atenderla y ahora se encontraba ocupada sanando a todos los heridos que llegaban de Hogsmeade.

Algo terrible acababa de pasar en el mundo mágico, algo que sabía, cambiaría por completo la vida que había llevado durante toda su niñez.


Con el corazón desbocado cada uno de los cadetes se batía en duelo con una de las féminas. Cuando Justine Avery se acercó a Harry, no pudo hacer mucho, pues el joven la apartó con un hechizo que la llevó hacia el otro extremo de la cámara, donde cayó desmadejada sobre la baldosa fría.

Harry avanzó con paso firme hacia el centro de la estancia, donde Voldemort aún le daba la espalda al grupo, con su aura alternando entre blanco y negro.

Sin embargo, los heraldos escarlatas se interpusieron entre él y el señor oscuro. El del centro, aún llevaba el refulgente caldero entre las manos, con el manto encarnado velándole el rostro.

Los otros dos, retiraron el manto de sus cuerpos.

El frío en la estancia se intensificó, los espectros que deambulaban la cámara, se agitaron rodeando a los seres con vida, animados por el olor a muerte que se despedía desde ese lugar.

Harry concentró su energía y en un gritó de furia contenida, se arrojó contra Theodore Nott y Blaise Zabini, quienes, aunque pálidos, no parecían aquellos despojos humanos que habían sido hacia apenas unas horas.


Lily se acurrucó en un rincón desolada. Hecha un ovillo, la chica repetía una y otra vez, su deseo porque la terrible pesadilla terminara, para poder despertar sin recordar nada.

Y aunque se tapaba la cara y cubriera sus oídos, no podía dejar de oír los últimos lamentos de todos aquellos niños que habían sido víctimas del ente de mantos blancos.

Gruesas lágrimas escurrían en su rostro expresando el horror y la desolación, la impotencia que experimentaba y un miedo, un miedo terrible que le comía las entrañas.

Pero un grito, un grito que no pertenecía a los niños, ni a aquellos demonios de largas vestiduras se coló en sus pensamientos, un gritó que le parecía conocido... y que le asustaba aún más por su familiaridad.

La aterrorizada chica abrió sus ojos y los dirigió hacia la parte posterior de la cámara, ahí distinguió los uniformes de los aurores, que ahora atacaban sin cuartel a las terribles mujeres que había ayudado al sacrificio de los niños.

También descubrió un poco más hacia el centro a su profesor de Defensa, que se batía en duelo con dos de los demonios en rojo, justo ahora, uno de ellos caía pesadamente al suelo, mientras el otro, había atinado en uno de los costados del joven mago.


Harry se tomó las costillas y se apartó de un saltó, girando varias veces para evitar otro impacto del hechizo que le había lanzado Blaise.

Al menos había conseguido detener a Nott, pues ahora el mortífago se encontraba aprisionado por unas invisibles cuerdas, agitándose en el piso. Claro que Zabini había aprovechado su distracción para herirle en un costado.

Agitado, Harry no perdía de vista lo que acontecía a sus espaldas. Donde Thurston, su compañera, apoyaba a los estudiantes a controlar a las guerreras, quienes habían resultado ser más rudas de lo que esperaba.

– ¡Profesor, cuidado! – escuchó Harry desde el fondo de la gruta, logrando apartarse apenas de una de las explosiones que le había enviado Zabini.

Y al dar el último giro sobre el suelo, Harry se incorporó al tiempo que le lanzaba un hechizo, el cual lo hizo volar hacia arriba, para después caer descompuesto contra el suelo de roca volcánica.

Harry cojeó hacia ambos mortífagos, aún apuntándolos con la varita, mientras sus ojos paseaban hacia la parte de atrás, donde estaba seguro había escuchado la voz de su madre.

Cual fue su sorpresa al encontrarse sus ojos con unos de la misma tonalidad exacta.

El sonido de varias palmas frente a él, le hizo desviar la mirada. El último de los mortífagos en ropas escarlatas avanzaba hacia él, mientras en la parte posterior, justo frente a Lily, Voldemort sostenía, aún rodeado por el círculo de runas azules, el caldero de Arawn.

Una rápida mirada hacia atrás confirmó sus sospechas: las mujeres de negro había sido derrotadas, pero eso había tenido un precio, Roger Bildson y Dan Schmidt yacían muertos a sus espaldas, mientras que Moody era sostenido por Sterne, quien tampoco tenía buen aspecto. Faaborg y Thurston tampoco parecían estar en condiciones de enfrentarse al Señor Oscuro.

Dicho mago extrajo su varita, tomándola con una de sus manos aún con la sangre fresca de sus más recientes víctimas, y con un movimiento hizo temblar la cueva, elevando un montículo en el cual se montó un trono, donde se amontonaron los restos que yacían esparcidos a su alrededor. Pequeños cráneos adornaban el respaldo.

Y el terrible mago tomó asiento en su nuevo trono con una mirada satisfecha.

Varias antorchas alrededor de la gruta comenzaron a encenderse una a una, en una sucesión que le dio toda la vuelta a la cámara, iluminando las entradas desde los distintos pasadizos.

Detrás de él, el montículo con la silueta dorada se agitaba, efecto que se transmitía a los espectros que rondaban en la estancia.

Lily, impulsada por un extraño presentimiento se fue acercando hacia donde estaba su profesor, tratando de pasar desapercibida por el terrible mago de ropajes blancos.

En el trono, Voldemort observó la silueta de modo despreciativo, y con un movimiento despectivo de su muñeca, atrajo el líquido dorado desde la fosa, hacia el interior del caldero, aún cuando la silueta parecía resistirse.

Los espectros se absorbieron también dentro de la extraña vasija, misma que empezó a flotar por si misma sobre la palma de la mano del Señor Oscuro.

Con otro movimiento, Lord Voldemort restauró el arca que aprisionaba el caldero y se lo tendió al heraldo que quedaba. Quien después de permanecer quieto por una fracción de segundo desapareció llevándose el artefacto consigo.

Varias gotas de sudor se deslizaron por el rostro de Harry, era imponente observar a Lord Voldemort en su mejor momento.

Pero aún en ese estado, Harry lograba percibir las fracturas de su alma. Lord Voldemort había dividido su alma en siete fragmentos independientes, era sólo cuestión de crear los horrocruxes.

Lily, desde donde se encontraba, no lograba entender como aquel sujeto de blanco había recuperado la delicadeza en sus movimientos, después de que la silueta dorada lo hubo traspasado.

– ¡Usted! – se aproximó Faaborg hacia el trono, rebasando a Harry quien no esperaba tal acontecimiento – ¡Queda arrestado por asesinato y práctica de ritos oscuros, tiene derecho a guardar silencio...!

Lord Voldemort, que se hallaba recargado sobre una de sus manos se burló del joven auror, mientras este le apuntaba con su varita de ébano, sin detener su avance hacia el lord.

– ¡FAABORG IDIOTA, REGRESA AQUÍ DE INMEDIATO! – rugió Scarlet detrás de él.

– Avada Kedravra – susurró aburrido el mago oscuro desde el trono, apuntando con su varita el sorprendido estudiante.

– ¡CARPE RETRACTUM! – gritó Harry desde atrás, apartando apenas al muchacho del fogonazo verde que hubiera terminado con su vida.

– Sterne, Moody... refuerzos... ahora – susurró pálida la inefable que temblaba al ver con que facilidad el sujeto del trono había lanzado la maldición imperdonable – ¡ACCIO FAABORG!

El muchacho salió despedido hacia la inefable, quien lo recibió en los brazos y lo cacheteo para sacarlo de su estupor.

– Toma – le tendió aquel tubo en forma de calidoscopio –, es un rastreador, te llevará hacia la salida y de regreso. No vuelvan sin apoyo.

Harry no apartaba la mirada de Lord Voldemort. ¿Por qué no había hecho nada por evitar que los cadetes se marcharan? A menos...

– ¡Thurston, ve con ellos! – volteo Harry a mirarla con expresión sombría – Él también espera refuerzos.

La inefable apretó su varita con fuerza.

– ¡Rayos! – susurró con las mandíbulas apretadas y después de dirigirle una mirada preocupada, salió velozmente para alcanzar a los cadetes.


Scrimgeour se secó el sudor de la frente. Si la familia real no hubiera estado de vacaciones...

Era una suerte que los reyes hubieran partido a Francia de improviso. Gracias a ello, el ataque al Palacio de Buckingham había sido un fracaso. La alarma que habían estrenado hace apenas unos días también había servido de mucho.

Temblaba al pensar que habría pasado con los muggles al enterarse de la muerte de la familia real.

El auror avanzó con paso firme a la salida, los magos ya habían sido trasladados a las salas de interrogación, por lo que pronto averiguarían quien andaba detrás de esto. Trabajarían rápido y con decisión, con eso acabarían con la amenaza antes de que creciera tanto como Grindelwald.


Era la primera vez que veía a Voldemort en persona desde la última batalla. Y aunque lo encontraba en un estado más humano que la última vez, el gryffindor no podía ignorar la cantidad de poder que emanaba de él.

Ansiaba poder destruirlo antes de que se alzará con todo su poderío. Que daría por deshacerse de él en ese mismo instante, por terminar con todas sus ambiciones megalomaníacas antes de que cobrarán la vida de cientos de magos y brujas íntegros.

Nunca en todas sus misiones al pasado había sentido la necesidad de cambiar la historia...

Pero eso no le correspondía. Y no estaba seguro que contar con la suficiente magia después de su enfrentamiento para después atrapar a Malfoy.

– ¿Crees que esa mujer va a poder ayudarles a escapar? – le dijo el mago desde el trono.

Harry asió su varita con todas sus fuerzas. Sabía que no era la varita hermana de la de Voldemort, no había conseguido de Ollivander se la entregará, pero bastaría con esta para atrapar a Malfoy, que era el único que le faltaba de los otros mortífagos.

– ¿Dónde están los otros niños? – dijo Harry con decisión, al pie del trono.

– Otros dices... no hay otros más que éstos – terminó el señor oscuro, acariciando uno de los cráneos incrustados en el respaldo del asiento.

– Maldito... ¡Reducto! – gritó Harry apuntando hacia el trono, Voldemort saltó con gran agilidad y el hechizo destrozo el trono en mil pedazos.

Voldemort negó con su mano, sonriendo deliberadamente. Tal vez dejara escapar a algunos aurores para que dieran testimonio de su gran poder, pero este sujeto no se salvaría.

Con un movimiento vertical de su varita, cambio sus túnicas blancas llenas de sangre por mantos de seda negra, y con otro movimiento conjuró varios cristales de hielo a su alrededor, enviándolos a gran velocidad al muchacho frente a él.

Harry por su parte, hizo aparecer una pared de fuego en la que se estrellaron los proyectiles de hielo, derritiéndose.

Voldemort apareció detrás de él.

– ¡Crucio!

– ¡NO! – y el espectro de Lily se interpuso entre la maldición y su profesor.


– ¡LILY! – gritó James al sentir a la chica estremecerse entre sus manos, como si la muchacha estuviera bajo el efecto de una maldición.

– ¡SEÑORA POMFREY! – gritó el chico corriendo las cortinas que rodeaban la cama de la gryffindor.

Poppy Pomfrey llegó corriendo al lecho de la muchacha, tratando de bloquear el extraño poder que le hacía daño a la joven, pero, aún cuando lanzaba hechizo tras hechizo, no lograba detener la agonía que sufría la muchacha.

– ¡No funciona! – dijo la enfermera desesperada, batiendo la varita una y otra vez frente a la muchacha


El fantasma de la maldición se estrelló con Harry, con los ojos entrecerrados pudo observar el cuerpo de su madre estremeciéndose bajo el hechizo.

Esto no debía ser...

Fúrico, Harry llamó todo su poder y con trabajos se puso de pie. Voldemort sorprendido por como su maldición no parecía tener efecto sobre el muchacho dio un paso hacia atrás.

– ¡Flipendo! – gritó Harry, apuntando con trabajos hacia Voldemort, quien se estrelló con la pared posterior de la gruta, Harry calló de rodillas, respirando entrecortadamente y miró preocupado hacia donde estaba postrado el espectro de su madre.

– Lily... – la chica giró la cabeza hacia donde estaba su profesor, y con trabajos se arrastró hacia él

– Tenía que evitar que le hiciera daño. Al menos a usted... los niños... yo... – gruesas lágrimas se resbalaron por sus mejillas. La chica no podía dejar de llorar.

Harry trató de tocarla para consolarla, pero su mano atravesó a la muchacha.

– Así que sí te volviste loco – dijo Voldemort que ahora estaba parado frente a él, con un hilillo de sangre resbalándole de los labios. El mago oscuro escupió a un lado y después se limpió el rostro con el dorso de la mano. – Despídete de este mundo.


Se acabó, pensó Snape postrado en el piso. El chico aún temblaba por los efectos de la maldición. ¿Qué importaba ya?

– ¿Snape? – dijo la voz de Jean tímidamente, detrás de la puerta que él había sellado. Al parecer su magia no se había sostenido después de la tortura.

–¿Qué estas haciendo idiota? – y después de un ataque de tos, el slytherin agregó –, lárgate de una buena vez.

La chica abrió la puerta ofendida, miró hacia ambos lados de la calle y ayudó al muchacho a ponerse de pie.


Scarlet apenas alcanzó a los cadetes, antes de que éstos abandonaran el laberinto de roca.

– Nenes, prepárense para morir – dijo detrás de ellos, Faaborg, volteó pálido, dispuesto a darles a Sterne y a Moody una oportunidad para escapar. Al reconocer a la inefable suspiró largamente.

– No es momento para hacer ese tipo de bromas auror – dijo en tono de reproche.

– Lo digo muy en serio cadete, afuera nos espera una emboscada. – sonrió la muchacha. Ahora si estaba segura de que le había llegado la hora.

– No han intentado desaparecer – agregó, fue cuando Sterne se concentró, pero no pudo desaparecerse. Volteo a mirar a la muchacha negando con la cabeza.

– Entonces yo los cubriré, cuando salgan corran hacia la maleza y vayan por refuerzos al departamento de seguridad mágica, después – Scarlet extrajo un prendedor de su túnica y se lo tendió a Faaborg – coloquen esto al pie de la puerta del Departamento de Misterios.

Sterne y Moody asintieron, sabían que ambos no sería de gran ayuda en ese estado. La magia del líder empezaba a disminuir y sentía otra vez esa pesadez en el ambiente. Al parecer el mago blanco ya se había encargado de él o estaba demasiado débil para continuar con la protección. Scarlet esperaba que se tratara de lo último.

Los cuatro aurores se acercaron sigilosamente a la entrada. Al sentir que se ensanchaba el camino, sintieron una ligera brisa: estaban a un paso de salir de la cueva.

Scarlet empuñó la varita, Sterne y Moody detrás de ella se prepararon para emprender la carrera hacia los arbustos. Faaborg por su parte, introdujo el prendedor en un bolsillo de la capa de Sterne, hecho que no le pasó desapercibido a Moody. Quien miró a Faaborg y le asintió.

Al menos no dejarían que la mujer muriera sola.

Scout... me hubiera gustado conocer tu verdadero nombre...

– ¡AAAAAHHHH! – gritó Scarlet y salió corriendo hacia el pequeño claro, al pie de la montaña, donde tomó por sorpresa a dos tercios de las fuerzas de Lord Voldemort.


Jean había conseguido sacar a Snape de Hogsmeade sin ser vista, o al menos eso pensaba ella, juntos habían logrado introducirse al pasadizo que los llevaría hacia el gran espejo del cuarto piso.

Severus se le resbaló de los brazos, el chico había hecho un esfuerzo para llegar hasta ahí. Ya no podía avanzar más.

Jean sabía que el muchacho necesitaría ayuda, pero por lo que había escuchado, el proporcionarle ayuda significaría ocasionarle más problemas. Severus estaba perdiendo el sentido.

– Snape... volveré enseguida, te lo juró, por favor. No te vayas a morir ¿si?.

La chica sabía que al menos debía intentarlo, después de todo, Snape le había salvado la vida.


Voldemort apuntó con su varita, al joven frente a él.

– Avada...

Harry miró a Lily. El rayo mortal la atravesaría antes a ella... Si le había afectado el Cruciatus quien sabe que efectos podría ocasionarle el Avada Kedravra si llegara a tocarla en ese estado.

– ... Kedravra

Harry saltó con una determinación inusitada para interceptar el rayo esmeralda antes que su madre... que irónico, pensó mientras veía acercársele, como en cámara lenta, el mortífero fogonazo...