DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:

Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse, decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más.
A consecuencia de esto, y aunado a la fuga de cuatro mortífagos al pasado; Harry viaja a 1975 donde obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Los tres mortífagos resultan ser Gregory Goyle (quien muere al llegar), Draco Malfoy, Theodore Nott y Blaise Zabini, los cuales lograron su viaje gracias a un artefacto guardado en un cofre antiguo.
Los tres mortífagos restantes se reúnen con su señor, quien valiéndose de artimañas, extrae información sobre su llegada y acontecimientos futuros.
Harry mientras tanto, va reencontrándose con sus padres y mentores, buscando regresar a los tres prófugos al futuro de donde provenían y proteger a Hogwarts del daño que éstos pudieran ocasionar.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:

La noche de Halloween de 1975 quedó en la memoria de todos los magos y brujas del Reino Unido por varias razones.
Esa noche, Diagon Alley, Hogsmeade, el Palacio de Buckingham, el puente de Londres y la casa del ministro muggle habían sido atacados por las fuerzas de Voldemort, quienes por fin se daban a conocer.
También esa noche, fecha en que se celebra el Samhain, Voldemort lleva a cabo un ritual; que mediante el sacrificio de siete de los niños muggles que secuestró, le permitió cercenar su alma en varias fracciones.
Lily presencia la ceremonia en su totalidad por medio de una visión.
Harry y su equipo por fin logran llegar frente a Voldemort, pero demasiado tarde para salvar las vidas de los siete niños. Estando ahí, logran derrotar a la mayoría de los heraldos teniendo en su equipo dos bajas.
Su compañera inefable, Scarlet, y el resto de los cadetes, huyen en busca de apoyo para detener al mago oscuro, mientras Harry herido y agotado por el uso excesivo de su magia, se enfrenta a Voldemort, ayudado por Lily.
Por otro lado, vemos como Severus Snape participa en el ataque a Hogsmeade, donde es sorprendido por Theresa Paltrow ayudando a una compañera de casa (Jean McPherson), que se encontraba en el pueblo por razones desconocidas.

Bajo Juramento
Capítulo XXV. Mortífagos

Harry cerró los ojos esperando el impacto, y sintió como si toda su vida pasara ante sus ojos en segundos: el eco del grito de su madre, su viaje en motocicleta en brazos de Hagrid, sus años con los Dursley, Ron y Hermione, la madriguera, Sirius, Remus, Ginny...

Lo siento... Ginny...

Lily vio como Jhastrom se levantó frente a ella, extendiendo los brazos. El profesor estaba tratando de protegerla.

No podía permitirlo, no después de lo de todos esos niños, no él... ¡NO ÉL!

Lily saltó hacia su profesor, sintiendo una fuerza desmesurada en sus extremidades. Lo último que percibió fue el fogonazo de luz verde delante de sus párpados cerrados.

El rayo se estrelló contra el pecho de Harry, sin embargo una fuerza extraña, una energía blanca poderosísima envolvió el glauco conjuro, despidiendo, al muchacho y a la tremenda maldición en direcciones distintas.

El Avada Kedravra impactó con fuerza en el piso de la cueva, estremeciendo la montaña desde su base. Varias rocas se desprendieron desde el techo, sendas grietas se abrieron en el piso y rayos de luces verdes recorrieron toda la estancia y se extendieron hacia los boquetes que la rodeaban. Lord Voldermort pudo divisar varias fracturas en las barreras que rodeaban su guarida.


– ¡REDUCTO! – Scarlet apuntó desde la entrada a la cueva hacia el centro del claro, levantando una polvareda, detrás de la cual comenzaron a enviar maldiciones mortíferas sus atacantes.

– ¡LARGÉNSE AHORA! – gritó a los cadetes, que detrás de ella, salían de la montaña rumbo a los arbustos.

Un estruendo cimbro el piso desde el interior de la montaña, tirando a todos las personas al piso.

Sterne y Moody sintieron como un viento los impulsaba hacia delante, el cielo se quebró en pedazos ante sus ojos: las barreras anti-aparición habían caído junto con aquel estruendo. Ambos aurores desaparecieron con el eco de los últimos pedazos de la barrera.

¡Qué rayos fue eso!, pensó Scarlet mientras se arrastraba detrás de una roca a guarecerse de los ataques.

No iba a marcharse dejando al chico solo con el mago blanco.

Alguien tosía a su derecha. Faaborg se había quedado a cubrirle la espalda... Pequeño idiota...


Sterne y Moody se aparecieron en una de las callejuelas de Francia.

– ¡Dónde está Faaborg! – gritó Sterne aún sosteniendo a un debilitado Moody.

– Sé quedó a ayudar a los inefables, ahora, activa tu traslador de emergencia – dijo con voz entrecortada.

Y ambos aurores desaparecieron de Francia, llegando a una de las oficinas del Departamento de Seguridad Mágica.

Ahí todo estaba hecho un caos.

Una vez que los cadetes llegaron, lanzaron la alarma. Al principio nadie les creyó, hasta que uno de ellos (Moody), mostró el prendedor que les había dado la inefable.

Scrimgeour ya había visto esos prendedores anteriormente, eran una especie de código para los inefables. Alastor avanzó con decisión hacia el ascensor y oprimió el botón de emergencia para trasladarse al noveno piso.

Si nadie quería ayudarles ahí, iría a donde sí les harían caso.

Rufus de inmediato lanzó un código rojo, y tomó el rastreador que llevaba en la mano Sterne.


Jean se deslizaba silenciosamente por los pasillos del castillo. Había estado a punto de ser descubierta varias veces debido a la estricta vigilancia a la que era sometido el castillo.

Cuando llegó por fin a su sala común, descubrió que la mayoría de los miembros de su casa, se encontraban despiertos. Su jefa de casa, se encontraba frente a la chimenea, narrando con lujo de detalles las hazañas que había llevado a cabo en la villa aledaña.

Hacia el fondo, en una de las sillas con cojines, descubrió a Bellatrix Black, quien le dirigió una mirada burlona. Esa tipa la había engañado para que fuera a la villa durante el ataque. Bella se le acercó presuntuosa, aún más de lo usual, y le susurró en el oído.

– Que... "gusto" que no hayas muerto en Hogsmeade... sangre sucia – Jean se apartó de ella dando un paso hacia atrás. Black le dirigió una sonrisa falsa y caminó hacia los dormitorios.


– ¡LILY! – gritó James agitando a la chica entre sus brazos.

Minerva lo apartó con un hechizo, mientras Poppy lanzaba varios hechizos sobre el cuerpo inerte de la muchacha. Hacía sólo unos minutos, la muchacha se había agitado bajo el influjo de una maldición, después se había quedado quieta respirando entrecortadamente.

De súbito, la chica había abierto lo ojos y los había cerrado, dejando de respirar y perdiendo el poco color que le quedaba en la cara.

Ahora Poppy intentaba reanimarla. Después de varios minutos en ardua labor, la sanadora había logrado estabilizar a la muchacha. Lily estaba en coma.


Varias rocas comenzaron a flotar una vez que el temblor cesó. Voldemort se levantó después de disipar con un movimiento de su varita la polvareda levantada por el choque de la maldición contra el chico.

Ese era un extraño efecto de la maldición sobre alguien. Al parecer el muchacho había sido un mago de cuidado.

Con sus ojos exploró la ya derruida sala del trono, no había señales del sujeto.

El estruendo había desmantelado todos sus hechizos defensivos. Lo mejor sería abandonar el escondite por una nueva fortaleza más digna de su nuevo estado.

Lord Voldemort atrajo el cuerpo de una de las mujeres de negro.

Imbéciles, así que las habían dejado con vida. El lord sonrió, peor para ellos. – Enervate – la mujer despertó desorientada, al verse a los pies de su amo se inclinó. Voldemort le sonrió complacido, al menos no olvidaba su lugar.

– El brazo, Justine – la mujer extendió su brazo izquierdo, sin poder ocultar la expresión de adoración en su rostro.

Voldemort colocó la varita en la marca que adornaba el brazo de la muchacha.

– Y no te olvides de las otras.

Voldemort avanzó entre los escombros hacia donde calculaba estaban los otros dos viajeros. Mientras Justine despertaba a las otras muchachas de negro.

El lord elevó las rocas, y descubrió, aún bajo el influjo del hechizo de aquel sujeto, a uno de sus secuaces. Theodore Nott miró al señor oscuro con cierto alivio.

Voldemort miró hacia atrás, al ver que no era observado por las mujeres se inclinó junto a Nott. – Tú sabes de la caída de Lord Voldemort. Pero esta vez será diferente... – el mago oscuro sonrió malignamente – Y no habrá nadie que pueda decir lo contrario.

Voldemort se apartó y avanzó hacia un boquete, con su varita se hizo una herida en la palma de la mano y lo salpicó de sangre, el boquete reflejó la salida de la cueva, justo detrás de donde Faaborg y Scarlet se ocultaban y lanzaban maldiciones hacia los mortífagos.

– Crucio – dijo casi aburrido el señor oscuro. El cuerpo de Faaborg se deslizó en agonía sobre la roca que lo guarecía. Scarlet volteo conmocionada hacia la entrada, pero fue lanzada por Voldemort hacia donde se encontraban sus seguidores. – Ustedes – dijo señalando a los cuatro primeros hombres que la rodearon –, diviértanse. Los demás: D'Aosta ha sido comprometido. Repliéguense, los contactaré cuando todo esté listo.

Lord Voldemort esperó a que sus hombres se inclinaran y desparecieran en el aire. Después empujó al desfalleciente Faaborg hacia donde estaba la inefable y desapareció, despedido por los gritos de los aurores torturados.

Justo entonces aparecieron dos equipos del ministerio, sometiendo con varios hechizos a los secuaces que torturaban a la los oficiales. Casi al mismo tiempo, aparecieron siete magos, envueltos en trajes que les velaban el rostro: inefables.

Barty Crouch, enviado bajo comisión explícita de jefe de Departamento, se inclinó junto al estudiante.

– ¿Auror, se encuentra bien? – dijo preocupado.

– Sáquelo de aquí – dijo Scarlet tratándose de poner de pie, pero fallando en el intento – Ese niño ya no puede más... "Estamos muy ocupados..." – empezó, fingiendo la voz de la persona que la había atendido ayer por la noche – "no es posible proporcionarle un equipo élite" – la chica escupió, Crouch la ayudó a ponerse de pie –. Es posible que hayan arruinado más de dos misiones gracias a su incompetencia.

Una voz camuflajeada salió de uno de los inefables – ¿Su alfa?

– Adentro, seguramente está muerto – dijo la chica con un dejo de tristeza y culpabilidad.


El eco de una roca deslizándose, resonó por las paredes de piedra de la antigua sala del trono del señor oscuro. Una mano herida salió desde las rocas desprendidas, seguida del cuerpo de un muchacho en muy mal estado. Harry jadeaba mientras se arrastraba lejos de los escombros que le oprimían el pecho.

¿Dónde estoy?, pensó mientras sus ojos recorrían el lugar en oscuridad total. El chico comenzó a palpar las rocas bajo sus pies buscando su varita.

– Lumos – susurró y tosió por el polvo que no terminaba de dispersarse. Harry recorrió con la mirada la gruta de piedra. Poco a poco fue recordando los acontecimientos que lo habían llevado hasta ese momento...

¡MAMÁ!, Harry empezó a voltear hacia todos lados. Agotado, se puso de pie con trabajo y vertió más potencia a su hechizo de iluminación. – ¿Lily? – reverberó su voz por la gruta, sin encontrar respuesta.

¿Qué había pasado aquí?... Un fuerte dolor le invadió el pecho, cortándole la respiración. Harry cayó de rodillas jadeando, la fuerza en su hechizo de iluminación se vio fuertemente mermada.

Tan fácil hubiera sido conjurar una roca frente a ambos... pensó el chico después de recuperar un poco las fuerzas. Siguió buscando a su madre con la mirada en la penumbra de aquella oquedad. Pura y bendita suerte le habían salvado la vida... o tal vez...

– ¡LILY! – gritó y su eco rebotó en las rocas, denotando su desesperación.

Ojalá que su madre se hubiera despertado... ¿Cómo demonios había vuelto a sobrevivir?

Un nuevo ruido se escuchó. Harry se levantó y con ayuda de un bastón que acababa de crear, comienzó a dirigirse hacia donde escuchó las rocas desplazarse... ¿y si se trataba de Voldemort?

Zabini se había despertado, pero aún seguía herido por la caída que había sufrido. Sin contar las heridas causadas por la explosión de la maldición imperdonable.

– ¡Incárcero! – gritó Harry y también aprisionó al mortífago en cuerdas invisibles.

Blaise comenzó a revolverse tratando de liberarse. Harry llegó hasta donde estaba y lo pateó con fuerza. Era tiempo de saber que había sido de los otros niños.

– ¿Qué hicieron con los niños Zabini? – dijo Harry con la mandíbula apretada, apuntándole con la varita que otra vez iluminaba la caverna. Blaise abrió los ojos sorprendido.

Esa voz, pensó... – Pooo-tterrrr – dijo con una voz grave, como si le costará hablar.

Así que lo había reconocido... – ¡Dónde están! – gritó Harry, ahora colocando su varita en el cuello del mortífago. Blaise comenzó a respirar ruidosamente, como gruñendo. Harry podía percibir como la temperatura a su alrededor disminuía un poco.

Ahora que lo veía de cerca, Harry analizó los cambios en el cuerpo de Blaise. El mortífago tenía heridas que no podían provenir de su batalla o de los escombros y la palidez de su rostro era terrible. Se le veía flaco y desnutrido, como si él hubiera sido prisionero y torturado por muchos días. ¿Acaso Voldemort los había torturado para sacarles información?... Después se lo preguntaría

– ¡ZABINI NO VOY A REPETIRLO! – dijo presionando, tenía que encontrarlos a como diera lugar.

Un gruñido... no... ¡Se reía!, Blaise Zabini había comenzado a carcajearse. ¿Es que había perdido la razón?

Una mirada llena de locura enmarcó su rostro marmóreo y lacerado – Caaaa-taaaa-cuuuummm- baaaassssss – dijo a media lengua... ¿por qué era que le costaba hablar?

Fuertes luces y ruidos de aparición hicieron girar a Harry, varias varitas le apuntaban... ¿mortífagos?

– ¿Scout? – dijo una voz desde las luces... ¿Thurston? – Desgraciado sigues con vida... ¿qué demonios pasó aquí? – siguió la voz de la inefable, que ahora se aproximaba cojeando hacia donde estaba Harry.

Y a pesar de que lo que había dicho parecía reproche, Harry no pudo evitar notar una cara de alivio en su compañera, quien le ayudaba a ponerse de pie, dándole un fuerte abrazo. La chica al darse cuenta del daño que le hacía, puso el brazo de Harry sobre su hombro y le tendió una poción anestésica.

Los otros aurores e inefables encendieron varias flamas alrededor de la estancia, la cual quedó iluminada en su totalidad. Harry recorrió la sala buscando el espectro de su madre, pero para su preocupación seguía sin aparecer...

– ¿Y esos dos? – dijo apuntando a Zabini que tenía una macabra sonrisa en el rostro. Esa actitud no auguraba nada bueno.

– Arréstalos – dijo Harry cansado y le dirigió una mirada significativa a la inefable, quien asintió. Scarlet le hizo señas a dos de los inefables que iban en la comitiva y ambos desaparecieron con los dos mortífagos del futuro.

– ¡Hey! – llegó una voz del otro extremo – ¡Esos dos son nuestros, hay que interrogarlos!

Harry frunció el ceño, conocía esa voz. El muchacho se soltó de la inefable y conjeando se plantó frente a Bartemius Crouch, quien le miraba desafiante.

Harry sin embargo, le devolvió una mirada llena de firmeza, haciendo que Barty retrocediera. Aunque su compañera se preguntó si había sido sólo su mirada o el aspecto tétrico que mostraba.

– ¡Registren todo! – agregó Crouch incómodo, distribuyendo a los aurores por los diferentes pasadizos.

Mientras los oficiales se ocupaban, algunos inefables reunían los restos de los niños, según instrucciones de Harry. Mientras tanto, él revisaba todas la entradas, tratando de sentir alguna señal de ocultamiento mágico. La magia se sentía con más intensidad en uno de los extremos que iba atravesando Crouch. Al parecer se dirigían hacia el mismo lugar.

Harry hizo una seña y rengueando entro por el umbral de la caverna, seguido por el resto de los inefables.

Para cuando alcanzaron al grupo de aurores, estos se encontraban inspeccionando una oquedad, de un tamaño considerable, quizá no tan grande como la sala del trono.

Harry cojeó directo hacia donde sentía la mayor cantidad de magia concentrada, palpando suavemente sobre la superficie de la roca. Barty lo miraba dudosamente y hasta con burla¿qué podía detectar un chiquillo que sus hombres pasaran por alto?

Harry murmuró varios hechizos y la porción de roca sobre la que había colocado su mano desapareció, revelando unas angostas escaleras desde donde subía mucha humedad y un olor desagradable.


El fuego de Hogsmeade terminó antes de que ocasionara daños de gravedad. Dumbledore paseaba por las calles, examinando todas las pistas que pudieran conducirlo hacia los causantes de esto. Y su búsqueda había sido bastante fructífera.

En especial por lo que había encontrado al llegar a una de las avenidas del oeste. Al parecer las personas que había tratado de huir en esa dirección, habían sido aturdidas en lugar de asesinadas como en las demás salidas.

Intrigado, Albus había inspeccionado las calles aledañas, hasta que llegó a un angosto callejón, donde divisó señas de lucha. Albus notó que alguien había sido arrastrado hacia la avenida de donde provenía y también, vio, gracias a la luz que emitía su varita, una máscara blanca con restos de sangre.

Una máscara igual a la que habían vestido los atacantes que había detenido gracias a su magia.

Albus levantó la máscara para verla más de cerca, al menos no estaba hechizada. Un fogonazo escarlata le indicó la aparición de su querido Fawkes, quien se posó en su brazo extendido. Así que es una emergencia... pensó Albus al desaparecer junto con el fénix en una llamarada que iluminó todo el callejón.


Los inefables toman bastante tiempo, pensó Crouch mientras los seguía por la escalera que había encontrado Harry.

Ojala hubieran dejado que su escuadrón se hiciera cargo de explorar esta parte de la montaña. No entendía como permitían que chicos en ese estado, meditaba mirando hacia donde Harry caminaba, liderarán la misión. ¡Podría tratarse de una trampa! Y ya habían perdido a muy buenos hombres en una sola noche...

Desde ahí alcanzaba a divisar una puerta. El muchacho de enfrente (¡qué horrible herida llevaba en el pecho!), estaba haciendo otra vez conjuros extraños... ¿qué no se suponía que aquella explosión había desmantelado todas las barreras a los alrededores?... También estaba el misterio de que era lo que había ocasionado semejante fenómeno.

¿Gemidos?, pensó Crouch, quien no podía creer que hubiera prisioneros. Pero... no tenemos reportes de desapariciones...

Al fin... el chico había abierto la puerta; la cual rechinó con fuerza, al parecer no se abría con mucha frecuencia.

Dos inefables atravesaron el umbral. Ya era hora. Bartemius hizo una señal de alerta a los aurores que lo seguían.

Los inefables se habían detenido abruptamente. Un grito ahogado, esa había sido la mujer del frente.

Barty empujó a los dos inefables que quedaban en la escalera. ¡Qué es ese olor!, pensó cubriéndose el rostro y atravesando el umbral de la puerta...

Nada lo prepararía nunca para aceptar lo que estaba mirando...

Frente a la comitiva se encontraban el resto de los niños que habían sido secuestrados en Glasgow. Una tercera parte con vida, debido a un alo que les rodeaba.

Había restos de rejas dispersos por todas las catacumbas, charcos de sangre coagulada y fresca, vómito y otros fluidos corporales que se mezclaban a sus pies y se extendían sobre las paredes. Y dentro de las celdas, colgados con los hombros dislocados se encontraban varios niños, los que estaban con vida, gimiendo observando sus vísceras que colgaban desde sus estómagos abiertos.

Otros en el piso, con laceraciones y quemaduras, los ojos vacíos...

Todos con vida, cuando debían haber muerto por sus padecimientos. Sólo magia negra podía mantenerlos con vida en ese estado tan deplorable.

Uno de los aurores detrás de él había dispuesto de la cena junto a la puerta.

– ¡Ahhhh! – gritó Scarlet cayendo angustiada sobre uno de los charcos de sangre.

– ¡Sáquenla de aquí! – gritó Barty horrorizado, sin poder hacer nada. No sabía como deshacer semejante atrocidad.

El joven de adelante cojeó con rapidez hacia las criaturas y les acarició la cabeza al tiempo que susurraba los hechizos que liberaban sus almas de tan terrible sufrimiento.

Sólo otro de los inefables había salido de su estupor para ayudarle.

Esta era la peor de las torturas...


Theresa lanzó chispas hacia el techo de la sala común. Ya había sido suficiente, tanto ruido seguro atraería la atención del director. Los alumnos de slytherin comenzaron a subir mientras comentaban lo acontecido.

Jean se aseguró que ninguno de sus compañeros la observara y, antes de que su jefa de casa desapareciera por la puerta de la sala común, se le acercó.

– McPherson – le dijo fríamente como siempre.

– Profesora... Snape todavía no regresa...

La astrónoma siguió avanzando hacia la entrada – No te preocupes, pronto sabrás de él – y sonriendo maliciosamente desapareció detrás de la puerta.

Eso no había sido de mucha ayuda.

– Ve con Jhastrom – le dijo una voz detrás de ella.

Jean giró sorprendida, estaba segura de que no quedaba nadie. Regulus la miraba con su tez pálida y su semblante inquieto. – Es el único que puede ayudar a Snape.

Y es que Regulus era de esas personas que era fácil de pasar por alto.

La chica asintió nerviosa y lo vio desparecer rumbo a los dormitorios de chicos.


Mientras los dos inefables terminaban con la maldición sobre los niños, Crouch fue recorriendo las demás celdas, buscando alguna pista. Curando su impotencia.

Un silencio espectral se extendió por toda la gruta, los inefables había terminado. Apenas podía escuchar los sollozos de la inefable que llegaban desde la oquedad superior.

No le sorprendería que se hubiera vuelto loca.

De hecho no se sentía muy cuerdo él mismo, después de ver semejante espectáculo. Crouch estaba por llegar a las últimas celdas.

Barty trastabilló al pisar algo blando, asustado apuntó con su varita hacia el piso...

Un brazo carcomido.

Casi con temor movió la varita, apuntando hacia un lado... no era lo único.

Su varita calló al suelo, y el último destello de luz que emitió antes de apagarse se reflejó en las pupilas del rostro mordisqueado que se encontraba frente a él.


Dumbledore se levantó con trabajos de la chimenea, los retratos de los directores anteriores lo inspeccionaban con atención.

Así que, otra vez comenzaba. Hacia meses que aparecían señales, pero nunca pensó que sucedería algo como esto.

Dumbledore se lamentó mientras se sentaba detrás de su escritorio de roble.

– ¿Dumbledore?... – llegó un murmullo desde la chimenea. Más malas noticias, pensó el anciano director.

– ¿Cómo está ministro? – dijo Dumbledore al reconocer el pálido rostro de Millicent Bagnold, la ministro de magia.

– Oh, Dumbledore... como es de esperarse, después de tan terribles noticias, terribles... – dijo la mujer acongojada. – Una ola de violencia, pero antes que nada... ¿cómo va todo en Hogwarts, los chicos están bien?

Dumbledore pensó en su visita a la enfermería. No podía quitar de su mente a la pequeña Lily Evans, que había sido atacada por una extraña maldición. Tan rara que Dumbledore no había sabido que hacer para ayudarla. Justo ahora, la señora Pomfrey hacía los preparativos para trasladarla a San Mungo, aunque él dudaba que pudieran hacer algo más que Poppy.

– Todo está en calma. No fuimos atacados. Los heridos en Hogsmeade ya fueron atendidos, Poppy espera su traslado a San Mungo, donde concluirán su tratamiento.

– Dios... Dumbledore ¿por qué pasó todo esto?... Y la marca en el cielo, Dumbledore... la viste...

– ¿Marca? – dijo el Director, acercándose más a la chimenea – ¿Qué marca?

– Supongo que no les diste tiempo para que la crearán – agregó compungida la ministro y continúo –, es un cráneo humano que abre la boca y deja salir una serpiente, todo de color verde... Albus... ¿qué significa esa marca?


Los aurores que regresaron de Italia, tenían las peores expresiones que había visto Rufus en toda la noche. Y eso ya era mucho.

Con semblante abatido y derrotado, uno a uno iba saliendo de la habitación de traslado, el último fue Barty.

– ¿Barty, estás bien? – dijo Rufus acercándose a Crouch. Quien llevaba una sombra en sus ojos.

– Es atroz, Rufus. – dijo recargándose en la pared, llevándose la mano al rostro – Me alegro que no hayas ido. Los cadetes... como pudieron enviarlos ahí... Dos muertos... y los niños... por Dios...

Scrimgeour no podía creerlo, se le había quebrado la voz. Pero... – ¿Qué niños, de qué hablas Barty?.

– Los inefables iban en una misión de rescate... fue demasiado tarde. ¿Declararon Sterne, Faaborg y Moody? – dijo con una expresión acongojada el auror.

– Si Bart. ¿Por qué la pregunta?

– Los atraparé yo mismo – dijo con cambiando su semblante – Los haré pagar... malditos... mortífagos.

– ¿Mortífagos, de dónde sacas eso? – dijo Rufus poniéndole una mano en el hombro. Mientras Barty recordaba los restos carcomidos que había encontrado al fondo de las celdas.

– Es mejor que no lo sepas Rufus... pero créeme, no hay un nombre más apropiado para designarlos.


Un portazo distrajo a la señora Pomfrey, un grito ahogado. Esa sonó como Minerva.

Al parecer alguien más venía de Hogsmeade. Poppy Pomfrey tomó su varita con energía... y casi la suelta de la impresión.

Sosteniéndose apenas de pie, en el umbral de la puerta de la enfermería, se encontraba el profesor de Defensa. Harry presentaba terribles laceraciones y heridas en todo su cuerpo, su rostro. ¡Y el pecho, qué demonios le había pasado a este hombre!

– ¡Profesor, por Dios! – Poppy se acercó a él y le ayudó a entrar a la enfermería. Seguida de Minerva que por fin había salido de su estupor.

James escuchó todo el escándalo detrás de la cortina que rodeaba la cama de Lily. Intrigado corrió la pantalla y descubrió a Jhastrom, sostenido por la señora Pomfrey, dirigiéndose a la cama contigua.

Harry, atraído por el sonido de la tela descubrió a James al pie de una de las camas. Se tensó de inmediato... ¿acaso estaba herido?

Además todavía tenía que buscar a Lily en Gryffindor.

La cama estaba ocupada... sería que...

Harry apartó a la señora Pomfrey y avanzó hacia donde estaba James, quien le miraba estupefacto, con una expresión entre dolor y pena.

– Profesor, no creo que...

Harry terminó de correr la cortina. Ahí estaba su madre y no se veía nada bien. Con manos temblorosas sacó su varita y al sentarse en la cama, comenzó a revisar a la chica.

Estaba con vida.

El alma le volvió al cuerpo... pero¿por qué estaba en ese estado?.

– Profesor, por favor. No se si esté capacitado para atender esta maldición, pero ahora no es el momento – dijo la enfermera parada a unos metros de él. Harry apretó con fuerza la herida de su pecho, que aún manaba sangre mientras con la otra hondeaba la varita sobre el cuerpo inerte de su madre.

James contempló a Harry estupefacto. Claramente se veía que el hombre no estaba bien, apenas había podido llegar a la cama, y aún así intentaba ayudar a Lily.

James jamás había sentido tanta gratitud hacia nadie.

Harry tocó con su varita la cama, y esta se dobló, imitando una cama de hospital muggle, hasta que Lily quedó en una posición casi sentada.

– Profesor, no me obligue – dijo la enfermera empuñando su varita, pero cuando dio un paso hacia la cama chocó con un escudo que la rodeaba – ¡Profesor basta, quite esto de inmediato!

James también se acercó, pero fue repelido por la barrera¿qué tenía pensado hacer ese tipo?. Al menos quería poder ayudarle.

Harry puso su mano sobre la de Lily y se lamentó por no haberlo descubierto antes. Sin tan sólo hubiera hecho estas revisiones antes de partir a Italia... Todo indicaba que el día que había ido a edificar las barreras en casa de sus abuelos, él y su madre había formado una especie de vínculo.

Tendría que revisar la mente de Lily para saber que clase de vínculo era y como deshacerlo. Él tenía que ser capaz de enfrentar a Voldemort en igualdad de condiciones... Y no estaba dispuesto a que su madre actuara como escudo para él una vez más.

Harry colocó ambas manos en la cabeza de su madre, abriéndole los ojos con delicadeza. Y con legeremancia exploró cuidadosamente su mente.

Poppy, Minerva y James miraban hacia Jhastrom preocupados, esperando que donde había fallado la sanadora, triunfara un experto en defensa contra las artes oscuras.

Después de unos minutos Harry se separó de su madre, y volvió a colocar sus manos sobre las de ella.

Lo que había encontrado lo sorprendía bastante, pues al parecer la mente de Lily se encontraba en blanco. Y a menos de que la chica supiera Oclumancia (lo cual era imposible), significaba que la mente de Lily se encontraba en otro lado... por decirlo de otra manera.

Harry tocó la cicatriz de su pecho. ¿Sería un efecto de la maldición mal ejecutada?, acaso su madre estaba...

No podía contemplarlo, las consecuencias serían catastróficas... Además, aún estaba ahí... ¿Y si ese vínculo que habían forjado había permitido que la esencia de su madre no hubiera desaparecido?

Sólo había una forma de averiguarlo.

Harry colocó sus manos junto al rostro de su madre suavemente y cerró sus ojos tocando su frente con la de ella. Después de un rato entró en un estado de meditación, si no podía explorar el vínculo entre su madre y él desde la mente de ella, aún podía hacerlo desde su propia mente.

Y por segunda vez esa noche, Harry se rodeo de un ligero alo verde, que esta vez se extendió hasta rodear el cuerpo de la chica.