DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.

RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse, decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más.
A consecuencia de esto, y aunado a la fuga de algunos mortífagos al pasado; Harry viaja a 1975 donde obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Estos mortífagos resultan ser Gregory Goyle (quien muere al llegar), Draco Malfoy, Theodore Nott y Blaise Zabini, los cuales lograron su viaje gracias una reliquia en una urna: el caldero de Arawn.
Los tres mortífagos restantes se reúnen con su señor, quien valiéndose de artimañas, extrae información sobre su llegada y acontecimientos futuros.
Una vez que Voldemort conoce la existencia caldero de Arawn, planea ejecutar uno de los rituales en el día del Samhain, mismo que le permitiría crear la cantidad de horrocruxes que había planeado, para lo cual, secuestra a varios niños muggles.
Harry mientras tanto, averigua parte de los planes de Voldemort por medio de sus visiones, mismas que también experimenta su madre, sin recordar su contenido.
Así pues, llega el día del ritual, el cual se lleva a cabo con éxito. Voldemort sacrifica a los 7 niños más fuertes de los que secuestró y deja el resto para los mortífagos del futuro, quienes los asesinan de una manera atroz.

RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Voldemort lanza un Avada Kedravra contra Harry. Debido a ciertas circunstancias, el hechizo rebota y destruye las barreras que tenía el cuartel de Voldemort, facilitando el escape de dos de los cadetes hacia el Ministerio de magia.
El mago oscuro, al ver el estado en el que queda su guarida dispersa a sus servidores.
Así pues, se inicia la búsqueda de los niños que faltaban, encontrando la desagradable sorpresa de que todos ellos fueron asesinados. Crouch, uno de los aurores que acudieron a atender a la llamada auxilio, designa a la organización de Voldemort como mortífagos, debido al estado en que encontraron a los niños de las celdas.
Dumbledore, mientras tanto, encuentra la máscara de mortífago de Snape. Quien, por otro lado, aún se encuentra escondido en uno de los pasadizos que llevan a Hogsmeade, mientras Jean busca ayuda para él. Regulus Black, quien se acerca a la chica después de intuir que ella buscaba ayuda para Snape, le dice que sólo Jhastrom puede hacerlo.
Una vez encontrados los restos de los niños, Harry regresa a Hogwarts, encontrando a su madre en la enfermería. Decidido, el mago intenta ayudarla y descubre que las visiones que experimentaba la chica eran ocasionadas a un fuerte vínculo que compartía con él. Además, Harry se da cuenta de que la mente de la joven había abandonado su cuerpo, presuntamente por efecto de la maldición malograda.

Bajo Juramento
Capítulo XXVI. Lo agradable es bueno

Nada... no había nada alrededor. Ninguna señal, nada.

¿Cómo podría volver a casa si no había nada que le indicará el camino?

Lily Evans llevaba mucho rato avanzando por ese espacio oscuro, con sólo la idea de volver a casa. Era lo único que sabía.

Desde que había despertado en ese misterioso lugar sólo había tenido la urgencia de volver a Hogwarts, aunque ignoraba el camino. Y así, había avanzado lo que a ella le parecían horas.

El eco de sus pasos resonaba en la nada y un alo de color verde, que desde hacía un rato había aparecido en el "cielo", era lo único que la había acompañado.

– ¿Quién eres tú? – dijo una voz a su espalda. Era la de un chiquillo de cabello azabache alborotado, con unos enormes ojos verdes que brillaban detrás de sus anteojos.

Nunca había visto un niño más hermoso. Y seguro esa calidez que sentía desde que lo había visto se debía a la ternura que le inspiraba tan inocente criatura.

Lily se acercó al niño y se inclinó frente a él. – Soy Lily Evans¿y tú como te llamas?

– Harry... – contestó tímido el niñito – ¿Éstas perdida?

Lily se extrañó por la pregunta, pues ella iba a formulársela al chiquillo. Sólo asintió con la cabeza.

– El hombre grande dijo que te llevará con él si te veía. Dijo que él podía ayudarte. Vamos. – el niño le tendió su mano a la muchacha, quien confundida se la estrechó

Lily y el pequeño Harry caminaron juntos un buen rato mientras el niño tarareaba un canción.

– Harry¿tú papá fue quien te dijo que me llevarás con él? – dijo Lily haciéndole la plática, a lo mejor a una persona adulta si podía preguntarle donde estaba su casa.

– No – dijo el niño que caminaba tomándola de la mano –, ese fue el hombre grande.

– ¿Y tus papás? – preguntó Lily viéndolo con atención. El chico se detuvo y le dirigió una mirada llena de ternura, después siguió caminando, jalándola para que no se quedará atrás.

Los reflejos esmeraldas sobre la nada en la que caminaban, se hacían más grandes. Desde abajo se veían hermosos, como aurora boreal.

– Llegamos – dijo el pequeño Harry soltándola de la mano y corriendo hacia atrás con las mejillas encendidas – Cuídate mucho mami – dijo volteando a ver a Lily que lo miró paralizada – y salúdame a papá.

– Espera... ¡Harry! – gritó ella al ver que el niño desaparecía en la penumbra de aquel espacio

– Él esta bien Lily, no tengas miedo. – Lily miró al frente y se encontró con el profesor Jhastrom, quien le tendía su mano rodeada del brillo de la aurora que ahora los rodeaba a ambos – Lamento mucho que hayas tenido que sufrir esta noche. Si hubiera sabido...

Jhastrom calló y miró hacia abajo, se veía muy apenado. Lily se acercó a él, aún cuando su profesor era mayor que ella siempre le había despertado cierta simpatía.

Pero antes de que ella se acercará a mostrarle que no lo culpaba por nada, él le había sonreído, con esa sonrisa triste con la que siempre la miraba a ella y a los demás Gryffindors del séptimo año, y le tendía su mano para que la tomara.

– Yo te llevaré a casa

Y cuando ella tomó su mano, una rara tibieza y tranquilidad le inundaron el pecho. Y en esa atmósfera de armonía y paz, fue recordando los sueños que había tenido durante los últimos meses, con el mago en el trono y la profesora Paltrow postrada a sus pies... el mismo mago que había asesinado a los niños frente a sus ojos.

Y a su lado, al igual que la terrible tristeza que sentía por no poder hacer nada por los niños, sintió la dulzura y la decisión del profesor, que la protegían y le aseguraban que no volvería a tener esos terribles sueños si ella confiaba en él.

También vio cuando su profesor se colocó estoico frente a la maldición que lanzaba el mago, que ahora sabía era la maldición asesina. Observó también como ella había entrado en el cuerpo de su profesor y entendió que ambos, en su afán de proteger al otro, habían erigido un escudo mágico que había repelido el hechizo, dejándole a él una terrible cicatriz en el pecho.

Y se dejo llevar... se sintió caer desde un lugar muy alto, pero no tuvo miedo, pues el alo esmeralda que la rodeaba la tranquilizaba con un suave murmullo: la misma canción que tarareaba el pequeño Harry, quien ahora había desaparecido en la oscuridad en la que había estado caminando.

Lily suspiró profundamente y sintió como su cuerpo se inflamaba, como si saliera de la pesadez de haber nadado por horas y horas con una sola bocanada de aire.

Ella abrió los ojos y sintió un líquido caliente que le resbalaba de la frente por la nariz. Su mirada se encontró otra vez, con la triste sonrisa del profesor de Defensa, que la contemplaba con expresión de alivio.

– ¡LILY! – gritó alguien a su derecha, golpeando un muro invisible alrededor de su cama.

– ¿James? – dijo ella confundida mirando hacia donde estaba James Potter, junto con la profesora McGonagall, la señora Pomfrey y el profesor Dumbledore.

– ¿Estás bien? – gritó él detrás del muro. Ella limpió con su mano la sangre que le resbalaba de la frente... pero ella no estaba herida, lo que significaba que...

Jhastrom limpió con el dorso de su mano el hilillo de sangre que se resbalaba desde su frente y que, a los pocos minutos volvía a brotar debajo de la banda negra que llevaba desde la fiesta.

El muro se dispersó y los tres profesores se acercaron a la cama, aunque no antes que James, quien abrazó con fuerza a Lily completamente aliviado.

La señora Pomfrey apartó a James de un jalón y comenzó a revisar a la muchacha, encontrándola sólo un poco agotada. Y considerando lo acontecido hacia unas horas, era una recuperación sorprendente.

Harry abandonó la cama con mucho trabajo y tambaleante se perfiló a la cama contigua que parecía invitarle a descansar.

James observó como rengueaba el profesor tratando de alcanzar la otra cama y justo a punto de llegar, observó que Jhastrom se llevó la mano al pecho y perdió el paso. Sin embargo, casi a punto de caer, Dumbledore lo sostuvo firme mientras le miraba con agradecimiento y respeto.

Y entonces, James deseo ser tan grande como ese profesor, para poder ver reflejada esa mirada de admiración en aquel rostro venerable.


Jean se paró afuera del salón de Defensa y golpeo tímidamente la puerta de roble. Después de un rato se maldijo mentalmente, por supuesto que no estaría en el salón a estas horas de la noche. Pero no sabía donde más buscarlo.

– ¿Por qué no vas a la enfermería? – dijo una voz dulzona desde el final del pasillo.

Los pasos amortiguados por unas pantuflas de lana se acercaron a la puerta sobre la que se recargaba Jean. Ya antes había visto a la mocosa, y la bufanda de Gryffindor no hacia mas que comprobar sus sospechas, aunque era difícil reconocerla sin aquellos lentes de fondo de botella.

Aunque su aspecto era engañoso, Sybill se movía con una elegancia y gracia inusual. Nunca la había visto comportarse así en los pasillos, mas bien se le figura torpe e infantil, como todos los demás alumnos de primero.

– Bueno... ¿y qué estás esperando? – dijo envolviendo la larga chalina que llevaba sobre la bata – Si te demoras más lo encontrarás dormido.

Jean se le quedó mirando sorprendida y dio dos pasos hacia atrás sin perderla de vista. Había algo extraño con esa niña... algo... inusual.


– Profesor... yo... puedo explicarlo – dijo Harry una vez que Dumbledore le terminó de acomodarle la almohada.

Dumbledore se limito con sonreírle paternalmente, después le miró con un poco de reproche – Creí que ya habíamos quedado en que me llamarías Albus, Ray.

Harry se sonrojo un poco incómodo.

– Mañana hablaremos, ahora necesitas descansar. Y Poppy está ansiosa por revisarte desde hace un buen rato.

Apenas se retiró Dumbledore, la enfermera lo atacó con varios hechizos que de inmediato curaron sus heridas más leves. Lily seguía con la mirada cada uno de los movimientos de la profesora desde la cama contigua, mientras Minerva iba y venía con varias pociones que había tenido que beber según indicaciones de la enfermera.


La puerta de la enfermería se abrió, dibujando un haz de luz en el suelo del pasillo de piedra, mientras Minerva McGonagall y James Potter abandonaban la enfermería más tranquilos y felices que hacía unas horas.

Cuando ambos se perdieron en las penumbras del pasillo, Poppy Pomfrey cerró con suavidad la puerta de la enfermería y agotada partió hacia una de las puertas laterales, rogando por no volver a encontrar una herida como la que acababa de atender.

Había necesitado de todos sus conocimientos y pericia para lograr cicatrizarla y había tenido que decirle a Ray que esta... peculiar cicatriz, nunca desaparecería.

Lo curioso es que el profesor sólo se había limitado a sonreírle y le había agradecido por todo el esfuerzo que había invertido en atenderlo.

Mientras afuera de la enfermería, una pequeña sombra observaba los juegos de luz y sombras que se filtraban desde las orillas de la enfermería y sólo cuando está quedo en una total oscuridad se atrevió a cruzar la puerta, caminando sigilosamente entre las camas, buscando al profesor.

Finalmente en una de las últimas camas se encontraba Jhastrom, pálido como la cera y cubierto de vendajes ligeramente ensangrentados.

La chica se quedó parada al pie de la cama sin saber que hacer. Jhastrom estaba herido. No se atrevía a despertarlo y existía la posibilidad de que aunque lo intentará no funcionara pues podría estar bajo el influjo de una poción para dormir.

La slytherin bajo la mirada desesperada, mientras sentía como se le humedecían las pestañas y apagaba sus sollozos mordiéndose los labios. ¡Severus necesitaba ayuda y ella no podía hacer nada!

Una mano tibia se posó en su hombro sorprendiéndola, mientras otra le tapó la boca, ahogando su grito de estupefacción.

– Lo siento – susurró quedamente Harry con dulzura –, no quería asustarte ¿Te encuentras bien? – prosiguió preocupado al notar unos raspones y tierra en la túnica de la muchacha.

Jean asintió y le tomó la mano a su profesor, mientras se acercaba a él, desviando la mirada alrededor de toda la enfermería. – Por favor, tiene que ayudarlo... nadie más puede... sólo usted – susurró aún más bajo que el con la voz entrecortada y una mirada llena de ansiedad.

– Tranquila, haré lo que pueda. Pero dime¿quién necesita ayuda?


Sus manos temblaban en intervalos irregulares, mientras con trabajos apretujaba la túnica que había tenido que vestir contra su cuerpo, era lo único que lo cubría del fuerte viento de otoño que se colaba por el largo y angosto pasillo que había usado para entrar al castillo.

El sudor frío se le resbalaba por las sienes, mientras su largo y grasiento pelo se le pegaba al cuello húmedo por la fiebre que padecía desde hacia unas horas.

Había sido un tonto en confiar en ella. Debería haber salido de aquel lugar en cuanto se marchó la pequeña entrometida. Ahora era demasiado tarde, ya sabía que nadie se preocuparía por Severus Snape, nadie nunca lo hacía, que le había hecho creer que la mocosa sería diferente a todos los demás.

Ya no podía moverse, seguro moriría por los efectos de la tortura a la que lo había sometido Paltrow. Su único consuelo era que su Señor seguro la castigaría, porque gracias a ella había perdido a su futuro maestro de pociones, pensó mientras una amarga sonrisa se dibujaba en su rostro.

El amplio cristal se corrió de repente, iluminando el angosto pasillo donde se encontraba postrado con su tímida luz. Seguramente era Filch, todo había terminado... al parecer el destino no quería cumplirle su venganza.

Tal vez no moriría hoy, pero seguro sería expulsado y jamás se convertiría en el maestro de pociones que necesitaba su Señor, lo cual seguramente lo llevaría a su muerte a manos del propio Voldemort.

– Snape... – dijo una voz varonil, como aguantando un terrible dolor – ¿puedes ponerte de pie, muchacho?

Severus abrió los ojos desmesuradamente ante él, inclinado y cubierto por una pijama del hospital se encontraba Jhastrom, cuyos ojos reflejaban un gran esfuerzo por la posición que había adoptado al querer acercarse a él.

Los ojos del joven Slytherin se llenaron de lágrimas sin saber porque, mientras tendía sus manos temblorosas a la única persona que le había demostrado compasión en casi una década.


Trasladar a Snape al despacho había sido más difícil de lo que había pensado. Por suerte, la niña no había querido marcharse como él se lo había solicitado.

Jean había resultado ser de gran ayuda para ambos pues a la mitad del trayecto le habían fallado sus fuerzas y casi había caído por la escalera de no ser por ella.

Ahora la chica le ayudaba a atender las lesiones menos graves de Severus. Mientras que él, curaba entrepausadamente, las lesiones más graves. Era un alivio haber tomado aquel entrenamiento en sanación durante la academia.

Una vez que la chica concluyó, se sentó en el sofá contemplándolos con ojos muy abiertos, tratando de ayudarles lo más posible. Mientras Harry le tendía varias pociones al muchacho para que las bebiera desvó la mirada hacia la muchacha, que comenzaba a cabecear en el sofá.

– Duerma un poco – le dijo Jhastrom, mientras arrastraba con dificultad una de las sillas frente a su escritorio y la colocaba junto al sillón en el que Severus se encontraba recostado.

Después de un rato, Severus desvió la mirada hacia el sofá junto a la chimenea, donde estaba dormida la mocosa, rendida seguramente, después de pasar por tantas emociones durante la última noche.

El chico sabía que ya nada sería igual para él después de no haber sido defraudado una vez más. Snape miró confundido una de las vendas que le cubrían su mano, una venda que ella había colocado con sumo cuidado.

– Toma – dijo Harry tendiéndole una taza con damiana y sauco – Te ayudará a conciliar el sueño.

Snape lo observó en silencio, Harry se había sentado a su lado y ahora leía un montón de pergaminos que había colocado en un buró junto al sofá. Severus dio un gran trago a la bebida tibia que sostenía entre ambos manos, tenía que borrar esos sentimientos tan confusos de su mente, con lo cansado que estaba la damiana seguro le afectaría como una caliente infusión de jengibre.


Una vez que Snape entró en un sueño profundo, Harry despertó a la otra chica y le ayudó con las pequeñas heridas que llevaba. Habría deseado llevarlos a ambos con la enfermera, pero eso implicaba dar más explicaciones de las que estaba dispuesto a inventar. Bastante tenía que explicar ya, como para agregar más cosas que decirle a Dumbledore.

Harry insistió en que ambos durmieran en su despacho por aquella noche. Principalmente por lo que Jean le había dicho sobre Paltrow, de quien por cierto, tendría que encargarse antes de que hiciera algo peor.

Alguien tocó con suavidad la puerta de su despacho. Seguramente Pomfrey se había dado cuenta de que había abandonado la enfermería. Tendría que haberla hechizado antes de partir.

Para su sorpresa no era la señora Pomfrey quien llamaba a la puerta, sino la pequeña Sybill quien estaba ahí parada con una expresión contrariada que se le acentuaba ahora que no llevaba sus enormes anteojos.

– Ya me tenías preocupada, sino hubiera sido por la emperatriz... Lo que hiciste fue muy peligroso.

Harry miró extrañado a la pequeña Sybill, ya antes había hablado con este tono dulzón y extraño con él. Algo raro pasaba con la pequeña Trelawney, algo que no había notado en su persona adulta años después. Un brillo extraño en sus pupilas verdes, un brillo azul que no había notado antes...

– ¿Quién eres tú realmente?