Aja, retrasada y ni me molestaré en decir excusas. Estoy dispersa por culpa de la universidad y ni siquiera he podido terminar la segunda parte de "Una Historia de Amor", a la que sólo le faltan dos o tres capítulos (la vida es triste) ni un ONE-SHOT que tengo preparado, ni el capítulo pendiente de Girasoles y eso me enferma. Como sea, aquí está. Recibí un R&R diciéndome (saludos para ti, gracias por dejarlo!), aparte de cosas bonitas (muy apreciadas n.n), que no se entendió bien ciertos sucesos del capítulo 2. Básicamente, y respondiendo a tu pregunta, Itachi convirtió a Sasuke. Estaban en casa de Deidara, encerrados en una habitación desocupada. Discutían por el asunto de que "Hermano, creí por años que estabas muerto, sufrí y pasé por cosas indecibles sólo por eso, tú pudiste haberlo evitado pero decidiste no decirme nada y ahora resulta que tienes algo con el maestro de Naruto". Si yo fuera Sasuke, creo que habría reaccionado también así. El hecho importante es que, como TODOS sabemos, Sasuke tiene problemas, está loco, etc., etc., y tenía intenciones de matarlo. Aquí explico un poco más pero hay que darle crédito, es decir, se creía solo solito en este mundo y de pronto resulta que no. Bizarro, por eso es que tiene problemas.

Bien, ya, eso es todo. Besos, abrazos, reverencias a aquellas personas maravillosas que dejan R&R y un gracias a todos los que leen. Aquí va el tercero. El cuarto está casi terminado y el quinto... será el último!!!

Misiones

-Maldita vampiresa, desgraciados sean todos los de su especie...

Itachi alzó una ceja.

-¡¿Qué?! Tengo derecho a quejarme. Es decir, mira, esto es ridículo. ¡Más que ridículo, es patético!

Las quejas de Deidara se extendieron por otro rato más pero no hizo nada por interrumpirlas. Si bien no eran aptas para niños e iban dirigidas directamente a los vampiros a él no le incomodaba. Se había acostumbrado. Lo que era más, formaban parte de Deidara y Deidara...

Bueno, no lo cambiaría por nada en el mundo.

Puso en marcha el motor, encendió el aire acondicionado y el reproductor de música a un volumen bajo para que el otro pudiera hablar (quejarse) tranquilamente.

Esa mañana todo había ido bien. Deidara lo despidió con un fogoso beso. Él se fue con Sasuke en la espalda para pasar el día en su casa, tenía intenciones de hablar con calma. Naruto seguía dormido cuando Sasuke deshizo el abrazo en el que estaban sobre el sofá. Tuvieron una larga conversación hasta que Sasuke no pudo más y se durmió en sus brazos. No durmió aquel día.

Recibió una llamada a eso de las siete de la noche. Interrumpió su tarea de acariciar el rostro de Sasuke (ya su cabello, sus brazos y su nuca estaban cubiertos) para contestar a un molesto, muy molesto Deidara. Gritaba que alguien estaba en problemas, que todos (¿quiénes?) eran unos idiotas y que al primer momento libre, darían uso a la cama. Naruto gritó algo de fondo que sonó a "¡Pervertido!" pero no estuvo muy seguro, seguía ensimismado con su hermanito y la idea de la cama.

Ah, sí, Naruto-kun. Buen chico. Realmente le debía mucho, incluso sin conocerlo. Mantuvo viva el alma de Sasuke todo ese tiempo. Tenía cierta semejanza con Deidara, por eso le parecía irónico que su hermano se hubiera enamorado de él.

Lástima que la noticia de que él, Itachi, y Deidara tenían algo le hubiera afectado tanto. No era por la diferencia de especies, no parecía importarle en lo más mínimo. Daba la impresión de que se sentía más bien dolido. ¿Como si Deidara traicionara su confianza? Algo por el estilo.

Aquellos fueron momentos muy incómodos, Naruto descubriendo un lado oculto de su maestro, su maestro viéndose descubierto y en la tarea de protegerlo a él, él procurando mantener un bajo perfil al tiempo que evitaba que su hermano menor lo matara. Sasuke enloquecido tratando de pasar sobre un indeciso Naruto con claras intenciones de matarlo (no tenía muy claro el por qué. ¿De nuevo la confianza? Deidara hizo mención de unos asesinatos particularmente brutales. ¿Sasuke lo culparía por ellos en su alteración?).

Pero ahora conocía a Naruto-kun, qué agradable chico, tenía a su hermano en más amplios sentidos y podía intentar vivir en paz (o lo que fuera) junto a Deidara.

El problema...

El problema es que Naruto convenció a Deidara de decirle a Tsunade en vista de que uno de sus mejores hombres pues... Había sido convertido en lo que cazaba.

Tsunade, por lo que supo y vio, enloqueció por completo. Demandó ver a todos los involucrados, gritó durante horas (qué garganta, qué aguante, había que ver que era vampireza) y destrozó todo lo que tenía a mano, incluso lo que no.

Cerca de cuatro de la mañana, se sentó en su escritorio, en apariencia serena, y empezó a hablar. Los tres humanos en el cuarto (los dos rubios y esa chica que de la Deidara hablaba a veces.

-Un trato.

¿Era una broma? Él, para ser tan joven, tenía una fuerza equiparable a un vampiro de cien años sin problema alguno. Podía hacer lo que le viniera en gana sin la autoridad de nadie. De todas maneras, escuchó.

Oh.

Tsunade quería que trabajaran para ella. Una gran adquisición, así los llamó. Nadie debía saberlo, obviamente. Ellos aceptaron, Sasuke por sus deseos de vengarse de Orochimaru, Itachi por lo mismo, ambos por los deseos (ciegos, tontos y acertados) de estar con esapersona y por exclusiva parte de Itachi, ocio.

No tenía nada qué hacer y era una excusa para estar con Deidara, le pagarían a este el doble, eso lo haría el doble de feliz y, en teoría, todo sería perfecto.

Tsunade le dio sangre a Sasuke antes del amanecer y los invitó a dormir en cierto lugar muy oscuro. De regreso al departamento de Deidara por la noche, el rubio lo esperaba ansioso. Delicioso también sería un buen adjetivo.

Esa misma noche, Tsunade les asignó su primera misión. Deidara no parecía para nada feliz, tal como mostraba ahora en el auto. Pero de eso hacía un tiempo, tal vez un mes a lo mucho. Tsunade estaba tan encantada (no enojada) que los llamó una noche para una misión clase S.

-Necromancia. Al menos, eso creemos. La necromancia es una ciencia antigua, maldita también, usada por pueblos ancestrales con la finalidad de traer de vuelta a los muertos. Se usaban sus mismos cuerpos, la mayoría embalsamados, y allí se anclaba el alma. Un gran número de cadáveres desapareció hace unos días. No es la primera vez que pasa. Lo ignoramos al principio pero nuestros agentes encontraron pruebas de que se usó magia. Quiero que los busquen y descubran quién es el necromante, porqué lo hace y lo traigan ante mí.

La mujer sabía cómo dar órdenes, eso era seguro.

Ahora estaban de camino a otra ciudad para encargarse de esa misión. Condujo a velocidad vertiginosa, llegó a eso de las diez u once de la noche y subieron juntos a la habitación. Era muy bonita, con una decoración neoclásica exquisito.

Podría acostumbrarse a eso, sin duda alguna.

Deiadra se desvistió hasta quedar en ropa interior, se metió en las sábanas y fingió dormir (cuando dormía, respiraba suave y largamente, tenía los músculos relajados y el pulso normal, en esos instantes, nada de eso pasaba). Cerraron las cortinas (Tsunade había sido muy específica en cuanto al cuarto, equipado con pesadas cortinas oscuras y vidrios ahumados perfectos para vampiros.

Pasó la noche observándolo, leyendo y hablando por teléfono con su hermano.

A las seis y media de la mañana, en vez de ocupar la otra cama individual (un mensaje oculto cortesía de la vampiresa: "Trabajen, no jueguen"), se metió en las sábanas de Deidara, quien se movió hasta quedar sobre él. Despertó a las seis de la tarde, hambriento. Deidara no estaba. Tampoco el auto ni su abrigo.

Se encargó de saciar su sed. Después empezaría a buscarlo. Por su olor, único y delicioso, sería sencillo descubrir dónde estaba, aún en esa gran ciudad.

-Debo darme prisa... Ka-chan y tou-chan me van a reprender.

Apuró el paso, el sol ya se había ocultado tras las altas montañas, las luces de la calle se habían encendido y en el cielo brillaban las estrellas. Abrazó con fuerza la bolsa contra su pecho, sonriendo pícaramente. No se había dado cuenta de lo tarde que era pero al menos había podido comprar los fuegos artificiales que tanto quería. Su ka-chan le prohibió hacerlo pero ahorró dinero las últimas dos semanas para eso. Las escondería de su padres y luego, cuando nadie lo viera, jugaría con ellos.

Adoraba los fuegos artificiales; en año nuevo y verano siempre se trepaba de los árboles o en la espalda de su tou-chan para verlos. Ka-chan decía que eran muy peligrosos y que no debía jugar con ellos. No importaba. ¡Él sería cuidadoso! Además, era el doble de divertido por estar ocultándolos. Si bien no compró dulces durante todo ese tiempo, valía la pena si podía jugar como quería.

Dobló en la esquina y divisó su casa. Pensó que era extraño que no hubiera nadie en las calles por allí pero no le dio importancia, tenía hambre, frío, deberes de historia pesando en su espalda y la tarea de esconder muy bien los cohetes. Cruzó la cerca del jardín que su abuela cuidaba con tanto esmero, saltó juguetonamente en un pie las piedras que hacían un caminito hasta la puerta de entrada y tropezó golpeándose la cabeza en la puerta.

-Itai, mataku, hum... –sobó su cabeza, sujetando con cuidado la bolsa llena de fuegos pirotécnicos con el brazo libre. Miró confundido las ventanas, todas a oscuras, de su casa-. Qué extraño. Ka-chan no mencionó nada de salir hoy, tou-chan ya debió haber llegado y las luces de la habitación de baa-chan están apagadas...

Frunciendo los labios, abrió la puerta, asomando tímidamente la cabeza. Estaba muy oscuro y lo único que veía era las sombras sin forma de los muebles. Tampoco se escuchaba nada.

-¿Ka-chan, tou-chan, baa-chan, dónde están, hum? –llamó, pasando saliva con dificultad. Tenía un mal presentimiento. Normalmente, escucharía música, gritos, risas y conversaciones pero ni siquiera había alguna luz.

Dejó de respirar, sintiendo el pánico adueñarse de su cuerpo, la sangre volviéndose hielo y un grito atorado en su garganta. No quería darle crédito a sus ojos porque simplemente sería admitir que su familia estaba muerta, allí frente a él.

-No...

Entonces, las sombras cobraron vida y forma ante sus ojos, transformándose en cuerpos humanos de ojos rojos, macabras sonrisas adornadas con sangre y palidez extrema. ¿Qué eran y qué habían hecho con sus padres y su abuela? Retrocedió un paso, luego otro y su espalda chocó con la puerta. Las personas rieron con sorna y crueldad y el más pálido de ellos se acercó.

-Vaya, vaya. Qué criatura tan hermosa. ¿Eres un niño o una niña? –la sonrisa se ensanchó hasta convertirse en una mueca lujuriosa y asquerosa que erizó por completo al pequeño, cuyo labio inferior temblaba ante sus ganas de llorar-. Bueno, supongo que no importa realmente. Me divertiré contigo de todas formas.

-Jefe, déjenos a nosotros también. Estas escorias no fueron para nada entretenidas. La anciana tenía un sabor desagradable y ese niño se ve realmente delicioso –rió una figura robusta, pateando distraídamente el bulto muerto que era su abuela.

-Baa-chan... –musitó encogiéndose. Las tres figuras se retorcieron de la risa.

-¿Estás asustado, delicioso bocadillo? Ya sé, te molesta que los hayamos matado. ¿Es eso? –más risas. El niño apretó con fuerza los labios conteniendo las lágrimas y tomó un hondo respiro.

-¡Malditos, no se los perdonaré! –gritó, sorprendiendo a las tres personas, que soltaron otra sarta de carcajadas. De nuevo tragó saliva, apretó con más fuerza de la necesaria las cosas contra su pecho y gritó-: ¡Son pura basura, se van a arrepentir, hum!

-Vaya, se trata de un chiquillo valiente –dijo una seductora y femenina voz-. O muy idiota. ¿Sabes? Tu madre no fue para nada así. Gritó y chilló muy asustada por su vida, pero no funcionó. Dijo que algo de su hijo, entonces la maté.

-¡Perra, no sabes nada! ¡Deja de decir estupideces, hum!

-¡Maldito mocoso! ¿Me has llamado perra? Jefe, déjeme encargarme de él, cortaré su piel, se la arrancaré en trozos, luego lo quemaré y beberé lo poco que quede de su sangre. Pero antes de todo, le cortaré la lengua. ¡Así no hablarás de más!

Debía estar asustado, claro que sí, pero también estaba molesto, por lo que debía enfrentarlos. Iba a morir de todas formas, esos tipos olían a muerte, pero moriría como todo un hombre, habiendo peleado hasta el final.

-No, no. Es muy hermoso para eso. Me divertiré con él por un buen rato. Si sobra algo se los dejaré para que hagan lo que deseen.

-Jefe, qué cruel. ¡Yo también quiero hacerlo! –dijo el grandullón estúpidamente-. No vaya a ser tan duro con él, sino no será divertido.

-Tampoco vaya a matarlo. ¿Nos dejará ver?

-Bestias –gruñó mostrando los dientes, temblando contra su voluntad. Parpadeó rápidamente para apartar las lágrimas de sus ojos y ver a los asesinos de su familia con más claridad; ya se había acostumbrado un poco a la luz-. ¡Cómo creen que los dejaré, eh, estúpidos!

Se sobresaltó, apenas soltando un jadeo, cuando sintió el frío aliento viciado del hombre al que llamaban "Jefe" en su nuca. Tembló cuando las manos acariciaron su cuerpo por todas partes y apenas pudo girar un poco la cabeza y escupir un débil:

-Monstruo.

-Eres tan apetecible... Disfrutaré mucho contigo... La noche es joven, como tú.

-Yo era un niño tonto, hum –susurró a la nada, removiendo sin interés el vaso de whiskey en su mano. Los hielos produjeron un sonido curioso contra el cristal del vaso. Agachó un poco más la cabeza, ocultando parcialmente el rostro detrás de una cortina de cabello rubio.

-¿Qué desea? –escuchó preguntar al cantinero.

-Nada, muchas gracias –frunció el ceño, evitando moverse más. ¿Qué hacía allí? Por una vez, odió que sus sentidos fueran tan agudos como para localizarlo tan fácilmente, aún dentro de un lugar como ese bar, pub o lo que fuera; tan sucio y mal oliente. Aunque tenía buena atmósfera, había que destacar. Sasori pudo inculcarle cosas buenas, después de todo.

-¿Qué haces aquí? –preguntó después de un rato.

Itachi no respondió, logrando impacientarlo más.

-Supongo que la anciana no ha dado más información.

-No, no es eso –contestó con simpleza. Deidara lo miró de reojo; estaba tan imperturbable y maravilloso como siempre. El ruido de las conversaciones, el chirrido de las sillas arrastrándose por el piso y el tintinear de las fichas de un juego de cartas rompían con la tensión del momento. Ignoró por su propio bien las miradas lujuriosas que le lanzaban unas mujeres al vampiro a su lado y algunos hombres que confundían su propio aspecto. ¡Y eso que usaba la gabardina negra, que ocultaba formas! Ya qué. No estaba de humor así que lo dejaría pasar.

-¿Entonces qué demonios quieres? –soltó con cierta rudeza-. No tienes nada que hacer en un lugar como este, hum.

-Lo sé. Tú no me necesitas para nada. Pero de igual forma permaneceré contigo. Quiero hacerlo.

-Estúpido vampiro caprichoso, hum... Tú y él... ambos sabían cómo volverme loco –farfulló rascándose la nuca. Bebió un largo sorbo del licor antes de dejar el vaso con rudeza sobre la madera opaca de la barra-. Desde el principio...

Itachi contempló con interés la sombra que se cernió de pronto en la orbe azul (la única a la vista y también la única que tenía), inmersa en algún oscuro recuerdo demasiado doloroso como para admitirlo.

Deidara cayó de rodillas en un charco de sangre oscura y espesa, con las extremidades pesadas como plomo y los ojos... el único que tenía, mejor dicho, fijo y lloroso sobre la persona que descuartizaba en ese momento a la mujer vampiro. Vio y escuchó su cuerpo partirse en varios pedazos antes de caer en el suelo, llenándolo más de sangre.

Le dolía respirar, hasta mantenerse consciente era complicado.

El jefe de aquel trío se lanzó, herido como estaba, contra la imponente figura pelirroja parada con tranquilidad en medio de la sala, como si no estuviera rodeado de cadáveres ni manchado de sangre. Ladeó la cabeza, murmurando por lo bajo:

-No me hagas reír, insecto –con su mano destrozó el cráneo del otro vampiro sin dificultad alguna, sin siquiera parpadear-. Necesitarías cien años más para tan sólo considerar enfrentarme.

El olor a sangre y muerte era terrible e insoportable. Contuvo con dificultad las ganas de vomitar y en vez de eso se levantó como pudo, sosteniéndose de la puerta a su espalda. El vampiro de rizos pelirrojos se giró hacia él y caminó unos pasos. Con el corazón ensordeciéndole los oídos, el pequeño Deidara llenó de aire sus pulmones, apartó las lágrimas que nublaban su vista con una sacudida de su cabeza y enfrentó la mirada color miel del vampiro, cuyos ojos tenían un discreto brillo rojizo, a diferencia de los otros.

-¡No creas que seré una presa fácil! Pelearé, no importa qué tan duro sea, hum. Ellos mataron a mi familia, pero yo no moriré. ¡Ni siquiera intentes hacer algo, lo sabré!

El vampiro salvó el espacio entre ellos con rápidos pero relajados pasos. Se agachó frente a él y Deidara contuvo el impulso de cerrar los ojos y ponerse a llorar.

Con un nudo en la garganta, otro en el estómago y la desesperación sacudiendo su cuerpo con temblores llenó su pecho de aire, listo para recibir la muerte.

Una mano suave, más que cualquier cosa que él recordaba, acarició de pronto su mejilla húmeda y sucia. Una sutil sonrisa apareció en el rostro hermoso del vampiro, uno tan sublime que por unos segundos se detuvo a observarlo. Sobrepasando el mareo, el asco y el punzante dolor en su cabeza, una inmensa curiosidad.

-Me agradas niño, no le temes a la muerte.

-¡Claro que no! –exclamó con el pecho henchido de un valor que hasta ahora desconocía. Si bien era impulsivo, ruidoso y un tanto hosco con las personas, actuaba con demasiada valentía, aún para su propio bien. Los dedos que acariciaban cuidadosamente su rostro limpiaron sin muchos resultados la sangre que manchaba la mejilla izquierda. Hizo una mueca de dolor, llevándose una mano a la sien izquierda.

-Puedo ayudarte.

-Sé que no puedo recuperar mi ojo... Soy un niño pero no soy estúpido, hum.

-Eso es obvio. Ambas cosas... Pero puedo recomponer tu rostro. Al menos, no has perdido esa belleza tan explosiva.

-Qué raro eres...

-¿Te lo parece?

-Vámonos –Itachi se levantó con más gracia que él. Pasó una mano cansinamente por su cara, ligeramente desorientado-. Tú conduces.

-De acuerdo.

Deidara sabía que a Itachi le gustaba conducir. No por la alta velocidad que rallaba en lo suicida ni por los sofisticados asientos de cuero o porque el auto era de Tsunade y la adrenalina de saber que se podía estropear y acarrear la incontenible furia de la mujer. Itachi pisaba a fondo el acelerador, daba vertiginosos giros, derrapaba con maestría y se divertía porque sabía muy bien que Deidara no se asustaba para nada.

Ahora mismo el rubio estaba recostado tranquilamente del asiento, mirando por la ventana las luces de otros autos, edificios y farolas pasar con demasiada velocidad. Eran una mancha negra con líneas rojas (por las luces) que se confundía con el tráfico y la noche. Y a Deidara no le molestaba.

Siendo un humano, Itachi no prestaba mucho interés a la restricción de la velocidad a diferencia de amigos de la universidad, familia o citas. Era refrescante ver que Deidara volcara tal nivel de confianza en él. Cierta noche le preguntó, durante su primera misión como equipo, por qué no se asustaba, le gritaba que parase y se bajaba a trompicones para vomitar. A parte de hacer una mueca de desdén y asco, Deidara lanzó un bufido.

-No soy así... Y tengo la suficiente confianza en ti, tus reflejos y ojos como para no preocuparme. Por cierto, no vuelvas a mencionar la palabra "vomitar", hum. Qué asco.

-Destripas vampiros, "vuelas sesos" como dices y haces correr sangre. ¿Te disgusta "vomitar" y no la sangre?

-Ni siquiera me dignaré a contestar.

Deidara era terriblemente elocuente.

Estacionó en el aparcamiento del hotel donde se alojaban. El Cazador se bajó con torpeza y caminó a paso lento hacia la entrada del edificio. Mantuvo la cabeza gacha para que las luces incandescentes del recibidor no lo molestaran y se dejó guiar por la silenciosa presencia de Itachi hasta el elevador.

Mientras esperaba a que llegara, el vampiro fue a un lustroso mostrador al fondo del vestíbulo ricamente decorado, donde sostuvo una conversación con el baboso recepcionista que se había llevado una buena sorpresa al escucharlo hablar. Rió para sus adentros, nunca dejarían de confundirlo con una mujer...

Naruto sugirió una vez que se cortara el cabello. A la mañana siguiente apenas se podía mover de lo adolorido que estaba, nunca en su vida había hecho tantos ejercicios.

Escuchó el murmullo de los pasos de Itachi acercarse sobre las lozas de mármol del piso. Lo hacía adrede, él podía ser tan silencioso que ni sus pisadas se percibirían pero era una treta: si el objetivo que buscaban se alojaba en el mismo hotel o estuviera, dada la casualidad, allí creería que se trataba de un simple humano.

Claro, Itachi era todo menos simple... y humano.

-Sally ha enviado un recado –dijo entrando al ascensor junto a él-. Piso nueve, por favor.

-Por supuesto, señor –respondió el ascensorista.

Se hicieron hacia atrás para dejar espacio a una mujer ataviada de joyas en apariencia caras y un vestido ejecutivo, una pareja y un botones con varias maletas. Deidara arrugó la boca en señal de molestia cuando la música de los altavoces empezó a sonar. Separó los labios apenas un centímetro y susurró tan bajo que sólo Itachi pudo escucharlo decir:

-Odio la música de ascensor.

Las personas dentro de la cabina miraron a todos lados buscando la fuente de un sonido que nada parecía tener que ver con la música. Sonriendo satisfecho, Deidara se reservó el derecho de conocer la risa de Itachi. Bajaron en su piso, donde Itachi lo tomó sorpresivamente de la mano. Discretamente miró sobre su hombro cómo la mujer de las joyas miraba lascivamente a su acompañante. La mano de Itachi se posó dulce y tentativa sobre su cintura y él rió divertido por la cara de sorpresa de la mujer.

-Ella sabe que eres un hombre.

Rió con más ganas, apegándose al duro cuerpo de Itachi justo cuando se cerraron las puertas del ascensor.

-Y dicen que los Uchiha no tienen sentido del humor, hum.

-Oh, tenemos mucho más que eso, créeme.

Mordió su labio. Por todos los Dioses, vaya comentario agudo. Pasaron en silencio a la habitación con una pequeña cocina, un comedor y una sala de estar con varios sofás, todo decorado a un estilo muy parisino. Esperó en silencio a que Itachi terminara de revisar, a base del olfato y el oído, el lugar, en busca de dispositivos electrónicos o la evidencia de que alguien había entrado.

-Despejado –soltó su mano, permitiéndole a Deidara sentarse pesadamente sobre el primer sofá que encontró a su paso, sin quitarse las pesadas botas de cuero negro con hebillas de plata. Eran de sus favoritas, sobre todo por el compartimiento en la suela que escondía un muy útil cuchillo de poderoso filo.

-De todas formas, aun si saben que estamos tras ellos no podemos confiarnos.

-¿Eso te lo enseñó tu Danna?

-Y algo de experiencias propias, hum. Bien, ¿qué nos dice Sally? –preguntó jugando con un cubo rompecabezas de seis colores parcialmente ordenado, refiriéndose al sobrenombre en clave de Shizune.

-Mañana debemos visitar una funeraria. Al parecer hay un contacto que... –pero el otro no lo dejó terminar, levantando la cabeza rápido y olvidando por completo el juguete.

-¡Funeraria! Qué espanto. Esperaba nunca volver a visitar un lugar como ese, hum.

-¿Malas experiencias?

-Hace tiempo, durante una asignación, descubrí que hay cosos que se toman eso de los ataúdes muy en serio. Fue realmente engorroso, hum. Sobre todo cuando ese... cadáver cayó sobre mí. La abuela estaba muy enojada, sobre todo por la cuenta de daños colaterales. Ahí se fue un mes de mi sueldo... Fue una suerte que Danna me enseñara los beneficios del ahorro y lo útiles que pueden ser los bancos. Oh, continúa, por favor, hum.

-Por supuesto –elevó una pequeña hoja de papel doblada para seguir leyendo-. Decía, hay un contacto importante que tiene información interesante.

-Con contacto te refieres a...

-Un artificio, sí –asintió, tomando asiento frente a él con elegancia-. Un periodista independiente visitará mañana la funeraria para hablar con el encargado, un tal Aburame Shino, para hablar acerca de la preocupante desaparición de los cuerpos. En privado, por supuesto. Su cliente, Suitengu-sama, ha pedido esta entrevista ante la consternación que despertó en él y desea hacer lo que esté en su mano para prevenir otra situación similar.

-¿Suitengu? –graznó Deidara, repentinamente divertido-. Iruka-san es toda una caja de sorpresas, hum.

-Podría decirse.

-¿Crees que ese tal Aburame sepa algo? –preguntó regresando con el cubo, hundiéndose todavía más en el asiento. Itachi lo miró por un segundo antes de ladear la cabeza en contemplación.

-Ya veremos. Según el mensaje, es además un patólogo forense que ofrece el servicio de autopsia dentro de todo lo demás.

-¿Qué clase de enfermo malgastaría su vida entre muertos?

-Deidara...

-¡Deja de mirarme así! Sabes a lo que me refiero. Y a menos que ese hombre le tire a la necrofilia dudo que la pase tan bien como yo.

-Si fuera tan sólo ligeramente parecido a Naruto-kun, te haría saber lo mucho que me gustaría olvidar semejante comentario.

-Pareces sacado de un libro del siglo pasado... –musitó Deidara, parando de reír ruidosamente. Todo gesto de sonrisa desapareció de su semblante, el cual adquirió más edad de pronto. Recostó la cabeza de su propio hombro, logrando que el cabello se deslizara por su cuello y hombros, arrancando destellos dorados de la luz de los candelabros de oro falso (descaradamente falso)-. Sin embargo... jamás pareces fuera de lugar, al contrario, eres mucho más perfecto que lo que te rodea.

Ágilmente Itachi se puso en pie y rodeó la mesa de café en medio del recibidor para plantarse de rodillas frente a él. Vio el destello verdoso producto de la luz en sus pupilas cerúleas, repentinamente vacías y opacas. Aferró una de sus manos entre las suyas, con tal dulzura que una fugaz mueca de dolor parpadeó en el rostro de Deidara.

-¿Te sientes perdido, es eso?

-Siempre sabes muy bien qué decir, hum... aunque no quiera escucharlo.

Cerró los ojos un segundo, percibiendo el sutil aroma que despedía la piel de Itachi cada vez más cerca, hasta sentir los labios helados contra su sien.

Sasori parpadeó dos veces, en apariencia divertido. Las comisuras de su boca se elevaron un par de milímetros pero Deidara, estando tan cerca en ese momento, pudo percibirlo, así como ese extraño perfume que se sobreponía a la sangre.

-Mucho muy raro... ¿Explosiva, has dicho? Me gusta como suena. Se escucha... fuerte.

-¿Quieres ser fuerte?

-¿Puedes ayudarme con ello?

El vampiro sonrió abiertamente, mostrando dos largos colmillos, brillantes como el diamante.

-Sí.

-Muy bien entonces. Soy Deidara, hum. ¿Tienes nombre?

-Me dicen Akasuna no Sasori.

-Sasori no Danna.

-¿Danna?

-Itachi... –suspiró, volviendo a refugiar su orbe tras los párpados, formando una gruesa línea alrededor de ella a causa de los tatuajes. Daba la impresión de tener pestañas demasiado largas-. Yo... no lo sé. Nunca encajé en ningún lugar. Sólo con él y... contigo.

Mordió fuertemente su labio inferior con los labios, los dedos de Itachi viajando dulcemente sobre la piel, logrando que ardiera allí donde había tocado. Su boca bajó hasta hundirse en su cuello. Tragó saliva, con el constante golpeteo de su propio corazón ensordeciéndole los tímpanos.

-¿Qué puedo hacer por ti? ¿Será suficiente? Deidara.

-No mueras.

La funeraria Aburame estaba cerca de las afueras de la ciudad, las casas y comercios a su alrededor eran más discretos y pequeños y habían más árboles. Deidara acomodó sus lentes de sol sobre el puente de la nariz, echando en falta como nunca la presencia tranquilizadora (para él, ese vampiro era demasiado intimidante para los demás) de Itachi.

Cruzó el patio de la casona de apariencia tétrica subiendo el cuello de su gabardina negra y escondiendo las manos en los bolsillos. Esperó a que abrieran la puerta principal, buscando en los alrededores algo de aspecto sospechoso que pudiera ser una pista.

-¿En qué puedo ayudarle? –preguntó un hombre de gafas oscuras. Deidara arqueó una ceja. Si bien era raro que él mismo usara unas con el cielo encapotado de nubes grises, que amenazaban con pronta tormenta, era peor usarlas dentro de una casa que a leguas se notaba sombría... literalmente. Él tenía dolor de cabeza, no resaca. Aquel hombre... ¿Sería ciego?

-Buenos días, busco a Aburame-san.

-¿Quién es usted? –preguntó imperturbable. Ahora Itachi probaría ser útil... Comprimió la desagradable punzada en su estómago al evocar su recuerdo. Se obligó a no pensar en él (no demasiado) para enfocarse en su misión.

-Soy Byakuya Hikari –nombres falsos. ¿Qué sería del mundo sin ellos?-. Vine para una entrevista concertada por Suitengu-sama. ¿Es usted Aburame Shino?

El entrecejo del hombre se relajó y se apartó para dejarlo pasar. Asintió tras su cuello de tortuga, cerrando la puerta.

-Así es. Ha llegado diez minutos tarde.

-Eh, sí, bien. Me he perdido, no conozco la ciudad, sabe.

-No, no sabía.

Eso estaba empezando a ponerse cada vez más raro. Ni qué decir de lo espantoso que resultaba controlar su tic al hablar. Suspiró, ocultando una mueca desdeñosa para seguir al hombre hasta una habitación apenas más iluminada, con un par de sillones de tapicería monocromática, una mesa de té, un escritorio y un librero de la misma madera, tallados con igual diseño. El hombre le ofreció asiento mientras buscaba té. Se quitó la bufanda y los anteojos, observando la estancia de manera escrupulosa, sin perder detalle.

Con una pequeña cámara que cabía perfectamente en su bolsillo tomó fotografías del escritorio y el librero, teniendo unos segundos para guardarla sin que el hombre se percatara de ella. Se detuvo en el marco de la puerta, con una bandeja y un juego de té, frunciendo el ceño de nuevo.

-¿Ocurre algo, Aburame-san? –preguntó inocentemente.

-Veo que le ha interesado mi colección de libros.

-Oh, tiene buenos títulos. Gracias –tomó la taza y sirvió dos cucharadas de azúcar.

-Es extraño ver a alguien con semejantes gustos. Y agradable, por supuesto. Permítame mostrarle esta guía de momificación moderna, es bastante gráfica.

-Ya puedo verlo –aquella iba a ser una mañana larga.

-¿Qué es lo que desea saber con exactitud? –preguntó Aburame Shino luego de treinta minutos, sentándose frente a Deidara tras haber regresado a su lugar en la estantería una guía de traumas post-mortem. Agradeciendo tener estómago para eso, Deidara se acomodó en el sillón, sacando una grabadora que encendió y colocó en la mesa.

-Primero: ¿qué tenían en común las... los cuerpos que fueron... usurpados?

-Extraña pregunta para un artículo de protesta.

-Es rutinaria, no se preocupe.

-Ya veo. En ese caso... Todos eran hombres de aproximadamente treinta años de edad, con excelente condición física y salud. En vida, obviamente. Sin embargo... Oh. No puedo darle una lista de nombres o detalles demasiado precisos.

-Está bien, me basta información rudimentaria. Continúe, por favor.

-De acuerdo. Era muy sanos, sin embargo, se les detectó un principio de cáncer.

-¿Cáncer? Espere un momento –Deidara achicó los ojos, enderezándose en su asiento-. Escuché que todos habían muerto en ese accidente ferroviario.

-Así es –soltó tranquilamente Shino, en el mismo tono monótono que al principio.

-No me estará diciendo que todos fueron diagnosticados de cáncer. Las probabilidades son...

-Son nulas. Lo sé.

-¿Entonces, qué sugiere?

Por primera vez Deidara notó cómo los labios de Shino se curvaban en una especie de sonrisa. Y no le gustó.

-Ese maniaco es tan... ¡maniático! –exclamó con molestia Deidara. Itachi lo siguió con la mirada en su paseo constante por la alcoba.

-Estás redundando.

-¡No me importa! Tú no lo viviste, hum. Vaya loco. ¡Tiene una colección inmensa de libros sobre momificación, embalsamamiento, traumatismos y otro cientos de cosas de muerte!

-Vampiros.

-¡No me lo eches en cara! Yo los aniquilo. Él se entretiene con ellos. ¡Tiene una guía excesivamente gráfica de heridas post-mortem, hum! Ese hombre necesita una vida... ¡Deja de mirarme así!

-¿Has descubierto algo? –aquello pareció apaciguar el humor de Deidara, que asintió y se acercó a él, entregándole la pequeña cámara y la grabadora.

-Aparte de lo que está aquí, sus expresiones faciales son típicas de alguien raro. Cree que se trata de una conspiración de alguna agencia internacional. No cree en la magia negra, es obvio que la ciencia es todo para él, hum. Tiene teorías sobre darle vida a los cuerpos y cadáveres a un modo puramente Frankestein. Dudo que sea él. De todas formas, tú dime qué puedes sacar de estas grabaciones. Más tarde revisaré las fotografías en la computadora en caso de que algo se te pase... No me mires así. Itachi –llamó luego de un rato.

El vampiro no levantó la mirada de la cámara pero ladeó la cabeza hacia él.

-¿Sí?

-Cuando regresemos... Vamos a ver una película, hum. La que desees.

Por fin, lo miró. Asintió, sonriéndole apenas.

-Por supuesto, Deidara, eso me gustaría mucho.

Y la precaria sonrisa en el rostro del rubio fue más que suficiente para él.

-Debemos revisar las cintas de grabación de las cámaras seguridad que vi dentro del... ¿Cómo se llama? –suspiró, buscando lucidez a sus pensamientos. La habitación era únicamente iluminada por las lámparas de las mesas de noches, pues las pesadas cortinas cubrían las ventanas. Seguramente pronto anochecería-. Bueno, de ése cuarto lúgubre y desagradable donde hacen autopsias, hum. Quiero que intentes captar cualquier sonido extraño.

-Sub e infrasonidos –Deidara hizo un sonidito como ronroneo, acomodándose más en el pecho de Itachi-. Iré a investigar esta noche. A diferencia de ti, no tengo huellas que dejar ni sonidos que me delaten.

-¿Es eso un eufemismo? –con un bufido divertido se irguió, sentándose a horcajadas sobre su vientre, lanzándole una mirada divertida y retadora. Las manos de Itachi se cerraron firmemente sobre sus caderas, disfrutando de la visión de su rostro socarrón contorneado por largos mechones rubios. La sonrisa se ensanchó traviesa e Itachi pudo ver venir una de las divertidas discusiones que había aprendido a amar.

-¿Te ha molestado? Últimamente he sentido un cambio en tu humor. Te has mostrado más... sensible.

-¡¿Sensible?! Atrevido. Tus comentario son suficientemente agudos como para molestar a cualquiera. Y yo no me molesto ni mucho menos soy sensible.

-Tal parece que ahora mismo he herido tu –acarició unos segundos por sobre la tela de sus pantalones, escuchándolo dar un respingo, sin separar los ojos de los azules, que brillaban divertidos- orgullo.

-Soy un artista pero eso no me hace sensible, hum.

-Es cuestión de opiniones.

-Dime: ¿por qué tenemos esta conversación?

-Adoras mis comentarios agudos –sosteniéndose de los hombros del vampiro, Deidara se inclinó hasta estar muy juntos.

-Eres insoportable.

-Estás mejor –el rubio apretó los labios pensativamente y volvió a sentarse, abandonando cualquier tono seductor o insinuante que pudiera haber tenido momentos atrás. Sin embargo, no se apartó de sobre su cuerpo y jugueteó distraídamente con los bonotes de su camisa de seda negra. Itachi lo contempló cuidadosamente.

-Algo así.

-¿Qué pensamientos habrán rondado tu mente para afligirte de tal manera? –susurró en un tono tan mimoso que su acompañante contuvo el aliento.

-¿Lo ves? Siempre dices lo acertado.

-Por más que no desees escucharlo –repitió, recordando sus palabras-. Dijiste: "Yo era un niño muy tonto". ¿Acaso cargas con alguna culpa?

-No hice nada de lo que me arrepienta. Sólo era tonto, nada más. ¿Sabes? Me hubieras caído realmente mal en esa época, hum. Creo que yo a ti también. Tu forma de ser es extraña y diferente a todo lo que... conocía.

Itachi ladeó la cabeza, en apariencia confundido.

-Nos hubiéramos odiado. Te lo digo: yo era un tonto y tú... bueno, puedes llegar a ser endiabladamente insoportable. Sasori me enseñó a ser fuerte... Pero tú no quieres oír hablar de él así que...

Un dedo en sus labios lo calló. Parpadeó con sorpresa, sintiendo el tacto helado ir de sus labios hasta su cuello para tomar delicadamente un mechón de pelo y retorcerlo.

-Quizá. Quizá tampoco me agradaras pero ahora mismo... tu pasado es lo que te ha hecho como eres y yo...

-Lo entiendo.

-A veces pareces olvidarlo.

-Te equivocas –lanzó un suspiro y sonrió dolorosamente-. Jamás lo olvido, mucho menos lo dudo. Es... eres lo único que tiene sentido. Lo único a que lo puedo aferrarme.

Itachi observó una última vez a Deidara dormido entre las sábanas, acurrucado cual niño usando una de sus camisas que, para su deleite, era un par de tallas más grandes. Él era más musculoso que Deidara. Abrió la ventana cuidando de no despertarlo y se asomó por ella. Nueve pisos era aún mucho para un vampiro de su edad por lo que se limitaría a bajar por las escaleras. Cerró de nuevo la ventana y se detuvo antes de salir para pasar los dedos por el cabello del rubio.

-No hay manera de que te odie.

Do dai??? Me hubiera gustado llamarlo "Memorias" pero en todos los capítulos Deidara recuerda a Sasori, a quien, por cierto, amo en este fic. En los siguientes capítulos lo van a amar todavía más n.n Por cierto, NO lo hicieron, si lo quieren creer, adelante, da la idea (pervertida yo ¬//¬), sólo que me pareció que la… tirazón era ya bastante como para. Bien, eso es todo. Por cierto, hay un ONE-SHOT que pienso subir cuando me regresen mi disco duro, tal vez en una semana o dos (hay que recordar que NO -TTxTT- tengo Internet), es ItaxDei y se llama Baka Sensei, dense una idea de lo loco que será =P …No tanto como a mí me gustaría, eso es seguro u.u

"Está bien llorar, si luego puedes volver a sonreír"