DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a todos a los que le hayan pagado para utilizarlo. Esta publicación no fue realizada con fines lucrativos.
RESUMEN:
Después de derrotar al Señor Oscuro, Harry Potter ingresó al Departamento de Misterios, en la división de travesías temporales, donde permaneció por siete años. Al retirarse, decide regresar a Hogwarts para convertirse en el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo Trelawney pronuncia una nueva profecía y el destino le impone una prueba más.
A consecuencia de esto, y aunado a la fuga de algunos mortífagos al pasado; Harry viaja a 1975 donde obtiene la posición como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Estos mortífagos resultan ser Gregory Goyle (quien muere al llegar), Draco Malfoy, Theodore Nott y Blaise Zabini, los cuales lograron su viaje gracias una reliquia en una urna: el caldero de Arawn.
Los tres mortífagos restantes se reúnen con su señor, quien valiéndose de artimañas, extrae información sobre su llegada y acontecimientos futuros.
Una vez que Voldemort conoce la existencia caldero de Arawn, planea ejecutar uno de los rituales en el día del Samhain, mismo que le permitiría crear la cantidad de horrocruxes que había planeado, para lo cual, secuestra a varios niños muggles.
Harry mientras tanto, averigua parte de los planes de Voldemort por medio de sus visiones, mismas que también experimenta su madre, sin recordar su contenido.
Así pues, llega el día del ritual, el cual se lleva a cabo con éxito. Voldemort sacrifica a los 7 niños más fuertes de los que secuestró y deja el resto para los mortífagos del futuro, quienes los asesinan de manera atroz, ganándose así el nombre por el que se les distingue desde entonces.
RESUMEN DEL CAPITULO ANTERIOR:
Lily se encontraba atrapada en el subconsciente de Harry debido al vínculo que había formado el primer día de conocerse. Harry, logró sacar a su madre de su cuerpo y regresarla al suyo sin muchas dificultades, lo cual le ganó el respeto de James, quien presenció todo.
Por otro lado, Jean McPherson (la amiga de Snape), llega al salón de Defensa sin muchas esperanzas de encontrar al profesor. Sybill Trelawney la intercepta y le indica que Harry se encuentra en la enfermería; donde al llegar, le pide a Harry que ayude a Snape.
Severus se siente abrumado por la preocupación que le demuestran Harry y Jean, durmiéndose intranquilo ante la confusión que representa semejante trato.
Horas después Harry es interrumpido por Sybill, quien le mira aliviada al saber que sigue con vida después de aquella noche. Harry, que ahora estaba más perceptivo, nota que Sybill no tiene un comportamiento normal (incluso para ella), y comienza a interrogarla.
Bajo Juramento
Capítulo XXVII. Espectros
Harry se inclinó pesadamente. Sus ojos miraban imperturbables a la muchacha, quien aturdida no sabía como reaccionar.
– ¿Por qué estas aquí? – dijo tomándola de los hombros, ella ya no podía evitar su mirada – Este cuerpo no te pertenece.
La niña suspiró resignada, y con ternura retiró cuidadosamente los flequillos que cubrían la ensangrentada banda en la frente del atónito profesor.
– Porque así estaba escrito. Aunque no esperaba que lo averiguarás – dijo mientras acariciaba su cabello. Harry tomó sus manos y las apartó endureciendo la mirada, la actitud del fantasma dentro de la niña no cambió – Pero ahora que lo sabes me siento más tranquila.
– ¿Quién eres? – volvió a repetir con vehemencia.
Pero ella sólo le respondió con una forzada sonrisa.
– Yo, al igual que tú, estoy aquí porque quiero salvar a las personas más importantes para mí... porque tengo que hacer lo correcto…
Dos manos blancas, heladas se cerraban alrededor de su garganta impidiéndole respirar. Él, con sus manos temblorosas, luchaba por separarlas pero toda su concentración estaba en otra tarea:
Un espectro aperlado en forma de ciervo ya se había aparecido en el cuartel general frente a decenas de magos y brujas que lo miraban estupefactos. Nunca se les había ocurrido semejante medio para envió de mensajes.
Un mago pelirrojo se inclinó frente al ciervo
– ¿Por qué estas haciendo esto?
Y una voz profunda surgió del fantasma protector mientras se desvanecía: – Porque es lo correcto…
– …correcto – concluyó la sombra dentro del cuerpo de Sybill.
Harry sacudió su cabeza, despejando sus recuerdos… lo importante era el aquí y el ahora. Harry contempló el semblante calmado en el rostro infantil de Sybill. La compostura y misticismo que le otorgaba el fantasma dentro de su cuerpo. Ese fantasma no tenía que ver con el balance de las cosas.
Harry apartó su mirada. Por favor, que no vaya a equivocarme…
– Sólo… sólo lleva a Sybill a su habitación… por favor.
La chica asintió, mientras Harry cerraba la puerta sin dirigirle otra mirada más.
Cuando la luz dejo de iluminarle el rostro. La niña recargó su frente en la puerta dando un largo suspiro, escuchando como los pies de Harry se alejaban arrastrándose.
Sé que no quieres mi ayuda; pero no estoy dispuesta a dejarte solo con esta carga.
– Ten mucho cuidado.
Después de decir estas palabras, Trelawney se desvaneció en la penumbra al final del corredor al mismo tiempo que una sombra salía detrás de un recoveco.
Albus Dumbledore encendió una tenue chispa en la punta de su varita y camino hacia el lado opuesto. Pensando en lo larga que había sido la noche.
El azul nocturno cuajado de estrellas se tornó negro azabache, faltaban pocas horas para el amanecer. Una gruesa capa de niebla se posó sobre las calles empedradas de Londres.
Mientras los escuadrones de modificación de memoria regresaban después de una ardua noche trabajo; en el área más profunda… el frío de la una de las salas se filtraba de las puertas y rendijas, a todas las salas oscuras que no llevaban a ningún sitio.
Magos y brujas en uniformes oficiales deambulaban de una sala a otra, tratando de contener la crisis que se esparcía como humo.
El cielo se tornó violeta y las luces de los planetas más brillantes anunciaban el venir de un frío amanecer.
Un fuerte viento se estrelló contra las ventanas de la cara sur de la mansión Malfoy. Abraxas contemplaba absorto el paisaje que dibujaban las hojas perennes que caían en el jardín.
Una elfa doméstica acercó una bandeja de té, a la mesa junto al mago de sangre pura.
El orgulloso aristócrata tomó una taza, sin contemplar a la criatura que poco tiempo después desapareció temblando. Después de dar un sorbo a la bebida caliente miró al muchacho, que sentado en el sillón junto a la chimenea, le contemplaba mientras acariciaba un arca dorada.
– No sé como esperas que crea semejante disparate. Lucius no se atrevería.
– No olvides que te lo advertí – dijo Draco levantándose del sillón. Aún llevaba la túnica que había llevado en Samhain.
El muchacho despareció después de un chasquido, mientras el anciano miraba hacia el sillón que había ocupado.
Era cierto que esa túnica larga y andrajosa dejaban mucho que desear... pero familia era familia.
– ¡Bell! – la pequeña figurita redonda apareció a los pies del mago, con el los ojos bien abiertos, expresando el miedo que sentía en esos momentos.
– Toma eso y sígueme.
La pequeña criatura tomó el artefacto alejándolo lo más que pudo de su cuerpecito, y salió del estudio cerrando la puerta silenciosamente.
James centraba toda su atención en la pequeña esfera dorada que volaba a su alrededor, con un movimiento rápido de su mano izquierda la atrapó, ganándose el aplauso de dos impresionados alumnos del primer año.
La luz de la mañana se filtraba por las ventanas de la sala común, mientras muchos alumnos bajaban las escaleras y salían platicando hacia el Gran Comedor. Era inusual ver tanto movimiento en fin de semana, pero la ocasión lo ameritaba: el Director quería que todos los alumnos estuvieran presentes a la hora del desayuno.
Asi pues, todos se daban prisa por bajar. Bueno, todos excepto James, que llevaba un buen rato esperando en el sillón frente a la chimenea. Desde el cual podía observar hacia pie de las escaleras que conducían a los dormitorios.
James sonrió y les dio las gracias a los dos chicos, que comentaban entre ellos emocionados. Después guardó la snitch en el bolsillo interior de su túnica.
James se acercó a ellos y les guiño un ojo – Recuerden nuestro trato¿de acuerdo? Lily Evans no debe enterarse que les mostré ese pequeño truco.
Ambos asintieron vigorosamente y se fueron corriendo. No quería perderse el desayuno. James suspiró y sacó la snitch de su bolsillo.
No podía creer lo tonto que se veía antes haciendo eso todo el tiempo, con razón Lily se desesperaba… de cualquier manera seguía siendo divertido ver esas caras de asombro de los chicos más jóvenes.
Ya quedaban pocos alumnos en las habitaciones, y todavía no subía de la enfermería.
Quizá no fuera a asistir al desayuno… pero McGonagall había sido tan insistente, que estaba seguro que al menos regresaría a cambiarse.
Justo entonces se abrió el retrato de la Señora Gorda, dejando pasar a una sonrojada Lily Evans, que aún llevaba el traje de animadora con la falda corta. Ayer no había tenido problema, pues todos estaban vestidos estrafalariamente, hoy, era totalmente diferente.
James también había notado el atuendo; si el rubor que pintaba sus mejillas era un indicador. Lily lo descubrió mirando hacia ella y el muchacho, buscando hacerse el disimulado, tomó el primer libro que encontró sobre la cómoda junto al sillón.
Lily se acercó y miró sobre su hombro.
– Buenos días James – dijo con una sonrisa divertida al ver el libro que sostenía.
– Buenos días Lily – sonrió James volteándola a ver como si no hubiera notado que había entrado a la sala común – Es un libro muy interesante, no podía parar de leerlo por eso sigo aquí.
La sonrisa de Lily se hizo más pronunciada mientras se inclinaba junto a él – Claro, "Los misterios del Tercer Milenio", parece una novela muy interesante – Lily acomodó el libro en las manos de James – especialmente si lo lees al revés.
James rió a carcajada abierta un poco apenado y apartó el libro al verse descubierto. Lily se sentó a su lado, riéndose con él.
– ¿Qué te dijo la señora Pomfrey? – preguntó cuando se le pasó la risa.
– Dijo que estaré bien.
James sonrió tranquilo. Viéndola desaparecer un rato después a través de las escaleras. Había tratado de agacharse mientras ella subía, pero la mirada de reojo que le dirigió lo detuvo en seco. La chica había adivinado sus intenciones.
Era un alivio saber que todo volvía a la normalidad y todo eso gracias a Jhastrom, tal vez habían sido muy duros con el profesor estos meses. No le había dado ninguna oportunidad y a decir verdad no hacía un mal trabajo.
James concluyó que era momento de escuchar al buen Lunático y dejar ser al nuevo profesor. Aún cuando todavía le despertaba mucha curiosidad saber como había hecho para burlar la magia en el mapa del merodeador.
Los últimos alumnos entraban apresurados al Gran Comedor. Que ocasión tan extraña aquella, era casi como el banquete de bienvenida.
Theresa miraba satisfecha hacia la mesa de la casa que precedía. Sentía un extraño placer al ver que Severus no se encontraba. Eso significaba que Dumbledore lo había descubierto, de ahí que hubiera reunido a toda la escuela en el Gran Comedor, seguramente haría de él un ejemplo disciplinario.
Esto llegará a oídos de mi Señor, estará tan molesto que lo matará. Es una lástima, pero al menos aprenderá su lección... Tal vez hablé por él, y entonces estaría en deuda conmigo.
Sería perfecto poder manejarlo a su antojo.
Ahí esta la estúpida
Pensó la mujer al ver a Jean McPherson entrando por la puerta del Gran Comedor y sentándose en la esquina más apartada.
Ojalá la hubiera matado, es una vergüenza para nuestra noble casa.
Regulus se acercó a la chica y se sentó junto a ella, pero la chica parecía no haberlo notado, pues desviaba su mirada alternativamente entre la puerta del Gran Comedor y la mesa de profesores, sin prestarle mayor interés al esfuerzo que hacía Regulus por ganar su atención.
Theresa frunció el ceño, al notar el comportamiento del joven Black. Aunque quizás… sí… sonrió satisfecha. Seguro es una artimaña para ganar su confianza y cumplir el encargó de mi Señor.
El barón acababa de entrar.
Maldito fantasma…
Todos los fantasmas solían obedecer sin condición de los jefes de casa, bueno… todos excepto él. Esa mirada, esa sonrisa de autosuficiencia…
Si estuvieras con vida… pero así no me impresionas, no tienes efecto sobre mis planes… y mis pequeños muchachos… míos y de mi Señor.
Severus se irguió, orgulloso y calmado en el umbral de la puerta del Gran Comedor, victorioso. Se quedó allí, esperando, mientras algunos compañeros pasaban a su lado, mirándolo extrañados.
¿Qué estaba esperando ahí parado?
Y Severus esperaba, sin dejar de observar a su jefa de casa, disfrutaría de su triunfo sobre ella. Disfrutaría ver en sus ojos marrones una mirada de asombro y después de furia, no la perdía de vista, pues no quería perder un solo detalle de lo que demostraría en su arrugado rostro.
Por fin Theresa miró hacia la puerta y su mirada de estupefacción no decepcionó al muchacho. Él le sonrió con una mueca muy similar a la que le había dirigido el fantasma.
Theresa apretó los puños bajo la mesa. ¿Cómo había logrado llegar a la sala común y aparecer hoy así tan fresco como si nada hubiera sucedido?
Su respuesta no tardó en aparecer detrás del viejo Director, Jhastrom caminaba apoyándose en un bastón. Sus miradas se encontraron, él al pie de la mesa, ella desde arriba.
¡Desgraciado, ENTROMETIDO!
Su rostro se crispó, sus ojos demostraban su cólera. Harry solo le sonrió con falsa modestia.
Este niño no la dejaría en paz.
El chico desvió su mirada hacia la entrada del Gran Comedor. Severus, que aún estaba en el umbral, se encontró con la mirada del profesor por un instante, el cual basto para que el muchacho se dirigiera sumisamente a la mesa que le correspondía.
¿Acaso?
Harry ya se había sentado, Hagrid lo miraba preocupado y le hablaba en voz baja, Harry le sonreía tratando de tranquilizar a su gran amigo.
McGonagall y Dumbledore también intercambiaban algunas palabras entre ellos.
¿Acaso había entendido todo mal?
Theresa fijaba su mirada en el profesor suspicazmente.
¿Acaso Jhastrom también trabajaba para su señor y Él no le había dicho nada? Sino… ¿por qué entonces habría ayudado al aprendiz a pasar desapercibido?
También estaban todas esas heridas, tal vez se había inmiscuido en uno de los ataques donde había sido interceptados… Tal vez él si había estado presente en la gran ceremonia de D'Acosta… ¿Pero… por qué él?
¡POR QUÉ ÉL Y NO YO!
¿Qué le pasó al profesor Jhastrom? fue el rumor en general que se desató en el Gran Comedor cuando Harry entró por la puerta de la habitación lateral, siguiendo al honorable director.
– James ¿tú estuviste en la enfermería anoche no es verdad? – dijo Sirius mirándolo sospechosamente. Mientras James desviaba la mirada que había dirigido hacia la mesa de profesores.
McGonagall tocó la orilla de su copa con una cuchara y Dumbledore se puso de pie, solemne con una mirada sabia y decidida, hoy se marcaba el inicio de un duro camino para sus alumnos, a partir de hoy tendrían que enfrentar terribles golpes de la realidad, del odio.
Y comenzó a hablar, su potente voz reverberó a través de la bóveda que reflejaba el cielo azul pálido poblado de nubes del exterior, transmitiendo con el mayor tacto posible el acontecer de la noche anterior.
Muchos chicos inciertos se miraban unos a otros, cuando el Director fue relatando los lugares atacados. Niños y niñas comenzaron a inquietarse por sus familias y amigos que vivían fuera de la seguridad de Hogwarts.
Cuando el Director terminó su discurso, tomó la varita del interior de su túnica desprendió algunas chispas, con lo cual comenzaron a entrar las lechuzas, unas con el periódico, otras con largas cartas. Un pequeño grupo se dirigió hacia la mesa de profesores.
Una de las lechuzas con periódico se posó frente a Lily. La chica desprendió con cuidado el largo periódico de la lechuza y lo extendió sobre la mesa con la mirada apesadumbrada.
James recibió una larga carta que comenzó a leer aliviado: sus padres estaban a salvo. Sirius lo miró preocupado queriendo saber que decía la carta.
– Anda, léela tu mismo – dijo James tendiéndole la carta – Mamá te dirige unas palabras.
Sirius se sonrojó un poco al saber que la señora Potter le escribía, aunque no dejaba de complacerlo.
Remus observaba atentamente a James desde hace rato y por consecuencia a Lily, a quien su amigo dirigía sus ojos continuamente. Así fue como notó que la extensión de los ataques que les había dicho el Director no la había tomado por sorpresa.
Mientras James y Sirius leían la carta de sus padres, Lily contemplaba ensimismada la primera página del diario sin leerla en realidad.
Harry también leía ensimismado una larga carta, y a medida que avanzaba su rostro iba alterándose, perdiendo el poco color que tenía. Cuando hubo terminado dirigió su mirada a la mesa de los Gryffindors, concretamente hasta donde estaba sentada Lily, que no había apartado la mirada triste de la primera página.
El joven profesor se puso de pie tomando todos los papeles y cartas que había recibido esa mañana. Hagrid intentó detenerlo, pero McGonagall colocó una de sus manos en unos de sus gruesos brazos como troncos.
El inefable avanzó con ayuda del cayado hasta quedar detrás de Lily.
– Lily…– murmuró el profesor con piedad. La chica apretaba el semblante, tratando de detener las lágrimas que se asomaban en sus ojos verdes. Todos los chicos sentados alrededor contemplaban la escena sin entender lo que sucedía.
Lily cerró sus ojos y gruesas lágrimas escurrieron por sus mejillas, mientras sus hombros se movían acompasado por sus gemidos que intentaba mantener ahogados sin mucho éxito.
James colocó ambas manos sobre los hombros de Lily, la chica lo miró directamente.
La gryffindor se encontró otra vez con sus ojos almendrados, que la miraban con dulzura. Y la calidez que le transmitía la mano sobre su hombro logró contener la ira e impotencia que sintió por no haber podido ayudar.
James no sabía que era lo que le molestaba, pero, ahí estaba, casi podía escuchar que le decía: no sé lo que pasa, pero aquí estoy para ti…
Juntos enfrentaremos esto
Lily asintió mirando agradecida a James y salió junto con él del Gran Comedor. Dejando a varios Gryffindor asombrados en la mesa de la casa.
Harry sonrió, de una forma que a Remus le pareció forzada, y siguió avanzando hacia la salida del Gran Comedor, donde desapareció dando vuelta hacia el corredor que conducía hacia su despacho.
Las llamas esmeraldas de la chimenea se agitaron y de una bocanada especialmente grande, salió despedido Harry, que no pudo sostenerse en pie por la debilidad en sus miembros.
La mano de Scarlet se extendió frente a él, ayudando a Harry a ponerse de pie. Mientras dentro de si misma, meditaba como explicarle que no iba a poner interrogar a los prisioneros.
Que no quedaba nada de ellos en realidad y que nadie en el departamento sabía a que se debía.
Al poco rato Harry y Scarlet recorrían uno de los pasillos iluminados por llamas azules entrando y saliendo por las diferentes puertas que formaban el departamento.
Cuando llegaron a la última sala, Harry se detuvo a unos metros de la entrada, pálido y con la frente aperlada por el sudor frío que recorría su cuerpo.
Se encontraba demasiado débil… y ya tenía una idea de lo que iba a encontrar dentro.
– Son dementores… ¿no es así?.
Scarlet se detuvo entonces y giró a mirarlo con la cara llena de incredulidad. Habría y cerraba los labios sin poder decir nada, como pez fuera del agua… es que ¿Cómo había podido saberlo?
– ¿Cómo?
Era fácil para él distinguirlos… como no iba a reconocer esa sensación de vacío, ese frío que le helaba la sangre y le embotaba los sentidos… como no iba a reconocer los ecos de las voces de sus padres al momento de su muerte, el grito desgarrado de su mentor al ser atravesado por la mano de plata o la mirada de incredulidad de su padrino al sentirse caer a través de aquel arco maldito…
Como no iba a recodar aquellas manos podridas que se asomaban por las largas túnicas raídas.
– Su-sucedió durante la noche… no sabemos exactamente como… – dijo Scarlet mientras jugaba con la varita que llevaba en las manos – la mazmorra jamás… jamás había sucedido algo semejante. Ahora esta cuarentena, nadie será encerrado ahí hasta no saber que causó ese efecto… Scout… ¿cómo van a ayudarnos con tu misión?
– ¿Tu misión? – suspiró, el dueño de aquel rostro compungido y lacerado – ¿por qué querrías?... tantas muertes… y ahora…
Erick desvió la mirada, no queriendo encontrar sus ojos con las frías gemas debajo de la túnica púrpura, cuyo dueño le sostenía aparentemente inconmovible.
– Aguanta un poco quieres – dijo el joven apuntándole con la varita, en la profunda herida que le atravesaba a lo ancho del abdomen, aunque por mas energía que le imprimía, no podía cerrarla –, tienes que regresar al tiempo que te corresponde.
– Aquí… allá… eso no tiene importancia para personas como yo, que lo han perdido todo – concluyó contemplando el cuerpo inerte de una chica cuyos mechones castaños empapados en sangre adornaban el húmedo empedrado frente a la plaza principal.
– Aguanta un poco más… – dijo Harry, forzando todo su poder en la herida maldita.
– No tiene caso muchacho, – continúo apartando la varita de la herida – y hasta cierto punto es mejor así… – Harry avistó entonces la mano del hombre, delgada y llenas de llagas, como el resto de su cuerpo. Frío como el hielo, aunque pensaba que era por la pérdida de sangre – Con esto salvaré mi alma sabes… pero antes… tienes que prevenirlos, antes de que sea tarde…
…Combatirás a las sombras que quedaron
Y regresar debes a cada una
Al hogar de terror y la amargura…
– Llévenselos a Azkaban, ya no hay nada que hacer – dijo Harry guardando la varita en su túnica, dando media vuelta.
– ¿Qué dijiste? – dijo Scarlet, dándole alcance.
– Ellos dos no podrán volver a su tiempo original, ya han dejado de existir… sólo uno de ellos pagó el precio por el viaje – dijo Harry sombríamente.
– Lo que vio el chico perro – dijo Scarlet llevándose la mano a la boca.
Harry asintió. Así era, sólo Malfoy había pagado el tributo, ofreciendo el alma de Goyle al caldero, fracturando su propia alma. Los otros dos, por ignorancia o por falta de valor, habían ido ganado tiempo consumiendo el alma de otros seres.
Se habían alimentado de las almas de otras personas, en vez de ofrecerlas para pagar el tributo como correspondía... y ahora que ya no les quedaba ni su propia alma para ofrecer, estaban condenados. Por siempre consumirían almas para ofrecerlas como tributo.
Una balanza de oro inclinada, sometida hacia uno de los sus lados se movió hacia el lado contrario. Los platos que sostenían luces claras y oscuras se balanceaban ligeramente. Aunque aún seguían inclinados, desiguales... pero el ángulo entre ambos lados era menos pronunciado.
Una figura menuda cubierta de pies a cabeza por un manto gris, se puso de pie inmediatamente, acercándose, examinando el cambio en la balanza.
El ruido de la túnica, hizo un eco que reverberó constante en la habitación sin paredes ni piso. Una habitación blanca en la nada, donde su único guardián vigilaba la balanza de oro.
Aún hay esperanza.
Harry cerró la puerta negra colocándose en el centro de la habitación junto con Scarlet, ambos veían pasar las puertas giratorias, hasta que éstas se detuvieron dejando una frente a ellos. Ambos cruzaron el umbral y llegaron a un pasillo estrecho que conducía hacia las oficinas de los distintos inefables. Scarlet y Harry avanzaron hacia el ala derecha.
Un suave movimiento de una tela larga y pesada fue percibido por ambos. Detrás de ellos apareció una figura, la misma figura que había estado contemplado la balanza de oro en la habitación blanca.
Scarlet avanzó hasta colocarse frente a un azorado Harry, que se había quedado inmóvil al reconocer a la figura que se le estaba presentado por segunda ocasión…
– Identifíquese – dijo la inefable apuntándole con la varita.
La figura ladeo su cabeza hacia un lado, como si no comprendiera lo que le acababan de decir; y extendió delicadamente su brazo cubierto por la túnica gris resplandeciente.
– Thurston… tenemos que irnos – dijo Harry, quien parecía nervioso, apretando fuertemente el bastón – No estamos en condiciones… tenemos que huir.
– ¿De qué estas hablando Scout? Esta es una verdadera transgresión a las leyes que rigen este lugar. Ningún civil debe entrar en esta área, especialmente esta ala del complejo.
– Vámonos…
La figura volvió a inclinar la cabeza hacia el otro lado y en un movimiento súbito apretó su mano extendida en un puño el cual empezó a resplandecer. Al abrirlo un cola de luz salió despedida hacia los dos inefables.
Pero la muchacha ya tenía preparado un escudo, mismo que el encantamiento traspasó. Harry apenas logró apartarla de un codazo, sintiendo el calor de la energía rozándole la sien.
– ¡SCOUT!
La pequeña figura se movió a una velocidad increíble y saltó flotando encima de la inefable, con la larga túnica ondeándole con la fuerza de un viento inexistente.
Una mano pequeña y blanca salió de los pliegues de la manga larga y gris de la túnica. Scarlet pudo percibir como los dedos rozaban con unos labios delgados y un hálito dorado iluminaba la punta de los dedos.
La mano realizó unos trazos rápidos y complejos antes de posarse sobre la frente de Scarlet, que de inmediato puso los ojos blancos y perdió el sentido.
La figura flotó lentamente hasta que quedó bien asentada en el suelo, Harry ya había sacado la varita y ahora apuntaba hacia la túnica gris que estaba frente a él.
– Y nos volvemos a encontrar – dijo dando un paso hacia donde Harry se encontraba –… Harry Potter
