Gracias
-¿Qué haces aquí? –preguntó Bruce Wayne sin mucho tacto al abrir la puerta de su departamento y ver a Lois en la entrada.
-Pensé que querrías compañía, tú sabes el día de hoy… -empezó a explicar Lois pero fue callada por la voz de Bruce.
-He pasado la mayoría de mi vida estando sólo el día de hoy, ¿Por qué esta vez tendría que ser diferente?
-¿Quieres dejar tu orgullo de lado? –dijo ella subiendo la voz. Bruce Wayne podía ser seco e intimidante para la mayoría de las personas, pero ella no se dejaba amedrentar por esa actitud, pues sabía que tan solo era una fachada de su parte. -Sé que el día de hoy es difícil para ti. –dijo más calmada.
-No más que cualquier día Lois.
-Pues en ese caso permíteme acompañarte, sé que no puedo tomar la pena que te embarga y alejarla de ti, pero también sé que no tienes por que pasar por esto sólo.
Bruce no dijo nada, tan solo fue a la sala y tomó su chaqueta, se la puso y tomó las llaves de su auto, junto con una pequeña caja blanca, dio una vista más a su departamento y la miro de nuevo.
-Si deseas venir, yo no soy nadie para impedírtelo –le dijo al final de cuentas.
Lois no le respondió, tan solo se encamino con él hacia la salida, y dejo que él manejara hacia el callejón. En el camino ambos fueron en silencio, pero aun así Lois se sentía reconfortada de que le hubiera permitido acompañarlo, pues eso era algo que ni a Alfred había dejado en el pasado. Al fin llegaron al lugar, ambos bajaron del auto, y sin decir nada Bruce abrió la caja sacando de ella dos hermosas rosas rojas recién cortadas, con sumo cuidado las puso en el piso y permaneció hincado, en silencio.
Lois se inclino hacia donde él estaba, no segura de que decirle pues nunca había sido buena con las palabras, así que solo puso su mano sobre el hombro de Bruce.
-22 años se cumplen hoy... Y aun me parece que fue ayer cuando se fuerón –dijo Bruce de pronto refiriéndose a la fatídica noche en donde un ladrón le arrebato a sus padres.
Lois sintió una de sus lagrimas caer por su mejilla, y ya no pudo contenerse más, se abalanzo a su lado, abrazándolo, llorando a su lado pues sentía la pena como de ella, después de todo ya era de ella, por que él era su amigo y le importaba, le importaba mas de lo que ella misma hubiera deseado.
Bruce correspondió a su abrazo, y después de un momento se levantó, la ayudo a levantarse y ambos se dirigieron de nuevo al auto.
Lois paso una mano por sus mejillas para secarse las lagrimas, entró al coche, para observar a Bruce que estaba completamente serio viendo el volante. De pronto volteo a mirarla como si quisiera decir algo pero no pudiera:
-Gracias –dijo entrecortadamente y en voz baja – Gracias por acompañarme.
