Sailor Moon © Naoko Takeuchi

Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.

ENCAJE NEGRO

Capitulo II

"De hecho, me llamo Kou, Seiya Kou" - la corrigió él, sin apartar en ningún momento sus ojos azules del rostro de Serena.

Extendió la mano. Serena no estaba muy segura de si deseaba estrechársela. No tuvo más remedio. Él capturó su mano en un fuerte apretón. Serena encontró el contacto físico cálido y perturbador, y sintió un escalofrío.

"Así que nos encontramos de nuevo, señorita Tsukino."

"¿Se conocían ya?" - inquirió Mina.

"Su hermana y yo ya nos hemos tropezado esta noche, S. T." - Seiya se tocó el puente de la nariz y Serena vio un débil rasguño.

Las mejillas de Serena adquirieron un vivo tono escarlata. Consiguió recuperar su mano y balbuceó - "Claro que en nuestro primer encuentro, el señor Kou no se tomó el tiempo debido para presentarse."

"Te has perdido el banquete entero, tío Seiya" - se quejó Yaten -. "Y el discurso de S.T. Ha estado sensacional."

"He tenido un pequeño problema con... el coche."

Serena se sobresaltó cuando Seiya Kou volvió a cogerle la mano. Sintió algo frío y metálico en la palma. Las llaves de su coche.

- "Creo que son suyas" - dijo él.

"¿Llaves de coche?" - Mina se rió entre dientes - "¿Quieres decir que realmente has venido conduciendo desde Los Ángeles?"

"Desde luego" - contestó secamente Serena, un poco a la defensiva. Sólo porque usualmente no viajara más allá de la biblioteca de Los Ángeles, no quería decir que fuera incapaz de aventurarse más lejos si se lo proponía.

Sin esperar respuesta, Mina le cogió el bolso a Serena. - "¿Sólo has traído este equipaje?"

"No, el resto sigue en el maletero del coche."

"Dame las llaves. Yaten y yo iremos a buscarlo. ¿Qué coche es?"-

"Es uno pequeño de dos cuerpos, azul. La matrícula está en las llaves, pero no creo que..." - Serena empezó a protestar, pero Mina ya le había agarrado las llaves.

"Yaten y yo nos ocuparemos de todo, cariño. Tú relájate y aprovecha para hacer buenas migas con Seiya."

Sacudiendo la cabeza en un gesto de firme negativa, Serena trató de que Mina la mirara a los ojos. Pero cuando a su hermana se le metía algo entre ceja y ceja, actuaba como un tornado del desierto, arrasándolo todo a su alrededor.

Una vez su hermana hubo desaparecido de su vista, Serena fue muy consciente del frío examen a que la estaba sometiendo Seiya Kou.

"Siento el malentendido de antes, señor Kou. Espero no haberle hecho mucho daño. No quería golpearlo, pero es que usted me asustó."

"No era mi intención. Pensé que era usted su hermana."

Seiya parecía pensar que aquella escueta explicación era suficiente. La sonrisa de Serena se desvaneció. Debía poner fin a este engaño y dejarle las cosas claras al señor Kou desde aquel preciso instante. Sin embargo, se lo había prometido a Mina y traicionarla sin darle ocasión para explicarse primero ante Yaten sería una crueldad.

Suspirando, Serena dijo - "Dudo que a mi hermana... ehh, a Serena le hubiera hecho ninguna gracia que la zarandearan de esa forma tampoco."

"No tengo por costumbre aferrar a mujeres en garajes..."

"Me alegra enterarme."

"Pero resulta de lo más difícil coger a su hermana por banda. Necesito mantener una seria charla con S.T. y ella no deja de evitarme."

Serena podía entender muy bien su frustración. Estuvo a punto de decirle que había habido momentos en que ella también había deseado agarrar como fuera a su inconsistente hermana y...

Pero Serena se contuvo. Aquello sería como confraternizar con el enemigo. Y Serena estaba empezando a tener la clara impresión de que Seiya Kou era un adversario.

"Ya veo" - se limitó a decir -. "¿Y puedo preguntar de qué se trata este asunto tan urgente?"

"Puede preguntarlo" - dijo él, arrastrando las palabras -. "Pero dudo mucho que lo entendiera."

"Inténtelo" - dijo Serena, frunciendo el ceño.

Pero antes de que pudiera replicar, se vieron obligados ambos a apartarse para dejar paso a varios camareros con bandejas del banquete.

"Creo que estamos estorbando aquí. Tal vez sea mejor seguir discutiendo esto fuera, junto a la piscina" - dijo, indicando el exterior con un gesto brusco de la barbilla -. "Sopla una agradable brisa del océano. Debe estar fresco y tranquilo."

"Y también oscuro y desierto." - comento distraídamente ella.

Por primera vez, la sombra de una sonrisa suavizó los rasgos duros de Seiya.

"Le prometo que no tiene nada más que temer de mí. Sus derechazos de bolso son temibles."

Serena prefería la compañía de hombres dulces e indefensos que necesitaran ayuda para todo, desde hacerse el nudo de la corbata hasta salvar su alma. Seiya no tenía aspecto de haber necesitado a una mujer en su vida. Excepto para satisfacer sus más urgentes instintos básicos.

Cuando deslizó su mano por debajo de su codo para guiarla a través de las puertas de cristal que conducían a la piscina, Serena se abrochó subrepticiamente dos botones de la blusa.

En cuanto llegaron a la terraza, se apresuró a separarse de él. Aquella zona estaba desierta, tal como ella había imaginado. Las luces de la piscina vacía lanzaban reflejos danzantes hacia lo alto.

Seiya se apoyó en la barandilla que rodeaba la piscina y se quedó mirando el océano.

Cuando se volvió hacia ella y se la quedó mirando escrutadoramente, Serena sintió que se le aceleraba el pulso. - "Así que es usted la famosa Mina Tsukino" – dijo lentamente -. "Si no le molesta que se lo diga, no se parece en nada a sus fotografías."

"¿Fotografías?"- le pregunto extrañada.

"De las revistas y periódicos."- respondió él.

¿A cuáles se refería? Serena temió preguntado. Con Mina, las posibilidades eran infinitas. Se sonrojó.

Fuera lo que fuese, no era extraño que Seiya estuviera mirando fijamente a Serena con aquella expresión especulativa, una curiosa mezcla de fogosidad y arrogancia. Serena no estaba acostumbrada a ninguna de las dos cosas. Desde que tenía diecinueve años, los hombres se habían dirigido con el máximo respeto a ella.

"Creo que hemos venido aquí a hablar de Serena." - le recordó Serena secamente -. "¿Qué ha estado haciendo exactamente mi hermana para que se crea usted con derecho a acecharla en un garaje subterráneo?"-

A Seiya pareció costarle un momento apartar la mirada de los botones de su blusa. - "Creo que será mejor que eso lo hable con ella directamente."

-" Supongo que tendrá algo que ver con su sobrino."

"Sí" - tras una breve vacilación, Kou añadió - "Quería pedirle a su hermana que se mantuviera alejada de él."

¿Pedirle? ¿Por qué sonaba aquella palabra más bien a exigirle en labios de Seiya Kou?

Serena se movió nerviosamente. Mina había dicho que Kou no aprobaba su relación con Yaten, pero Serena no había esperado algo tan claro y definitivo. Podía entender que la reputación de Mina pudiera despertar los recelos de un pariente puritano y rígido, pero Seiya pensaba que Mina era Serena. Y nadie había desaprobado nunca a Serena Tsukino.

A Serena le sorprendió darse cuenta de que aquello la ofendía bastante. - "¿Y qué es exactamente lo que no le gusta a usted de mí... quiero decir, de Serena?"

El pelinegro frunció el ceño. - "No tengo nada contra su hermana" - dijo finalmente -. "Es sólo que Yaten es un muchacho bastante ingenuo. No quiero que sufra. Sería muy fácil aprovecharse de él."

"Lo dice como si mi hermana tuviera la intención de... mancillar el honor de Yaten."

Era una de aquellas encantadoras palabras anticuadas que se colaban en la conversación de Serena de vez en cuando. El uso de aquella tuvo el extraño efecto de atraer de nuevo los ojos de Seiya hacia su blusa entreabierta. Ella sintió que aumentaba el calor de su cuerpo.

"No, no tengo miedo de que Yaten pudiera quedar mancillado en su honor" - dijo sarcásticamente Kou -. "Pero es evidente que el chico se encuentra fuera de su terreno con una mujer mayor."

"¿Una mujer mayor... pero qué edad se cree que tenemos mi hermana y yo?"

"No tengo ni idea. Pero sé la que tiene mi sobrino." - contestó serio. - "Acaba de cumplir veintidós el mes pasado."

Serena se quedó momentáneamente anonadada. ¿Veintidós? Yaten era poco más que un adolescente. ¿Pero en qué estaba pensando Mina? Sin embargo, defender a su hermana era una reacción instintiva para Serena, y Seiya la había atacado claramente. Así que se lanzó en su defensa.

"¿Acaso no es eso aplicar un doble rasero? Apuesto a que no pensaría que la edad fuera un problema si Serena fuera un hombre y Yaten una chica. Y además... bah, ya sabe lo que quiero decir."

"Sí, lo sé y me preocuparía igual. Se trata de algo más que la simple diferencia de edad. Hay una diferencia aún mayor en cuanto a experiencia y madurez."

En experiencia, Serena estaba dispuesta a reconocerlo. Respecto a la madurez, a Serena no le hubiera sorprendido que Yaten tuviera más que Mina. Pero mantuvo para sí aquel pensamiento desleal.

"Disculpe, señor Kou" - le dijo - "Pero no veo qué derecho tiene usted a interferir. Yaten me parece lo bastante mayor como para tomar sus decisiones. Y si necesita consejo, puede pedírselo a su padre."

"Mi hermano está muerto" - el tono inexpresivo de Seiya reveló mucho más dolor que el que podría haberlo hecho cualquier expresión de pesar.

"Lo siento" - dijo suavemente Serena.

Algo centelleó en los ojos de Seiya por un instante, algo melancólico y vulnerable. Pero rápidamente lo ocultó de nuevo.

"He actuado como tutor de Yaten y su hermana menor desde que..." - Seiya hizo una pausa, y se llevó una mano a la cicatriz en un gesto aparentemente instintivo -. "Bueno, desde hace mucho tiempo. No ha sido siempre una tarea fácil."

"Estoy segura de que no."

"Sobre todo teniendo en cuenta que Yaten heredó una considerable cantidad de dinero. Muchas mujeres encuentran sumamente atractivo ese detalle."

Serena entendió lo que estaba insinuando y no le gustó. La momentánea simpatía que había sentido por Seiya Kou se desvaneció bruscamente. - "¿No está usted considerando muy por lo bajo tanto a mi hermana como a su sobrino? ¿No se le ocurre ninguna otra razón al margen del dinero por la que mi hermana pudiera estar interesada por Yaten?"

"¿Como cuál?"

"El amor, por ejemplo, señor Kou. ¿O no cree en ello?"

"No al cabo de un mes de conocerse."

"Así que le resulta más fácil pensar que mi hermana es una cazafortunas."

Kou se encogió de hombros. - "No creo que gane mucho dinero escribiendo libros para niños."

"Gano... es decir, Serena. se gana muy bien la vida."

"No me importa lo que su hermana haga con su vida, siempre que lo haga con cualquiera que no sea Yaten" - dejó escapar un profundo suspiro -. "Lo siento, ha sonado insultante y no lo pretendía. Los Kou hemos tenido que aprender a ser un poco precavidos, eso es todo."

"Bueno, pues los Tsukino no solemos dedicamos a robar cunas ni tampoco chuchitas de niño."

"¿No?" - dijo él, entrecerrando los ojos - "Quizás prefieran las acciones petrolíferas o los hoteles."

Se estaba refiriendo de nuevo a las historias sensacionalistas. No era justo. Aquellos artículos exponían algunos hechos, pero no decían nada de la auténtica Mina Tsukino, la joven generosa, afectuosa, impulsiva, desconcertada... y atribulada hasta un punto que sólo Serena podía entender.

"¿Se cree siempre lo que lee en los periódicos, señor Kou?" - le soltó Serena, indignada en nombre de su hermana.

"¿No debería acaso?"

"No, no debería" - lo miró directamente a los ojos, dispuesta a hacerle bajar la mirada, a hacer que se avergonzara de sí mismo.

Pero él no apartó la vista. Serena no estaba preparada para la corriente que de pronto pareció fluir entre ellos, surgida de una hostilidad mutua, de la ira y de una inesperada atracción vibrante. Una atracción que ella no debería estar sintiendo.

"¿Es usted siempre tan proclive a hacer juicios apresurados sobre las personas, señor Kou?"- le preguntó con amargura.

"En mi trabajo, a menudo tengo que juzgar a las personas en un abrir y cerrar de ojos."

"¿Y se puede saber cuál es su trabajo? ¿Espía acaso? ¿Ejecutivo de gran empresa? ¿Pirata moderno?"

"Me dedico al negocio naviero."

"Ah, entonces pirata."

"Muy a mi pesar."

"¿Así que cree que nos tiene completamente caladas a mi hermana y a mí?"

"A su hermana, creo que sí. En cuanto a usted, no estoy seguro."

"Tal vez no debería decidirse a hacerlo hasta no conocer mejor a una persona."

"¿Es eso una invitación?"

"¡No! Quiero decir... ¿qué sentido tiene cuando ya ha decidido que no le gustamos ni mi hermana ni yo?"

"Ahora es usted la que se está precipitando en sus conclusiones" - murmuró él -"En ningún momento he dicho que no me gustara usted."

Ni mucho menos, tuvo que reconocer de mala gana Seiya. Había sido un día endemoniado, en que todo parecía haber marchado mal, desde su coche y su familia hasta ese pequeño resto que había conseguido salvar de un viejo sueño. Y como si una Tsukino no bastara para arrebatarle la tranquilidad mental, ahora las tenía por duplicado.

Y aquella dama que tenía delante había estado ofreciéndole una buena lluvia de chispas. Tal vez fuera porque lo había cogido desprevenido, y no sólo con aquel bolsazo con el que había estado a punto de romperle el tabique nasal. No era ni mucho menos lo que él habría esperado de una mujer con la reputación de Mina Tsukino. El tipo de mujer que tendría algo que ver con alguien como Diamante Black.

Mientras observaba a la mujer que tenía delante, Seiya llegó a la conclusión de que Mina no parecía ser como decían que era. Era extraño que no hubiera experimentado hacia su hermana gemela la misma atracción. La recatada S.T lo inquietaba un poco con su sonrisa, que acudía demasiado rápido a sus labios y desaparecía con igual rapidez sin llegar a alcanzar su mirada.

Pero Mina tenía una forma directa de sostener la mirada, incluso cuando estaba asustada. Aquellos notables ojos celestes, que cambiaban para reflejar su estado de ánimo, permanecían constantes en su expresión de honestidad. Y la honestidad era una virtud que Seiya había aprendido a valorar en cualquier persona. Mina parecía casi el tipo de persona a la que un hombre pudiera contar cosas sobre sí mismo, sobre sus auténticos temores respecto a Yaten.

Seiya se dio cuenta de que llevaba mirándola durante demasiado tiempo y demasiado fijamente, porque la señorita Tsukino se había tensado. Su mano subió a juguetear con el botón de su blusa, y Seiya se sorprendió apretando los dientes.

¿No se daba cuenta del efecto que le estaban produciendo aquellos jueguecitos con la blusa? ¿Quién habría pensado nunca que podía resultar erótico ver a una mujer abrocharse la blusa?

Mientras ella se abrochaba el último botón, Seiya no pudo aguantar más. Se apartó de la barandilla y salvó la distancia que los separaba.

"No va a funcionar" - le dijo.

"¿C-cómo?" - jadeó Serena.

"Los botones. Se los ha abrochado mal."

Serena lanzó una mirada rápida hacia su pecho y se dio cuenta, consternada, de que tenía razón. En su nerviosismo, se había dejado un ojal vacío, con lo cual la blusa se le abría por la mitad.

Alzó las manos para corregir la situación, pero los dedos no parecían responderle. Seiya estaba demasiado cerca. Si se acercaba un poco más, sus caderas estarían casi pegadas a las suyas. Un poco más y se daría cuenta de cómo estaba palpitándole el corazón.

Al menos podía tener la decencia de apartar la vista, pero él no parecía tener intención de hacerlo. Cuando ella comenzó a luchar torpemente con los botones, Seiya le apartó las manos con un gesto de impaciencia. Sus dedos, fuertes, bronceados y extrañamente demasiado suaves comenzaron a desabrocharle los botones. Ella dejó escapar un leve gemido cuando rozaron su piel desnuda. Trató de apartarse de él.

"Estese quieta" - dijo él - "No es frecuente que un pirata se moleste en abrocharle la blusa a una mujer."

Mientras él se disponía a abrocharle el siguiente botón, Serena experimentó un estremecimiento. Se quedó anonadada y azorada cuando notó que se le endurecían los pezones en respuesta al roce de su mano contra su pecho.

¿Por qué estaba dejándole hacer aquello?, se preguntó, como atontada. Serena sabía que debía impedirle seguir, pero estaba como hipnotizada por sus gestos.

Aquellas cosas no le ocurrían a Serena Tsukino, le dio por pensar. Nunca se había visto acorralada en una terraza iluminada por la luna por un desconocido cuya boca seductora parecía hablar de peligro, pasión y romance. Y, por un fugaz instante, ella anheló todas aquellas cosas, el deseo ardiente y dulce que parecían prometer los labios de Seiya.

Qué demonios estaba haciendo, pensó Seiya un poco histéricamente, con la mano en la blusa de Mina Tsukino. Ella alzó el rostro en un gesto que era a la vez inocente e invitante y sus ojos expresaban un anhelo que halló pronta respuesta en él, en forma de un deseo tan fuerte y tumultuoso como el océano que danzaba tras ellos.

Contra su voluntad, se encontró inclinándose sobre ella y tomándola entre sus brazos. Sus labios capturaron los de ella en una aproximación preventiva, saboreando aquella primera muestra de su dulzura, de su aterciopelada suavidad.

Ella se quedó inmóvil por un instante, sin respirar apenas, pero luego pareció fundirse contra él, apretando su cuerpo sinuoso contra la dureza del suyo, despertando en él una sacudida de deseo. Cuando el beso se hizo más intenso, la notó estremecerse entre sus brazos y luego rendirse con un suave suspiro, dejando que su lengua ávida penetrara en las húmedas profundidades de su boca.

Un gemido escapó de la garganta de Seiya mientras profundizaba el beso. Mina se convirtió en fuego y dulce tentación y su lengua respondió con un ritmo seductor que amenazó con hacerle perder la cabeza.

Aquella mujer, tan cálida y vibrante entre sus brazos, podía hacerle olvidar sin la menor dificultad la amenaza que su hermana suponía para Yaten, su propia reputación escandalosa, el hecho de que hubiera sido amante de Diamante Black.

No, aquellas eran cosas que Seiya no se podía permitir olvidar. De mala gana, separó los labios de los de ella y exhaló un profundo suspiro.

"¿Sabes?" - murmuró él - "Me alegro de que sea tu hermana la que vaya tras Yaten y no tú."

"¿Ah, sí?" - susurró ella.

"Eres una mujer fatalmente atractiva, Mina Tsukino. Ahora lo entiendo mejor."

"¿Qué es lo que entiendes?"

"Cómo has conseguido conquistar a todos esos hombres, incluido el formidable señor Black. Si las circunstancias fueran diferentes, podría sentirme tentado a ser el siguiente en la lista."

¿Sentirse tentado...?

Serena parpadeó, como si la hubieran despertado de una bofetada. El aura romántica se desvaneció como si alguien hubiese hecho estallar la luna. Horrorizada, Serena apartó a Seiya de un empujón, diciendo con voz ahogada - "No, señor Kou. Ese es exactamente su problema. No entiende nada en absoluto."

"Tal vez no. Sólo soy un tipo simple y anticuado, señorita Tsukino, que quiere proteger a su familia. Y voy a hacer todo lo posible por enfriar la cosas entre Yaten y su hermana."

Antes debería enfriarse él, pensó Serena, apretándose los dedos contra los labios aún húmedos y temblorosos después del ardiente beso.

Lo miró furiosamente. - "Más vale que sepa lo mucho que quiero a mi hermana. Y quienquiera que ponga en peligro su felicidad, tendrá que vérselas conmigo."

"Será un placer" - gruñó él.

"¿A qué placer te refieres?" - dijo una voz jovial. Serena giró la cabeza. Consternada, vio cómo Mina y Yaten se acercaban a ellos. Yaten estaba mirándolos a Seiya y a ella con expresión de tranquila curiosidad. Mina los estaba mirando fijamente, con las cejas enarcadas en una expresión de asombro.

"Es fantástico que se hayan caído bien tan rápidamente" - dijo Yaten, entusiasmado - "porque a S.T. y a mí se nos acaba de ocurrir una idea estupenda."

"¿Ah, sí?" - Serena lanzó una mirada a Mina, y sintió una punzada de pánico.

La sonrisa de su hermana era una mezcla de inocencia y desafío, la misma que cuando había tratado de sacar a su hermana del hospital apretando la alarma contra incendios.

"Nuestra familia tiene una casa de veraneo en Costa Esperanza" - dijo Yaten - "Con muchas habitaciones. Yo suelo pasar la mayor parte del verano allí y Seiya viene los fines de semana. Así que estaba pensando que..."- Yaten miró a Serena casi tímidamente - "¿Por qué quedarnos en el hotel? Como ya es tarde, podríamos registrarnos todos esta noche y por la mañana ir a la casa de la playa y... pasar unos días allí, para conocernos mejor."

"La abuela y la hermana de Yaten, Diana estarán allí también" - se apresuró a añadir Mina, como si percibiera ya la negativa de Serena; tomándola por la cintura, le susurró al oído - "Por favor, Serena. Sólo dos días más. Lo has prometido."

Serena no recordaba haberle prometido nada semejante. Dos desquiciantes días más de hacer de Mina para una familia de inquisitivos Kou. Pasar dos calurosas noches de verano bajo el mismo techo que Seiya Kou. Seguramente acabaría ayudándola a bajarse las cremalleras...

Aquella idea la hizo estremecerse a la vez que sus mejillas adquirían un vivo tono escarlata.

"No... no creo que debemos imponer nuestra presencia a..." - empezó a decir.

"S.T. y tú no serían ninguna imposición para nosotros" - dijo rápidamente Yaten -"Díselo tú, tío Seiya."

A Seiya parecía gustarle la idea aún menos que a Serena. - "No presiones a la señorita Tsukino, Yaten" - dijo - "Creo que se aburriría en Costa Esperanza. No hay casinos, ni nightclubs, ni tiene nada que ver con el tipo de vida desenfrenada a la que está habituada."

Era evidente que no quería que Serena ni Mina fueran a su casa familiar. En cualquier otra ocasión, tal desaire habría bastado para que Serena saliera en dirección contraria. Pero había algo en Seiya Kou que despertaba en ella una nota de resistencia, una vena perversa de la que no se había sabido poseedora hasta aquel momento.

"Creo que no me vendría mal prescindir de mi vida desenfrenada por unos días" - dijo dulcemente -"Un fin de semana tranquilo en la playa me parece una idea maravillosa."- Sonriéndole a Yaten, agrego - "Ha sido muy amable por tu parte invitamos, Yaten. S.T. y yo estaremos encantadas de ir."

Yaten se puso radiante y Mina dejó escapar un chillidito de satisfacción, abrazando a Serena. Por encima del hombro de Mina, Serena se encontró con la mirada de Seiya. Con sus ojos cual acero fundido, hizo un gesto de asentimiento, como si reconociera la victoria de Serena en el primer round. Pero cuando se volvió para marcharse, Serena tuvo la sensación de estar balanceándose al borde de un hondo precipicio, una sensación tan excitante como aterradora.


¡Hola!

Aca les traigo el segundo capitulo!

Parece que ambos se atraen jeje.

El tio Seiya en esta historia tiene 35 años, ya es adulto. Mas adelante se explicara bien, pero se convirtio en el tutor de Yaten a los 23.

Muchas gracias a todas las chicas que se toman la molestia de dejarme un review!

y gracias tambien a las que leen esta historia.

Kinsei-Hime -

veronick

Srita. Rossy Kou Ouiji

malkav

drixx (Gracias por el review! La pajarita me parece que es la parte de abajo de los trajes de etiqueta, yo tambien soy media ignorante en ese sentidoXD Tambien muchas gracias por avisarme que se me habian chispoteado dos Lauras, tenias razon! Me queria morir cuando lo vi. Esta vez me fije bien, pero igual si vez que me paso de nuevo avisame jejeje, mi beta reader se fue de vacaciones y hay cosas que se te van de las manos a veces jeje. Gracias otra vez!)

LOYDA ASTRID

Patty Ramirez de Chiba