Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.
"Encaje Negro"
Capítulo III
¿Quién había sido el idiota que había dicho que las cosas siempre se veían con más optimismo por la mañana?, se preguntó Seiya, rechinando los dientes. El coche deportivo italiano blanco estaba dando sacudidas como una mula rabiosa mientras trataba de sacarlo del garaje del hotel. La próxima vez que cogiera un coche, se aseguraría de que tenía el cambio de marchas automático, se dijo, maldiciendo cuando se le caló por enésima vez.
Se preguntó cuándo se había vuelto tan... tan clase media en sus criterios, algo de lo que sólo se había dado cuenta recientemente al asistir a los prolegómenos del primer romance de Yaten. Seiya había intentado siempre ser más un amigo que un guardián para su sobrino o, al menos, eso había pensado. Pero últimamente, Yaten parecía estar contemplando a Seiya como una especie de carcamal. Y Seiya sospechaba que la recatada señorita Serena Tsukino tenía bastante que ver con la brecha que se estaba abriendo entre su sobrino y él.
En otros momentos, pensaba que la culpa la tenía él por mostrarse tan impaciente y crítico con el encaprichamiento de Yaten. Seiya sabía que su hermano habría llevado mejor aquella situación. Con su sonrisa fácil por delante, Taiki siempre lo hacía todo mejor, desde dirigir la Naviera Kou hasta enjugarles las lágrimas a sus chiquillos cuando tenían algún tropiezo. Sólo que los hijos de Taiki ya no eran chiquillos, y Taiki ya no estaba allí.
Iba a tener que intentar mostrarse al menos un poco comprensivo con la aventurilla de su sobrino con aquella escritora de cuentos infantiles suya. El problema era que Seiya había olvidado lo que era perder la cabeza por una mujer.
Al menos, hasta la noche anterior.
Seiya trató de apartar de su mente aquel irritante pensamiento, dispuesto a no darle más vueltas al tórrido beso que había compartido con Mina Tsukino en la terraza. Una cuestión de hormonas, sin mayor importancia, se dijo, apretando el acelerador. Aquella vez consiguió que el coche saltara hacia atrás y se calara otra vez.
Él no era de los que se quedaban extasiados con una mujer nada más conocerla, y mucho menos con alguien como Mina Tsukino. Aquella condenada e irritante mujer. Si arrugaba la nariz, aún podía sentir el bolsazo que había recibido entre los ojos. Y recordar alguna de las cosas que ella le había dicho para hacerle sentirse un tirano estrecho de mente y avasallador, como si fuera él quien estuviera equivocado respecto a S.T. Y Yaten.
Aquella idea le arrancó una sonrisa de burla hacia sí mismo, la primera que esbozaba aquella mañana. Nunca dormía bien en los hoteles, y el saber que aquél pertenecía a la Cadena Black no le había ayudado a conciliar mejor el sueño. Seiya había estado buscándole los fallos, pero no había encontrado ninguno. Todo en el Empire Moon era elegante, caro y lujoso. Un lugar estupendo para estar si eras aficionado al metal, el cristal y la decoración moderna, tan aséptica como la de un hospital. Seiya no lo era.
Una vez hubo logrado sacar el coche del garaje a la brillante luz del día, su humor no mejoró al encontrarse con que el paso delante del hotel estaba bloqueado.
Una mini furgoneta de televisión y una ranchera de alguna agencia informativa estaban mal aparcadas a la entrada del garaje. La acera que conducía a las puertas del hotel estaba invadida por periodistas y fotógrafos.
Maldiciendo entre dientes, Seiya se dispuso a dar marcha atrás sin prestarle mayor atención a lo que estuviera ocurriendo.
Pero Seiya plantó el pie en el freno al vislumbrar de pronto una familiar figura que pugnaba por abrirse paso por entre la muchedumbre de reporteros. Mina Tsukino estaba usando su brillante melena rubia como ineficaz escudo para protegerse de los micrófonos que apuntaban hacia ella y de los fogonazos de las cámaras. Cuando alzó la vista, buscando desesperadamente alguna vía de escape, Seiya vio su expresión de pánico.
Seiya no se detuvo a pensar ni a sopesar las consecuencias. Sólo reaccionó.
El rugido del motor y el chirrido de neumáticos hicieron que los perros de presa de la prensa sensacionalista se apartaran sobresaltados. Inclinándose sobre el asiento, Seiya abrió la puerta del pasajero.
"¡Entre!" - le gritó.
Ella se lo quedó mirando boquiabierta durante un momento y luego, con un sonido inarticulado de agradecimiento, casi se lanzó dentro. Incluso mientras cerraba la puerta, algunos periodistas ya se habían pegado al cristal, chillando preguntas - "¿Va a testificar en el juicio de divorcio Black, señorita Tsukino?"
"¿Qué hay del rumor de que le hizo fotos a Black desnudo para la revista Ella?"
El sonido de sus voces se fue apagando mientras Seiya bajaba el coche de la acera dando tumbos y se internaba entre el tráfico urbano. Se sentía extrañamente excitado. Nunca conducía de aquella manera. Siempre había estado demasiado preocupado por darles buen ejemplo a sus sobrinos. Al volverse hacia su pasajera, la encontró aferrada a los bordes del asiento tapizado de cuero. Estaba pálida y temblorosa, aunque Seiya no sabía si era por su refriega con la prensa o por su forma de conducir.
"¿Se encuentra bien?"
Ella asintió, pero cuando intentó hablar, lo hizo entrecortadamente.
Sin pensar casi en lo que estaba haciendo, se inclinó hacia ella y deslizó su mano tras la nuca de Serena, acariciándole suavemente la sedosa piel. - "Cierre los ojos" - dijo - "Respire hondo."
Ella hizo lo que le ordenaba, y se recostó contra la calidez reconfortante de los dedos de Seiya.
Aquella mañana no la había empezado con buen pie, pensó Serena pesarosamente. Temía haberse delatado ya, en cuanto había salido del ascensor y los periodistas se le habían abalanzado encima.
Había dejado abandonadas varias piezas de su equipaje en el vestíbulo en sus esfuerzos por escapar, pero los periodistas y fotógrafos habían salido en su persecución hasta la acera. Serena había comenzado a experimentar la vieja sensación de ahogo que tenía asociada con los ataques de asma de su infancia. Aunque sabía que ya estaba curada, había deseado con todas sus fuerzas la sensación de alivio que le producía tener un inhalador en la mano.
Pero la mano de Seiya parecía estar funcionando con similar eficacia, lanzando oleadas de cálido alivio por su cuerpo. Entonces cometió el error de abrir los ojos y encontrarse directamente con su irresistible mirada zafira. De pronto, fue consciente de lo estrecho que era aquel coche deportivo para un hombre de las proporciones de Seiya.
Estaban demasiado apretados allí dentro, con sólo la palanca de cambio entre ellos. El calor que los dedos de Seiya estaban despertando en Serena no tardó en extenderse por su cuerpo abajo y ella sintió de nuevo aquella extraña atracción palpitante hacia aquel hombre. El adversario de su hermana. Y esta vez Serena ni siquiera tenía la excusa de la luz de luna.
Consternada, le tomó la mano y se la apartó de la nuca. - "G-gracias. Ya me encuentro bien. No quería comportarme como una idiota histérica. Es que..."
"La entiendo. Yo también soy muy celoso de mi intimidad. Cuando alguien se me lanza con una cámara, me siento como un salvaje temeroso de que le arranquen un trozo de alma."
Que te arranquen un trozo de alma. Sí, aquello era exactamente lo que había sentido Serena. Parpadeó, asombrada por la capacidad de comprensión de Seiya. Era el último comentario que podía haber esperado de un hombre práctico y duro como él.
Casi se sintió próxima a aquel hombre, hasta que él prosiguió - "Aunque nunca imaginé que fuera lo mismo para usted. Francamente, siempre me ha dado la impresión de ser una mujer que agradecía todo tipo de publicidad."
Ya estaba otra vez con aquello, criticando la trayectoria de Mina en los periódicos sensacionalistas.
Serena se puso rígida. - "¿Pensaba que realmente me encantaba estar en medio del circo de los medios de comunicación?"
"Sí, supongo que sí" - confesó él; sus ojos se entrecerraron con más sorpresa que suspicacia -. "Desde luego, nunca imaginé que pudiera ser una persona con aversión a las cámaras."
"Oh, no, señor Kou, realmente me encanta que me planten cámaras en la cara y me hagan toda suerte de preguntas estúpidas" - dijo, mirándolo furiosamente -. "Y si piensa que me lo estaba pasando bien ahí afuera..."
"¿Qué dice? Si hubiera pensado que se lo estaba pasando bien, no habría acudido en su ayuda."
"Me asombra que lo haya hecho. Después de algunas de las cosas que me dijo anoche, habría pensado que estaría más bien dispuesto a usarme como cebo para tiburones."
"La idea se me pasó por la cabeza, no crea" - dijo él irónicamente - "Pero siempre he sentido debilidad por las damiselas en apuros. Incluso cuando no me dan ni las gracias."
"Disculpe, pero yo no le he pedido que viniera rugiendo como... como James Bond con su cochecito lleno de trucos."
"En este caso, el cochecito pertenece a la madre de James Bond. Este tipo de coche no es precisamente mi estilo."
"Ah, ¿pero tiene usted madre?"
"En contra de lo que pueda usted pensar, no salí reptando de debajo de una piedra."
"No quería decir... Es que mi madre conduce una ranchera y no habría pensado nunca que... bah, da igual" - recostándose en el asiento, Serena dejó escapar un bufido, consternada por lo rápidamente que conseguía Seiya Kou sacarla de sus casillas.
"Mire, señorita Tsukino, no tiene sentido que nos enzarcemos en otra discusión por esto" - dijo él - "No estaba intentando ofenderla. Sólo quería decir que me ha sorprendido. Cualquier mujer que sea... una amiga de Diamante Black tiene que dar por supuesto este tipo de publicidad. Si no le agrada, tal vez debería reconsiderar el tipo de personas con quien se junta."
"Tal vez sí, señor Kou" - dijo ella con acre dulzura, mirándolo directamente.
Pero él no pareció darse por enterado. Estaba demasiado ocupado mirándola, sometiéndola a un lento escrutinio que hizo que a Serena le cosquilleara la piel.
"No puedo reprocharles a esos tipos que quisieran fotografiarla, teniendo en cuenta su atuendo."
Azoradamente, Serena trató de bajarse el reborde de la minúscula falda. Vana tarea. Había más tela en un pañal que en aquella minifalda de punto de Mina. Y el corpiño color rosa subido, que estaba demasiado ajustado y permitía ver una buena porción de su piel cremosa, no dejaba espacio para llevar sujetador debajo.
"No había visto nada igual desde la fiebre de la minifalda, cuando estaba aún en el colegio" – murmuró Seiya.
Serena alzó la barbilla defensivamente. - "Siempre he sentido debilidad por la nostalgia" - dijo, pensando en su armario lleno de vestidos románticos de Michiru Kahio y blusas victorianas.
"Sólo le faltan unas medias de redecilla."
"Lo que me falta es un taxi que me lleve de vuelta al hotel" - dijo ella secamente.
"¿Al hotel? ¿Y qué hay de los periodistas? Tal vez sigan allí."
"Me arriesgaré. Me he dejado todo el equipaje tirado por el vestíbulo, y mi hermana se preguntará qué me ha ocurrido."
"Eso tiene fácil solución."
Seiya alargó los brazos y Serena dejó escapar un chillido de alarma. Pero él sólo quería abrir la guantera para sacar... un teléfono portátil.
Serena sabía que estaba desfasada respecto a los años noventa, pero nunca había usado uno de aquellos chismes. Ni siquiera su novio, su ex novio, había tenido uno, aunque le habría venido muy bien, dada su profesión de médico.
Contempló con reluctante fascinación cómo Seiya marcaba el número de la central local y obtenía el número del hotel. Luego le oyó llamar a recepción y pedir que localizaran a Yaten Kou y la señorita Serena Tsukino.
Con su habitual autoritarismo, le contó a su sobrino lo que había ocurrido y se puso a ladrar órdenes. - "Tú y S.T. recojan el equipaje y déjenlo en el coche de alquiler de la señorita Tsukino. Cuando me parezca que no hay peligro, quedaremos en la puerta trasera del hotel. ¿Qué? Ah" - Seiya le tendió el aparato a Serena con un gesto de impaciencia - "Su hermana quiere hablar con usted."
Serena aceptó el teléfono portátil con prevención, como si temiera que fuera a explotar. Se lo acercó al oído.- "¿Sí?"
"¡Hola, cariño!" - la voz de Mina sonaba demasiado alegre para su gusto - "Por lo que he oído, has tenido una aventurita."
"Sí" - Serena forzó una sonrisa falsa en honor de Seiya -. "Podías haberme avisado."
Serena pudo imaginarse a Mina encogiéndose de hombros, dando ya por solventado el incidente. -"De todas formas, todo ha funcionado perfectamente, encanto."
"Perfectamente mal" - masculló Serena.
"No, en serio. Ahora, el tío Seiya puede llevarte hasta la casa de la playa. Y eso te dará una oportunidad más de quedarte a solas con él."
"Yo no quiero otra oportunidad de..."- Al ver que Seiya la estaba mirando fijamente, Serena bajó el tono de voz y volvió a esbozar la sonrisa falsa - "No creo que sea una buena idea, Serena."- aclaro recalcando la última palabra.
"Pues claro que lo es. Así tendrás ocasión de seguir convenciéndolo para que acepte lo de Yaten conmigo, de conseguir ablandándolo."- Serena se dispuso a protestar, pero Mina prosiguió sin tomar aliento - "Tengo que dejarte. Yaten va a traer el coche. Nos iremos enseguida. Nos vemos en la casa de la playa. Adiós."
"¡Minn... S.T!"- se corrigió rápidamente.
La única respuesta de Mina fue el clic del teléfono al colgar. Ella le devolvió el aparato a Seiya con el corazón en un puño, incapaz de mirado a los ojos.
"¿Y bien?" - inquirió él, pareciendo notar que algo no marchaba.
"Esto... Serena dice que Yaten y ella ya salen hacia allí con mi equipaje. Hemos quedado en la casa de la playa. Ha pensado... que podría llevarme usted."
"¿Ah, sí?" - su expresión mostraba que estaba tan poco complacido con la idea como Serena - "Qué impertinente por su parte" - añadió, arrastrando la palabra.
Aquello fue la gota que derramo el vaso. Serena no pensaba avanzar ni un milímetro más, allí apretujada en aquel liliputiense coche deportivo con aquel pedazo de hombre avasallador y sarcástico... y demasiado hábil con los botones de señora.
Echó la mano al pestillo.
"No tengo la menor intención de importunarle más, señor Kou, ni mucho menos. Estoy segura de que no tendré problema para hacer que pare algún autobús.""
"Lo más probable es que produzca un accidente. Cualquier hombre con sangre en las venas apretará el freno a fondo en cuanto la vea en la carretera con esa falda."
Con las mejillas llameantes, Serena abrió la portezuela bruscamente. Pero Seiya se inclinó sobre ella rápidamente y cogió el pestillo. La tenía prácticamente aplastada contra el asiento. Aquel movimiento había hecho que su rostro estuviera casi pegado al de ella. A Serena le dio un vuelco el corazón.
"Ni soñado, señorita Tsukino. No puedo consentir que organice un desastre circulatorio. Ya está bastante mal el tráfico de por sí" - consiguió cerrar otra vez la puerta - "La llevaré hasta la casa de la playa. Al fin y al cabo, es usted mi invitada."
"Una invitada que no es bien recibida. Ya lo ha dejado usted más que suficientemente claro."
"Mire, sé que tenemos nuestras diferencias, muchas de ellas. Pero vamos a pasar el fin de semana juntos. Tal vez deberíamos declarar una tregua."
"¿Qué clase de tregua?" - inquirió ella con receló -. "¿Se refiere a empezar desde cero a partir de la noche de ayer?"
"Bueno, es una idea tentadora, pero no muy sensata."
Seiya estaba girado en su asiento, con los brazos extendidos a cada lado de ella. Serena vio cómo su respiración se hacía más fuerte cuando posó la mirada en su boca. Era evidente que él sentía también aquella loca atracción que no debería existir entre ellos.
"¿Por qué me besó ayer por la noche?" - le espetó ella de pronto, e inmediatamente se quedó horrorizada. Era lo último que deseaba sacar a colación en aquel preciso instante.
- "No lo sé" - gruñó él, y sus ojos reflejaban la misma confusión que los de ella - "Pero, qué diablos, no dejo de desear más."
Serena se dispuso a protestar mientras la cabeza de Seiya se agachaba más, pero su boca estaba ya sobre la de ella, ardiente e inquisitiva, como si deseara saber la respuesta a su pregunta con su impaciencia habitual.
Un suave gemido escapó de la garganta de Serena. Todos sus instintos la impulsaban a pegar su cuerpo contra el de él, una hazaña imposible con la caja de cambios entre medias. ¡Aquel maldito coche de juguete!.
Seiya despegó la boca de la de ella, y la miró con ojos sombríos de frustración. - "¡Ya está" - dijo con voz ronca, casi de ira – "Espero que eso responda a su pregunta."
Serena ya no recordaba ni cuál había sido la famosa pregunta. Se derrumbó contra el respaldo, anonadada por lo apasionado de su respuesta y la de Seiya. Seiya se situó bruscamente al volante, respirando entrecortadamente. Estuvo a punto de arrancar el cinturón de seguridad al abrochárselo.
Mientras trataba de abrocharse el suyo, Serena sintió unas ganas irresistibles de estallar en una risa histérica.
"¿Es ésta su idea de una tregua, señor Kou?" - consiguió decir al fin.
- "Sí, y tendrá que reconocer..." - se detuvo a respirar - "que es todo un progreso" - su boca se curvó en una sonrisa irónica - "Y dadas las circunstancias, señorita Tsukino, creo que será mejor que empieces a llamarme por mi nombre."
"¿Tío Seiya?"- bromeó.
"Con Seiya basta" - por una vez su sonrisa fue genuina y alcanzó a sus ojos.
Era asombroso cómo cambiaba aquella expresión su rostro...
"Y tú puedes llamarme S..." - Serena se detuvo a tiempo - "...llámame Mina" - acabó sombríamente.
Se vio de pronto enfrentada a una nueva complicación. Había tratado de convencerse de que el primer beso apasionado que había intercambiado con Seiya había sido producto de la luz de la luna y la imaginación, de las románticas brisas marinas y los cielos estrellados.
Pero ahora, bajo la rabiosa luz del día, atados a los asientos del coche y con la caja de cambios entre ellos, la magia del deseo seguía presente.
(_:¨*(_:¨*(_:¨*(_:¨*
¡Hola!
Antes que nada, si alguna de ustedes es argentina y un poco vieja, como yo, por ejemplo. Se dará cuenta de que "Costa Esperanza" era el lugar donde estaba ambientada la novela "Verano del 98" jeje, siempre ame esa telenovela.
Ahora sí, primero quiero aclarar la edad de las gemelas. A decir verdad, exactamente no se dice la edad que tienen. Pero si se fijan hay muchos indicios de que ya están rondando por los treinta y algo. Por ejemplo en la parte que Serena dice que los hombres le tienen respeto desde los diecinueve años, cuando se horroriza de la edad de Yaten o cuando habla de su adolescencia como una época lejana (eso es más adelante)
Yo le hubiera dado una buena patada en la boca a Seiya si me hubiera dicho la mitad de las cosas que le dijo a Serena!
Pero es taaaaaan lindo!
Como verán, cumplí sus deseos y actualice rápido. Eso fue por todos los mimos que me dejaron con sus reviews jejeje .No quiero que suene a extorsión pero… nunca vienen mal los comentarios alentadores XD
Hablando de eso, el otro día leí un fic (que no es del fandom de Sailor Moon), donde la autora dejaba el numero de reviews que quería, si llegaba a la meta que estimaba subía el capitulo, sino esperaba hasta que llegue. Eso si es extorsión, yo no, como soy buena solo pido un poco de mimitos. Che! Tampoco les estoy pidiendo que me depositen plata en el banco, solo les toma dos minutos de su vida y a mí me hacen re feliz!! :) No sean amarretas jaja, yo sé quiénes son las que tienen las historias en modo de alerta y no dejan el comentario gracias a que toda esa información me llega al correo electrónico! Jeje(No sé
Porque pero sonó igualmente extorsivo, pero no era la intención XD)
Igualmente yo valoro mucho a las chicas que lo dejan, me ponen muy contenta y eso es un modo de incentivo para actualizar más rápido. Así que por eso este capítulo está dedicado a todas las chicas que me dejan sus reviews!
Patty Ramirez de Chiba: Jeje cada vez estos dos están peor. Acá esta el capitulo espero que o disfrutes!
Kinsei-Hime: Tal parece que la cábala nos funciona a las dos jejeje. Seiya es muuuy lindo! Las escenas entre ellos cada vez se van a ir haciendo más fuertes, eso ya se ve más en el siguiente capítulo!
KuMiKo Kou: Hola! Felices vacaciones!!, llegaste a tiempo porque esta adaptación no tiene más que dos días jajaja. Amo a Seiya siempre, este como este! Kinsei me hizo leer un fic donde él era un violador… ¬¬ la muy malvada, pero lo sigo amando igual jejeje. Espero que te guste el capitulo!
veronick: Jeje tanto como el tío Seiya como la recatada de Serena están más calientes que una pava el uno con el otro XD. Cuidado que las cosas cada vez se van a ir poniendo peor jeje.
drixx: Jejeje, me causo gracia tu expresión "a punto de caramelo" jajaa, yo suelo ser mas explicita jaja. A esa edad ya están mas hombres y con mas experiencia y madurez… ME ENCANTAN!! Jeje. Yo creo que la edad de las locas ronda por los treinta y pico por varias cosas que dice Serena como por ejemplo, cuando se horroriza de la edad de Yaten o cuando explico su relación con los hombres. Y con respecto a las relaciones entre los familiares… soy la menos indicada para opinar XD jeje. Descubrí la forma para que no me pase mas el problema del capítulo uno!
Srita. Rossy Kou Ouiji: Otra que viene con expresiones graciosas para Seiya. A mi uno justo como el me lo receto el doctor. Con el tendría varias sesiones POR DIA! Y no lo dejaría hasta dejarlo postrado en la cama jajajaja. Perdón, me salió del alma! La adaptación es de un libro de Susan Carroll. No estoy segura si hay una peli o no, pero creo que no. Gracias por seguirme a mí! XD
Erill Cullen: Jejeje, de nada =) Igual debo decirte que es una adaptación, lamentablemente yo no escribo tan rápido ya que me inspiración siempre se va de viaje y tarda en volver jejeje. Gracias por el mimo de tus reviews XD.
