Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.
Capítulo V
Ella le había lanzado una mirada que lo había atravesado como una daga ardiente y luego simplemente había desaparecido. Pero Seiya se vio frustrado por los invitados de su madre en su intento de seguir a Mina. Diana había molestado a Mina de alguna manera con sus tonterías sobre hombres desnudos. Lo cual era extraño. Una cosa así no tendría por qué haber molestado a una mujer con la reputación de desinhibida que tenía ella.
Pero había muchas cosas que molestaban a Mina y no tenían por qué. Los periodistas, las noticias sensacionalistas, el mantener el tipo en una sala llena de desconocidos. Aquella mujer seguía siendo tan enigmática para Seiya como nada más conocerla.
Tras desembarazarse de uno de los invitados, pudo finalmente ir en busca de Mina. En cuanto comprobó que no estaba en la casa, no le fue difícil descubrir dónde había ido. Lo único que tuvo que hacer fue seguirle la pista a sus tacones abandonados.
Encontró uno junto a las puertas corredizas que comunicaban la cocina con el exterior, y el otro al final de la terraza. Apoyándose en la barandilla, bajó la mirada hacia el patio trasero. Ninguna de las luces del patio estaba encendida, aparte de las de dentro de la piscina. Localizó a Mina sentada en el borde, con los pies colgando sobre el agua.
Seiya contuvo el aliento y estuvo tentado de volver a meterse en la casa. Había tomado la decisión de mantenerse a distancia de Mina Tsukino aquella noche. Después del breve trayecto a lo largo de la costa con ella en el coche deportivo, ya había estado albergando suficientes fantasías sobre las largas y gráciles piernas de Mina, y sobre las sensaciones que le produciría enterrarse entre aquellos muslos suaves y sedosos.
Cogiendo los dos zapatos con una mano, comenzó a descender desde la terraza hasta el patio.
Ella no alzó la vista cuando Seiya se acercó, sino que siguió mirándose los pies, meciéndolos sobre el agua. A él nunca se le había ocurrido pensar en los pies como algo atractivo, pero los de Mina lo eran.
Parecía casi adormecida, con los ojos suaves y líquidos de alguien que está sumido en un mundo propio y encantado. Seiya se sintió casi como un intruso en su propio patio trasero, pero de todas formas extendió la mano con los zapatos.
"¿No ha perdido algo, señorita Tsukino?"
Serena alzó la mirada y se encontró con la figura de Seiya cerniéndose sobre ella, con los tacones de Mina en la mano. Deseó que no hubiera ido. No sabía qué le habría echado Mina a aquel té, pero temía estar un poco borracha.
Agachando la cabeza, Serena balbuceó - "No hacía falta que me trajeras los zapatos. De hecho, tenía la esperanza de no volver a ver nunca esos instrumentos de tortura."
"Considéralos desaparecidos."
Seiya emprendió la marcha hacia la parrilla de gas.
Sobresaltada, Serena lo vió arrojar los carísimos zapatos italianos de Mina a un pequeño cubo de basura. Mina se iba a subir por las paredes.
"¿Te importa que te haga compañía?" - le preguntó volviendo a su lado.
¿Le importaba? Sí... quería que se largara. Pero, con más intensidad aún, deseaba a la vez que se quedara. Llena de consternación, se dio cuenta de que empezaba a desear muchas cosas de Seiya. Por ejemplo, que él se sintiera atraído por ella como Serena, no como Serena haciendo de Mina.
Volvió a hacer girar los pies sobre la superficie del agua, contemplando las luces del fondo de la piscina.
"Será mejor que te vayas" - dijo - "Eres demasiado peligroso a la luz de la luna, Kou."
"Igual que tú" - dijo él, riéndose suavemente y sentándose de todas formas.
"Oh, sí, soy una auténtica amenaza para el sexo masculino" - masculló Serena.
Una de las mangas del vestido de Mina se le había caído y Serena se la subió otra vez. En cuanto aquella farsa hubiera terminado, se acabó la dama de rojo, pensó. Volvería... al beige otra vez.
"Deberías sentarte un poco más atrás en el borde" - dijo él - "Vas a caerte."
"¿Ese es el tipo de advertencias que les haces a tu sobrino y tu sobrina, tío Seiya?"
"No, Yaten y Diana son buenos nadadores."
"Bueno, pues Mina Tsukino lo es también. Podría haberse presentado a las Olimpiadas."
"¿Con vestido de noche?"
Con cualquier tipo de vestido, pensó Serena, mientras que ella estaba convencida de que se hundiría como una piedra aunque llevara chaleco salvavidas. Serena no había aprendido nunca a nadar, por culpa de su asma. Habría sido un riesgo demasiado grande.
"Es un poco un desperdicio, ¿no? ¿Una piscina teniendo el océano al lado?"- Seiya se puso en pie y dio unos cuantos pasos nerviosos.
"Hice instalar la piscina más que nada por Diana. No le hace demasiada gracia el mar. Demasiadas cositas viscosas moviéndose por entre los dedos de tus pies, dice."
"Y diseñaste la casa para complacer a tu madre. Dime una cosa, Seiya. ¿Has hecho alguna vez algo sólo para darte gusto a ti mismo?"
La pregunta pareció sorprenderlo. Sus labios se curvaron en una sonrisa curiosa. - "Sí, salvé a una rubia de largas piernas de una horda de periodistas sedientos de sangre."
"No pareciste disfrutar mucho en el momento" – le recordó Serena.
Él se rascó la barbilla. - "Pensándolo ahora, fue más bien divertido. El «tío Seiya» no corre aventuras muy a menudo. Tiene que tomarlas al vuelo cuando le surgen."
Era extraño oírle decir aquello, casi un eco de sus propios sentimientos. Un hombre que tenía su aspecto debía llevar una vida muy excitante. - "Pareces demasiado joven para ser tío de nadie."
"Creo que he envejecido mucho últimamente."- Se agachó junto a ella y deslizó la mano sobre la superficie del agua.
"¿Cuánto hace que tu hermano mayor..." - le espetó de pronto Serena - "bueno, ehh, quiero decir desde que él..."
La mano de Seiya se quedó paralizada sobre el agua. - "Taiki se mató en un accidente de aviación cuando Yaten tenía diez años y Diana cinco. Habían perdido a su madre de cáncer dos años antes. Fue duro para ellos."
Duro para Seiya también, aunque Serena dudaba que él reconociera algo así nunca. Una expresión vacía, vaga, se apoderó de los ojos de Seiya, quien se dio prisa en sumir de nuevo el rostro en las sombras.
"Entonces, ¿desde cuándo eres su tutor?" – insistió Serena.
"Desde hace unos doce años."
"¡Doce años! Vaya, entonces debías tener... debías ser..."
"No mucho mayor de lo que es Yaten ahora" - terminó él inexpresivamente.
"Qué terrible responsabilidad debió ser para ti."
"Me las arreglé" - Seiya se encogió de hombros, sintiéndose tan incómodo como siempre con cualquier muestra de comprensión profunda. Se aclaró la garganta y dijo hoscamente - "Era más fácil cuando los chicos eran más pequeños, sobre todo Yaten. Lo único que me preocupaba entonces era que se pudiera romper un brazo y no..."
"¿El corazón?" - terminó ella - "No tienes que preocuparte por eso, Seiya, al menos, no con mi hermana" - titubeó, eligiendo las palabras con cuidado - "Serena tiende a construir muros a su alrededor. Hace muchas amistades, pero no suele ofrecer su amor."
"Realmente, no son tanto los corazones sino los sueños rotos lo que me preocupa. Son igual de difíciles de reparar."
"¿Y qué sueños has dejado desvanecerse tú, Seiya Kou?"
Incluso en aquella semioscuridad, los asombrosos ojos celestes de Serena eran demasiado penetrantes.
"Me refería a los de Yaten" - dijo Seiya - "No sé si Serena te lo ha dicho, pero tiene talento musical. Ha hecho cuatro años en el Conservatorio Sinfónico de Jersey y lo han aceptado para un curso de posgraduado en la Juilliard. Espero verlo tocar el piano en el Carnegie Hall algún día... a menos que alguien lo aparte de su camino."
"No, Serena no haría eso. Ella sabe lo que significa tener sueños, un talento especial que significa más que ninguna otra cosa para ti, algo que tienes que compartir con el mundo o... o estallar."- La voz de Serena se había vuelto demasiado apasionada. Ella se dio cuenta y de pronto no supo si estaba hablando por Mina o por sí misma. - "Me gustaría que fueras capaz de darle una oportunidad a Serena, Seiya" - dijo.
"Tal vez pueda."
Algo en su tono la hizo alzar la mirada hacia él. Se había quedado inmóvil, con las manos en los bolsillos.
"¿Por qué no me hablas de Serena Tsukino?" - le sugirió en voz baja.
"Bueno..." - Serena se humedeció los labios - "Ella y yo estábamos muy unidas de pequeñas. Luego Serena... S.T... cogió una neumonía que se convirtió en asma. Después de aquello, todo cambió."
"¿Cambió? ¿Cómo?"
Se le hacía raro hablar de sí misma en tercera persona. Serena se removió nerviosamente, pero prosiguió - "Mis padres comenzaron a andar de puntillas a su alrededor, temiendo siempre que iban a perderla. Ella aprendió a vivir la vida desde el sofá de la sala de estar, contemplando el mundo a través de nuestro enorme ventanal. Así fue como comenzó a dibujar." - Serena se detuvo y añadió con cierta amargura - "Era lo único que podía hacer sin que todo el mundo se preocupara."
Serena suspiró.
"Su enfermedad fue dura para su familia, Mis padres acabaron divorciándose y supongo que fue entonces cuando Mina... cuando yo empecé a campar por mis respetos."
"¿Y piensas que la culpa de todo la tuvo S.T?"
"No lo sé" - dijo Serena con tristeza - "No, supongo que no. No era culpa suya estar enferma, y ahora ya está mejor. Ha dejado todo eso detrás."
"¿Es eso cierto?"
La suave pregunta de Seiya la desasosegó de alguna forma. Serena tenía la inquietante sensación de que había hablado demasiado. Apoyándose sobre las manos, comenzó a levantar las piernas de la piscina. Pero la palma de la mano derecha le resbaló. Por un instante, se balanceó precariamente. Luego, el estómago le dio un vuelco mientras perdía definitivamente el equilibrio y caía al agua.
Incluso entonces podría haberse agarrado al borde, pero cuando el agua tibia se cerró sobre su cabeza, cegándola e impidiéndole respirar, le entró el pánico. Agitó los brazos descontroladamente, mientras el vestido se le enredaba entre las piernas. Luchó, agitó los brazos, tragó agua y sintió que le quemaba la garganta. Fue consciente de un movimiento junto a ella y se golpeó con algo. Los brazos de Seiya la rodearon y la alzaron a la superficie. En su pánico, ella arremetió contra Seiya y ambos se hundieron de nuevo.
Pero Seiya la aferró con firmeza por el cuello y la arrastró hasta el borde de la piscina. Luego, con un sólo movimiento, la sacó fuera.
Serena se derrumbó, tosiendo y escupiendo, respirando aparatosamente. A medida que su terror se fue desvaneciendo, se dio cuenta de que no podía haber estado en el agua más que unos pocos segundos, pero el corazón seguía latiéndole salvajemente.
Se dio cuenta de que Seiya estaba tumbado junto a ella, jadeando. Parecía tan afectado como ella. Apartándose el pelo mojado de los ojos, la miró furiosamente.
"Maldita sea. Te advertí que no te acercaras tanto al borde."-No le hacía falta que le recordara lo estúpida que había sido. Abrió la boca para decírselo, pero los dientes comenzaron a castañetearle. No de frío, sino como reacción ante su reciente terror. - "Ven aquí" - dijo él.
Se sentó en el suelo y la atrajo hacia sus brazos. Atrajo su cabeza contra su pecho y comenzó a acunarla lentamente.
"Tranquila" - le susurró al oído.
Su camisa estaba empapada, pero su piel parecía cálida y palpitante bajo el tejido. Serena sintió que el ritmo de su corazón iba disminuyendo hasta hacerse más normal. Los brazos de Seiya parecían protegerla de todo mal. Serena no pudo evitar preguntarse cómo había podido pensar que aquel hombre pudiera ser duro e insensible.
Él le acarició el pelo mojado dulcemente. - "¿Qué demonios te ha pasado? Creí que sabías nadar."
Serena se puso rígida y se escapó de entre sus brazos. - "Me... me ha dado un calambre en la pierna."
"¿En cuál?"
Serena bajo la mirada hacia su piernas desnudas. La derecha le pareció tan buena como la otra para echarle la culpa. Se señaló la pantorrilla.
"A... aquí."
Él le rodeó la pierna con las manos. Cuidadosamente, pero con firmeza, comenzó a masajearle el músculo.
"Pues yo no noto nada" - dijo Seiya, frunciendo el ceño - "Normalmente, cuando te da un calambre, el músculo se pone duro como una piedra."
"Ya estoy un poco mejor."
Se dio cuenta, consternada, de cómo se le pegaba el traje mojado al cuerpo, revelando la plenitud de sus pechos, las curvas de sus muslos. No pudo decir en qué momento, Seiya fue consciente de aquello también.
Sus dedos comenzaron a titubear, la presión haciéndose menos firme, más acariciante.
Su mirada se hizo más oscura, y sus dedos comenzaron a evocar un ritmo que despertó en ella todo tipo de sensaciones titubeantes. Toda azorada, Serena notó que los pezones se le habían puesto duros y firmes, perfectamente perfilados en el tejido rojo mojado. Tragó saliva y se inclinó hacia adelante, cogiéndole la muñeca a Seiya.
"Ya estoy bien."- avisó con la voz fallada.
"¿Estás segura?" - sus dedos se entretuvieron tras el hueco de su rodillas en una caricia cálida y sugerente.
"Creo... que sí."
Él se acercó más, de modo que su rostro estuvo a centímetros escasos del de ella. - "Nunca había atendido a una mujer medio ahogada antes" - dijo con voz ronca -. "¿No hay alguna otra cosa que pueda hacer?"-
Ella lo miró a sus ojos azules y profundos y sintió como si se estuviera ahogando otra vez. Se humedeció los labios.
"Bueno, creo que lo acostumbrado es aplicar el boca a boca."
"¿Así?"
Su labios cubrieron los de ella, forzándola suavemente a abrir los suyos. Un débil gemido escapó de la garganta de Serena, aunque ni ella misma estaba segura de si era de protesta o de aceptación, hasta que Seiya le rodeó con la mano la nuca y su boca se hizo más exigente. Las manos de Serena se movieron sobre los hombros de Seiya como dotadas de voluntad propia. Lo envolvió con los brazos. Suplicándole que profundizara el beso, dejó que su boca se abriera, invitándolo a degustarla, a invadirla con su calor.
Como un sólo cuerpo, se tumbaron el uno junto al otro. Sin despegar su boca de la de ella, Seiya la apretó contra sí, plantando una mano con fuerza sobre su trasero, entrelazando sus piernas con las de ellas. Su caricia era como el fuego, y la barrera que ofrecía la seda mojada, tan escasa, que podría haber estado desnuda.
Pero el encanto quedó quebrado un instante después desde el exterior cuando las luces del patio se encendieron bruscamente. Lanzando una maldición, Seiya se separó rápidamente de Mina. Se puso en pie de un salto, usando su cuerpo como escudo mientras ella se arreglaba la ropa.
Se sintió tan humillado como un adolescente al que han pillado con los pantalones bajados. Tenía que haber perdido la cabeza, para estar a punto de hacerle el amor a Mina Tsukino a plena vista de toda la casa, cuando cualquiera podía salir y descubrirlos.
Resultó ser Diana. Se asomó por la barandilla de la terraza.
"¿Tío Seiya?"
Aquellas dos palabras no lo habían llenado nunca tanto de terror. Nunca se había sentido menos tío Seiya que en aquel momento, con el cuerpo aún dolorido de deseo frustrado. Extendió la mano hacia Mina para ayudarla a levantarse, sin atreverse apenas a mirarla. Ella tenía el rostro arrebolado, los labios aún temblorosos del beso compartido.
Seiya gritó secamente -"Vuelve a meterte, Joey. Enseguida subo."
Pero su sobrina ya estaba bajando rápidamente las escaleras al patio. Fue un cierto alivio comprobar que Diana no podía haber visto mucho realmente. Si no, sus ojos no se abrían abierto como platos al fijarse en su estado y el de Mina.
"¡¿Pero que les ha pasado?!"
"M... me he caído accidentalmente a la piscina" - dijo la rubia - "Y tú tío se ha lanzado a rescatarme."
"¿Vestido? ¡Genial!" - Diana sonrió irónicamente - "Parece divertido."
"¿Por qué no haces algo útil, Daiana? Vuelve a la casa y tráenos unas toallas."
"Bueno" - se encogió de hombros - "Sólo había salido a ver qué estaban haciendo tú y Mina aquí solos en la oscuridad, de todas formas" - se rió entre dientes y añadió - :"Se han perdido el gran anuncio de Yaten."
"Ya cállate, Diana" - la voz de Yaten atronó desde lo alto de la terraza.
Seiya contuvo un gemido. ¡Ahora su sobrino!
Yaten bajó al patio, mirando furiosamente a su hermana pequeña.
"¿No eres un poco mayorcita para andar molestando al tío Seiya?"
Seiya se rascó el puente de la nariz, sintiendo que se le estaba acabando la paciencia. Para pasarse el día diciendo lo adultos que eran, sus sobrinos estaban portándose otra vez como un par de niños.
Le ordenó secamente a Diana que volviera a la casa. Ella tardó un momento en reaccionar, pero al ver la expresión tormentosa de su tío, hizo lo que le decía sin más protestas. En cuanto hubo desaparecido, Seiya se volvió hacia Yaten. La expresión de su sobrino no era tranquilizadora. El gesto de su mandíbula era desafiante, pero no parecía atreverse a mirar a Seiya a los ojos.
"Entonces, ¿cuál es ese gran anuncio del que se suponía que no debía enterarme?" - inquirió Seiya.
"Sí que tenías que enterarte. Sólo que no estabas allí cuando lo he dicho" - Yaten golpeó la barandilla de la escalera de la piscina con la punta del pie - "He decidido que no voy a volver a la escuela el próximo otoño."
«Oh, Dios», pensó Serena, conteniendo el aliento. Lanzó una mirada a la severa expresión que se había apoderado de las facciones de Seiya y deseó estar a salvo en la casa con Diana.
"Disculpen" - murmuró mientras intentaba pasar por delante de Seiya, pero él la aferró de la muñeca.
"Ah, no, tú te quedas aquí, Mina" - sus ojos oscuros parecieron clavarse acusadoramente en ella - "No sé por qué me da la impresión de que esto no es un gran secreto excepto para mí, ¿no, Yaten?"
Yaten se encogió de hombros. - "No es un gran secreto. Y tampoco hay para tanto. Es sólo que estoy harto de la escuela, eso es todo."
"¿Harto? Se te ha dado la oportunidad de seguir estudiando música en una de los centros más prestigiosos del país y tú estás harto. Dime una cosa. ¿Cuándo has tenido esta brillante revelación?"
Serena notó cómo hería a aquel joven sensible el sarcasmo de Seiya. Entendía el miedo y la preocupación que motivaban la ira de Seiya, pero deseó que moderara su tono.
"Es algo que sólo he visto claro últimamente" - dijo Yaten.
"En otras palabras, desde que conociste a Serena Tsukino."
"S.T. no tiene nada que ver con esto. Sólo se ha portado como una buena amiga, eso es todo."
"¿Y sabe tu buena amiga que yo controlo tus fondos hasta que cumplas los veinticinco?"
La protesta de Serena ante aquella insinuación quedó ahogada por la respuesta indignada de Yaten - "¡Al diablo con el maldito fondo! No me interesa ni a mí ni a S.T. Estamos pensando en hacer un viaje a través del país hasta que se me aclaren las ideas y llegue a una conclusión respecto a lo que quiero hacer. S.T piensa que podría ganarme la vida tocando el saxo."
«Oh, Mina», pensó Serena con un gemido. «Ya has hecho otra de las tuyas. Y, como de costumbre, no estás aquí para hacer frente a las consecuencias».
Seiya estaba prácticamente estrujándole la muñeca a Serena, pero ella consiguió zafarse. Él dio unos cuantos pasos con el rostro lívido. Serena se dio cuenta del esfuerzo que estaba haciendo para dominar su genio.
Se detuvo en seco y dejó escapar una sola palabra:
"No."
"¿Qué quieres decir?" - inquirió Yaten.
"Quiero decir que esta estupidez no va a ir más lejos. No quiero oír ni una sola palabra más del asunto. Tú estabas perfectamente satisfecho hasta que te has enredado con esa..."
"No, no lo estaba, Seiya. He intentado decírtelo un montón de veces, pero tú nunca hacías caso. Ya soy capaz de tomar mis propias decisiones. Ya no soy ningún niño."
"Pues deja de actuar como si lo fueras."
Yaten sacudió la cabeza con gesto de amargura. - "Ya le he dicho a Serena cómo sería esto. Sabía que reaccionarías así "- girando sobre sus talones, se dirigió de nuevo hacia la casa.
"Esta discusión no ha terminado, Yaten" – gritó Seiya a sus espaldas.
"Por lo que a mí respecta, sí" - contestó Yaten, mientras empezaba a subir las escaleras a la terraza. El sonido de la puerta al cerrarse con fuerza a sus espaldas pareció resonar en la noche.
"No vayas tras Yaten ahora" - le suplicó Serena cogiéndole el brazo -. "Sería mejor que esperases a que estuvieran los dos más calmados."
Él se zafó bruscamente. - "No necesito ningún otro consejo tuyo sobre cómo educar a mi sobrino. Ya he tenido bastantes."
Serena hizo una mueca de dolor. - "No... no sé qué ha ocurrido exactamente. Pero al menos soy lo bastante abierta como para esperar antes de juzgar y condenar a nadie."
"Creo que sabes muy bien lo que ha ocurrido. No me extrañaría nada que tú y tu hermana hubieran planeado todo esto desde el principio. No ha dejado de ser de lo más oportuno que yo estuviera aquí contigo en el preciso momento en que Yaten estaba anunciando sus intenciones públicamente. ¿Qué se suponía que tenías que hacer, Mina? ¿Distraerme? Pues lo has hecho estupendamente, qué diablos."
Las mejillas de Serena se encendieron vivamente ante la irracionalidad y la total gratuidad de la acusación de Seiya. Deseó recordarle en términos muy claros que había sido idea de él seguirla hasta la piscina.
Pero, como de costumbre cuando se indignaba, sintió la garganta atenazada y sus pensamientos reducidos a un estado de furiosa incoherencia.
"Ya las tenía bien catalogadas a ti y a tu hermana como una fuente de problemas desde el primer momento" - dijo Seiya amargamente - "No sé cómo se me ha podido borrar esa certeza de la mente."
"Y yo no sé cómo he podido llegar a cambiar de opinión sobre ti. Eres justo lo que pensaba que eras. Arrogante, pomposo, obcecado y... "- Serena se detuvo, buscando más epítetos.
"Estúpido" - le ofreció Seiya -. "He sido un estúpido por olvidar lo que sabía sobre ti. Estaba casi enamorándome, con todo ese número de los ojos grandes y la comprensión mutua. Si Diana no hubiera salido cuando lo ha hecho, probablemente yo no sería más que una marca más en el pintalabios de Mina Tsukino. Al menos, ahora sé qué terreno piso."
"No tienes ni la menor idea de qué terreno pisas, Kou" - dijo Serena entre dientes.
Por lo pronto, estaba en el borde de la piscina. Y Serena se aprovechó plenamente de aquella circunstancia. Lanzando los puños con fuerza con el pecho de Seiya, le hizo perder el equilibrio.
