Sailor Moon © Naoko Takeuchi

Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.



Capítulo VI

La luz de la mañana penetraba apenas por entre las persianas. Pero Serena tiró con fuerza del cordón, dejando que la luz inundara la habitación. Mina gruñó y hundió la cabeza en la almohada de la cama doble que compartían.

No sabía cuándo exactamente había entrado Mina de puntillas la noche anterior. Sólo sabía que había habido otro amargo enfrentamiento entre Seiya y Yaten. Había podido oír sus voces alzadas incluso desde la habitación mientras se cambiaba la ropa. Mina no podía haber vuelto antes de las dos, porque Serena había permanecido despierta hasta entonces.

Había desahogado parte de su frustración del modo habitual. Tras desenterrar el bloc de dibujo con el que siempre viajaba, había procedido a esbozar un nuevo personaje para su serie de Deditos Peludos: un conejo muy serio con unos bigotes muy largos y expresión autoritaria. Debajo del dibujo, había garabateado el nombre con amarga satisfacción: el Tío Zanahorias.

La horrorizaba recordar cómo lo había empujado a la piscina. Pero se lo merecía, por las crueles acusaciones que había lanzado contra Mina y contra ella.

Tal vez el retorno a las hostilidades entre ellos fuera una buena cosa. Le daría ocasión a Serena de evitar otros sentimientos que habían empezado a latir entre ellos, emociones que se habían apoderado de ella a la velocidad de la luz, una velocidad para la que no estaba preparada.

«Estaba enamorándome de ti». Pero no era de Serena de quien se estaba enamorando. Era de Mina. O de quienquiera que fuese aquel personaje que había creado Serena, aquella mujer desinhibida a quien le gustaban los vestidos rojos y los más fogosos besos de Seiya. Que empujaba a los hombres a las piscinas cuando la irritaban.

Mientras Mina permanecía enterrada bajo las sábanas, Serena arrojó la maleta abierta sobre la cama. Luego comenzó a sacar ropa de los armarios y de los cajones donde la había metido Mina. La ropa recatada y discreta de la autora de libros infantiles que era Serena.

No hizo esfuerzo alguno por no hacer ruido. Abrió y cerró cajones con fuerza hasta que Mina emergió de debajo de la almohada. Parpadeó, mirando con los ojos muy redondos a Serena, y se estiró. Pero cuando vio la maleta se detuvo en mitad del bostezo.

"¿Qué estás haciendo, Serena?"

"Lo llaman hacer el equipaje."

Mina salió precipitadamente de la cama, y alargó la mano hacia una fina bata para colocarse sobre la camiseta y las diminutas bragas de encaje que llevaba. Sacudiendo la cabeza como si quisiera despejar los últimos vestigios de sueño, gimió - "Vamos, Serena. No hagas nada precipitado."

Serena apretó los labios y sacó un puñado de bragas sujetadores del cajón. Mina se distrajo momentáneamente.

"Anda, pero si aún usas esas bragas blancas de algodón como las que nos solía enviar la tía Zaori por Navidades."

"Deja mi ropa interior fuera de esto, ¿quieres?" - dijo Serena, arrojando las prendas al interior de la maleta - "Te he estado esperando media noche, Mina, para que pudiéramos hablar de este embrollo en el que estamos metidas. Tengo un terrible dolor de cabeza. ¿Qué pusiste en esa copa que me diste, por cierto?"

"Un poquito de esto y un poquito de aquello. Algo de ron, vodka y whisky" - Mina se encogió de hombros - "Imagino que debes estar enfadada por la pelea entre Yaten y Seiya de anoche, ¿no?"

"Acertaste" - contesto Serena - "Me he subido a una rama por ti, Mina y tú me la has aserrado por detrás. Ya casi había convencido a Seiya de que podía confiar en que no interferirías en el sueño de Yaten de ser concertista de piano."

"¿El sueño de Yaten o el que Seiya cree que debería tener? Seiya tiene a ese pobre muchacho hecho tal lío que cree que su obligación es convertirse en el siguiente... el siguiente Stradivarius."

"Stradivarius era un fabricante de violines "– dijo Serena.

"Lo que sea, el caso es que Yaten no quiere serlo. No está seguro de lo que quiere."

"¿Y se supone que huir contigo va a servirle de ayuda? Tú tampoco has sabido nunca qué querías hacer con tu vida."

"Al contrario que tú" - dijo Mina amargamente - "Serena, la sensata, la responsable. Tú lo has tenido siempre todo claro. Lo correcto y lo erróneo. Lo blanco y lo negro."

Serena notó que la discusión entre Mina y ella volvía a internarse por derroteros dolorosamente familiares. Se dio la vuelta para seguir haciendo el equipaje. Mina se acercó a la ventana y se quedó mirando afuera con los brazos cruzados.

"No he estado actuando de forma muy sensata últimamente" - dijo Serena - "No tendría que haberme prestado nunca a esta absurda farsa. No está haciendo más que empeorar las cosas."

"Ha sido culpa mía. Yo te arrastré a hacerlo."

"Pero, como hermana mayor tuya..."- siguió Serena ignorando la frase de su hermana.

"¿ Voy a tener que seguir oyendo eso el resto de mi vida?" - Mina se volvió rápidamente hacia Serena - "Soy consciente de que probablemente no sea la mejor influencia para Yaten. Pero, maldita sea, Serena, lo amo. Este asunto de la música clásica no es para él. Lo noto. Tienes que confiar en mis instintos en esto, en lugar de en los de Seiya."

"Entonces, ¿qué crees que debería hacer Yaten?" - le preguntó Serena.

"No lo sé aún. Pero sé que no va a tener ocasión de encontrarse a sí mismo nunca mientras siga bajo la influencia de Seiya."

"Seiya sólo actúa de esa forma porque lo quiere" - le espetó Serena, sorprendida de encontrarse defendiendo a aquel hombre.

"El cariño de Seiya está asfixiando a Yaten, y tú deberías saber lo que es eso."

"Tal vez sí, pero tu intromisión no lo está ayudando tampoco. Lo único que has conseguido es que Seiya y Yaten se lancen al cuello mutuamente. Yaten se ira contigo, dejando un abismo entre Seiya y él. Seiya parece un duro, pero sé que va a sufrir, y lo quiero demasiado para..."

Serena vio que a Mina se le ponían los ojos como platos. Se quedó paralizada, al darse cuenta de lo que acababa de decir.

"¿Que quieres demasiado a Seiya?" - repitió Mina incrédulamente - "¿Un tipo al que has conocido hace dos días? ¿Y esto lo dice la Serena Tsukino que tardó dos años en decidirse a comprometerse con aquel oftalmólogo?"

"Probablemente tendría que habérmelo pensado aún más" - dijo Serena.

O haberse enterado mucho antes de que no había estado enamorada de Darien Chiba. ¿Era posible que se hubiera pasado dos años con Darien sin que él ni una sola vez hubiera despertado en ella el deseo, sin que hubiera conmovido su corazón de la forma en que Seiya parecía capaz de hacerlo con sólo mirarla?

Pero... ¿haberse enamorado de Seiya después de sólo dos días? La idea resultaba aterradora. Se estaba volviendo tan salvaje e impulsiva con sus emociones como Mina.

Serena se dio la vuelta y cerró la maleta. El gesto pareció sacar a Mina de su trance. - "Oh, Dios, lo siento, Serena" - dijo -"Nunca imaginé que pudiera haber algo entre tú y Seiya."

"No lo hay. Él piensa que yo soy tú, acuérdate."

Mina se pasó la mano por el pelo revuelto y gruñó. - "Esta vez sí que la he montado bien."-Serena no iba a quitarle la razón en aquello. Mina plantó la mano sobre la maleta. - "No te vayas, Serena. Voy a arreglarlo todo. Te lo juro."

Cuando Serena se dispuso a apartarle la mano, Mina siguió precipitadamente.

"Yaten y yo vamos al campo hoy a visitar a unos primos segundos suyos. Teniendo en cuenta la tensión que hay entre Seiya y Yaten, es mejor que no nos dejemos ver por aquí hoy. Apro... aprovecharé para hablar con Yaten. Sigo pensando que tiene razón en no volver a la escuela, pero lo convenceré de que tenga más paciencia con las preocupaciones de Seiya."

"¿Y de eso es de lo único que vas a hablar con Yaten?"

"No" - Mina dejó escapar un profundo suspiro - "Le diré quién soy realmente. Pero no va a resultar fácil, confesarle al hombre que quieres que le has estado mintiendo desde el primer día que lo conociste."

"Dímelo a mí" - masculló Serena.

Mina rodeó con los brazos los hombros de su hermana. - "Oh, cariño, intenta aguantar un poco más. Si me delatas a Seiya primero, irá directamente a Yaten y tal vez no consiga hacerle comprender nunca. Y esto es muy importante para mí."

Serena apretó los labios, tratando de resistirse a aquel tono suplicante, pero ya podía sentirse flaquear.

"¿Me juras que para esta noche le habrás contado todo a Yaten?"

"Te lo juro."

"De acuerdo, te concedo doce horas más" – Serena consultó el reloj -. "Hasta las nueve de la noche y ya está."

Mina la abrazó con todas sus fuerzas. - "Eres la mejor, nena."

"¿Pero qué se supone que voy a hacer yo mientras tanto? No creo que esté en condiciones de seguir con esta actuación delante de la familia Kou. Y menos, de Seiya."

"Yaten y yo podemos dejarte en el pueblo de Costa Esperanza" – dijo Mina - "Puedes ir de compras. Estoy segura de que tiene que haber alguna vieja librería polvorienta donde puedas hurgar a gusto. Y puedes coger el autobús de vuelta cuando te canses" - Mina le lanzó una última mirada ansiosa - "Realmente esperarás a las nueve antes de decirle nada a Seiya, ¿eh? Ocurra lo que ocurra, recuerda tu promesa."

"Si, la recordaré" - dijo Serena sombríamente.

S&S

Serena acabó de recorrer los puntos de interés de Costa Esperanza en una hora. Casi pensaba que haber ido allí había sido un error. No había visto a Seiya aquella mañana. Había desaparecido antes del desayuno. Louise Kou y Diana también se habían dedicado a sus asuntos. No quedaba nadie en la casa de la playa.

Nadie excepto Sammy Aino, se recordó a sí misma Serena con una mueca. Los Kou lo habían contratado para limpiar la piscina. Serena no tenía ni la menor gana de quedarse a solas con él.

Había una librería de segunda mano y varias tiendas de antigüedades que tendrían que haberla atraído, pero no se encontraba de humor. La única tienda en la que había hecho una incursión había sido una boutique especializada en lencería femenina. Tal vez el comentario mordaz que había hecho Mina respecto a su ropa interior...

Compró media docena de bragas de satén de encaje y salió de la tienda, con su adquisición metida en una bolsa rosa con el logo de la tienda. Metiéndose la bolsa bajo el brazo, Serena consultó el reloj. Ni siquiera era mediodía. ¿Y ahora qué? No sabía cómo iba a matar el resto del día. La dependienta de la tienda había mencionado algo de una mansión histórica que merecía la pena ver.

Por pura desesperación, Serena decidió seguir las instrucciones de la mujer y se internó por una calle lateral que acababa en el puerto. Más allá de una verja de hierro forjado, en medio de una extensión de hierba, se erguía un majestuoso caserón que miraba hacia la bahía.

Serena se animó un poco a la vista de la mansión victoriana, con sus torretas, sus caprichosas cornisas y su invitante terraza. Aquello correspondía mucho más al concepto de casa de playa que la ultramoderna vivienda de Louise Kou. Pero la mansión estaba descuidada y destartalada.

Serena se acercó a la entrada, pero se detuvo. La casa parecía demasiado abandonada para estar abierta al público, pero Serena podía oír un incesante martilleo. Siguió el sonido, dando la vuelta al porche, y vio a un carpintero de anchos hombros encaramado a una escalera, tratando de arreglar parte del entablado que se había caído.

¡Un carpintero que se parecía a Seiya! Serena se quedó paralizada y parpadeó, preguntándose si el sol no le estaría jugando una mala pasada.

Pero no, era Seiya definitivamente, mucho menos mojado que la última vez que lo había visto. Y mucho menos formal también, ataviado como estaba con unos vaqueros desgastados que marcaban los contornos de sus caderas y un camisa de pana arremangada.

Estaba demasiado concentrado para mirar alrededor. El primer impulso de Serena fue volver a marcharse discretamente por donde había venido, aunque se moría de curiosidad por saber qué podía estar haciendo el presidente de una compañía naviera trabajando de carpintero. Pero se sentía como una actriz sin el disfraz.

Había decidido ponerse su propia ropa, unos vaqueros y una camisa muy femenina con un cuello de frunce. El pelo se lo había arreglado muy a lo Serena, con una trenza.

Pero antes de que ella hubiera acabado de decidirse, Seiya levantó la vista de su tarea.

La sorpresa dilató sus ojos y, al mismo tiempo, el martillo fue a caer sobre su pulgar en lugar de sobre el clavo. Serena hizo una mueca de dolor por él, mientras Seiya agitaba la mano lanzando maldiciones. Luego la miró con el ceño fruncido.

"¿De dónde demonios has salido tú?"

"Perdona, no quería sobresaltarte."

Cambiándose la bolsa de brazo, se acercó al pie de la escalera y alzó la cara hacia él. Seiya la examinó con expresión de incertidumbre. - "¿Mina?"

Serena titubeó. Pero aún estaba atada por la promesa a su hermana, y la hostilidad que detectaba en el tono de Seiya no hacía de aquel momento el más idóneo para confesiones.

"Sí, claro que soy yo" - dijo. No quería que pensara ni por un momento que podía haberlo seguido hasta allí, y menos después de lo que le había dicho la noche anterior. Así que se apresuró a explicarle qué hacía en el pueblo. - "Y no quedaba nadie en la casa, excepto Sam Aino"

"Mi madre lo contrata para trabajos sueltos "– dijo Seiya.

"Sammy me hace sentir incómoda. Creo que no me fío de él."

"Sí, ya, la verdad es que hay mucha gente de la que no te puedes fiar" - Seiya prosiguió su martilleo; la frialdad de su tono había sido como un baño de agua helada para ella.

Movió los pies, sintiéndose fuera de lugar y algo resentida. Al parecer, ella estaba más dispuesta que él a olvidar las palabras hirientes que habían intercambiado la noche anterior.

"Entonces, ¿adónde han ido Lou y Diana?" - inquirió Seiya.

"Tu madre ha llevado a Diana a casa de una amiga. Creo que va a pasar la noche a no sé donde, de excursión."

"¿A pasar la noche? ¿De excursión?"

"No estoy segura. Algo de las Scouts, creo."

"Se supone que soy el tutor de esa niña. ¿Por qué demonios no me cuenta nadie estas cosas?" - hizo una pausa, y miró sombríamente a Serena, como si fuera la responsable de aquello también.

"Si te das prisa, aún puedes hacer que el FBI investigue a la organización" - dijo Serena secamente. Girando sobre sus talones, se dispuso a marcharse.

Pero no había dado más que unos pasos cuando oyó que Seiya la llamaba - "¡Mina... espera!"-Ella se dio la vuelta, con el porte rígido y una mano en la cadera. Seiya había descendido de la escalera. Se la quedó mirando un momento, moviendo la mandíbula. Las palabras parecieron costarle un gran esfuerzo, pero consiguió decirlas - "Lo siento. Por mi forma de portarme ahora. Y anoche también. Hay veces en que puedo ser un auténtico idiota."

"¿Sólo veces?."

Él suspiró - "Es este maldito genio mío. Me hace decir cosas que no pienso."

Era difícil de resistir el genuino pesar de su voz, y más difícil aún cuando las arrugas de cansancio de su rostro se eran tan palpables al verlo de cerca. Era evidente que Seiya no había dormido mucho mejor que ella.

"Tenías razón" - dijo hoscamente él -. "Tenía que haber dejado en paz a Yaten hasta que estuviéramos más calmados. Tuvimos una bronca descomunal."

"Lo sé. No pude evitar oírlos."

Seiya se encogió. - "Imagino que se nos oiría hasta en la China. Y ahora Yaten se ha largado con tu hermana. Tal vez no vuelva nunca."

"Sí, volverá."

"Dijo que... "- Seiya tragó saliva -. "Dijo que yo estaba embrollándole la vida."

"Estoy segura de que no hablaba en serio."

"Probablemente tenga razón. Me he pasado la mitad de la noche pensando en algunas de las cosas que me dijiste... que era un avasallador y que no le dejaba a Yaten tomar sus decisiones. Pero lo único que intentaba hacer era... "- Seiya se pasó la mano por el pelo, y su voz se llenó de dolor y frustración - "Maldita sea, sólo hice lo que pensaba que era mejor para él."

"Hay veces en que lo mejor es dejar suelta a la gente" - dijo Serena suavemente.

"Nunca he servido para dejar nada suelto... excepto mi mal genio."

"No hay problema en dejar salir el mal genio de vez en cuando" - dijo Serena -. "Yo tiendo a mantener las cosas dentro demasiado tiempo."

Aquello arrancó una risa inesperada de Seiya. - Te conozco sólo desde hace dos días y ya has tratado de partirme el tabique nasal de un bolsazo y de ahogarme en mi propia piscina. No quisiera estar cerca cuando decidas dejar salir tu mal genio.

Serena sonrió ampliamente. Parte de la tensión pareció abandonar los hombros de Seiya, quien comenzó a subir de nuevo la escalera.

"Mira, como te quedes por aquí, acabaré poniéndote a trabajar" - le advirtió.

"No hay problema. Soy buena con el bricolaje. Incluso sé la diferencia entre una llave Allen y una de corona."

"No estaba pensando en nada tan técnico. Basta con que me pases esos clavos, ¿quieres?"-Señaló una cajita que estaba en la barandilla del porche.

Serena le tendió unos cuantos clavos a Seiya, y se echó hacia atrás para verle clavar la última tabla en su sitio.

"¿Y qué estás haciendo aquí, por cierto?" – gritó ella por encima del estruendo.

"Tapando algunas de las grietas para evitar que entre el agua hasta que pueda hacer una buena obra de reparación."

"¿Es tuyo este sitio?"

"No. Pertenece a Diamante Black."

Serena parpadeó, convencida de no haber oído bien. - "¿A Black? No sabía que estabas en tan buenos términos con él como para ayudarle a reparar su casa."

Seiya bajó otra vez de la escalera. - "Y no lo estoy. Pero, porque no me guste el hombre, no voy a dejar de ocuparme de la dama que dejó abandonada."

Le pellizcó juguetonamente la mejilla a Serena, mientras le lanzaba una de aquellas sonrisas perezosas que hacían que le latiera más rápido el corazón.

"¿Hablas de mí o de la casa?" - inquirió Serena, indignada.

"En este caso, de la casa. A Black le gustaría tirar abajo a este vieja dama y medio pueblo más, si lograra salirse con la suya."

"¿Tirar abajo este sitio maravilloso? ¿Entonces estás trabajando aquí sin su permiso?"

"No exactamente. Diamante sabe que he empezado a tomar medidas para preservar la casa. Piensa que soy un estúpido, pero mientras no toque su tiempo ni su dinero, le da igual" - Seiya se encogió de hombros - "Tú deberías saber cómo funciona su mente."

Era una observación casual, quizás demasiado casual. El tema de su pasada relación con Diamante Black nunca había sido un punto de roce entre ellos.

"Nunca he sido amiga íntima de ese hombre" - protestó Serena -. Y no puedo creer que alguien pueda comprar esta preciosa casa antigua para destruirla."

"Ese hombre lo ha hecho" - Seiya señaló el puerto - "Está comprando propiedades por todo el pueblo con vistas a una promoción inmobiliaria."

"Entonces, ¿por qué estás trabajando tan duramente para arreglar la casa si Black piensa tirarla abajo?"

"Porque voy a impedírselo" - los labios de Seiya se tensaron en una fina sonrisa -. "Diamante Black me tomó desprevenido. He estado tantos años ocupado con la Naviera Kou que dejé de prestar atención a lo que estaba ocurriendo aquí, en Costa Esperanza. La subasta de esta casa se me pasó por alto completamente."

"Si Black ya es propietario de ella, no sé que puedes hacer tú."

Seiya no dijo nada por un instante; luego se la quedó mirando de lado. Seguía sin confiar en ella, y no tenía motivos para hacerlo. Aquel pensamiento le produjo a Serena un auténtico dolor.

Entonces, él dijo lentamente - "Tengo documentos antiguos sobre la casa, unas viejas escrituras de propiedad con una cláusula peculiar. Da la casualidad que esta propiedad perteneció a mi tatarabuelo. Cuando parceló la tierra la primera vez, estipuló que esta tierra no debía ser vendida a nadie que no viviera en Costa Esperanza. La venta a Diamante Black puede ser ilegal, y realmente no le veo abandonando su estilo de vida para venirse a vivir aquí."

"¿Pero puede mantenerse ante los tribunales una cláusula tan antigua?" - inquirió Serena ansiosamente.

"No lo sé. Si eso no funciona, tal vez consiga que en Bellas Artes lo cataloguen como lugar histórico-artístico. Por esperanzas que no quede."

Él se puso a recoger sus herramientas y las fue metiendo en una vieja caja metálica. Tras un breve titubeo, preguntó sin mirarla - "¿Te... te gustaría ver el interior de la casa?"

Serena asintió. Mientras él le tendía la mano para ayudarla a subir los escalones ligeramente sueltos, ella tuvo la extraña sensación de que la estaba invitando a algo más que a ver la casa, que finalmente la estaba dejando entrar en él, aproximarse más que nunca al auténtico Seiya Kou.

Descorrió el pesado cerrojo de la puerta delantera y la dejó pasar, con una curiosa actitud mezcla de orgullo y posesividad. Mientras lo seguía de una a otra habitación, Serena iba lanzado exclamaciones admirativas.

Cuando regresaron al porche delantero, ya iban discutiendo combinaciones de colores para una de las salitas. Alzando la mirada, Seiya señaló con una sonrisa irónica - "Cualquiera diría que somos dos recién casados montando la casa."

Recién casados que habían estado a punto de comenzar su luna de miel el día anterior. Le dejó anonadada a Serena comprobar lo poco que le costaría caer de nuevo en los brazos de Seiya y terminar lo que habían empezado junto a la piscina. El calor amenazó con arrebolar sus mejillas, y se acercó a la barandilla del porche abanicándose con la mano.

Una agradable brisa había comenzado a soplar desde la bahía. Seiya se acercó a ella. Miró al césped, con las manos en las caderas.

"Muchas veces he pensado que este sería un lugar magnífico donde vivir y criar a media docena de hijos."

Serena se estremeció y se dio la vuelta, procurando ahuyentar las imágenes, demasiado tentadoras, que se habían formado en su mente al oír sus palabras. Imágenes de una vida familiar dichosa y plena... con Seiya.

Para disimular su confusión, se aclaró la garganta y dijo - "Sabes muchísimo de casas victorianas para ser un ejecutivo, Kou."

"Ser presidente de una compañía naviera no fue mi sueño mientras crecía. Esa era la ambición de Taiki. Él era el auténtico genio de los negocios de la familia. Fue Taiki quien sacó a flote la empresa, quien la modernizó espectacularmente."

"¿Y qué deseabas ser tú, Seiya?" - le preguntó ella.

Serena creyó que eludiría la pregunta como siempre que la conversación versaba sobre él. Pero Seiya se limitó a decir, encogiéndose de hombros - "Oh, creo recordar vagamente que obtuve un título de arquitecto en un momento dado."

Quizás Serena debía haber quedado sorprendida, pero no fue así. - "Tu madre lo decía literalmente cuando comentó que habías hecho la casa para ella" - dijo Serena-. "La proyectaste tú..."

"No es como para estar orgulloso."

"Sí lo es. Es como si te hubieras metido en la cabeza de tu madre. La casa refleja su forma de ser perfectamente: brillante, suelta y moderna, incluso un poco excéntrica."

"Sí, ese es un buen retrato de Lou."

Serena apartó la cara para disimular una sonrisa, pero Seiya se dio cuenta. - "¿A qué viene esa sonrisa?" - le preguntó.

"Estaba pensando en lo que hago... en lo que Serena hace en sus libros. Ella convierte a las personas en conejos. Tú las conviertes en casas."

"Sólo que la casa de la playa es la única que he construido en mi vida. No hay mucho tiempo para eso cuando estás hasta el cuello de facturas y documentos empresariales."

Su voz hizo vibrar a Serena, comunicándole todo su anhelo y su pesar. Ahora entendía por qué le había alterado tanto el que Yaten le diera la espalda a su talento musical.

Seiya se apoyó en la barandilla y miró hacia la bahía, como si fueran sus sueños lo que estuviera viendo alejarse lentamente a la deriva, lejos de su alcance.

La compañía naviera era otra cosa más que Seiya había heredado de su hermano y de la que tenía que aprender a prescindir, pensó Serena. Pero no estaba segura de que él quisiera oír aquello. Entrelazando su brazo con el suyo, suspiró y apoyó la cabeza en su hombro.

Seiya bajó la mirada hacia su coronilla. Parecía más suave, más dulce con aquella camisola de corte antiguo, y más seductora que nunca. Podía sentir el calor de su mejilla en su brazo, y podía notar su silencioso entendimiento.

Aquella mujer lo conmovía como ninguna otra lo había hecho. Vagas sospechas sobre ella no dejaban de pasearse por su mente, tan fantásticas que no tenía más remedio que rechazarlas. Pero había algo en Mina Tsukino que no encajaba, que no había encajado desde un principio. Su forma de vida desenfrenada era casi el polo opuesto de la suya. ¿Por qué, entonces, tenía la sensación de haber encontrado un espíritu afín?

Le hizo volver lentamente el rostro hacia el suyo y se inclinó para besarla, rozándole meramente los labios. El sabor de su boca era cálido y dulce. Fue el beso más tierno de los que habían compartido y lo dejó extrañamente conmovido.

Cuando Seiya se retiró, Serena emitió un leve gemido de protesta. Sus miradas quedaron prendidas durante un largo momento, hasta que una leve brisa rompió el encanto al tirar al suelo la pequeña bola rosa que Serena había dejado sobre la barandilla.

"Ten cuidado. Se ha salido la..." - Seiya se interrumpió al ver la diminuta prenda de encaje que se había escapado de la bolsa.

Las mejillas de Serena adquirieron un tono carmesí. Se le habían olvidado sus recientes compras. Y ahora estaban esparcidas por el suelo del porche ante los asombrados ojos de Seiya.

Serena se lanzó a recogerlas, pero Seiya fue más rápido. Cogió una de las bragas, una pícara prenda de satén rosa y encaje negro. Mientras le daba vueltas en las manos, Serena se preparó para un comentario jocoso y subido de tono.

Él dejó escapar un largo suspiro. - "Maldita sea. Esto es suficiente para hacerme desear haber comenzado la rehabilitación por uno de los dormitorios."

Sus miradas se encontraron. Serena sintió la instantánea respuesta. ¿Necesitaban realmente un dormitorio?

Aquel inopinado pensamiento se desvaneció, arrastrado por el estruendo de un claxon. Serena sintió como si alguien acabara de agitar un dedo de advertencia ante ella.

Apartándose un poco de Seiya, vio una limusina negra en la calle, acercándose al bordillo.

El fuego de los ojos de Seiya había adquirido un tinte diferente. Todo su cuerpo parecía haberse puesto tenso.

"¿Qué pasa?" - preguntó Serena.

"No qué, sino quién "- gruñó Seiya -. "¿No reconoces la matrícula de ese coche?"

Serena miró de nuevo hacia el parachoques del vehículo. Las negras letras resaltaban claramente debajo del logo de Empire Moon. Unas letras que formaban una sola y desafiante palabra: Black.


Hola!

Jejeje, estos no dan mas!

Les mando un BzO! a todas... me voy un rato afuera, hace mucho calor en mi casa!!!

Gracias a:

Kinsei-Hime: Tengo la leve sensacion de que este capitulo estuvo mas sensual que el otro jejeje

Erill Cullen: Veo que Mina no es santa de tu devocion en esta historia jajaja. dale credito, ella hasta recien no sabia lo que pasaba entre Serena y Seiya. Pero esta media loca igual jajaja. Yo te doy via libre para que te enojes y apasiones tanto como desees, asi que expresate con libertad jajaja XD.

INDO KOU: Momentos de "amigos" abra muchos. No te pierdas el siguente que estara candente!

sol. kaory: Hoooola!! Ya te conte de que se trataba todo en el MSN jejeje. Quiero hablar con vos!! Necesito preguntarte algo!!

KuMiKo Kou: Yo te paso el link, pero no me heches la culpa si despues lo odias jajaja. El fic se llama Eyes in your radio, esta en ingles. Pero lo pasas con el traductor de Google. ¿como te fue en el examen? Tenes mail?

LOYDA ASTRID: La mama de Seiya no sospecha nada, solo esta loca jajajaja. Quiero hablar con vos sobre espaldas anchas!!

patty ramirez de chiba: El primo capitulo es peor que este y el anterior jajaja. Se tienen mas ganas todavia...

malkav:Me diste la idea para hacer algo para San Valentin! Gracias a Dios falta para eso! Ya estoy preparando el siguiente capitulo de Mujeres Asesinas!!

Saludos a todas!

Lucyana Li Kou!